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 Asunto: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 07 Jul 2010, 12:42 
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Contra el fetichismo obrero

Apuntes para superar la terminología marxista entre los anarquistas.

"Mira qué fácil es todo, cuando está bien explicado, me han dicho que el mundo es la lucha entre los buenos y los malos.
Que está la clase explotada y enfrente la explotadora y la lucha entre los dos bandos es el único motor de la historia.
Cualquiera que sea un currante, por el mero hecho de serlo, está de nuestro lado y merece nuestro respeto.
Por contra están los ricos, que son siempre los culpables de todo lo malo que ocurra y de todo lo malo que pase.
Y yo pienso que esta forma de no pensar es una mierda que impide ver los problemas tal como son, la realidad tal como es.
Simplificarlo todo así, sólo nos puede conducir a darnos contra una pared y creernos que eso es resistir"
(Producto Interior Bruto)


Hay entre los que se reclaman revolucionarios hay un cierto grado de sacralización de las figuras del obrero, del sindicalismo, de las masas y de la idea de lucha de clases. Si uno plantea la transformación social sin centrar el análisis en estos sujetos, conceptos y espacios, se estaría cometiendo herejía. Entre más “popular” vista el individuo o su organización, más genuinamente revolucionario es. Si no te llenas la boca con “proletariado”, “lucha de clases” otras palabras del mismo tono y no centras la acción cotidiana en ellas, ya no eres uno de ellos. A lo sumo serás un ambiguo postmoderno, un infantilista irresponsable o, derechamente, un reaccionario. Por supuesto, esta situación no es ajena a los llamados anarquistas. Y a mi entender esto se debe a que no nos hemos sabido librar completamente de la herencia analítica, estética y discursiva de los paradigmas revolucionarios marxistas de los sesenta, setenta y ochenta. El anarquismo criollo no ha superado del todo el trauma del izquierdismo que alguna vez reemplazó su lugar en el combate anti-estatal (MIR, FPMR, MJL). Hablo de trauma porque el rebrotar de la actividad libertaria en los noventa encontró huérfano al “movimiento anarquista” de referentes locales de su propia ideología (extintos hace tiempo), lo que llevó a muchos, explícitamente a veces, inconscientemente en otras, a acercarse a los modelos de análisis marxistas, a adoptar su estética, su memoria histórica y, lamentablemente, a copiar en ciertos casos sus modelos de organización. Las consignas, las demandas, los 29 de Marzo y los 11 de Septiembre, son los ejemplos más visibles de este proceso.

El recuerdo de los que combatieron y murieron por la libertad y el de las experiencias subversivas de otras vertientes ideológicas es sumamente importante si buscamos en ello herramientas para el hoy, pero es contraproducente cuando rememorar se vuelve un porfiado ejercicio para traer fórmulas del pasado que ya no resisten al presente. Por mucho que se le enrostre al marxismo la burocratización y el autoritarismo en cada una de sus experiencias históricas, cuestión irrefutable por lo demás, no vemos un vivo atrevimiento ni la intención a lo menos de cuestionar y cambiar tajantemente las herramientas de investigación sociológica que ellos emplean y que nosotros no abandonamos aún.

El principal problema que veo en esto es que por no cuestionar las claves de análisis del marxismo y sus terminologías, concluimos encerrándonos en sus mismas lógicas estrechamente economicistas en donde la revolución depende de las estructuras de producción, excluyéndose del estudio (y combate) las múltiples aristas del sistema de dominación que no necesariamente se vinculan al trabajo asalariado. A saber, la cultura, la política, el inconsciente colectivo, las diferencias étnicas y etcétera. Según los marxistas todo esto depende de los modos de producción (estructura y superestructura), entonces si trasformamos la economía, cambiaremos todo lo demás. (1) Y para modificarla hay que tomar el control político del Estado con la consiguiente y macabra dictadura del proletariado, que no es más que la dictadura del Partido Comunista. Pero para nosotros quienes sostenemos que no hay igualdad ni libertad en donde existen jerarquías y control policiaco, ninguna dictadura es deseada. Y aún en el caso de que trasformemos la economía suprimiendo en el proceso la estructura orgánica del Estado (instituciones, espacios y capacidad de control), aquello no importa una relación directa con la modificación del pensamiento individual. Es más fácil hacer notar a alguien que su jefe lo explota a explicarle que deje de creer que su compañera es su propiedad, que el peruano o el argentino no es su enemigo o que se puede vivir mejor sin autoridad alguna. Por muy comunista que sea la economía, no hay revolución alguna si no hay un cambalache categórico de las estructuras mentales. Y la economía no determina las cosmovisiones, sino una serie de factores que tienen que ver primordialmente con las experiencias particulares de cada ser. (2) La cuna no determina tu lugar en la lucha, eso sería creer que la distribución de mentalidades en el orden actual es como generalmente lo fue en la edad media europea. Un obrero puede ser tan enemigo de la libertad como su patrón. ¡Falsa conciencia! -nos gritan los marxistas y quienes creen en sus metodologías: como los poderosos controlan la cultura, modifican las aspiraciones de los obreros y los hacen renegar de los “verdaderos” intereses de su clase, pero cuando llegue el día –nos advierten- en el que todos los trabajadores se hagan la idea de que son una gran unidad histórica y de que juntos deben hacer la revolución anteponiendo sus intereses a los de las clases hegemónicas, se acabará la falsa conciencia y la sociedad de clases. Bonita ilusión, decimos, que no considera siquiera las dinámicas de la sociedad moderna en donde los roles se confunden anulando las divisiones nítidas entre los diversos actores sociales.

Hoy, un siglo y medio después de cuando se trazaron las ideas genéricas del materialismo histórico, tiempo en que todas las estructuras de dominación se han perfeccionado y sofisticado sobremanera, urge cuestionar todo aporte teórico desde esas vertientes. Y no se trata de destruir por destruir, por cierto.

Apremia también cuestionar el modelo de “explotados y explotadores”, pues ya no hay sociedad –y nunca la hubo- dual. Las redes de poder y los conflictos en sus entretejidos son muchísimo más complicadas que un simple encontrón entre burgueses malvados y proletarios descamisados. En todo individuo hay un opresor, en todo trabajador hay un capitalista, en todo militante hay un militar: es preciso acabar con todos.

Si bien el anarquismo tuvo una época en que su relación con el mundo de las organizaciones de trabajadores era estrecha, innovando orgánicamente y aportando de diversas formas a sus luchas contra las redes de poder económico y estatal; su cuerpo teórico concibió ideas de redención que sobrepasaban los márgenes productivos. La idea era la transformación integral del individuo y con él de la sociedad toda. No te liberas en cuanto a tu clase, sino en tu calidad de ser. Ni opresores ni oprimidos, he ahí la cuestión primera.

Volviendo a la necesidad de superar al materialismo histórico en el campo anarquista me resulta preocupante el afán de muchos de “reafirmar el carácter de clase del anarquismo”. Haré referencia a un artículo de la revista plataformista Hombre y Sociedad, pero insisto en que esto no solo está presente en dicha corriente. No criticaré punto por punto sus postulados que, asumo, están inspirados de buena fe, aunque no concuerde con la mayoría de ellos. Pero sí me interesa ejemplificar el problema con éste, un típico caso de matrimonio entre anarquismo y fetichismo obrerista, en donde abundan los términos “proletariado”, “dialéctica”, “conciencia de clase”, “masas”. Aunque, como veremos, la similitud no sólo está en las palabras, sino también en las claves de lectura de la realidad. Espero no distorsionar el sentido del texto, como ocurre casi siempre cuando se cita para debatir, pero creo que este párrafo habla por sí sólo. Dicen desde H&S para combatir a los detractores de su tendencia:

“Así la resistencia a la plataforma aparece como la resistencia a dar el salto de un anarquismo abstracto, marginal, a ser parte activa en la lucha de clases, a hacerse parte de las dificultades reales que experimentan los movimientos sociales, por temores virginales a lidiar con la política real, se trata del temor natural que produce esta idea de que el anarquismo es sólo una posibilidad que hay que hacer parir, además del miedo al dolor y al trabajo que éste implica necesariamente” (3) (la negrita es mía).

