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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 18 Sep 2017, 19:05 
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http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/38881

Fuertes en el trabajo: sindicalismo, autonomía y reorganización

De un tiempo a esta parte vemos con notable satisfacción como hay ligeros signos esperanzadores en el panorama de la lucha obrera y sindical en el Estado español. Además, nos congratulamos de que, poco a poco, se estén estableciendo las bases para un debate de ideas en torno al tema del sindicalismo revolucionario que a medio plazo estamos seguras de que rendirá sus frutos (en ese sentido, os animamos a seguir el debate iniciado en las páginas del portal libertario A las barricadas).

Los signos esperanzadores de los que hablábamos, no obstante, no han de ser tomados a la ligera como fenómenos que anticipen una recomposición de fuerzas proclive a plantar cara de manera efectiva a las oligarquías patronales del Estado español, sino como líneas organizativas -heterogéneas, claro está, pero de gran valor a nivel estratégico- a través de las cuales se pueden intuir posibles desarrollos organizativos que permitan organizar en sus puestos de trabajo a capas cada vez más amplias de trabajadores y trabajadoras de este país. En sus puestos de trabajo, decimos, pero también fuera de ellos, porque la emergencia del llamado sindicalismo social está permitiendo establecer espacios de trabajo y convergencia para, desde el apoyo mutuo y la solidaridad de clase, enfrentar buena parte de las problemáticas sociales (paro, falta de vivienda, escasez de servicios sociales, etc.) padecidas por los de abajo y las de abajo con más virulencia si cabe desde la enésima reformulación del capitalismo postindustrial que se ha cobijado bajo el paraguas de la llamada crisis.

Por otro lado, la autoorganización emergente de sectores del proletariado generalmente desamparados por los grandes sindicatos y la probable interconexión de sus luchas, están permitiendo rearticular un movimiento de trabajo sindical de base que, por un lado, está permitiendo aislar en algunos contextos laborales al sindicalismo de concertación y, por otro, está retratando a aquellos sectores del movimiento obrero, sindical o parasindical, que a día de hoy parapetan su inoperancia bajo el paraguas del dogmatismo, el derrotismo y la autorreferencialidad.

En ese sentido, y sin lanzar las campanas al vuelo, entendemos que atravesamos una tesitura en la que cada vez se hace más posible revitalizar un movimiento obrero autónomo y heterogéneo, enfrentado al sindicalismo de concertación y que, de una vez por todas, pueda sacudirse el lastre de la inoperancia inducida por los sectores que manejan el discurso contra el trabajo y aquellos otros que, habiendo abandonado las problemáticas comunes y las luchas reales de la clase, abonaron el territorio de la marginalidad desde la asunción de posiciones de autorreferencialidad ideológica que, inevitablemente, han conducido a su arrinconamiento e invisibilidad.

Finalmente, y como siempre remarcamos, pensamos que a día de hoy es más necesario que nunca arropar todo este proceso con el fortalecimiento de los debates de ideas en torno a la estrategias de lucha del movimiento obrero en el contexto actual; un proceso que, también a nivel de base, debería acompañarse con un incremento de la actividad formativa y autoformativa de la militancia de las organizaciones y colectivos de base que estén achuchando en este proceso de toma de conciencia y relanzamiento organizativo. Por otro lado, creemos que esta paulatina reorganización del movimiento obrero y sindical de base habrá de hacerse enfrentando las reglas de juego marcadas por el sindicalismo de concertación, lo que, en un principio, se debería traducir en la revitalización de la asambleas de base, los colectivos horizontales y las organizaciones sindicales que honestamente, y a pesar de los pesares, siguen en pie y al margen del tinglado legal levantado por el Estado con el beneplácito de las mafias sindicales UGT y CC.OO. En ese sentido, y de forma consecuente a lo anterior, recomendamos, como lo hemos hecho en anteriores artículos, la conformación de asambleas y colectivos de lucha laboral de base, pero también la afiliación a los sindicatos de CNT que a día de hoy han priorizado la lucha sindical por encima del burocratismo y las labores de propaganda ácrata.


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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 07 Oct 2017, 19:51 
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Sindicalismo de contrapoder y autogestión

Una de las cuestiones que creo suscita más interés en el debate de la renovación sindical, se refiere a la mirada respecto la capacidad de las organizaciones sindicales de favorecer el cambio socioeconómico. El sindicalismo puede y debe influir en la determinación de las políticas económicas, industriales y laborales, a la vez que puede y debe promover procesos de democratización en las empresas y la economía como parte de esa lucha de clases, de esa lucha de poder entre el trabajo y el capital o su eslabón dirigente, por el control de los medios de producción y la distribución de los excedentes económicos. Asimismo, esa lucha puede y debe permitir avanzar en los pasos necesarios para la transformación del modelo económico capitalista imperante en otro socialista autogestionario que sea más eficiente, justo y democrático.

En esa clave, vale la pena mirar los puntos en común entre el sindicalismo, la economía social y la orientación de cambio económico autogestionario que ambos instrumentos y movimientos pueden promover.

El sindicalismo puede y debe influir en la determinación de las políticas económicas, industriales y laborales, a la vez que puede y debe promover procesos de democratización en las empresas y la economía

El análisis de las interrelaciones entre sindicalismo y economía social debe empezar por remarcar la importancia de la economía social a la hora de prefigurar la economía que necesitamos la clase trabajadora a la vez que de establecer esas alternativas hoy mismo. Una transformación real y profunda del sistema económico capitalista por otro autogestionario necesariamente pasará por el impulso de muchas experiencias concretas y la integración de las mismas sustentadas en experiencias previas de cooperativismo y economía social [1].

Más allá de los grandes relatos, el cooperativismo y la economía social en relación al movimiento sindical, ha sido una forma de generar autoocupación, ya sea en contextos de crisis empresarial con despido colectivo o cierre de empresa, ya sea en contextos de desempleo masivo dónde la patronal castiga la militancia sindical y la autoocupación se torna como alternativa imprescindible.

Asimismo la economía social se puede orientar a apoyar luchas sindicales, cómo el caso de la cooperativa de finanzas Coop57 ejerciendo como caja de resistencia para la huelga [2] en apoyo, entre otros, del conflicto de las empresas subcontratadas por Telefónica, un conflicto con una acción sindical diferente a la habitual tanto por los actores cómo los contenidos reivindicativos y los métodos de lucha [3]

A la inversa, el sindicalismo es clave para la economía social al sostener unos valores y prácticas que hacen de contrapeso a la dinámica que se genera por su inserción en una economía capitalista: la negociación colectiva de referencia permite una guía de mínimos en lo concreto de las relaciones laborales y condiciones de empleo en la economía social. Sucede lo mismo con la disputa por el salario social, indirecto -sanidad, educación- y diferido -pensiones, subsidio de desempleo, etc.- que afecta a toda la clase trabajadora incluidas cooperativistas o participantes de la economía social. El sindicalismo cómo organización de masas incide en ese ámbito en apoyo a las redes de economía social y transformadora.

Por último, desde una perspectiva de transformación social no todas las empresas pueden ser cooperativizadas o transformadas en modelos de economía social a corto plazo (por su tamaño, por las relaciones de poder social interno o de mercado externo imperantes, etc.), por lo que se requiere de un fuerte sindicalismo de contrapoder con capacidad de ejercer un control sindical y económico en toda la estructura empresarial y productiva para reorientar el modelo económico y social.

Sindicalismo de contrapoder y economía social

La acción sindical cotidiana, la de las secciones sindicales en los procesos de negociación colectiva, tiene mucho de los valores y fundamentos de la economía social y cooperativa.

Los procesos de militancia sindical orientados a la expansión de derechos sociolaborales se cimientan en una adecuada recopilación de información económico-financiera, productiva y laboral de las empresas para sustentar los procesos negociadores, en una colectivización entre las plantillas de las reivindicaciones dirigidas a los empresarios y la patronal, así como en la articulación de fórmulas solidarias de acción colectiva y huelga indefinida con apoyo de caja de resistencia que es sin lugar a dudas un mecanismo financiero colectivo de solidaridad sindical [4]. Ese poder sindical como herramienta democratizadora de una empresa o sector, es la antesala a modelos de economía social y democracia económica.

El poder sindical como herramienta democratizadora de una empresa o sector es la antesala a modelos de economía social y democracia económica.

Lo anterior es si cabe es más evidente en procesos de reestructuración y crisis empresarial dónde la recuperación de empresas para su posterior laboralización o cooperativización se torna cómo acción estratégica imprescindible para defender las condiciones y nivel de empleo así como la estructura industrial del país, precisamente cuando los poderes político y económico están promoviendo todo lo contrario. Ahí la práctica sindical previa es imprescindible para acometer con garantías dichas experiencias. Parte de esa oposición y asesoramiento sindical y de los economistas de sindicatos de alternativas en procesos de reestructuración empresarial se circunscribe a la búsqueda y evaluación de las condiciones de viabilidad de inversores industriales frente a los financiero-especulativos que permitan recapitalizar las empresas en crisis para mantener o relanzar la producción [5], o alternativamente promover la transformación en empresas de economía social como sociedades laborales o cooperativas [6]. La cuestión, pero, no tiene solo una dimensión micro, sino también macro, de modelo social y económico.

Contrapoder sindical y autogestión económica


¿Cómo puede el sindicalismo ayudar a construir otro modelo económico y social? Sin duda el núcleo vertebrador de la acción sindical es la negociación colectiva. Dos ideas al respecto.

Por un lado, la orientación de la política sindical y los contenidos sustantivos de negociación colectiva hacia objetivos de política económica de altos salarios y pleno empleo. Las dos reivindicaciones clave del movimiento sindical vasco cómo salario mínimo de 1200 euros mensuales y jornada laboral máxima de 35 horas semanales, se integran para mejorar las condiciones de vida con la generación y reparto del empleo, además de con una política salarial solidaria que deviene también en mecanismo de política industrial [7].

Por otro lado la introducción de contenidos de negociación colectiva instrumentales de control sindical económico en las empresas y sectores, esto es, promover la democracia económica en las empresas capitalistas con ampliación de derechos de información, consulta y control sindical de los procesos productivos, de inversión y posterior generación de empleo [8]. Esta mirada hacia los contenidos instrumentales de la negociación colectiva permite avanzar hacia mayor capacidad de control de los procesos de inversión, producción y distribución, a la vez que promover precisamente mayores tasas de inversión y generación de empleo [9]. Asimismo un mayor control sindical de la producción y finanzas empresariales permite limitar el fraude económico, fiscal y a la seguridad social en el que incurren las empresas capitalistas cuyos impactos sociales son demoledores tal como vienen exponiendo estudios realizados por expertos economistas desde la UPV/EHU para Euskadi, representando alrededor del 17’4% del PIB de la comunidad [10].

Euskal Herria tiene un privilegiado potencial -fraguado en décadas de luchas obreras y construcción de alternativas económicas con un asentado cooperativismo- para la configuración de un potente marco autónomo de economía autogestionaria y lucha de clases con un fuerte sindicalismo de contrapoder.

