La falsa promesa de la Renta Básica Universal

Mucho se ha está hablando últimamente si la automización hará (o hace ya) imposible que todas las personas obligadas vender su fuerza de trabajo para vivir puedan conseguir una ocupación remunerada que se lo permita. Es una de las perspectivas desde las que se ha propuesto la Renta Básica Universal, pero llamativamente, cada vez más economistas y políticos de derecha se están sumando a la idea. En ese contexto ha surgido un debate en el foro de Alasbarricadas donde un usuario ha traducido un artículo que analiza y compara las distintas perspectivas desde las que se plantea la RBU. Traducción que hemos revisado y traemos a la sección de noticias con su permiso.

La autora se centra en dos planteamientos distintos de la RBU, los del antiguo sindicalista Andy Stern, más cercanos a la de la derecha, y los del filósofo y periodista Rotger Bregman, más progresistas. La propia autora cree que se puede reivindicar la RBU de forma positiva pero haciendo notar que no solo no se deben abandonar el resto de demandas actuales, sino que el sindicalismo debe cambiar su perspectiva sobre lo que significa el trabajo y poner el énfasis en la reducción del horario laboral y la ampliación del tiempo libre.

En definitiva, el artículo no da una perspectiva anarquista, pero sí elementos para que podamos reflexionar sobre la cuestión. Dos análisis desde posiciones más afines son Pobreza, renta básica y autoorganización de los excluidos de Jose Luís Carretero Miramar y La pobreza y el sujeto de Ruyman Rodríguez.

Alyssa Battistoni | Dissent Magazine

Hace cinco años,  sacar el tema de la RBU podría provocar más un arqueo de cejas que un gesto de comprensión, pero en estos días la RBU (a veces resumida en "Cobrar por estar vivo") esta ganando popularidad en Estados Unidos y en el extranjero. La RBU, donde todo el mundo recibe un cheque del gobierno independientemente de lo que hagan o en qué se lo vayan a gastar, es una idea vieja. Pero desde el crash de 2008 se ha incrementado el interés por la misma: Mientras millones de personas han perdido sus trabajos y se han preguntado si encontrarían uno nuevo, otras también se han planteado si realmente necesitamos trabajar.

La RBU fue recientemente apoyada por el Movement for Black Lives como parte de un programa de indemnizaciones, mientras que un manifiesto canadiense llama a tenerla en cuenta como un pilar de la sonstenibilidad ambiental. Jeremy Corbyn dijo el pasado septiembre que el Partido Laborista investigaría las posibilidades de la renta basica en Reino Unido, y hay experimentos en la agenda en Escocia apoyados por el partido de izquierdas SNP. En Francia, Benoît Hamon ganó las últimas primarias del Partido Socialista con un programa que incluia la renta básica.

La creciente discusión pública ha sido acompañado por pocos pero significantivos programas experimentales, especialmente en Europa. Por primera vez este año, 250 personas en Utrecht recibirán 960 € del gobierno, mientras  que un experimento finlandés pagará a entre cinco y diez mil personas una paga mensual de 550 €. No es suficiente para vivir, pero tampoco es rechazable.

En Estados Unidos lo más cercano a un programa de Renta Básica existente es el fondo permanente de Alaska (Alaska Permanent Fund), desde 1982, este fondo ha pagado a cada residente en Alaska desde unos cientos hasta 2000$ mensuales, provenientes de los ingresos petrolíferos. Pero los principales promotores de la RBU en los Estados Unidos son tecnocapitalistas como Peter Thiel y Marc Andreessen, y con la excepción de Alaska, los experimentos de renta básica están implementándose no por el estado, sino por el sector privado. Especialmente, el fondo de start-ups Y Combinator esta empezando un programa piloto en Oakland este año, pagando a cientos de familias entre 1000 y 2000 $ mensuales, sin compromisos asociados.

Es especialmente significativo que tanto Milton Friedman y Martin Luther King Jr. apoyaran la renta básica, y que la nueva generación de promotores de la misma sea igual de ecléctica, incluyendo desde inversionistas de capital-riesgo que apoyan a Trump como Thiel hasta partidarios del "comunismo lujoso totalmente automatizado" como Peter Frase. Hay muchas formas de apoyar la RBU: tantas como versiones en las que ésta se podría implementar.

