Ser revolucionario hoy
Sobre la "renovación", “reformulación y “recomposición” del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario
A pesar de ser el capitalismo "un sistema tan injusto, irracional y amenazador" para la especie humana, la inmensa mayoría de los humanos lo sigue considerado "como el más eficiente sistema económico para conseguir el bienestar de la humanidad". Por ello, en un texto reciente (*), tras reflexionar sobre tan extraña e inquietante paradoja me pronuncié por la necesidad de "cuestionar todo lo que en la teoría y en la práctica del marxismo y del anarquismo ha contribuido a la perennidad del capitalismo e impedido la eclosión de la utopía implícita en el paradigma emancipador común a estas dos ideologías".
No sería, pues, consecuente considerarlo necesario y no intentar hacerlo en lo concerniente al anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario. No sólo porque es lógico dejar a los marxistas el cuestionamiento del marxismo sino también porque en mi análisis de la "crisis del paradigma emancipador" intentaba ya aportar elementos de reflexión al debate abierto por los compañeros Tomás Ibáñez (**) y Antonio Carretero (***), sobre la "reformulación y revitalización del anarcosindicalismo", y por las reflexiones del compañero José Luís Carretero (****), sobre la necesidad de “recomposición de la insurgencia libertaria que empieza ya a anunciarse un poco portadas partes”, y de otros, sobre “ser revolucionario hoy ”.
Anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario
Aunque este debate parecía, al principio, limitado al anarcosindicalismo, en realidad es una reflexión sobre las ideas anarquistas y los proyectos de utopía que estas ideas inspiran en cuantos y cuantas se reclaman hoy de ellas. De ahí la necesidad de recordar que el anarcosindicalismo, a pesar de ser considerado como una rama del anarquismo vinculada al movimiento obrero, es un "sindicalismo" en el que las ideas anarquistas tienen primacía en la acción sindical de cuantos se proclaman anarcosindicalistas e intentan poner fin a la explotación del hombre por el hombre a través de sindicatos autónomos y asamblearios. Esta simbiosis ideológica hace que, de más en más, anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario sean considerados y utilizados como sinónimos; pues en los tres casos se designa a un conjunto de hombres y mujeres que luchan por la anarquía. De ahí que la "renovación", "reformulación" o “recomposición” del anarcosindicalismo lo sea también del anarquismo y del movimiento libertario, e in fine de las ideas anarquistas. Ese ideario y esa praxis comunes a cuantos y cuantas -se proclamen anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios- tratan de subvertir el entramado social y político de la explotación y la dominación para hacer posible una sociedad de igualdad social, equidad económica y libertad.
Es pues obvio que esta tarea, se la llame "renovación", "reformulación" o “recomposición”, concierne por igual a anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios. No sólo por tener la misma voluntad de subversión del orden social imperante y la misma pasión por abrir paso a la utopía emancipadora sino también porque deben hacer frente a la misma realidad económica, política y social, como a la misma violencia de los sectores regresivos de la sociedad. Una voluntad subversiva y una pasión emancipadora que no surgen de la adhesión a una ideología, a una doctrina o a una teoría social sino de la conciencia de llegar a la plenitud de nuestra humanidad a través de la libertad y el respeto y apoyo mutuos. Principios que, como lo han probado en la historia y lo siguen probando en las luchas actuales, anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios no han abandonado nunca; pese a que no siempre les ha sido posible ser consecuentes con ellos en la práctica. De ahí la necesidad de saber si la “renovación”, “reformulación” o “recomposición” puede concernir también a los principios o sólo concierne a las “viejas” formas de luchar frente a las “nuevas” formas de la dominación-explotación capitalista (sea privada o de Estado).
