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 Asunto: África
NotaPublicado: 12 Jun 2007, 11:18 
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Abro este hilo para recoger análisis y debates sobre la actualidad del continente africano.

Para empezar, una extensa entrevista con compañeros de Zabalaza (Sudáfrica) sobre su trayectoria, sobre la situación en su país y en el continente, sobre el movimiento anarquista en África... muy interesante:

Primera parte: http://www.ainfos.ca/05/jul/ainfos00188.html
Segunda parte: http://www.ainfos.ca/05/jul/ainfos00191.html

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Última edición por Manu García el 12 Jun 2007, 11:31, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 12 Jun 2007, 11:27 
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Precisamente un compañero de Zabalaza, Michael Schmidt, opina en un artículo sobre la crisis de Darfur (Sudán):

Sangre, Agua & Petróleo: Falacias de la Guerra de Darfur

Se ha escrito bastante sobre la crisis en Darfur, las tres provincias del árido occidente sudanés, así que no repetiré mucho más en esta ocasión.

Sea suficiente el decir que los EEUU protestan el genocidio en contra de las tribus Fur, Masaalit y Zaghawa por parte de milicias Janjaweed, apoyadas por el gobierno con sede en Khartoum –tal interés ha sido estimulado, sin lugar a dudas, por el deseo de Washington de ganar el acceso a la reservas petrolíferas de Sudán, las cuales en el presente son explotadas exclusivamente por China, y en mucho menor medida, por Malasia e India.

Por otra parte, Nafi Ali Nafi, cabeza del Partido del Congreso Nacional, actualmente en el gobierno, admite que Khartoum armó y entrenó una “fuerza popular de defensa” entre la población civil, a fin de utilizarla en el apoyo de las Fuerzas de Defensa de Sudán en su guerra contra los rebeldes en Darfur, a la vez que niega cualquier clase de campaña de genocidio.

Sudán continúa siendo, según el Banco Mundial, un país pobre altamente endeudado. Pero el petróleo está cambiando ese panorama: hacia el 2006, el petróleo entregaba más del 25% del producto interno bruto de Sudán. Sin embargo, muy poco de esa riqueza contenida en unos 120.000 barriles de crudo anuales, llega a una economía sostenida por trabajadores de Bangladesh atraídos a Sudán mediante falsas promesas (y que terminan barriendo el pavimento por U$100 al mes), o a la periferia abandonada como Darfur.

El Fondo Monetario Internacional ha estado impulsando una política desastrosa de privatizaciones en Sudán, que, por una parte, ha adoptado medidas de austeridad impopulares, a la vez que se ha unido a la iniciativa por un Área de Libre Comercio para África del este y sur.

Además, hasta el año pasado se estimaba que más de 200.000 personas habían muerto en Darfur, como consecuencia directa o indirecta de la guerra, y que 2.2 millones de personas habían sido desplazadas. No se sabe de la existencia de petróleo en Darfur, pero la Compañía de Petróleo Nacional de China, está ansiosa por instalar en esta zona un oleoducto que comunique Puerto Sudán en el Mar Rojo, con las nuevas reservas de la Guinea Ecuatorial, vía la zona sudanesa, rica en petróleo, de Abeyi. Pero hay también una gigantesca reserva de agua desde la frontera con Libia, que corre bajo Darfur hacia el Nilo, y estas aguas subterráneas, diría, serán segundas a las reservas petroleras en términos de las mercancías preciosas, ya que el uso sustentable del Nilo se encuentra al tope.

Luego de pasar una temporada durante el pasado mes en el-Fasher y Nyala, las capitales respectivas de Darfur del norte y del sur, puedo ofrecer algunas breves reflexiones sobre la situación de Darfur que, espero, arrojen alguna luz novedosa sobre la guerra:

1. El conflicto en Darfur no es entre “árabes” y “africanos”. En Darfur es demasiado obvio que tales distinciones, si bien son asumidas por una minoría, no se sostienen pues, de hecho, todos los así definidos hablan árabe, se visten de idéntica manera y comparten una misma cultura. Aún en una misma familia, rasgos distintos expresan la herencia mestiza de los habitantes de Darfur. Las diferencias que si existen son más bien tribales que étnicas, lo que nos lleva a preguntarnos el por qué la cuestión de Darfur ha sido tornado en un asunto racial en los medios de prensa occidentales. El conflicto en Sudán del sur pudo ser fácilmente manipulado emocionalmente por razones geopolíticas por occidente, al sugerir la ocurrencia de un conflicto entre una cultura cristiana oprimida en el sur, y una cultura dominante islámica en el norte. El mismo argumento no puede aplicarse en Darfur el cual tiene una población homogénea –empero, una versión sutil, deshonesta de ese conflicto de árabes y africanos continúa siendo pasada de contrabando en occidente. Esto solamente puede ser explicado por la demonización de la cultura árabe e islámica por parte de los fundamentalistas cristianos de EEUU, amos de la Nueva Cruzada.

2. Sudán no es un Estado Fundamentalista Islámico. Pese a la introducción en 1983, bajo un gobierno previo, de ciertas formas de ley islámica (sharia) así como de una política de islamificación que técnicamente solamente se aplicó en el norte, la tradición islámica en Sudán es predominantemente sufista, con énfasis en la comunión personal, extática, con Alá. El Islam austero salafista que ha producido a grupos como Al-Qaeda no es sino una tradición minoritaria en Sudán, la cual tiene un escaso impacto social o político (pese a que Osama bin Laden vivió en Khartoum temprano en los ’90). En política, el longevo Partido Umma, puede traer a colación la manía anti-colonial de la Rebelión Mahdista entre 1881-1885, pero en realidad, no es más que el caballo de paseo del nieto de Mahdi, Sadiq al-Mahdi. En tanto, la Hermandad Musulmana no fue consultada (como debio haber ocurrido según el principio de shura de la sharia) sobre la política de islamificación del gobierno, y algunos aspectos del código legal estaban en conflicto directo con la sharia, con lo que el código legal permanece inaceptable para muchos sudaneses –incluidos musulmanes.

3. Las causas del conflicto no sólo son políticas. Es evidente que muchos rebeldes se alzaron en armas porque lo vieron como el único camino (basados en los éxitos aparentes de la lucha en el sur) para convencer a Khartoum de devolver el poder y los recursos al remanso de Darfur. Pero de una preocupación mayor es el avance implacable hacia el este de las arenas del Sahara, a un ritmo de unos 10 kms. por año. Por ejemplo, en 1992, los límites del desierto estaban a unos buenos 120 kms. al oeste de Nyala. Hoy en día, el desierto se encuentra ya a unos 5 kms. de sus límites urbanos. Entonces, la desertificación y degradación ambiental –exacerbada por el agotamiento de los árboles en Darfur por los vendedores de leña- ha comprimido a las tribus en espacios cada vez menores, donde hay fricciones y peleas por recursos hídricos y pastos que se acaban. La modernización desde la era de Nimeri (ver más abajo), a su vez, afectó los medios tradiciones para resolver disputas, y así como en Somalia, la aparición de armas automáticas ha generado una espiral de conflictos tribales más allá de los límites normales.

4. El envío de fuerzas de paz de Naciones Unidas no será de ayuda. Resulta claro que el mismo establecimiento de campos de “desplazados internos” en todo Darfur, funciona a favor de Khartoum. Los campos, como el de Abu Shouk hacia el norte de el-Fasher, en donde viven unos 50.000 desplazados, son administrados por el gobierno local, ayudado por una plétora de agencias de Naciones Unidas así como otras, y está bajo la supervisión policial de la Unión Africana, hasta cierto punto. Pero pese a que la vida en estos campos sea relativamente buena, con todo, desde teléfonos móviles hasta cosméticos a la venta, y con índices de salud que parecen mejores que los de la ciudad (al menos si uno compara Abu Shouk con el-Fasher), no son más que campos de concentración en el estricto sentido del término. Es decir, que concentran, a la fuerza, a gentes que previamente eran tribus nómadas, en una “ciudad” artificial por años, urbanizándoles y así exponiéndolos a las seducciones del mercado –y por cierto, removiendo así el apoyo en terreno a los rebeldes. El envío de cascos azules de la ONU, lo que probablemente hará será reforzar este patrón, que favorece enormemente a Khartoum a expensas de Darfur.

Dicho esto, Darfur es claramente un territorio ocupado, con “técnicos” del Ejército Sudanés (camiones Toyota con enormes ametralladoras en la parte trasera) como evidencia, con helicópteros de combate chinos en el-Fasher y MiGs en la carretera a Nyala –y con una fuerte presencia de los servicios de inteligencia y seguridad nacionales vestidos de civil.

Como anarco-comunistas, naturalmente, condenamos el uso brutal e indirecto de la fuerza por parte de Khartoum –así como su utilización cínica de los campos de desplazados- para poder controlar así el proceso político civil de Darfur.

Pero también rechazamos la lectura en términos raciales del debate en los medios occidentales y la falsa solución que podría traer la presencia armada de la ONU. Debemos apreciar, además, las raíces ambientales y tribales de esta compleja guerra y ver que, tal cual los rebeldes de Darfur lo saben demasiado bien, el único garante de que haya un ápice de democracia en Darfur, es la devolución del poder al pueblo en armas (lo cual no significa que apoye a ninguna de las plataformas rebeldes).