Una versión funciona como una especie de noblesse oblige: se le echa una mano a los desafortunados que han quedado obsoletos ante los robots, más listos y eficientes que ellos. Otra versión aspira a un igualitarismo universal y cuestiona la legitimidad de la riqueza privada acumulada. Hay una versión que entiende la RBU como un empujón para una generación de emprendedores; y otra que simplemente quiere evitar una revuelta de las masas precarias.

La renta básica acaba siendo a menudo promocionada como una solución post-ideológica adecuada para una nueva era de política: la extraña confluencia entre la izquierda y la derecha tiende a ser leída como una señal de que las militancias políticas se pueden dejar de lado en favor del compromiso racional. Pero el aparente aspecto de transversalidad ideológica es su punto débil, no su funcionalidad. Al ser la renta básica políticamente ambigua, tiene el potencial de ser un caballo de Troya tanto para la izquierda como para la derecha: los criticos de izquierdas dicen que puede ser el vehículo para terminar de liquidar los restos del estado de bienestar; mientras que otros lo venden como la "carretera capitalista hacia el comunismo". La versión de la renta básica que obtengamos dependerá de las fuerzas políticas que le den forma.

Es por ello que el borrador para impulsar la renta básica en Estados Unidos ahora —cuando la derecha lo controla todo— debería ocasionar alarma: los defensores de la RBU en la izquierda tendrían que actuar con precaución. Pero eso no significa que la renta básica sea una causa perdida. Al contrario, la incapacidad del capitalismo para proveer medios decentes de vida para 7 mil millones de personas actualmente vivas es uno de sus más evidentes defectos —y la mejor oportunidad para la izquierda de ofrecer una alternativa. Una renta básica universal, aunque no sea la única respuesta, puede llevarnos en la buena dirección.

Elevando el suelo

Sin que sea sorpresa para nadie, los sindicatos han tardado mucho en incorporarse al debate sobre la posibilidad de que ciertos trabajos puedan no ser necesarios. Pero según aumentaba el interés, la causa por la RBU ha conseguido enrolar al menos a una persona del movimiento sindical: Andy Stern, antiguo jefe del SEIU, cuyo libro de 2016 "Elevando el suelo" (Raising de Floor), explica por qué la renta básica es la vía para "inventar un futuro mejor". Stern se ha presentado a sí mismo como un visionario dispuesto a liderar el movimiento obrero desde su estancamiento tradicionalista hacia nuevos horizontes. Dentro del movimiento obrero, sin embargo, es una figura controvertida por ser muy amigo del jefe. Ha trabajado con Walmart en reformas de la sanidad y con Payl Ryan en temas de responsabilidad fiscal; en una entrevista reciente con Vox, dijo que el movimeinto sindical cumplia un rol de "boutique" a la hora de representar a los trabajadores. Era una cuestión de tiempo que hiciera amigos poderosos en el mundo tecnológico.


Andy Stern

Tras dejar el sindicato SEIU en 2010, Stern se infecta del virus tecnológico. Cambia su PC por un Mac y empieza a googlear; en panfletos tecnológicos como TechCrunh y sitios raro-futuristas como Singularity Hub, lee acerca de consejeros financieros robot, periodistas robot, camareros robot, limpiadores de hotel robot, guardias robot y por supuesto, robots sexuales. En plena bocachanclada, comparó el número de gente jugando al juego online "Mists of Pandaria" con los números del trabajo organizado: "a todo el movimiento sindical americano le costó décadas conseguir ese numero de afiliación". ¡Vaya época en la que estar vivo! Pero, ¿qué pasará con el 47% de trabajadores cuyos trabajos están en el aire por el riesgo de la automatización? Stern, cuyo ultimo libro establecía el objetivo de hacer de los Estados Unidos de America un "pais que funciona", se empezó a preocupar sobre el "futuro sin trabajo". No quiere decir un mundo literalmente sin trabajo, simplemente un mundo con trabajo insuficiente.