¡Hay de nosotros los abstractos, los marginales y ajenos a las reales dificultades, los de vírgenes temores, los miedosos al dolor y al trabajo! Pero más allá de la arrogancia evidente, y de la ignorancia respecto a los costos que implica desarrollar la anarquía en otras formas, lo que me urge referir sobre este artículo es el porfiado tema de la lucha de clases. En donde no se concreta un cuestionamiento a la terminología marxista sino que, sirviéndose de ella, se permiten definir entre anarquismos concretos y abstractos. Personalmente valoro todo trabajo que se haga para mermar el sistema de dominación, cuanto más diversos mejor, y me agrada la preocupación por hacer más efectiva la presencia de las prácticas y valores libertarios en la sociedad, como supongo a la gente de H&S, pero me parece peligroso que se alimenten del materialismo histórico sin hacer al mismo tiempo una crítica profunda (más allá de los lugares comunes: antiburocracia, antipartidismo, etc.) de sus estrechos marcos economicistas. ¡La vida social es mucho más compleja que las relaciones con el malvado capital! Antes que el capital está la autoridad, y no hablo solo de las fuerzas evidentes del Estado o sus edificios y símbolos (Ejército, carabineros, cárceles, escuelas, edificios administrativos), sino –y principalmente- de aquella red de creencias que hacen de él una fortaleza aparentemente inexpugnable. Creencias como aquella hegemónica –y pilar de la dominación- que nos advierte que no se puede vivir sin autoridad. Y a esa máxima no la acabaremos únicamente con piedras y bombazos, ni con huelgas ni grandes manifestaciones. Aunque todo sirve, por cierto.

Y como soy un convencido de que las formas de combatir los mil rostros de la dominación pasan por multiplicar mil espacios de respuesta y contraofensiva, no puedo dejar de cuestionar aquella creencia (que también empieza a abundar entre los ácratas) que invita a distanciarse completamente de la lucha económica por considerarse funcional al orden. En esa lógica, por ejemplo, el sindicalismo vendría a ser otro instrumento más de dominación.

Veamos un caso. En el nº 53 de la publicación anti-plataformista Libertad! de Buenos Aires apareció un artículo firmado por Patrick Rossineri que sintetiza esta idea (4). Coincidimos en su análisis, más no en las conclusiones. Ante la pregunta de si acaso es posible o deseable para los anarquistas horizontalizar y autogestionar los sindicatos, el articulista remata negativamente, aunque deja en claro la necesidad de fortalecer entidades anarcosindicales, el trabajo en los barrios y con los no sindicalizados, con los cesantes. Bien dice Rossineri que el sindicato está inserto en el sistema de dominación en tanto reproduce al mismo en las estructuras jerárquicas de su funcionamiento interno, así como en su disponibilidad a las subvenciones estatales. Y es cierto que el sindicato es hoy un organismo autoritario y pancista, sólo preocupado en demandas inmediatas de caracteres gremiales y restringidos a su particular radio de acción. Ya no existe la huelga política, la huelga solidaria, como otrora cuando por ejemplo los gremios paraban sus labores para apoyar a otros sindicatos o reclamar la libertad de los presos políticos. Pero, a nuestro juicio, que el sindicato esté amarrado a la estructura de poder no implica negar la posibilidad para un anarquista de luchar en él. Requerimos transformar todos los espacios en los que nos desenvolvemos ¿por qué éste no? Y esto tampoco significa claudicar, hay que combatir a los politicastros, a los legalistas y todo dirigente sindical debe ser objeto de desconfianza en tanto autoridad, pues la delegación y la sumisión muchas veces visten ropajes simpáticos. El sindicato es una herramienta como tantas otras y además se ha mostrado útil para detener el abuso patronal en no pocos casos. Creo más bien que el problema pasa por no hacer del sindicato y el sindicalismo la panacea. Por su parte el anarcosindicalismo es una solución parcial y limitada a la burocratización del sindicato legal y partidista, pero no es en sí mismo la solución al general sistema de dominación.

La gesta libertaria trasciende nuestro lugar en el sistema de producción y el entretejido de relaciones salariales en el que sobrevivimos. Hasta acá llegamos hoy. El llamado es a cuestionar el uso indiscriminado y acrítico de la terminología y las claves de análisis marxistas entre los anarquistas, y para sugerir cuidado sobre su antípoda antieconómica. Y es que el anarquismo no depende de las estructuras de producción, pero tampoco puede desentenderse de las mismas. Pero y en todo caso, no es la verdad anarquista la que habla hoy, sino la limitada opinión de uno de los miles que se reclaman como tal. Provocar a la reflexión es la idea.

Citas:
[1]. A pesar de las reformulaciones y “actualiza­ciones” del pensamiento marxista, por ejemplo con el rescate de los aportes sobre “hegemonía” de Gramsci (opacado por largo tiempo en A.L. por Althusser y compañía), estas ideas continúan intactas. Entre otros véase, Marta Harnecker, Los conceptos elementales del materialismo histórico, X edición, Siglo XXI, Santiago, 1972.
[2]. Incluso los mismos historiadores marxistas lo han notado, aunque no se note en las directrices de sus partidos. Estúdiese los aportes de E. P. Thompson y su “Formación de la clase obrera en Inglaterra”, Editorial Crítica, Barcelona, 1989.
[3]. El artículo referido es “A propósito de las resistencias a “La Plataforma”: Contribución a un anarquismo de masas.”, Hombre y Sociedad, nº 24, Invierno 2009, Santiago, p.15.
[4]. “El sindicato como herramienta de domina­ción”, Libertad!, nº 53, Octubre-Noviembre 2009, Buenos Aires.

Autor: Manuel de la Tierra
Publicado en: El Surco Nº15 - Chile
Tomado de: Prensa Anarquista
http://prensaanarquista.blogspot.com


http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/14587

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 26 Dic 2010, 23:01 
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Registrado: 16 Ago 2008, 06:09
A pesar de que ha pasado tiempo, creo que corresponde colocar aquí la respuesta que en su momento hicimos llegar a los compañeros de El Surco por parte del equipo de la revista chilena anarco comunista "Hombre y Sociedad" respecto a este artículo.

Lamentablmente en esa oportunidad no fue posible publicarla debido a su extensión, por lo que se quiso esperar a que saliera el número 25 de nuestra revista, la que finalmente tampoco salió debido a una serie de complicaciones. Es posible leer los artículos que correspondían a dicha edición en nuestra nueva página www.hyscomunistaanarquica.blogspot.com

Nuestra respuesta fue elaborada en un contexto en el que el anarco comunismo de Santiago, fragmentado en tres pequeñas organizaciones (Estrategia Libertaria, Voz Negra y Corriente de Acción Libertaria) enfrentaba un proceso de unificación que hoy, para alegría de muchos (esperamos), está llegando a su fin. Además, aún existía un lamentable ambiente de enfrentamiento con otras corrientes libertarias más cercanas al insurreccionalismo, que creo, ha amainado bastante.


