[EEUU] La dimensión política de la lucha contra las cárceles, dentro y fuera: #PrisonStrike #August21

"No es que sea una tarea supersexy" (Page May). - En las vísperas del inicio de una nueva huelga de presos en Estados Unidos (21 de agosto - 9 de septiembre) traemos a colación dos artículos sobre el espacio político que puede sacar adelante esa huelga: el espacio político construido tras los muros de los cárceles y el espacio político construido en la sociedad que las rodea. Cincuenta años de discurso contra las cárceles puestos a prueba.

1) El amanecer de un nuevo movimiento en las cárceles: lucha continua por abolir la esclavitud en Amerika.

Un artículo de Kevin 'Rashid' Johnson, ministro de defensa del Nuevo Partido Pantera Negra Africano - Sección de cárceles.

A lo largo de Amerika del Norte -la patria del mayor encarcelamiento masivo del mundo- cada vez más presos se hacen conscientes de la injusticia social de la que son víctimas.

Sobre todo, son conscientes de ser víctimas de un sistema capitalista-imperialista inherentemente depredador y disfuncional, que toma como objetivo  a la gente de color para intensificar el control policial, la contención militarizada y la criminalización selectiva. Los recursos básicos, el empleo, el control sobre las instituciones necesarias para la seguridad social y económica les están negados. Son privaciones que generan el "crimen": crímenes económicos, crímenes pasionales, crímenes contra el autocuidado arrasado por el abuso de droga.

Pero los presos también son conscientes de que se les ha hecho víctimas de abusos inhumanos, de hacinamiento, de una de las formas más decadentes y deshumanizadas de injusticia económica en la sociedad: la esclavitud.

El creciente despertar de la conciencia de los presos incita a los presos a unirse en resistencia a la voz de  "¡Basta ya!". Y ese impulso toma forma.

Partiendo de los movimientos que suprimieron ayer.

Este "nuevo" movimiento en las cárceles está haciendo visibles oleadas crecientes de resistencia a los abusos y al trabajo esclavo, que erosionan estructuras como la del confinamiento solitario, que se pusieron en marcha hace cincuenta años para reprimir el movimiento en las cárceles de aquella época.

Durante la anterior ola de movilizaciones en las cárceles -en los años sesenta y setenta del siglo pasado-, los presos se alzaron en resistencia cuanto los tribunales se cerraron a las solicitudes de resarcimiento de los presos por las inhumanas condiciones que impregnan las cárceles de Estados Unidos.

Aquel movimiento tomó forma de las ideas revolucionarias que prevalecían en los movimientos sociales de la época y, a la vez, en una relación dialéctica, se la dio. Fue una denuncia y un desafío para el sistema capitalista. Al frente estaban el Partido Pantera Negra inicial y sus aliados en el exterior, y camaradas en el interior como Georges Jackson, que formó la sección en prisión del partido.

Para suprimir aquel movimiento y acabar con su conciencia revolucionaria, las instituciones construyeron y pusieron en funcionamiento unidades de confinamiento solitario -las 'Supermaxes -Seguridad Suprema-' y 'Unidades de control'- en un nivel sin precedentes. El punto de partida fue la Unidad de Control de Marion, abierta en 1972 tras el asesinato de George Jackson por sus guardianes y el levantamiento pacífico de 1971 en la prisión estatal de Attica -suprimido por los encargados de la cárcel asesinando a 29 presos y diez civiles, torturando por centenares, provocando la indignación internacional y la constatación de las condiciones inhumanas de las cárceles de EEUU-.

Como excepción, un antiguo guardián de Marion llamado Ralph Arons ha reconocido ante un tribunal federal el verdadero propósito político de las unidades de alta seguridad: "El propósito de la Unidad de Control de Marion es controlar las actitudes revolucionarias en la cárcel y en la sociedad en general".

Junto a esta represión también se hicieron concesiones al movimiento de presos, incluyendo que los responsables de las cárceles mejorasen la situación de los presos y que los tribunales federales admitiesen demandas de los presos en torno a sus condiciones de vida. Pero esto no duró.

