[Palestina] ¡Es la Historia, estúpidos!

 

 [Palestina] ¡Es la Historia, estúpidos!

Jorge Ramos Tolosa

 

Tiempo después del último episodio coyuntural del Holocausto contra el pueblo palestino en Gaza, y tras la celebración de las elecciones en Israel, cabe insistir en una reflexión fundamental en torno al asunto. Verdaderamente, el conflicto palestino-israelí es una realidad contemporánea absolutamente incomprensible sin el conocimiento de sus causas y claves históricas. Durante y después de la calamitosa operación (masacre) Plomo Fundido, los mass media han contribuido a una tremenda distorsión y falta de entendimiento de la situación exactamente por esto; por la ausencia de un mínimo pero imprescindible análisis histórico del conflicto.

Una vez más, los medios convencionales se han dado un pantagruélico festín de sesgadas informaciones meramente descriptivas sobre el tema, mientras que en los medios de contrainformación nos hemos esforzado por derrumbar las premisas y tópicos del doble rasero respecto a Palestina. Uno de los pilares de este ejercicio de deconstrucción ha sido y debe ser el recalcar que esta última masacre del Tzahal (Ejército israelí) sólo es un capítulo más en la planificada limpieza étnica sionista de Palestina.

Desde antes de la creación del Estado de Israel en 1948, la ideología sionista sabía que sólo podría alcanzar su fin último de soberanía hebrea sobre toda la Palestina histórica por medio de la eliminación física de la población autóctona, por medio de lo que se ha llamado la desarabización. Su afán de uninacionalidad y de control de todo el territorio de lo que los sionistas llaman Eretz Yisrael llevaba inherentemente consigo una limpieza étnica del territorio, y con estos propósitos sigue Israel llevando a cabo sus numerosas políticas de violación de los Derechos Humanos y de la legalidad internacional. De esta forma, bajo sus derechos religiosos o históricos (que recientemente han sido desmontados una vez más por el historiador israelí Shlomo Sand), emblemas como “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo” y de este fin de desarabizar, los israelíes se han esforzado en llevar a la práctica tácticas más silenciosas, diplomáticas o terroristas y genocidas para limpiar Palestina. Aquí figuran desde las acciones paramilitares del Irgún o el Haganá anteriores a 1948 hasta las últimas políticas de la “Megacárcel” (bantustanización, Muro del apartheid, checkpoints, asentamientos), pasando por supuesto por la Nakba de 1948 y 1967. Todo ello ha ido acompañado, como sabemos, de una hipocresía exponencial de la comunidad internacional, que ha condenado retóricamente estas políticas israelíes (por resoluciones de la ONU, por medio de países y organismos particulares, etc.) mientras han aplaudido, premiado y mantenido relaciones militares, diplomáticas y comerciales privilegiadas con Israel.

            Esta es una de las claves de todo el conflicto y de cuya ocultación y tergiversación se llevan encargando mucho tiempo los lobbies sionistas y los mass media. Sólo hace falta recurrir a los objetivos sionistas y a la Historia del conflicto para reconsiderar estos paradigmas tan extendidos con la última masacre en Gaza de equiparación, de ataque-respuesta, de quienes son los terroristas, de legalidad y Derechos Humanos, de quien utiliza la “legítima defensa”, etc., etc. cuando un pueblo lleva más de seis décadas siendo víctima un genocidio planificado por el sionismo y, ciertamente, impulsado por la llamada comunidad internacional.

            Y por cierto, no puedo dejar de decir que si alguien va a tildarme de “antisemita” (esa estigmatización tan difundida a cualquiera que critique las políticas de Israel) les volveré a decir que comprendiesen un más poco la Historia, y que supiesen que los árabes y los palestinos también son semitas, estúpidos.

                


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