Necesidad de un debate abierto
El debate sobre la "renovación", "reformulación" o “recomposición” de las ideas anarquistas no es nuevo. En el libro Anarquismo y política- El 'programa mínimo' de los libertarios del Tercer Milenio, editado al comienzo de 2012, su autor, Stéfano d'Errico, nos recuerda que Camilo Berneri planteó ya, en el primer tercio del pasado siglo, la necesidad de "afrontar el complicado mecanismo de la sociedad actual sin anteojos doctrinales y sin excesivos apegos a la integridad de su fe" (anárquica) para poder así "conservar aquel conjunto de principios generales que constituyen la base de su pensamiento y el alimento personal de su acción".
Esta necesidad de reflexionar, para adecuar la lucha por el ideal a cada contexto histórico, no es pues nueva, se ha manifestado permanentemente en el seno del movimiento libertario. Y ello a pesar de las tendencias inmovilistas que siempre han existido en su seno y que en todo momento se han opuesto a que tal adecuación pudiera partir de una crítica, suficientemente libre, que no dejara fuera de ella ninguna temática, por comprometedora que pudiera ser, o que intentara cuestionar la manera dogmática en que algunos interpretan los postulados éticos del anarquismo.
Sea lo que sea, la verdad es que esta reflexión ha quedado reducida muy frecuentemente a declaraciones de buenas intenciones y propuestas demasiado formalistas. Esto es lo que parece haber sucedido en el reciente Encuentro Internacional anarquista celebrado en Saint Imier, pese a que René Barthier, de la Federación Anarquista Francesa, manifestara, en el discurso de apertura, su deseo de que ese encuentro sirviera para "una renovación y fortalecimiento de las ideas anarquistas" allí representadas a través de "la diversidad de las corrientes del movimiento anarquista".
Esta reflexión sigue siendo pues necesaria, y quizás más aún hoy que lo pudo ser ayer. La continua transformación de la sociedad y las nuevas formas en que la conflictividad social y acción política se manifiestan nos obligan a ello y también la evolución del conocimiento científico sobre esta realidad. Esta reflexión es pues necesaria para ser más eficaces en nuestra acción y para no caer en una forma más o menos voluntaria de colaboracionismo con el sistema en aras de la sacrosanta practicidad. Una eficacia que no nos haga perder de vista el objetivo: fortalecer nuestra respuesta, individual y colectiva, a la realidad actual del mundo capitalista y estatista, y, al mismo tiempo, avanzar hacia la sociedad de justicia y libertad que anhelamos.
Un debate responsable
Ahora bien, es una obviedad decir que no basta con pensar y hablar para que la realidad del mundo cambie. De ahí que sea necesario salir de la retórica y ser capaces de poner en causa no sólo nuestras certidumbres sino también nuestras propias conductas. Tener presente que esta reflexión requiere una gran dosis de sinceridad y honestidad: tanto para no conformarse con una “crítica” demagógica como para no injertar "verdades" nuevas en el tronco de las "verdades" viejas. Es decir: ser capaces de pensar un anarquismo y un anarcosindicalismo críticos, heterodoxos, que se nieguen a ser reducidos a ideología o doctrina, a verdades reveladas, y, a final de cuentas, a dogmas y fe. Pero también un anarquismo y un anarcosindicalismo que podamos asumir, al alcance de nuestra verdadera voluntad y disposición de lucha.
¿De qué serviría llegar a propuestas muy radicales si no somos capaces de llevarlas adelante? ¡Tan negativo es el “conservar” a toda costa como el “innovar” si no hay razones para hacerlo o condiciones que lo permitan!
Si el ideal libertario es la anarquía y ésta es la aspiración de vida en libertad, el anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario son o deberían medios de potenciar el ejercicio de la libertad para todos y todas en cada circunstancia que nos encontremos. Pues es obvio que los y las anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios no debemos encerrar la libertad en fórmulas simplistas ni aceptar complicadas teorizaciones para hacer de ella lo contrario de lo que ella es o debe ser para nosotros. Es decir: el derecho de cada ser humano, de todos los seres humanos a decidir por si mismos, conscientes de que mi libertad sólo termina allí donde comienza la de los demás y que por ello ésta debe complementarse con una indómita voluntad de concertación y solidaridad. De ahí que no sea posible concebir una reflexión y un debate, entre anarquistas anarcosindicalistas o libertarios sin partir de la libertad de cada uno para aportar argumentos, confrontarlos fraternalmente y tratar de encontrar respuestas en común a las cuestiones que han motivado tal reflexión y debate. Y aún más cuando el objetivo es saber si es o no necesaria la "renovación", "reformulación" o “recomposición” del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario.