Saludos.

Citar:
Contra el fetichismo del obrero. Una respuesta

En el presente artículo se pretende dar una respuesta a algunas conclusiones aparecidas en el texto “Contra el fetichismo del obrero. Apuntes para superar la terminología marxista entre los anarquistas”. La idea de esta respuesta no es “superar teóricamente” los argumentos presentados en dicho texto, sino más bien entregar elementos que nos indiquen ante todo las consecuencias políticas que traen consigo el afirmar posturas como las sostenidas en “Contra el fetichismo del obrero…”. Se debe señalar que en este artículo sólo se intentará defender la llamada postura “plataformista” criticada en el texto (nombre que nosotros preferimos remplazar por “anarco-comunista”). Respecto de la otra postura analizada, denominada “anti-plataformista” de la publicación Libertad!, de Buenos Aires no nos pronunciaremos, ya que ni siquiera creemos que deba ser defendida.

La idea central del texto presentado en El Surco gira en torno a la afirmación de que muchos anarquistas “no nos hemos sabido librar completamente de la herencia analítica, estética y discursiva de los paradigmas revolucionarios marxistas de los sesenta, setenta y ochenta”. Entre otras cosas, esto se expresaría en que muchos anarquistas hemos continuando con las lógicas de análisis marxistas, afirmando una y otra vez conceptos como “clases” y “lucha de clases” (incluso reafirmando el “carácter de clase del anarquismo”) encerrándonos las mismas lecturas “economicistas” de la realidad.

Para comenzar, se debe señalar que todos los anarquistas somos, por definición, materialistas en la medida en que concebimos la realidad como el resultado de las relaciones materiales entre los individuos (es decir, las relaciones que ellos entablan originalmente para satisfacer sus necesidades básicas). Esto significa mucho más que tener una concepción “economicista” del mundo. En efecto, significa asumir que las sociedades, con sus virtudes y defectos no son el resultado de la acción de entidades abstractas como Dios y el Estado (tal como lo concibe el idealismo), ni de fenómenos derivados de las condiciones sociales como las “estructuras mentales” (afirmadas idealistamente en “Contra el fetichismo…”). Más bien, las sociedades son el resultado de la manera en como la humanidad se organiza para satisfacer sus intereses materiales, esto es, para dar solución a las necesidades que el entorno le impone (alimentos, techo, abrigo, etc.).

Como es sabido, esta conceptualización materialista de la realidad fue sistematizada en mayor medida por Marx. De hecho, a él se le atribuye la generación del “materialismo histórico”, lo que no es otra cosa que una lectura (bastante coherente, por cierto) del desarrollo histórico basada en las transformaciones experimentadas por las sociedades al nivel de su organización “económica”. Sin embargo, aceptar tales postulados no significa dejar de ser anarquista. Incluso Bakunin escribía, al comienzo de Dios y el Estado, que “Sin duda alguna los idealistas se engañan y sólo los materialistas tienen la razón (…) Toda la historia intelectual, moral, política y social de la humanidad es un reflejo de su historia económica”1 .

La anterior cita es paradójica, puesto que en este punto específico Bakunin parece ser más “economicista” y –según lo señalado en el artículo de El Surco- más “marxista” que el mismo Marx. En efecto, señalar que el desarrollo de la historia se delimita a partir de los cambios en las formas de organización de la producción social no significa, tal como se afirma en dicho texto, que si se trasforma la “economía” se transforma automáticamente todo lo demás. Esto porque dentro de las formas de organización de la producción no sólo existen relaciones de dependencia puramente económicas, como lo es, por ejemplo, el grado de desarrollo tecnológico de una sociedad, sino también un conjunto de relaciones sociales (relaciones entre clases). Además, íntimamente ligadas a esas relaciones entre las clases se encuentran relaciones políticas e ideológicas que definen las relaciones de dominación y de conflicto entre las clases sociales.

Por ello, decir que los anarquistas que concebimos la realidad en términos materialistas somos economicistas es una simplificación demasiado burda de nuestras posturas. Y tal simplificación es similar a la lectura estalinista de Marx, que asumía que en una sociedad económicamente atrasada como la de la URSS sólo bastaba con impulsar el desarrollo económico para que se consolidara el socialismo. Esto porque, si bien nosotros asumimos que las relaciones de producción juegan un rol fundamental en las posibilidades de transformación social, es falso que nosotros digamos “cambiemos la economía para que todo lo demás cambie por defecto”. En esto, tanto el autor de “Contra el fetichismo…” como el más fiel admirador de Stalin caen en el mismo error: no haber comprendido en nada el materialismo histórico. Tal incomprensión hace que por un lado se critique al materialismo histórico –tal como lo hace el purista del anarquismo-, mientras que por otro se lo venere como una religión (piénsese en la URSS de Stalin).

Por el contrario, nosotros estamos concientes de que hay una serie de factores políticos, ideológicos o culturales que hacen que una posibilidad de transformación condicionada económicamente se concrete en la realidad. Por ejemplo, no creemos que una transformación revolucionaria sucederá automáticamente cuando el hambre y la miseria se expandan por toda la sociedad. Claramente, en esos casos existen muchísimas más condiciones objetivas para un cambio radical, pero eso no implica desconocer que existen otros factores como las luchas étnicas o de género que claramente pueden alterar el devenir de dichos cambios, tal como ocurre en países como Bolivia, en donde pensar los procesos sociales que se están viviendo considerando sólo factores económicos sería profundamente errado.

Ahora bien, esto no implica reemplazar la importancia que tienen las condiciones materiales-económicas de una sociedad por otras formas de conflictos. Particularmente, eso no significa abandonar categorías de análisis como la “explotación”, las “clases sociales” y la “lucha de clases” en pos de entender y actuar políticamente en una sociedad mucho más compleja que la del siglo XIX. En efecto, todos sabemos que han pasado 150 años desde los tiempos de Bakunin y Marx sin embargo, ¿ha cambiado de forma general el modo cómo se expresan los conflictos dentro de la sociedad? No. Y esto, porque hasta hoy existe explotación, es decir, una apropiación del trabajo ajeno realizado por la clase dominante (burgueses, gerentes y accionistas) en contra de los trabajadores, que se traduce en que las riquezas sociales sólo le pertenezcan a los primeros, a costa de las privaciones de la inmensa mayoría de la población. Por eso mismo, hasta hoy existen clases sociales es decir, distintos grupos beneficiados y perjudicados por la forma en cómo se producen y se distribuyen los bienes y servicios de la sociedad. Por último, siguiendo con esta lógica, podemos decir que aún existe lucha de clases, ya que hasta hoy existe un conflicto de intereses entre los explotados y los explotadores, que potencialmente –y dependiendo de factores no necesariamente económicos- puede expresarse en un enfrentamiento político violento entre ellos.

