Bancos de Tiempo: el auge de las economías paralelas

 

Kaosenlared

La crisis agudiza la creatividad. El trabajo fijo y en nómina escasea, y las predicciones apuntan a un empeoramiento de la situación. Esta concepción laboral está gastada por el sistema que la vio nacer. Ante las dificultades, los grupos humanos han comenzado a crear los llamados “Bancos de Tiempo“. La idea es simple: cada uno ofrece lo que posee y recibe lo que necesita. La divisa que regula son las horas empleadas, que pueden ser también canjeadas por una moneda propia.

En torno a esta premisa han surgido movimientos masivos en diversos países, especialmente EEUU y Alemania, donde los bancos de tiempo han derivado en la creación de economías más allá de lo establecido  como normal o adecuado. Gracias a ellas, miles de familias viven dignamente al margen de un sistema que no mira por sus necesidades.

Estas iniciativas originales ya tienen su eco en la sociedad en forma de monedas alternativas y sistemas de ayuda mutua. Es el resurgir del  intercambio. Y aunque a muchos se les antoja un atraso, la realidad es hoy muy feroz para otros. Es gracias a movimientos sociales como este que los marginados por el sistema pueden vivir dignamente.

A pesar de este rayo de luz, este tipo de economías están siendo denostadas por el sistema. No son alternativas ideales, sino una  realidad global presente en multitud de países. Cientos de miles de personas están saliendo adelante gracias a estos sistemas locales de intercambio. Ni siquiera es necesario impulsarlos, tan sólo hay que dejarlos brotar. Los Bancos de Tiempo son la creación de un pueblo que ha empezado a compartir cansado de tanto competir. Son compromiso, solidaridad, fraternidad, honestidad y cultura.

Julio Gisbert, administrador del blog  Vivir Sin Empleo, y autor del libro del mismo nombre (en la web hay una introducción gratuita al contenido original) lleva años dedicándose a la creación de Bancos de Tiempo en España, donde ya existen más de 160 entidades de este tipo, y  asesora a todos aquellos que se animen a crear su propio Banco de Tiempo. La siguiente entrevista fue realizada por el diario La Vanguardia.

¿Se puede vivir sin empleo?

Sí, más allá de la economía formal existen opciones, y hoy la crisis obliga. En muchos países la gente se ha organizado y ha creado otras economías paralelas para poder subsistir dignamente.

Es una muy buena noticia.

La moneda social ya está trabajando en España. Consiste en una moneda que crea un colectivo en una zona geográfica concreta y que se utiliza como unidad de intercambio.

¿Imprimen un papel y le dan nombre?
Sí, y con él puedes intercambiar productos y servicios. Lo más normal es que se equipare a la moneda nacional. En Tarragona, por ejemplo, tienen el eco.

Pero si no tienes euros no tienes ecos.
La gente puede empezar a funcionar con un saldo a crédito. En cuanto hace un servicio a alguien ya está generando riqueza. Dentro de ese colectivo intercambian habilidades.

¿Por ejemplo?
Si tú sabes inglés, ofreces al colectivo esa habilidad. El colectivo te pagará en ecos o en otros servicios. En Argentina, cuando el gobierno bloqueó las cuentas y la gente se quedó sin dinero, crearon el arbolito, un billete de  trueque, un mercado paralelo que permitía trabajar dentro de estas redes que rescataron de la miseria a más de dos millones de personas.

¿Todo empezó con las redes de  trueque?
Sí, que derivaron en los bancos de tiempo: al recibir un producto o un servicio, el débito no era entre tú y yo, se gestionaba a través de la comunidad.

Mi débito se lo puedo pagar a otro
Exacto, si yo te arreglo la bicicleta, me vas a pagar en horas, que ingresaré en mi cuenta del banco de tiempo. Si necesito que alguien me cuide a los niños una hora, extenderé un  cheque  de una hora a esa persona.

Bonita alternativa
Los bancos de tiempo hacen una gran labor social, provocan que la gente se conozca y favorecen la autoestima, el “sirvo para algo”, que para un parado es esencial. En España hay unos 160 bancos de tiempo.

Hay bancos de tiempo escolares
Sí, participan también profesores y padres. Pero sobre todo va orientado al apoyo entre los niños: un chaval consigue crédito dando clases a los pequeños para obtener un ordenador reciclado, por ejemplo. La divisa es la hora, y pueden incluirse objetos valorados en esa divisa. Y existen cuentas familiares: los créditos que generan unos pueden gastarlos otros. Una buena herramienta.

¿Estamos saliendo del individualismo?
Tímidamente, porque la publicidad e incluso la educación siguen promocionándolo. Es curioso, pero los catedráticos de economía no conocen estas iniciativas o no les dan importancia. Sin embargo, la moneda social no deja de ser un fenómeno económico como cualquier otro.

¿Cuál es el problema?
El sistema está tan estandarizado, tan esquematizado, que parece que sea imposible sacar un pie de ahí. Pero en estos momentos de crisis urge la creatividad.

¿La moneda social puede ir más allá de la crisis?
Sí, existen colectivos que se organizan en centrales de compra y se abastecen directamente de los agricultores, normalmente de productos ecológicos; el resultado es tan satisfactorio que no desaparecerán. Y esa divisa local no se mueve de la región donde tiene valor, con lo cual se promueve la economía local.

¿Y cómo opera un banco comunitario?
Por ejemplo, los palmares, del barrio de Palmares, en Fortaleza, Brasil, empezaron a circular y a crear riqueza local. Eran tan utilizados que se oficializaron a través de un banco. La gente podía vivir de esa segunda economía, incluso alquilar vivienda.

¿Y el Estado se mantuvo al margen?
El Banco de Brasil decidió permitir esas monedas siempre que se mantuviera la paridad con la moneda oficial. De esa forma, si Hacienda decide obtener beneficios de esa economía, podrá hacerlo fácilmente.

Siempre tienen que meter la patita.
Sí, la sociedad ha conseguido que gente que estaría ahora desempleada esté trabajando, que el barrio se haya enriquecido, y sin embargo el Estado ya está pensando en fiscalizarla. A mí también me parece fatal.

Hábleme de Europa.
En Alemania hay 60 experiencias de monedas sociales, tienen tanto auge que han creado una confederación de estas monedas. Pretenden crear una divisa regional, es el primer intento europeo. Y su lucha, por supuesto, es que estén exentas de fiscalidad.

¿Qué otras alternativas hay?
La ayuda mutua es el más allá de esta economía alternativa. Tú facilitas al grupo tu conocimiento, y se entiende que también puedes recibirlo. Los bancos de conocimiento operan a través de internet.

¿Cuál es su ejemplo más inspirador?
Desde mi perspectiva bancaria, que el primer banco de Suiza de pymes opere con la moneda social. Un modelo de éxito que se inició tras el crac del 1929 y que ha pervivido. Empresas que se han quedado sin efectivo, pero con existencias, intercambian los productos. Resulta una buena solución para la falta de crédito a las pymes.

Entonces, de antisistema, nada.
En absoluto, se trata de poder trabajar y vivir. Es la base social la que está creando, imaginando y sugiriendo cosas nuevas.

 

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