Acratosaurio Rex

Ya hemos hablado en varias ocasiones del nulo respeto que me merece el sistema electoral, y lo rara que es la gente votando contra sus intereses. Para que se vea que el bondadoso y gran Acratosaurio no es más imbécil que sus enemigos, y que estos solo se sostienen con el complot desinteresado de los dominados, véase.

Me solicita un personaje que firma su correo como «los cuatro ministros», que si puedo explicar con un ejemplo, la diferencia entre esos cuatro sistemas económicos en un mundo anarquista. Bueno, tomando como referencia la sanidad, ahora que está de moda el recorte, a ver si puedo mostrar las diferencias.

Rosa  fue la pequeña de tres hermanas y nació el 23 de abril de 1924 en Puertollano. A los  tres o cuatro años, por las dificultades de la época, pasó a vivir con una tía paterna (1), que convivía a su vez con la abuela de ella. Desde bien pequeña aprendió a leer y a escribir, su abuela la enseñó a ambas cosas y ella ayudaba a los vecinos de la calle a redactar las cartas que enviaban a sus familiares.

Dentro de la batería de ¿argumentos? que da el facherío en torno a la inmigración,  hay uno que cala hondamente en la mente de la ciudadanía casposa, y es éste: «no hay bastante para todos, estamos en crisis y los inmigrantes se tienen que marchar. Vinieron sin que nadie les llamara…» Falso. Quiero plantearos otro punto de vista.

Hace unos días la Cospedal, mientras anunciaba que se quitaba la Tarjeta Sanitaria a determinados inmigrantes (1), preguntaba… «¿Por qué un señor que no paga impuestos va a tener las mismas prestaciones sanitarias que un señor que sí paga impuestos por estar regularizado o ser nacional?  [aplausos facistoides]». Va. Te lo explico.

Ni al peor de sus enemigos le desea el mal el Acratosaurio, así que la última y célebre luxación de cadera del Reino ha sido contemplada con la angustia del que ve la caída de un anciano. Solo se puede uno detener y echarle la mano para ayudarlo. Así somos los anarquistas (1). Lo que me parece increíble es el que el anciano desoiga mis consejos, y se deje ingresar en la privada.

Érase una vez un reino en el que reinaba un rey muy malo. Un día, mientras el rey cazaba, se quedó dormido en la casamata, y un elefante despistado se echó a descansar sobre él reduciéndolo a papilla junto con su acompañante, de forma que ni con la prueba de ADN fueron capaces de separar los restos. El Príncipe Heredero, atisbando gruesos nubarrones en el horizonte, abdicó  y marchó con su numerosa prole, cuñados, bastardos y hermanos a Grecia.

¿Que qué me parece la revolución islandesa? Es la escueta pregunta que me han hecho en estos meses varias personas. Y como todos los espías que he enviado a ese ignoto lugar, han muerto de manera misteriosa: unos de frío, otros en volcanes, y uno cocido por un chorro de agua hirviendo que salió de la tierra…

Los políticos y grandes empresarios son una casta curiosa. Aman a sus hijos tiernamente, los mandan a colegios caros, los entrenan para que encuentren parejas de su cuerda, los llevan de cacería, estudian para obtener beneficios, poder y sexo. Sus estímulos son la avaricia y el mando. Si pudieran prescindir de los trabajadores, y ganar dinero con robots, nos exterminarían, no me cabe duda, dejando un puñado de pueblerinos a los que dar órdenes como mascotas.

Estamos acabando Semana Santa. El viernes fue ejecutado Dios, tras su agitada detención en el Huerto. Veamos algunos puntos oscuros del asunto. El primero, que la doctrina cristiana está deslegitimada, porque Pedro fue un violento, que cuando detenían al predicador, cogió la espada y le cortó la oreja a Malco (1), un colaborador de la policía. 

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