Nuevamente, afirmar esto no nos hace menos anarquistas. Lo que sí nos hace es que seamos concientes de la importancia que tienen las contradicciones y los conflictos surgidos en la esfera económica de la sociedad. Y esto, porque creemos que es un error político garrafal señalar que la lucha de clases puede ser reemplaza actualmente por otras formas de conflictos, como la existente entre dominados y dominadores. Efectivamente, las clases explotadas son siempre clases dominadas y las clases explotadoras son siempre dominantes. Sin embargo, no es cierto que todo grupo dominado necesariamente pueda llegar a ser revolucionario, ya que la actual democracia burguesa nos ha demostrado que tiene la capacidad de incluir a diversos grupos dominados sin llegar a alterar mayormente las bases de sustentación del sistema. De hecho, ésa fue la base política de muchos de los denominados “Nuevos Movimientos Sociales”, durante las décadas de los 70 y 80 en Europa. Dichos movimientos se caracterizaban, precisamente, por entablar demandas “no clasistas” como la liberación sexual y el cuidado del medio ambiente. Sin embargo, a pesar de su notable crecimiento, la historia demostró que su proyección política fue nula, ya que una vez obtenidas sus demandas se desintegraron totalmente –quedando relegados a pequeños grupúsculos- al ser “absorbidos” por el sistema sin la necesidad de cambiar ninguna de las bases que hasta hoy lo sostienen.

Según creemos, esto ocurre porque todos los movimientos que apelan a problemas no clasistas carecen de un potencial exclusivo de los conflictos entre las clases: su carácter anti-capitalista. Este carácter se expresa en que si se desea realizar los intereses de los explotados (que también son oprimidos, por lo demás) se hace necesario alterar radicalmente las formas de producción y distribución de las riquezas sociales. Y esto es precisamente lo peligroso para las clases dominantes. Por eso, al momento de afirmar una postura antiautoritaria y clasista, nosotros estamos afirmando un compromiso irrestricto con la destrucción de las bases del sistema capitalista actual: la propiedad privada, la explotación y la expropiación de los frutos del trabajo al que están sometidos los trabajadores.

En este contexto se debe clarificar otro error garrafal presentado en el texto “Contra el fetichismo del obrero…”. Éste dice relación con las correspondencias que existe entre la posición social de los individuos (clase a la que se pertenece) y la posición en la lucha política que los individuos deben tener. En este caso, el error radica en que en el texto se concibe la lucha política de clases como una lucha entre individuos. En efecto, se dice que “la cuna no determina tu lugar el la lucha” (lo cual es relativamente errado) e incluso se llega a afirmar que “en todo trabajador hay (o puede haber) un capitalista (¡!)”, lo cual es descabelladamente falso. Es falso, porque la lucha de clases es siempre una lucha entre actores sociales colectivos que, como tales, no pueden ser asimilados a un conflicto ni a una relación entre individuos. Por algo a las clases se les conoce comúnmente como clases sociales.

Así, si bien la cuna no determina mecánicamente nuestra posición en la lucha, ello no quiere decir que en el transcurso de los conflictos sociales de importancia (en lo que a la transformación de la sociedad se refiere) la distribución de las personas sea al azar. Si llegásemos a pensar eso, entonces no tendríamos ningún espacio de inserción política y social que privilegiar, ya que todo sería pura contingencia. Es decir, así como se trabaja en sindicatos y poblaciones (ya que en esos espacios se mueven los explotados), también se podría trabajar –con los mismos resultados potenciales- en los centros de alumnos de los colegios privados Opus Dei del barrio alto, ya que dichos jóvenes podrían llegar a ser anticapitalistas (y ya que ellos son dominados por sus padres).

De modo similar, afirmar que “en todo trabajador puede haber un capitalista” es, sencillamente, no entender nada. Esto ya que al hacer eso uno tendría que asumir (como lo hace el autor del texto) que la clase social de un individuo –es decir, su condición de capitalista, trabajador o de otro tipo- depende única y exclusivamente de su voluntad individual. Lo grave (y lamentable) de ello es que quien señala eso no ha sido capaz de darse cuenta que la distribución de los individuos en clases sociales es lo menos voluntario que hay, ya que depende del contexto específico de donde nacemos.

Esto no implica, por cierto, que nuestro espacio en la lucha social y política esté definido de antemano. Así, para que un individuo pueda tomar parte activa en la lucha anticapitalista no importa tanto su origen, sino lo que él haga para conseguir el fin que nos convoca a todos los comunistas: la desaparición de las clases sociales 2. En ese contexto es que –en términos individuales- no todo trabajador va a ser necesariamente nuestro aliado (la historia nos ha mostrado ejemplos de fracciones de la clase trabajadora operando a favor de la clase dominante). Del mismo modo, esto tampoco implica desconocer que dentro de la clase trabajadora hay problemas que superar que van más allá de la condición de clase de cada sujeto. Un ejemplo de ello es el machismo y diversas expresiones de una cultura patriarcal expresada en gran parte de los explotados.

Ahora bien, más allá de esto, creemos que lo que hace que el concepto de clase social sea tan pertinente para un análisis de la sociedad contemporánea es que sólo entendiendo adecuadamente los conflictos de clases podremos actuar políticamente para superar todas las formas de dominación y explotación presentes en la actualidad. Esto hace que sea necesario desterrar toda lectura individualista de la realidad, ya que ella sólo puede conducir a concepciones erróneas de lo que es la sociedad. Más aún, sólo reproduce las formas burguesas de entender al mundo, es decir, aquellas formas que fundamentan la actual ideología neoliberal sustentada en ideas como la meritocracia y la competencia de todos contra todos.

A partir de todo esto es que creemos que es muy necesario clarificar los conceptos con los cuales se analiza la sociedad contemporánea, ya que más allá de si ellos son marxistas o anarquistas, de lo que se trata es de entender las contradicciones que en la actualidad pueden ser fuentes de conflictos sociales en donde nosotros, los comunistas libertarios, tenemos mucho que aportar. Por ello es que a nosotros los calificativos no nos importan demasiado (llámennos marxistas o plataformistas). Sí nos importa que compañeros que han adherido al anarquismo tengan poca claridad conceptual (adhiriendo con o sin intención a lecturas de la realidad propias del pensamiento burgués), lo cual se expresa en prácticas políticas cargadas de voluntarismo ciego que tienen nula proyección política.

Citas:

1) Bakunin, M. "Dios y el Estado", Colección Utopía Libertaria, Buenos Aires, 2004.
2)Ejemplos históricos de individuos de la clase dominante que lucharon contra los intereses de su propia clase de origen hay miles; Bakunin y Kropotkin son sólo dos que podrían ser destacados.

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 27 Dic 2010, 01:05 
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Registrado: 05 Mar 2008, 22:02
La publicación ¡Libertad! no es anti-plataformista, por el contrario, es crítica del plataformismo, que no es lo mismo. De hecho esas críticas al plataformismo deben sen entendidas, según mi parecer, dentro del contexto del que fueron formuladas. En sus inicios se debió al proyecto llevado adelante por AUCA-Socialismo Libertario y OSL (procesos sociales que bien sabemos como terminaron, y que para muchos lectores de la publicación, entre los que me incluyo, no fue un error de lectura lo que se criticaba en las páginas del Libertad, sino notorias desviaciones ideológicas desde una posición ácrata)
Actualmente, si bien cada tanto aparece alguna nota crítica (en el último número publicaron una colaboración del compañero venezolano Rafael Uzcátegui sobre el concepto de "poder popular") no es el eje principal de los análisis teóricos de la publicación.
Mis saludos y respetos a los compañeros de El Surco, grupo que edita una de las pocas, por no decir la única, publicación anarquista de carácter mensual en sudamérica, y que tenemos la suerte de recibirla acá, por Buenos Aires.

Pego el texto del compañero Rafael, aparecido en Libertad Nº57

Grupos libertarios y poder popular: Dinamitando el anarquismo desde adentro
(Boceteando una discusión pendiente entre nosotros/as)

Rafael Uzcátegui

La ausencia de espacios de intercambio, así como de mecanismos de discusión entre los y las anarquistas de América latina, precisa que cualquier tópico a ventilar sea precedido de una aclaración del lugar desde donde se origina la reflexión. La falta de continuidad orgánica, o movimientista si se desea, nos obliga a un cíclico eterno retorno, en donde no caben los sobrentendidos si lo que se desea es un real diálogo y confrontación de argumentos.