Para evitar infundadas suspicacias, preciso que ya en el título de este texto he puesto "renovación", "reformulación" o “recomposición” entre comillas; pues, para mi, estos términos no deberían significar "sustituir una cosa por otra" sino "dar nueva energía a algo". Es pues obvio que en vez de estos términos yo habría utilizado otros que me parecen más apropiados, como adecuación, reforzamiento, revitalización e inclusive actualización. Con ello quiero decir que, aunque para mi renovar, reformular y recomponer sean términos equívocos, los seguiré utilizando para cuestionar todo lo que, en la exposición y en la práctica de las ideas anarquistas, ha podido contribuir a la perennidad del capitalismo y a lentificar la marcha hacia la utopía libertaria.
¿Renovar, reformular o recomponer el ideal?
Me parece que es más bien al declive del Occidente (capitalista) que estamos asistiendo que a la occidentalización (capitalista) del mundo, a la uniformización de la identidad cultural (modo de vida) del mundo. Y eso pese a que exista aún, en la mayor parte del planeta, una gran diversidad de valores específicos de orden religioso, ideológico o filosófico que se manifiestan a través de estructuras comunitarias. Un fenómeno que la llegada de Internet y de sus redes sociales ha acelerado, facilitando la constitución de "comunidades de elección" y debilitando las identidades nacionales. Pero lo más grave es el debilitamiento de la identidad internacionalista del proletariado. Al extremo de que ya no tiene sentido alguno referirse a él; pues, a lo sumo, sólo existen trabajadores... Trabajadores más divididos que nunca por sus identidades comunitarias, religiosas, políticas y culturales, aunque más “semejantes” que antes por el culto del consumo capitalista y la resignación ante el actual statu quo capitalista y estatista.
Ante una tal situación, es obvio que no sea suficiente con llamar a la resistencia o a romper las cadenas de la explotación y la dominación. No, no lo es, y demasiado sabemos el por qué no lo es. Basta con ver la actitud de los capitalistas y los políticos frente a la “crisis” y el poco eco de los llamados a la movilización general para impedir las actuales políticas antisociales y defender las conquistas sociales (que tanto costó conseguir), para comprender el por qué el discurso emancipador es hoy inoperante.
Esto no significa, evidentemente, que debamos renunciar a la lucha por un mundo mejor, por una sociedad sin explotación y dominación. Al contrario, esa lucha es hoy más necesaria que nunca. No sólo porque la injusticia continúa y la irracionalidad del sistema capitalista amenaza con destruir el planeta sino también porque hoy existen las condiciones materiales y técnicas necesarias para organizar una sociedad en la que todos los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades vitales y vivir libres y en paz. Y, además, porque la conciencia de la negatividad del capitalismo desborda -y de mucho- las filas libertarias.
Me parece pues obvio que la "renovación", "reformulación" o “recomposición” no pasa por el cuestionamiento de la necesidad de luchar, y aún menos por la de cuestionar el objetivo emancipador del ideal libertario: poner fin a toda forma de explotación y dominación. No, no es pues el ideal ni la necesidad de luchar por alcanzarlo que se deben cuestionar. ¿Qué sentido tendría cuestionarlo y seguir pensándonos y proclamándonos anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios? Salvo si llamárselo es sólo una cuestión de pose o de conveniencia. Y si no es así, y si no es el ideal ni la necesidad de luchar por él que se deben renovar, ¿qué es pues lo que, en el actual contexto, se debe cuestionar?
¿Renovar, reformular o recomponer la práctica?