Para pensar qué hacer, habla con un montón de gente. Habla con el banquero de inversión Steven Berkenfeld — un ejecutivo en Lehman Brothers durante el crash del 2008, cuya cualificación para predecir el futuro es cuestionable en el mejor de los casos— que afirma que "poner a la gente por delante de los beneficios en este país es casi anti-americano". También habla con Carl Camden, el CEO de Kelly Services, la primera agencia de trabajo temporal;  o como eufemiza Stern, la compañía que "vio el potencial de negocio en el desempleo temporal". (La compañia se hizo famosa por llamar a sus secretarias "Kelly Girls", un anuncio de 1971 promocionaba que "una Kelly Girl nunca coge vacaciones. Nunca pregunta por un aumento. No te cuesta un duro por el tiempo del almuerzo" —y por supuesto— "nunca deja de complacerte"). Habla con David Cote, el CEO de Honeywell Internacional, que dice que los trabajos simplemente "surgirán" —siempre lo han hecho antes.

Stern también habla con organizadores sindicales, como Saket Soni del National Guestworker Alliance y Ai-Jen Poo de la National Domestic Workers Alliance, para "entender el lado oscuro de la  actividad económica precaria" —el lado representado por trabajadores de dia durmiendo al aire libre en Nueva Orleans después del huracán Katrina y cobrando una pequeña fracción del dinero entregado a los contratistas de la reconstrucción. Para entender la creciente desigualdad económica, lee el Capital en el siglo XXI de Thomas Piketty, o parte de él. ("Como la mayoría de gente que se compró el libro, he leido poco", admite). Contrata a una mujer de Kenya para transcribir una entrevista, por la que cobra 4.67 dolares, y usa TaskRabbit para desmontar y enviar su bici por el país, por lo que paga 80 dólares mas gastos. Entonces llega a la conclusion que los trabajos que quedarán tras la llegada de los robots serán los mejores y los peores: programadores de Google y conductores de Uber. Estos ultimos serán tan malos (tan inseguros y tan mal pagados) que los rangos de personas obligados a recurrir a ellos necesitarán algo más para seguir. Ahí es donde entra la renta básica: como una red de protección para la economía precaria.

Una utopía para realistas.

La defensa del periodista holandés y promotor de la renta básica Ruger Bregman, sin embargo, es presentada no como un parche para un futuro oscuro, sino como nuestra mejor oportunidad para la utopía. Los avances en la ciencia, tecnología y medicamentos implican que la esperanzas para la humanidad son mejores que nunca; y sin embargo las ambiciones políticas han quedado en guiños tecnocráticos; sueños de una buena vida respondidos con oleadas de consumismo basura. ¿Es esto realmente lo mejor que podemos conseguir? ¿Por qué cuando todo parece técnicamente posible, nos volvemos incapaces de imaginar nada realmente inspirador? Para Bergman, la renta básica representa una via hacia la verdadera plenitud humana; la utopia post-trabajo que necsitamos y que de hecho podemos conseguir. Una utopia para realistas.


Rutger Bregman

Esta utopia —no tener que trabajar ni mucho ni muy duro, tener tiempo de ocio en lugar de estar en el trabajo, hacer lo que uno quiere y no lo que le ordenan— es la más vieja de todas. "La Tierra de la Abundancia" medievar, era en palabras de un poeta un lugar donde "el dinero se había intercambiado por la buena vida" y "el que duerme más tiempo es el que más gana". Y durante más de un siglo, se veía al alcance. Karl Marx, Benjamin Franklin, John Stuart Mill, Oscar Wilde, y John Maynard Keynes predijeron con total convicción que la creciente productividad lograría tal abundancia que solo serían necesarias unas horas de trabajo a la semana. En los 60, con la automatización al alza, parecía tan inminente que la pregunta no era si la gente tendría más tiempo libre: era que harían con él. ¿Nos aburriríamos? ¿Lo malgastaríamos delante de la televisión? ¿Perderíamos el sentido de nuestra vida?

Estas preocupacions parecen ahora un poco naifs. "No nos aburrimos hasta la muerte", advierte Bregman, "estamos trabajando hasta la muerte". Pero no es porque personas como Keynes o Mill estuviesen equivocadas: simplemente no contaron con la política. En lugar de un incremento del tiempo de ocio, la productividad se tradujo en mayor beneficios para los propietarios del capital. La crisis de 2008 y la posterior crisis financiera solo empeoraron las cosas. En estos dias, en lugar de dedicarnos a una vida de ocio, la mayoria de la gente están o trabajando todavía más duro para aferrarse a sus puestos de trabajo; o trabajando menos de lo que necesitan en la práctica para subsistir.