Este artículo desea cuestionar el uso del vocablo “poder popular” (PP) entre algunos círculos libertarios, sin pretender agotar una discusión que aún, salvo algunos escritos dispersos aquí y allá, no se ha dado con la necesaria rigurosidad, que debido al corto espacio tampoco será realizada aquí. Nuestra invitación a la deliberación debe comenzar con algunas aclaraciones. Quienes han venido promoviendo, en algunos países con más visibilidad que en otros, la utilización del término para sintetizar una presunta propuesta anarquista adecuada a los nuevos tiempos, lo hacen para diferenciarse de otros y otras libertarios que combaten como antagónicos, curiosamente con mucho más énfasis que al resto de la izquierda autoritaria. Según, este anarquismo de PP enfrenta a otro anarquismo que califican, siguiendo a Murray Bookchin, como “de estilo de vida”, y que caricaturizan como “dogmático”, “elitesco”, “encerrado en el pasado” y nucleado, mayoritariamente, en el denominado “insurreccionalismo”. No pretendemos negar que algunas iniciativas en el continente puedan aglutinar algunas o todas las características anteriores. Sin embargo si rechazamos con vehemencia que toda la variedad de las expresiones del movimiento libertario, desde el Río Grande hasta la Patagonia, pueda simplificarse única y exclusivamente en este maniqueísmo: el “anarquismo organizado” –como se autocalifican los cultores del PP- versus el “insurreccionalismo”.

En cambio el anarquismo con el que nos identificamos es aquel que -reconociendo la importancia de la participación en grupos de afinidad específicamente libertarios-, entiende que los valores anarquistas sólo podrán desarrollarse en un espacio dinámico de movimientos sociales, horizontales y autónomos, en conflictos concretos y reales por mejorar aquí y ahora las condiciones de vida de los oprimidos y oprimidas de cualquier signo. Y la intervención ácrata, junto a personas de otro pensamiento, no difumina nuestra identidad como anarquistas, por el contrario la potencia. Porque los valores –y no las etiquetas- que ha defendido nuestro movimiento a lo largo de la historia aspiran a ser vividos por cualquier persona con aspiraciones de justicia social y libertad, y no sólo por un grupo reducido de anarquistas convencido/as.

El viejo fantasma de la dictadura del proletariado

La propuesta anterior no es ni la mejor ni la única que complejiza la interesada polarización construida por los promotores rojinegros del PP: De un lado ellos, construyendo organización al lado del pueblo en una inédita y heterodoxa interpretación del anarquismo. Del otro, los anarquistas dogmáticos de café y biblioteca, encerrados en ghettos alejados de las masas, cuyas iniciativas aventureras solamente alimentan a la reacción. La caricaturización de la discusión en estos términos sólo esconde la propia superficialidad de las propuestas de los “anarquistas organizados”. Vayamos por partes.

El uso del término PP es una moda, en tiempos de presunto giro del continente hacia la izquierda por parte de gobiernos, entre comillas, “progresistas”. Por lo general, buena parte de la izquierda propone la creación del PP sin aclarar que cosa se está definiendo por ese término. En nuestros predios la confusión es aún mayor, pues se nombran cosas correctas utilizando el concepto equivocado. Antes decíamos que como anarquistas nos importan poco las etiquetas, sin embargo esta noción, como explicaremos, necesariamente adopta una significación que, precisamente, termina con hipotecar hacia la nada los valores que nos definen como antiautoritarios. Citemos el concepto que utiliza el CILEP de Colombia: “El poder popular es sobre todo potencia, porque anticipa el mundo futuro, porque en el presente manifiesta lo que está por venir. Esto último es muy importante, ya que de nada sirve construir una sociedad libre utilizando medios opresivos, jerárquicos y discriminadores” (http://www.anarkismo.net/article/12227). Como se podrá constatar la definición no descubre nada nuevo que no hayan dicho los anarquistas en el último siglo, sin embargo se esta describiendo aquello que antes se expresaba como “autogestión”, “acción directa”, “colectivismo” o cualquier concepto afín y específico del discurso libertario. La única razón para utilizar un término ajeno como propio es tender puentes y establecer alianzas con aquellas iniciativas que realizan un uso diferente de la expresión PP. El contrabando lingüístico se justifica en nombre de un supuesto “antidogmatismo”, sin embargo uno de sus objetivos es normalizar entre los anarquistas la utilización de conceptos y referentes provenientes de las organizaciones partidarias de izquierda. No es casual que el artículo del CILEP comience con una cita de Miguel Enríquez, fundador del MIR chileno.
En su precedente podemos constatar que las adjetivaciones no son fortuitas ni inocentes. El término PP es una actualización de lo que los autoritarios definían, antes de la caída del Muro, como “dictadura del proletariado”. El diccionario ruso de filosofía la definía como “resultado de liquidar el régimen capitalista y destruir la máquina del Estado burgués (…) El proletariado hace uso de su poder para aplastar la resistencia de los explotadores, consolidar la victoria de la revolución, conjurar a tiempo las tentativas de restaurar el poder de la burguesía y defenderse contra las acciones agresoras de la reacción internacional”. Esta explicación también pudiéramos hacerla nuestra, sin embargo si alguna cosa enfrentaron los anarquistas que nos precedieron fue precisamente a la dictadura del proletariado. Y buena parte de los argumentos utilizados pudiéramos rescatarlos para debatir hoy con los entusiastas del PP “libertario”. En “Estatismo y anarquía”, por ejemplo, Bakunin afirmaba: “De cualquier punto de vista que se encare ese problema, se llega siempre al mismo triste resultado, a la dirección de la inmensa mayoría de las masas populares por una minoría privilegiada. Pero esta minoría, dicen los marxistas, se compondrá de trabajadores. Sí, quizás de los que fueron trabajadores, pero que tan pronto se conviertan en jefes o representantes del pueblo, dejarán de ser obreros y contemplarán al pueblo laborioso desde la altura gubernamental; no representarán ya más al pueblo, sino que a sí mismos y sus pretensiones al gobierno del pueblo”.
Más recientemente el concepto de PP intentó desarrollarse durante la truncada experiencia de gobierno de Salvador Allende en Chile y posteriormente como propuesta de gobierno de iniciativas de izquierda, como por ejemplo la Venezuela de Hugo Chávez, en donde todas las oficinas y ministerios públicos se refundaron como “del poder popular”.


Los dos problemas del Poder Popular

Así como ayer la dictadura del proletariado tenía dos objeciones -¿Cuál dictadura? y ¿Qué proletariado?-, el PP encierra, de partida, un par de problemas: ¿De qué poder estamos hablando?, por un lado, y “¿quién define qué es lo popular?” por el otro.

Poder es una palabra polisémica, de diferentes significados. En primer lugar es una facultad, una capacidad de hacer, una habilidad para hacer cosas, el denominado “poder-hacer”. Por otra expresa una relación de dominio, un “poder sobre”. John Holloway explica el paso de un estadio a otro por la fractura del flujo social del hacer, lo cual lo transforma en su opuesto, el poder-sobre. Quienes reivindican el PP desde el anarquismo proponen la promoción infinita del poder-hacer sin aclararnos cómo se evita que no se transforme en poder-sobre. El marxista irlandés tampoco pudo explicarlo, por lo que escogió el camino anarquista: proponer cambiar al mundo sin tomar el poder. Y esto fue así porque poder es verbo y adverbio. Como propuesta política el uso del término poder, como adverbio, tiene un único significado: relación de autoridad de unas personas sobre otras. Y si ayer el uso de la palabra “dictadura” sólo podía tener la consecuencia que tuvo, hoy la acumulación del poder, tenga el adjetivo que tenga, sólo tendrá un derrotero: la opresión.