Conforme el sistema penal de Estados Unidos se fue expandiendo y las unidades de confinamiento solitario frenaron la resistencia de los presos, las concesiones fueron retiradas  y los tribunales pronto sentaron precedentes como Turner vs Safley y leyes como la Prison Litigation Reform Act fueron puestas en marcha, con lo que los tribunales volvieron a su vieja doctrina de no tocar las reclamaciones de los presos.

Convertir las cajas de hierro de la opresión en escuelas de liberación

La represión es el pan de la nueva resistencia.

Con estos retrocesos las condiciones abusivas se intensificaron, especialmente con la expansión del confinamiento solitario -que el Tribunal Supremo definió como una crueldad y una tortura a finales del siglo XIX- y la expansión de la explotación de la creciente población carcelaria haciéndola trabajar gratis.  En estas condiciones de mayor abuso y explotación ha surgido un nuevo movimiento en las prisiones que ahora está creciendo.

Cada etapa de este nuevo movimiento registra una cantidad de presos que se unen y fraguan la unidad por encima de las barreras raciales y tribales que el sistema consiente para dividir y controlar a los presos.  Esta unidad es tanto más memorable cuando ha ido más allá de cárceles individuales, extendiéndose por todo el sistema penal y, ahora, por todo el país, con un apoyo externo a la misma escala e incluso a escala internacional.

Esto inspira y puede inspirar mayores niveles de resistencia y nos ayuda a afinar nuestras acciones, nuestros métodos de organización y comunicación.

Con este fin presento un sumario de los acontecimientos principales de la ola actual de lucha contra las cárceles, que sirva como llamamiento a que quienes lo lean se unan a las luchas que vendrán y las apoyen.

¡Estamos resistiendo!

