Kaxilda. El fuego que no se apaga

Pequeño homenaje a la militante gipuzkoana Kaxilda Hernáez Vargas. Casilda la Miliciana, le llamamos, aunque prefiriese el apelativo de la "combatiente" o la "revolucionaria". Nacida el 9 de abril de 1914, no solo vivió y sintió como una rebelde, además supo ver la rebeldía en otras expresiones. Como miembro de CNT tomó parte en los hechos revolucionarios de DonostIa de octubre del 34, lo que la llevó a la cárcel de Ventas en Madrid. Con la amnistía de febrero del 36, volvió por sus fueros y tomó parte activa, muy activa, en los combates contra los militares fascistas. Con el triunfo de las fuerzas populares, participó en la Comuna de San Sebastián, así como en los duros combates de las Peñas de Aia. Con la pérdida de Irún, pasó con su compañero, Félix Likiniano, a Barcelona y al frente de Aragón. Se exilió en Iparralde, donde murió.

El 31 de agosto de 1992, fue enterrada en el cementerio de Biarritz. Por iniciativa de su amiga Begoña Gorospe se colocó la siguiente inscripción en su lápida: ‘Andra! Zu zera bukatzen ez den sua! (mujer, tú eres el fuego que no se apaga).

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