En segundo lugar tenemos la propia definición de “lo popular”. El “pueblo” es una definición vaga e imprecisa que puede significar cualquier cosa. ¿Qué es popular y qué no? Supongamos que sea el nacer dentro de las clases más excluidas de la sociedad. Esta particularidad de origen ¿se mantiene para toda la vida independientemente de los roles que la persona ocupe y las acciones que realice? Ignacio Lula da Silva, de origen obrero, ¿es un presidente “popular”? O por el contrario popular ¿es sinónimo de aceptación por las mayorías? Por último esta mitificación de lo “popular”, como contrario a lo “elitesco”, mitifica a sus componentes como buenos por naturaleza. Y cualquiera que haya estado en un barrio o una favela sabe que su composición es tan diversa como la del resto de la sociedad: individuos potencialmente revolucionarios que conviven con otros claramente conservadores. Esta falsa confrontación, la del “poder popular” versus el “poder de las élites”, esconde la multiplicidad de relaciones de dominio que bien describe Foucault en “Microfísica del poder”.

Crisis de la izquierda, crisis del anarquismo

No es un secreto que la teoría y práctica revolucionaria se encuentra en crisis en el mundo entero. De la confusión y ausencia de propuestas nuevas no escapa el anarquismo. Lo curioso es que algunas organizaciones libertarias presenten como novedosas estrategias que el socialismo autoritario han demostrado, durante diferentes momentos de la historia, como contrarias a la libertad y la justicia social. La promoción del PP por parte de iniciativas anarquistas las coloca a la zaga de organizaciones cuya táctica es la acumulación de fuerzas para la toma del poder político. Creemos que la mayor parte de los compañeros/as que han apostado por esta estrategia se encuentran confundido/as, sin referentes claros e ignorantes no sólo de la trayectoria de las luchas revolucionarias en el mundo entero. Sin embargo, es claro que en algunos emprendimientos concretos hay una intención de implosionar al anarquismo desde adentro, por parte de partidos políticos de izquierda autoritaria que, ante el descrédito por sus magros resultados históricos, necesitan rejuvenecerse adoptando una fachada seudo libertaria. Una cosa es ser cola de ratón de los partidos de izquierda, por muy “radicales” que se vendan, y otra muy diferente ser parte de las tensiones y enfrentamientos sociales con los poderes establecidos.

Es una tristeza que los aportes más interesantes en el fortalecimiento de conflictos y la promoción de las luchas populares en la región vengan de la mano de los sectores autodenominados autonomistas (Holloway, Colectivo Situaciones, etc), que precisamente han incorporado valores anarquistas a sus propuestas, afirmando que este resultado es parte de la “evolución” de su marxismo. Sin embargo, esta y cualquier crisis también son una oportunidad. Pero para superar este estancamiento, o el claro retroceso al que nos invitan los deslumbrados por el poder popular, hay que experimentar apasionadamente en la propia vida cotidiana y descifrar los enigmas y retos de nuestro tiempo. Aquí coincidimos con las palabras de nuestro querido y recordado Daniel Barret: “una creación social libertaria y socialista no puede concebirse como el resultado espontáneo de una nebulosa legalidad histórica ni como un designio caudillista ni como una operación de ingeniería bajo la forma de la planificación central ni como una casualidad ni como un advenimiento mágico: una sociedad libertaria y socialista sólo puede ser el fruto de una profunda decisión autonómica y de una interminable sucesión de luchas y de gestos que se forman en los pliegues de la conciencia colectiva”.

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 27 Dic 2010, 14:59 
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Registrado: 16 Ago 2008, 06:09
Sólo aclarar que quienes calificaron a Libertad! de antiplataformista no fuimos nosotros, sino El Surco en el artículo original. En todo caso, yo no tengo problemas con los compas del Surco, leo la publicación siempr que puedo y tengo buena relación con algunos de los que participan ahí.

Respecto al texto que colocaste aquí jugueterabioso, me parece que se sale un poco de la temática en discusión, en cuanto lo que se discute creo que es más profundo que la utilización o no de la consigna del "Poder Popular" por las organizaciones especifistas latinoamericanas, sino cómo se enfrenta el análisis de la sociedad a la hora de plantear las posiciones políticas de los anarquistas.

Saludos.

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 27 Dic 2010, 22:14 
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Registrado: 05 Mar 2008, 22:02
La aclaración la hice respecto a la nota de los compañeros de El Surco, me pareció que era necesario, más conociendo y compartiendo espacios con los compañeros de Libertad.
Yo tampoco tengo problemas con la gente de El Surco, al contrario, desde que nos conocimos en el acto del 1º de mayo en Avellaneda venimos fortaleciendo los lazos a la distancia. De hecho estoy por mandarles material bibliográfico a Santiago, para que lo puedan distribuir por allá.

Respecto a la nota del "poder popular" lo colgué sólo para ejemplificar por donde vienen hoy las críticas a las orgas que hacen propio dicho concepto por estos lares.

Saludos

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 31 Ene 2011, 23:49 
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Según sostiene el grupo plataformista Hombre y Sociedad,

"Se debe señalar que en este artículo sólo se intentará defender la llamada postura “plataformista” criticada en el texto (nombre que nosotros preferimos remplazar por “anarco-comunista”)."

El llamar anarcocomunista al plataformismo como una sola cosa indistinguible, resulta tan desacertado como confuso. La publicación "Libertad" que erróneamente es denominada "anti-plataformista", también defiende el anarcocomunismo, y tiene concepciones diametralmente opuestas a las de los plataformistas. Esta supuesta identidad forzada que pretende hacer indistinguibles al plataformismo y al anarcocomunismo, no tiene ningún antecedente histórico, salvo la propia plataforma de Arshinov. Hubo notorios anarcocomunistas no plataformistas, la mayoría en realidad de los anarcocomunistas no son plataformistas, ni lo fueron. Esta apropiación tan especial del término, resulta irritante para los comunistas como yo, que no tenemos un solo punto de acuerdo con el plataformismo. Si los plataformistas quieren defender el anarcocomunismo, no me parece nada mal, pero entonces va a ser dificil distinguir entre los que argumentan. Lo que termina pareciendo, es que los plataformistas tienen ciertas reticencias a utilizar un termino muy criticado y hasta denostado por anarquistas de gran prestigio, como Malatesta, Volin, Fabbri, etc.

Las cosas como son. Si defienden la plataforma, llamarse plataformistas debería ser motivo de orgullo, y no de verguenza.

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 01 Feb 2011, 19:13 
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Registrado: 01 Feb 2011, 18:59
Hola a todos
Primero que nada, hace tiempo quería registrarme pero por x motivos, nunca podía. En fin, espero colaborar en el foro.

Sobre este punto quisiera señalar, como uno de los de El Surco, que fue una expresión desafortunada y apresurada llamar anti-plataformista a ¡Libertad! y si así apareció en el articulo, eran nada mas para referenciar el caso de que "nosotros" estamos abiertos ala discusión con todos y no solo con los plataformistas. Al compa de ¡Libertad!, le damos esta explicación que espero sea entendida.
Sin embargo, eso era un detalle y poco tiene que ver con el fondo del articulo y de su respuesta.