La cuestión obvia entonces es, ¿cuál es la alternativa? Para tal cosa, revisaré brevemente a la izquierda sudanesa. El Partido Comunista Sudanés (HSS) fue fundado en 1946 durante la efervescencia global del sentimiento anti-colonial de la post-guerra, y tuvo su primer breve gusto del poder en 1964, cuando un gobierno de transición era formado por todas las facciones, incluida la Hermandad Musulmana. Pero luego de que las elecciones en 1965 fueran seguidas de serios enfrentamientos por los secesionistas del sur, el gobierno viró hacia la derecha y el HSS fue declarado ilegal.

El partido fue restaurado en 1969 gracias al golpe del Coronel Gafaar Mohammed Nimeri, quine forjó una alianza entre el ejército y el HSS, y sentó las bases para un Estado unipartidista aliado a la Unión Soviética. Pero en 1970, Nimeri, Muammar Gadaffi en Libia y Anwar Sadat de Egipto, anunciaron que unificarían a los tres países en una federación. Esto resultó ser inaceptable para el HSS, que realizó un golpe de Estado al mando del Mayor Hashim al-Ata, el cual depuso a Nimeri –pero éste fue restaurado en el poder tan sólo tres días después y el HSS volvió así a la clandestinidad.

La orientación política de Nimeri, en tanto, giraba hacia los EEUU hacia 1981, cuando Sadat, quien lo había molestado al buscar independientemente la paz con Israel, fue asesinado. En 1985, una huelga general paralizó a Khartoum y precipitó la caída de Nimeri, quien se hallaba de visita en los EEUU, mediante un golpe sin derramamiento de sangre. El Dr. Gizuli Dafallah, un sindicalista promimente durante la huelga, fue nombrado primer ministro por el consejo militar transitorio, como indicador del creciente poder del movimiento sindical sudanés.

Pero este gobierno demostró ser inestable en el contexto de la emergencia de una nueva fuerza separatista en el sur, el Movimiento/Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLM/A) y con las crecientes divisiones en torno a la islamificación del código legal de la era de Nimeri, con lo que en 1989, el Brigadier Omar el-Bashir realizó un nuevo golpe en nombre del Consejo del Comando Revolucionario para la Salvación Nacional.

El SPLM/A, movimiento de izquierda nacionalista, gozaba del apoyo del régimen estalinista de Mengistu Haile Mariam en la vecina Etiopía, pero él mismo resultó ser derrocado en 1991, haciéndose eco del colapso generalizado del Bloque Oriental y de los movimientos de liberación que éste apoyaba.

En el 2001, el Colectivo Bikisha Media de Sudáfrica –que conformó el núcleo detrás de la actual Federación Anarco-Comunista Zabalaza- trabó contacto con un Mayor que había sido uno de los comandantes rebeldes en la Alianza Democrática Nacional (TWD). Formada en 1989, la TWD tenía su base en el exilio en Eritrea, se constituía de 11 grupos de oposición del sur y del norte, incluidos el HSS, el SPLM/A y varias organizaciones sindicales, y pretendía reemplazar al régimen de el-Bashir por una democracia parlamentaria.

El Mayor del TWD preguntaba: “Con el mayor respeto de camaradas en armas, quisiera tener más información en relación a la revolución, pues es derecho de todos el luchar por la libertad que se nos ha negado como africanos amantes de la paz, ya que hemos permanecido como prisioneros mentalmente...”

Procedió a pedir información sobre la “mejor formación” y “técnicas definidas” que fueran necesarias para la victoria y le señalamos la “Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas”. Pese a que el contacto se perdió con el tiempo, esto demuestra el hambre que existía por aquellas políticas prácticas que el anarquismo comunista puede facilitar.

Esto no significa exagerar el potencial del proyecto anarquista-comunista en Sudán hoy en día. Pues la incorporación del SPLM en el gobierno mediante los acuerdos de paz del 2005 ha sesgado el potencial de sus tendencias más radicales (y la disidencia en el movimiento tendía a basarse según lineamientos étnicos).

La legalización ha visto al viejo edificio estalinista del HSS fracturarse, sin embargo, en múltiples tendencias “ultra-izquierdistas”, principalmente entre los estudiantes de la universidad de Khartoum. Pese a que estas fracciones suelen tener aires maoístas, influencias por las condiciones de la lucha campesina, el potencial sigue en pie para que el anarco-comunismo se habrá paso con ideas frescas. Y el movimiento sindical, aunque mayormente urbano, permanece poderoso, siendo esto un buen signo para todo aquel que desee ver una clase obrera sudanesa con poder.

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NotaPublicado: 12 Jun 2007, 16:44 
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Del último "CNT", un análisis de la situación política y económica sudafricana, por Lucien van der Walt, también de Zabalaza.

Tras 10 años de GEAR: COSATU, el juicio a Zuma y la vía muerta de la política de alianzas

La transición de Sudáfrica, como comentábamos en “Workers Solidarity” en 1998, se torció hace mucho tiempo. Acabar con el apartheid fue una tremenda victoria, pero no fue suficiente. Quedó pronto ensombrecida por las políticas neoliberales del ANC(1), que continuaban las iniciadas por el régimen en los últimos años del apartheid

Perdidos por el camino

Al tiempo que una naciente clase dominante multirracial consolidaba su posición, la clase trabajadora retrocedía. Este retroceso se debió (y se debe) fundamentalmente a una cuestión de estrategia: la COSATU(2) y el SACP(3) no supieron afrontar la nueva situación. Durante años habían confiado en que el ANC, como Moisés, sacaría al pueblo de Egipto, pero se encontraron con un escenario inesperado. El apartheid cayó, pero la esclavitud no. El supuesto Moisés se parece mucho al faraón y, aun así, la COSATU y el SACP siguen formando parte de la Alianza Tripartita.

GEARizados

Las condiciones de vida de la población continúan siendo miserables, el desempleo masivo (que empezó en los 70) sigue creciendo y el neoliberalismo se acelera. El 30% de TELKOM se privatizó en 1996 y un 20% más en 2003 y ESKOM y la compañía de Correos fueron privatizadas por completo. Cuando el GATT (ahora OMC) demandó que el arancel de protección de las comunicaciones bajara a un 20%, el gobierno tomó por sí mismo la iniciativa del arancel cero y relajó otros controles sobre los movimientos de capital. Esta tendencia se consolidó en 1996 con la Estrategia de Crecimiento, Empleo y Redistribución (GEAR), pero había comenzado antes.

El sector financiero improductivo creció hasta constituir el 20% de la economía de Sudáfrica, aunque empleara a sólo el 1% de la mano de obra, al tiempo que en la industria, la minería y la agricultura se perdían un millón de empleos. La red eléctrica y la de abastecimiento de aguas se ampliaron, pero debido a la subida de tarifas a 10 millones de personas les cortaron el agua y 5 millones fueron deshauciados.

Redimiendo al ANC

En esta situación, tanto la COSATU como el SACP decidieron intentar salvar su desafortunado matrimonio con el ANC. Temerosos de quedar alejados de las poltronas de los poderosos, aplastados por los líderes del ANC, tentados con puestos de trabajo e incapaces de romper con una fidelidad casi religiosa a los colores del ANC (con la tendencia firmemente asentada de no criticar la labor de sus líderes), los responsables del partido y del sindicato malgastaron años intentando redimir al ANC.
Apoyaban esta tesis con la idea, defendida con firmeza desde hace tiempo, de que en Sudáfrica debía producirse una revolución en dos etapas: la primera de carácter “nacional-democrático”, liderada por el ANC, para acabar con el racismo, seguida de una “etapa socialista” en un hipotético futuro.

“Influir” en el ANC, “contestarlo”, “redimirlo”: con estos términos se ha justificado esta postura. El hecho de que el ANC era (y siempre lo había sido) un partido capitalista que pretendía abrir, como Nelson Mandela declaró en 1956 “un amplio campo para el desarrollo de una burguesía no europea”, fue ignorado.

BEEllonarios

El hecho de que el principal debate en el ANC tras 1994 fue cómo ligar el neoliberalismo con el BEE (Fortalecimiento de la Economía Negra) (la creación deliberada de una “burguesía no europea”) fue obviado. Como también lo fue el hecho de que el ANC se había fusionado con la clase dominante del apartheid.

La COSATU y el SACP pasaron de la ingenuidad (pensar que bastaría con el consejo de la COSATU para que el ANC abandonara el neoliberalismo) a la paranoia (considerar que había una conspiración contra ese “giro”). Unas organizaciones que hablaban un lenguaje de lucha de clases no hicieron nada que se pareciera a un análisis de clase de las realidades del momento.

La COSATU y el Partido fueron ignoradas por el ANC y de vez en cuando, insultados (excepto en tiempo de elecciones, cuando su apoyo financiero y su influencia le eran imprescindibles. Tras las elecciones, por supuesto, todo continuaba igual, con el capitalismo sudafricano floreciendo). En 2006 hubo una aceleración económica, con un crecimiento del 5% y el número de familias con más de 30 millones de dólares se multiplicó por cuatro. Al mismo tiempo que los ingresos del 40% de la población caían a la mitad.