Se sea anarquista, anarcosindicalista o libertario, en los tres casos se es víctima de la explotación y la dominación y se debe luchar contra ellas. Podría ser diferente la manera de hacerlo; pero ¿no es la misma? ¿Es realmente diferente? Sea cual sea el frente de lucha, la forma de luchar, sus “armas”, ¿no son la asamblea y la acción directa, la organización sin dirigentes ni poder ejecutivo? Además, ¿es posible, para un anarcosindicalista, acantonarse en la lucha sindical y no participar en las demás luchas sociales? ¿La anarquía no es la autonomía y la autogestión de la vida social, laboral y lúdica? Y ¿no es la anarquía la que debe dar sentido y estructurar la sociedad a la que aspiran anarquistas, anarconsindicalistas y libertarios? ¿En qué sentido pues se debería renovar, reformular y recomponer la práctica?
La respuesta me parece obvia, incuestionable, puesto que todos somos conscientes de que no sostendría la explotación y la dominación sin la “sumisión” de los explotados y dominados. Es pues esta “sumisión”, nuestra “sumisión”, en tanto que explotados y dominados, que se debe cuestionar.
Es pues evidente que, si de verdad queremos luchar hoy más eficazmente contra el sistema de explotación y dominación capitalista actualmente hegemónico en el mundo, no se conseguirá renovando, reformulando y recomponiendo nuestra práctica sino haciendo que ella sea más consecuente con el ideal y con lo que exige hoy la lucha por él. Y no sólo en la práctica de los anarcosindicalistas sino también en la de los anarquistas o libertarios; porque, como es el caso de la inmensa mayoría de los explotados y dominados, también para nosotros el talón de Aquiles de nuestra práctica es la sumisión-integración al sistema económico capitalista y a su ideología “consumerista”.
Por ello, e independientemente de si la "hibridación socio-laboral" propuesta por Tomás Ibáñez pueda quedar "un tanto coja o un tanto escasa" sin adjetivarla con el calificativo de "comprometida" como propone Antonio Carretero para que ella lo sea "con la transformación social", no creo que esto pueda entenderse como “renovación”, “reformulación” o “recomposición” del anarcosindicalismo. ¿Acaso no es o debería ser consustancial con el anarcosindicalismo la "hibridación socio-laboral"? ¿Es posible concebir un anarcosindicalismo que no se mezcle "con las variadas formas de resistencia que se encuentran esparcidas por todo el tejido social para inventar conjuntamente nuevas formas de lucha…"? ¿No es o debería ser lo propio del anarcosindicalismo el "imprimir a nuestro modo de luchar y de organizarnos el sello de una perspectiva global que interconecte los diversos frentes de lucha…"? La lucha anarcosindicalista contra el capital ¿no trasciende o debería trascender "el mundo laboral y adoptar unas formas que abarquen la realidad social en toda su extensión"? Tendría algún sentido un anarcosindicalismo que no quisiera "avanzar hacia una auténtica hibridación donde una misma forma de lucha y una misma forma organizativa abarquen indistintamente ambas problemáticas, realizando su simbiosis"? ¿No se ha dicho siempre que el modo de funcionamiento y de organizarse del anarcosindicalismo prefiguran y son las bases de la sociedad comunista-libertaria del futuro? ¿No es todo eso también lo propio del anarquismo y el movimiento libertario?
Ser consecuentes para ser revolucionrios
Por supuesto no seré yo quien reproche a Tomás Ibáñez y a Antonio Carretero el que defiendan un anarcosindicalismo de "hibridación socio-laboral" más comprometido. Al contrario, pues quizás sea necesario hoy insistir en ello. De ahí que considere sus reflexiones, como también las de José Luís Carretero, muy enriquecedoras, como aportes analíticos al debate, y pertinentes para incitarnos (a todos: anarcosindicalistas, anarquistas y libertarios) a luchar más eficazmente por la emancipación humana. Mi única queja es que hayan obviado abordar la importancia decisiva del “compromiso” (consecuencia entre palabras y actos) para hacer posible la “transformación social”.
