[micromecenatge] Komun: assamblearisme i comunalisme a Euskal Herria

Autor / es: 
Pablo Sastre Forest

Amb aquest post m’agradaria difondre el micromecenatge del llibre #Komun, d’en Pablo Sastre, així com per animar-vos a fer alguna aportació. Ja tenim més de la meitat del camí fet, però encara necessitem suport per fer realitat aquest projecte, volem tenir Komun per #SantJordi2018. Ho aconseguirem? També depèn de tu!

Aquí teniu l’enllaç al verkami: https://www.verkami.com/locale/ca/projects/20049-komun-assemblearisme-i-comunalisme-a-euskal-herria

Per fer una mica de boca us copio unes ressenyes del mateix Pablo sobre dos dels seus llibres. El primer és “Batzarra, gure gobernua” (L’assemblea, el bon govern del comú, es podria traduir), en el qual es basa la primera part del llibre «Komun». Després parla una mica de la seva altra obra traduïda al castellà, “La presencia de las cosas”. Finalment, un comentari sobre la tecnologia i una traducció d’un article seu aparegut a la revista «Berria» el juny de 2016, que ens pot connectar amb la segona part del llibre «Komun», ja que es titula «Ampliando el común».

En Pablo diu al llibre que esperem que es publiqui ben aviat que, mentre els humans estan desenvolupant certes capacitats, com ara desplaçar-se ràpidament o estar en diversos llocs alhora, n’hi ha d’altres que s’estan deteriorant greument: la capacitat de reflexió, o de revoltar-se, per exemple.

Jo no vull que seguim perdent-les….per això difonc aquest llibre imprescindible, que motiva a la reflexió i a l’acció amb un llenguatge senzill i sensible que ens travessa els cors.

Espero que sigui del vostre interès!

 

1. Reseña de “Batzarra, gure gobernua”

En Batzarra, gure gobernua (“Batzarre, el gobierno del común”), explico qué fueron y qué son las o los batzarres (los nombres comunes no tienen género en euskera), es decir, las asambleas populares vascas o navarras (entendidas, dichas asambleas, como modo de gobierno de los pueblos), desde tiempos anteriores a la monarquía, hasta nuestros días; asímismo, propongo (sin poner en ello mucho énfasis) ciertas vías para retomar aquellas asambleas, como modo de gobierno aparte de, y en lo democrático incomparablemente superior al de las instituciones del Estado.

Al principio del libro hablo brevemente del auzolan (trabajo comunitario), así como de las relaciones de vecindad, importantísimas, las cuales, junto a las relaciones familiares y amorosas, son base inexcusable del común.

El libro consta de dos partes; la primera, dedicada propiamente al Batzarre, se divide en cuatro capítulos pequeños:

“El rey mete su pata en la asamblea” donde se refleja la irrupción de los reyes de Iruñea en los valles navarros.

“Los señores disuelven las asambleas populares”: crónica de la profunda crisis del autogobierno popular en la llamada Edad Moderna.

En el tercer capítulo apunto lo que es una democracia representativa, lo que es el Estado; reseño los vanos intentos de “ocupar” o de “reformar” el Estado por parte de ciertos partidos. Digo en qué podría consistir una vía revolucionaria vasca hacia la independencia. “Proclamarlo desde ya: somos independientes; la lucha, la desobediencia, ésa es nuestra independencia”.

Precisando algo, propongo para el independentismo vasco una estrategia de no-estado: una Confederación de pueblos vascos. “Euskal Herrien Konfederazioa – por encima o por debajo de las fronteras estatales. Gobiernos autónomos de pueblos, e interpueblos, autónomos hasta donde ellos crean deben ser autónomos, y sobre los cuales ningún estado, ni el hipotético vasco, ni desde luego Francia ni España tendrán poder alguno”.

El cuarto capítulo es una introducción a fundamentos, características, condiciones y posibilidades del Batzarre (como forma de gobierno del pueblo) en nuestros días.

La segunda parte del libro está compuesta de tres pequeños ensayos sobre el común – y es que el mayor trabajo del batzarre no es otro que ampliar el común.

En el ensayito titulado “Pensando el común”, hago algunas reflexiones sobre el común contemporáneo – el común, hoy, es el mundo, digo.

En “Decisiones graves y dramáticas”, hablo de lo dificil que es reducir el campo de nuestras dependencias, en especial de lo que pasa cuando no aceptamos ser objeto de las “ayudas” del Estado.