El trabajo es suficientemente malo por sí mismo. Pero Bregman argumenta convincemente que trabajar menos además ayuda a resolver otros problemas: estrés, cambio climático, desastres, desempleo, desigualdad economica. De hecho, mayor tiempo de ocio es lo más parecido al bálsamo de Fierabrás: "¿Hay algo que trabajar menos no resuelva?" se pregunta Bergman. En lugar de hacer a la gente trabajar para vivir, simplemente dales dinero. ¿Una renta básica universal? Los experimentos demuestran consistentemente que cuando tienes ingresos suficientes estás más feliz, más sano y eres incluso más listo. Dar dinero a la gente pobre (desde vagabundos de Londres a trabajadores de Nairobi) resulta ser beneficioso para todo el mundo. Reduce el crimen, la mortalidad infantil, la malnutrición infantil, los embarazos infantiles, incrementa la iguladad de género, resultados en educación y crecimiento económico.

Pero aunque Bregman es utópico, no le baila el agua a los tecnofuturistas: argumenta que para entender la automatizacióin y sus efectos, deberíamos mejor estudiar la historia que especular acerca del futuro. Despues de todo, los robots han estado llegando desde hace décadas. El reciente resurgimiento del interés por la renta básica, también, tiene precedentes históricos: hubo una oleada de interés en los 1930s, y otra más grande entre finales de los 1960s y principios de los 1970s: en 1969 incluso Nixon hizo una propuesta (que no fue aprobada) para una forma de renta básica que el denominó "impuesto negativo".

Durante los 1970s tambien se pudo ver unos cuantos proyectos poniendo la renta básica en acción, cinco de ellos en norteamérica. El más importante —un experimento de cinco años costeado con fondos federales en de Dauphin, una localidad de Canadá— fue un inesperado éxito. Resultó que cuando a la gente se le garantizaba un ingreso por encima de la linea de la pobreza (alrededor de 19000$ para una familia de cuatro personas), permanecía más tiempo en la escuela y pasaba más tiempo con las familias; a su vez, decayeron hospitalizaciones, casos de violencia doméstica y reportes de problemas de salud mental. En cuatro experimentos en Estados Unidos en la misma época, por otro lado, se vio que la gente trabajaba menos horas e invertía el tiempo libre en la paternidad, inquietudes artisticas y educación. Resulta que la gente no es indolente cuando se queda sin trabajo (aunque ¿qué pasa si lo es?) sino que simplemente hace las cosas que quiere hacer.

La defensa de la RBU de Bergman es muy potente, animada por principios humanistas y llenos de evidencia pragmática. Es tan convincente, de hecho, que uno se queda preguntando por qué, si la renta básica es tan obviamente beneficiosa, no existe todavía. El problema no es que la renta básica no suene lo suficientemente bien, es precisamente que suena demasiado bien para ser verdad. Esto, de hecho, es el mayor reto político de la renta básica: hacer que la gente se la tome en serio. Los políticos mantienen las distancias a la hora de defender una idea tan quijotesca. Un discutido referéndum en Suiza el pasado verano propuso una renta básica en unas cifras elevadas (alrededor de 2300€), pero fue rechazada con un 77 por ciento de votos. Pero ninguno de los principales partidos apoyó la iniciativa, que fue vista más como una herramiento publicitaria para la propia RBU que como una propuesta real.

Cuestión de perspectiva

Los programas de los 1970s encallaron en arrecifes políticos. Cuando el gobierno conservador llegó al poder en Canadá en 1970, se cargó el experimento de la renta básica sin esperar siquiera a analizar los resultados. En Estados Unidos, el interés en la renta básica universal se cambió por una continua sospecha hacia los destinatarios de las ayudas sociales durante el auge de la Nueva Derecha a finales de los 1970s. Y aunque la renta básica acabó en tierra de nadie, los robots se quedaron. Y estamos viviendo lo que sucede cuando la automatización no es respondida con una respuesta politica: salarios estancados, una clase media desintegrándose, sindicatos desintegrándose, desigualdad creciente.