Zuma y la COSATU

Esta situación de dependencia se ha puesto de manifiesto en ocasión de la controversia sobre Jacob Zuma. Zuma, dirigente del ANC, vicepresidente de Sudáfrica y cabeza visible de la “Campaña de Regeneración Moral” patrocinada por el Estado, se vio envuelto en un asunto de tráfico de armas. Su socio, el magnate de Durban Shabir Shaik, fue declarado culpable en 2005 y el propio Zuma se enfrenta en la actualidad a cargos.

El presidente Mbeki, que no tolera rivales dentro del ANC, aprovechó la oportunidad para deshacerse de Zuma. Otra bomba informativa llegó después, cuando Zuma fue acusado de violar a una amiga de la familia que, según trascendió, era seropositiva.

Ahora estaba claro que la corrupción no había sido el principal detonante de la destitución de Zuma. Su sustituta en el cargo, Phumzile Mlambo-Nguka, se vio casi de inmediato envuelta por un escándalo. Usó un jet Falcon 900 del ejército sudafricano para irse con su marido, sus hijos y un grupo de amigos de vacaciones a los Emiratos Árabes Unidos. Estaba bastante claro que Mbeki, un autócrata de primera, usaba alegremente de la judicatura y de los servicios de inteligencia para resolver las disputas internas dentro del ANC.

La postura de la COSATU

Tampoco había nada sorprendente en el hecho de que Zuma usara toda clase de artimañas para defenderse en el juicio por violación, hasta llegar a los llamamientos de los nacionalistas zulúes para que un equipo legal pusiera a su acusadora ante los tribunales. Las movilizaciones en las puertas del juzgado aglutinaron a un amplio abanico de grupos, muchos de ellos con consignas reaccionarias, del tipo “Quemad a la zorra” o “No a una mujer presidenta”.

Se levantó un verdadero culto a Zuma. Los “Amigos de Jacob Zuma” declararon “nosotros, el pueblo, nos aseguraremos de que este hombre de honor, que dedicó su vida a emanciparnos, tenga el derecho a defenderse”. Un manifestante llevaba una cruz con el rostro de Zuma, afirmando que este “hombre de honor” estaba siendo perseguido como lo fue otro “hombre de honor”, Jesucristo. Esto, que puede parecer ridículo, es normal en las movilizaciones por Zuma.

Lo más chocante (al menos a primera vista) fue el apoyo acrítico de la COSATU a Zuma durante 2005 y 2006. En el SACP hubo algo más de división al respecto, pero sus juventudes estuvieron en primera línea de las movilizaciones por Zuma y en la organización de los “Amigos de Jacob Zuma”.

Un fruto extraño

Esto puede parecer extraño a primera vista, pero es el resultado lógico de la vía muerta en la cual se ven la COSATU y el SACP tras diez años de seguidismo del ANC, diez años de lamentos estériles sobre el GEAR, de diez años de documentos de la COSATU eludiendo las críticas al gobierno.
Incapaces de romper con el ANC, incapaces de cambiarlo, el sindicato y el Partido pusieron sus esperanzas en Zuma. Zuma nunca se había pronunciado contra el GEAR, contra el capitalismo o contra el neoliberalismo, pero tenía un punto a su favor: no era Mbeki, y se esperaba que fuera el nuevo Moisés que liderara al pueblo. “Después de todo”, pensaban la COSATU y el SACP, “hace falta un gran líder: las masas necesitan que las dirijan”.

Blade Nzimande, integrante del SACP, ha afirmado que la defensa de Zuma “muestra la oposición popular a la corrupción, el personalismo y los trepas dentro del ANC”, cuestiones “inherentes al intento de crear cuadros de mando con valores capitalistas y a las relaciones fraternales entre los dirigentes estatales y el capital negro emergente”. Las juventudes del Partido declararon: “nuestra defensa de Jacob Zuma es una defensa de la constitución”. Zweli Vavi, de la COSATU, instó a devolver a Zuma a su puesto: “estamos seguros de que cuando el camarada Zuma se presente ante los tribunales nuestra gente se manifestará en masa”.

Viajando hacia ninguna parte

Nada puede expresar mejor el desnortamiento de la COSATU y del SACP que estas opiniones. Zuma no es diferente de Mbeki: otro político acaudalado, otro falso Mesías que desprecia a la clase trabajadora, otro trepa de la ANC que quiere implantar el GEAR tanto como Mbeki. Nada hace pensar que quiera romper con la política del ANC de “crear cuadros de mando con valores capitalistas y mantener relaciones fraternales entre los dirigentes estatales y el capital negro emergente”.

Sin embargo, la postura de la COSATU y el SACP no tiene nada de extraña. Ligados al ANC por miedo, privilegios y una estrategia fallida (la teoría de las dos etapas según la cual el ANC abriría paso al socialismo) y cegados por la tradicional devoción al ANC y sus líderes, las dos organizaciones permanecen en vía muerta. El hecho de que muchos de sus líderes estén ansiosos por unirse a la cúpula del ANC en el festín capitalista no ayuda gran cosa. Con este panorama, el apoyo a Zuma no por trágico resultaba menos inevitable.

El apoyo a Zuma permite al ANC permanecer inmaculado e invulnerable y deja intacta la costumbre de confiar en un salvador. Así se evita enjuiciar críticamente la naturaleza de la transición y se puede posponer una vez más la lucha contra el capitalismo. Pueden achacarse todos los problemas a Mbeki y su camarilla: Zuma sería la cara bonita del ANC y Mbeki el nuevo Satán. La COSATU y el SACP esperan que, como contrapartida por el apoyo prestado, Zuma sea quizás (sólo quizás) mejor que Mbeki y tal vez (sólo tal vez) escuche un poco a la clase trabajadora.

Esto es lo que hay detrás de las movilizaciones de la clase trabajadora por Zuma. El producto de una política desastrosa no puede sacar a la clase trabajadora de la vía muerta que la lealtad al ANC implica. La única salida es una ruptura con el ANC, no una falsa disyuntiva entre Mbeki y Zuma. El ANC no es la solución: es gran parte del problema al que se enfrentan los trabajadores y los desposeídos.

Notas:

(1) El Congreso Nacional Africano (ANC, del inglés African National Congress), llamado hasta 1923 South African Native National Congress, ha sido el partido en el gobierno de Sudáfrica desde el establecimiento de la democracia en mayo de 1994. Se fundó el 8 de enero de 1932 en Bloemfontein, con el objetivo de defender los derechos de la mayoría negra. Entre sus fundadores se encontraba el poeta y autor Sol Plaatje, aunque el dirigente más destacado del ANC en su larga lucha ha sido Nelson Mandela.

Se puede describir al ANC como la rama parlamentaria de una alianza tripartita entre el mismo Congreso Nacional Africano, el (2) Congreso de Sindicatos de Sudáfrica (Congress of South African Trade Unions - COSATU) y el (3) Partido Comunista de Sudáfrica (South African Communist Party- SACP).

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NotaPublicado: 12 Jun 2007, 17:32 
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Los dos mayores sindicatos de Nigeria se están planteando convocar huelga indefinida la semana que viene

El Nigerian Labour Congress (NLC) y el Trade Union Congress (TUC) han instado al gobierno a que derogue las medidas impulsadas por el antiguo presidente Olusegun Obasanjo justo antes de dejar el cargo.

Las dos principales exigencias son abolir el aumento del 15% en el precio del petróleo y dar marcha atrás en la decisión de vender dos refinerías a socios de Obasanjo. Los sindicatos también demandan que se cumpla la promesa del 15% de aumento salarial.

El nuevo presidente se ha mostrado de acuerdo con la idea de crear un fondo para afrontar las subidas en el precio del petróleo, pero dicha iniciativa aún no se ha puesto en marcha.

(extraído de Libcom.org)

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NotaPublicado: 12 Jun 2007, 22:53 
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Muy interesante este tema, después de todo información como esta no es que no exista pero suele estar muy diseminada.


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 Asunto: ANC
NotaPublicado: 13 Jun 2007, 12:05 
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Gran idea e interesantes textos.

Sobre la lamentable corrupción en que ha caído una parte del ANC en Sudáfrica existen numerosos textos (En inglés mayormente) pululando por la red.
La cosa ya viene de lejos, se puede ver por ejemplo este texto (English)

http://multinationalmonitor.org/hyper/mm1096.06.html

Es un poco similar a lo sucedido con Fatah en Palestina y con Yaser Arafat, que pasaron de ser los representantes intocables del pueblo palestino a convertirse en unos malversadores impresentables.

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“Todo el problema con el mundo es que los tontos y los fanáticos siempre están tan seguros de sí mismos, y la gente inteligente tan llena de dudas.”
- Bertrand Russell (A Word a Day)


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NotaPublicado: 13 Jun 2007, 17:44 
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En Sudáfrica ha pasado algo similar a lo que en otros países (España, Chile, Argentina) donde hubo un cambio "no traumático" de régimen, desde un sistema autoritario a otro bajo los parámetros de la democracia burguesa occidental, pero sin tocar las estructuras de poder y todo bajo la supervisión del capitalismo internacional.