De ahí que, descartadas la "renovación", "reformulación" o “recomposición” del ideal y de su práctica horizontal-asamblearia, sea necesario considerar la negatividad de nuestra sumisión-integración (al sistema económico capitalista y a su ideología “consumerista”) como rémora en la potenciación de la lucha emancipadora; pues sólo siendo conscientes de ello se puede enfrentar objetivamente el problema de la eficacia y comprender por qué, ser consecuentes con el ideal libertario, es la manera más eficaz de luchar por él. Entendiendo por consecuencia la correspondencia entre la conducta y los principios éticos que pretendemos deben guiarla, y por ideal libertario los principios de libertad y de respeto-apoyo mutuo que permiten la supresión completa de todas las manifestaciones de la autoridad y el pacto social entre iguales.
Ser pues consecuentes con el ideal libertario en todo momento y circunstancia; porque es siéndolo que se es revolucionario y se contribuye más eficazmente a cambiar el mundo autoritario. Pero, evidentemente, no serlo sólo de palabra sino en la praxis de cada día y en la medida que las circunstancias lo exijan y lo posibiliten. Entendiendo por consecuencia libertaria el rechazo del autoritarismo en todas sus formas y tanto si viene de otros como si viene de nosotros mismos; pero también dando el ejemplo de tal rechazo con actos que demuestren nuestra verdadera voluntad de insumisión al Orden establecido. Demasiado hemos visto a dónde nos ha llevado la inconsecuencia a lo largo de la historia, y cómo el capital y el Estado se han hecho fuertes de nuestra adaptación-sumisión-integración al Orden imperante, pese a pretender lo contrario. Ser pues consecuentes y, si no somos capaces de serlo, ser honestos y reconocerlo. No pretender dar lecciones de radicalidad a los demás si no somos capaces de asumirla. Entendiendo por radicalidad no la violencia verbal o física (son las circunstancias las que la determinan) sino el nivel de resistencia frente al sistema y de ruptura con él. Es decir: ser a la vez consecuentes y audaces para intentar llevar –lo más lejos posible y sin sectarismo ni afanes protagonistas- esa resistencia-ruptura a través de cuantas acciones de protesta surjan hoy; pues ya se ha visto como esas acciones, al igual que los cambios microevolutivos graduales, pueden provocar cambios e innovaciones decisivas en el fenotipo social.
En resumen: Soy plenamente consciente de no haber dicho nada nuevo y de que todos los demás lo son más o menos. No obstante, considero necesario no olvidar que, como dijo Einstein, “no se puede resolver un problema manteniendo lo que lo crea”. Dicho crudamente: si la explotación y la dominación existen por nuestra sumisión, no se podrá ponerles fin manteniéndonos en ella. Claro que decir esto no es nada nuevo ni resuelve el problema; pero me parece ser necesario recordarlo de tanto en tanto y, hacerlo, quizás contribuya a resolverlo.
OctavioAlberola
(**)http://kaosenlared.net/component/k2/item/31077-el-anarcosindicalismo-frente-al-reto-de-su-necesaria-transformación.html
(***)http://kaosenlared.net/component/k2/item/31227-apuntes-de-hibridación-libertaria.html
(****)http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/34941-siete-tesis-para-un-movimiento-libertario-en-el-centro-de-la-tormenta.html
- Inicie sesión o regístrese para comentar
Imprimir- 1855 lecturas
- Enviar a un amigo















![El mayor portal Anarquista del mundo [inglés]](http://www.alasbarricadas.org/common/img/banners/infoshop.png)

![Portal Anarco-Comunista [internacional]](http://www.alasbarricadas.org/common/img/banners/anarknet.png)
![Portal Anarquista [inglés]](http://www.alasbarricadas.org/common/img/banners/libcom.png)
![Noticas para anarquistas y sus amig@s [inglés]](http://www.alasbarricadas.org/common/img/banners/anarchorg.png)


![Cruz Negra Anarquista [Péninsula e Islas]](http://www.alasbarricadas.org/common/img/banners/cna.png)








Comentarios
Para seguir el debate iniciado en Kaos, pongo los comentarios de Diana y Lía y mis respuestas
La lucha hay que darla aquí y ahora (Diana Cordero)
El sábado tuve el inmenso gusto de ir a ver a la Compañía de Teatro Libertario presentando su espectáculo sobre Severino Di Giovanni. Muy buen trabajo de los compañeros y compañeras. Pero más allá de este justo reconocimiento a estxs artistas y su gran creatividad, la obra me disparó tantas cuestiones y replanteos, muchos de los cuales aparecen en estos debates que nos proponemos alentar desde esta espacio de Kaos. Anarquismos.