La participación sindical en aspectos de política económica, industrial o fiscal se ha venido canalizando históricamente en el denominado “dialogo social”, los procesos de “concertación social” entre sindicatos, patronales y gobiernos, si bien estos procesos han demostrado limitaciones en cuanto a una efectiva influencia sindical en dichas materias y contraindicaciones en cuanto al aval sindical de políticas públicas neoliberales unido a una dependencia financiera de los propios sindicatos que han entrado en este tipo de procesos de concertación [11]. Algunas vías de intervención alternativas exploradas por el sindicalismo europeo pasan por incrementar la antedicha participación y control sindical de los procesos productivos, económicos y de inversión en empresas y sectores en la negociación colectiva a todos los niveles lo que supone sin duda un elemento configurador del poder en las relaciones laborales hacia una nueva democracia industrial con participación de las personas trabajadoras. Su aplicación en el Estado español puede pasar a corto plazo por esa ampliación de los derechos sindicales de información, consulta y participación, vía cambio legislativo en el Estatuto de los Trabajadores y Trabajadoras o con su reflejo en los contenidos de la negociación colectiva, en materias contable, mercantil y económica, productiva, organizativa y laboral [12]. En relación a la inversión, como variable clave por determinar el nivel de producción y empleo así cómo su orientación sectorial o de actividad, históricamente la propuesta de implantación de Fondos de Inversión de Asalariados ha sido una vía para desde el sindicalismo influir en este elemento de política industrial [13]. En el ámbito vasco empiezan a elaborarse reflexiones en este sentido por parte de EKAI Center, vinculando relaciones laborales, democracia económica y modelo de desarrollo, con el análisis de algunas experiencias europeas de relaciones laborales, inversiones, desarrollo tecnológico, asignación de ganancias y formación, abordando especialmente las relaciones laborales de empresa y el desarrollo económico [14].

En relación a todo lo relatado, Euskal Herria tiene un privilegiado potencial, fraguado en décadas de luchas obreras y construcción de alternativas económicas con un asentado cooperativismo, para la configuración de un potente marco autónomo de economía autogestionaria y lucha de clases con un fuerte sindicalismo de contrapoder. En el marco de esa confrontación ante el sistema capitalista, la consecuencia del incremento de conciencia de clase trabajadora vasca deberia dirigirse a establecer un modelo social de personas y pueblos libres constituyendo un sistema socialista donde la producción, el consumo y la cultura estén en poder y al servicio de las personas trabajadoras, en una auténtica democracia económica. Ello pasa necesariamente por qué el movimiento obrero y sindical establezca fuerte conexión entre acción sindical y los procesos dirigidos a la socialización de los medios de producción y consumo, además de una alianza permanente entre la economía social y el sindicalismo de contrapoder.

En palabras del sindicalista irlandés James Connolly en un artículo de 1908 titulado “Sindicalismo industrial y socialismo constructivo”… a la vez que incrementa el poder de resistencia del trabajador contra los abusos actuales de la clase capitalista, lo familiariza con la idea de qué el sindicato que contribuye a construir está destinado a suplantar aquella clase en el control de la industria dónde trabaja.

NOTAS:

[1] Sempere, Joaquim; García, Ernest. ¿Qué papel pueden tener las cooperativas en una transición postcarbono? Reflexiones desde el cooperativismo en Cataluña. Revista de Economía Crítica nº18, 2014.

[2] Oñederra, Unai. Coop57: una herramienta complementaria a la lucha sindical. Comunicación al II Encuentro de profesionales del asesoramiento laboral y social UPV/EHU, 2016.

[3] Mera, Igor; Mullner, Jana. Huelga de técnicos autónomos y subcontratas de Telefónica Movistar. Una experiencia exitosa. Viento Sur. 22-6-2016.

[4] Rodríguez, Lluís. Huelgas y cajas de resistencia para revitalizar el sindicato. Radicales Libres, Diario Público. 29-9-2016.

[5] Iriarte, Niko. Negociación colectiva y control sindical. Aspectos laborales y económicos. Lan Harremanak nº35, 2017.

[6] Mata, Héctor; Rodríguez Lluís. Recuperación de empresas y negociación colectiva hacia la autogestión. Intervención en el II Encuentro Euromediterráneo “La economía de los trabajadores y trabajadoras”. Tesalónica, Grecia, 29/10/2016. Ver también nota 5.

[7] Rodríguez, Lluís. Revitalización sindical: el pilar de la negociación colectiva y la política sindical. Radicales Libres, Diario Público. 15-9-2016.

[8] Mata, Héctor. Los derechos de información de la representación de las personas trabajadoras: límites legales y mejora a través de la negociación colectiva. Lan Harremanak nº35, 2017. Ver también nota [7].

[9] Estrada, B (2014). Creación de empleo y modernización de la negociación colectiva. Revista Temas.

[10] Zubiri, Ignacio; Fernández-Macho, Javier; Gallastegui, MªCarmen. Economía sumergida y fraude fiscal en la Comunidad Autónoma de Euskadi. Informe del Instituto de Economía Pública UPV/EHU. 2016.

[11] Letamendia, Francisco. Estructura política del mundo del trabajo: fordismo y posfordismo. Tecnos, 2009, pp. 41-42; Elorrieta, Joxe. Una mirada sindical contracorriente. Icaria – Fundación Manu Robles-Arangiz, 2017, pp. 182-188.

[12] Véase notas 7 y 8.

[13] Del Rosal, Mario. La democracia económica y los fondos de inversión de los asalariados: posibilidades y contradicciones. Comunicación al II Encuentro de profesionales del asesoramiento laboral y social UPV/EHU, 2016.

[14] EKAI Center. Relaciones laborales de empresa y el desarrollo económico. EKAI Center – Gipuzkoa Foru Aldundia. 2016

http://radicaleslibres.es/sindicalismo- ... togestion/

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Última edición por Aitor Mena el 14 Oct 2017, 07:58, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 08 Oct 2017, 12:34 
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Investigaciones sobre renovación sindical en el Estado español

El análisis bibliográfico ha mostrado que la renovación sindical es el tercer tema más tratado en los artículos sobre sindicalismo en revistas especializadas en España. Una parte de esta bibliografía consistía en reflexiones sobre los retos actuales de las organizaciones sindicales por parte de autores pertenecientes a estructuras sindicales. Y la otra procede del ámbito académico, y tiene su base en el enfoque de los recursos de poder.

Beltrán Roca, Univesidad de Cádiz (parte de la presentación que realizó en el seminario internacional Globalización, trabajo y poder sindical)

Estos trabajos en los que participaban autores pertenecientes a estructuras sindicales estaban escritos en un tono generalmente normativo, en los que faltan mayores dosis de autocrítica, marcos teóricos más elaborados y análisis más rigurosos (López Bulla 2011; Martínez 2011; Fernández. y Lezcano 2011). No obstante, al ser formulados desde espacios sindicales, los interrogantes ayudan a comprender la posición de las organizaciones, los retos y las líneas sobre las que gira el debate. Representantes de CCOO, como Fernández Toxo y Fernando Lezcano, explican bien los ejes o interrogantes sobre los que su sindicato se plantea estrategias de renovación:

Diferentes tipos de poder sindical, según el tipo de fuentes en los que se base: asotiativo, estructural, institucional, poder de coalición y el poder organizativo

¿Cómo intervenir con aquellos trabajadores, como los desempleados, que tienen roto el vínculo con el centro de trabajo?
¿Cómo intervenir en la pequeña y mediana empresa, en las que la afiliación y representación sindical es extremadamente difícil?
¿Cómo afiliar y organizar a migrantes, precarios o sectores con tendencias corporativistas, principalmente en el sector terciario y en el sector relacionado con la sociedad del conocimiento?
¿Cómo adaptar la estructura sectorial/territorial de los sindicatos a las nuevas realidades de externalización?
¿Sirve el modelo de representación diseñado durante la transición en el contexto actual de una economía globalizada?
¿Es necesario aumentar la autonomía política reformulando la práctica del diálogo social que se ha llevado hasta ahora?
¿La participación en la formación para el empleo ha reforzado y minado la legitimidad del sindicato? (Fernández Toxo y Lezcano 2011: 20-23).

Otra parte de las publicaciones sobre revitalización sindical proceden del ámbito académico, y tienen su base en el enfoque de los recursos de poder (Calleja Jimenez 2016; García Calavia y Rigby 2016). El trabajo de Calleja Jimenez (2016) puede ser ilustrativo. El autor identifica una serie de recursos de poder, sobre los cuales las organizaciones sindicales deben trabajar con el propósito de desarrollar estrategias eficaces de renovación. Su enfoque se inspira en los trabajos como el de Hyman (1981), Gall (2008), o Levésque y Murray (2010), que utilizan la idea de los recursos de poder para la revitalización sindical, aunque también en el trabajo de Elorrieta (2011) en el ámbito de Euskal Herria.

Siguiendo a Gumbrell-McCormick y Hyman (2013: 30-31), el sociólogo español cita las siguientes fuentes de poder sindical:

-Estructural: derivado de la posición que ocupan los trabajadores en la producción o el mercado de trabajo, que confiere mayor o menor poder social de negociación, y de los que depende -junto a otros factores- la fuerza o debilidad del sindicato.
-Asociativo: derivado de la cantidad de afiliados y la aportación económica que realizan al sindicato.
-Organizacional: que depende del grado de identificación e implicación de la afiliación con el sindicato.
-Institucional: en la medida en que la legislación y la participación en instituciones políticas y económicas, sirven para fortalecer el sindicato ganando capacidad de influencia y recursos.

El autor, además, cita tres fuentes de poder que no son propias de las organizaciones sindicales pero que pueden ayudar a fortalecer el sindicalismo:

-Moral o discursivo: derivado de la capacidad para producir y diseminar un relato que llegue a la población, aumentando la legitimidad y los apoyos de los sindicatos en su misión. Depende de la utilización de medios de comunicación de masas, que en muchas ocasiones responden a intereses opuestos.
-De coalición: derivada de crear alianzas con otras organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales.
-Estratégica: relacionado con el empleo eficiente y eficaz de los recursos del sindicato, estableciendo prioridades, planificando e innovando.

De este modo, Calleja Jimenez (2016) reconoce diferentes tipos de poder sindical, según el tipo de fuentes en los qu ese base: asotiativo (mas afiliación, incluir outsiders), estructural (debilitado por segmentacion del mercado de trabajo), institucional, poder de coalición y el poder organizativo (relevo generacional...).

Aunque este enfoque es útil a la hora de analizar fortalezas y debilidades, y de trazar estrategias de renovación, la principal limitación de esta perspectiva es que el punto de partida es el sindicato o trabajadores organizados, y no la clase trabajadora en su conjunto. De este modo, los estudios sobre revitalización sindical en España adolecen de falta de conexión con los análisis en la estructura de clases y las transformaciones en el mercado de trabajo, un enfoque que sí realizan autores como Silver (2005). El punto de partida debe ser, por tanto, el poder estructural de la clase obrera en su conjunto en un territorio determinado, y no exclusivamente las fuentes de poder de las organizaciones sindicales. Este poder se deriva de la posición de los trabajadores en las relaciones económicas, políticas e ideológicas (Las Heras, 2017).

https://www.mrafundazioa.eus/es/articul ... do-espanol

http://www.ehu.eus/es/web/lan-harremana ... ren-02_03a

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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 14 Oct 2017, 07:59 
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Jóvenes y renovación sindical

Melanie Dufour-Poirier, profesora de la Université de Montréal e investigadora del grupo de investigación inter-universitario CRIMT, habló sobre la participación de los jóvenes en los sindicatos en el seminario internacional "Globalización, trabajo y poder sindical" celebrado los días 2 y 3 de octubre en Leioa. Aquí tienes la presentación que utilizó.

https://www.mrafundazioa.eus/es/multime ... nload/file

https://www.mrafundazioa.eus/es/articul ... n-sindical

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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 10 Nov 2017, 10:55 
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Libro interesante, recientemente editado

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Poder obrero: autogestión y control obrero desde La Comuna hasta el presente

de Dario Azzellini e Immanuel Ness, eds.