En el tercer ensayo, trato del “pequeño común” que es la familia, y de algunos nuevos (y duros) modos de ser madre…

2. Reseña de “La presencia de las cosas”

En La presencia de las cosas (editorial Hiru, 2007), vengo a analizar el de dónde vienen las cosas que nos rodean y que usamos (quién las creó, para qué), el por qué las hemos ido y las vamos aceptando, lo que ganamos al hacerlo, lo que perdemos, el a dónde nos llevan dichas cosas, inadvertidamente muchas veces, y, en fin, los sentimientos que nos acompañan en toda esta historia.

Partiendo de los objetos más simples: la cama, la alpargata, el cuchillo, la ventana, y yendo hasta los más complejos: las fotos, los teléfonos, los ordenadores, pasando por los servicios (las “cosas de la ayuda”) que el sistema nos ofrece abundantemente, recorro, sin mayores pretensiones, la historia de los pueblos europeos.

Unos extractos:

“A la industria no le interesa que conozcamos las cosas que nos rodean; sin embargo, sí es de su interés asfixiar el espíritu de invención, el arte de la gente”.

“Mientras los utensilios de antes estaban ‘al alcance de la mano’ (es decir, al alcance del conocimiento), ahora vivimos rodeados de máquinas y cosas que no podemos componer, ni comprender”.

“¿No sería deseable cierta pobreza, en el sentido que le dio Santo Tomás, de que la pobreza es la falta de lo sobrante (en tanto que la miseria sería la falta de lo necesario)?”

“Lo experimentamos a diario: pensando que adoptamos las máquinas a nuestras necesidades, en realidad somos nosotros quienes nos adaptamos a las suyas”.

Os sugiero otra cita (cita-de-cita), que aparece en el libro, que me orienta. Dijo Italo Calvino, que dijo Marco Polo: “Hay dos maneras de no sufrir. La primera satisface a la mayoría: dar por bueno que somos parte del infierno, hasta el punto de no ver otra cosa que el infierno. La segunda manera es peligrosa y nos demanda constante atención: aprender a ver, dentro del infierno, aquello que no es infierno, y hacerlo perdurar”.

Escribió un crítico, bien amable, sobre el libro: “Trabajo muy personal, libre de prejuicios ideológicos, atento a los sentimientos humanos y a los paisajes de su tiempo, que pone definitivamente en duda la idea de progreso”.

3. Sobre tecnología.

Como sabéis quien allí estuvisteis, eché en falta en Mazarete un punto de vista crítico sobre la tecnología. Al propósito, traigo aquí un par de citas ahora.

Dijo, en una ocasión, Cornelius Castoriadis: “Si, tras una radical transformación de la sociedad actual, surgiera una nueva cultura humana, no debería solamente afrontar la división del trabajo, en todas sus formas, especialmente la división entre el trabajo manual y el trabajo de la mente; también traería consigo una revolución de los significados establecidos en el cuadro de la racionalidad, de la ciencia y de la tecnología de los últimos siglos. (…) Según Marx, ‘a la sociedad feudal corresponde el molino de agua, y a la sociedad burguesa el molino de vapor’. Si ello es cierto, a la central nuclear, al ordenador y a los satélites artificiales corresponde la forma actual de capitalismo mundial. No se ve bien por qué y cómo podría construirse otra sociedad [no capitalista, etc.] sobre tales elementos [las centrales nucleares, etc.]”

La otra cita es de Anselm Jappe (Crédit à mort): “Habría que (…) bloquear las tendencias con posibles consecuencias irreversibles. Si se llega a la clonación humana, si desaparece la capa de ozono, ¿para qué vamos a implicarnos en [tal o cual] revolución? (…) En otro plano, podemos estar seguros de que la puesta a punto de técnicas de vigilancia insólitas, y la disposición de mucha gente a acogerlas… sea bajo la forma de internet, de chips bajo la piel, de nanotecnologías, de cámaras de vigilancia, de Facebook, de teléfonos móviles, de cartas de crédito… hará casi imposible toda oposición social estructurada”.

Finalmente decir que, sabiendo a qué intereses primarios responden todos estos cambios tecnológicos a los que nos vamos adaptando (en cualquier caso, son siempre “revoluciones desde arriba”), pienso que deberíamos andar con mucho más tiento del que andamos.

4. Traducción del artículo aparecido en el diario Berria (8-6-16).

[Os agradezco por adelantado, amigos y amigas, por la ayuda que directamente o por medio de textos que me habéis dado a conocer, me habéis prestado, y sobre todo por el ánimo y el buen ambiente que vivimos en Mazarete, continuación del cual es este artículo.]