Este escrito es para presentarme -hola!-, y para subir el articulo que adjunto al final.

Por otra parte, coincido plenamente con el compa que señalo que no es lo mismo anarco-comunismo que plataformismo, por similares razones.

[color=#000080]Editorial El Surco nº23, enero-febrero 2011
¿ANARQUÍA Y LUCHA DE CLASES?


Como anarquistas poseemos una serie de ideas y prácticas para hacer frente a los diversos problemas que la vida cotidiana nos plantea. Sin embargo, algunos de esos desafíos son hoy muy difíciles de solucionar, lo que nos obliga a entrar en constante contradicción con ciertas cuestiones momentáneamente irresolutas, como lo son el lidiar con un sistema de educación, salud, transporte y de vida en general, contrario a la libertad y a la solidaridad. Aún así, y a pesar de que hay cosas que temporalmente no po¬demos saldar, para nosotros resulta urgente, ineludible, sostener la intención constante de remediarlas desde una perspectiva que no signifique conculcar nuestras ideas. Es decir, exigiéndonos coherencia entre fines y medios.

Por otra parte, la rica heterogeneidad del medio libertario nos invita a estar en constante discusión con otras perspectivas. Discusión que creamos, alentamos y no eludimos (1). Y como la anarquía no puede ser un sistema cerrado de ideas, esto nos obliga a reconocer nuestros errores cuando existen, exponer nuestras perspectivas y a tener todo el derecho de equivocarnos. Pero hay algo en lo que no transamos aunque se nos tache de soberbios. Esto es, en esta búsqueda de coherencia entre los fines y los medios. Y por ella es que hemos combatido el clasismo en la anarquía.

Se nos ha mirado con desconfianza desde todos lados por no comulgar con el “clasismo” como herramienta emancipatoria. Y muchos ignorantes del real significado de nuestras ideas, han creído ver en nosotros a otro grupo más de “ultraliberales contrarrevolucionarios”. La simplificación les ha sido fácil, si no gritamos “arriba la clase obrera”, es porque somos pequeño burgueses o porque no sabemos un carajo donde estamos parados. Han visto solo lo que han querido ver.

Podremos tal vez estar equivocados, pero si el clasismo no nos parece afín es por una cuestión clara, no encontramos en él conciliación con la finalidad anarquista, esto es, con una sociedad libre, una sociedad sin clases sociales. En otras palabras, no pode¬mos buscar una sociedad así, valiéndonos de perspectivas clasistas, de igual forma en que no queremos luchar por una sociedad libertaria perteneciendo a grupos con características y prácticas autoritarias. Pues aquello sería tan aberrante como imponer la anarquía siendo dictadores. No hay que esperar a un mañana para crear una sociedad sin clases. ¿Por qué sostenernos en lo que buscamos destruir? El clasismo fue una herramienta bastante útil, lo reconocemos. Gracias a él se aglutinaron y plantaron cara al sistema infinidad de valiosas vidas. Se obtuvieron grandes victorias, etcétera. Pero el clasismo es una perspectiva limitada y excluyente de la finalidad universalista de nuestras ideas. Como anarquistas, buscamos la liberación del hombre y la mujer en su plenitud, no solamente la de algunos o sólo en relación con el lugar en el sistema de producción de cada uno.

Y la verdad es que nos importa poco que Bakunin y todos los santos de la anarquía hayan dicho otra cosa. El pasado está para problematizarlo, para no repetir errores, para sacar lecciones, no para sacralizarlo. Por cierto, no está demás señalar que desde inicios del siglo XX hubo anarquistas contrarios al clasismo, opacados abrumadoramente por los otros claro, pero los hubo.

En fin, no nos creemos poseedores de la verdad anarquista. Esta es nuestra sospecha, es la discusión que invitamos a contestar con altura de miras, con sobriedad.

Grupo Anarquista “El Surco”

1. Esto no es una respuesta, pero puede servir para continuar la discusión iniciada con el texto “contra el fetichismo obrero” escrita por un compañero de El Surco y respondida colectivamente por el grupo que hoy se autodenomina “Federación” comunista libertaria.
Ver viewto¬pic.php?f=41&t=47236[/color]

este y otros artículos en http://srhostil.org/elsurco/


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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 05 Feb 2011, 18:50 
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Hombre y Sociedad no es una revista plataformista, sino anarco comunista. Si se identifica con un sector determinado de esa corriente , pero jamás se ha asumido como la única postura dentro del anarco comunismo. Entre los compañeros que conforman la revista hay variadas críticas al documento de la propuesta elaborada por el grupo Dielo Trouda, y de todas formas yo no conozco a mucha gente que se asuma como "plataformista", si quieres lobison puede ser más como "especifista", pero bueno.

Para mi no es ningún problema asumir que defiendo muchas cosas de la plataforma, pero siempre me ha parecido absurdo identificar a un sector el anarco comunismo en base a un documento en particular, como si nos hubieramos quedado anquilosados ahí sin avanzar. Efectivamente lobison, las cosas como son. Y lo de "anti-plataformista" no lo dijimos nosotros en primer lugar, sino los compas de El Surco, lo que Celedonio ya aclaró.

Finalmente, una pqueña aclaración, la referencia que se hace en la editorial de El Surco es incorrecta cuando dice que la respuesta a "El fetichismo del obrero" es de la FCL, porque esa organización no participó de su elaboración. Eso no más jeje.

En unos días reviso y opino sobre dicha editorial, por ahora sería interesante si Lobison pudiera opinar respecto a l texto elaborado por HyS, porque tal como dice Celedonio, la "discusion" respecto al tema de si plataformista o no es un detalle respecto a lo que se discute aquí.

Saludos.

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 08 Feb 2011, 22:08 
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Si HyS no es plataformista, sería bueno explicar el por qué de esta frase: "Se debe señalar que en este artículo sólo se intentará defender la llamada postura “plataformista” criticada en el texto (nombre que nosotros preferimos remplazar por “anarco-comunista”)." Entonces, Rojinegro, es evidente que al menos vos no te haces cargo de lo que sí se hace cargo la revista. Si se defiende "la postura plataformista", entonces equivale a decir, somos plataformistas. De todos modos, el especifismo al que haces referencia, tal el caso de la FAU uruguaya, en la práctica no se diferencia mucho del plataformismo, ya que hasta defiende la conformación de un "partido anarquista." Desde el periódico Libertad hemos criticado estas posturas ideológicas, prácticas y teorizaciones, lo cual seguramente te habrás enterado. De todos modos podés revisar "Entre la Plataforma y el partido", artículo publicado en Libertad hace un tiempo, y bastante extenso, por cierto, que analiza el asunto del anarco partidismo y la plataforma. Lamentablemente los plataformistas nunca han salido a debatir lo que allí se expuso. Habrá que seguir esperando. Leelo acá: http://anarquismosinadjetivos.blogspot. ... de-la.html

Y gracias por invitarme a debatir sobre el texto de HyS. Pero no hay mucho para decir, ya que si HyS defiende el "materialismo histórico", entonces su anarquismo empieza a mimetizarse con el marxismo. El "Mat-Hist" (o hist-mat como se lo conoce cariñosamente en lengua inglesa) es una formulación de Plejanov, un antianarquista de la primera hora. "Perfeccionado" por Lenin, el MH nunca fue reivindicado por los anarquistas, ni siquiera por los firmantes de la PLataforma. En los años 60 y 70 del siglo XX algunos grupos anarquistas como la FAU comenzaron a adoptarlo com método de análisis, al que consideraban superior a las formulaciones clásicas del anarquismo. Los resultados no fueron precisamente buenos, y la mayoría de los adeptos a estas ideas terminaron conformando partidos de izquierda o pasándose a las filas de otros partidos marxistas. (En Uruguay el PVP, en Francia las traiciones de Fontenis)

El materialismo histórico es una teoría que ha quedado relegada frente a los avances de las ciencias sociales, y su peso académico se desintegró con la caída del muro de Berlin y la URSS. Ya ni los propios marxistas la toman en serio, al menos en los términos en que ustedes la expresan desde HyS, aunque los partidos troskistas, maoistas, stalinistas, leninistas y guevaristas, aún la consideren una genialidad insuperable.