Compilación y estudio de experiencias de control obrero a lo largo de todo el planeta. Debate teórico y experiencia práctica en defensa de una práctica obrera revolucionaria.

Desde los albores de la era industrial, la mejor y casi única arma de lxs trabajadorxs en la defensa de sus intereses ha sido la acción colectiva. Gracias a ella, a lo largo del último siglo y medio y en prácticamente toda la geografía del planeta se han repetido experiencias de ocupación de fábricas, constitución de consejos obreros y democratización de los centros de trabajo.

A lo largo de este volumen documentaremos algunas de esas experiencias. Expondremos primero el debate teórico que las ha acompañado para sumergirnos enseguida en luchas desarrolladas tanto en sociedades capitalistas como bajo formas de socialismo de Estado. Desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del XXI recorreremos diferentes manifestaciones de un movimiento que hasta el momento no ha recibido la atención que merece. Nuestro objetivo está claro: ofrecer material para el debate entre lxs militantes sobre la potencialidad de las estrategias de no delegación y de gestión directa de los medios de producción. Porque en última instancia, creemos que sólo sobre esas bases podremos construir formas nuevas, inéditas, de democracia obrera.

Dario Azzellini: Doctor en Ciencias Políticas y Sociología y profesor de la Universidad Johannes Kepler Linz (Austria). Lleva varios años estudiando los procesos de transformación social contemporáneos, investigaciones que se han plasmado en títulos como Communes and Workers’ Control in Venezuela (Brill, 2016) o El negocio de la guerra (más de 10 ediciones diferentes alrededor del mundo, entre ellas Txalaparta, 2005). Junto a Marina Sitrin ha publicado Occupying Language (Zucotti Park Press, 2012) y They Can’t Represent Us: Reinventing Democracy from Greece to Occupy (Verso, 2014).

Immanuel Ness: La bibliografía de este investigador de los movimientos de resistencia obrera incluye obras como Urban Revolt: State Power and the Rise of People’s Movements in the Global South (Haymarket, 2017), Southern Insurgency: The Coming of the Global Working Class (Pluto Press, 2015), Guest Workers, Corporate Despotism and Labor Resistance (University of Illinois Press, 2011), Immigrants, Unions, and the U.S. Labor Market (Temple University Press) y Trade Unions and the Betrayal of the Unemployed (Garland, 1998). Es editor de la revista trimestral WorkingUSA: The Journal of Labor and Society.

http://www.laovejaroja.es/poderobrero-a.htm

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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 13 Nov 2017, 17:58 
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Última edición por Llobu el 01 Feb 2018, 03:42, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 16 Nov 2017, 02:16 
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Del apartado de noticias: http://alasbarricadas.org/noticias/node/39212
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Rejuvenecer el sindicato
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Por A. Lareo, militante de Apoyo Mutuo y de CGT Enseñanza Madrid. Publicado en Libre Pensamiento nº 91 y en la web de Apoyo Mutuo.

Movilizar a la juventud e implicarla en la militancia sindical para mejorar sus condiciones de vida no es tarea fácil para el sindicato. Después de años de bombardeo neoliberal sobre lo desfasado de luchar y organizarse en el puesto de trabajo, vivimos cierto resurgir de la organización de personas trabajadoras jóvenes y precarias: organizaciones de barrio, comunitarias, con un marcado carácter feminista… Es fundamental trazar alianzas con toda la clase obrera organizada y plantear estrategias efectivas para revitalizar el sindicalismo y atraer la atención de la juventud luchadora.


En los espacios de lucha de la izquierda socialista y libertaria no hay, por lo general, un problema de participación juvenil (entendida como tal la de aquellas personas menores de 30 años). Movimientos de vivienda, feministas, centros sociales, asambleas de barrio… buena parte de estos espacios están integrados (a veces excesivamente) por personas y militantes jóvenes. Sin embargo, el tiempo pasa y más tarde o más temprano la cuestión del relevo generacional adquiere importancia. En algunos casos, como en los espacios estudiantiles, este ocurre de manera apresurada y forzosa. En otros, en los que la militancia más veterana pasa a convivir con nuevas generaciones de lucha, el proceso acostumbra a darse de forma conflictiva, llegando a veces a provocar rupturas dolorosas. Tampoco son pocas las organizaciones o colectivos que mueren por la incapacidad de gestionar adecuadamente un relevo. Estos problemas impiden acumular experiencia en las organizaciones sociales y dificultan el empoderamiento de las mismas para una transformación social.

Las confederaciones sindicales, con una mayor capacidad organizativa que los colectivos, han demostrado su capacidad para pervivir. Con todo, sufren en general una menor presencia de personas jóvenes que participen y se impliquen en el trabajo sindical y orgánico. Tampoco el relevo generacional va siempre acompañado de una evolución en las formas de hacer que permita conectar con las nuevas generaciones. Hay cuestiones estructurales y culturales que pueden ayudarnos a entender por qué esto ocurre. Existen también medidas que se pueden tomar para lograr una mayor implicación de la juventud trabajadora en el sindicato. Sin más intención que dar aquí unos breves apuntes al respecto, allá vamos.

Cuestiones estructurales

Los cambios en el paradigma del empleo en occidente han construido un tipo de trabajador o trabajadora que es muy diferente al existente hace 20 años, y mucho más a los que existían hace un siglo. Las transformaciones tecnológicas y legislativas han traido cambios al mercado laboral que han modificado el terreno de juego para el sindicalismo. Relaciones neoesclavistas se disfrazan hoy de flexibilidad y economía colaborativa. La brecha de género y la diversidad de figuras contractuales dividen a los trabajadores. También la subcontratación y la ultramovilidad dificultan la solidaridad y aumentan la complejidad de la labor sindical. La inseguridad laboral y la temporalidad limitan la utilidad del sindicato ya que, al normalizarse y abaratarse el despido, se imposibilita el establecimiento de secciones sindicales efectivas en el centro de trabajo.

Estas y otras cuestiones estructurales son realidades por desgracia consolidadas o en proceso de consolidarse. Nuestro trabajo es organizarnos como clase para revertirlo lo antes posible pero, mientras tanto, debemos adaptarnos actualizando nuestra libreta de tácticas y estrategias de comunicación, acción y organización.

Para clarificar las posiciones, nuestro equipo es el de la parte izquierda del terreno de juego. Somos quienes apostamos por construir la democracia y el socialismo a través del poder popular. El equipo contrario es el capitalismo, es el empresariado mafioso, las instituciones del régimen y las élites oligárquicas que algunos han llamado trama; es la troika antidemocrática que atenta contra la soberanía de los pueblos, el engaño consumista y neoliberal; es el desarrollismo que contamina el ambiente, destruye el territorio y pone en riesgo las condiciones de vida; es el machismo y el racismo que nos enfrenta y nos mata. Es, en definitiva, eso que los zapatistas llaman con acierto la hidra capitalista: Un monstruo de mil cabezas que se regeneran tras cortarlas. En la lucha contra ese monstruo cambiante no vale mantener las viejas prácticas intactas, pero tampoco reinventarse sin razón ni sentido. Necesitamos experiencia y renovación, acumulación de victorias y nuevas formas de plantar cara. La incorporación de gente joven será causa y consecuencia de cambios en las formas de organización y, para analizar estos cambios, podemos mirar a colectivos que tratan problemáticas laborales y que cuentan en su organización con personas jóvenes.

Y es que, frente a la precarización del empleo, han surgido en los últimos tiempos colectivos barriales de apoyo comunitario (al estilo de la PAH y Stop desahucios en el ámbito de la vivienda) que inciden también sobre lo laboral. Hablamos, por ejemplo, de ADELA en Carabanchel o la OFIAM de Manoteras. Es curioso que en dichos colectivos no falten jóvenes dispuestas a participar, incluso en puestos de responsabilidad, e influye en esto la visión del sindicato clásico como un espacio burocrático y de otro tiempo (pero hablaré de eso más adelante). Lo cierto es que podemos aprender lecciones valiosas de la línea seguida por esta especie de sindicalismo social-barrial. Para ello, por un lado, es importante establecer canales de comunicación y estrategias de colaboración que apoyen en los barrios el trabajo sindical. Por otro lado, debemos analizar cómo hacer más accesibles o cercanas nuestras prácticas a quienes se movilizan en estos colectivos. Por ejemplo, podemos hacer de la sección sindical un espacio de participación, movilización y militancia que no se limite a temas legales o a gestionar despidos, y que haga uso de las asambleas de trabajadoras y trabajadores como espacios en los que también se construyan relaciones de solidaridad. Esa dimensión comunitaria-relacional entronca con los modelos de los movimientos sociales en los que participa la gente más joven.

Con todo, es muy difícil construir y acumular en el vacío de un modelo de contratación precario, aún con el apoyo de lo barrial. Debemos apoyarnos sobre la negociación colectiva para obtener mejores condiciones laborales que permitan la continuidad de las secciones sindicales. Sin estabilidad, la gente más joven difícilmente adquiere experiencia para sumarse a puestos de responsabilidad y, sobre todo, difícilmente cambia esa cultura militante juvenil que no acaba de encontrarle utilidad al sindicalismo. Cada mejora de las condiciones en un ámbito laboral determinado repercutirá en otros. Cada victoria lograda mejorará las condiciones para organizarse y luchar. Esto, unido a una renovación comunicativa en cuestión de logros, movilizaciones y objetivos, puede aspirar a una revitalización sindical que sume a la juventud trabajadora.

Cuestiones culturales

Más allá de las cuestiones estructurales, materiales, existen cuestiones culturales que dificultan un resurgir sindical y, en general, un avance de la izquierda socialista y libertaria. Entre esas cuestiones se encuentra en un lugar prioritario la debilidad comunicativa, que impide disputar los discursos del enemigo.

Es la derrota cultural la que lleva al sentido común de esta época a considerar el sindicalismo como algo caduco, innecesario. Ese sentido común hegemónico no se ha establecido por casualidad. Cada vez que las estrategias del oponente nos superan y pasamos de la ofensiva a la defensiva, el oponente avanza. Si ese avance no se revierte durante un tiempo, las posiciones se establecen, la situación se normaliza y la ofensiva continúa.

Es importante reconocer que la hegemonía está en manos del equipo contrario, aunque se ha agrietado como consecuencia de la crisis. Esa hegemonía neoliberal tiene implicaciones directas en el día a día del mercado laboral. Cuando hablamos de la explotación encubierta practicada por las nuevas empresas tecnológicas, la palabra “encubierta” juega un papel fundamental. Deliveroo, empresa de reparto en bici, ofrece un trabajo esclavista sin seguro de accidente y por un salario de miseria como una auténtica oportunidad. No trabajas para ellos, colaboras con la empresa, y la disponibilidad total es flexibilidad horaria y libertad para elegir cuándo repartes. Todo de acuerdo con lo que el posmodernismo neoliberal les ofrece a los jóvenes para seducirles: vive tu aventura, trabaja a tu gusto, sé emprendedor, pisa a tu compañero para ascender… La experiencia de la lucha en esta empresa es un ejemplo de que los jóvenes también se organizan para luchar por sus condiciones de trabajo.

