Recientemente, he oído la descripción del anarquismo español como "movimiento kantiano", en oposición a una concepción hegeliana. Al margen de lo categórico y reduccionista de dicha calificación, expresada de esa forma al menos se hace algo antipática, merece la pena indagar en el asunto y tratar de aprender algo por el camino.
El modelo hegeliano puede interpretarse como inclinado hacia la cuestión política, hacia la perfección del Estado ("el espíritu objetivo"), el contexto que permitiría la acción individual. Hegel considerará el Estado como un ámbito objetivo de normas, un sistema compartido que anule el peligro de una subjetividad absoluta. El Estado sería el lugar en el que se desarrolla lo subjetivo, y supone la verdadera libertad según Hegel, no como separación sino como unión que asegure el orden. Como dice Elena Sánchez, en su artículo "Kant y Bakunin" (Germinal. Revista de Estudios Libertarios núm.1), "El Estado no es el resultado de las decisiones individuales conscientes, son éstas las que pueden desarrollarse en el devenir del Estado, configurante de la voluntad". Tal y como la entiende Hegel, su concepción del Estado (unidad como comunidad) es previa a la sociedad civil.
El modelo kantiano, anterior en el tiempo al hegeliano y muy al contrario que éste, pretende que es el individuo el anterior a cualquier instancia aglutinadora; cualquier individuo resulta condición de posibilidad de lo social, y es desde él desde donde se piensa la sociedad. Tal y como la entiende Kant, la libertad parece lo más pura posible, el hombre sería autónomo para otorgarse sus propios fines. Frente a los fenómenos de la naturaleza, regidos por leyes deterministas, el hombre posee una libertad pensada como espontaneidad y opuesta a toda causalidad. Como libre que es, el hombre se da a sí mismo leyes o normas para actuar, surgidas de su voluntad racional (la cual es libre y autónoma). La política sería entonces producto de la libertad de la subjetividad, capaz de legislar y de intervenir en el orden práctico, y sería la autonomía el rasgo más destacado del hombre. Kant consideró que los hombres deberían abrirse definitivamente a la razón y a su autonomía, con la exigencia del respeto a la libertad de los demás, para construir una sociedad política regida por la paz y el respeto recíproco. La ética individual sería para Kant el punto de apoyo desde el que se levanta toda construcción política. El imperativo moral, la libertad de los sujetos, y su capacidad autolegisladora, dan lugar al discurso político.
Según Kant, el gran impedimento para la emancipación del ser humano, y para cumplir con los postulados de
Si Kant consideró que la cohesión social y el perfeccionamiento están dentro de la naturaleza humana, el anarquismo respondió con la aseveración de la existencia de la solidaridad. Bakunin no concibe la libertad en el individuo aislado, es necesaria la convivencia social, y solo la solidaridad la puede hacer habitable. A diferencia de la concepción hegeliana, la posibilidad de una organización social está en cada individuo y se reivindica lo ético por encima de lo político. Se prima lo individual frente a la organización, y se considera que una sociedad libre para tomar sus propios acuerdos funciona mejor que cualquier intento de regulación (algo, siempre autoritario). La solidaridad es la gran meta a alcanzar como la forma definitiva de cohesión social, la que produce la perfecta adecuación entre individuo y sociedad, generadora de vitalidad interna y autónoma.
Si para el anarquismo el mal se encuentra en el Estado, fuente de desigualdad, explotación y violencia, puede decirse que se sitúa por ello en las antípodas de la concepción positiva hegeliana. Según ésta, el Estado no se sostendría por la fuerza y la coacción, sino por la identificación de los individuos con sus instituciones, condición para la existencia de la sociedad. Lo objetivo, según el filósofo alemán, se encarnaría en lo real. Esto no puede ser admitido por la filosofía de la libertad y la conciencia de Kant, y también de Bakunin concretada en la solidaridad y en el apoyo mutuo como nexo social. Kant y Hegel son dos autores de primer orden en la historia del pensamiento, con concepciones enfrentadas que son perfectamente contextualizables, pero que en mi opinión no han sido totalmente superadas por el tiempo. Bakunin no fue ajeno a este conflicto intelectual de una época determinada, y el pensamiento libertario, deudor de este autor fundamental (sin ataduras férreas ni sentimentales), no solo no ha sido superado por ninguna época (aunque, como dice Elena, se puede reivindicar una nueva forma de pensar o de afrontar el problema), sino que considero que sigue estando lleno de futuro.
Visto en Reflexiones desde Anarres.


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