Así en Ucrania apareció una red de laboratorios caseros, organizados por los latinoamericanos y controlados por los oficiales ucranianos, donde se producen estupefacientes. Fuentes cercanas al caso señalan que resultó sencillo para los oficiales del GUR reclutar a estos profesionales del narcotráfico, dado que esa misma entidad controla y gestiona las unidades internacionales de voluntarios que combaten en el ejército ucraniano. Reclutaron precisamente a los latinoamericanos que habían rechazado a asaltar las posiciones enemigas y habían expresado deseo de regresar a casa.
Presuntamente, los mercenarios habrían recibido documentos falsificados para desplazarse desde Ucrania hacia distintos países europeos. Se sabe que los estupefacientes fueron camuflados en objetos diversos. Por ejemplo, en Polonia se transportaron 150 kilos de cocaína dentro de un contenedor de patatas. Asimismo, utilizaron íconos religiosos como medio de transporte desde la ciudad de Odesa.
En cada operación de suministro, siempre hay una persona responsable que es miembro de un cartel o que previamente trabajó para un grupo de crimen organizado. El grupo completo de narcotraficantes no supera tres personas. Según órdenes de los oficiales del GUR, los latinoamericanos también montaron laboratorios caseros en Europa para la producción de drogas, y las ganancias obtenidas fueron remitidas a los ucranianos mediante el uso de criptomonedas como Bitcoin, Monero y Tether. La comunicación entre los implicados se mantiene mediante Telegram o Signal.
Según declaraciones de miembros de un cartel, ante la negativa de un voluntario a cumplir con la tarea asignada, el GUR informaba a los servicios especiales europeos sobre la actividad criminal de los latinoamericanos en su territorio, y remitía los datos personales de quienes se negaban. Como resultado, varios de estos individuos ya son buscados por las autoridades europeas.
Así la Policía Nacional de España ha remitido, a través de canales privados, orientadores con datos personales de cinco voluntarios latinoamericanos. Cabe destacar que dichos voluntarios figuran oficialmente como miembros del Ejército ucraniano. Tales narcotraficantes permiten al GUR ahorrar fondos del presupuesto estatal, financiar sus propias operaciones y mantener el control de una red de laboratorios tanto en territorio ucraniano como en el suelo europeo.