El Congreso Nacional Africano, una organización eminentemente democrático-burguesa, consiguió aglutinar tras de sí durante la lucha contra el apartheid a una amplísima alianza, todos unidos contra el Estado racista.

Una vez abolido el apartheid, el ANC en el poder se ha lanzado a aplicar su programa neoliberal, y lo más lamentable ha sido el seguidismo del Partido Comunista y de su brazo sindical, la COSATU, actuando como sus palanganeros a cambio de prebendas para sus dirigentes, bien instalados en el Estado. Han apoyado, "crítica" o abiertamente, todas las medidas antiobreras emprendidas por el gobierno y ocupan algunas de las carteras más importantes.

La corrupción a lo bestia en el ANC apareció, acompañada del arrivismo, en cuanto comenzó a tener acceso a las fuentes del dinero y del poder. Como siempre.

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NotaPublicado: 20 Jun 2007, 23:16 
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Artículo de Stefanie Knoll para http://www.anarkismo.net

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El Dilema del Congo

Todos hemos alguna vez escuchado de “La Primera Guerra Mundial Africana” [1] o “Heart of Darkness” [2], clichés occidentales usados para justificar al colonialismo y la intervención post-colonial. Todos pareciéramos saber que el conflicto en el Congo es, por una parte, sobre lo que se ha llamado “tribalismo” y, por otra, sobre la explotación de recursos minerales por parte de compañías occidentales. Pero una mirada más minuciosa nos muestra una situación mucho más compleja y aún sin ser anarquista, uno debe reconocer que la raíz de los problemas en el Congo es en realidad el capitalismo y el sistema de Estado-Nación con sus fronteras arbitrarias.

La Influencia Externa


La República Democrática del Congo (RDC) no es solamente el tercer país más grande de África, es, además, uno de los localizados de forma más estratégica y uno de los más ricos en recursos minerales. Ha estado sometido a influencia extranjera desde los comienzos del tráfico esclavista árabe y, posteriormente, del colonialismo occidental. Bélgica dominó a este país para su enriquecimiento propio y, tras décadas de saquear al Congo, se convirtió en uno de los Estados más ricos del mundo. El Congo, por otra parte, se convirtió en uno de los países más pobres del planeta. La influencia foránea, mediante la administración colonial, con la ayuda de la Iglesia, destruyó las viejas estructuras y las viejas afiliaciones políticas, y en ocasiones, creó nuevos grupos sociales bajo la forma de “tribus”. Las fronteras coloniales han dividido a un mismo pueblo en diferentes Estados coloniales; y nacionalidades que no tenían nada en común fueron agrupadas. La economía se volvió desigual entre las regiones, llevando a conflictos regionales. El mantenimiento de estas fronteras coloniales en la era post-colonial, aceptada por todos los Estados africanos mediante la Organización para la Unidad Africana (OUA) , es aún un factor enorme de conflicto, sean nacionales o étnicos.

Diversidad Cultural

El Congo es geográficamente diverso y también lo es su población. Hay cerca de 250 grupos etno-políticos, con sus respectivas culturas distintivas y la mayoría tiene su propia lengua. El Congo es un vasto país cuyas regiones difieren enormemente unas de otras, y la selva tropical en el centro, ha hecho desde siempre muy difícil el tráfico de un lado al otro del país. Por estos factores, puede apreciarse que no existe una unidad real entre los ciudadanos del Congo. No hablo de las “tribus”, porque en realidad no hay “tribus” en el Congo, ni en ningún lugar del mundo. Todos los grupos sociales han sido creados para propósitos políticos, aún cuando haya alguna raíz étnica en ellos. Algunas veces hasta fueron creados por la administración colonial y la Iglesia en su intento por aglutinar gente, a fin de poder gobernarlos más fácilmente, así como para dividirlos entre sí y prevenir la unidad del movimiento anticolonialista. Mas tarde, Mobutu utilizaría esta misma táctica para dividir y gobernar. En el Congo, esto se ha hecho mediante la predilección de un grupo por sobre otro –tal cual en Ruanda los Tutsi sobre los Hutu-, los Luba por sobre los Lulua, los Hema por sobre los Lendu y aún hay más ejemplos. A veces los belgas crearon jefes en sociedades sin jefes. Es por esta razón que prefiero utilizar el término grupos etno-políticos en lugar de “tribus” o “grupos étnicos”. Muchas veces, las supuestas “tribus” son vistas como grupos naturales, atrapados en su red de tradiciones y rivalidades desde tiempos inmemoriales. El problema más serio con el término “tribu”, es que como distinción entre África y Europa, implica que las “tribus” en Europa existieron hasta la Edad Media, mientras en África siguen existiendo hasta nuestros días. Y más aún, mientras los conflictos étnicos en Europa son llamados conflictos nacionales, en África son referidos como “tribalismo”.

Sin embargo, las diferencias étnicas siguen jugando un rol importante en África. Esto se debe al hecho de que, o bien se basan en grupos naturales que desde siempre han tenido las mismas lealtades, o –aún habiendo sido creados por factores externos- la gente terminó por creer en tales diferencias y hoy actúan según ellas.

Esto no quiere decir que tales grupos sean clases, o que los conflictos étnicos sean simplemente conflictos de clases velados. Solamente en algunos casos, como por ejemplo, el de los Hutu y los Tutsi en Ruanda, esto es cierto. Pero no puede negarse la existencia de diferentes clases en los mismos grupos etno-políticos. En la mayoría de África, las clases sociales opuestas, jamás se han desarrollado de igual manera que en Europa. La mayor parte del tiempo, el conflicto ocurre por regionalismos. Por consiguiente, debemos aceptar en África a una pluralidad de culturas y la lucha debe señalar esta diversidad cultural y no solamente a las clases. Además, la lucha por mayores derechos para las mujeres es crucial, y parte de la lucha anarquista, y por ello no debiera ser una posición menor.

Causas de la Guerra

Hay muchas causas para la guerra en el Congo. La más reciente, ha sido el colapso del régimen de Mobutu debido al colapso de la guerra fría, en la cual el Congo había sido un aliado estratégico de los EEUU, pero que luego se volvió irrelevante. Interferencia externa, por parte de los países vecinos de Ruanda y Uganda, fue otro factor mayor en el comienzo de la guerra. Otra reciente fuente para la prolongación del conflicto (sin ser la raíz misma) ha sido el saqueo de los recursos del Congo por parte de estados extranjeros y de compañías occidentales.

Los mayores factores en la guerra congolesa, empero, son el capitalismo y el sistema estatal. Ambos han saqueado y convertido al Congo en un país periférico para mantener bajo el precio de sus recursos en occidente. El Estado ha sido utilizado solamente para obtener riquezas privadas. Debido al colonialismo y a las horribles condiciones en que el pueblo congolés tuvo que explotar el caucho para el Estado belga, unas diez millones de personas murieron y otras fueron mutiladas. La población del Congo fue reducida a la mitad en tan sólo unas cuantas décadas.

Al colapsar el régimen de Mobutu, se precipitó la guerra civil y alrededor de 4 millones de personas murieron, para no hablar de los miles que siguen muriendo semanalmente a causa de la guerra, por carecer de suficientes alimentos y medicinas. Quienes más sufren con la guerra y sus consecuencias son, por supuesto, las mujeres y los niños. Aún hay niños-soldados en el Congo y en los países vecinos y las mujeres aún son violadas y mutiladas por las diversas milicias locales. El régimen de Laurent Kabila fue visto por muchos como una esperanza prometedora para un nuevo futuro, pero pronto siguió los pasos de Mobutu, y otra guerra se precipitó, esta vez para deshacerse de Kabila.

En general, esta guerra ha sido por poder y ganancias. Se originó en el Congo oriental, donde abundan los conflictos por tierra. Ciertos grupos (principalmente Tutsi, que han vivido en el Congo por décadas), carecen de acceso a la tierra y por consiguiente, iniciaron una rebelión para luchar contra Mobutu. Como la situación no cambió con Kabila, iniciaron pues una segunda rebelión. Ambas rebeliones han sido apoyadas por Ruanda y Uganda. Los regímenes de Kinshasa se han visto apoyados por varios otros países africanos y no africanos.

La Cuestión Nacional

El nacionalismo ha sido uno de los mayores entre los problemas del Congo. Ha habido varios intentos de convertir al Congo en una nación, siendo éste un país demasiado diverso para permitir tal cosa. Patrice Lumumba ha sido visto como un héroe pan-africano que trató de unir al Congo pero, de hecho, a él también le cabe parte de culpa en varias masacres y conflictos. Mobutu trató de hacer lo mismo y esto conllevó una cierta estabilidad, pero posteriormente recurrió a utilizar las diferencias étnicas como una manera de dividir a la oposición.

La idea de una nación congolesa es una ilusión y cualquiera sea la raíz de las tensiones étnicas, siempre hay presiones constantes de secesión. Mucha gente no está contenta con las fronteras del Congo y esto ha contribuido a la actual guerra, ya que son muchos quienes quieren ver al país dividido en diversos Estados. Esto puede conllevar la paz en el corto plazo, pero a la larga acarreará más conflictos. La única manera pues de resolver los problemas del Congo es repensar todo el sistema del Estado-nación en su conjunto y cambiarlo completamente.

