El afecto, el trabajo, el sindicato..., y el sexo

¿Os imagináis que algunas cosas que habéis leído y aprendido sobre el afecto y el sexo en las últimas décadas, no fuesen más que disparates puestos uno después de otro? Es algo que me inquieta. No sería la primera vez, porque en la Historia de la Medicina, se ha hecho cada barbaridad… Como cuando le dieron el Nobel al portugués que inventó la lobotomía frontal, el Doctor Egas Moniz, que abrió la puerta al doctor Walter Freeman y su famoso picahielos como cura definitiva de cualquier enfermedad mental… Pero esto no tiene que ver con el tema.

Yo comencé aprendiendo algo de teoría del sexo a través de dos libros: El Informe de Shere Hite, y los informes de Masters y Jhonson. Por ahí los tengo. Por supuesto, la práctica era de aquella manera, con una técnica zarrapastrosa e ignorante producto de la cultura mojigatofascista  de los años cincuenta, en la que se hacía lo que se podía, y en la que el clímax de la mujer sobrevenía cuando ¡por fin! el hombre acababa, y la tía pensaba "menos mal, ¡gracias Virgen de la Peña!". 

Son libros, que, unidos a otros muchos artículos que aparecían en esa época, en plena Revolución Feminista de los setenta, te dejaban perplejo: las mujeres podían tener or-gas-mos como los hombres, y no tenía por qué alcanzarse mediante la penetración, si no que había un clí-to-ris. ¡Joder! Si que éramos estúpidos sin haberlo dejado de ser ni cinco minutos en una vida. Recuerdo que en las lecturas colectivas que hacíamos, había un hombre, Amaro Sánchez se llamaba (murió), que cada vez que escuchaba "va-gi-na", se tiraba un minuto riyéndose de los puros nervios. Y entonces, en los libros que vendían a domicilio, te ponían una ilustración en colorines de un coño y se te salían los ojos viendo un clítoris sin pelo y afeitado, que te sugería todo tipo de cosas que no se veían bien en la penumbra levemente iluminada por la luna a través de las rendijas de la persiana echada, con el pijama puesto, que lo mismo podías estar chingando con tu novia o con tu abuela. También tengo por ahí, de recuerdo, esos libros ilustrados con fotos de hombres y mujeres en bolas, que vendían los del Círculo de Lectores. Totalmente perturbador, os lo juro. El salto del año 50 al año 70 fue la hostia. Por lo visto, la clave era el cariño, el afecto previo… 

Hoy, claro, todos conocéis las fases de la coyunda: afecto, atracción, deseo, contacto, excitación, meseta, orgasmo, resolución, cigarro, te piden más, salir corriendo, y disponéis de las técnicas más completas y adecuadas para ir cumpliendo esas sencillas etapas sin mediar error alguno. Disfrutáis del sexo a tope en absoluta libertad gracias a las mártires de la Revolución Sexual. Pero, en una época en la que disponer de un condón, y saber cuál parte era la del derecho y cuál la del revés era complicada… 

Uy, algo que me llamaba mucho la atención era el asunto de la masturbación femenina. Por lo visto meneando el clítoris es que no hacía falta ni siquiera penetración, lo cual para mí era interesantísimo, porque ahorraba el asunto de todo ese ejercicio de mete y saca tan cansado que hay que desarrollar, y que en verano y en invierno, te pones a sudar a chorreones, y a caerle a la pareja –tal vez– una molesta lluvia muy poco glamurosa, o lo mismo sí, depende de los escrúpulos. Porque hay besos que cuando te acercas y te ven los dientes, te piden que vayas al dentista a la limpieza, o que te enjuagues con un colutorio… Que me voy por las ramas.

Y lo de la preparación. Por lo visto era muy conveniente llevar a cabo una serie de actividades preliminares de afecto, para que los órganos sexuales creciesen, tanto los del hombre como los de la mujer, por medio de masajes, cánticos espirituales, drogas fumadas o bebidas, aromas, palabras, miradas cómplices, y unas historias, que convertían el coito en una especie de ritual sectario satánico al que sólo le faltaba una cabra dentro de una estrella de siete puntas y un metrómetro. 

La cuestión es que me daba cuenta de que toda esa información, a veces se convertía en una pesadilla. Los juegos preliminares podían llegar a provocarte rozaduras en la piel de tanta fricción no consumada. Porque a base de lamer, el perro llega al hueso, dice el refrán ruso. Las fases podían prolongarse, saltarse, hacerse interminables de manera que uno pedía mentalmente la muerte o que se lo tragase la tierra tras seis horas de dale que te pego… Entonces me preguntaba, si todo ese tema del afecto, o de los preliminares, no era más que el precio a pagar para llegar al sexo. ¿Por qué no era al revés? ¿Por qué no ir primero al sexo, y luego disfrutar de jugueteos postliminares? ¿Por qué el afecto no podía ser el resultado del sexo? ¿Siempre las cosas y los dones tienen un precio, inmediato o diferido?

