Apuntes desde Galicia sobre los incendios. Uso del suelo. Gestión política y cobertura informativa

Usos de suelo, gestión política, gestión informativa, etc:

Por Miguel

Con lo que está pasando (otra vez) con los incendios, y como gallego, me surgen algunas cosas que querría comentar aquí. Para los de casa, pero sobre todo para los de fuera.

El problema endémico de ordenación del territorio en Galicia tiene décadas de antigüedad. Ningún gobierno autonómico lo ha arreglado o reducido, a pesar de haber sacado sucesivas leyes.

La base del problema es la despoblación del rural. Galicia está ordenada siguiendo un modelo que servía cuando el campo y el monte estaban llenos de gente que trabajaba (cuidaba) el medio. Ahora esto ya no existe, y la menguante población rural es cada vez más mayor. Pero se usa el mismo modelo. Nadie lo cambia.

En ese monte abandonado, lo fácil es poner eucalipto. La inmensa mayoría de biólogos, geógrafos y forestales confirman, desde hace décadas, sin dudar, que el uso de Galicia como explotación industrial masiva de eucalipto está en la base del problema.

El eucalipto está en la base del problema (la propia Ley de Montes lo reconoce indirectamente como tal) pero no es el problema en sí mismo. Áreas muy “eucaliptizadas” (norte de Coruña y Lugo) apenas arden, porque las cooperativas son más activas y vigilan. Como me dijo una vez un gran amigo: “si alguien planta fuego aquí, lo cuelgan de un pino mañana”. El problema aparece cuando se masifica el eucalipto en un medio sin vigilancia.

En la masificación del eucalipto en Galicia hay un protagonista: ENCE. El segundo productor mundial de pasta de celulosa y primer propietario de plantaciones de eucalipto de Europa se beneficia, y mucho, de la situación del monte gallego, del que se abastece en posición dominante. Quien no quiera verlo, está en su derecho. Pero luego que no haya sorpresas. Si lloramos, al menos saber por qué.

Por cierto: a ENCE le vale el eucalipto quemado. No es un mito ni un bulo. De hecho, les ahorra una parte del procesado industrial de la madera.

El patrón anárquico de poblamiento del rural en las últimas décadas también está en la base del problema. Cualquier incendio puede amenazar casas porque, en Galicia, nos da por poner casas en cualquier parte del monte. Eso no debería pasar. Pero pasa. Los concellos fomentan ese caos urbanístico. Dejan hacer, cuando no son ellos mismos los que autorizan preciosas urbanizaciones en el culo del mundo o parques empresariales (muchas veces desiertos) en medio de un eucaliptal.

El resultado de todo esto es un caos de casas, naves y pistas por toda Galicia, trufando un territorio lleno de fincas en estado de abandono repletas de maleza o eucaliptos. Una bomba de relojería que sólo necesita un poco de ayuda.

El cambio climático. Ese que “no existe” para muchos iluminados ha convertido a Galicia en un polvorín, al ser una tierra repleta de vegetación, muchísima maleza, pero cada vez más árida, con veranos eternos tras inviernos secos.

Ante este panorama nuevo, no ha habido ningún cambio de estrategia. Que el Presidente de la Xunta afirme que “nunca hubo tantos medios antiincendios en octubre” seguro que será verdad, pero es de una miopía suicida: nunca han hecho falta más medios en octubre que en julio, pero ahora sí se necesitan. No ponerlos equivale a ir a la guerra moderna con una espada y un escudo.

Y con la mesa servida, llegan los pirómanos. Dicen que hay muchos en Galicia y que está demostrado. Seguro que sí. Pero la realidad es que culpar a un puñado de iluminados del infierno que vive Galicia todos los años es atribuirles una capacidad logística que no les corresponde.

El propio parlamento de Galicia concluyó, en una investigación larga y muy seria con decenas de expertos, que detrás de las olas de incendios de la comunidad no hay ningún atisbo de criminalidad organizada. Que la mayoría de fuegos son fortuitos o “provocados”, pero no “deliberados” (ojo a la diferencia). Es decir, que la gente que prende fuego por gusto o interés es una minoría residual en todo esto, generalmente personas con problemas mentales o historial antisocial a quienes, en todo caso, sería fácil controlar.

Ahora, como siempre ocurre, el Presidente de la Xunta desmiente esas conclusiones del Parlamento y echa la culpa a “los que queman el monte”, sugiriendo una trama criminal. Un sistema muy elástico: echarle la culpa a Juan Pueblo. Al enemigo sin rostro. Usando la palabra “terrorista” queda todavía mejor. Eso es más fácil para un político que culpar a la deficiente ordenación del territorio y la negligente gestión forestal, porque de esas dos cosas sí que le pueden caer (muchas) responsabilidades a quien sea que ostente el gobierno.