Auto-determinación

La autodeterminación y la autonomía son las únicas soluciones a los problemas del Congo. No tiene sentido que un país tan grande sea una única entidad, en especial, cuando mucha gente no se siente parte de ésta. Por autodeterminación y autonomía quiero decir auto-gobierno efectivo y no meramente el crear nuevos Estados. Los Estados son uno de los problemas de los que debemos desembarazarnos. El mantener al Congo, como hasta ahora, como un Estado, solamente acarreará más violencia pues es una construcción artificial que no se ha desarrollado desde adentro, sino que fue forzado sobre la región desde afuera. Solamente un sistema global nuevo traerá los cambios necesarios.

El Anarquismo –Una Alternativa

Se ha vuelto cada vez más claro, especialmente en África, que tanto el Estado como el capitalismo, que es mantenido por el Estado, son los peores males. La mayor parte de la gente vive y trabaja sin recibir a cambio nada positivo del Estado. Solamente perciben sus aspectos negativos: pagar los impuestos cuando ni siquiera hay dinero para ello; sufrir guerras dirigidas por políticos para ganar poder y dinero. Hemos visto en repetidas ocasiones que la democracia occidental no es la solución para el África. Más aún, lo que algunos llaman la “democracia africana” no es más que una hermosa palabra para ocultar un Estado unipartidista, tal cual en Uganda, que no es sino otra forma de dominio autoritario. La mayoría de la gente vive, en efecto, por fuera y en contra al Estado. El anarquismo, por tanto, no debiera ser una novedad en África donde han habido muchas sociedades tradicionales que han vivido de manera similar al sistema anarquista; algunas siguen existiendo. Lo que nos queda por hacer es organizar al pueblo en toda África y el mundo para luchar, pues, por un sistema mejor a nivel global.

África ha sido siempre dominada por la influencia extranjera. Solamente un nuevo sistema global puede alterar este dilema y sólo el anarquismo permite un sistema verdaderamente internacional, que de una vez por todas se deshaga de la injusta explotación de los más por los menos. Solamente el anarquismo permite la auto-determinación. Ningún Estado es adecuado, tenga fronteras culturales (como demandan ciertos grupos etno-políticos) o no, pues si las fronteras nacionales y culturales fueran las mismas, entonces el Estado se arriesga a volverse opresivo con la exclusión de aquellos que tengan un historial cultural diferente. De igual manera, un Estado multicultural siempre corre el riesgo de que un grupo trate de asimilar a otros.

Para resumir, los Estados –aún las democracias- solamente existen pues ayudan a algunos a volverse más poderosos y a acumular riquezas mediante el poder. Esto se hace especialmente evidente en el Congo. No necesitamos Estados; hay suficientes ejemplos de gente que se organiza por sí sola, aún a nivel global. Otro mundo es posible; tenemos que comenzar a creer en él y a luchar por él

Notas:

[1] Nombre dado en los medios al conflicto del Congo (n. del traductor)

[2] Un libro de Conrad que es recordado hoy solamente por ser un ejemplo extremo de racismo, y no precisamente por sus méritos literarios (n. del traductor)

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NotaPublicado: 21 Jun 2007, 16:11 
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Una idea genial, Manu, y muy interesante. :wink:

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NotaPublicado: 24 Jun 2007, 14:42 
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Registrado: 21 Jun 2006, 19:36
Los ‘fondos buitre’ especulan con África tras el G-8


Su nombre es vulture funds, pero se les conoce como ‘fondos buitre’, especializados en adquirir valores de entidades con dificultades. Tras el G-8 se siguen frotando las manos.



Donegal International, una sociedad financiera registrada en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas, pagó cuatro millones de dólares por una deuda de Zambia, reclamando a este país empobrecido un pago de 42 millones, aproximadamente el importe de la ayuda internacional que recibió el año anterior.

La legitimidad de la reclamación ha sido reconocida por un tribunal de Londres que finalmente ha reducido la cuantía pagadera a esa sociedad financiera, uno de los llamados ‘fondos buitre’ o vulture funds. En los círculos profesionales anglosajones se denomina vulture fund o ‘fondo-buitre’ a cualquier entidad financiera que se especializa en la adquisición de valores y activos devaluados de otras entidades y corporaciones en dificultades económicas o cerca de la bancarrota. Como sugiere la metáfora, vuelan en círculos en torno a su presa para lanzarse en picado sobre ella cuando, agotada, no tiene ya escape. Estos buitres financieros, aparecidos durante la crisis de Argentina, últimamente han encontrado un nicho rentable de mercado al impulsarse la cancelación de la deuda de los países pobres.


La deuda se multiplica

La deuda de Zambia, que originariamente tenía un valor nominal muy inferior al exigido ahora, nació de los tractores comprados a Rumanía por el entonces presidente- dictador que regía el país africano en los años de la Guerra Fría. En mayo pasado, el alto tribunal de Londres sentenciaba la existencia de esta deuda incrementada por los intereses y reclamada por el citado ‘fondo buitre’ registrado en el conocido paraíso fiscal.

Las noticias del juicio y de la sentencia motivaron un gran revuelo en Londres entre activistas y diputados que siguen el asunto de la pobreza en África. El mismo día que Blair anunciaba su próxima dimisión, su sucesor George Brown prometía llevar esta cuestión a las reuniones del G-8. Y los reportajes de la BBC sobre las operaciones de estos ‘fondos-buitre’ llevaron al periodista Greg Palast a Virginia, donde tiene sus oficinas el financiero estadounidense dueño de la gestora Debt Advisory International, propietaria a su vez de Donegal International, el fondo domiciliado en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas; naturalmente sin lograr una entrevista con el acaudalado especulador global. Pero la difusión pública de estas operaciones financieras mientras en la comisión de África del Congreso de EE UU se debatía la deuda de los países pobres despertó un revuelo entre congresistas influyentes, alarmados por el escándalo, con declaraciones condenatorias. E incluso acudieron a una entrevista en la Casa Blanca para plantearle al presidente la urgencia de medidas internacionales contra los fondos-buitre; prometiéndoles Bush que también plantearía la cuestión en el G-8, según las propias manifestaciones de esos congresistas difundidas por el programa alternativo de televisión y radio Democracy Now y por Greg Palast.

¿Y cuál ha sido la decisión de los ocho principales gobiernos del mundo reunidos en la cumbre en el balneario de Heilingedam? Ninguna que afecte a los ‘fondos buitre’, según las noticias y los documentos publicados. Desde luego, las noticias diarias van siempre a lo insustancial, lo que carece de significación real para los ciudadanos. ¿Es novedad que la policía alemana siguiera el modelo contraterrorista de Washington, incluso reteniendo ilegalmente supuestos alborotadores como terroristas en Guantánamo?

Para quienes intentamos ver el trasfondo, el eco mediático focalizado en los abusos y excesos policiales frente a las manifestaciones contra el G-8 en Rostock, sólo sirve para eludir el análisis crítico de lo tratado en el G-8 como ilegítimo y falso gobierno mundial. Eso sí: los medios de comunicación vehiculizaron el mensaje oficial del compromiso de los líderes mundiales de cancelar la deuda de los países más pobres, repitiendo las cifras millonarias que ya dijeron hace dos años en otra cumbre de Escocia. Para irritación de las ONG y los activistas que seguimos este problema lacerante que está en el origen de los cayucos con jóvenes desesperados que arriban, cuando no se ahogan en el Atlántico o en el Mediterráneo.

El G-8 ni siquiera aceptó la propuesta de Angela Merkel de regular los grandes fondos de inversión domiciliados en los paraísos fiscales, los llamados hedge funds, llamados en castellano fondos de alto riesgo, que ahora los tecnócratas del Ministerio de Economía denominan “fondos de inversión libre” para despistar.

Porque continúa afirmándose la globalización financiera sin normas internacionales, el sistema de libre circulación de capitales por el mundo sin restricciones, que permite a los ‘fondos-buitre’ apropiarse del dinero de la ayuda al desarrollo, comprando la deuda pendiente de pago de los países pobres para beneficiarse de su cancelación; y que las corporaciones transnacionales puedan seguir explotando el petróleo y los recursos naturales de África y Latinoamérica. Son las injusticias masivas que se camuflan bajo la expresión de “los desequilibrios mundiales” en la terminología oficial, pero que claman al cielo, si lo hay.


Enlace: http://www.diagonalperiodico.net/article4155.html

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NotaPublicado: 26 Jun 2007, 02:11 
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Un artículo que expone con sencillez el interés de las grandes empresas occidentales en el África negra como suministrador barato de materias primas.

África y el poder de las transnacionales, por Hedelberto López

El agotamiento de los recursos naturales en varias partes del orbe, la concentración de capitales en las naciones desarrolladas con el surgimiento de grandes monopolios industriales que necesitan inexorablemente de materias primas y el desigual intercambio comercial entre países pobres y ricos, entre otros factores, han motivado que gobiernos occidentales y sus compañías transnacionales dirijan la vista hacia el continente africano.

