Fuencarral Octubre de 1936

Fuencarral es hoy un barrio de Madrid, ayer fue un municipio justo en 1936.

Es mediodía finalista  en Alcobendas, carros y mulas vuelven de  prados galápagos o del arroyo de la vega.  Me  espera un Fiat-Hispania en la Calle Fermín Galán, a su lomo una hoz y martillo,  que tuerce ruedas hacia la carretera de Francia y pisa motor, al que dan el alto los Guardia de Asalto en uno de los  varios controles que tienen puestos de aquí a la carretera de la Playa.

Alcanzamos Fuencarral adelantando a nuestras orillas a los terrones  abandonados del  centeno y la  cebada.  De esta localidad procedían los milicianos la mayoría adscritos al Partido Comunista y a la UGT que dieron el paseíllo al párroco local Alcobendano Mariano Sebastián Izuel y a otros dos considerados facciosos. Los tenían fichados de años por su militancia derechista y por excesos patronales, terminaron con sus huesos en las tapias de Valdelamasa.

Aparcamos en la calle Cervantes, al final de la misma vivía Ángel Moreno Mora, carpintero de profesión y sindicalista de la UGT, el 16 de Julio al salir de su casa para ganarse el jornal trabajando, tres terroristas fascistas le esperaban en la Calle Villamil y le dieron varias balas de pistola, quizás el primer asesinado del golpe de estado, que ya se estaba produciendo en África con movimientos de tropa ilegales.  Por estos caminos se me cruza el niño Francisco Pérez Horcajo, tal vez llamado a mí, por la  chaqueta de cuero, mis botas altas y mi star al cinto.

El blanco  Fuencarraleño de las  casas y sus tejas castellanas nos saludan. Cae el atardecer dando  sombras a las viñas cercanas, el reloj del Ayuntamiento sostenido de columnas toscanas da las 18.00h, es un Octubre rojo cinematografiado ibéricamente a lo Serguéi Eisenstein. El salón rebosa de monos azules, proletarios armados y campesinos con tierra.  En la mesa de madera vieja, Juan Francisco Hervía, Natacha Iglesias por parte de los trabajadores que colectivizan los campos de Fuencarral.  Antonio Peña por el Socorro Rojo Internacional, los que ayudaban  a las familias de los obreros a los que antes el patrón dejaba en el paro.  Ramón Mendoza por sovietizado PCE,  García Prados por los alegres de la C.N.T, Alfonso Maeso intentando imitar a Largo Caballero, por el PSOE y Vázquez Humasqué dando un toque pequeño burgués al mitin por Izquierda Republicana. Palabras antifascistas, aplausos del Frente Popular.

En las semanas precedentes los trabajadores de los andamios y el ladrillo, han pedido pertenecer a la Federación de la UGT de Edificicación, van hacer falta albañiles para fortificar el sur de Madrid que espera dentro de poco un choque con Legionarios, fascistas y moros. Meses antes Indalecio Prieto presento queja por el desarrollo anárquico de este pueblo, que taponaba la expansión del “Gran” Madrid que proyectaba el liberal más que socialista de Bilbao. Ahora entre la capital y Fuencarral, la guerra desvaneció los croquis del ministerio de Obras públicas y entre estas dos localidades solo se interponen las vacas socializadas del sindicato de Oficios Varios de la CNT.

En la ermita de Santa Ana, a la que arrancaron al calor de Julio la cruz de su entrada y pintaron en sus tapias las siglas U.H.P, se están legalizando las milicias locales.  La estación de Valverde recibe petates y lugareños de Cuatro Caminos, el gobierno quiere a la población civil de ese barrio fuera de las bombas fascistas. Por el pueblo corre el rumor que Victoriano Roger Serrano, el torero falangista se esconde por el municipio de Hortaleza, esta saga de asesinos de toros de Fuencarral es declaradamente anti-republica.  

El municipio es estrecho y hasta hace poco rodeada de santas imágenes  que los simpatizantes de Bakunin detuvieron y astillaron.  A los típicos mesones de carretera la guerra paralizo sus cocinas  Se ven mucha uva y patata y poca carne en los platos de cena  de los fuencarraleños, con las ovejas de la población dieron casi fin las filas de camiones y automóviles de las milicias que en Agosto se dirigían al Frente de la sierra. La Virgen de Valverde preponderante en la urbe, esta sustituida por el roji-negro anarcosindicalista y el duro Stalin. Ya no se danza, ni se dan loas a la guía católica de Fuencarral, ahora se alza el puño y se dan   Vivas a  Rusia o  se canta a las negras tormentas de la revolución libertaria. 

Tras la arengas y las aclamaciones, uno sale del consistorio con sentir de victoria y que pronto entraremos en Sevilla y Salamanca.  Comparto en la taberna de abajo del acto, a falta de una botella de Mahou, una copa de Anís la cadenas. Me cuentan que La Falange de las JONS quedo desarticulada el 13 de Abril, al denunciar unos paisanos a cuatro falangistas que hacían pruebas de tiro en un descampado próximo, las guardia civil se persono y los llevo preso.

 Un estampido de un par de  lentos Breguet XIX que se dirigen a descansar previo paso de Somosierra, son vitoreados, como hace meses se daban aúpas  a los goles Luis Regueiro en el estadio Chamartín.

Al bajar la mirada que buscaba nuestras alas leales, encuentro las pupilas azules de mi enlace, parece salida de los lagos de Escocia y viste figura a lo Aleksandra Kolontái, como ella se expresa a tal  de novela del este. Cenamos a dos, con velas que quieren desvanecerse y dejarnos una oscuridad para amar. Paseamos por la nocturnidad de Octubre, ella ríe, yo hago proselitismo, que paran mis ganas de escribirla un poema pasional. Nos detenemos.  La noche esta forzada de firmamento, luna cana y una brisa que suspira. Sus manos se lían  a mis dedos, que se labran como el arado al surco.  Sus ojos tienen casta, su sonrisa es salerosa y su boca gallarda. El aire se pone sensible cuando nos roza y mi tacto insiste en sus senos,  a la manera del sol en el trigo despierto de mañana.  El viento bordea su pelo al que  alimenta de bravura y los corazones se colocan a Cupido a modo de  latido. Cada beso entre ella  y yo  es una página rota de Théophile Gautier y una resucitada de Víctor Hugo, por nuestros labios asociados pasan Gustavo Adolfo Bécquer y José de Espronceda y al fondo se escucha el agua desprenderse al musgo y al bebedero de la fuente del Saceral.

El cielo de Fuencarral huele a jabón y mi piel tiene hambre de Raquel.  El último tranvía de Tentúan de las victorias se detiene en nuestros horizontes y yo la  defiendo del ligero frio de madrugada, como mañana empuñare el máuser ante las tropas de Franco.

Como amamos venceremos.

 

Eduardo Andradas

Investigador Histórico.

http://elleteoenverso.blogspot.com.es/

 

 

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