El día de la Buena Piedra

Yo –por lo visto– soy una persona muy pragmática. Me interesa lo inmediato, cómo resolver un problema, cómo entrar en un lío y cómo salir de él. Por eso tengo la madriguera llena de túneles, posibilidades, aberturas y, sobre todo, de vías de escape, ya que la huida es muchas veces la única forma de no dejar de ser del todo lo que uno es. Qué se le va a hacer.

Entonces, estoy metido en algo, y viene alguien, y me dice no sé qué de los principios. O de las tácticas. O de las finalidades. O de lo conveniente del análisis teórico. O de la ultima mierda de Chomsky, de Gramscy, o de Marx… Es el momento de buscar un objeto contundente como mejor argumento.

Jamás Gramscy, Chomsky o Marx, ni el propio Malatesta, me sirvieron para salir de un atolladero. De verdad: no sirven ni un carajo para abrir una cerradura. Lo que te sirve llegado el caso fatídico, es que alguien monte una colecta, escriba cartas, busque un buen abogado, o sea capaz de reclutar a veinte chalados dispuestos a darlo todo, sin saber ni cómo ni por qué. Aunque ese alguien sea el cura de la parroquia. Tenlo en cuenta: la solidaridad existía desde muchísimo antes de que Kropotkin escribiera Mutual Aid: a Factor of Evolution (1).

Yo lo digo claro: si para asociar musulmanes, si para organizar inmigrantes, hay que hablar con el imán e ir a la mezquita, se va a la mezquita y se cabecea fingiendo sentir algo muy en lo hondo, similar a aguantarse el apretón de un mojón. Y si hay que meter en negociación colectiva cinco pausas de rezos mirando a la Meca, se meten. Porque lo importante es lograr la asociación, establecer intereses comunes, conseguir que la peña se implique en una actividad colectiva… Lo primordial es que si el jefe despide a las bravas a Pedro Pablo, de inmediato suene por los teléfonos que están despidiendo a Pedro Pablo, o a Rachid o a Tania. Lo importante es que el que esté de turno en ese momento, suelte la herramienta y vaya de inmediato a ver qué pasa, y llegado el caso, la líe parda sin que nadie le incite a ello. Ese es el punto al que hay que llegar: el de la unión y la solidaridad. Eso es lo que no tenemos y necesitamos como el aire. Y si el revoltoso o la gamberra es seguidor o devota de la Virgen del Mar, o de cosas peores, a mí me da lo mismo. Porque cuando llega el momento de la verdad, esa es la gente que se lanza al fuego. ¿Qué es lo que hacen mientras, los que se nutren de consignas, discursos y planes alambicados?

¿Y qué es lo conveniente, lo que hay que hacer? Eso lo defines tú. Tú te lo guisas, tú te lo comes. Eso lo descubres en faena. Si quieres teorizar, teoriza. Por mí estupendo. Si quieres realizar otra cosa, fenomenal. Y si un buen día percibes que lo que haces es absurdo…, da un paso atrás discretamente, intentando no molestar. Y no me jodas a mí el invento, cabrón, porque si no me voy a poner muy triste, y lo mismo te abro la cabeza a ver qué tienes dentro. Déjame a mí equivocarme en paz. 

Hay otra cosa que a mí al menos me incita a buscar algo contundente y pesado: la gente que dicen que son muy honestos. Esos tipos que te vienen a decir la verdad a la cara. Bueno, pues esos mandrias no son más que unos juláis que confunden la verdad, (que es siempre compleja, escurridiza, interpretable y multifactorial), con sus opiniones (que son una sopa de prejuicios, pretextos y especulaciones de mierda basados en el Ego y en consignas de manual). Cuando te vienen a decir esa verdad, ten por seguro que lo que pretenden es joderte pero que a base de bien el día. Yo puedo molestar muchísimo, es cierto, pero no porque sea honesto, diga la verdad y deteste la mentira, si no porque suelto sin darme cuenta la primera cosa que se me ocurre en un entierro, por ejemplo, el día que mencioné a la viuda las infidelidades de Juanito el del Gañote con su prima la Garoña… Mucho mejor hubiera sido mentir. O tener cerrado el pico. Tanto imperativo moral y tanta leche.

En resumen, no me tienes por qué creer porque lo diga yo. Así que cuando alguien te cite la Biblia (la que sea) para buscarse excusas o para cambiarte de onda, y cuando de improviso alguien te vaya a decir la verdad, a la cara, en el bar tomando, cervezas… No te lo pienses demasiado. Estás ante una agresión inaceptable. Mira a tu alrededor y busca (si te apetece), como mejor argumento, una buena piedra. 

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NOTA

(1) He puesto el título en inglés, para que se vea que soy muy culto, domino la teoría y he leído a Brahms.

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