El Reformismo avanza

El reformismo avanza. Los revolucionarios no saben hacer otra cosa que quejarse de la perfidia reformista. La queja es clara: dicen que los reformistas se juntan con más reformistas, elaboran planes reformistas, y luego los llevan a cabo (colmo de la maldad según parece).

Por ejemplo: con esto del quince eme he tenido el gusto de contemplar a los revolucionarios, doliéndose de que las asambleas eran dominadas por infiltrados que proponían cosas reformistas… Ay. Toda la vida los revolucionarios defendiendo los modelos asamblearios de decisión popular, y cuando el pueblo se los pone en bandeja, los revolucionarios no son capaces de ponerse con el micrófono a decir lo que piensan…, y a llevarlo a cabo con más gente. Amigos: una asamblea no es como la redoma del alquimista, que trasmuta el mercurio en oro.
Igual pasa en las organizaciones más estables: los reformistas son implacables, toman posiciones, plantan morteros y ametralladoras, y van liquidando de uno en uno los pequeños bastiones de revolucionarios quejicosos. Normal también. Décadas de lamentos y expulsiones, de turbios contubernios, de quemar los nervios con interpretaciones ajustadas de los libros, y de mantener el número de apuntados por debajo de diez, hacen perder la paciencia al asno. Recordemos que los revolucionarios, en eso de expulsar y depurar, se las pintan solos. Recordemos que se han pasado años atizando los fuegos de la fragua y estirando a los reformistas en el potro de tortura. Toda esa actividad febril de defensa de las ideas, os va a pasar factura ahora que ha cambiado el viento. Vosotros habéis engrasado el rodillo durante décadas. Así que preparad vuestras costillas como valientes militantes, porque el rodillo avanza implacable. Ni un paso atrás.
¿Cuál es la solución que propone el Acratosaurio? Hay dos. La primera es que cojáis al viejo más viejo de entre los revolucionarios, y lo degolléis dentro de la A Circulada cantando “A las Barricadas”. Esto no detendrá a los reformistas, pero moverá el escalafón y dará que hablar. La otra medida es lanzarse a la batalla… Social. Hay que demostrar que se puede luchar y se puede vencer, sin tener representatividad electoral y sin hacer concesiones al sistema. Es el único modo de combatir al reformismo: con la propaganda por el hecho, que es hacer lo que uno dice, y no decir lo que hay que hacer. Cuando uno hace lo que dice, percibe que en realidad no tiene ni puta idea de lo que está diciendo sobre el sindicato, sobre la asamblea, sobre la revolución. Ese conocimiento lleva al silencio, el silencio al pensamiento, el pensamiento al triunfo y los triunfos atraen simpatías y adhesiones. En cambio cuando uno dice lo que los demás tienen que hacer, el cabreo está servido y el pliego de reformas, firmado con sangre, avanza nivelando el terreno.
Acción y silencio, larga vida a la Gran Apisonadora. Lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.

Comentarios

Una cosa que me agobia, es la cantidad de tiempo que dedican algunos compañeros a denuncia lo mal que hacen los demás las cosas. A crear un ambiente irrespirable y a perder el tiempo. Más vale aprovechar el tiempo, y si algo no nos gusta, demostrar que la vía que proponemos es la buena en la acción sindical, en lugar de proclamar documentos, actas, papeles, diciendo que qué asco, que es el fin, que pobres ideas destruidas... Demos vida  a las ideas poniendolas en práctica, y gastemos menos tiempo en disputas que no van a convencer a nadie. Y si a alguien le resulta insoportable que los demás hagan determinadas cosas, que hagan ellos las suyas y no nos estorbemos, que los tiempos están revueltos y el tiempo es breve.

Aviso Legal  |  Política de Privacidad  |  Contacto  |  Licencias de Programas  |  Ayuda  |  Soporte Económico  |  Nodo50.org