Crónica razonada sobre un renacer libertario en La Habana (hasta 2010)

Enterrando fantasmas, resucitando revoluciones (Crónica razonada sobre un renacer libertario en La Habana)

Por Marcelo “Liberato” Salinas

 

Mi memoria política emergió como tal desde finales de los 80. Empeños creativos y de regeneración anti autoritaria han florecido desde esa época hasta la actualidad en el entorno cultural habanero y cubano, a pesar de la profunda desarticulación social que produjo el establecimiento del capitalismo estatal burocrático y desarrollista que se instauró en Cuba. Una memoria pormenorizada de tales hechos excedería los fines de este texto, pero sería imprescindible hablar de algunos de ellos para dar cuenta del fondo social de donde ha surgido el tema centro de nuestra crónica, cuyo orden lo establecerán mis vivencias más directas y recuerdos mejor organizados.

En pleno éxito de la reconstrucción del orden estatal en Cuba , aplicado con todo rigor en los 80, tras casi 20 años de erradicación “revolucionaria” de todas las formas asociativas y de pensamiento autónomas existentes en la sociedad, las generaciones formadas en las nuevas escuelas de arte estatales (Escuela Nacional de Arte e Instituto Superior de Arte) fueron de las primeras en demostrar la imposibilidad de compatibilizar el ambiente de modernización por ordeno y mando en la sociedad cubana, con el espíritu de creatividad libre, necesario para echar a andar cualquier plan de educación artística mínimamente creíble.

Uno de los casos más notorios de esa incompatibilidad fue el de la primera generación de artistas plásticos formados en el Instituto Superior de Arte de La Habana, de la cual salieron los proyectos Artecalle, Puré, Castillo de la Fuerza etc, que removieron las murallas del “realismo socialista” criollo, que los comisarios culturales querían imponer como canon artístico. Contemporáneos a ellos fue también la floración de cantautores como Carlos Varela, Santiago Feliú, Donato Poveda, Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Adrian Morales, que trastocaron el pacto tendencialmente complaciente entre trovadores y gobernantes que se venía perfilando con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú, etc y que hoy ha quedado redondeado con la conversión del primero en diputado del deletéreo parlamento nacional y empresario de una disquera que opera bajo las clásicas formas capitalistas.

Pero hubo más, hubo teatro autónomo, con Victor Varela y una obra como “La Cuarta pared”, cuyas funciones se ponían en escena en su propia casa, en franco y precursor desafío al acantilado burocrático del Consejo Nacional de Artes Escénicas; Hubo floración metalera de clara contestación con un rango sonoro desde Metal Oscuro hasta Monte de Espuma, con su mítico tema Ese hombre está loco, en alusión al caudillo local o los hermanos Mister Acorde que sostuvieron con la integridad de sus vidas una escuela de música con metodologías intuitivamente libertarias.

Hubo poesía de Ramón Fernández Larrea, de Raúl Hernández Novás, bardos de bagajes estéticos casi contrapuestos, pero unidos por la voluntad de la autonomía creativa y la libertad espiritual como metas, hubo narrativas como las de Chely Lima y Alberto Serret puntos nodales de una literatura para jóvenes de líricas resonancias anti autoritarias y contra toda regimentación espiritual. Esos empeños fueron puestos en función de una inolvidable teleserie, que en su tiempo condensó todo ese entramado de creatividad: la antológica Shiralak (1992), una excelente, y hasta hoy no superada, producción televisiva de ciencia ficción, de hondas resonancias filosóficas sobre el poder y la autoridad que involucró a jóvenes creadores de disimiles esferas y que demostró la alta capacidad de organización y gestión de esos colectivos creativos en plena crisis económica y social del orden estatal.

A inicios de los 90 emergieron colectivos como Paideia, El Establo, para nada libertarios, pero marcados por la búsqueda de la creación en libertad o espacios como La Clínica, fundamentales para la formación de compañeros, hoy anarquistas activos. En fin que el canto de cisne del socialismo cuartelario cubano de los 80s estuvo lleno de finos sonidos libertarios, que merecerían una recuperación más detallada y que trascienda los estrechos y consabidos márgenes de la capital del país.