Porque la verdad, tener que convencer a alguien para que hiciera algo con laboriosas maniobras de cortejo, lo que me daba era la impresión de que la otra parte en realidad no estaba por la labor, lo cual era un inhibidor poderosísimo de la líbido. También me recordaba lo de los preliminares, a ese ave que no es una gallina, que hace un montón de ziringoncias en el nido, con aparatosa exhibición de plumas, para follarse a la otra parte en un evento de un par de segundos. La hostia en verso, qué rara es la naturaleza. Pues pienso que si alguien está por la labor, ya tiene la preparación hecha, o precisa poco tiempo…, y si no se va uno a la farmacia y le suplica a la manceba que le venda un comprimido de vardefanil sin receta… Porque si la otra parte está excitada y tu pendiente de porque comiste demasiado gazpacho, lo mismo te agarra por las partes y te da pal pelo. Yo he vivido desastres de esos, sí, debido a mi sangre fría y mi avanzada edad.

En fin, que toda información científica pasa por el sesgo de la cultura imperante, y de la ideología. La ideología que tiene una base de moralidad importante en todo lo que se refiere a una cosa tan vital como el sexo, o que se te siga levantando en condiciones a los setenta años, digan lo que digan los sexólogos y Masters y Jhonson, que no tener erección no implica que tal, a mí que se me levante aún, me parece importante…

Estaba diciendo que la moral, parte de la cultura de una población, lo impregna todo. Hace unos días me pusieron a parir por ayudar a una amiga de unos sesenta años que intercambia sexo por dinero, a hacer una reclamación de cara a que los funcionarios no se rían de ella cuando va a pedir información sobre cómo conseguir una pensión no contributiva. Te hace preguntas y dialogamos así: ¿me conviene hacerme autónoma?; a tu edad me parece que no, pero no lo tengo claro; es que me estoy viendo muy anciana para ejercer; ¡pero qué dices!, ¿anciana? ¡si estás genial! [se ríe y me pega una palmada en el hombro que medio me descoyunta]; ¿y para hacerme autónoma, cómo me apunto?; pues marcando la casilla de "otros", pero me coges un poco a contrapelo…; ¿y con la no contributiva cuánto me queda?; pues menos de los quinientos euros…; ¿sólo esa mierda después de toda la vida trabajando?; ¿Nunca has cotizado nada?; de joven, cuando trabajaba en la fábrica de tomate…; pues oye, entonces con una a mínimos son seiscientos… ¿Y por que no vamos a un sindicato?; ¿a un sindicato? ¿tú crees que me atenderían?; ¡anda!, ¡pues claro! En Actividades Diversas, o en Oficios Varios seguro que entras; ¿seguro?; seguro; ¿y no se van a burlar? Yo prefiero que tú que nos conocemos desde chico…

Bueno, pues por lo visto está mal visto sindicar a estas señoras, basándose en criterios morales e ideológicos. Se las prefiere tener desorganizadas a organizadas, porque en el fondo, si se organizan se sabe que las legalizarán y regularán y saldrán de la reserva. De ello se encargará el Parlamento, les guste o no a moralistas y políticos de derechas y de izquierdas. Por eso pienso que no hay que estar ni a favor ni en contra de la legalización. Por lo que hay que estar, es por la organización, y que venga lo que tenga que venir.

Pero por el amor de Hécate, cuando te encuentras una persona concreta, con un problema concreto (que cada una tiene uno), de vejaciones, pensiones, enfermedades de transmisión sexual, deportación, drogadicción, expulsión de zonas públicas, desahucios, pobreza, violencia, escolarización de hijos, robo; estigmatización… ¿Qué les das? ¿Un discurso de prejuicios clasistas? ¿Las englobas en la categoría "prostitutas" a todas, cuando las hay de diversos tipos? ¿O tomas aire y arrimas el hombro, y ayudas a la persona concreta que te plantea algo, que respira, vive, ama y sufre como tú? ¿Le proporcionas herramientas, conocimientos prácticos, autoestima, valor? ¿la englobas, agrupas, reúnes, juntas? Porque si ayudas, que lo sepas: eres una organización embrionaria, eres un sindicato: una agrupación de trabajadores solidarios que luchan por la mejora de sus vidas. Y eso, te honra. 

Ahora bien, leyendo lo que circula, se me ocurre a veces que hay gente que escribe, que nunca habló con una trabajadora de este tipo. O que si habló con ellas, o bien tiene una ideología endurecida, o bien habló para discutir el precio. No lo sé.

¿Quieres parar al fascismo? ¡Escucha! ¡Aprende! ¡Organiza!  Porque… ¿Os imagináis que algunas cosas que se han dicho sobre el afecto, el trabajo y el sexo, no fuesen más que disparates?

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