No voy a repetir acá lo que ya está publicado en otras partes del foro, en ALB noticias, Indymedia, Kaosenlared y en cualquier debate entre marxistas y anarquistas. Te recomiendo la lectura de Rocker y Fabbri, que han formulado críticas al cientificismo marxista. Nosotros publicamos dos extensas críticas al hist-mat y al dia-mat.

Límites y espejismos del materialismo historico: http://www.anarkismo.net/article/5185

Dialéctica, materialismo y cientificismo: http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/4922

Para que no penses que somos los unicos retrógrados que criticamos algo "tan novedoso y fecundo" como el materialismo histórico, podés leer las críticas de Chomsky, Miguel Amorós, Daniel Barret y muchos otros anarquistas contemporáneos que no necesitan abrevar en recetas pergeñadas hace 100 años, y que no pueden dar cuenta de un mundo que ha cambiado como nunca antes en la historia en el lapso de un siglo.

Proponer algo tan desactualizado y refutado como el materialismo histórico como método de análisis de la sociedad actual, me lleva a pensar que hubiera dicho el propio Lenin, si alguien le hubiera planteado analizar la Rusia de su época con las recetas sociológicas liberales formuladas a fines del siglo XVIII: seguro se hubiera cagado de la risa el viejo.

Eso es todo lo que tengo para decir de la respuesta de HyS, que además me parece que deforma intencionalmente lo dicho en el artículo de El Surco. Peo eso es lo que a mí me "parece", espero que no sea así.

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 09 Feb 2011, 10:13 
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Realmente, no vale la pena perder demasiado el tiempo con el artículo que abre el hilo, del mismo modo que el mejor uso que se le puede dar a "Libertad!" es en el cuarto de baño.

Lo que más gracia me hace es que Lobison se haya puesto un retrato de Bakunin (sí, el materialista y el de los dos niveles de organización, el político y el de masas: la Alianza y la Internacional). Si viviera hoy el ruso, echarían espumarajos por la boca criticando todo lo que hiciera.

En fin, que ni lucha de clases, ni movimiento obrero, ni análisis materialista de la realidad, ni organización específica de los anarquistas, ni empoderamiento popular ni nada de nada. Nostalgia por los "tiempos heroicos" del anarquismo (sin análisis a fondo de lo que lo hizo posible), idealismo fisolosófico y voluntarismo puro y duro disfrazado de "modernidad". Eso sí que es tan viejo como el sol. No servía en el siglo XIX y sigue sin valer en el XXI.

Lo que vale es la lucha popular que se da por fuera de vuestras capillas y a la que ni siquiera rozáis, en ese sentido desde el estado español saludo a los compañeros anarquistas latinoamericanos que se esfuerzan desde sus organizaciones específicas por aportar, junto a otras fuerzas, para combatir al capital y el Estado y construir el poder de los pobres. Cuanto menos tiempo le dediquéis al debate con estos inútiles, mejor.

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Privar al anarquismo de su carácter de herramienta al servicio de los de abajo sería condenarlo al amorfismo, vaciarlo de contenido, transformarlo en un pasatiempo filosófico, en una curiosidad para intelectuales, en un objeto de simpatía para gente deseosa de tener un ideal, en un tema para discusión académica


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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 09 Feb 2011, 21:48 
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qué pasa gato negro? no tomaste tu alimento o te echaron de casa? Por qué dedicas tu tiempo a hablar con inútiles como nosotros, si recomiendas a los demás no hacerlo? Seguramente prefieres la exclusividad del trato con los inútiles. En ese punto seguro que nos superas con creces, aunque es una pena que no hayas dedicado tu tiempo a debatir o responder algo. Seguramente estás tan dedicado a la lucha popular que no te detuviste a pensar refutaciones a los inútiles.

Acerca de los usos del periódico Libertad, solo te recomiendo que te limpies el orto con El País, que en España se consigue más facil, además de que seguro es tu diario de cabecera. Con respecto al avatar de Bakunin, haceme el favor de enviarme un retrato de Arshinov, Lenin o Fidel Castro, así está al gusto tuyo.

PD: escuchá michifuz, con el compañero chileno Rojinegro tuvimos y tendremos siempre diferencias irreconciliables, pero al menos mantenemos un diálogo o discusión respetuosa. Eso no vale para anarcobolcheviques provocadores como vos.

PD2: no te vendría mal un poco de lectura, aunque sea la wikipedia, o en todo caso intentar mejorar tu comprensión de lo que lees.

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 10 Feb 2011, 10:50 
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Ubicación: Castilla
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¿Respetuosos vosotros? :lol:

En escribir el anterior mensaje tardé tres minutos, éste 1 ;-)

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 10 Feb 2011, 12:20 
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Registrado: 05 Mar 2008, 22:02
¿Y vos Gato Negro qué conocés de la publicación Libertad? ¿Y de los compañeros que conforman el grupo a quien conocés para tildarlo de inútil desde España?
Quince años va a cumplir la publicación, muchos compañeros pasaron por el grupo dándole forma para que vos, a la ligera, tildes de inutiles a un grupo de compañeros que son presencia activa en el movimiento.
Lo tuyo es payasesco, hablá con compañeros a ver que opinan. Pero hablá con quienes comparten espacios de lucha. ¿O te pensás que todo empieza y termina en una publicación?
Y si algo te molesta de la publicación el compañero Lobisón te pidió argumentos, que en tus intervenciones brillan por su ausencia.

tardé 2 minutos en escribir esto..

¡Arriba los que luchan!, el anarquismo organizado, construyendo poder popular y demás yerbas.....

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 10 Feb 2011, 22:23 
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Registrado: 14 Jul 2008, 20:59
Estas lento gatito: 1 minuto para 7 palabras!!!

Imagino que te habrá llevado toda la tarde pensarlas!

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 Asunto: Re: Contra el fetichismo obrero
NotaPublicado: 11 Feb 2011, 02:57 
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Registrado: 01 Feb 2011, 18:59
Es una lastima que tipos como estos se aparezcan por estos lados. Si el hombre no quiere discutir como la gente, que se vaya.

Ninguna idea nueva y novedosa.

Tampoco se ha discutido el texto que abrió la linea. Que tampoco es una discusión muy nueva, pero que -el texto primero- creo tiene una intensión de re-actualización.

Alguien por ahí ha dicho que le pareció que la "respuesta" ha distorsionado en parte las palabras del articulo. A mi también me parece aquello. Para fundamentar esto tendría que dar un ejemplo fundado, no lo hago ahora, para no cansar la lectura y porque tampoco atiende a la discusión que se quiere proponer.

En fin.
Saludos a Rojinegro, lobison y gaston. Tal vez el espacio para los debates sea otro.


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Traducción al español por Huan Manwë
     
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