Michal Kalecki

Sin embargo es curioso como la RBU no parece sufrir los retos politicos descritos por Michal Kalecki en su ensayo de 1943 Aspectos politicos del pleno empleo. Kalecki argumentaba que las dificultades para alcanzar el pleno empleo no eran económicas sino políticas: si la gente puede vivir sin tener que aceptar el trabajo que les ofrezcan, al salario que sea, el poder que proviene de la capacidad de despedir (el poder mas significativo que tiene un jefe) se disminuye considerablemente. La renta básica hará lo mismo por la virtud de proveer una fuente segura de ingresos; por lo que sus defensores en la izquierda argumentan que puede actuar como un fondo permanente para huelgas.

Visto ésto, ¿por qué los jefes (al menos en Silicon Valley) parece que adoran la RBU? Parte de su entusiasmo puede simplemente venir de una postura bienintencionada y naif, como dice Sam Altman de Y Combinator: "en 50 años, creo que se verá ridículo que usáramos el miedo de no ser capaz de alimentarse como forma de motivar a la gente" —como si esta no fuese una de las principales características del captialismo hasta ahora. Aparentemente liberarse de la necesidad de ganarse un sustento desatará el espíritu emprendedor de la gente, el innovador que llevan dentro; en lugar de darnos la oportunidad de pescar, cazar o criticar según nos plazca. La visión de la RBU como el fundamento de la gig economy [N de los T - donde las empresas no tienen trabajadores sino llegan a acuerdos con autónomos para trabajos que se consideran puntuales: Uber, Deliveroo,...], sin embargo, es una constatación de que el capitalismo no puede pagar sus costes; una transferencia de responsabilidad de los empleadores privados hacia el público. Hay incluso una peor defensa de la RBU como medida de presión: Stern argumenta que los defensores de la renta básica harían bien en convencer a los ansiosos ricos que es la mejor opcion para evitar "la guillotina" ante la creciente desigualdad y desesperación.

Pero uno no necesita ser Robespierre para sospechar de una propuesta que explicitamente se anuncia como un intento de proteger a los ricos de la rabia de la clase obrera; particularmente cuando una de las principales preguntas acerca de la RBU es de dónde vendrá el dinero gratis. Stern advierte a los defensores de la RBU que no promuevan "exprimir a los ricos con impuestos",  la gran coalición que requiere la RBU será imposible sin el apoyo de los ricos desde un principio. (En realidad esto es la métrica habitual para la mayoría de medidas). En su lugar, propone que la RBU se financie a costa de canibalizar los servicios sociales y subir los impuestos al consumo; lo que perversamente coloca el yugo de la financiación en los pobres y la clase trabajadora.

Que esto sea una propuesta que venga de un antiguo lider sindical es una buena medida de la debilidad actual de la izquierda. Y de hecho, la visión de Stern sobre el futuro político es increiblemente infantil. De hecho, la RBU es explícitamente propuesta como la solución al problema del decreciente poder de los sindicatos: "Era el momento para mí de mirar más allá de los sindicatos en busca de respuesta" escribre Stern en las primeras páginas de su libro. En su lugar, propone un Partido por la Renta Básica que presente candidatos en cada distrito congresional y amenace con una huelga de impuestos (el arma de los ricos) hasta que el Congreso acceda a votar una propuesta de renta básica. Es obviamente un plan sin opciones. Pero revela el límite del sindicalismo al estilo Stern: empiezas colaborando con Walmart en sanidad y acabas reclamando al estado que arroje unos pavos a la reserva permanente de conductores de Uber encargados de llevar a los ricos de una localización gentrificada a otra. En lugar de luchar en contra del futuro distópico, apuntala el presente, con todos sus síntomas morbidos. Pero como el escritor Ben Tarnoff ha señalado, los lugares donde el desarrollo tecnológico no ha producido una distopia sin trabajo (como Suecia) no solo tienen tecnología, también cuentan con sindicatos fuertes y un robusto estado de bienestar. La clase de sociedad con desigualdad extrema que Stern y otros futuristas pro RBU temen, no vendría solo por la llegada de los robots, vendría porque solo unos pocos los poseen.

Reconociendo esto, Bregman defiende explicitamente la "redistribución masiva" del dinero, tiempo y robots, esto es, de ingresos, trabajos y medios de producción. Toda la riqueza es socialmente producida, argumenta, y por tanto debería ser compartida igualmente. No es tanto que estos tiempos sea distintos de los anteriores, es que tenemos la oportunidad de hacerlo así. Aunque se queda corto al incitarnos a que nos apoderemos de los robots, defiende impuestos a los ricos y a las transacciones financieras como medios tanto para financiar la renta básica como para desincentivar ciertas actividades (como las bancarias) que crean dinero "sin crear nada de valor".