Pero no nos engañemos, esos impulsos de regeneración social no encontraron ni las palabras ni el vehículo que definieran y compendiaran esas valiosas energías. Frente a esos difusos impulsos, una oscura figura como Roberto Robaina González recibió luz verde de la comandancia central para re direccionar la imagen de una Unión de Jóvenes Comunistas cubanos (que sólo tenía de joven la bisoña edad de sus miembros), luego que el anterior presidente Luis Orlando Domínguez fue expulsado y condenado legalmente por corrupción.

El nuevo jefe de la Unión de Jóvenes Comunistas convirtió rápidamente la organización en una agencia de fiestas, entradas a recién estrenadas discotecas, restaurantes, campismos y un suculento surtido de prebendas despolitizadoras, como premio a aquellos con más vocación revolucionaria… para servir a sus superiores. “100% cubano”, “31 y pa’lante” y luego “Lo mío primero”, fueron algunas de las consignas de las campañas millonarias que en los inicios de los 90 financió la maquinaria de propaganda de la Juventud Comunista y el PC para hacerle frente a la inmensa crisis de credibilidad que se les venía encima.

Pero los años 90 fueron no sólo los de la rápida debacle del modelo de socialismo estatal subvencionado y bajo control de la potencia de la URSS, sino también de la evaporación de grandes zonas del incipiente mundo contracultural cubano. “Como los peces”, disco del notable trovador Carlos Varela, resumió los ánimos de los 90: irse del país, como los peces, sorteando los peligros de cruzar el estrecho de la Florida en neumáticos de camiones, se convirtió en símbolo de una rebeldía sin horizonte liberador que, frente al colapso alimenticio, del transporte, de la “moral socialista” y los apagones diarios, sólo encontró en la huida del país la via para rehacer los sueños de clase media cosmopolita, que se escondían tras la ideología del hombre nuevo del Estado cubano.

No es casual que una canción posterior, ya para inicios de este siglo, del mismo trovador haya sido “La verdad”, un canto al relativismo moral más reaccionario y pedante:

“la verdad de la verdad es que no es lo mismo…

Parecer, que caer en el abismo,

de la verdad…”

La estampida masiva de cientos de miles de personas entre 1992 y 1999 aproximadamente, en su gran mayoría jóvenes, privó al país de buena parte de las reservas de energías para continuar las luchas sociales que débilmente se esbozaron en los 80. No obstante algo tenía que ocurrir.

2

Mi primera experiencia de politización anticapitalista nació en el Instituto Superior Pedagógico José Varona de La Habana, la última carta en el rango de ofertas universitarias para un joven a inicios de los 90, para estudiar nada menos que marxismo leninismo, ciencia ficción después de la debacle de los estudios Soviexport films.

A contrapelo de lo que se podría generalizar, en las facultades de marxismo- leninismo, música, español-literatura, artes plásticas, geografía, se podían encontrar personas interesantes para emprender proyectos socioculturales por cuenta propia. De ahí nació la idea de la revistas “Nostredad”, cuyo único número fue un empeño de trabajo colectivo muy arduo y de cooperación en las diferencias entre compañeros que se movían en diversas corrientes de ideas existencialistas, místicas, cristianas y el tipo de marxismo que intentábamos articular en aquellos años Miriam Herrera, Darié Gonzales, Julio Tang, yo y otros compañeros

De esta rica convivencia y fermento de espacios de encuentros, conversaciones nocturnas, se nos inoculó el virus de la auto-organización y el auto-aprendizaje. De ahí nació la idea a mediados de 1998 de crear un grupo de estudios y debates, cuyo primer tema fue el 30 aniversario de la coyuntura revolucionaria de mayo del 68, realizado en el actual Coco Solo Social Club, donde ocurrió el último Observatorio Crítico. Aquellos encuentros de auto estudio implicaron reproducir una notable cantidad de materiales con personas amigas, que abrieron duraderas redes de ayuda mutua y a la vez sirvieron para interesantes diálogos y reflexiones colectivas que sembraron futuro. En tal sentido una experiencia como esta funcionó como un referente de las potencialidades que podían tener estos espacios de autoeducación y creación de redes sociales.