  • Cuando en 2008 se dejó morir por un ataque de epilepsia sin tratar al migrante en confinamiento solitario Jesús Manuel Galindo, cientos de detenidos del complejo de Pesos -Texas- lo tomaron  y arrasaron.  Presos de Cuba, Nigeria, Venezuela y México provocaron daños por un valor de dos millones de dólares.
  • A lo largo de diciembre de 2010, los presos de seis cárceles de Georgia llevaron a cabo una huelga masiva, protestando por su trabajo esclavo, el confinamiento solitario y otras condiciones opresivas. En la protesta se unieron latinos, negros, blancos, todas las orientaciones de bandas en las cárceles, musulmanes,... Dos años después de esta huelga de una semana, tuvo lugar en la cárcel estatal de Jackson -donde muchos de los líderes de 2010 habían sido trasladados-   una huelga de hambre de cuarenta y cuatro días acompañada de violentas represalias de los guardianes.
  • Entre 2011 y 2013 tuvieron lugar en las cárceles de California tres huelgas masivas históricas contra el confinamiento solitario y otros abusos; participaron, respectivamente, 6.000, 12.000 y 30.000 presos. Los presos de otros estados -Virginia, Oregon, Washington- también se unieron a la huelga. Esta huelga unió, y fue llevada adelante, por negros, latinos, blancos y las principales bandas de presos de California. El llamamiento a poner fin a todas las hostilidades raciales y de banda intentó ser saboteado por los funcionarios de las cárceles de California en repetidas ocasiones. Estas huelgas y la unidad sin precedentes, así como las impugnaciones legales de algunos líderes y participantes, forzaron a las instituciones penitenciarias de California a reformar sus políticas de confinamiento solitario a largo plazo y a devolver al régimen común a unos dos mil presos.
  • Inspirados por la huelga de Georgia de 2010, presos liderados por el Free Alabama Movement convocaron una huelga contra el imperio de esclavitud en vigor en Alabama y el encarcelamiento de personas para hacerlas trabajar gratis. Cuatro cárceles secundaron la huelga en enero de 2014. Los esfuerzos de organización de la FAM y su colaboración con Industrial Workers of The World (IWW) dieron lugar a que este sindicato formase el Comité Para la Organización de los Trabajadores Encarcelados - Incarcerated Workers Organizing Committee (IWOC), que en la actualidad agrupa a ochocientos presos en cuarenta y seis estados. IWOC ha jugado un papel importante en huelgas posteriores y en dotarlas de apoyo público. Poco después de su fundación, IWOC y el Nuevo Partido Pantera Negra Africano - Sección de Cárceles sellaron una alianza, de manera que muchos afiliados del partido -incluido yo como cofundador- nos incorporamos a IWOC.
  • En 2014 los mil doscientos reclusos del Centro de Detención de Tacoma (Washington) mantuvieron una huelga de hambre de cincuenta y seis días que se extendió al Centro Joe Corley de Conroe -Texas-.  Todos protestaban por el régimen opresivo de esas instalaciones, recibiendo apoyo exterior organizado.
  • En abril de 2016 los presos de siete cárceles de Texas secundaron un llamamiento a la huelga de camaradas de la rama de Texas de Nuevo Partido Pantera Negra Africano e IWOC. Un mes antes había tenido lugar un levantamiento espontáneo en la cárcel de Holman (Alabama), durante el que el nuevo alcaide, Carter Davenport, conocido por sus intervenciones violentas contra presos, terminó recibiendo violencia él mismo.
  • Estas iniciativas inspiraron un llamamiento a una huelga a escala nacional a principios de 2016, que se convocó para el 9 de septiembre de 2016 como aniversario del levantamiento de Attica. Ese 9 de septiembre pasará a la historia por la actuación de treinta mil presos distribuidos en cuarenta y seis instalaciones de veinticuatro estados, adoptando distintas formas de protesta como la no incorporación al puesto de trabajo, huelgas de hambres, tomas de prisiones o alteración de operaciones. En varias ciudades tuvieron lugar protestas en el exterior, en apoyo de los presos.
  • Como respuesta a las crecientes voces de presos que se oponen al trabajo esclavo y a los abusos, el 19 de agosto de 2017 tuvo lugar una marcha a Washington en apoyo a los presos y contra la Decimotercera enmienda de la constitución de Estados Unidos, adoptada después de la guerra civil para legalizar la esclavitud de los condenados por un crimen - una enmienda que viola los tratados internacionales firmados por EEUU después de la segunda guerra mundial, que prohíben todas las formas de esclavitud y trabajo forzoso-.
  • La inquietud que causaba el precedente de las movilizaciones de 2016 llevó a un gesto sin precedentes a las autoridades penitenciarias de estados como el de Florida: interrumpir la actividad de las cárceles en torno a 19 de agosto para evitar un posible levantamiento relacionado como la marcha a Washington de ese mismo día. El bloqueo duró cuatro días durante los que se sirvió a los presos un menú de cinco estrellas.
  • A pesar de este movimiento los presos de Florida pasaron por encima de las instituciones y convocaron una huelga bajo el código #OperationPush para el 12 de febero de 2018, aniversario del nacimiento de Martin Luther King. PUSH involucró a presos de todo el estado que no acudieron al puesto de trabajo y boicotearon el economato de sus centros. Protestaron por el trabajo sin paga, los precios inflados de los economatos y estafetas de las cárceles, el regateo dilatorio de la libertad condicional, todo ello agravado por la extrema sobrepoblación causada por sentencias extremas, que origina condiciones inhumanas.

En este último caso, dado que las instituciones penitenciarias de Florida se apresuraron a sustituir a quienes no trabajaban por internos más dóciles y dispersaron o encerraron en confinamiento solitario a los participantes en la huelga, pudieron mentir a los medios informando de que no había ni huelga ni represalias. Una mentira clamorosa.

Uno de los principales apoyos exteriores a #OperationPUSH me informó en una carta: "He recibido todos los días correo de presos de toda Florida que o han participado en PUSH o han sufrido represalias por tener escritos de las organizaciones que apoyan la huelga, como IWOC. Algunos han sido directamente amenazados con represalias si continúan tratando con nosotros.  Con solo seis semanas de preparación, la huelga ya fue cubierta por cincuenta noticiarios, incluyendo 'Newsweek'. 'The Nation'. 'Teen Vogue'. Creo que nos posicionamos bien y que Instituciones Penitenciarias miente al decir que nadie participó".

Pero más allá de esto, yo puedo dar testimonio de que los responsables de las penitenciarias mienten porque yo mismo fui un participante.

