Análisis

F.Romero. Oviedo

El actual proceso económico que vivimos, sumido en una crisis irremediable del sistema capitalista-financiero, tasas elevadas de desempleo, crisis moral, corrupción política y fracaso del sistema de representación parlamentaria, crea una coyuntura favorable para una tranformación a fondo de la estructura social y económica, una oportunidad única para que los anarquistas planteemos nuestro proyecto de sociedad libre e igualitaria.

 

 

 

 

Si hay algo que caracteriza al anarquismo es su crítica al Estado como institución corrupta de por sí, que no se puede reformar ni transformar, ni siquiera durante un eventual periodo revolucionario de transición hacia el comunismo libertario. El Estado, por tanto, debe ser destruido.

                Los recortes salvajes se suceden a una velocidad vertiginosa. Los servicios sociales públicos son desmantelados, mientras el país ingresa en un vórtice abismal de deuda y ajustes. Ajustes que degradan la demanda y el consumo, y por tanto los ingresos públicos, empujando a nueva deuda. Deuda que, conscientemente utilizada para ello por unos mercados oligárquicos y voraces ayunos de todo control, si quiere ser pagada en sus actuales términos usurarios, impone nuevos ajustes.

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