De fines de 1997 a 2001 aproximadamente varios de los que participamos en tales talleres derivamos hacia la militancia política en clave trotskista, influenciados por los intercambios que desarrollamos con compañeros de la Juventud Socialista del Partido Socialista de los Trabajadores de EE.UU, afiliados a la IV internacional y por la interacción con Susana Bacherer, una compañera del Partido Obrero Revolucionario (P.O.R.) de Bolivia, radicada en La Habana por esa época junto a su padre Pablo, enfermo de cáncer terminal. Cuatro años en que nos sumergimos con todas nuestras energías en el trabajo partidista: la “depuración ideológica”, los “debates fraccionales”, la “propaganda programática entre la clase obrera”, época en que creamos B.A.S.T.A. (Brigada de Acción Social contra el Totalitarismo y la Alienación) y Proyecto Jonás, dos formas de proyección que fueron creando una fecunda tensión interna entre la “Brigada” y el “Proyecto”.

Mientras la “Brigada” existía en la madrugada, en la tensión callejera de repartir octavillas volantes en la discreción de las marchas oficiales controladas, en la mega feria oficial de libros en la re maquillada y tenebrosa cárcel de la Cabaña, el Proyecto Jonás fue abriendo caminos de interconexión con el Festival de Rap de Alamar y el GRUPO 1 (Rodolfo Rensoli, Valexi Rivero), gracias a Manuel Martínez “El Pollo”, desde el programa radial que tenía por esa época en una emisora oficial, con los performers de OMNI y los poetas de Zona Franca, los Festivales de Poesía sin Fin. Todo ello fue sanamente erosionando nuestras nociones organizativas y el sentido de nuestro Partido político doméstico.

Nuestra zona de desarrollo próximo, -término prestado de cierta pedagogía-, no sería la clase obrera que nos decían los manuales de revolución de los compas trotskistas, sino los colectivos e individualidades que desde la creación cultural estaban reelaborando el concepto de revolución y explorando las desigualdades y las formas de dominación que se estaban generando en la Cuba de los 90. En ese ámbito nos reencontramos con los pasos iniciales que habíamos dado con el grupo de autoestudio, reconsiderando las formas organizativas que se implicaron en esa práctica y sus potencialidades en el escenario de trabajo que se presentaba en Alamar.

De ahí nacería el primer evento organizado entre el Proyecto Jonás y GRUPO1, si mal no recuerdo, en junio de 2002 en la Casa de Cultura del barrio Guiteras del este de La Habana, dedicado a conmemorar el ciclo de creación social radical de los 60, donde nos encontramos e identificamos muchas personas que sentimos la utilidad y valía de espacios como este, y para los que fundamos el grupo de estudios y debates cinco años antes en Coco Solo, no fue otra cosa que una recuperación de nuestros impulsos fundacionales, junto a nuevos compañeros y en un marco más amplio. De ahí en adelante fuimos dando pasos más sólidos en la autonomía organizativa y en la producción de un pensamiento radical a la altura de las circunstancias que estábamos viviendo. Estaba surgiendo lo que sería la Cátedra Haydee Santamaría, el primer colectivo de la Red Observatorio Crítico

“Foro Juvenil antifascista”, “El humanismo como paradoja de la civilización”, “Las otras herencias de octubre”, “Pensarnos a propósito del reggaetón” fueron algunos, entre otros, de los eventos que fuimos articulando y que dieron lugar a otros espacios más cotidianos como “La Escuelita” que dio lugar a que organizáramos en abril de 2007 el I Observatorio Critico, un evento organizado inicialmente por la Cátedra Haydee Santamaría, que nació con la vocación explícita de servir de red permanente que permitiera dotarnos de capacidad de autogestión y ayuda mutua y fraternidad, para todos aquellos proyectos socioculturales y personas que desde ese momento y a futuro quisieran plantearse esa ruta crítica.