En la víspera de la huelga el alcaide de la cárcel estatal de Florida se citó conmigo y con otros doce a los que conozco, cosa que ya preveíamos. Él no hizo nada para prevenir el boicot al economato que estábamos preparando durante semanas, e incluso nos permitió difundirlo.

Pero el 10 de enero instruyó contra mí un parte disciplinario por incitación al motín, en represalia por un artículo que publiqué explicando los motivos de la huelga y la necesidad de apoyo para los presos.  Tras una apresurada audiencia totalmente irregular y un veredicto de culpabilidad se me trasladó a una celda con ventanas rotas por las que entraba el frio, añadido a los ventiladores que los guardianes mantenían en funcionamiento durante veinticuatro horas los siete días de la semana.

Todavía ha habido otra convocatoria de huelga, planteada por mi camarada Pantera Negra Malik para el 19 de junio de 2018. Como junto a otros doce presos prepare un boicot al economato para esta huelga en la cárcel de Santa Rosa -Florida-, a la vez que intenté fomentar la unidad entre los presos en confinamiento solitario -para contrarrestar la cultura de violencia mutua que los guardias fomentan en ellos-, fui trasladado por la vía rápida a mi estado de origen, Virginia, y puesto en un estado de confinamiento solitario llamado "tratamiento intensivo".

Pero la lucha no tiene aquí un punto final. Se ha lanzado un amplio llamamiento para mantener una huelga de presos desde el 21 de agosto al 9 de septiembre de 2018 a lo largo de todas las cárceles de Estados Unidos. Los participantes tienen todo un abanico de formas de participar, de las que pueden elegir una, algunas o todas:

- Huelga laboral. - Los presos no acudirán a los puestos de trabajo que tengan asignados. En cada penitenciaría se determinará hasta dónde se llegará con esta huelga. Las huelgas locales pueden realizarse en base a demandas para mejorar las condiciones y reducir los daños de la prisión.

- Sentadas. - En algunas cárceles, presas y presos pueden comprometerse en sentadas pacíficas de protesta.

- Boicots. - Todos los ingresos deben interrumpirse. Instamos a que los que están fuera no cubran la factura de los de dentro. Presas y presos te informarán de si ellos participan de este boicot.

- Huelga de hambre. - Presas y presos pueden renunciar a comer.

La huelga busca conseguir estas diez demandas:

  1. Mejoras inmediatas en las condiciones de las cárceles y políticias penitenciarias que reconozcan la humanidad de presos  y presas.
  2. Fin de la esclavitud en las cárceles. Todas las personas presas en cualquier lugar de detención bajo la jurisdicción de los  EEUU deben de recibir los salarios normales en su Estado o territorio por su jornada laboral.
  3. Rescisión de The Prison Litigation Reform Act, poniendo a disposición de las personas presas un canal adecuado para señalar abusos y violaciones contra sus derechos.
  4. La Truth in Sentencing Act y la Sentencing Reform Act deben ser retiradas para que las personas presas tengan una posibilidad de rehabilitación y libertad bajo palabra. Nadie debe ser sentenciado a encarcelamiento hasta la muerte o cumplir una sentencia sin posibilidad de libertad bajo palabra.
  5. Poner punto final a la imputación desproporcionada de negros e hispanos, a la desproporción en sentencias contra negros e hispanos, a la denegación de libertad condicional para negros e hispanos. No debe negarse la libertad provisional a las personas negras cuando la víctima es de raza blanca, un problema frecuente en los estados sureños.
  6. Poner punto final a las leyes racistas que penalizan la pertenencia a una banda, dirigidas contra las personas negras e hispanas.
  7. Ninguna persona presa ha de ser rechazada en los programas de rehabilitación por estar clasificada como delincuente violento.
  8. Las prisiones estatales deben recibir fondos destinados específicamente a ofrecer más servicios de rehabilitación.
  9. Los programas de becas deben retornar a todos los estados y territorios de Estados Unidos.
  10. El derecho a voto de todos los reclusos que cumplen sentencias, están en prisión provisional y de los así llamados ex-delincuentes deben ser tenidos en cuenta. Se pide representación. Todas las voces cuentan.

Conclusión.

