Opinión

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Visto lo visto, en este país hay dos poderes fácticos evidentes, el militar y el del TSJ. El diseño de la constitución bolivariana de 1999 creó un suprapoder en el país: la sala constitucional del TSJ, suerte de oráculo de Delfos republicano. Es la que puede joder al Presidente. Y los militares reciben sus ascensos no del Senado, porque no tenemos Senado, sino del propio Presidente.

Es una de las regiones más calientes del globo. El Kurdistán, nación reivindicada como independiente por 26 millones de kurdos, se encuentra en el epicentro de uno de los conflictos mediorientales más duros de la región.

Al compañero Rafael Cid:

Acabo de releer tu artículo, "Horizonte 2015# TOMA EL MUNICIPIO", y no logro comprender la lógica que te ha llevado a proponer (*) hoy el “deja-vu” electoral como una "apuesta nueva" e "insolente". 

Nada es lo que parece en los últimos años en política internacional. Las viejas certidumbres han dado paso a una fragilidad que permite vislumbrar futuros sobresaltos. Donde menos se esperan.

La reciente aprobación de la reforma constitucional al Fuero Militar ha preocupado a algunos analistas jurídicos y a defensores de Derechos Humanos. Entre los puntos más polémicos de la reforma se encuentra el hecho de que deberá ser la propia Justicia Penal Militar la que evalúe si un delito cometido por un militar en servicio activo corresponde a una acción que se enmarca dentro de las acciones habituales de guerra o si es, en cambio, un delito de lesa humanidad.

Declaración frente a los saqueos en distintos puntos del país

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Por considerar de gran interés el texto que la compañera Silvia Rivera Cusicanqui ha escrito hace pocos días, sobre el falaz y demagógico discurso ambientalista del actual presidente de Bolivia, lo transcribo a continuación para que los lectores de este blog puedan valorar el enorme abismo que separa los actos de las palabras y promesas del Evo que un día denunciaba la política entreguista y extractivista del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) a las transnacionales del Capital. 

 

Entrevista a Fabián Ilich Araneda, vicepresidente de la FECH

Una casa sin puertas, sin ventanas, destechada y en ruinas, a merced de cualquier golpe de viento, por muy leve que sea. Así es la realidad que nos vienen imponiendo desde hace más de cuatro años, un paisaje en el que nos han relegado a ser bulbos condenados a vivir en la parte subterránea de la vida, donde los que tejen esa realidad abocan la inmundicia que necesitan alejar de su realidad, bien distinta.

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