Horacio Badaraco

De Ateneo Virtual
Saltar a: navegación, buscar
Horacio Badaraco

Horacio Badaraco nació el 14 de marzo de 1901 en Buenos Aires, en el barrio de Congreso, en una familia que, de constructores de barcos, pasaron a formar parte del status de banqueros. Desde muy chico comenzó a interesarse por la cultura anarquista: a los 11 años sus padres siempre lo sorprendían en la librería Perlado, hojeando los textos vinculados a la literatura anarquista.

A los 14 años, mientras espiaba a los anarquistas que se reunían en el café Gaumont (también en el barrio Congreso), el dramaturgo Rodolfo González Pacheco lo invitó a debatir y formar parte de aquella mesa. El mismo Pacheco fue el que le propuso escribir en La Obra, cuando sólo tenía 16 años. La repercusión de sus escritos hizo que Badaraco fuera el redactor de aquel vocero anarquista.

En esa marcada adolescencia, Badaraco no sólo se limitó a escribir para los anarquistas. Comenzaron sus tiempos de acción: los ecos de la Revolución Rusa habían dividido al movimiento anarquista en dos partes: "los que seguimos firmes en nuestra utopía de revolución en libertad", y el bloque de "anarcobolcheviques" (que eran los que expresaban su apoyo a Lenín). El contexto local estaba teñido por la sangrienta represión, impulsada por el gobierno radical, del movimiento obrero (y por el sector parapolicial, la Liga Patriótica Argentina).

Un hecho que marcó a Badaraco fue la represión militar que encargó Yrigoyen contra los obreros huelguistas de la Patagonia. El hombre fue uno de los que "más agitó para que se ayudara a los trabajadores que habían sido abandonados a su propio destino". Cuando llegó el momento de hacer el servicio militar (hecho que muchos anarquistas, por principio, no hacían: o desertaban hacia el Uruguay o se cambiaban de nombre), Badaraco decidió que lo cumpliría para agitar desde adentro y hacer propaganda revolucionaria en el seno mismo del militarismo reaccionario argentino.

A finales de 1923, frente al cuartel de Palermo, donde Badaraco era recluta, un anarquista alemán, Kurt Wilckens, mata con una bomba y siete disparos al coronel Varela, represor en la Patagonia. Badaraco reparte volantes en el cuartel recordando las matanzas de los obreros patagónicos.

Badaraco fue acusado de señalarle a Wilckens quién era Varela. Bajo esta acusación fue salvajemente torturado y encerrado ocho meses en prisión. Desde allí escribe artículos, que son sacados por distintas vías, para el periódico anarquista La Antorcha, y será el defensor de los presos del vergonzoso régimen carcelario en la época radical.

Al salir de la cárcel, contrajo matrimonio con la española Ana Romero, quien era obrera del vidrio. Renunció a toda la herencia familiar, y comenzó a trabajar como lavador de coches. En su tiempo libre escribía para La Antorcha.

De la muerte de Wilckens, asesinado poco después por un miembro de la Liga Patriótica Argentina, dijo: "Murió a consecuencia de su ideal".

Badaraco continúa trabajando en tres temas en los que hace hincapié: el antimilitarismo, la defensa de la mujer y la educación antiautoritaria y racionalista. Repudia los asesinatos, en nombre de la civilización, de los indios ("los salvajes civilizados") de Chaco y Formosa.

A mediados de la década del veinte, mientras los nombres de Sacco y Vanzetti recorren el mundo, los obreros argentinos harán una serie de paros generales con actividad en las calles: se produce un atentado en la Embajada de Estados Unidos, y en una manifestación en la plaza Congreso una bandera estadounidense es quemada. Badaraco y Alberto Bianchi, dos miembros de La Antorcha, son acusados y llevados a prisión. Horacio comienza su huelga de hambre. A las dos semanas de haberla comenzado, se unen a ella todos los presos del Departamento Central de Policía. Los jueces ordenan la libertad de los dos anarquistas.