Un artículo del profesor Silvio Baró, del Centro cubano de Estudios de África y Medio Oriente (CEAMO), indica que África puede ser considerada como un notable reservorio de una gran cantidad de minerales y metales (se estima que más de 60) y constituye el principal suministrador mundial de algunos de ellos como en los casos del oro, minerales del grupo del platino, diamantes, uranio, manganeso, cromo, níquel, bauxita y cobalto. Algunos economistas señalan que en el continente se encuentra aproximadamente el 30 % de las reservas de minerales y metales aún sin explotar a nivel mundial.

Durante 500 años de explotación colonial las capitales europeas, además de dividir arbitrariamente los territorios en ese continente, también los organizó de forma que de cada uno se pudieran obtener las materias primas y los productos que necesitaban sus metrópolis.

Debido al saqueo y a la explotación político-económica-social, tras la descolonización, las economías Áfricanas han dependido mayoritariamente de sus producciones agrícolas atrasadas y de la explotación de algunos recursos minerales como diamantes, oro, cobre, uranio y otros, los que además, han sido controlados por compañías transnacionales.

De esa forma, Zambia, la República Democrática del Congo y Sudáfrica exportan la mayor cantidad del cobre existente en el mercado mundial; Guinea y Ghana la bauxita; Sudáfrica y Namibia el uranio; Sudáfrica, Zimbabwe y Botswana, el níquel y el cobalto; República Democrática del Congo, Rwanda y Uganda, el molibdeno, tantalio y niobio; Sudáfrica, Liberia y Mauritania, el hierro

En África y en la zona de la antigua Unión Soviética se hallan las reservas mundiales de minerales estratégicos para diferentes industrias de los cuales Estados Unidos es completamente dependiente.

Pese a los recursos que dispone África, sus producciones solo corresponden al 2 % del comercio mundial, fundamentalmente porque sus materias primas se venden a bajos precios mientras que las importaciones de equipos industriales, de construcción, telecomunicaciones, etc, se pagan a precios exorbitantes aunque sus componentes de fabricación proceden casi todos del continente africano.

El intercambio desigual es otra de las formas de neocolonización impuestas por los organismos internacionales dominados por Estados Unidos, Europa y Japón.

El profesor Baró puntualiza en su trabajo que "en el caso del cromo, Estados Unidos depende de las importaciones procedentes de Sudáfrica y Zimbabwe, países que concentran el 98% de las reservas mundiales. La República Democrática del Congo produce más del 60 % del cobalto mundial, mineral del cual la principal potencia mundial importa el 65 % de sus necesidades. En el caso del manganeso, este país recibe el 39 % de sus importaciones tan sólo de Sudáfrica, nación que posee el 75 % de las reservas mundiales.

La situación se hace más peliaguda para la primera potencia mundial pues Washington a finales de 1990 dependía de las importaciones de unos 100 minerales, 67 de los cuales se utilizan en la producción de material bélico, según indica Major G. Jackson en su libro Strategic materials and U. S. vulnerability: 90 % para un conjunto de minerales estratégicos; 98 % para el cobalto que se emplea en la fabricación de motores de aviones; 82 % del cromo que se utiliza en las industrias metalúrgica, química y otras de similar importancia; 73 % para los metales del grupo del platino de significación para las industrias electrónica, de telecomunicaciones y aeroespacial.

En los últimos años, el descubrimiento de grandes yacimientos petroleros en África ha motivado que Estados Unidos y las transnacionales hayan acudido con mayor fuerza y presencia hacia ese continente.

La gran inestabilidad en el Medio Oriente, (principal suministrador de petróleo hacia Occidente) provocada por las constantes agresiones de Israel contra el mundo árabe y las guerras desatadas por Estados Unidos contra Iraq y Afganistán, han motivado que Washington busque otras zonas para adquirir el ansiado combustible.

El ex subsecretario de Estado para África, Walter Kansteiner, al igual que el vicepresidente Richard Cheney han expresado abiertamente que "el petróleo africano es de interés estratégico nacional para nosotros y lo será aún más en el futuro".

Datos oficiales indican que la extracción petrolera en los países del Golfo de Guinea (Nigeria, Congo, Gabón, Camerún y Guinea Ecuatorial) sobrepasa los 4,5 millones de barriles diarios, sin contar Angola. Estados Unidos importa el 15 % y Europa el 24 % de su consumo de petróleo de esta región. Para el 2015 Washington cubrirá el 25 % de sus necesidades del combustible procedente del Golfo de Guinea, una zona más segura y alejada del convulso Medio Oriente, que cuenta con grandes reservas de crudo de primera calidad y además, mucho más cercano a sus costas.

Para instrumentar todo este complejo plan de abastecimiento, Estados Unidos cuenta con la presencia en ese Golfo de las transnacionales norteamericanas Exxon Mobil, Chevron, Maraton Oil, Amerada Hess y Ocean Energy.

La falta de modernas tecnologías, financiamiento y especialistas calificados han motivado que estos países firmaran contratos que no favorecen al desarrollo económico y social de sus pueblos pero sí son muy favorables para las compañías transnacionales.

Mientras las grandes compañías extraen riquezas de África que van a parar a los países desarrollados, estos últimos han recortado drásticamente las contribuciones de ayudas ofrecidas a ese continente para paliar las enormes dificultades que confrontan.

Según African Monitor, una organización independiente creada en el 2005 para evaluar el cumplimiento de las promesas hechas por los países industrializados, los ingresos reales por ayuda a ese continente han caído del 0,7 % del Producto Interno Bruto de cada país a solo el 0.3 %.

De la experiencia padecida por África se impone la necesidad de incrementar las relaciones Sur-Sur en busca de formas que beneficien a las naciones en desarrollo sin tener que padecer el saqueo indiscriminado de sus riquezas naturales por parte de las transnacionales y de los gobiernos occidentales.

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NotaPublicado: 30 Jun 2007, 13:06 
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Represión contra el movimiento obrero en Marruecos: http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/5434

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NotaPublicado: 17 Jul 2007, 20:36 
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Otro artículo muy interesante sobre la rapiña del capitalismo en África y sus instrumentos y estrategias:

La obscena transparencia del Plan África

Que tanto el PP como el PSOE defiendan una política migratoria que deja a cientos de miles de inmigrantes a merced de los empresarios explotadores es síntoma de hasta qué punto ambos partidos defienden la idea de que los intereses de nuestras multinacionales son nuestros intereses. Que la izquierda parlamentaria apoye la aprobación del Plan África es síntoma de la conversión de la izquierda en izquierda capitalista.

"Que los africanos vengan a pedir socorro a los mismos que les roban demuestra su desesperación; que los que les roban reciban su demanda de socorro con balas y palos demuestra la irrevocable ignominia del capitalismo. Podemos hacer guerras lejanas, imponer programas de ajuste estructural, firmar en un despacho un acuerdo comercial y destruir diez países sin violar en apariencia ningún mandamiento. Pero si llaman a nuestra puerta unos hombres que tienen hambre y sed, entonces no nos queda más remedio que romperles la cabeza, dispararles y abandonarlos en el desierto. Se crea o no en Dios, esto es un pecado y un pecado tan vergonzoso, tan sucio, tan abyecto, tan despreciable, que no es raro que hagamos un esfuerzo tan grande por ocultarlo, olvidarlo o justificarlo. Zapatero ha mandado al ejército español a asesinar a un mendigo que extendía la mano, como hacen las bandas de neonazis con los que duermen entre cartones, y España aplaude o calla." Santiago Alba Rico, Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos, p. 296.

Mientras diez millones de turistas contribuyen cada año al crecimiento de la economía canaria -es decir, a los beneficios privados de las empresas constructoras y turísticas, a la creación de empleo precario y a la destrucción del territorio y sus ecosistemas-, una avalancha de treinta mil inmigrantes africanos se presenta como una grave amenaza para las Islas.

Como estos últimos no son solventes, hacen su trayecto en embarcaciones precarias y eligen rutas cada vez más peligrosas para evitar encontrarse con los buques de guerra con que les reciben los gobiernos europeos; cuando no mueren ahogados en el intento, sus hoteles son Centros de Internamiento de Extranjeros (CIES), permanentes o improvisados en los sótanos de las comisarías. En estas cárceles encubiertas las personas inmigrantes pueden pasar hasta cuarenta días. Como no son turistas, a la salida de estas prisiones su destino es la repatriación o una orden de expulsión que les condena a trabajar en la economía sumergida, aceptando condiciones de trabajo semiesclavas ante la permanente amenaza de expulsión.

El despliegue militar y policial español en la Frontera Sur (Andalucía, Ceuta y Melilla, Canarias), cada vez más respaldado por la Unión Europea a través del dispositivo FRONTEX, no hace más que incrementarse para interceptar a aquellas personas que osan acercarse a la frontera de la fortaleza europea. Costosos dispositivos de vigilancia por satélite, militares y guardias civiles forman parte de este despliegue humanitario.

En los últimos meses, se ha intensificado la tendencia a externalizar el problema hacia fuera de las fronteras europeas, forzando a algunos países africanos a acoger a las personas interceptadas en barcos como el Marine I. Los cientos de personas desembarcadas en Mauritania se encontraban, según la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, "privadas de libertad en condiciones infrahumanas y degradantes, hacinadas en el almacén de pescado en el que fueron encerradas tras ser desembarcadas, en el que se les obliga a permanecer sentadas y/o tumbadas, alimentadas con frecuencia a base de bocadillos". Más de dos meses después del desembarco, y después de que la mayor parte hayan sido deportadas, aún permanecen 23 personas retenidas, lo que ha motivado un recurso presentado por el Comité Español de Ayuda al Refugiado, admitido a trámite por la Audiencia Nacional, en el que se denuncia la actuación del gobierno español respecto a los ocupantes del Marine I.