La esclavitud y el control opresivo de los marginados nunca ha terminado en Amérika. La decimotercera enmienda de la Constitución se aprobó como un compromiso con los antiguos propietarios de esclavos, que podrían seguir explotando a gente sin poder pero con su mantenimiento a cargo del contribuyente.

La resistencia a toda opresión debe continuar, así como la resistencia a las condiciones inhumanas y deshumanizadoras que sufren los presos en Amérika. Fue sólo por su resistencia que los esclavos de antes de la guerra civil consiguieron cuestionar las mentiras y lógicas con que se justificaba el sistema de poder que se beneficiaba de la esclavitud. Sólo cuando se unieron en resistencia y sabotaje y lucha por su libertad, con la complicidad de camaradas y aliados en el exterior, fue cuando los esclavos del antiguo Sur destruyeron aquel sistema.

Pero en la actualidad sólo hemos llegado a una reforma del sistema de esclavitud penal. Nos queda todavía mucho trabajo por delante para abolir la esclavitud en Amérika de una vez por todas. ¡Atrévete a luchar, atrévete a vencer! ¡Todo el poder para el pueblo!

*

2) La abolición de las cárceles es el lema del momento tras "abolir los centros de internamiento".

Un creciente número de izquierdistas buscan acabar con el complejo carcelario - industrial en Estados Unidos. - Por Ruairí Arrieta-Kenna @ruairiak para Politico, 15 de agosto de 2018. [Extracto].

No es ningún secreto que el sistema de justicia penal en América necesita un arreglo. La semana pasada, el mismo presidente Donald Trump mantuvo una mesa redonda con gobernadores, fiscales y otros cargos sobre la reforma de la prisión, y la administración intenta que lleguen al Congreso medidas para que los antiguos internos puedan encontrar trabajo. La consigna de "reforma" parece aunar al criminalizador Partido Republicano con un Partido Demócrata del que se dice que en su política penal "se han marcado las huellas dactilares de Blacks Lives Matter".

Pero para algunos activistas de izquierda, la reforma de las cárceles no es suficiente y, en algunos casos, puede resultar contraproducente. Para estos activistas, la palabra "abolición", últimamente asociada con la pena de muerte y los centros de internamiento de extranjeros,  es la contraseña de un movimiento más amplio para el que acabar con los centros de extranjeros es sólo el punto de partida de una serie de cambios más radical.

En Estados Unidos existe un movimiento por la abolición de las cárceles -y, en general, por la de todo el sistema penal y policial-. Sus proponentes tienen una visión de futuro en la que, más que mejores condiciones para los encarcelados, no habrá cárceles en absoluto.

De primeras, la idea parece extraviada e irrazonable: ¿Dónde estarán los criminales? ¿Qué se hará con violadores y asesinos? Pero los que respaldan el movimiento ven en este objetivo la única dirección humana hacia la que se puede conducir la sociedad - si realmente se quiere avanzan hacia un mundo sin crueldad entre personas y sin desigualdad racial.

He hablado con varios defensores de la abolición de las cárceles -o abolicionistas, como se refieren con más brevedad a sí mismos-, y no se trata de penalistas escandinavos o filósofos marxistas anticuados, sino de gente joven: principalmente abofados negros, investigadores, artistas, organizadores comunitarios. Algunos han tenido, o siguen teniendo, familiares presos; otros han sido presos ellos mismos. Aunque no todos comparten el mismo tipo de experiencia o biografía, están conformes en una cosa: el sistema penal tal y como lo conocemos es inherentemente cruel, perpetua el racismo como sistema y debe ser derribado por completo.

"No se trata de derribar los muros de las cárceles mañana. Tal vez estaríamos mejor, pero no va a suceder", comenta Maya Schenwar, autora de Por qué la cárcel no funciona. "El abolicionismo es la aceptación de que la prisión no sirve a ningún buen fin: refuerza la supremacia blanca, refuerza el capitalismo, refuerza la opresión, sin que nos dé más seguridad ni proteja a la sociedad de manera constructiva".

Muchos de los involucrados en el abolicionismo de hoy, como la profesora de derecho en Georgetown Alexandra McLeod, entienden su tarea como una prolongación de la abolición de la esclavitud.