Ampliando el común

Nosotros, que entendemos la política, más allá del sistema de partidos, como la “voluntad de que cada cual aporte su energía a un proyecto colectivo”; nosotros, que pensamos que habría que basar la política, pueblo a pueblo, más allá de la gestión de las cosas del estado y las cosas del mercado, en las asambleas populares… hacemos estas reflexiones:

Nuestro común.

Entendemos las asambleas populares como momentos de discusión y decisión sobre el “común”. El común es lo que la gente tiene en común, lo que siente que es común. Un común puede ser un pueblo.

Un pueblo, lo define aquello que tiene en común. Y, ese pueblo, se diferencia de otro pueblo, en la medida en que este otro pueblo se identifica a otro común, el cual es diferente por su ser, es decir, por su sentir.

Por otro lado –hoy, no podemos contemplarlo de otro modo– nuestro común, el común de todos es el mundo. El común del mundo, sin embargo, si no queremos que se convierta en una pesadilla (“el gobierno mundial”), deberá ser gobernado localmente.

Estando el común (sea común-pueblo o sea común-mundo) muy maltrecho (maltrecho, mayormente, por la acción destructiva del mercado y del estado), lo que nos queda de él son, en particular, unas ideas: las ideas que tenemos en común. En esas ideas, en el sentido común, se fundamenta nuestra acción.

Nuestra democracia.

Para que exista democracia, es necesario que la comunidad local pueda decidir y decida sobre todo aquello que le afecte: en primer lugar, sobre su vida política.

Siendo para ello impedimento las constituciones estatales, somos partidarios de iniciar un proyecto desconstituyente, a modo de movimiento descentralizado, múltiple y disperso, que quite legitimidad y autoridad al aparato del estado.

“Cada comunidad se vincula con las comunidades que así acuerde, sin hacer caso de fronteras impuestas, sean éstas autonómicas, estatales o nacionales”.

“El pueblo lo gobierna la asamblea: no hay órganos de poder, órganos centrales que puedan decidir por encima de la asamblea popular; cada asamblea responde de sí misma”.

Estimamos que ésta es la única forma de gobierno que no niega el modo de ser de cada pueblo.

Nuestra historia.

Aquello que Euskal Herria ha construido en su historia, aquello que es ejemplar para nosotros, lo ha construido aparte del estado, con el estado en contra y en contra del estado. Somos partidarios de seguir en ese empeño.

Estaría bien que recuperáramos, adecuáramos y fortaleciéramos nuestras instituciones populares, que han sido [echadas a perder] por los poderes estatales (sean reyes españoles, revolucionarios franceses, y los continuadores de unos y de otros), con la complicidad de las élites locales.

Nuestra independencia.

Queremos la independencia, porque la dependencia no nos gusta. Sin embargo, no somos partidarios del estado.

En el mundo nuevo que estamos alumbrando, tenemos por transformación superficial, y mal encaminada, la construcción de un estado propio; no nos es suficiente, y nos es muy demasiado.

Somos partidarios de la emancipación de los pueblos vascos, cada cual desde el ajuntamiento de sus gentes. La independencia que más apreciamos, es la de cada cual, y la de las comunidadas organizadas libremente: sólo ella nos permitirá mantener el buen rumbo sin ser arrastrados por las corrientes hegemónicas de la Civilización Contra la Vida.

Una independencia que cada comunidad llevará adelante desde su esfuerzo, su creatividad, su valor y su lucidez, basada en la autonomía, el trabajo en común, el amor y la honradez.

La independencia, si no la trabajamos desde núcleos ajenos al estado, se nos convertirá en otra pesadilla: el estado propio.

Nuestra confederación.

Somos partidarios de que nuestros pueblos, o nuestros valles, se reúnan en la Confederación de Pueblos (o de Valles) Vascos. Para que esa confederación sea democrática, será confederación de pueblos heterogéneos, y será vigilada atentamente por las asambleas populares lugareñas.

Más allá de los países vascos, nuestros primeros aliados deberían ser los pueblos oprimidos por aquellos estados que nos tienen atados a nosotros: catalanes, jende de oc, españoles, etc.

Nuestras tareas.

Auzolana, Batzarra eta Komuna: por aquí empieza nuestro abecedario. Estaría bien investigar modos de propiedad ajenos a la propiedad privada, y trabajar en su favor: traer al común, lo que el común necesite.

Trabajar fuera del estado y del mercado, desde los pueblos y los valles, las necesidades básicas de las gentes: el dónde vivir, el comer, el trabajo, la educación, el juego, la salud, los cuidados…

Para todo ello, debemos trabajar, primeramente, en la construcción del sujeto, es decir, en nuestra construcción; construcción de cada cual en su comunidad; que la comunidad haga vivir, y eleve al individuo.

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