Seis meses después, Badaraco es encarcelado nuevamente, esta vez acusado de hacer apología del crimen, por un artículo que había escrito sobre Wilckens, en donde justifica la actitud del vengador. En la cárcel inició la campaña de liberación de Simón Radowitzky.

La división de las izquierdas fue un punto preocupante para Badaraco. Cuando se instauró el golpe militar de Uriburu, en 1930, el movimiento obrero estaba dividido, y se preocupaban más en acusar al hermano de ideas que luchar contra el enemigo común. La represión de la primera dictadura militar en Argentina, recayó, por supuesto, en los verdaderos revolucionarios. Hubo fusilamientos, censuras, clausura de periódicos y sindicatos, la expulsión del país para los extranjeros y el penal de Ushuaia para los argentinos. Allí llevan a Badaraco, que estaba luchando para sacar volantes de resistencia y seguir con La Antorcha.

Lo llevan en el Chaco, un transporte con capacidad para 150 personas. Iban en él 850. Van juntos presos comunes y políticos, y allí conoce, además de sus compañeros anarquistas, a un sector del trotskismo, del socialismo y del comunismo. Cuando llegan al penal de Tierra del Fuego, los reciben con brutales palizas. Un año y medio pasará en esas condiciones, sin poder recibir ni enviar carta a sus familiares.

Al salir de la cárcel y después de haber conocido a compañeros de diferentes ideologías, empieza a simpatizar con el espartaquismo alemán, cuya ideóloga había sido Rosa Luxemburgo. Junto a sus compañeros anarquistas Domingo Varone y Antonio Cabrera, funda "Spartacus Alianza Obrera y Campesina", cuya consigna era: "obreros, campesinos y soldados a luchar por el socialismo"

La gran victoria de Spartacus se verá en la gran huelga de la construcción en 1935-36: aunque el Sindicato de Albañiles estaba dirigido por los comunistas, la clave del triunfo de aquellas movilizaciones tuvo que ver con la unión de los trabajadores. Aunque muy pronto comenzaron otra vez las divisiones y las peleas.

En 1936, Badaraco se va a España a luchar contra Franco. Colaborará en las columnas anarquistas y en los periódicos Solidaridad Obrera y Juventud Libertaria. Regresó más convencido aún que la falta de unión lleva inexorablemente a la derrota segura.

Cuando regresó, y después de haber sufrido su primer infarto, siguió plasmando en Spartacus su idea de unión obrera. Mientras trabajaba en los talleres gráficos Standard, se solidarizó con los trabajadores que estaban en huelga. Por eso fue secuestrado y golpeado ferozmente. En 1939, en plena lucha contra la guerra, comenzó su contacto con los estudiantes universitarios.

En medio de esa lucha por la unidad del movimiento obrero, el 17 de octubre de 1945, irrumpe el peronismo. Una parte de los viejos socialistas le dicen a Badaraco que esos no son obreros. "Esta es la clase obrera que ustedes no conocen", responde.

Diez meses después, muere en el Hospital Salaberry, a los 45 años.

En una especie de testamento político (una carta que le dejó a un amigo) se refiere extensamente al peronismo: "En los últimos meses ya no hay indiferencia política. Casualmente el peronismo y el triunfo del peronismo es el castigo por nuestras insuficiencias en materia y en vida política. (...) La falta de respuesta política a millares de argentinos y, especialmente, de jóvenes, abrió el juego de la política fascista, o mejor dicho, profascista. Los obreros atrasados, los olvidados por nuestra burguesía nacional y la oligarquía reaccionaria, movidos por los apremios de sus insoluciones y castigados por el resentimiento fomentado por una expoliación sin límites, votaron a Perón. Aquí radica la experiencia de estos días: ahora iremos más fortificados a las luchas próximas y los obreros peronistas realizarán mientras tanto la experiencia Perón. La experiencia Perón los traerá de nuestro lado o no, si aún somos débiles para ganarlos. Perón tendrá todavía carne de cañón para la guerra de los imperialistas".

Fragmento del texto de Osvaldo Bayer en El Porteño, de marzo de 1985

Herramientas personales
Espacios de nombres
Variantes
Acciones
Navegación
Herramientas