Venciendo la apatía. Manual para la organización en los centros de trabajo

 

Labor Notes es un proyecto organizativo y comunicativo que desde 1979 intenta dar voz a los militantes sindicales que tratan de "poner de nuevo en movimiento al movimiento obrero". Mediante una revista, una página web, libros, conferencias y talleres, fomentan la organizción, las estrategias ofensivas que combaten el entreguismo sindical y las alianzas con centros obreros y sindicatos de base.

A continuación reproducimos algunos extractos del capítulo 1 de su manual para organizarse en el trabajo, Venciendo la apatía, que se puede descargar en castellano aquí completo en formato .pdf.

Si estás leyendo esto, significa que estás interesado en organizarte en tu trabajo. Pretendes solucionar los problemas que ves a tu alrededor. Quizá han cometido una injusticia contigo o con algún compañero, y quieres hacer algo al respecto.

Para nosotros, eso significa organizarse. Para los jefes, eso son problemas. A la gente que intenta hacer algo, sobre todo cuando logran juntarse con otros para hacer algo colectivamente, a menudo la etiquetan de “alborotadora” o “problemática”.

Organizarse es muy parecido a cocinar: hay una serie de recetas que requieren su tiempo y que todos pueden aprender, unos métodos que funcionan y otros que no. Tus resultados quizá no sean perfectos siempre, dado que aquí hay que tratar con seres humanos, pero serán mejores si aprendes de los éxitos y los errores de los organizadores que te han precedido. <!--break-->

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Organizarse es ante todo una actitud. La actitud de que tú y tus colegas, juntos, podéis hacer algo para que las cosas mejoren. La actitud de que más vale actuar que quejarse. La actitud de que los problemas están esperando su solución, y de que la fuerza que proporciona el número es parte de esa solución.

Es el rechazo al desaliento, o al menos a que éste se prolongue. La voluntad de escuchar al resto con respeto, para que tus planes reflejen las buenas ideas de mucha gente.

Si dispones de actitud organizativa, sientes que es necesario responder a los abusos. Estás comprometido en construir un contrapoder con tus compañeros de trabajo, y no sólo a hablar sobre ello. Confías en la acción colectiva y quieres progresar, y que el resto empiece a moverse.

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Lo primero que tiene que cambiar en la actitud del organizador es esa idea de que a los colegas del trabajo no les importa nada, de que tu centro de trabajo está sumido en la “apatía”.

Esta es una queja bastante frecuente. En los cursos y talleres que organiza Labor Notes solemos solicitar a los afiliados al sindicato una lista de las razones por las que ellos creen que la gente no se involucra en su centro de trabajo. Las respuestas típicas son, entre otras:

  • Falta de tiempo.
  • No saben cómo hacerlo.
  • El sindicato no es abierto, no es fácil meterse dentro.
  • Conflictos entre distintos grupos.
  • Conflictos entre distintos individuos.
  • Mis colegas piensan que nada va a cambiar.
  • Piensan que los demás son apáticos.
  • Buscan soluciones individuales.
  • Y la más importante: el miedo.

¿Te resultan familiares? A primera vista puede parecer que a tus colegas no les preocupa nada. Pero si les aprietas un poco, verás que en realidad eso nunca es verdad.

A todos les preocupa algo en el trabajo. A todos les preocupa el salario, por ejemplo. Todos quieren respeto. A nadie le causa indiferencia un mal turno. Es imposible que no te importe nada.

Quizá tu centro de trabajo forma parte de ese “uno entre un millón”, donde todo es perfecto. Quizá tus colegas disfrutan de completa seguridad en el trabajo, adoran a sus supervisores, tienen un buen salario y estupendas condiciones, no les preocupan los recortes de personal ni los despidos, no sufren riesgos para su salud y confían en su jubilación. ¡Si es así, puedes dejar de leer esto y dedicarte a otras cosas!

Pero lo más probable es que la gente tenga miedo a hablar o que se sienta impotente.

Quizá digan que todo va bien porque no creen que las cosas puedan cambiar, o no se imaginan cómo podría ser diferente, o porque asumen que el problema que les afecta no es una “cuestión sindical”. Organizarse es un antídoto contra todo esto.

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Si les pides a los afiliados que hagan un esquema de la estructura del sindicato, la mayoría dibujarán una pirámide: los dirigentes arriba y la base abajo. Algunos pueden ser más ingeniosos y dibujar una pirámide invertida con la base arriba.

Pero la mejor forma de imaginarte a tus compañeros, desde una perspectiva organizativa, es usando una diana de círculos concéntricos.

En el centro está tu grupo nuclear: la gente (¿quizá tú?) que siempre está pensando en organizarse y en la manera de involucrar a otros, incluso cuando están fuera del trabajo. Puede tratarse de delegados sindicales o no.

En el primer anillo están los activistas con cuya ayuda se puede contar cuando surge algo. Se responsabilizarán de difundir la información e invitarán a otros a que también participen.

En el segundo anillo están los simpatizantes: gente que es capaz de ponerse un distintivo o firmar una petición, pero que no van a asumir la responsabilidad de intentar involucrar a nadie más.

El tercer anillo corresponde a los que parecen más desvinculados. No consideran el sindicato como un factor importante en sus vidas, así que no participan.

También existe gente fuera de los círculos, que no sólo están desvinculados sino que son hostiles al sindicato. No pierdas el tiempo discutiendo con ellos. Quizá un día algo les haga abrir los ojos, pero eso será fruto de la experiencia, y no del debate.

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Es crucial que el organizador comprenda que el hecho de que los trabajadores se concentren en los anillos exteriores, y no en el centro, no es una señal de fracaso. La mayor parte de tus compañeros nunca se convertirán en miembros activos del sindicato, de manera cotidiana.

Incluso las campañas que tienen éxito, los planes, las estrategias, y buena parte del curro diario, normalmente lo llevan a cabo un puñado de personas: el núcleo central. Los activistas y simpatizantes se unen cuando es necesario, y mucha gente que normalmente está desvinculada se involucra cuando el interés y la participación aumentan, por ejemplo durante una huelga.

No pongas el listón demasiado alto. No debes lanzar el mensaje de que para ser miembro del sindicato hay que ser como tú. Les asustarás. Para contribuir en algo, no hace falta dedicarse a ello día y noche. En su lugar, trata de ayudarles para que cada uno encuentre su propio nivel de implicación. Y a medida que se abran varios frentes, no te sorprendas si la gente asume distintos papeles cada vez (a veces actuando como líderes, otras dando un paso atrás).

Pero seguramente necesites atraer más gente a tu grupo central, y que algunos simpatizantes se conviertan en activistas. “Más manos para arar”, como solía decir el agitador de los obreros del automóvil, Jerry Tucker. Los sindicalistas veteranos te dirán que un buen objetivo es lograr un activista o delegado por cada 10 trabajadores, incluyendo uno en cada turno, departamento o área.

Tu tarea organizativa es: ¿cómo lograr que se acerque más gente al centro de la diana? Ayúdales a ir paso a paso, para que de estar desvinculados pasen a ser simpatizantes, o de simpatizantes pasen a ser activistas, o de activistas pasen a asumir responsabilidades centrales. No conviertas nunca tu grupo central en un club exclusivo.

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