"La encarcelación de masas echa sus raíces en la subyugación de los antiguos esclavos. Hoy son más los afroamericanos encarcelados que los que estuvieron bajo la esclavitud". Hay que recordar la decimotercera enmienda de la Constitución, que admite la esclavitud como castigo por un crimen: bajo ella, muchos internos trabajan para compañías privadas o se encargan de la extinción de incendios. Se trata de hechos que están documentados incluso en éxitos editoriales -The new Jim Crow, de Michelle Alexander- o cinematográficos -13th, de Ava du Vernay-. El concepto está tan extendido que incluso lo han aceptado algunos candidatos del Partido Republicano.

Todos los abolicionistas coinciden en que las pioneras del movimiento son feministas negras de finales del siglo XX, principalmente Angela Davis con su libro del año 2003 "¿Las prisiones son obsoletas?", que con sorprendente profundidad para sólo 128 páginas subraya los argumentos sociológicos e históricos para abolir en vez de reformar.

Treinta años antes, cuando Davis era una presa política, James Baldwin le escribió una carta abierta en 'New York Review of Books': "Uno habría esperado que hoy en día la simple imagen de cadenas sobre la piel negra, o la mera imagen de cadenas, resultase tan intolerable para el pueblo estadounidense, un recuerdo tan terrible, que todo él se alzaría para romper los grilletes. Pero no, parece gloriarse de sus cadenas y medir su seguridad en cadenas y cadáveres".

En aquellos tiempos, la cifra de presos en Estados Unidos era de unos 200.000. En 1998, cuando Angela Davis y algunos otros organizaron una conferencia abolicionista llamada 'Resistencia Crítica', la cifra llegaba a 1.200.000. Por el camino tuvieron lugar la "Guerra contra el crimen" y la "Guerra contra las drogas" de los gobiernos conservadores, que de modo desproporcionado tomaron como objetivo a los afroamericanos. En 2018, la población presa en Estados Unidos abarca más de 2.200.000 personas, haciendo que el país sea de lejos uno de los que mantiene más población encarcelada.

Por otro lado Mohamed Shehk, director de comunicación de la organización 'Resistencia Crítica' que nació de aquel congreso de hace veinte años, considera que el abolicionismo es cada vez más popular tanto en círculos académicos como de activismo, y cada vez llega a más personas. En 2015 National Lawyers Guild suscribió una resolución a favor de la abolición de las cárceles, y la abolición de la policía y de las prisiones forma parte de la plataforma de Democratic Socialist of America. Grandes asociaciones filantrópicas como Vanguard Charitable Endowment Program, Craigslist Charitable Fund o Ben & Jerry’s Foundation dedican fondos al abolicionismo. Aún así, la idea de que las cárceles serían necesarias para una vida segura sigue siendo un obstáculo difícil de superar.

Conservadores y liberales bienintencionados se sienten más cómodos con la idea de reforma de las cárceles. Pero "quien comprende que las raíces del sistema penal están podridas entiende que no puede modificar algunos aspectos para hacerlo más amable". El reverendo Jason Lydon, expreso fundador de la organización abolicionista de orientación LGBT Black and Pink, destaca que el reformismo tiende a dividir a los presos en "buenos" y "malos". "Pero no queremos liberar a algunos mientras demonizamos a otros. Lo fundamental del abolicionismo es afirmar que no hemos de usar el castigo como sistema para afrontar el daño".

Enfrentarse al concepto de castigo como un todo es, según muchos abolicionistas, el mayor obstáculo que han de superar para obtener más apoyo. Según el  artista Kim Wilson, doctor en políticas públicas y corresponsable de 'Más allá de las cárceles', un podcast sobre abolicionismo, "La gente no imagina un mundo sin cárceles, pero eso ya existió. Hoy en día vivimos en una 'reforma', ya en 1921 se sabía que las cárceles son el resultado de campañas reformistas contra los castigos corporales, pero en realidad son una tortura de otro tipo".