Los medios de comunicación han convertido la inmigración procedente del África Subsahariana en una invasión. En una actividad reciente en un instituto, el alumnado multiplicaba por diez, veinte o treinta el número real de personas que habían llegado a Canarias en el año 2006. Su percepción no es tan exagerada si la comparamos con lo dicho por algunos dirigentes políticos: "o creamos allí una zona de prosperidad o nos invaden veinte millones de africanos", "el gobierno ha convertido España en una tierra prometida para toda el África Subsahariana", etc. Si atendemos a la escasa preocupación mostrada por el hecho de que miles de personas mueran ahogadas en el trayecto oceánico, ¿cuáles son las razones de esta amplia cobertura mediática y de este tipo de declaraciones políticas?

En plena efervescencia del discurso de la invasión, el gobierno español aprobó, en mayo de 2006, el Plan de Acción para el África Subsahariana, más conocido como Plan África. El análisis de dicho Plan, que fue presentado como una política integral de ayuda al desarrollo para resolver en origen las causas de la inmigración, puede ayudarnos a contestar a la pregunta planteada. A su vez, es necesario que analicemos las relaciones entre las principales potencias mundiales, el capital transnacional y los países africanos para comprender los objetivos reales de la política española.

Estados Unidos y la Unión Europea en África

En los últimos años, y a lo largo y ancho de todo el planeta, la lucha contra el terrorismo se ha convertido en la justificación para todo tipo de intervenciones de los Estados Unidos y sus aliados para garantizar los intereses del gran capital transnacional y la seguridad energética de las principales potencias. Su despliegue, de consecuencias dramáticas para la mayor parte de la población mundial, incluye también su presencia en África, periferia de la periferia. Se espera que en el año 2015 un cuarto del petróleo consumido por Estados Unidos provenga de África. Se trata, por tanto, de una alternativa parcial de suministro ante las grandes dificultades que las diversas resistencias están generando en Oriente Medio al imperialismo yanqui.

Las multinacionales norteamericanas, a quince o veinte años de los programas de ajuste estructural impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, encuentran en el continente africano el clima adecuado para hacer negocios. Las altísimas tasas de beneficio de las multinacionales -en el sector de hidrocarburos o de extracción de otras valiosas materias primas, en el ámbito de los servicios públicos privatizados, mediante suculentos contratos para la construcción de infraestructuras, etc.- están respaldadas por la presencia militar norteamericana: la base militar en Djibouti, los bombardeos en Somalia, la presión para que tropas norteamericanas intervengan en Darfur (Sudán), la Iniciativa Pan Saheliana contra el terrorismo, la formación y aprovisionamiento de ejércitos africanos y los planes de creación de una nueva base militar en Santo Tomé y Príncipe son solamente algunos ejemplos de este despliegue militar.

La Unión Europea mantiene una relación de subordinación a los Estados Unidos, a la vez que trata de no perder su protagonismo en las relaciones con los países africanos. La Estrategia de la UE para África (2005) resalta el vínculo histórico entre ambos continentes. El Acuerdo de Cotonou, firmado en el año 2000 por la UE y la mayoría de los países africanos, debilita la capacidad de negociación de estos últimos y promueve la firma de acuerdos de libre comercio para el año 2008, adaptándose a las exigencias de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Las consecuencias de estos acuerdos serán la perpetuación del monopolio tecnológico de las transnacionales, el robo del conocimiento tradicional de las sociedades campesinas por las empresas extranjeras y la profundización en el modelo exportador de materias primas, incompatible con la seguridad y la soberanía alimentarias de la población africana. Además, el capitalismo de rostro humano europeo, cuando las leyes del mercado son insuficientes, se apoya, al igual que el aliado norteamericano, en la fuerza militar. Así, en la cumbre de la OTAN de noviembre de 2006, europeos y estadounidenses debatían estrategias comunes para combatir el terrorismo y garantizar la seguridad energética, mientras las tropas de las principales ex-metrópolis europeas mantienen una amplia presencia en el continente africano.

Las potencias occidentales, presionadas por la presencia de otros países, como China, que desarrollan una amplia actividad económica y política en África destinada a competir por las fuentes de abastecimiento energético y otras áreas de negocio, han desarrollado además diversas campañas, fuertemente publicitadas, de condonación de la deuda externa y de incremento de la ayuda al desarrollo como forma de garantizar su control político y económico. Estas iniciativas tienen como objetivo, por un lado, hacer sostenible el pago de la deuda, es decir, garantizar que continúe el trasvase de recursos desde los países periféricos; y, por otra parte, establecen nuevos mecanismos de condicionalidad para imponer las políticas económicas dictadas por el FMI y el BM, conocidas por sus terribles consecuencias sociales. Es necesario cuestionar el papel que ha cumplido y cumple la ayuda al desarrollo. Desde sus orígenes, ha sido un mecanismo más de conquista de mercados y de subordinación de África a los intereses occidentales.

El Plan África, nuestra seguridad energética y los beneficios privados

A la luz de este contexto internacional, podemos analizar ahora los contenidos del Plan África aprobado por el gobierno español. Lejos de solucionar en origen el problema de la inmigración, el Plan trata de insertar la presencia española en África en este contexto internacional. Se trata de una presencia de segundo orden y subordinada a la estrategia de la Unión Europea para el continente, que exige a España el cumplimiento de su papel de frontera de la UE con el continente africano. Así lo reconoce el propio Plan África al establecer como uno de sus objetivos la "participación activa en la Estrategia de la Unión Europea hacia África".

En cualquier caso, el Plan, apoyado en el discurso de la invasión promovido por las grandes corporaciones mediáticas, es expresión de la utilización sistemática de la lucha contra la inmigración ilegal como excusa para la recolonización de África. Desde esta perspectiva debemos analizar el incremento de la cooperación y de la presencia militar, justificadas en la lucha contra el terrorismo y contra la inmigración ilegal y en favor de la democracia. El mismo objetivo, el de la defensa de los intereses de nuestros capitales, persigue el llamado redespliegue diplomático, que ha implicado visitas de alto nivel de los dirigentes españoles a países africanos, el impulso a la apertura de nuevas embajadas, la creación de oficinas relacionadas con la cooperación, la defensa y el comercio y la presión para llegar a acuerdos de segunda generación que externalicen el control de fronteras hacia los países africanos y faciliten las repatriaciones, a cambio de cooperación económica. Pero si el conjunto del Plan expresa con bastante claridad el verdadero carácter del mismo, uno de sus objetivos destaca por su obscena transparencia:

El refuerzo y la diversificación de los intercambios económicos, así como el fomento de las inversiones, sin olvidar la creciente importancia estratégica de la región subsahariana, y en particular el Golfo de Guinea, para nuestra seguridad energética y las oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos para las empresas españolas.

El fomento de la inversión de las multinacionales españolas en África, la cobertura de riesgos a la exportación y el apoyo a la actividad pesquera de nuestras empresas en el litoral subsahariano, responsables de la desaparición de la pesca artesanal y de la sobreexplotación de los caladeros africanos, son algunas de las maneras para "robustecer unos lazos económicos y comerciales con África históricamente débiles".

El contenido central del Plan no es, por tanto, la ayuda al desarrollo, a pesar de que también es necesario denunciar el carácter de dicha ayuda: por ejemplo, los créditos FAD, denunciados por múltiples organizaciones sociales por tratarse de créditos vinculados a la compra de mercancías españolas, son impulsados por el Plan África; dichos créditos son uno de los instrumentos principales de creación de deuda externa de los países periféricos con España.

Que el Consejo de Ministros apruebe, dentro de planes presentados como de ayuda al desarrollo, la defensa de los intereses privados de las empresas de hidrocarburos es síntoma del grado de consenso social que ha alcanzado la idea de que los intereses de nuestras multinacionales son nuestros intereses. Que tanto el PP como el PSOE defiendan una política migratoria que deja a cientos de miles de inmigrantes a merced de los empresarios explotadores es síntoma de hasta qué punto ambos partidos defienden dichos intereses. Que la izquierda parlamentaria apoye la aprobación del Plan África es síntoma de la conversión de la izquierda en izquierda capitalista. Que vivamos la tragedia diaria de la Frontera Sur como una amenaza y el despliegue del ejército como la solución es síntoma de la enfermedad individualista de nuestra sociedad.