Aunque la versión de Bregman es más interesante por sus méritos, su programa politico es desilusionante. Las ideas cambian el mundo, declara Bregman, y la RBU es tan buena idea que simplemente tenemos que predicar la palabra. La ultima linea del libro pertenece a Keynes, el héroe implícito del libro, que dijo de las ideas que "de hecho el mundo está dirigido por poco más". Pero por supuesto, está dirigido por muchas otras cosas (dinero y poder ejecutivo entre ellas). La semana de 15 horas de trabajo que predijo Keynes no llegó a hacerse realidad,  porque la idea por sí sola no fue suficiente. Más importante, Keynes estaba hablando de ideología mas que de ideas per se; de sistemas de pensamiento, no solo ideas ingeniosas.

Y el problema de la renta básica es que tiende a ser vista como una idea sin ideología. Bregman describe el movimiento pro-RBU en Europa como un movimiento social "ideológicamente transversal", al menos aparentemente. A nivel local, donde son propuestos la mayor parte de los programas, el debate es pragmático. El programa de Utretch, por ejemplo, es conocido como "Weten Wat Werkt" (saber qué funciona), reconociendo que muchos ven el actual sistema de bienestar, incluso en Europa, que cada vez ha ido cediendo más y más terreno al trabajo; como algo insostenible y disfuncional. Pero por supuesto, lo que se define como "pragmático" depende exclusivametne del balance entre las fuerzas politicas del momento. Incluso la propuesta de Bregman, situada en la izquierda, se mueve entre defender la RBU en la línea de lo que el filósofo belga Philippe Van Parjis describía como la "carretera capitalista hacia el comunismo" y... la carretera capitalista para salvar el capitalismo de sí mismo.

La propuesta post-ideólogica de Stern es incluso más evidente: en un punto dado se imagina un intercambio entre el pensador libertariano Charles Murray —cuyo libro de 1997 "The Bell Curve" se hizo famoso por plantear que las diferencias raciales de inteligencia provienen de la genética— y Martin Luther King Jr. Argumenta que sus desacuerdos acerca de la relación entre la Renta Básica y el rol del Estado en la sociedad son solo simples matices sobre la idea común acerca de "dar dinero a la gente". Pero estos desacuerdos son precisamente la cuestión principal del asunto.  El debate acerca de la renta básica es un debate acerca de las obligaciones que tenemos los unos con los otros, los orígenes de la propiedad, el fin de la vida humana, la forma que se da a una sociedad. Y cuando todos estos temas se transaladan a una reforma política; no sugieren simplemente un plan compartido para dar dinero a la gente: ofrecen propuestas radicalmente diferentes sobre temas como cuánto dinero dar a la gente, de dónde debería venir, y quién debería obtenerlo.

Cuánto, de dónde y a quién


Philippe van Parijs

La version "izquierdo-futurista" de la renta básica es a menudo descrita como una "reforma no reformista", en la línea de lo que dice Van Parijs: un objetivo que es alcanzable dentro del capitalismo; pero que tiene potencial de cambiar lo suficiente las condiciones del capitalismo como para dejar éste atrás. La renta básica es el monorail completamente automatizado hacia el "comunismo de lujo", donde todos poseemos comunalmente los robots y todo el mundo recibe lo que necesita. Este tipo de RBU no es una barrera para los trabajos malos; sino la condición material para la realización del ser humano. Por tanto no vale cualquier tipo de ingreso: tiene que ser un paso genuinamente auténtico hacia la sociedad sin trabajo, tiene que ser genuinamente universal e incondicional, proveer suficiente ingreso para vivir y apuntalar más que sustituir los servicios sociales del estado. Esta Renta Básica Universal es la que bebe de las feministas marxistas que denunciaban la no remuneración de la reproduccion social durante la época de los 1970s, las mujeres de clase obrera y de color que luchaban por los beneficios sociales en la epoca de los 1970s, y los impulsores del Freedom Budget que intentaron transladar los logros del movimiento por los derechos civiles a un programa de justicia económica. Todos ellos querian no solo una renta básica sino una que sea suficiente, destinada no sólo a sobrevivir, sino a tener una vida decente, incluso una buena vida.