Tendemos a pensar en los asesinos, violadores o abusadores de menores como desviados que van por un camino salvaje, no como nuestros parientes o nuestros vecinos. Y esta clase de demonización produce el relato de que la gente ha de estar en la cárcel". Hay una tendencia humana a castigar. Como dice Page May, organizadora comunitaria en Chicago, "Las familias que han perdido a seres queridos por la violencia policial quiere que los maderos vayan a la cárcel. La gente quiere una solución sencilla para sentirse segura, y lo que  les ofrecemos es la cárcel o nada. Y hubo un largo tiempo en que si experimentabas violencia doméstica o violencia sexual ni siquiera tenías eso, era algo que tenías que conseguir".

Aún así, May subraya que "la justicia es algo más que enjaular a una persona. La abolición no es la ausencia de cárceles, sino la presencia de alternativas. Tenemos un sistema judicial que cuando se hace algo malo, pregunta quién lo hizo y pregunta cómo lo va a castigar. Esto no funciona. Cuando alguien ha sufrido daño hay que hacerse nuevas preguntas: ¿Quién ha sufrido? ¿Cómo se le puede ayudar? ¿Cómo se puede impedir que esto vuelva a suceder'".

Para Schenwar, "El encarcelamiento es la respuesta socorrida para muchos de los peores problemas que infectan nuestro país - no porque los resuelva, sino porque los entierra. Aislar y ocultar a millones de americanos es poner bajo la alfombra cuestiones profundamente arraigadas que la sociedad -o quienes tienen poder en ella- prefieren ignorar".

"La abolición es por un lado el esfuerzo gradual por excarcelar y reducir la confianza en la represión a la hora de tratar problemas económicos y políticos", afirma McLeod, "y, al mismo tiempo, el esfuerzo por construir la clase de mundo en que queremos vivir, un mundo donde problemas como la enfermedad mental, la adicción, la pobreza, la violencia entre personas no se traten con los moldes de la prisión sino con constelaciones de alternativas desarrolladas comunitariamente".

Los esfuerzos por la excarcelación, por frenar y por reducir la cárcel, incluyen parar la expansión de la inversión en cárceles y centros de detención, pero también la descriminalización de situaciones como la adicción, la falta de techo, las fianzas y otros. "No es que sea una tarea supersexy", dice May.

Pensar que los abolicionistas son unos ingenuos en el mejor de los casos y anárquicos en el peor es un error. El componente más crucial del abolicionismo es su defensa de cambios positivos, como inversión en salud y educación. Cuando miembros de las nuevas y viejas generaciones del Partido Demócrata abogan por cambios en este sentido, sus planteamientos no resultan tan irrealistas. "El abolicionismo tiene mucho más que ver con el mundo que queremos llegar a ver que con las estructuras que han de desaparecer", dice Shehk. "Necesitamos más escuelas, no policía. Necesitamos más viviendas, no cárceles".

En cuanto a qué hacer con los criminales, Shehk destaca los esfuerzos de 'justicia restaurativa' que se llevan a cabo en escuelas de Denver o tribunales de Chicago, o de 'justicia transformativa' , destinado a crear condiciones de salud para las víctimas y de prevención comunitaria, probado por organizaciones altruistas en casos de abuso infantil.

Hay muchos obstáculos políticos para acometer cambios significativos orientados hacia la abolición: los poderosos intereses de las corporaciones privadas que gestionan cárceles y de los sindicatos de policías y carceleros, así como el miedo de algunos políticos a parecer blandos frente al crimen. Pero parte de la opinión pública parece cercana a los abolicionistas: en una encuesta reciente, el 60% de los estadounidenses consideran más apropiadas las políticas de rehabilitación que las punitivas para los delitos sin violencia. Los abolicionistas intentan impulsar ese umbral un paso más allá.

Aunque con frecuencia se les desprecia como soñadores, muchos de los abolicionistas con los que he tratado destacan lo que dijo Angela Davis hace quince años: "La esclavitud, el linchamiento y la segregación son ejemplos clamorosos de instituciones sociales que alguna vez se consideraron tan eternas como el sol.  Y siempre podremos indicar la existencia de movimientos que denunciaron que el tiempo de esas instituciones había pasado".

 

 

Especial: 
Huelga de presos/as en EEUU
Enlaces relacionados / Fuente: 
http://prisonstrike.com/
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