Fue en tal sentido que para nosotros funcionó desde un inicio la relación con la Asociación Hermanos Saiz, agencia cultural paraestatal, controlada por la Unión de Jóvenes Comunistas y el Vice Ministro de Cultura, para acompañamiento y fiscalización ideológica de la labor de los jóvenes creadores en Cuba: nos acogíamos al auspicio temporal de una organización de esa naturaleza para poder desarrollar nuestra propia organización.

3.

Desde esa perspectiva nuestro hacer fue haciendo caminos, caminos que fueron haciendo pensamiento y así sucesivamente…Nuestro pequeño bregar en autonomía y en red de ayuda mutua nos estaba permitiendo superar los dilemas de esfuerzos colectivos anteriores como el Proyecto Pideia. Si para ellos, en voz de Iván de la Nuez, uno de sus protagonistas:

“Se trata de conocer si la cultura cubana arribará, por vía institucional, a una síntesis democrática que contenga a la pluralidad conflictiva de sus elementos; o si cada uno de éstos armará su propia legión para hacerla vagar hasta su disolución infinita.

Para nosotros y las lógicas organizativas y de pensamiento que estábamos gestando, nuestro trabajo de reconstrucción social de autonomía, no pasaba de ninguna manera por contribuir a una administración democrática de la pluralidad conflictiva de la cultura cubana. En primer lugar, porque creamos un rápido consenso de que no se trataba de una reforma en el tipo de administración de la esfera cultural, sino de dotar de contenido libertario y anticapitalista a la organización de colectivos autónomos y solidarios, los cuales le dieran nuevos sentidos al proyecto de socialismo en Cuba. En segundo lugar porque no consideramos que fuera la “cultura cubana” el interlocutor de nuestro hacer, sino el sujeto popular y proletario cubano, con sus alienaciones, sus insolidaridades y su atomización.

“(…) para limpiar la costra tenaz del coloniaje…”, esa estupenda estrofa del poeta comunista Rubén Martínez Villena se fue convirtiendo en brújula de buena parte de nuestro accionar social, insuflándole nuevas significaciones a ese texto. Si para los antimperialistas tradicionales “coloniaje” sólo es asociado con la dominación colonial española y yanqui en Cuba, para nosotros “coloniaje”, fue designando todo aquello que dentro del orden nacional revolucionario y socialista reproduce la lógica colonial: jerarquías de mando, verticalismo, racismo, homofobia, eurocentrismo vergonzante, elitismo y junto a lo anterior, la negación a veces sutil y otras desembozada (en dependencia de las utilidades de los cálculos de los antiimperialistas) de los contenidos populares y proletarios de la historia de Cuba.

4. Del 27 de noviembre al 1 de mayo

Todo eso se fue esclareciendo para nosotros mismos, desde el momento en que varios compañeros nos involucramos con Tato Quiñones, reconocido y veterano militante social, en la recuperación para el presente de la fecha del 27 de noviembre. Día de luto para la sociedad cubana, en que el Cuerpo de Voluntarios Españoles fusiló impunemente en 1871 a ocho jóvenes y adolescentes estudiantes de medicina, provenientes de las clases acomodadas cubanas, por el simple hecho de ser tal, frente a la impotencia y el silencio vergonzante de la sociedad burguesa y racista habanera de aquella época.

Una historia nacional trasuntada de coloniaje y eurocentrismo persistente y centenario, escamoteó el hecho de que esos estudiantes fueron intentados de rescatar por un grupo de negros, procedentes de la fraternidad Abakuá, una hermandad popular de origen africano, pero con notable presencia de blancos, que frente al peligro de muerte de uno de los hermanos se arrojaron en inmolación a los muros de la Cárcel del Prado de La Habana.