Pero no es posible combatir esa losa de lo anticuado del sindicalismo desde las cuerdas, de manera aislada y minoritaria. Recuperar el papel central del sindicalismo en el cambio social es una responsabilidad del sindicalismo en su conjunto. Incluidos, mal que nos pese, los sindicatos del régimen. Tener la capacidad estratégica para trazar alianzas puede permitirnos romper la hegemonía discursiva que margina al sindicalismo. Lograrlo nos dará la posibilidad de ofrecer a los y las jóvenes de nuestra clase una alternativa vital de organización y lucha frente a la propuesta de consumo y precariedad.

La lucha sindical no es un entretenimiento de fin de semana. Al contrario, supone arriesgar el empleo, discutir con tus compañeros de trabajo, enfrentarte a tu jefe, entregar tu tiempo de ocio en reuniones, formación legal, preparación de campañas… un esfuerzo continuado que habitualmente no conlleva el tipo de satisfacciones inmediatas a las que nos acostumbra el capitalismo de consumo. Afortunadamente, no todo el mundo se mueve buscando la satisfacción inmediata (ni todo el mundo tiene la posibilidad de hacerlo). El compromiso sin recompensa es una realidad diaria para las personas trabajadoras, también las más jóvenes. Heroicidades como las de quien cuida de sus mayores o de sus hermanos y hermanas mientras estudian; quien trabaja desde que cumple la mayoría de edad para llevar un sueldo a casa; quien se esfuerza estudiando y dona parte de su beca de estudios a su familia; quien acude al desahucio de su barrio para evitar que expulsen a sus vecinas…

Como vemos, los gestos de compromiso sin esperar recompensa son constantes entre los jóvenes. Pero para que dichos gestos ocurran también dentro del mundo sindical es fundamental un caldo de cultivo apropiado: Una renovación estética, una buena política comunicativa de logros, un buen argumentario frente a los ataque antisindicales que además sea compartido por distintos sindicatos, un discurso claro que explique la utilidad de la organización sindical y que se exprese también usando los términos y los medios de la gente joven (redes sociales, memes, videos, youtubers…). En definitiva, se requiere un buen trabajo comunicativo que deje claro que el sindicalismo está vivo, es útil, que necesita a los jóvenes y que es un espacio con objetivos en el que implicarse.

Sindicalismo y género

Si hablamos de la incorporación y mayor implicación de los jóvenes en el sindicato, no podemos dejar de mencionar la necesidad de dar más espacio e implicación a las mujeres jóvenes. El feminismo está impulsando una revolución con cambios en todos los ámbitos sociales. La lucha de las mujeres está hoy transformando el mundo, superando la resistencia que como hombres ponemos en mayor o menor medida. No sólo exigiendo igualdad efectiva de derechos e irrumpiendo en ámbitos tradicionalmente masculinos; sino también revalorizando trabajos minusvalorados como los dedicados a los cuidados, asociados tradicionalmente a las mujeres.

Pero queda mucho que avanzar. Tenemos que seguir actuando contra la brecha salarial y defendiendo igualdad efectiva de derechos. No es casualidad que los trabajos feminizados coincidan con altos niveles de precariedad y que las mujeres representen la mayoría del fenómeno “working poor”, es decir, personas con empleo que viven en la pobreza. Es imprescindible en estos ámbitos defender una política de valorización, exigiendo condiciones y salarios dignos. Es fundamental apoyar en conjunto la agenda de las mujeres trabajadoras y aprender de grupos como Las Kellys, que demuestran la voluntad y capacidad organizativa de las mujeres para defender sus derechos.

Esa mirada debe llevarnos también un cambio en las prácticas y estructuras sindicales. Hay que erradicar cualquier práctica de acoso o discriminación sexual dentro del sindicato, impulsar las secretarías y puestos de responsabilidad en manos de mujeres, feminizar las formas asumiendo una ética del cuidado, romper con la masculinización de la comunicación pública… Es importante identificar estos desafíos para afrontarlos.

Para terminar

El enemigo es a veces un equipo y otras una hidra. Y es a veces también un muro, un gran muro que golpeamos constantemente, tratando de ensanchar una pequeña grieta que mira al otro lado, hacia el mundo que queremos.

Cuando hablamos de poder popular hablamos del empoderamiento de las organizaciones sociales que pueden construir, recuperar y reconstruir unas instituciones verdaderamente democráticas al servicio del pueblo, no al servicio de una minoría enriquecida y poderosa. Cuando hablamos de sindicalismo hablamos de un elemento fundamental de esa mayoría, la clase trabajadora, formada por quienes carecemos de poder y riqueza a pesar de que hacemos funcionar a la sociedad. El sindicalismo defiende las condiciones materiales de vida de las personas trabajadoras, las que crean la riqueza de los países, las que cuidan y reproducen la vida de sus gentes, las que pueden cambiar la sociedad hacia un modo de vida más democrático, más solidario, más feminista y más ecológico. Los jóvenes, como parte de nuestra clase, no podemos renunciar a esa lucha que es la de todas las personas trabajadoras. Tenemos que ensanchar la grieta, tenemos que seguir golpeando el muro.

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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 24 Nov 2017, 14:57 
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http://alasbarricadas.org/noticias/node/39272

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Las huelgas, ¿herramientas de lucha todavía?

Por Ermengol Gassiot

"Las huelgas avisadas con 5 o 10 días de antelación pierden fuerza, pero una huelga a la brava, sin previo aviso, es ilegal y no la hará nadie". "El apoyo mutuo es nuestra mejor arma, pero las huelgas por solidaridad son ilegales". En el tiempo que llevo a la lucha sindical, los anteriores son frases que he escuchado menudo. Estoy seguro de que, como yo, también muchos otros compañeros y compañeras. Lo hemos oído, lo hemos pensado y lo hemos dicho. Reflejan una auténtica paradoja que sintetiza de manera rápida y directa una de las principales limitaciones del actual sindicalismo en España. La regulación del ejercicio de la huelga, que se vendió como la salvaguarda del derecho de hacerla, de facto la ha descafeinado y ha erosionado su fuerza. Con el tiempo ha hecho que la vayamos interiorizando como la forma lógica de proceder. El camino en el que nos hemos visto abocados no es fácil y si los sindicatos dejamos de ser útiles nuestro futuro es más bien magro. Por lo tanto, si queremos ser algo más que un recuerdo de glorias pasadas de la clase trabajadora, es imperioso reaccionar.

Este escrito nace de esta preocupación. Y se alimenta de una serie de reflexiones que los últimos años hemos compartido varios compañeros, generalmente como debates y discusiones de cara a decidir actuaciones en situaciones específicas. En cambio, prácticamente nunca las hemos podido poner por escrito, por aquello de que la fuerza del día a día te empuja y no te deja tiempo (una excepción es, entre otros, este escrito que ya hace años escribí y que sigo pensando que es vigente). Tampoco quiero ocultar que las huelgas generales y jornadas de lucha de los días 3 de octubre y 8 de noviembre en Catalunya han acompañado las ideas que intento plasmar a continuación. Sin embargo, también quiero aclarar que este texto no pretende hablar del sentido de las dos huelgas en la situación que hemos vivido en Cataluña, ni los porqués de los diferentes planteamientos de cómo posicionarnos en ella como sindicato. Quiero hablar de las huelgas, y de nosotros. Y lo haré por puntos.

1.

Toda huelga se inserta en un conflicto. Es una parte de la confrontación que, como trabajadores/as planteamos a quien nos explota. Por lo tanto, se refiere a la contra y se hace a favor. A favor de nosotros y de nuestros compañeros y compañeras, que compartimos el hecho de ser trabajadoras y trabajadores y de sufrir una situación de desigualdad. Y en contra de quien controla y se apropia de los frutos de nuestro trabajo. Generalmente la hacemos para resolver una situación que percibimos que es lesiva hacia nosotros, es decir para mejorar nuestra posición, o para evitar una degradación de nuestras condiciones de vida y de trabajo. En una realidad de intereses contrapuestos, la huelga es un instrumento. En la medida en que tiene éxito, nos permite alcanzar al menos una parte de nuestras aspiraciones. Asimismo, supone un prejuicio para quien nos explota, que ve como no puede alcanzar unos objetivos concretos y que le imponemos unas determinadas condiciones.

En este sentido, la huelga como herramienta de lucha se contrapone a la noción liberal de democracia. En esta última, es posible llegar a consensos entre opiniones diversas. De hecho, es por eso que generalmente los y las políticas profesionales hablan de "adversarios", destierran el concepto de "enemigos" y hacen un fetiche de la noción de "consenso".
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2.

Del punto anterior se desprende que toda huelga es una herramienta. Es útil porque nos permite alcanzar unos objetivos. Aunque sobre el papel lo tengamos claro, uno puede caer en la tentación de hacer de la huelga un fetiche, una especie de objetivo en sí mismo. Y, precisamente, la huelga es un útil cuando otorga a quien la hace una capacidad de presión. De presionar a un empresario o una administración que, precisamente porque ostentan "poder" sobre nosotros (el que les da el monopolio de los medios de producción y la política) en un escenario normal nos mantienen en una posición de subordinación. Por lo tanto, una huelga ha de buscar construir esta fuerza que debe doblar a quien no quiere ceder, a quien no quiere moverse. Es decir, busca dotarnos de capacidad para obligar. En palabras coloquiales, persigue ejercer coerción sobre los patrones, empresas y administraciones. Concretamente, sobre aquellos/as contra quien se hace.

Bajo esta premisa, el fin de toda huelga es detener la producción en un centro de trabajo, en un sector o en un territorio concreto, en función de su naturaleza y alcance. A nadie se nos escapa que cuanto más masiva y multitudinaria, más viable es que resulte exitosa. Pero tampoco debemos pasar por alto que el hecho de que una huelga tenga un amplio seguimiento nos garantiza, necesariamente, su fuerza. En nuestra historia reciente tenemos múltiples ejemplos en este sentido y algunos los he mencionado en otras ocasiones. Del mismo modo, tampoco debemos pensar que la fuerza de una huelga radica únicamente en el hecho de que los trabajadores no vayan a trabajar. Detener la producción, paralizar el funcionamiento ordinario de las cosas e imponer otro, lo podemos conseguir de varias formas. Lo podemos hacer, por ejemplo, en una huelga de celo o alterando voluntariamente los ritmos de trabajo. Recientemente la situación en los puntos de control del aeropuerto de Barcelona o, ya hace más tiempo, la huelga de los controladores aéreos son dos ejemplos. De una manera diferente, también se puede conseguir incidiendo en otros aspectos importantes del día a día, como por ejemplo la circulación de personas y/o mercancías. Las huelgas de los pasados ​​3 de octubre y 8 de noviembre en Cataluña nos muestran la capacidad que decenas o cientos de cortes de carreteras y vías de tren tienen para detener un país. En un formato específico, los bloqueos de refinerías en Francia de hace unos años o, los de los alrededores del año 2000 de los centros de distribución de combustible en Cataluña, también lo ilustran.
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3.