En principio, al transcurrir la obra sobre Severino me sobrevino una gran nostalgia, producto de las frases, las consignas, los hechos. “esto ya no está” me dije. También el infaltable debate sobre tendencias antagónicas que promueven la acción directa por un lado y por el otro el trabajo sindical de masas.
“Esta discusión sigue hasta hoy”, reflexioné.
Pues entonces, algo anda mal en todo esto. Si la salida de esta basura de sistema, -poderosísimo por otra parte- vamos a enfrentarla con consignas que no nos resuenan como posibles y con la tristeza de lo que fue y ya no es, andamos bastante desencaminadxs.
Por eso se renovó esta necesidad de revisar a ver con que contamos, si con lo que contamos sirve, si es efectivo si ha resultado. Es que si venimos haciendo algo, y no funciona, pues señal de que hay que cambiarlo y no persistir en el intento con las herramientas que no son las adecuadas.
Y ahí nos enfrentamos con varios desafíos. El de dejar de lado las rigideces es uno de los primeros. El fracaso de procesos, movimientos e intentos revolucionarios se evidencia cuando no logramos aceptar la necesidad de reflexionar sobre lo que está sucediendo y lo que hacemos. La autocrítica, la apertura a propuestas diferentes, a admitir la necesidad de cambio.
El sábado sentí esa nostalgia similar a la de ver una película, una buena película antigua. Que mantiene su calidad pero que es de un momento que ya no está, sobre el que no podemos encontrar hoy un referente. Las consignas sonaban vacías, incapaces de conmover hoy a nadie y de movilizar a realizar cambios, acciones.
Y es que estamos en un momento completamente diferente, un momento inédito de la historia en que el poder toma una magnitud inenarrable, con armas y recursos sofisticados, totalizadores.
Y no estamos pudiendo hacerle frente de la manera necesaria. Se hace imprescindible poder pensar de otra forma, dar otros nombres, entender el momento y buscar estrategias. No se trata de una intelectualizac ión vacía o parásita. Se trata de trabajar sin descanso para poder descular de que va la cosa, y poder encontrar estrategias acordes.
Tampoco he dicho nada nuevo, pero estos textos me movilizan más a avanzar en esas búsquedas que me permitan afrontar la realidad más pertrechada. Porque hay algo que es seguro, y es que la lucha hay que darla aquí y ahora. Con todas nuestras fuerzas, porque el sistema está en una de sus mas feroces fases genocidas.
Cuidado con "cambiar" para seguir en lo mismo (Octavio)
Comprendo Diana tu inquietud y comparto contigo la urgencia de luchar "aquí y ahora, sin descanso"; pero esa inquietud y esa urgencia no deben impedir que reflexionemos sobre el por qué estamos como estamos.
Sí, es verdad que aún lxs hay en proseguir "el infaltable debate sobre tendencias antagónicas" o sobre "las frases, las consignas, los hechos" como antes. Y no sólo entre los que "promueven la acción directa por un lado y por el otro el trabajo sindical de masas".
En lo que a mi concierne, hace mucho tiempo que todo eso me parece superfluo, una pérdida de tiempo; pues desde hace mucho estoy convencido de que no se saldrá "de esta basura de sistema" enfrentándolo "con consignas". Y no sólo porque "no nos resuenan como posibles y con la tristeza de lo que fue y ya no es" sino también porque la única salida es combatirlo "aquí y ahora, sin descanso".