En acción directa, un 27 de noviembre de 2006, sin pedir permisos, ni recibir autorizaciones oficiales, un grupo de nueve compañer@s decidimos intervenir artísticamente un muro de La Habana, frente al Museo de la Revolución, donde aproximadamente había sido encontrado, según los informes de la policía española, uno de los cuerpos de los Abakuá anónimos. Lo que comenzó como una acción de locos desubicados, rápidamente ubicados por la policía, se ha convertido en una celebración popular muy concurrida, que ha hermanado en relación fraterna y fructífera a los Abakuá con la Cátedra Haydee Santamaría, el Grupo de Acción Poética “Shekendeke” (Corazón), la Cofradía de la Negritud, proyectos de la REd Observatorio Crítico, lo que ha dado lugar al Grupo “Anamuto” (Cabeza, en Brícamo, que es el lenguaje ritual Abakuá).

En relación orgánica con estos empeños estuvo la participación primero, y recuperación libertaria después, del Día de los Trabajadores. Una acción que nació de los encuentros de La “Escuelita” en su segunda etapa en el parque de H y 21 en el centro de la ciudad y que tuvo un fuerte protagonismo de compañeros de la facultad de nucleares y de medicina, quienes el 1 de mayo de 2008 sacaron una espléndida tela, única tal vez en decenios en Cuba con la frase ¡Abajo la burocracia! ¡Arriba los trabajadores! ¡Más socialismo! Fue ese el estímulo más potente para incorporar esa fecha al trabajo colectivo y recuperar y desarrollar su sentido libertario original.

5

Es por eso que el 25 de abril de 2010 organizamos dentro de la Red Observatorio Crítico la primera actividad del Taller Libertario Alfredo López, titulada precisamente “Los orígenes libertarios del 1 de mayo”, la cual constituyó un fuerte impulso para organizarnos y participar de manera más altiva y visible en la marcha de ese año. ¡Lucha tu yuca taíno! Nombre homónimo de una canción del notable trovador Ray Fernández, ¡Socialismo es democracia, pa’l latón [tanque de basura] la burocracia!, ¡@(Comunicate)! Fueron algunas de las telas que llevamos esa jornada, que terminó con un contagioso toque de tambores en el que se involucraron decenas de estudiantes y trabajadores en una esquina de la “Plaza de la Revolución”.

De esa fecha hasta hoy, con sus consabidos altibajos, la pequeña Red Observatorio Crítico de colectivos e individuos que practican la autonomía desde sus temas de interés específicos, hemos desarrollado un sentido de solidaridad, ayuda mutua y cohesión en el principio de la libertad de cada individuo y colectivo, sin dirigentes, ni dirigidos que nos ha permitido mantener un nivel de actividad en el tiempo. Esa combinación de factores nos ha concedido la posibilidad de enterrar el fantasma de la tentación partidista, con sus jerarquías e imposiciones disciplinarias, que en nada resuelven los problemas que generan la voluntariedad, la libre asociación y los periodos de inactividad que ello conlleva.

Esto nos ha llevado a un tema que no hemos discutido explícitamente en nuestros espacios, pero que se ha planteado de una manera u otra que es el de la noción de “revolución”. La compañera Yasmín Portales en una de las sesiones del V Observatorio Crítico expresó algo referido a que ‘debemos desarrollar hasta las últimas consecuencias los derechos que nos hemos dado nosotros mismos con la revolución’. Una afirmación que no es cita textual de lo que afirmó, pero que creo capta el espíritu de su intencionalidad. Recuperar el sentido liberador del concepto revolución (no exclusivamente libertario, aunque por supuesto que lo contiene) ha sido un supra objetivo que ha movido buena parte del accionar de la Red Observatorio Crítico y nos ha dado una pertinencia notable, sobre todo a la hora de hacer frente al discurso oficial y sus agentes de control que monopolizan, para el orden y la gobernabilidad, el concepto de ‘la revolución’ como eufemismo indecente que ha disimulado al Estado.

