Acratosaurio Rex

Un nuevo suicidio por la crisis. Se trata de un señor de lustre, un mataosos, y tal, que ha aparecido listo con su carabina al lado. Quien a jierro mata, a jierro muere, dice la Biblia. Acapara portadas de revistas etc., incrementando la curiosa lista de fallecidos de derechas. Los ricos también mueren, menos mal (1). La policía decía en la tele, que cuando la herida es en el pecho, intentando alcanzar el corazón, es porque busca uno acabar con su vida. Claro. Evidentemente, si lo que buscas es quedarte cojo, la herida te la haces en el pie.

En la mitología del activismo sindical, hay muchas leyendas. Una de ellas es la del sindicalista que llega a una empresa, agrupa a los descontentos, los lleva a la batalla y venciendo finalmente, todo el mundo comprende la utilidad del sindicato. Bueno, pues eso es un cuento chino. 

Hay veces que estás hablando de cualquier cosa, por ejemplo de pensiones, y resulta que el que tienes enfrente se molesta por algo que has dicho respecto a los partidos que prometen y no cumplen y se olvidan de los pobres, y entonces te recuerda que también los anarquistas son incoherentes porque Federica Montseny fue ministra y cobró pensión de ministra. Vale. Cuando se pasa de un tema a otro sin transición, y con el simple deseo de desviar el diálogo, se puede decir con absoluta seguridad, que estás frente a un besugo.

Con el tema de la obediencia y la docilidad, muchos pensadores se lo han pasado pensando por qué diablos la gente no se rebela cuando tienen todos los motivos para formar una turba, asaltar el castillo, pasar a cuchillo a sus habitantes y quemarlo hasta los cimientos. ¿Por qué estando metidos en una crisis del copón, la gente no hace algo? Wilhem Reich se preguntaba exactamente esto: la pregunta inversa: ¿por qué la gente obedece? Es inversa porque los académicos suelen investigar más bien por qué la gente se rebela.

¿Que en qué se diferencian? Pues en la cuestión del deseo y de la acción. Un o una anarquista es una persona que está en contra de todo tipo de dominación (1), y aspira a no mandar, y a no obedecer. Su definición parte de ese deseo, y es uno mismo quien lo decide. Nadie puede oponerse a esa afirmación performativa. O sea, que cuando uno o una afirma "soy anarquista", lo es, aunque los demás opinen que "no lo es", por incumplir no sé cuál precepto. 

Un tema que sale en algunas discusiones de borrachos de la izquierda divina (1), es el de las llamadas "conquistas del movimiento obrero", o "conquistas" en general. Por lo visto no son conquistas, si no trampas [voz de lobo feroz] ¡para explotarnos mejor! Es decir: que las vacaciones no son más que un ardid que emplean los poderosos para ganar muchísimo dinero a tu costa.

Como me instan a que diga algo más de filosofía barata sindical, ya que hay que seguir por alguna parte, voy a mencionar otra básica: La base de la acción sindical, es el reconocimiento, la relación, la vinculación. Hay gente que está sola, con unos intereses semejantes, con problemas similares, relacionados con el trabajo, por tenerlo o por no tenerlo, y el sindicato las pone en contacto, las reúne, las agrupa, las saca de la soledad y las organiza para buscar soluciones a sus carencias. Esta actividad se resume en una gran palabra: La Unión. 

Ser sindicalista es muy sencillo, siempre se dan los mismos pasos desde el siglo XVIII. Si está metido en el fregado, seguramente conoce ya los contendientes y lo que suele llamarse "la problemática", o sea, el jodido problema a resolver. Puede tratarse de un abuso, de un carencia, de una insatisfacción, de una necesidad, que siempre enmascara un deseo. El sindicalista busca siempre definir ese anhelo, que tiene que ser colectivo.

Hoy vamos a hablar de la inutilidad de los sindicatos. Es verdad: si tienes un trabajo en el que los jefes son considerados, el sueldo es copioso, los horarios adaptados, el contrato estable, la actividad necesaria, con cordial compañerismo, de forma que llegas a casa realizado, sonriente, y te acuestas tranquilo, tras alternar con tu familia y con los vecinos… No me cabe la menor duda: no necesitas un sindicato. 

Me dicen para picarme, que el alcalde gaditano de ahora, Kichi, cuando tomó posesión del cargo, cambió en su despacho el retrato del rey por el de Don Fermín Salvochea (1842-1907), alcalde de Cádiz, republicano federal, socialista utópico, y finalmente anarquista… Ahí Kichi se dio un baño de Salvochea. De alguna manera intentó, que se le pegase algo (1).

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