Todo ello nos sitúa en un escenario donde la finalidad de una huelga no es el recuento final de huelguistas. Del mismo modo que su éxito o fracaso no se mide a partir de la cantidad de personas que la hayan hecho, que digan que la han realizado o que podamos decir que la han hecho. No. El éxito proviene de la fuerza de que nos ha dotado la huelga y si este empoderamiento nos ha permitido imponer nuestros intereses, aunque sea parcialmente. Así pues, no se trata de recontar huelguistas como quien cuenta votos dentro de urnas en una noche electoral. Ni que salir después diciendo que la cifra obtenida es buena (o mala) en sí misma. De hecho, los medios de comunicación y el propio sindicalismo de concertación (y las administraciones y empresas) poco a poco han ido promoviendo este tipo de escenarios. De manera nada neutral porque, al hacerlo, distraen la atención del potencial real de toda huelga y lo desvían hacia una especie de falacia parlamentaria: "tanta gente ha hecho huelga y, por tanto, tú empresa me has de escuchar en el posterior proceso de negociación". Un escenario, este, donde a menudo se prefigura una renuncia a la fuerza de la huelga.

Si la utilidad de una huelga depende de su capacidad de presión, el recuento formal de huelguistas es irrelevante. A nosotros nos puede servir para fortalecer una conciencia colectiva ("nosotros, las y los que hacemos huelga") que puede contribuir a consolidar nuestro poder coercitivo. Pero, más allá de eso, tampoco es relevante de cara al desarrollo de una lucha que, como decía, depende de su potencial para subvertir la normalidad. Y esta capacidad, la evaluamos por otros medios tanto nosotros como aquellos contra quienes hacemos una huelga: cuantas líneas cerradas, cuántas aulas vacías, cuántos trenes sin circular, cuántos pedidos sin entregar ... cuál descenso de la facturación, etc.

En este contexto, algunas batallas que hemos librado para conseguir el reconocimiento de una huelga quizá pierden relevancia. Un ejemplo lo tenemos en el llamado “Paro de País” del pasado 3 de octubre en Catalunya. Una iniciativa que fue diseñada por parte de una parte de los poderes de toda la vida con el objetivo de contraprogramar una convocatoria de huelga general llevada a cabo fuera del sindicalismo oficial y que parecía que tendría una repercusión demasiado elevada. Otro lo podemos encontrar en algunos colectivos de trabajadores/as que no fichan y sobre quien la empresa tiene un menor control, como en algunos sectores de las universidades. ¿Hay que decir a la empresa que se ha hecho huelga y facilitarles así, de manera voluntaria, la retención de parte del sueldo? ¿O lo importante es hacer la huelga, hacer que la huelga nos dote de una fuerza que antes no teníamos? De hecho, ¿cuantos más trabajadores/as puedan alterar la producción capitalista en nuestro beneficio y menos de ellos/as sufran una retención salarial, no nos favorece a nosotros? Son preguntas que me hago... Obviamente, en función de las respuestas deberíamos replantearnos algunas actitudes siempre con el fin de concentrar los esfuerzos en hacer efectiva la lucha, y en el apoyo mutuo y solidaridad entre nosotros.

4.

A nadie se nos escapa que la mejor acción de lucha es aquella que coge desprevenido a nuestro enemigo. Del mismo modo, también tenemos muy claro que la solidaridad y el apoyo mutuo, así como generalizar las acciones, son también nuestra mejor arma. Ahora mismo, la regulación de las huelgas hace que esto sea difícil poder conseguirlo. Las huelgas por solidaridad no están permitidas. Dejar de trabajar de golpe, sin previo aviso, y detener un centro productivo, tampoco (con la salvedad de un número muy reducido de supuestos). Al menos bajo el actual amparo legal del derecho de huelga, diseñado para hacerlo asumible por el capital. De hecho, eso lo tenemos tan interiorizado que en muchos ambientes sindicales se habló más de la legalidad o no de la pasada convocatoria de huelga del día 8 de noviembre en Catalunya, que de si se quería o no apoyar y, en caso afirmativo, hacerlo. Todo un síntoma de cómo, a fecha de hoy, el conjunto de los trabajadores hemos asumido de manera muy general que una huelga, o es legal, o no es. Paradójicamente, algunas de las huelgas míticas que perviven en nuestra memoria colectiva, desde la de La Canadiense de 1919 a la de la Roca del 1976-1977 (y tantas otras) no lo fueron, de legales. Y tuvieron fuerza.

Es decir, tenemos un problema. Nos encontramos con una herramienta, la principal herramienta de lucha como trabajadores/as, la huelga, bastante erosionada en su poder. Tanto por las limitaciones legales que se le imponen como para la asimilación, progresiva y gradual, que los trabajadores hemos hecho de esta modalidad de huelgas domesticadas. Es cierto que en algunas ocasiones hemos conseguido avances e, incluso, victorias. Pero también es igualmente cierto que una buena parte de las huelgas acaban como escenificación de una protesta y, en el mejor de los casos, en victorias pírricas. Aparte, no debemos olvidar que muy a menudo, cuando una huelga obtiene conquistas, es porque en su desarrollo hemos incorporado acciones que van más allá del hecho de no ir a trabajar, ya sea socializando el conflicto, incorporando formas complementarias de presión en la empresa, a proveedores y clientes, etc.

5.

Estoy convencido de que no podemos tardar mucho en intentar cambiar el círculo vicioso que he mencionado en el último punto. Igualmente, creo que esta idea ya está en las cabezas de muchos compañeros y compañeras. Sabemos de las dificultades que conlleva hablar de ello, porque a menudo no queremos, de manera consciente, poner todos los puntos sobre las "ies". También sabemos de los riesgos que conlleva replantear algunas formas de lucha. Hemos visto la represión de cerca, la hemos sufrido, y también hemos experimentado como desde hace unos años se está endureciendo. Y siempre un poco más.

En el otro lado de la balanza tenemos la convicción de vivir en una sociedad en conflicto. Convicción que implica "normalizar" la represión laboral, social y política como una característica más del propio estado de las cosas. Pero que también nos hace tener claro que, la manera de neutralizar precisamente esta represión es que nuestra fuerza la haga inviable. Y, para conseguirlo, sabemos que hay que replantear algunos de los métodos y de nuestras prácticas habituales. Constantemente vamos viendo referentes, aquí y allí, de cómo hacerlo. Estas últimas semanas en las huelgas y jornadas de lucha con cortes en Catalunya, también. Habrá que pensar, pues, cómo replanteamos muchas actitudes entorno las huelgas y cómo las llevamos a la práctica. Asumiendo que quizás no descubramos nada nuevo, pero sí que tengamos que despojarnos de algunas alforjas que en las últimas décadas nos han impuesto. Básicamente, porque las huelgas no pueden dejar de ser herramientas reales de lucha.

Seguramente este escrito no dice nada nuevo. Pero no está de más recordar ciertas cosas.

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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 17 Dic 2017, 11:18 
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Ubicación: Paciencia
Registrado: 28 Abr 2009, 19:57
Contesto a Rejuvenecer el sindicato

Personalmente me interesa más el problema simétrico al planteado por Lareo. Cómo la militancia en colectivos (especialmente en libertarios) no es adecuada para gente a partir de cierta edad, con responsabilidades,... y en este caso la respuesta es también simétrica, los colectivos deberían mirar a cómo se organizan los sindicatos. ¿Qué deben aprender de los sindicatos? Entre otras cosas, que permiten distintos tipos participación y con diferentes niveles de compromiso.

En el movimiento libertario abundan los colectivos en los que, para símplemente estar al tanto de las actividades, es necesario asistir periódicamente a largas asambleas en las que se tratan hasta el más mínimo detalle. Si no es así, estás fuera. Punto. En cambio, la militancia en el sindicato es mucho más flexible. De hecho lo más común entre la afiliación de los sindicatos es no militar. ¿Cuánta gente se pierde en los colectivos porque por motivos personales desconectan un tiempo y luego por haber perdido el hilo o por vergüenza no regresan? En un sindicato puedes participar desde tu centro de trabajo, del local sindical, incluso de tu casa,... Y sabes que eres una parte necesaria del mismo aunque lo único que hagas es dejar que te descuenten dinero de la nómina o la cartilla.

Esto es gracias a la organización. La piedra fundamental es el comité, un grupo cambiante (no siempre tan cambiante como sería deseable) de compañeros/as que se encargan de coordinar todo el trabajo del sindicato. Esta labor sí que no es nada flexible, pero facilita la participación del resto de miembros. Dividiéndose las tareas por áreas (organización, sindical, jurídica, social, comunicación, mujer,...) lo ideal no es que esa persona se coma todo el trabajo del área, sino que tenga un grupo de trabajo detrás. Son estos grupos de trabajo temáticos los que permiten la militancia diversa (incluso se pueden coordinar vía nuevas tecnologías). A estos se puede añadir comisiones para cuestiones específicas (desde unas jornadas culturales a un conflicto laboral) donde tienes una mayor implicación, pero por un corto espacio de tiempo.

Los grupos de trabajo tienen otra ventaja: Facilitan la fiscalización y renovación del comité, pues hay personas que están familiarizadas con el trabajo de las secretarías.

Si os dais cuenta, estas instancias se dedican a sacar trabajo adelante. Los acuerdos se toman en asamblea general. Pero estas son más dinámicas porque no hace falta tratar las cuestiones técnicas (no se redactan escritos, elaboran carteles, cumplimentan instancias,...). Cierto es que los sindicatos cuentan con la ventaja de tener muy claros sus ámbitos y formas de actuación.

Por otra parte, en cuanto a la dimensión comunitaria-relacional, por ahí estoy leyendo que frente al individualismo de la sociedad debemos ofrecer una comunidad con relaciones sociales densas. Esa campaña para invitar a la gente con la que se comparte escalera a tomar un café, por ejemplo (no encuentro ahora referencias). Quizá algún sindicalismo esté falto de ella, pero esa es precisamente una de las críticas que recibe el anarquismo: Ofrece una identidad y un grupo relacional, pero no es útil para incidir en la transformación social. Quizá el problema sea es que las relaciones se establecen al rededor del ocio y no van más allá. A lo mejor en cooperativas de consumo, huertas colectivas, guarderías colectivas,... al tratarse necesidades materiales, surjan relaciones más fuertes que integren los cuidados.

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Pero vamos al tema. En lugar de citar párrafos voy a citar un resumen personal del texto. Por lo tanto lo citado es mi interpretación de lo que dice Lareo.

Citar:
En los sindicatos alternativos hay muy pocos jóvenes. Esto es debido en gran parte a la precariedad del empleo juvenil que dificulta mucho la sindicalización de este grupo. Sin embargo hay colectivos que practican sindicalismo social-barrial (PAH y Stop desahucios en vivienda, ADELA y OFIAM variado, también laboral) que sí cuentan gran presencia de jóvenes.

Estos colectivos tienen:
  • Presencia y trabajo en los barrios.
  • Una dimensión comunitaria-relacional solidaria, participativa, movilizadora y militante.
Creo que estos problemas son más de ciudades grandes, donde los sindicatos de una misma central están muy parcelados por ramos

Ideas al respecto: Oficinas y grupos de barrio. Oficinas en los barrios donde se puede hacer labor militante de consultoría sindical y que también sea un punto de encuentro para la afiliación del barrio.En Francia hay experiencias de Interprofesionales de proximidad que parecen ir en esa línea. Los sindicatos llevan décadas prestando sus locales a colectivos. A lo mejor ha llegado el momento de que haya reciprocidad.

Ciertamente lo de quedar por quedar no tiene mucho sentido. Personalmente creo que no debemos abandonar la propaganda en la calle (carteles, pancartas,...). Al estar divididos los afiliados por sindicatos de ramo es un poco complicado, porque las pegadas deben hacerse por barrios y a poder ser por personas que lo conozca bien. Entonces se pueden hacer grupos de barrio en que afiliados del mismo sindicato de distintos sectores, coordinados por una persona y esta a su vez con el Comité Local, queden periódicamente para decorar su zona.

