La Semana Santa de Los Violentos

Estamos acabando Semana Santa. El viernes fue ejecutado Dios, tras su agitada detención en el Huerto. Veamos algunos puntos oscuros del asunto. El primero, que la doctrina cristiana está deslegitimada, porque Pedro fue un violento, que cuando detenían al predicador, cogió la espada y le cortó la oreja a Malco (1), un colaborador de la policía. 

Exacto. Si por escupir, empujar o por increpar a un diputado de la Generalitat, los periodistas de chichinabo juran que «la protesta ha perdido toda su legitimidad» (2), ¿qué dirían sus excelencias, si  Pedro cogiera un cúter y le rebanase la pilila al señor Puig durante una de sus emisiones radiofónicas? Uhhhh… La que se liaría sería floja. Porque, vamos, en Cataluña, hoy día, aunque el carpintero de Nazaret le grapase tres mingas de rata al conseller de Interior, la antiterrorista se la aplicaban de seguido. Seguro. Doctrina Parot, atentado a la autoridad, resistencia a la detención, intento de homicidio contra un poderoso en el ejercicio de su cargo,  lesiones irreversibles, daño sicológico grave, empleo de armas de guerra…, treinta años de prisión.

En fin, la locura crece y parece que no tendrá fin. La Semana Santa, el Jueves Santo  y el Fantasma Santo, hay que recordar una vez más, de dónde vienen. Aquí, sabedlo, hay mucha veneración a esos ídolos, gracias al fascismo.

En España, tras el golpe de Estado, se reprimió a la población y se prohibieron sus organizaciones. Cárcel, torturas, fusilamiento, exilio, niños adoctrinados en la escuela, y el cura (3) dando informes de todo el mundo: este es ateo, aquél desafecto, el de más allá es chusma republicana. Mátenlos a todos.

Así que, una vez eliminados los disidentes, los aterrorizados habitantes solo tenían dos vías de escape para expresar su sociabilidad: el asociacionismo deportivo, y el religioso. El asociacionismo religioso tenía —además— la ventaja de ser un dato recomendable para las autoridades del Régimen, a la hora del curro, o de recibir el principesco racionamiento (4).

Claro, antes del fascismo, la religiosidad popular era débil, los curas desacreditados, las iglesias vacías. Entonces las imágenes eran sacadas por estibadores a sueldo, y las gentes laboriosas celebraban bodas sin sacerdote y sin juez. Pero después del triunfo de los fachas, para estar bien visto, o para poder estar asociado a algo importante, cuando llegaba el Viernes Santo, a ponerse un capirote («tonto de capirote») y hala, a hacer el gil llevando el paso y la estación de penitencia. Y una cosa lleva a la otra, y ahora, los nietos de los/las que fueron ejecutados, martirizados, humillados, torturados por los fachas, se apresuran para venerar los tótems de los caciques que masacraron física y mentalmente a sus abuelos. Tiene guasa la cosa.

Trompetas, tambores y siniestros capirotes. El paso, que lo lleven los soldados. Lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.

   

NOTAS

(1) Nuevo Testamento. Juan 18,10. Arresto de Jesús. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco.

(2) La manifestación ante el Parlament puede ser un ejemplo de tantos, en torno al tratamiento informativo de los apesebrados. http://www.youtube.com/watch?v=NzgZ79UVgUU

(3) Sobre la Iglesia y la Falange quedó la dura tarea de controlar la retaguardia, y de velar por la moral pública y colectiva. El cura, afiliado o no a la Falange, siempre fue uno de los mejores informantes para los consejos de guerra que instruían las autoridades militares, y esos informes, presentes en los archivos con los del alcalde, el médico y otros personajes solventes, eran empleados para enviar al paredón y a la cárcel a miles de trabajadores.  Las menciones de ser «de derechas de toda la vida», «persona de orden», «apolítico», «nunca se metió en nada», «indiferente», «va a misa»… Se convirtieron en posibilidades de seguir viviendo. Para buscar trabajo fuera del pueblo, que un hijo estudiase, opositar, poder embarcar…, era necesario el certificado de buena conducta emitido por el Alcalde o el Jefe local de Falange, que a su vez se informaban de la opinión del cura. Indicar «falta de moralidad» por el mero hecho de no ir a misa o no participar con entusiasmo en los eventos religiosos o patrióticos,  era motivo de exclusión.

(4) Las cartillas de racionamiento de la Comisaría de Abastecimientos entregaban semanalmente a finales de 1941, 200 gramos de bacalao salado, 200 gramos de garbanzos remojados y 50 gramos de carne de membrillo. En estas condiciones, la desmoralización de la clase trabajadora estaba en auge, y la entrega de familias enteras al fascismo por la miseria que padecían, servida.

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