La version de derecha de la RBU, en contraste, donde insignificantes limosnas reemplazan servicios y bienes públicos, no es una RBU que merezca la pena. Esta versión de la renta básica es un mecanismo de redirigir (aunque sería más apropiado decir "estrangular") el estado de bienestar en nombre del concepto libertariano de la libertad: la gente sabe mejor lo que necesita que el Estado, es el argumento; el cómo la gente va a permitirse gastarse 12000 dólares al año en sanidad no suele aparecer mucho en sus discursos.

Quién en concreto debería recibir la renta básica es otra cuestión. A veces se le denomina "dividendo ciudadano", limitando explícitamente a los receptores por la nacionalidad. Generalmente el "universal" es una aspiración: los programas de RBU siempre han sido propuestos a nivel nacional o local. Así que, como otros programas sociales, los debates sobre la renta básica estarán sin duda ligados a cuestiones sobre la nacionalidad y la inmigración. En el contexto europeo deberíamos estar alerta a un desarrollo de la renta básica como un programa para solidificar la Fortaleza Europea a medida que la crisis de los refugiados se va intensificiando. En los debates sobre el programa de renta básica en Suiza, por ejemplo, Luzi Stamm, perteneciente al Partido Popular suizo, de extrema derecha; dijo que se podría imaginar apoyar la RBU, pero solo para los suizos. "Teóricamente, si Suiza fuera una isla, la respuesta es sí" —dijo en aquel momento— "pero con fronteras abiertas es imposible, especialmente para Suiza, con un nivel de vida alto."

En Estados Unidos, mientras tanto, la combinación del nativismo y libertarianismo que plantea la coalición Trump es particularmente peligrosa: es dificil imaginar modo alguno en la que un programa de renta básica desarrollado durante la era Trump sea algo distinto a un modo de desmantelar los restos del estado de bienestar a la vez que excluir a los no nacionales de la prosperidad compartida. Dicho esto, tampoco parece que la renta básica vaya a estar pronto en la agenda de Donald Trump. En lugar de inventar el futuro, sus movimientos tienden más a tomar prestadas ideas del pasado, como el acuerdo Carrier, que repartía dinero público a compañías privadas en un intento de revivir un imaginario de mediados de siglo donde los hombres tenían trabajos de fábrica reales. Los programas sociales, por otro lado, están volviendo a ser atacados por la administración republicana para pegar un hachazo a los gastos gubernamentales.

Un cambio de enfoque para encarar el futuro

El aparente triunfo de ésta evocación de la nostalgia de las condiciones de a mediados de siglo, sin embargo, es un jarro de agua fria a las visiones utópicas. Después de coquetear con la RBU, la izquierda americana vuelve a retomar el pleno empleo (más que el pleno desdempleo) como demanda, particularmente sobre la idea de un trabajo federal garantizado. Hay mucho trabajo por hacer, por supuesto, y paralelamente al ingreso, los trabajos deberían ser repartidos también lo más equitativamente posible. Reconstruir la ideología del trabajo puede ser un peso demasiado grande para levantarlo durante los próximos años.

En cualquier caso, no deberíamos dejar de posicionarnos en contra del trabajo como la fuente tanto del ingreso como del valor social.

La actual expropiación y proletarización ha dejado a miles de millones de personas a lo largo del mundo en unas condiciones que el historiador Michael Denning  llama "una vida sin ingresos", rindiendo tributo a las necesidades del capital e intentando sobrevivir en un sistema que "no ofrece trabajo, sino la obligación de trabajar para poder vivir". Y aunque la renta básica suena como un programa para países ricos (un lujo posible para solo cierto nivel de prosperidad) puede ser incluso más prometedora en países donde parece más insostenible. En los años recientes se han puesto en marcha programas piloto de RBU  en Namibia, Kenya y Uganda, principalmente fundados por ONGs, más generalmente, programas de transferencias de fondos, que intentan disminuir la pobreza dando a la gente pobre dinero, demasiado a menudo con criterios específicos o restricciones —es la última moda en desarrollo. Por otras partes, el apoyo público parece estar más en la línea de sustento que de sueldos privados; el antropólogo James Ferguson señala que hay mas surafricanos recibiendo dinero de programas sociales del gobierno —incluyendo apoyos a la maternidad y ayuda a los discapacitados— que gente recibiendo dinero por trabajar. La renta básica, argumenta Ferguson, puede ser la via para alcanzar el bienestar social en países donde la perspectiva de creación de trabajo en una escala adecuada a la población es poco más que una fantasía.

