Entusiasmos independentistas en el ámbito libertario

Por Laura Vicente

Utilizo intencionadamente el término libertario porque es un concepto vago y equívoco que permite vincular diferentes manifestaciones que comparten solo algunos aspectos y orientaciones (por determinar según las circunstancias), incluso el nacionalismo. Dejo de lado el desprestigio de su uso por el término inglés “libertarian” que extrae del anarquismo casi exclusivamente su oposición al Estado.

Desde el ámbito libertario se ha podido observar un encandilamiento ante las movilizaciones de masas disciplinadas que ha sido capaz de impulsar el independentismo, especialmente en dos jornadas mitificadas por su apariencia de desobediencia, transgresión de la ley, ocupación de la calle, construcción de un sujeto colectivo, desafección masiva, éxodo respecto a las instituciones establecidas, etc.

Esa visión de que se abría una brecha a través del “anonimato que desbordó la expresión política del nacionalismo y que puso algo de 15M”1, me parece ilusoria ya que frente al Estado español no había solo gente anónima que se apoderaba de la vida política sin resortes de poder sino que había otra parte del Estado, más débil pero no menos eficaz. Lamentablemente el ámbito libertario, entusiasta con las posibilidades de transformación a través de la independencia, olvidan que el bloque independentista forma parte del Estado, tiene policía que practica con eficacia la represión (recordemos precisamente cómo actuó para disolver las concentraciones y acampadas el 15M) y medios de comunicación subvencionados y controlados. Dentro del bloque independentista ha sido la vieja Convergencia la que ha dirigido todo el proceso (y lo sigue haciendo metamorfoseado en la tercera o cuarta marca electoral para hacerse invisible y que se olvide su pasado), además de ser la campeona de los recortes sociales y la corrupción.

Hay dos jornadas que parecen convertirse en la prueba del algodón de que todo es posible, desde una independencia sin fronteras (up) hasta un supuesto catalanismo popular persistente y ligado a la pobreza2.

La primera de estas jornadas es la del 1 de octubre, en la que, según los más optimistas, el Gobierno catalán se vio sobrepasado por la gente y se produjo una transgresión de la ley y una desobediencia colectiva por el deseo de votar.

La segunda jornada es la del 3 de octubre en la que, según los mismos optimistas, se constituyó un sujeto colectivo que ocupó la calle al margen del Gobierno catalán.

Desde mi punto de vista, posiblemente más pesimista de lo que quisiera, no ocurrió ni una cosa ni la otra, salvo, eso sí, que miles y miles de personas se movilizaron, algunas con propósitos de transformación social, la mayoría apoyando a su Gobierno para empujarlo a que se convirtiera en otro Estado y forzara un reparto del poder que le disputaba al Estado español. Todo lo que se ha ido conociendo demuestra que el Gobierno catalán organizó la “transgresión” con todos los resortes de poder autonómico de que disponía: funcionarios, recursos económicos, centros escolares abiertos para hacer asambleas y votar (cerrados para hacer el paro nacional), policía catalana, medios de comunicación, y especialmente ANC y Omnium.

El día 3 de octubre hubo paro nacional convocado por la Generalitat, el 80 % de los Ayuntamientos, incluido el de Barcelona, y la “Mesa por la democracia” formada por los sindicatos mayoritarios (esos que no ven la necesidad de convocar un paro por la precariedad laboral) parte de la patronal y las organizaciones independentistas.

Nunca fue desbordado el Gobierno catalán.

Solo así se entiende que tras la aplicación del 155 (que ha quitado algunos de los resortes de poder al bloque independentista), ese movimiento colectivo transgresor y desobediente se haya disuelto como un azucarillo y, lo que es más grave, haya dado su voto mayoritario a una opción de derechas y presidencialista como es “Junts per Catalunya” (cuya matriz es Convergencia partido corrupto y neoliberal donde los haya), haciendo retroceder a la supuesta izquierda independentista (ERC y CUP). Que estupenda jugada la de Puigdemont, el candidato que se ha impuesto a la izquierda a la que ha sabido derrotar. Nadie se mueve mejor dentro de los nacionalismos que la derecha.

No me detendré en otro ejercicio de mitificación, el de la democracia (especialmente si está avalada por otro mito, la República), sistema supuestamente mucho mejor que el que se ha construido en España que es protofascista (los entusiastas patriotas de a pie no tienen temor en usar el fascista directamente, no  solo contra el PP, sino contra quien no opina como ellos/ellas, al margen de toda su trayectoria personal).

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