El caso de los detenidos en Sant Cosme (Prat de Llobregat-Barcelona).

La prepotencia policial jamás es ninguna solución.

Los hechos sucedidos estos días en el Prat, concretamente en Sant Cosme, a causa del asesinato de un policía y la fuga de dos detenidos, son un paso atrás en el intento de muchos años por romper la barrera que separa gitanos y payos, el escandaloso asedio policial en el barrio, criminalizando por igual a todos los vecinos ha sido una gota más en un problema que continuará dando más y más vueltas y que en estos días ha levantado un muro todavía más grande de racismo, xenofobia y odio. Las cosas no se han hecho de la mejor manera posible y en esta crónica quería denunciarlo para que nadie entre en una valoración visceral, xenófoba o racista como ha sucedido en alguna noticia anteriormente colgada, simplemente por prejuicios o por confusión de los media. (http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/93382/index.php)

Cuando sucedieron los hechos de la fuga el pasado lunes la presencia policial en todo el pueblo fue agobiante y con una prepotencia y chulería nunca vista desde tiempo del Paquito. La huída se produjo hacia las dos de la tarde y hasta las siete toda la zona estuvo acordonada y entrar y salir de la zona era lógicamente imposible. En aquellas primeras horas corrieron bulos y rumores por todo el pueblo, todo el mundo daba su versión, se había producido un tiroteo en pleno centro del Prat, doce casquillos se encontraron por tierra, vidrios rotos de coches y casas, resultado un policía muerto y un herido grave que era un currante que pasaba por allá. Lo que no han dicho los medios es que la causa de este obrero herido fueron los disparos indiscriminados del otro policía que mantuvo el tiroteo en plena calle. Balísticamente se ha demostrado que la bala no era de los huídos, sino del policía que irreflexivamente quiso hacerse el héroe en medio de los peatones que pasaban. No se si el far-west o un exceso de peliculas yanquis fueron lo que llevaron a aquel policía a su heroica actuación.

Poco después el coche con el que escaparon fue localizado en Sant Cosme, de donde eran los huidos, los cuales no son dos angelitos inocentes, y que por supuesto son conocidos en el pueblo y no precisamente por ser hermanitas de la caridad ni filàntropos que merecen el título de hijos predilectos. Sant Cosme estuvo cercado durante tres días con un asedio policial de escandalo, y no decimos de escandalo simplemente porque lo que estaban intentando era localizar el asesino de su compañero, cosa que podemos ver normal, sino por las actitudes con los vecinos de aquella zona de Sant Cosme, antiguamente las tristemente famosas 801. Las voces que nos han llegado desde aquel barrio han sido la de policías metralleta en mano entrando en casas indiscriminadamente, apuntando e insultando a los niños que se encontraban en las calles, haciendo sospechosos a todos los vecinos, los cuales pasaban para entrar y salir del barrio CINCO CACHEOS sucesivamente, con maneras que los implicaban a ellos también en hechos que muchos de ellos también rechazan. Lo que está claro en un barrio como Sant Cosme es que todo el mundo se encargará por su bien de mantener la boca cerrada, y cuando decimos mantener la boca cerrada quiere decir la ley del silencio que durante tantos años ha funcionando en un barrio con los índices más altos de tráfico de drogas y de presos de toda Catalunya. Normal que los chivatos sean elementos muy detestados, y normal que nadie quiera romper una ley que te puede costar la vida.

Así todos los vecinos de Sant Cosme eran vistos por los policías como sospechosos delincuentes que saben y callan, y por lo tanto merecedores del castigo y la humillación a cada control y a cada paso que daban por su barrio. Perlas como "Os vamos a matar a todos", "no té pongas chulo que té frio aquí mismo", "os vais a enterar a partir de ahora" y otras muchas frases textuales relatadas por algunos vecinos que han padecido esta amenaza constante y que se han sentido una vez más marginados y reprimidos sólo por ser gitanos y por lo tanto sospechosos.

La detención fue otro espectáculo al que se sumó el ensañamiento de la policía con el detenido delante de los numerosos curiosos y vecinos que estaban en aquel momento a la calle, la inmensa mayoría gitanos, que lo que veían era que cuando el detenido estaba esposado y en el suelo, le estaban propinando una paliza propia de cualquiera grupo de cabezas rapadas. Con total impunidad lo masacraron delante de la mirada de los vecinos, como una advertencia para el resto, como han hecho siempre los fascistas cuando apaleaban a alguien, buscando el efecto no sólo en el apalizado sino en los que lo miran, y esto tal y como estaban las cosas, teniendo en cuenta que la línea que separa gitanos y payos es más profunda de lo que cualquiera se puede imaginar, reincidía y apretaba la rabia contenida de muchos, y tensaba todavía más el odio racial y los gritos de venganza y amenazas de todo tipo. Si tenemos en cuenta que muchos de los que lo veían eran familiares del detenido, que también se llevaron a la compañera acusada de haberlo escondido y no delatarlo a la policía, que la madre tuvo una crisis de ansiedad por la que la hospitalizaron convirtiéndose el CAP (centro de atención primaria) de Sant Cosme en una manifestación de rabia y odio gitano, que dejan dos niños abandonados sin que nadie se haya encargado de cuidarlos o llevarlos a algún lugar, si tenemos en cuenta todo esto podemos entender que se ha hecho de la peor manera posible.

Nadie está defendiendo ni diciendo que el detenido sea a partir de ahora un héroe por el simple hecho de haber matado un policía, nadie está hablando de que a partir de ahora se le tenga que considerar una víctima cuando él ha hecho muchas en el pueblo y alrededores, simplemente la actuación policial ha sido escandalosamente racista, fascista y criminalizadora con todo un colectivo al que sólo le faltaba esto para cerrarse todavía más en sí mismo de lo que ya lo está. Estos días se han andado muchos pasos hacia atrás que poco a poco se habían adelantado, podríamos hablar con muchos payos que trabajan diariamente en Sant Cosme, en el hospital, como educadores, en los centros cívicos y centros abiertos y te darían su versión de los hechos. Un asedio vergonzoso por las actitudes que ha tomado con todos los vecinos.

La ley del silencio, la sensación de guetto, los problemas estructurales de drogadicción y mafias diversas en las que se incluyen los nombres de muchos policías que trabajan mano a mano con los traficantes o simplemente hace años que miran hacia otro lado por intereses que nosotros podemos adivinar, los clanes familiares, el desarraigo absoluto, la pobreza y la marginación, la separación y racismo entre gitanos y payos, con actuaciones como estas se han reforzado y entramos de nuevo en una etapa de dificultades e incerteza que no traerán ni al Prat ni a Sant Cosme nada de bueno.

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