Obviamente, hacer que afiliadas del mismo barrio (y que a lo mejor no tienen posibilidad de acercarse periódicamente al local de su sindicato) se conozcan y colaboren abre la puerta a iniciativas dentro y fuera del ámbito sindical.

No estaría mal sondear esta vertiente barrial, pero, y aquí no respondo el artículo de Lareo sino otros que he leído, teniendo en cuenta que:
  • Muchas personas no trabajan ni pasan sus momentos de ocio en el barrio en que residen. No existen las redes relacionales densas de antaño sobre las que apoyarse y crearlas no será tarea fácil.
  • Si se va a trabajar en las empresas de fuera a dentro, el objetivo es entrar. Sin afiliación de trabajadores/as los únicos conflictos que se van a abordar son reclamaciones por despido. Probablemente, una vez estabilizado un grupo de barrio, se plantee entrar en un ramo laboral del mismo. Para lo que es necesario mucho trabajo de campo y vienen muy bien las relciones informales.
Citar:
Cuestiones culturales
Debilidad comunicativa. El discurso hegemónico es que el sindicalismo es algo caduco e innecesario. La lucha sindical es absorvente, tediosa y pone en peligro el puesto de trabajo.
Para llegar a la juventud es necesaria
  • Renovación estética
  • Política comunicativa de logros
  • Argumentario frente ataques neoliberales en común con otros sindicatos
  • Discurso claro sobre utilidad del sindicalismo
  • Utilización del lenguaje juvenil (redes, memes, vídeos, youtubers,...)
Totalmente de acuerdo. Es más, estas iniciativas pueden surgir del grupo de comunicación del sindicato. Y no me refiero únicamente a la comunicación oficial. Se pueden hacer perfiles y gestionarlos de forma colectiva. Que los lleve un grupo de trabajo del sindicto pero con la apariencia de ser de una persona particular. Perfiles con los que ser más sarcásticos y menos prudentes y educados, pudiendo abordar con mayor agilidad una mayor variedad de temas sin miedo a meter al sindicato en un lío, pero difundiendo los argumentarios y las ideas-fuerza que propios del mismo. Si detrás de Sindical Today (web | twitter) no hay un sindicato, debería haberlo.

Citar:
Sindicalismo y género

El feminismo está transformando el mundo. Darle más importancia a las reivindicaciones de las mujeres en el ámbito laboral. Dar más espacio y visibilidad a la mujer dentro del sindicato.
De nuevo, totalmente de acuerdo. El feminismo es hoy en día el movimiento social con más empuje y dinamismo entre la juventud. Desde luego motivos no les faltan. Hay que intentar hacer del sindicato una herramienta útil para la lucha de la mujer. Ahí tenemos la experiencia de piquete feminista en Iruña.


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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 18 Ene 2018, 21:53 
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[Opinión*] EL EFECTO DOMINÓ
*Las opiniones personales de los afiliado/as al Sindicato Único de Premià colgadas en este blog son únicamente responsabilidad de quienes las firman.

Ideas para fomentar el Sindicalismo Revolucionario en la sociedad actual

No es mi intención con este escrito hacer un exhaustivo análisis de los motivos que han ayudado a que la Clase Obrera actual se haya alejado del sindicalismo, ni intentar descubrir porque hay una ínfima cifra de afiliación sindical en España, pero si que intentaré argumentar la importancia del sindicalismo, la necesidad de la organización de los trabajadore/as y la apuesta por una estructura que alcance todos los lugares donde los trabajadore/as hacemos nuestra vida cotidiana y por supuesto la apremiante necesidad de unidad y relación entre quienes consideramos el sindicalismo, no sólo una herramienta para defendernos en el día a día en las relaciones laborales sino también como una fuerza que pueda acercarnos hasta la conquista de los medios de producción, siendo gestionados a por los trabajadore/as a través de los organismos sindicales, más allá de concepciones ideológicas o tácticas.

Las anotaciones e ideas que a continuación detallo son producto de la actividad sindical que he ido desarrollando durante varios años dentro de la junta de un sindicato en la que asumí diversas secretarías, en la sección sindical de empresa y en conflictos laborales tanto propios como ajenos en los que he participado. Conflictos que en ocasiones he considerado resueltos con éxito y un rotundo fracaso en otras, aún cuando las previsiones mínimas se han conseguido.

He titulado a este escrito “El efecto Dominó” porque como las fichas del dominó, si caé la primera, es difícil detener a las siguientes. La primera ficha considero que es el empleo, el tener un trabajo estable con una remuneración que te permita vivir dignamente y con unos derechos que puedan satisfacer tu vida cotidiana, conciliando trabajo y familia. Desgraciadamente esta situación laboral ya no existe, si es que alguna vez a existido para la mayoría de trabajadore/as, hoy en día incluso personal con contratos indefinidos se pueden encontrar en la calle de buenas a primeras o mermados sus derechos. Por otro lado, la precarización de las condiciones de trabajo nos ha llevado a dividir nuestra clase en precarios y no precarios, cosa que considero un error.

En este punto, donde como mínimo estamos divididos en dos colectivos, precarios y no precarios, entra en juego el factor del miedo y las necesidades de cada persona. ¿Por qué un trabajador/a indefinido va a defender sus derechos si tiene miedo de represalias en el trabajo? ¿Por qué un trabajador/a con condiciones precarias se va a enfrascar en conseguir esos derechos que no tiene, si lo que le gustaría es tener otro tipo de trabajo? El miedo a perder el trabajo y a otras represalias es la principal fuerza de la patronal para tenernos sometidos, por lo tanto aquella organización que pueda romper ese miedo y dar confianza a los trabajadore/as podrá ser un contrapeso dentro de la sociedad que haga que nos respeten como trabajadore/as.

Pero hay que tener en cuenta que nuestra situación en el trabajo no acaba en las puertas de las empresas, nuestras vidas van en consonancia con esa situación y afectan al circulo familiar. Por esta regla de tres, cuando el trabajador/a está desempleado la situación familiar se agrava, los problemas se multiplican. En época de crisis económica, al haber un número elevado de trabajadora/es en paro, la vida en los barrios obreros se ve sometida a un aumento de la violencia, tráfico de drogas, alcoholismo, xenofobia... entre otras lacras. Y para ponerle la guinda al pastel aquellas personas que no pueden seguir pagando su vivienda se ven desahuciadas por los bancos si tienen hipoteca o por el arrendador/a si tienen alquiler. Trabajadore/as en paro que vuelven a la vivienda familiar, siendo los abuelos quienes llevan la economía del hogar con unas pensiones que nunca llegan para todo.

Visto este panorama, considero que el Sindicalismo Revolucionario no solo debe intentar centrarse en las empresas, sino que debe actuar en todas aquellas circunstancias en las que las necesidades básicas del trabajador/a se vean atacadas, desde el puesto de trabajo hasta el barrio y el municipio. Considero que el sindicalismo debe volver a la senda por la que nunca debió desviarse y empezar a organizar una sociedad paralela al Estado, creando unas estructuras que puedan satisfacer nuestras necesidades.

Algunas organizaciones sindicales, principalmente aquellas que se autodefinen como anarcosindicalistas, ya tienen en sus estatutos y normativas internas las estructuras y organismos para hacer frente a lo que nos afecta como trabajadore/as. Sindicatos, Secciones Sindicales, Grupos de Barrio, Federaciones de Industria, Consejos Económicos, Cooperativas, Cajas de Resistencia... Esto ya lo tenemos pensado, pero ¿Lo hemos puesto en marcha? ¿A que nivel? ¿Que resultados están dando?

A mi modo de ver, la “atomización” del movimiento sindical en decenas de organizaciones, compitiendo entre ellas, cuando no abiertamente enfrentadas, nos perjudica. El hecho de que los sindicatos de base, alternativos, grupos de trabajadore/as asociados y organizaciones anarcosindicalistas, (haciendo una separación entre estos y los sindicatos corporativos, nacionalistas y de concertación) no tengan una mínima coordinación a todos los niveles en la defensa de los derechos de la clase obrera, considero que es un error. Y ese error se acentúa cuando nos fijamos en las diferentes organizaciones anarcosindicalistas, esa falta de coordinación y enfrentamiento entre las distintas escisiones, desfederaciones y grupos expulsados o que han abandonado la Organización. Después de 40 años desde que se legalizó la C.N.T. en 1977 no sólo da la sensación de que todavía no nos hemos centrado ninguna de las ramificaciones del árbol, sino que ponemos por encima de todo la supervivencia de las propias organizaciones a las causas, motivaciones y metas por las que creo que se fundó hace más de 100 años. La lucha intestina entre los seguidores y detractores de una u otra táctica sindical (comités de empresa - secciones sindicales), el tipo organización (sindicalismo obrero – integral) y la pugna entre tendencias, corrientes, pensamientos y personalismo, han desgarrado durante estos años a la única organización obrera, a mi parecer, que pudiera tarde o temprano hacer frente a las gestoras sindicales y a la propia patronal. Nos encontramos a día de hoy, con varias organizaciones anarcosindicalistas y sindicalistas revolucionarias a nivel nacional, pequeñas federaciones sindicales y algunos grupos de sindicatos autónomos sin conexión, que quizás entre todas no deben superar los 100.000 trabajadora/es afiliado/as, todas ellas aparecidas a partir de la matriz que se reorganizó antes del famoso y discutido Vº Congreso Confederal de la C.N.T. Lo que pudo ser y no fue.

Considero importante, a priori, la necesidad de un entendimiento entre todas estas organizaciones, poniendo énfasis en la capacidad y trabajo de sus militantes y afiliado/as para empezar a crear una alternativa al Estado. Y por su puesto, esta coordinación no deberá darse únicamente entre los comités generales o regionales de estas organizaciones, sino entre las propias secciones sindicales de empresa, los grupos de barrio, sindicato locales y sectoriales... Me refiero a reorganizar el sindicalismo revolucionario sin necesidad de destruir las organizaciones que actualmente existen. Creo recordar que la Organización SOLIDARIDAD OBRERA acordó en uno de sus congresos la coordinación entre ellos, la C.N.T y la C.G.T, pero a nivel exclusivamente nacional. En otras ocasiones en algunos pueblos y ciudades se han coordinado estas organizaciones, junto a otros sindicatos, para temas concretos, pero de ahí no ha pasado. Una verdadera coordinación en los niveles más bajos (empresa, distrito, barrio) y estable en el tiempo no se ha dado, que yo sepa. Quién sabe si esa estrategia, esa “Coordinadora Sindicalista” de empresa y/o barrio, sería el embrión de un gran sindicato.

“La Coordinadora Sindicalista” de empresa.


Comenzaré considerando si las estrategias en las empresas y los organismos con los que nos dotamos nos son útiles o no para los trabajadore/as. En primer lugar tenemos las Elecciones Sindicales donde concurren los sindicatos o candidaturas independientes que lo desean y tienen personal suficiente en esa empresa, afiliado/as o no, para entrar y formar un Comité de Empresa. Por otro lado tenemos las Secciones Sindicales de empresa, colectivos formados únicamente por afiliado/as a un Sindicato en una misma empresa o centro de trabajo.
os que se presentan.

