Quien mejor me cae, es el President Puigdemont

Ahora que ha pasado un año tan divertido como 2017, me parece oportuno comentar quién ha sido el político que más me ha gustado de este año. Puedo decir sin ninguna hipocresía, que ha sido Carles (Juan Carlos) Puigdemont (1). Me cae bien por lo siguiente.

En primer lugar, es un político que ha cumplido una de las cosas que ha prometido. Dijo que habría un referéndum, y lo hubo. Por encima de la campana gorda, dejó en ridículo a Rajoy. Compró el tío las más de 10.000 urnas por internet a los chinos. Ni desborde ni hostias. De no empeñarse el nota con las urnas y las papeletas, no se hace el referéndum. Que sí, que mucha gente colaboró para que llegaran a su sitio. Pero él era il capo di capi, y si dice que no se hace… ¿eh? Pues no se lleva a cabo, ¿o no?.

En segundo lugar, lo de la Declaración de Independencia. Cierto que él estaba empeñado en negociar, negociar y negociar (2), y el Gobierno le respondía que no que no y que no. Estoy seguro que todos los partidos independentistas, desde ERC y CIU a la CUP, estaban convencidos de que Puigdemont no declararía la Independencia, y se iba a comer el marrón de tenerse que bajar los pantalones ante el rey. Imagino el rostro meditabundo del susodicho, tal vez en los lavabos de la Generalitat, tras llevar a cabo sus deposiciones, y diciéndose… "¿Que aquestes cabrons me volen follar? ¿A mí? Se van a enterar de lo que vale un peine". Y va el muchacho, toca la corneta, y todo dios a votar al Parlament. A retratarse. Claro, las caritas no eran lo que se dice muy felices. Una cosa es estar haciendo fintas y desafíos desde la barrera como inimputable, y otra muy diferente, tener que enfrentarte a sabe dios qué invente la fiscalía en materia de multas y cosas peores. Recuerdo la jeta de Junqueras al votar, la de Forcadell al proclamar los resultados, y a los diputados cantando el himno, y creo haber visto más alegría en algunos entierros. Pero allí estaba él, Puigdemont, con su sonrisa revolucionaria, enseñando los dientes de la Ley a la Ley, diciéndoles a esa banda: "¡Suchiare il mio cazzo, figli di puttana!".

En su maestro juego de mareo-a-la-pobre-perdiz, suspendió la declaración de independencia para negociar una solución pactada, a lo cual el Gobierno respondió nuevamente, que no, que no y que no. Y mientras que los que habían votado decían a los jueces, que, bueno, que aquello había sido una cosa simbólica, taaan confusa… ¿Qué hizo Puigdemont? Convertirse en El Fugitivo, con sus cuatro inseparables escuderos, que son… Ni puta idea de sus nombres. El tío coge y se larga a Francia con sus esbirros de mayor confianza, y de allí a Flandes. Y en Flandes, sigue con una actividad política incesante, afirmando que él es legítimo President, que le tienen que pagar el sueldo, y mientras sus colegas peninsulares, que le iban a poner en la picota, rezan en la capilla de la cárcel y se hacen cruces. Hay que congratularse. Por una vez, no son los anarquistas los que tienen que leer atestados y autos delirantes. El conocimiento, amigos y amigas, tiene que ser compartido.

Pero no solo eso. Es que resulta que cuando todo dios le daba por desaparecido y hundido, va el nota… ¡Y gana las elecciones a ERC! ¡Ostias en vinagre! Supera en popularidad a Junqueras, y a Rovira, que son personajes entrañables, pero que no acaban de cuajar en el imaginario colectivo. 

Y más aún, ahora… ¡Va a ser President Plasma! ¡Igual que Rajoy! ¡Por Skype o WhatsApp que es también gratis!

¿Por qué no? Los Consejos de Administración de las grandes empresas se hacen por videoconferencia. Es muy económico. ¿Y acaso no es ese el futuro? ¿No hemos visto en La Guerra de las Galaxias, cómo la princesa Leia mandaba mensajes tridimensionales por radio? ¿Qué otra prueba necesitamos? Con un poco de tecnología, tendremos paseando a su holograma por ahí.

Yo digo que se invista a Puigdemont y que ponga la sede del Govern en Flandes. La CUP ya le votó, y ERC también, así que ya están acostumbrados. Y hala, a gobernar mientras los políticos españolistas, se hunden en la perplejidad.

Y luego el día menos pensado, ¡que se planta otra vez en Cataluña, y la fiscalía lo tiene que encarcelar! ¡como a Mandela! ¡President encarcelat! Es decir, un plan perfecto jugada maestra hábilmente ejecutada por ingenioso estratega (3) que las multitudes estarán dispuestas a secundar con completo entusiasmo. Tendríamos de presidente a un pícaro, que es un fugitivo, un enreda de mil diablos peor que Joan Serra, que tiene a todo el mundo loco, que vuela, va, dice, se desdice y no se despeina… Es un puñetero personaje de El Quijote y de Luces de Bohemia. Más español, creo que es imposible. Por eso, y porque está en la quintísima puñeta, es el político español (en sentido cultural identitario no asumido que declaro y a continuación suspendo para llegar a una solución pactada) que mejor me cae. Todo esto es, pero que molt català. ¿Existe el hecho diferencial? Sí. Tiene un nombre: Puigdemont.

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NOTA

(1) Quienes se extrañen que hable tanto de Cataluña, viviendo a dos mil kilómetros de ella, les respondo que es que da juego. El día que Murcia reivindique la independencia e implante el panocho como lengua de cohesión de los países murcianos, hablaremos de Murcia y del soterramiento del AVE.

(2) Negociar, negociar y negociar, es la versión puigdemontesca del lema de Trotsky de trabajar, trabajar y trabajar. Mucho más descansado, dónde va a parar.

(3) En realidad yo creo que improvisa. Pero cualquiera le dice eso a los fans del Partido Demócrata Europeo-Catalán. Que un día de estos fabrican a Godzilla en una nuclear catalana de Unión Fenosa sin querer, y te sueltan –mientras la guardia civil lo fríe a pelotazos– que ya lo tenían pensado desde hace años.

Comentarios

Imagen de Octavio Alberola

Pues sí, Acrato, no es solo el pasado de Cataluña que nos has descrito maravillosamente bien sino también el futuro del 21-D; porque, aun no pasando lo de la vuelta a Catalunya del Fugitivo, seguirá siendo él quien dicte los tiempos y secuencias de la película indpendentista, mientras el catalanismo "popular" no rompa sus amarras con el catalanismo burgués.

Bravo una vez más y gracias, Acrato, por tu humor tan acertado y necesario en estos tiempos de confusionismo y retroceso.

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