Estados unitarios y pueblos multicolores

Espectáculo bizarro el de estos días, el de ver a multitudes de decenas de personas vitoreando a las fuerzas de seguridad del Estado. Doloroso a la vista, el despliegue de rojo y amarillo, que va uno al chino, se compra su bandera por 1,85 euros, y hala, anudada al cuello a pasear por ahí como si fuese Batman, pero con colores bien chillones que te hacen estallar la cabeza.

En fin, qué se le va a hacer. Al fin y al cabo, los símbolos son importantes, desempeñan funciones complejas: comunitarias, políticas y económicas. Proporcionan grandes satisfacciones a quienes comparten el código, y tremenda indiferencia a quienes pasamos del tema.  

Por ejemplo, la religión. Respeto la religiosidad de quien es devoto de la Virgen de la Cueva. Ningún problema por mi parte, con que el día señalado la plebe vaya a la romería, toque la flauta, dance, y se coja una cogorza con el resto de los paisanos. Toman a la diosa, la suben a un carro y la sacan a pasear para que tome el sol… Allí no está un trozo de madera amigos y amigas. Allí, en el ídolo, está la población al completo, salvo yo que me limito a beber y a mirar. Ese símbolo de una deidad troglodita, forma parte de la identidad colectiva de un pueblo concreto (1), y su imagen representa a la Comunidad. Porque los humanos somos así. Nos adherimos a los símbolos, y nos consolamos con ellos, al percibir que formamos parte de algo más importante que el Uno.

El desastre sobreviene cuando el símbolo colectivo, es tomado a saco por una Iglesia, que establece un reglamento, unos castigos, unos impuestos, una liturgia, una jerarquía, unos dogmas… Cuyo fin es establecer una Dominación. Los curas mandan y dicen lo que hay que creer, y los fieles obedecen. Por supuesto, dejarán estar a la Virgen en su cueva. Pero meterán a Cristo por medio, y a Dios todopoderoso. Y a la Paloma, que a ver quién la inventó. Y al Cordero. Y al Pez. Todo ello, para superar a la Virgen local, y reclutar fieles unitarios en la comarca, la provincia, el país, el continente y el mundo. Porque hay una cosa clarísima: de no haber existido la Iglesia, no hubiesen aparecido los católicos. Y tampoco hubiesen existido los curas pederastas.

¿Que por qué cuento este rollo? La creencia general, es que primero existen las naciones y luego se crean los Estados, que ejercen la soberanía en nombre del populacho. Pero a poco que se estudie, se comprueba que primero se crean los Estados a base de guerras, conquistas, casamientos, envenenamientos, puñaladas y degollinas de unos cuantos individuos muy señalados, y luego, con muchísimo trabajo, se forjan las naciones bajo el paraguas de una identidad común, que degrada a un plano inferior los símbolos variados que forman la identidad popular. Por eso cualquier nacionalista que se precie, siempre intenta dotarse con un buen Estado unitario, que será el que luego organice la Nación, que es el artilugio para obtener el consentimiento del pueblo.

Por lo tanto, aquí tenemos al Estado Español, que es el que ha creado la Nación Española. ¿Qué puedo decir del Estado español? Puf, mejor ni lo menciono. De no haber existido el Estado, en lugar de rojo y amarillo, tendríamos en la península un muestrario de colores infinitos: ocre, fucsia, aguamarina, turquesa, lirio, marsala, iris, mimosa, magma, noche, aurora, pardo, mandarina, oliva, perla, tierra, niágara… Miles. E  incluso, Blanco de España. Tendríamos, ay, un hermoso tapiz lleno de contrastes y sutilezas.

En fin. España Estado es... Bastante carcomido, en realidad débil y maltrecho si lo comparo… Con cualquier cosa. Pero esta vez… Quien sabe si, gracias al estoico sacrificio de los catalanes…, con un poco de suerte, cae el Estado de una vez, y los españoles pueden de ese modo dedicarse a construir su identidad como pueblo, al margen de la oligarquía fachorra y unitaria, fuera de un Estado corrupto y criminal, tal vez a base de pan y de vino. Y así, en lugar de hacerme sangrar los ojos cada 12 de Octubre, me proporcionarían alguna alegría pictórica y multicolor todos los días del año. ¡Joder! Lo mismo, gracias a Cataluña, España se libera. Ni Estado federal ni hostias. Solo gente libre. Solo por esa posibilidad, estoy dispuesto a sufrir mucho. O a emigrar, si no hay otro remedio, a Dakota del Norte.

Eso sí, a los pobres catalanes, si construyen otro Estado, no les arriendo las ganancias. Van a tener himno y bandera –como se descuiden–, hasta en los cebollinos achicharrados esos que se comen, los calçots… Que una vez me zampé un montón, y se me formó una pelota en las heces que no había forma de echarla. Y es que hay veces que eso de la identidad colectiva, juega malas pasadas. Tal vez por eso, no consigo integrarme.

Suerte en la jugada.

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NOTA

(1) Pueblo en el sentido de la gente del común. O por favor, que no entre ahí el cacique.

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