Al cabo de cuatro décadas, no considero que ni una ni otra estrategia nos haya servido para que la Clase Obrera pudiera hacer frente a toda la perdida de derechos que ha habido, aunque posiblemente las secciones sindicales no se hayan desarrollado como herramientas eficaces debido a que quienes apuestan por ellas están en un momento de “experimentación”, expansión y consolidación en aquellos centros de trabajo donde se den las posibilidades. A parte, la Sección Sindical creo que es una estrategia más avanzada que los Comités de empresa porque pueden estar formadas por trabajadore/as de distintas empresas en un mismo centro de trabajo.

No engaño a nadie cuando escojo como estrategia más eficaz para nuestros intereses la Sección Sindical, eso si, con una alta afiliación entre la plantilla y que estos estén formados sindicalmente, porque con el tiempo me he dado cuenta que el hecho de tener una sección sindical con una afiliación alta respecto al total de la plantilla, pero integrada por trabajadore/as que no les interesa su formación ni participación en el sindicato ni en la sección, hace que a primeras de cambio, está se resquebraje y acaba por desaparecer o peor aún, por perder un conflicto laboral. Por esto digo que es indispensable la formación del trabajador en aspectos sindicales.

Por otro lado, el presentarse o no a las elecciones sindicales y formar Comité de Empresa, aún cuando puedas tener mayoría de delegados, aún cuando seas la persona más honrada del mundo sindical, hay que tener en cuenta que la plantilla únicamente te ha votado, eso no significa que siempre acate las decisiones que se hayan tomado en reunión del Comité de Empresa, porque no es un organismo asambleario y en pocas ocasiones se convocan asambleas de trabajadores y que las decisiones que se toman en éstas sean vinculantes.

En todo caso, recordemos que hay organizaciones anarcosindicalistas que se presentan a elecciones sindicales, chocaría entonces la idea de la “Coordinadora Sindicalista” dentro de las empresas. ¿Qué hacer ante este problema? Considero que debería existir un entendimiento, un pacto de no agresión e incidir entre las secciones sindicales de los sindicatos revolucionarios y anarcosindicalistas en procesos asamblearios vinculantes, dando voz y voto a toda la plantilla y de paso ser un contrapeso al Comité de Empresa. Una empresa difícil pero no imposible, todo dependerá de quienes formen esas secciones sindicales.

Tened presente que esas “Coordinadoras Sindicalistas” deberían hacerse en todos los niveles de la organización empresarial, desde el centro de trabajo y/o empresa (donde convergerían las secciones sindicales de cada organización sindical y de cada empresa que pudiera trabajar en ese centro de trabajo) hasta el grupo de empresas, UTE's, etc.

Con esta idea, intento por un lado poner en común acuerdo a las secciones sindicales que optan por distintas estrategias y por otro, sumar el esfuerzo militante y económico de compañero/as de esas organizaciones dentro de la empresa, en tanto que sin querer pensar mal, asumo que nuestras tácticas puedan diferir pero confío en que las metas son las mismas a corto, medio y largo plazo, desde la defensa inmediata de nuestros derechos hasta la conquista de los medios de producción, distribución y consumo.

Quizás los objetivos básicos a corto plazo que debieran plantearse desde la “Coordinadora Sindicalista” en cada centro de trabajo y empresa deberían ser:

– Labores habituales de defensa y conquista de derechos laborales y sociales dentro de la empresa.
– Convocatorias periódicas de asambleas de trabajadore/as.
– Formación sindical.
– Creación entre la plantilla de una Caja de Resistencia.

Estas “Coordinadoras Sindicalistas” de empresa deberían tener una estructura de abajo a arriba, desde el centro de trabajo hasta llegar al nivel nacional.

“La Coordinadora Sindicalista” de barrio.


“La Coordinadora Sindicalista” en el municipio y en el barrio debería ser, como en el caso de las coordinadoras en las empresas, la agrupación de afiliado/as de las organizaciones sindicalistas revolucionarias y anarcosindicalistas en lugares determinados, sumando el esfuerzo militante en defensa de nuestros derechos sociales y la convivencia pacífica en los barrios y municipios.

Considero como he dicho más arriba que el sindicalismo no se debe quedar únicamente en las empresas, pero la organización dentro de las empresas y el grado de efectividad inciden en la vida de los trabajadore/as. Por este motivo, veo que hay una carencia en las organizaciones sindicales en llegar a aspectos que como digo no deben quedar al margen, y con sorpresa en demasiadas ocasiones vemos a militantes anarcosindicalistas participar en colectivos de ámbitos en los que el sindicalismo es suficiente valido como para tener su propia voz y estrategia. Nos encontramos de nuevo, en ausencia de un organismo puramente sindical que pueda dar respuesta y soluciones a aquellas problemáticas con las que nos encontramos la Clase Obrera. Desde el desempleo hasta la vida en los barrios deberían motivarnos para dejar de lado aquellas diferencias y ponernos manos a la obra para dar validez a nuestras ideas y arreglar como poco que podamos aquellas deficiencias con las que vivimos.

Todos tenemos nuestras inquietudes sociales y nuestros problemas más allá del puesto de trabajo, por lo que considero que debería haber un entendimiento y crear grupos específicos en los barrios y municipios, formados por afiliado/as de las organizaciones sindicales. Grupos de trabajadore/as en paro, contra los desahucios, por la higiene en los barrios, de trabajadore/as autónomos, grupos de apoyo a trabajadore/as emigrantes e inmigrantes y todos aquellos grupos que en cada momento los militantes consideren oportuno constituir... Grupos que, o bien pueden hacer esas actividad en solitario o bien pueden sumarse a la lucha de otros colectivos, sin perder su esencia sindicalista.
Estos grupos, en segunda instancia, serán quienes contengan las fichas del dominó que bien pudiera hacer caer la primera, la del empleo, cuando este es demasiado precario o sencillamente no exista.

“Coordinadora Sindicalista” de Cooperativas.


De un tiempo a esta parte, se está dando un pequeño auge de las cooperativas de consumo y en menor medida de producción en distintos municipios y ciudades. Considero su existencia como positiva, aún cuando posiblemente estén constituidas por grupos muy reducidos de personas y/o cuando en muchos casos, principalmente en las cooperativas de consumo, el producto suele tener un precio más elevado que en los circuitos comerciales. Es aquí donde el sindicalismo, de nuevo debería ponerse manos a la obra e intervenir, fomentar y apoyar cooperativas de consumo y de producción. Pienso que en la situación en la que vivimos actualmente, deberían las organizaciones sindicales plantearse la idea de constituir cooperativas que puedan satisfacer las necesidades de los trabajadore/as. Cooperativas de construcción y mantenimiento de viviendas, agrícolas, de producción industrial, de panadería y consumo, escuelas y centros médicos... Aquí empezaríamos a levantar esa sociedad paralela... Demostrando que la Clase Obrera no necesita al Estado.
Los Sindicatos están formados por trabajadore/as, de todo tipo de profesiones, y muchos están desempleado/as, ¿no sería oportuno reunir a estos trabajadore/as e intentar con ayuda técnica, moral y económica de las organizaciones, que estas trabajadore/as constituyan cooperativas?

Si el grueso de vecinos de un barrio compra sus alimentos en cooperativas de consumo y agrícolas, viven en viviendas que han construido o rehabilitado la cooperativa de viviendas, que se visten con la ropa del taller téxtil, que sus hijos van a la escuela del sindicato... Esto hará ver a quién sea, que es un barrio autosufienciente, en el que muchos vecinos trabajan en esas cooperativas y que ofrece recursos y servicios al resto de vecino/as.

Por otro lado, el cooperativismo que debería proponer el Sindicalismo, tendría que ser autogestionario. Esto me hace pensar en la problemática que se da en las administraciones públicas, principalmente en Ayuntamientos con el tema de la remunicipalización de los servicios externalizados y subrogados a empresas privadas o semi-privadas. Aunque por regla general el Sindicalismo Revolucionario actual apuesta por “lo público”, que no deja de ser otra cosa que la gestión directa de los servicios por parte de la Administración, considero que esa gestión corre a cargo de técnicos, funcionarios y políticos, no de la plantilla que forman esas empresas públicas ni de los Sindicatos, ni de las Asociaciones Vecinales, entidades que considero que deberían gestionar esos servicios.

A modo de conclusión, las ideas que plasmo en este escrito para la revitalización del Sindicalismo Revolucionario son las siguientes:

– Agrupar a los afiliado/as de las Organizaciones Sindicales en “Coordinadoras Sindicalistas”

– Constitución de Cajas de Resistencia Obreras.

– Fomentar la formación sindical.

– Fomentar las herramientas de lucha.

– Fomentar y organizar el cooperativismo autogestionario.


Conclusiones

Quizás no digo mucho más de lo que las ya de por si decenas de organizaciones sindicales (principalmente anarcosindicalistas) tienen acordados en sus estatutos, pero lo que intento dar a entender es que mientras exista esa separación entre quienes creo que deberían componer una única organización, las cosas no van a mejorar mucho para las organizaciones sindicales y por lo tanto para todo/as nosotros/as los trabajadore/as. Está claro que a corto y medio plazo las diferencias no van a desaparecer y ninguna organización va a dar su brazo a torcer, pero es una necesidad imperiosa la unidad de acción donde realmente es necesaria, que como repito es en las empresas, municipios y en los barrios. Que los comités nacionales, regionales o del nivel que sean de esas organizaciones acuerden que un día al año se juntarán para hacer una huelga, el 1º de Mayo o cualquier tipo de acto no creo que solucione muchas cosas si no ha habido anteriormente un enorme trabajo de la militancia sindical y esfuerzo de la afiliación.

Apuesto por la colaboración de los afiliado/as, militantes y secciones sindicales en primer lugar. Que los militantes sindicalistas organicen y se unan en esas “Coordinadoras Sindicales”, o como se les quiera llamar, y que éstas puedan dar solución a muchos de nuestros problemas como clase obrera, hará que de nuevo una gran parte de los trabajadore/as vean en el sindicalismo una herramienta que los aparte del miedo y la apatía general que sufrimos.

Volver a poner en el centro de la sociedad al Sindicalismo Revolucionario, demostrando que es un organismo capaz y una herramienta que solucione los problemas de la Clase Obrera es una empresa gigantesca, pero por algún lado se deberá empezar a construirla y solo me imagino a los militantes de los sindicatos, mínimamente centrados, capaces de dejar de lado cualquier diferencia estratégica, doctrinal o de organización.

Fdo:
Joaquín O.
Trabajador Metalúrgico.
Maresme (Barcelona), enero de 2018


traido de: http://cntpremia.blogspot.com.es/2018/0 ... omino.html


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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 20 Ene 2018, 18:46 
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Registrado: 21 Nov 2013, 09:55
Citar:
Si al convocarse una huelga pensamos en el salario diario, estamos condenados a perderlo.

Texto publicado en la página web http://www.iforinterview.com.

Hace muchísimos años, cuando los trabajadores tenían la conciencia y la voluntad de reivindicar lo obvio, la huelga tenía a la patronal acojonada. ¿Por qué?

Porque los patrones y los gobiernos sabían que cuando los sindicatos convocaban una huelga, en esta huelga todas las fábricas dejaban de funcionar, todas las oficinas quedaban vacías, y en los medios de producción y en el aparato estatal no trabajaba ni un trabajador, hasta que los trabajadores consiguieran lo que estaban demandando. Y este era su temor principal: Que “se congelara” todo. El número de las personas que saldrían a la calle era algo secundario.

Hoy día ni siquiera se plantea el tema de la reivindicación de algo más. Al contrario, cada dos por tres vamos perdiendo uno tras el otro todo lo obvio que había sido conseguido en aquel entonces (antes de que naciéramos). Hoy no somos capaces de proteger ni siquiera lo poco que nos ha quedado.