El problema, Diana, es que, para que esto no quede también en consigna (que no nos resuena como posible), es necesario estar de verdad dispuestos a romper con nuestra "sumisión" al sistema. Y eso, Diana, no lo están ni los que hablan de acción directa ni los que hablan de trabajo sindical de masas. Inclusive nosotros no lo estamos verdaderamente.
Claro que es necesario "dejar de lado las rigideces" y "reflexionar sobre lo que está sucediendo y lo que hacemos". Claro que es necesaria "la autocrítica, la apertura a propuestas diferentes, a admitir la necesidad de cambio". Pero eso ya se dijo antes e inclusive lxs hubo que lo hicieron y no cambio nada, porque en lo cotidiano y en las mentes siguió la sumisión al sistema. Recuerda, Diana, las luchas -duras, violentas- por mejores condiciones de vida, y el resultado in fine fue el capitalismo más fortalecido.
Efectivamente, Diana, "si venimos haciendo algo y no funciona", lo lógico es "cambiarlo y no persistir en el intento con las herramientas que no son las adecuadas". Eso también se pensó y se propuso antes. Y ya ves, aún lxs hay persistiendo en cambiar de herramientas en vez de intentar comprender el por qué aceptamos esa sumisión que es la que hace fuerte al sistema.
El cambio, lo que debemos cambiar primero es, como dijo Einstein, nuestra manera de pensar y no tratar de resolver el problema con lo que lo provoca. Comenzar pues por ser conscientes de nuestra sumisión-integración (lxs que tienen trabajo sólo piensan en guardarlo y lxs que no lo tienen sólo piensan en encontrarlo) y combatir lo que la provoca (dar a la vida el sentido-valor que le ha dado el capitalismo) para poder socializar nuestra lucha con lo demás explotados-dominados, abandonando los egoismos y los sectarismos, y poder ser consecuentes con el ideal emancipador que todos los que nos pretendemos anticapitalista s decimos es el nuestro. Yo he puesto ser "consecuentes" con "ideal libertario" al dirigirme a los libertarios; pero es evidente que también lo debe ser para los marxistas. Pues también para ellos la emancipación de los trabajadores implica el fin de toda forma de explotación y de dominación. Ser consecuentes es no renunciar a esta aspiración y luchar junto a cuantos la compartan y con las herramientas que cada uno considere más pertinentes o más a su alcance.
Un abrazo
Clarísimo, Octavio (Diana)
A veces las urgencias o la desesperación ante lo que está sucediendo, nos hacen olvidar o no tomar en cuenta las lecciones de la historia y de los errores cometidos. Y cuando digo errores, lo digo a la luz de poder ver desde el hoy los resultados de acciones y análisis que finalmente no dieron el resultado esperado.
Estas urgencias, al menos en mi caso, me llevan a pensar que si aplicamos tus propuestas de "...Comenzar pues por ser conscientes de nuestra sumisión-integración...abandonando los egoismos y los sectarismos, y poder ser consecuentes con el ideal emancipador que todos los que nos pretendemos anticapitalista s decimos es el nuestro..." no lleguemos nunca a acabar con este sistema. Pero cuando reflexiono y leo con atención tus palabras, me doy cuenta que sin eso tampoco lo podremos lograr.
Son tantos los frentes y tal la embestida del enemigo, que es algo complicado poder aplicar tus propuestas. Es verdad que no hablás de no hacer nada hasta tanto...No hablás de parálisis ni inmovilidad de lucha. Pero reconozco que es muy complejo abordar tantos niveles diferentes.
No obstante, voy a pensar con mucho detenimiento esto que proponés. Tu respuesta ha sido para mí, mucho más fructífera si se quiere que tu nota (que ya me había parecido un aporte concreto y necesario) , ya que has logrado movilizarme y ponerme a pensar de un modo radical.
Gracias
Ser revolucionario hoy (Lía)
Es posible, que no se encontraran las personas, que realmente quisieran un cambio al sistema, porque pienso que el cambio es posible, no debemos dar por terminado algo que si se intentó y terminó siendo lo mismo, cayendo en el peor de los capitalismos.