Por cierto (dos): la inmensa mayoría de los gobiernos gallegos que no han arreglado el problema eran del mismo partido. Nadie dice que sea fácil arreglarlo, aunque los políticos cuando están en la oposición tienden a verlo todo más fácil. Pero en 30 años son 23 de gobierno del mismo partido.

Por cierto (tres): cuando ese partido estuvo en la oposición por última vez, no dudó en hacer política con los fuegos, culpar al entonces Gobierno de las muertes y llevar a víctimas de los incendios a los mítines, descartando las tramas incendiarias que ahora defiende. La misma persona, de hecho. Hay hemeroteca de sobra.

Por si fuera poco, hay una gestión muy opaca de las tareas de extinción. Esto no significa que “los brigadistas prendan porque les interesa que arda”, idea bastante peregrina que se ha demostrado falsa. Significa que hay una intensa red de servicios externalizados, muy caros (los aviones y helicópteros de extinción), en la que varias empresas se mueven cómodamente y que ha dado lugar ya a investigaciones criminales y condenas. A tenor de algunas sentencias, la privatización de los medios antiincendios huele muy mal, y no es por la ceniza.

Y con todo quemado, llega la Ley del Suelo. Se han cansado de repetir los Todólogos en redes sociales que no se puede recalificar suelo quemado y que defender lo contrario es un bulo. Esto es verdad… pero a medias. Para recalificar suelo quemado tiene que ser declarado de “interés general”. Y se hace. Más de lo que parece. No para urbanizaciones, que sería un cantazo. Pero en Galicia, en los últimos años, muchos concellos han pedido “interés general” para diferentes usos de sus montes quemados, destacando las depuradoras, luego construidas y/o gestionadas por determinadas empresas. Es fácil coger un plano con los incendios más graves de 2007 a 2010, irse a esos montes y verlos ahora llenos de eólicos. Por mucha Ley del Suelo que haya.

Además, el suelo quemado es un agente muy convincente. Convence a muchos vecinos de que desistan de explotar el monte correctamente (porque total, cualquier verano te arde todo). Convence a muchos vecinos de vender la finca para otros usos (porque total, cualquier verano te arde todo). Induce a esos vecinos a pedirle a sus alcaldes que arreglen "lo suyo". Eso no lo mide una Ley, aunque quiera.

La guinda es la información. En los fuegos de esta semana se ha visto con claridad que los medios públicos buscan retrasar la alerta. A partir de la medianoche. A ser posible, que la gente esté durmiendo. No es conspiranoia: en Galicia sólo se puede informar de incendios de más de 20 ha. Y las autoridades sólo hacen declaraciones cuando la cosa está controlada. Cuando ya puedan anunciar el arcoiris. No vaya a ser que la gente se asuste. Un cordobés de horarios normales que se informe en TVE y sin redes sociales se habrá enterado de los fuegos en Galicia el lunes. Casi diez días después de empezar la oleada.

Por cierto (cuatro): ese perfil (horarios regulares, informándose en TVE y sin redes sociales) encaja demoscópicamente con el votante tipo de un partido concreto. Casualmente, el que ha gestionado Galicia durante casi toda la Autonomía.

Por cierto (y cinco): que nadie olvide que todo esto ocurre en un lugar que se publicita de cara al mundo como “¿Me guardas el secreto?” con fotos de bosques impenetrables y del Camino de Santiago serpenteando los árboles. Cualquiera diría que nuestro medio ambiente es un recurso fundamental para Galicia. Menos mal.

Todo esto que cuento no es nuevo. Es de hace años. Se sabe. Todos los veranos se vive este infierno, lo que pasa que este año amenazó a la principal ciudad de Galicia, a la principal empresa de Galicia y la gente tuvo que salir a la calle con cubos haciendo cadenas humanas. Sino, los incendios de este año habrían ocupado lo mismo en la información general que los del año pasado. En 2015 la Xunta presumía de que “sólo” habían ardido 12.000 ha de monte en los incendios. Fue un gran año, porque en 2006 ardieron 80.000 ha y nuestra media es de casi 30.000 ha quemadas al año.

30.000 ha quemadas al año. Hay provincias más pequeñas.

A lo mejor es como para pensar que este problema requiere soluciones específicas y excepcionales. A lo mejor. Pero vamos, que seguramente no pase nada.

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