María Bruguera Pérez

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Maria Bruguera

Hija y hermana de anarquistas.

María Bruguera Pérez nació el 6 de noviembre de 1915 en Jerez de los Caballeros (Badajoz). Asistió a la escuela hasta los nueve años, aprendió a bordar con su madre y militó en las JJLL desde su fundación en 1932 así como en su grupo artístico Ni Dios Ni Amo.

Siempre abnegada militante: detenida con varios familiares en 1937, fusilaron a su madre (Elisa Pérez Moreno) y compañero (Francisco Torrado Navarro) y se salvó por estar embarazada; condenada en Badajoz a reclusión perpetua, sufrió las cárceles de Badajoz, Salamanca, Valladolid, Santurrarán, Santander y Madrid.

Liberada en diciembre de 1945, se unió a Aureliano Lobo y se incorporó a la lucha clandestina en el comité de Mujeres Libres (con las hermanas Lobo y Carmen Carrión) y en coordinación con el Comité Regional cenetista del Centro.

Con un ímpetu renovado, tras la muerte de Franco, reconstruyó Mujeres Libres de Madrid y militó en el gremio sanitario de CNT.

Rota CNT, se alineó con los escindidos y fue una de las creadoras de la revista Mujeres Libertarias.

Murió en Madrid el 26 de diciembre de 1992.

Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español -Miguel Íñiguez-

¿Quién era María?

¿Quién era María?, María era mi madre, pero además María era una persona especial, poseía algo que la distinguía, algo heredado o adquirido, aunque yo pienso que nació con ella. Algo que la sobrevive y que todos aquellos que la conocieron y trataron saben o intuyen. María nació con un fuego interior que condujo toda su existencia, que la hizo muy feliz y que la produjo, al tiempo, grandes sufrimientos, pero que nunca la abandonó, ni aún en los últimos días marcados por la enfermedad de la que ella, a veces, intuía su gravedad, aunque no la afectaba en cuanto a su comportamiento o su vitalidad.

Su padre era un anarquista practicante, y puede que también su abuelo lo fuera, y por ello, María fue engendrada ya anarquista. Su niñez fue dura, al ser la primogénita y tener que ayudar en las tareas de la casa y atendiendo el pequeño negocio de alimentación. Por tal causa, su asistencia a la escuela apenas si existió. Este hecho constituyó siempre su asignatura pendiente: no haber podido aprender sino lo más elemental. De ahí sus esfuerzos y su voluntad por querer recuperar y aprender todo lo posible en sus últimos años cuando únicamente dispuso de tiempo suficiente para poder hacerlo. A pesar de haber vivido 77 años, la vida para María resultó muy breve. Su vitalidad y su ansia por aprender pedían mucho más.

Despedida de Sara Berenguer en la revista Mujeres Libertarias

La dureza de sus primeros años, el contacto diario con la miseria de toda la pobre gente con la que diariamente trataba atendiendo el pequeño negocio familiar, debieron producir en ella, ya de por sí predispuesta, un ansia de lucha social para tratar de abolir tanta miseria y tanta injusticia como veía a su alrededor. Y así se formó la verdadera María. Su adolescencia la vivió intensamente y transcurrió entre lecturas anarquistas y su devoción al teatro, a todo lo que estaba relacionado con la lucha obrera y su sufrimiento, o su esfuerzo por redimirse. Todo ello caló profundamente en su ser y la impregnó de forma apasionada, influyendo definitivamente en el resto de su existencia.

Después, la Guerra Civil la golpeó muy duramente, perdiendo a gran parte de sus seres más queridos de forma violenta y brutal, siendo apartada de su hijo que contaba sólo unos meses y sufriendo una larga y dolorosa prisión.

Pero su destino era el de los luchadores y al salir de la cárcel la esperaba, como a tantos otros, una dura supervivencia.

La enfrentó de una manera ejemplar y tras varios años de difícil lucha rehizo su vida familiar, con un nuevo compañero, y en los duros años de la Dictadura, aunque dedicada casi exclusivamente a sobrevivir, no perdió nunca su fe en las ideas libertarias.

Sus últimos años, ya en soledad, los aprovechó plenamente y dedicó su tiempo para intentar recuperar algo que siempre la había obsesionado: no poseer una mayor cultura. Acudió a clases para la tercera edad, viajó todo lo que pudo, manteniendo múltiples contactos con personas afines, hizo nuevas y variadas amistades (algunas de ellas no precisamente anarquistas), y repartió cariño y amistad en todo su entorno, y también voluntad de lucha, como lo pone de manifiesto su tozudez para que la revista Mujeres Libertarias siguiera adelante y no desapareciera.

Por todo ello, Maria caló muy hondo en todos aquellos que la conocieron y la trataron. Por eso, aunque haya desaparecido físicamente, María no ha muerto. Estoy seguro de que sigue viva en todos aquellos que conservamos su recuerdo latente. María seguirá existiendo mientras la sigamos recordando. Yo no la olvidare, ni como madre ni como amiga.

Por Francisco Torrado Bruguera A María dentro del monográfico dedicado a María Bruguera, en el número 14 de la revista Mujeres Libertarias de Madrid, 1993.
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