Pensemos que fueron las personas las que fallaron y no lo que en un momento se intentó.
Hay historias que no deben repetirse y veo con tristeza, que se cae una y otra vez en lo mismo, pensando que el poder de turno se niega a hacer una autocrítica siendo conciente de su "sumisión" a los demás poderes de turno
Yo también pienso que estamos en un momento muy especial, donde los pueblos están despertando, pero nada pueden hacer.
Entiendo que Latinoamérica es muy distinta a Europa, pero las ambiciones, no se deben extinguir.
El aquí y ahora debería ser la bandera de la conquista, pero con gente que verdaderamente quiera a su país y no a si mismo solamente, con egoísmo y el egocentrismo que los lleva a ser también impunes en sus actos.
Pido perdón, porque quizás esté errada en lo que digo, pero, tengan la plena seguridad que los entiendo perfectamente y desearía de todo corazón que de alguna forma se pudiera encontrar una solución a todo esto.
Lía/Argentina
Urgencia, sí, desesperación, NO !!! (Octavio)a lucha
En todo caso, Diana, indignación, aunque yo preferiría ACCION !!!
Ahora bien, decirlo es fácil y lo puedo, lo podemos repetir mil veces sin que, a pesar de la urgencia, nadie cambie y sigamos con las palabras... Pero, tampoco eso debe desesperarnos, porque, como dijo el poeta, también las palabras son armas. Además, como tú has bien dicho y también lo considera así Lía, no debemos olvidar que "estamos en un momento muy especial, donde los pueblos están despertando". Y eso debe incitarnos a seguir, "aquí y ahora", la lucha con cuantos y cuantas estén dispuestos a seguirla. Lo que no debe impedir que reflexionemos y que busquemos en común formas nuevas o cómo utilizar mejor las viejas para potenciar la lucha. Y digo en común porque es evidente que nadie tiene la fórmula mágica de la emancipación y no creo que valga la pena perder el tiempo en buscarla porque quizás no exista.
No, Diana, yo no hago propuestas (tampoco tengo esa "formula mágica), lo único que intento es hacer un llamado a la lucidez, a reconocer lo que es obvio y no queremos reconocer porque pone en evidencia nuestra responsabilidad en lo que sucede.
Pienso y por eso digo que no son las herramientas sino nuestra predisposición a la lucha que debemos cambiar. Piensa en, por ejemplo, la huelga. Es una herramienta que no funciona; pero, si somos honestos, no queda más remedio de reconocer que es porque somos incapaces de llevarla a término y con todas sus consecuencias... Y eso que sabemos que otro gallo cantaría si lo hiciéramos.
Ahora bien, si reflexionamos seriamente comprenderemos el por qué nos debatimos entre el deseo del cambio y el de seguir viviendo como vivimos. Y no es sólo porque nos hayamos dejado "contaminar" por la ideología capitalista del consumo sino también porque es normal, e inclusive legítimo, que queramos vivir (con todo lo que esto implica como deseo humano natural) y no sólo luchar.
Sí, es normal y legítimo, no querer ser mártires. Y es pues normal que la inmensa mayoría de los explotados-dominados actúe así. ¿Debe eso desesperarnos? No, porque, la desesperación no cambiaría nada.
Entonces, ¿qué hacer? Comenzar por reflexionar (es lo que estamos intentando) sobre la realidad de hoy y lo que representa ese "despertar de los pueblos" como lección para salir de la sumisión y ser de más en más insumisos. No sólo frente al Poder con mayúscula sino frente a todos los poderes que han fagocitado nuestras propias relaciones sociales. Luego, tratar de estar más presentes en los movimientos sociales que surjan para trartar de llevar la insumisión lo más lejos posible. Esto es posible, esta a nuestro alcance hacerlo y el resultado será quizás diferente si no nos cansamos.
Sí, Lía, "encontrar la solución"; pero conscientes de que la solución esta en nosotros.
Sí, Diana, seguir movilizándonos; pues es la solución a no renunciar a la insumisión.