Acratosaurio Rex

En estos días tenemos que comentar dos grandes acontecimientos, uno el de las movilizaciones de mujeres para el 8 de marzo, con huelga y todo, y otro es el que no voy a comentar, para no distraeros del primero. Eso es. Ojalá este ocho de marzo la huelga que plantean sea un éxito planetario. Pues la cuestión que me sugiere es la siguiente.

Me estaba releyendo el documento que se filtró a la prensa por parte de la CUP el 23 de enero de 2017 (1). Es un documento interesante, porque en él el PDeCAT, ERC y la CUP, pactaban iniciar un proceso Constituyente, una vez empezasen la nueva legislatura, tras votar –lo dicen explícitamente–, al señor Carlos Puigdemont i Casamajó. Vamos a rebobinar.

Desde hace meses quería decir algo de las tonterías (a mí me lo parecen) que leo una y otra vez desde hace años en la prensa,  y que luego se repiten de forma tremebunda, en torno al tema catalán. Una es la de que la movida que tienen allí, una especie de Día de la Marmota Sin Fin, se provoca de algún modo con que el Tribunal Constitucional tiró el Estatuto de Marivent (año 2006) a instancias del PP, lo cual genera gran indignación.

Hace unos días contaba mis impresiones en torno a esa idea que anda lanzando la izquierda, de que el país en que vivimos es un país fascista. Por supuesto. Líbreme la Virgen del Carmen de incitar a pensar que "esto" es justamente lo que llaman democracia. Para nada. Esto es el fascismo. Con banderas, desfiles patrióticos y sacas de madrugada. 

Murió Úrsula K. Le Guin, y puede ser un buen momento para darle un homenaje, y explicar de dónde he sacado mis fundamentos ideológicos y filosóficos: de leer novelas. Hay gente que llega al anarquismo leyendo periódicos, asistiendo a mítines, escuchando música, tras profundas reflexiones o estudiando clásicos. Yo no. En mi caso, lo que más me ha influido, ha sido la lectura de ficción.

En los últimos años, es curioso que desde los púlpitos políticos, se llame "nacionalistas", a cualquiera menos a uno mismo, así lleve encima una bandera de dos metros. Con total tranquilidad se puede denunciar que un medio de comunicación adoctrina, pero el tuyo no. En estado de ataraxia afirmar que la escuela lava el cerebro de los niños, menos la que sirve a tus intereses. Y desenfadadamente declarar, que esos políticos son totalitarios, justamente los que tú no votas.

Por el Acratosaurio. Estaba leyendo el tema ese de portada "de dónde venimos y a dónde vamos", y algunos artículos es que son la alegría de huerta. Básicamente vienen a expresar que los anarquistas estamos como estamos, porque nos falta un jervor.

Por ejemplo, el que dice que está "contra el anarquismo", hace la propuesta de que renunciemos a nuestra identidad, porque definiéndonos como anarquistas, somos reconocidos por el sistema, el poder, la policía, o lo que quiera que sea, y eso no nos conviene. Bueno, hay que renunciar a nuestra identidad –dice–, y eso viene a ser –digo– como renunciar a ser lo que eres. No se puede. Porque identidad tiene todo Cristo. Las feministas tienen identidad, los pacifistas, los ecologistas… Resulta que esos pueden tener su identidad. Pero pareciera que ser anarquista tuviese algo de malo o de erróneo o fatídico. Básicamente –me parece– por esto: porque somos cuatro gatos. [Seguir leyendo]

Ahora que ha pasado un año tan divertido como 2017, me parece oportuno comentar quién ha sido el político que más me ha gustado de este año. Puedo decir sin ninguna hipocresía, que ha sido Carles (Juan Carlos) Puigdemont (1). Me cae bien por lo siguiente.

Hace unos días en un vídeo de esos que me mandan, escuchaba a una señora periodista que ponía a parir a los periodistas, de los que decía que en la Transición se plegaron al discurso del pacto y del consenso, elogiando las componendas con los ladrones y asesinos del franquismo, que darían lugar poco después a lo que ahora se llama en ámbitos de izquierda "Régimen del 78", y antes era "Modélica Democracia". Para esta señora los periodistas de entonces fueron los causantes del negro presente que tenemos, y que según el rey, es futuro luminoso.

Ahora que han pasado las elecciones catalanas, y observando sus resultados, convendría detenerse un poco en esas afirmaciones que se lanzan en torno a los males de la abstención. La peor de ellas, que la abstención beneficia a la derecha, y que si no votas: eres fascista.

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