Por supuesto, el modelo anterior de la izquierda, basado en un crecimiento de posguerra en los Estados Unidos y Europa, también es ahora una fantasía. Donald Trump fracasará en hacer America grande de nuevo tal y como lo prometió. Los trabajos de fábrica no van a volver, ni va a volver el 4% de de crecimiento. Incluso el más desesperado intento para mantener plantas individuales funcionando no dentendrá a los robots: Carrier, por ejemplo, ha dicho ya que la mayor parte del dinero que prometió invertir lo destinará a la automatización total de su planta de Indiana. Que es por lo que, pese a los daños de la RBU,  siguen siendo unos tiempos interesantes para la izquierda a la hora de desarrollar una visión de una sociedad menos orientada al trabajo, tanto aquí como alrededor del globo; la izquierda debería aprovechar la oportunidad de mostrar lo que el trabajo debería ser, cuánto tiempo deberíamos dedicar al mismo, y qué rol debería ocupar en nuestras vidas.

Eso requerirá tiempo y una amplia coalición, pero no una como la que describe Stern, entre los ultra-ricos y las masas de trabajadores precarias, pero tampoco entre racionalistas post-ideologías descritos por Bregman. En su lugar, los elementos de una genuina y leal coalición de izquierda  —compuesta por trabajadores que necesitan más sueldo, los que luchan por la sostenibilidad ambiental y la justicia racial, trabajadores de cuidados, tanto pagados como no pagados— están empezando a hacerse visibles.

La izquierda no se ha organizado en torno a los derechos sociales desde hace años. pero en los tiempos venideros será más importante que nunca defender lo que queda de la protección social estadounidense de gente como Paul Ryan y compañía, considerando especialmente el asqueroso rumbo racial que tomarán esos ataques. Y no podemos defender los servicios sociales solo como una red de seguridad para los pobres y los miembros más desafortunados de la sociedad, o como símplemente echar una mano a los benditos pobres, sino como un bien universal y fundamental para todos. En otras palabras, deberíamos defender exactamente lo opuesto a lo que fueron los programas de reformas sociales de la era Clinton en los 1990s, defender el único tipo de programa de ayudas sociales y de provisión que pueda construir una confluencia amplia y universal para la provisión social, en lugar de marcar y señalar a esos pobres que no se lo merecen.

Un redactor del New York times defendió la RBU como una especie de reparación por decadas de trabajo impagado hecho por mujeres, dando eco a los argumentos sociales del feminismo socialista sobre el valor de la reproduccion social. El Movement for Black Lives apoyó la renta básica, en la línea de un nuevo Freedom Budget. El movimiento sindical de los estados unidos se ha centrado incomprensiblemetne en mayores sueldos, pero puede —y debe— también retomar las demandas de reducción de horas de trabajo y ampliación del tiempo libre. La renta básica no es la única manera de formular esas demandas, ni siquiera tiene porqué formar parte de las mismas, pero sus elementos utópicos pueden ayudar al sindicalismo a desarrollar una agenda más visionaria.

Ninguna de las propuestas de RBU que escuchamos hoy —en Canadá, Reino Unido, o Francia— se parecen a la renta básica imaginada por los "comunistas del lujo" (no hay suficientes de esos como para ganar unas elecciones), pero son un comienzo.

La utopía es posible. Si la queremos, entonces, tenemos que incluirla en nuestras visiones y demandas desde los movimientos de izquierda que construiremos los próximos años. Porque no podemos solamente imaginar el futuro: vamos a tener que pelear por él.

Alyssa Battistoni  es candidata a doctora en ciencias políticas en la Universidad de Yale. Está afiliada al sindicato Unite Here y actualmente está involucrada en la lucha porque la universidad reconozca la relación laboral con algunos estudiantes de post-grado.

Enlaces relacionados / Fuente: 
https://www.dissentmagazine.org/article/false-promise-universal-basic-income-andy-stern-ruger-bregman
https://blog.p2pfoundation.net/false-promise-universal-basic-income/2017/06/21
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