El próximo lunes se va a abolir el derecho a la huelga para los sindicatos. Esta es una de las cláusulas desprecibles (viles) de la propuesta de ley presentada en el Parlamento. Se da por hecho que esto va a ocurrir, porque creo que nadie espera que una huelga de 24 horas o un paro de trabajo de unas horas, pueda anular la aprobación de esta ley. Además del hecho de que a todos los sistemas (regímenes) les importa un bledo que hagamos algo de lo anteriormente mencionado, sólo el hecho de que le comunicas a tu patrón la duración de tu huelga es una aceptación de tu derrota y tu sumisión.

Creo que si queremos ver algo de luz dentro de la oscuridad impuesta por nuestra propia sumisión a los deseos del Sistema, es vía única la reconsideración de todo. No sólo las jefaturas de los sindicatos (que claramente tienen la mayor parte de la responsabilidad), sino todos.

Porque si pensamos en el salario diario, al tiempo que nos estamos hundiendo, estamos condenados a perder este salario también, tarde o temprano (después de que se convierta en propina, si esto no ha pasado ya).

El texto en griego.
18/01/2018, 04:48
Publicado en Otros, Temas teóricos


info: http://verba-volant.info/es/si-al-convo ... -perderlo/


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 Asunto: Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
NotaPublicado: 16 Feb 2018, 21:04 
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Registrado: 27 Oct 2008, 18:41
CNT Valladolid escribió:
Durante las pasadas jornadas organizadas por el Bloque Crítico sobre la memoria de las luchas populares de las últimas décadas fue inevitable que además de mirar al pasado se comparara con el presente. En varias exposiciones se aludió al problema de la juventud y al hecho incontestable de la falta de implicación de la población más joven en organizaciones combativas con respecto a las luchas del pasado.

En la última jornada de debate, sobre presente y futuro de las luchas, el ponente de CNT intentó hincarle el diente a ese problema de la falta de implicación de la juventud en el movimiento popular y más en concreto en el sindicalismo. Aquí recogemos las ideas fundamentales de la intervención.

Para poder entender por qué la juventud actual no tiene el protagonismo en las luchas que tenía en el pasado hay que analizar por un lado la realidad material de este sector de población y por otro las características de las luchas de hoy, para ver como se relacionan ambos elementos: juventud y lucha.

Sobre las bases materiales de la juventud de hoy, son de subrayar 3 aspectos:

-El factor demográfico: El hecho de que en las últimas décadas se haya producido un envejecimiento acelerado de la población significa que la juventud representa cada vez un porcentaje menor del cuerpo social. En la mayoría de provincias castellanas esto es muy acusado y en Valladolid esto se puede ver mitigado por el centralismo de las instituciones y la industria existente, pero los datos ahí están: la media de edad en la capital es de 45 años. Este hecho no solo supone que haya menos jóvenes y que su peso dentro de la sociedad sea menor, sino que afecta a la estructura de las familias y a las relaciones familiares que tiene la juventud, muy distintas a las que se tenían hace décadas cuando se tenía 4 o más hermanos en cada casa. En este sentido, la juventud está mucho más arropada, dado que es mucho más común tener parientes mayores vivos (padre y madre, tíos, abuelos…) con lo que eso supone materialmente: una mayor “red” sobre la que caer. No en vano en los años de la crisis la pensión de muchos jubilados se hicieron cargo del mantenimiento de hijas y nietas.

-La composición de clase: Sobre la evolución de la composición de clase y el efecto que esta tiene sobre la juventud tal vez lo más relevante sea la tendencia a la sobreformación. En general en los países del centro capitalista la clase trabajadora ha ido teniendo mayor acceso a instituciones educativas, en parte por la necesidad por parte de las empresas de cuadros técnicos. Con los años, al satisfacer la necesidad de cuadros técnicos las empresas han devaluado la formación, con mecanismos de competencia y mercado, degradando las condiciones de trabajo y obligando a competir a las propias instituciones educativas entre sí.
Esta situación se traduce en dos cosas:
unas expectativas que sobrevaloran la “vocación profesional”
la desconexión entre la realidad laboral y las opciones vitales de la juventud, dado que las condiciones laborales de las “profesiones vocacionales” están degradadas, dentro de un marco de precariedad general.
De ahí que la gran mayoría de la juventud pique el anzuelo de la precariedad, bien sea en becas “para meter la cabeza en mi sector”, bien sea en curros de mierda “en lo que me sale algo de lo mío”. El problema de esta década, a diferencia de las anteriores, es que la precariedad es infinita y está en todos los sectores, por lo que ya no hay un periodo de formación precario que precede a un puesto de trabajo estable.

-El impacto tecnológico: El impacto de determinadas tecnologías en la sociabilidad de las generaciones más jóvenes es indiscutible y es importante resaltarlo porque afecta mucho a las relaciones sociales que se establecen luego, lo que es importante para valorar la relación de la juventud y las organizaciones de tipo social. En este sentido el factor más importante es la mediatización total de las relaciones sociales, bien por medio de plataformas digitales (redes sociales) bien por medio por empresas de comunicación. Esta característica de la sociedad actual hace que las relaciones de centro de trabajo, de vecindad, de centro de estudios y esas relaciones de cercanía que en épocas pasadas eran determinantes ahora pierdan peso, lo que explica la potencia de algunos elementos para influir en la juventud (youtubers, influencers, programas de TV…) frente al declive de otros (organizaciones políticas, asociaciones, familias…)


Estas características materiales de la juventud tienen causa y efecto sobre características culturales que también son distintas respecto de otras épocas:

Individualismo: El efecto de una cultura dominante centrada en el individuo se ha agravado hasta el punto de producir enormes problemas de salud mental en la población que ha interiorizado el aislamiento. El efecto entre la juventud de la frustración de las expectativas vitales se lleva como una carga personal y eso deriva en una serie de incidencias psicosociales que se extienden como una pandemia y que tienen su traducción cotidiana en el acoso laboral, el estrés, la ansiedad…

Del mito del progreso al cataclismo: En las últimas décadas la cultura dominante ha pasado de basarse en el progreso personal ilimitado, el mito del hombre hecho a sí mismo que todo lo puede, al mito del apocalipsis y el sálvese quien pueda. A esto responde el boom de películas sobre el apocalipsis zombi, como ejemplo del impacto que la crisis global de 2008 ha dejado en la ideología de nuestra época. El sistema se dibuja a sí mismo como insuperable una vez más, y hace que sea más asequible pensar en el fin del mundo que en el fin de este mundo. Por descontado, que ante ese fin del mundo la solución es una salida individual excluyente.

La transición completa: A nivel de las españas, durante las últimas décadas ha habido una serie de cambios culturales que cada vez está más consolidados. Entre ellos lo más destacable es el asentamiento total de la transición y por tanto de la democracia española. La normalización de los símbolos del estado mediante el deporte, la pacificación electoral de los conflictos sociales y la proyección de la política sólo en la dimensión estatal son los 3 síntomas de que la juventud ha interiorizado los valores de la transición. Esto explica muchos comportamientos de la juventud, especialmente respecto de los conflictos políticos y sociales.


Con esta situación el principal reto de las luchas sociales es ofrecer algo útil para poder interesar a esta juventud y así revertir la tendencia individualista y conformista. La idea fundamental de las luchas sociales, sindicalismo incluido, es que no hay soluciones individuales a problemas que son colectivos y eso choca con todo lo que rodea a la juventud de hoy, tanto con su realidad material como con su realidad cultural. Si este es el principal problema vamos a ver como lo podemos abordar desde el sindicalismo:

Comunicar mejor: En muchas ocasiones, simplemente comunicar. En una sociedad mediatizada como la que presentamos comunicar no es tan sencillo como editar un periódico o mantener un portal web, sino que hay que saber insertar el mensaje en los circuitos por donde circula la información. Esta tarea se lleva intentando por varios agentes culturales, políticos y en menor medida sindicales sin que podamos contar grandes éxitos. El alza de Podemos se puede ver como un ejemplo de comunicación eficaz aprovechando un momento de caída de las movilizaciones en 2014, como también debe verse el ejemplo de derrota comunicativa en 2017. Otra opción es practicar la sociabilidad directa, en los centros de trabajo, en los centros de estudio, en los barrios… lo cual es un trabajo de hormiguitas, yendo de persona en persona y venciendo sus prejuicios uno a uno. Sin duda la segunda vía es la idónea porque establece canales mucho más firmes y que conocemos mejor, pero al movimiento sindical normalmente le sobran causas urgentes como para plantearse tejer redes de comunicación directa en los puestos de trabajo.

Conectar con la sensibilidad de la juventud: En este sentido el sindicalismo tiene que ser consciente del valor que la juventud da al trabajo: el trabajo es una condena por la que hay que pasar hasta llegar a “la profesión“. Esto genera una dualidad: por un lado trabajos donde nos da igual lo que pase porque “en cuanto pueda me voy de aquí y que les jodan” y por otro lado trabajos en los que no se quieren follones porque “mucho me ha costado llegar aquí“. Es necesario empatizar desde el sindicalismo con esta situación, sin tampoco justificar actitudes miserables. Empatizar con esta situación significa que tal vez no se puede plantear la confrontación directa en todo momento y toda situación, y sin embargo sí se pueda alentar a la solidaridad. Partiendo de la base del individualismo imperante, se tienen que plantear abiertamente los beneficios individuales que obtenemos de participar de luchas sociales solidarias. Por ejemplo: respaldar a una organización sindical combativa es mejor que respaldar una organización sindical traidora, porque cuando tengas un problema la respuesta va a ser más contundente y no te van a dejar tirado.

Combatir los mitos sobre el empleo: Por supuesto hay que revisar la ficción que envuelve el empleo como si fuera una fuente de realización personal. “Trabaja en algo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día más” es el ejemplo perfecto de esta ficción. Tenemos que combatir la idea de que es mejor currar 12 horas por un sueldo de mierda en un trabajo supercreativo y estimulante antes que hacer tus horas (y ni una más) en un curro cualquiera que te permita tener tiempo libre y recursos suficientes para realizarte. De la mano de esto está necesario defender la idea de que en todos los puestos de trabajo hay explotación y en consecuencia en todos los empleos que tengamos tendremos que defender, ejercer y ampliar nuestros derechos.

Romper con la delegación de los conflictos: Existe una creencia según la cual lo político es algo que se hace en Madrid y para lo que votamos cada 4 años mientras que lo que te pasa en la empresa es algo personal entre tu jefe y tú. Esto es consecuencia de la percepción pacificada y ciudadana que tiene de manera mayoritaria la juventud, en un entorno en el que las relaciones laborales están completamente despolitizadas y rehenes de supuestos criterios técnicos que tenemos que cuestionar constantemente con una teoría crítica que sea capaz de salir de los libros y las universidades.
A la vez se espera que haya alguna institución que medie y nos ampare cuando se comete una injusticia. Sin romper bruscamente con esa percepción, no es complicado hacer de los sindicatos revolucionarios la institución fundamental a la que acudir frente a unas instituciones estatales lentas y arbitrarias y un bipartito sindical interesado y ajeno a nosotras, pero para ello hay que cuidar la percepción que se tiene de los sindicatos y enfocarla hacía ser un respaldo sincero cuyo único interés es contar con el mayor número de solidaridad que movilizar.


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Traducción al español por Huan Manwë
     
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