Ahora va siendo tiempo de reivindicar, también, el sentido liberador de ese mismo concepto de revolución, frente al conservadurismo light y con afeites de seriedad intelectual que se está configurando en un sector de la sociedad cubana actual, donde convergen figuras tan disimiles como Silvio Rodriguez, con su reciente declaración de ser un ‘evolucionario, mas que revolucionario’, el cantante David Blanco con la canción tema de su disco cuyo estribillo anuncia que “…llegó la era de la evolución…” o aquellos miembros más jóvenes de las familias de la elite burocrática- partidista- militar que sospechosamente redescubren las viejas canciones de la libertad individual y el libre mercado, donde por supuesto que cualquier concepto de revolución para sus sensibles olfatos, huele a perro muerto.

6.

Si, como ya señaló el compañero Lappo Verti, el “proyecto revolucionario” contiene en si mismo todas las huellas de la contra-revolución, al conferirle a un sujeto despersonalizado la legitimidad y la capacidad de poner decenas de existencias en función de un plan maestro diseñado por otros, el “espíritu revolucionario” en cambio, es fundamental cultivarlo para superar las dominaciones centenarias y las trans-dominaciones actuales. Hace falta, para hacer de ese espíritu un muro de energía y lucidez y, no en último lugar, para evitar, como ha señalado Rodrigo Mora, la degradación moral cotidiana que implica vivir en este mundo capitalista (con sus frondosas variantes) y evitar que nuestra mente se adecúe a lo existente. El espíritu revolucionario deja de ser una abstracción luminosa de conversaciones de militantes tristes, para convertirse en una gimnasia de higiene personal, intelectual y moral que nos eleva, nos mejora y dignifica como humanos frente al cotidiano.

Queda entonces la cuestión quemante de cuáles formas organizativas son las adecuadas para mantener vivo ese espíritu revolucionario. Si bien ya hemos comprobado la inoperancia por experiencia propia y por todo el fondo de acumulación universal que nos dejan los partidos, desde los socialistas, comunistas, de liberación nacional, etc., hasta el más reciente Partido Anticapitalista francés, tampoco es muy revolucionario trabajar en exclusivo en pos de una federación anarquista cubana, lo cual puede ser una herramienta útil para muchas cosas, como siempre, pero para otras muchas, no. Por otro lado, la experiencia anarco-sindical de referentes como IWW, CNT y especialmente la Confederación Nacional Obrera de Cuba, antes de pasar a ser hegemonizada por los comunistas locales, nos ofrecen la posibilidad de repensar e identificar hoy qué potencialidades anticapitalistas le quedan a las organizaciones obreras y como conectarlas a los movimientos sociales anticapitalistas de hoy.

Junto al propósito de generar espacios de autonomía y autogestión social en Cuba hoy está la cuestión de potenciar una re-significación comunista y anárquica del trabajo, luego del estrepitoso fracaso de los planes de crear el “hombre nuevo” que promovió el Ché Guevara, sobre la base de una administración centralizada de estímulos materiales y morales. La historia reciente nos muestra que ningún dirigente revolucionario, por muy ejemplar que sea, puede sustituir el surgimiento de una sociabilidad proletaria y popular que dé lugar a una nueva cultura comunista; pero tampoco los colectivos laborales autónomos pueden por si solos lograrlo. Sin una interacción horizontal con su entorno social comunitario, los colectivos obreros también convierten a la sociedad en consumidores pasivos y cautivos de sus planes de rentabilidad productiva, derivando hacia un capitalismo obrero como el que se conoció en Yugoslavia.

En Cuba, las instancias locales y comunitarias que pueden terciar como gestoras de una autogestión social que englobe a la simple autogestión empresarial obrera, se encuentran en un estado de muerte crónica, administrada por una casta parásita que vive de la fraseología hueca de la autogestión social. Contribuir, como anarquistas, a la muerte definitiva de esas instancias sería un jugoso favor que le haríamos a la reconstrucción del capitalismo cubano. Los principios de autonomía social, autogestión productiva y anarquía espiritual deben fundirse con todas aquellas instancias que el mundo de vida popular cubano esté dispuesto a recuperar. Ahi estaremos los libertarios, enterrando fantasmas, resucitando revoluciones…

 

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