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"Es totalmente ingenuo pensar que acabar con las prisiones no requerirá tanta lucha como cualquier otra concesión arañada al sistema de capitalismo racista en el que América echa raíces. Esta lucha está ocurriendo ahora mismo, está dirigida por gente encarcelada, y la presión que esta gente ejerce es esencial para el avance de cualquier cambio de política o reformas no reformistas propuestas por el artículo. Es totalmente decepcionante ver a los activistas académicos del abolicionismo que escribieron ese articulo distanciarse ellos mismos de las rebeliones en las prisiones, las organizaciones de solidaridad con los presos, o las raíces del movimiento de abolición de las cárceles...  La Cruz Negra Anarquista, el Comité para la Organización de los Trabajadores Encarcelados de la IWW y muchos otros grupos están trabajando para dar apoyo a los presos que rechazan ser esclavos hoy, que no esperarán a ningún imaginado futuro reformado con medidas no reformistas. Estamos construyendo poder y persiguiendo la abolición haciendo la prisión imposible, no sólo reformándola lentamente hasta que deje de existir". [Leer artículo completo]

Hace más de medio año que se convocó #PrisonStrike, la que esperaba ser "la mayor huelga de presos en la historia de los Estados Unidos". Según Trabajadores Industriales del Mundo -IWW, uno de los grupos promotores, la iniciativa esperaba golpear en el talón de Aquiles del masificado y racista sistema penitenciario yanqui: la esclavitud laboral a la que se somete a los presos, amparada en la decimotercera enmienda de la Constitución USA. A día de hoy, el balance sigue siendo conflictivo: la huelga ha tenido que afrontar el efecto convergente de la represión institucional, el silencio de los medios de comunicación comerciales y, quizás, las diferencias entre los grupos convocados a apoyarla fuera de la prisión. Compartimos a continuación el balance sobre el apoyo a la huelga del medio anarquista de Bloomington (Indiana) 'Plain words' -"Al grano"-, así como algunos datos recientes sobre la situación de las prisiones y el encarcelamiento en Estados Unidos. Evaluaciones y análisis de coyuntura son importantes, sobre todo cuando se está en un tiempo de compás de espera ante grandes movilizaciones convocadas para un futuro cercano.

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«El objetivo del antifascismo cotidiano es incrementar el coste social del comportamiento opresivo hasta el punto que aquellos que lo promueven no vean otra opción que quitarse de enmedio.»

Se ha prestado mucha atención al vengador anónimo que golpeó al lider supremacista blanco de la alt-right (derecha alternativa) Richard Spencer en la protesta durante la toma de posesión de Trump  en Washington DC, y con buenos motivos. Sin embargo, el golpe que se escuchó en todo internet estaba lejos de ser la única acción antifascista llevada a cabo en Washington DC ese fin de semana.

Con el fin de desarrollar una amplia agenda anti-fascista dirigida a arrancar esta mala hierba de raíz, no debemos pasar por alto los ejemplos aparentemente más corrientes, incluso triviales, de lo que yo llamo antifascismo cotidiano, que se basa en desarrollar una perspectiva que pueda contener la marea de intolerancia desatada por "el trumpismo cotidiano". [Seguir leyendo]

Hemos traducido la entrevista que It's Going Down realizó a N.o. Bonzo, artista de Portland que se ha hecho un nombre en la escena del graffiti y el arte urbano local con sus detalladas ilustraciones que suelen incluir calaveras, vegetación y mujeres empoderadas.

Habla de su obra y sus colaboraciones con el movimiento anarquista, pero también de ser persona y artista no cis, de los movimientos sociales locales, del eco-fascismo, de cómo el patriarcado se refuerza a través de cierta forma de entender el activismo y la imaginería militante que le acompaña, y muchos otros temas. [LEER NOTICIA]

Dan Berger, autor de 'Captive nation: black prison organizing in the civil rights era' da cuenta de los resultados de la huelga de presos iniciada en Estados Unidos el 9 de septiembre, y discute sus objetivos:

"La huelga que estamos viviendo tiene un impacto material, pero no hay pruebas de que parar de trabajar pueda derribar un sistema basado en la represión, no en la producción. Es más, un aparato masivo de seguridad -muros de cemento, alambre de espino, guardianes armados hasta los dientes- se interpone entre los presos y la libertad. Ellos no pueden emprender un éxodo masivo que ponga fin a la esclavitud... Hay un abismo entre la indignación por las condiciones carcelarias y un programa político que consiga acabar con ellas. La historia de la organización en las cárceles -hasta la huelga de este otoño, incluida ella misma- pone sobre la mesa la necesidad de una infraestructura fuerte... En el equilibro entre enfrentarse a la violencia del Estado y cultivar el apoyo mutuo yace el potencial para expandir movimientos de izquierda capaces de conseguir cambios significativos" -[Leer el artículo].

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