Acratosaurio Rex

Otra reflexión con el tema del independentismo. La Amalia, la directora de alasbarricadas, me exige que haga un llamamiento a la participación en el referéndum, y a que se lleve a cabo como sea. Es que está muy motivada.

Todo esto del Procés, me tiene un tanto divertido, ya que yo soy el anarquista que está por el Pro-Pro. Nada de Ni-Ni: Ni Mas-Ni Aznar… Qué negativo dios mío. Yo soy Pro-Pro. Es decir, que soy partidario de la Independencia, y si se produce me plantaré en la Consejería de Nacionalidades, a echar los papeles para lo de la catalana, (me hará ser siete veces más rico ¡y sin tener que aprender catalán!).

Anoche, viendo unas noticias, me enteré de que el ministro de Hacienda va a intervenir las cuentas de la Generalitat, y a pagar las nóminas de los funcionarios. Lo revelaba al mundo con una cara de roedor deprimido, como si tuviese ganas de salir corriendo por la trabajera. Pero lo ha dicho, y lo harán –si pueden–, y eso sí que es un ataque con torpedos nucleares al Procés en toda regla. Hay que evitarlo. Me explico.

La directora de Alasbarricadas, La Amalia, me envía un correo amenazante, que o hago un artículo de fondo sobre el proceso catalán y la ofensiva del Estado, o me echan a patadas… En fin. Que hay grandes denuncias de lo mal que se está portando el Estado obstaculizando el referéndum. 

Hay una cosa de los anarquistas que me llama profundamente la atención: las ganas que tienen de  definir, qué es ser anarquista y qué es no serlo. Y los amargos lamentos que lanzan cuando alguien incumple los mandamientos, y se empeña en seguir siendo anarquista.

Me tenéis que perdonar, porque resulta que cuando cojo un tema, me puedo poner muy pesado, y yo he cogido tema con El Libertario de Venezuela. Pero de verdad, no porque sea partidario suyo ni nada de eso, si no por mostrar de algún modo, errores que podemos cometer sin pensarlo demasiado, cualquiera de nosotros, aquí, en Europa, cuando de Venezuela, no sabemos apenas nada.

Otra vez con El Libertario de Venezuela, más que para defenderlo o para condenarlo, para intentar realizar un ejercicio de autocrítica en torno a las consignas que repetimos sin pensar durante años.

Uno de estos mantras que se lanzan para asegurar que El Libertario es de derechas, es la afirmación tajante de que ese periódico exige la intervención de la Organización de Estados Americanos en Venezuela. Organización que según la canción de Los Tradicionales, "es cosa de risa" (1). 

Siguiendo con el tema de El Libertario de Venezuela, querría comentar un par de objeciones que he leído estos días, a la acción de El Libertario como medio de comunicación.

La primera afirma que si el anarquismo en Venezuela está debilitado, se debe a que su estrategia de enfrentamiento con el chavismo es errónea, o a que carece de una estrategia adecuada de actuación revolucionaria, limitándose a criticar por criticar.

Me he animado a perder el tiempo escribiendo algo sobre El Libertario de Venezuela, porque constato que los medios libertarios peninsulares, de cuando en cuando publican artículos poniéndolo a parir, y eso me llama la atención. Cada vez que he visto algo al respecto, me ha dado por leer algún número suelto, (disponibles en internet), y no me ha parecido para tanta mala leche, la verdad. En realidad, los artículos de El Libertario venezolano me recuerdan bastante a los del difunto CNT. Y como ni me va ni me viene, he pasado a otra cosa mariposa.

Los años sesenta fueron pródigos en experimentos de sicólogos terribles, dedicados a estudiar el comportamiento humano en lo que a obediencia y pérdida de autonomía se refiere. Ya en otros artículos (1) hablé del experimento de Milgram, en el que se engañaba a un pardillo para que creyese que estaba friendo con descargas eléctricas a un actor, y del experimento de Asch con el que se engañaba al pardillo para que afirmase estar viendo cosas que en realidad no veía. Pues hay otro experimento del que querría hablar, que es el experimento de Bandura (2).

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