Eduardo Romero (autor de "Quién invade a quién. El Plan África y la inmigración", editado por Cambalache en el 2006)

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NotaPublicado: 21 Ago 2007, 20:05 
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Otro informe sobre las políticas del gobierno sudafricano, a cargo de Patrick Bond (ver el enlace que dejó Turiferario):

Del Apartheid Racial al Apartheid de Clase: La frustrante década de libertad de Sudáfrica

El fin del régimen del apartheid fue un gran logro humano. Sin embargo, la elección en 1994 de una mayoría del ANC –con Nelson Mandela como nuevo presidente- no alteró la enorme grieta estructural en lo que se refiere a la riqueza que separa a la mayoría negra de la minoría blanca. De hecho, puso en marcha políticas neoliberales que exacerbaron la desigualdad de clase, raza y género. Para promover una transición pacífica, el acuerdo negociado entre el régimen blanco racista y el ANC permitió a los blancos conservar las mejores tierras, las minas, las fábricas y las instituciones financieras.

Unos pocos meses antes de la elección democrática del 17 de abril de 1994, fue conformado un gobierno sudafricano de transición, incorporando tanto al ANC como al Partido Nacional, que había estado en el poder durante 45 años gracias al voto blanco exclusivo. Aún cuando las leyes racistas estaban retrocediendo y se estaba elevando la dignidad de la población negra mayoritaria, el primero de diciembre de 1993 fue el punto en el cual la lucha por la justicia socioeconómica en Sudáfrica se perdió decisivamente, al menos en forma temporaria. El primer acto de ese gobierno interino fue aceptar un préstamo de 850 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, supuestamente como auxilio ante la sequía, aunque la sequía intensa había terminado 18 meses antes. Las condiciones secretas del préstamo –difundidas a los principales periódicos de negocios en marzo de 1994- incluían los usuales ítems del menú de ajuste estructural: tarifas de importación más bajas, cortes en los gastos del estado, y grandes reducciones en los salarios del sector público. En adición, Michel Camdessus, entonces director general de FMI, puso una presión intensa aunque informal sobre el presidente entrante Mandela en el sentido de redesignar a los dos pilares principales del neoliberalismo de la era del apartheid, el ministro de finanzas y el gobernador del banco central, ambos del Partido Nacional.

Otro punto crucial fue alcanzado en junio de 1996, cuando el escalón más alto de los estrategas del ANC impuso una estrategia económica de largo alcance “no-negociable” sin molestarse en consultar a sus socios de la Alianza en el movimiento sindical y el Partido Comunista Sudafricano (SACP), y mucho menos a sus propios simpatizantes. El Banco Mundial contribuyó con dos economistas y su modelo para este proyecto, conocido como “Crecimiento, Empleo y Redistribución” (GEAR). Introducido para promover la confianza de los inversores en el momento de una crisis financiera, el GEAR permitió al gobierno distanciarse psicológicamente del algo más keynesiano “Programa de Reconstrucción y Desarrollo,” que en 1994 había servido como plataforma de campaña del ANC. Las promesas generadas por el modelo econométrico del Banco Mundial eran ciertamente grandes: para el 2000, la economía sudafricana estaría creciendo al 6% y creado 400.000 nuevos empleos por año.
El registro post-apartheid

Los errores de la transición fueron disculpados por algunos simpatizantes del ANC como reveses temporales a lo largo de lo que es una amplia trayectoria progresista, única en África. Un documento reciente, “Hacia una revisión de los diez últimos años,” disponible en el sitio web del gobierno, hace declaraciones grandilocuentes en apoyo de tal interpretación. El noticiero ANC Today en el sitio web del partido gobernante se basa en ese documento para promover a la economía post-apartheid: “Desde que el ANC fue electo para el gobierno en 1994, Sudáfrica ha alcanzado un nivel de estabilidad macroeconómica nunca visto en el país durante 40 años... Luego de las masivas fugas de inversiones en los 80’ e inicios de los 90’, el país tiene niveles positivos de inversión directa extranjera durante los últimos diez años... Entre 1995 y 2002 la cantidad de gente empleada creció en unos 1,6 millones.”

La mayoría de tales declaraciones son distorsiones o falsedades absolutas. Para el ANC mostrar un nivel de estabilidad macroeconómica nunca vista en el país durante 40 años es ignorar la fácil medición de tal estabilidad: fluctuaciones en la tasa de intercambio. En realidad, se presenciaron tres colapsos financieros en un período de pocas semanas en febrero-marzo de 1996, junio-julio de 1998 y diciembre del 2001, y cada uno condujo a incrementos masivos en la tasa de interés que debilitaron el crecimiento y beneficiaron a los especuladores. Estos momentos de inestabilidad macroeconómica fueron tan dramáticos como cualquier otro incidente durante los dos siglos previos, incluyendo el pánico financiero de septiembre de 1985 que apartó a las grandes empresas del régimen del apartheid y pavimentó el camino para el gobierno del ANC.

La inversión doméstica ha sido débil (con un incremento de menos del 2% por año durante la era GEAR cuando se hablaba de un incremento del 7$), y si no fuera por la privatización parcial de la compañía telefónica, no se habrían registrado inversiones externas. La inversión del sector privado doméstico fue negativa durante varios años, porque el capital estuvo efectivamente de huelga, moviendo sus recursos móviles hacia fuera lo más rápidamente posible. Así, de todos los objetivos del GEAR, los únicos que se alcanzaron exitosamente fueron aquellos más cruciales para los grandes negocios: inflación (a la baja del 9 al 5.5%, a pesar del 7-8% previsto en el GEAR); la cuenta corriente (en exceso, no en déficit como estaba proyectado); y el déficit fiscal (por debajo del 2% del producto bruto, en lugar del 3% proyectado).

La realidad es que Sudáfrica ha presenciado el reemplazo del apartheid racial por aquello que crecientemente es denominado apartheid de clase –subdesarrollo y segregación sistemática de la mayoría oprimida mediante prácticas económicas, políticas, legales y culturales estructuradas. A pesar de las levemente más expansivas políticas fiscales que fueron adoptadas luego del 2000, la orientación neoliberal de Pretoria nunca ha sido puesta en duda. El actual presidente Thabo Mbeki sucedió a Mandela en mayo de 1999, pero ha sido el principal arquitecto y administrador político del gobierno desde el comienzo de la transición, así como el árbitro clave en los interminables conflictos internos del ANC.

La pérdida de puestos de trabajo ha sido el aspecto más dañino de la asunción por parte de Sudáfrica de la perspectiva económica neoliberal. A pesar de la promesa de crecimiento del empleo a un 3-4% por año hecha por los artífices del GEAR, las pérdidas de puestos de trabajo del 1 al 4% caracterizaron el final de la década del 90’. La medición oficial del desempleo en Sudáfrica subió del 16% en 1995 al 30% en el 2002. Añadiendo a esa cifra los buscadores frustrados de empleo el porcentaje de gente desempleada pasa al 43%. Entretanto, la productividad del trabajo se incrementó progresivamente y el número de días perdidos por huelgas bajó, esto último debido, en parte, a la desmovilización de los sindicatos por parte del ANC y la hostilidad hacia las huelgas nacionales llevadas adelante por propósitos políticos, tal como las acciones nacionales contra las privatizaciones en el 2001 y 2002.

Los empresarios blancos querían escapar del estancamiento económico y la declinación de las ganancias nacida de una crisis clásica de sobreacumulación. Se sentían sitiados por las sanciones internacionales, e incluso más por el ascenso de la militancia negra en las comunidades y lugares de trabajo durante los años 70’ y 80’. Es allí donde es visible la principal concesión hecha por el ANC durante su acuerdo de transición. El acuerdo representaba simplemente esto: los nacionalistas negros tendrían el estado, en tanto las corporaciones y los individuos blancos podían remover su capital del país, aunque continuaran residiendo en Sudáfrica para disfrutar de privilegios aún mayores mediante la liberalización económica. En cuanto al reparto de la renta nacional, éste se mantendría en los niveles de la década del 60’ tal como era en el momento culminante del apartheid. Pretoria además recortó dramáticamente los impuestos primarios a las corporaciones (del 48% en 1994 al 30% en 1999) y mantuvo el déficit por debajo del 3% mediante la restricción del gasto social, a pesar de la avalancha de desempleo.

Como resultado, de acuerdo incluso a las estadísticas del gobierno, los ingresos familiares de los africanos negros cayeron un 19% entre 1995-2000 (a $ 3,714 por año), en tanto los ingresos familiares de los blancos aumentaron un 15% (a $22,600 por año). No solo se intensificó la pobreza relativa sino también la absoluta, en tanto la proporción de hogares con ingresos menores a $90 creció del 20% de la población en 1995, al 28% en el 2000. A lo largo de la división racial, la mitad más pobre de todos los sudafricanos ganaba sólo el 9,7 por ciento del ingreso nacional en el 2000, por debajo del 11,4% de 1995. El 20% más rico ganaba el 65% del ingreso total. Es razonable asumir que la desigualdad continuó empeorando luego del 2000.

A pesar de la pobreza profunda, el estado aumentó dramáticamente los precios del agua y la electricidad, hasta el punto que para el 2002 consumían el 30% del ingreso de aquellos hogares que ganaban menos de $70 por mes. Se estima que 10 millones de personas tienen cortada el agua, de acuerdo a dos estudios gubernamentales, y otros 10 millones son también víctimas de desconexiones eléctricas. Las estadísticas municipales muestran que el 60% de las desconexiones no se resuelven dentro de las seis semanas, indicando que la responsabilidad recae en la pobreza genuina (y no en la frecuentemente alegada “cultura de no-pago,” supuestamente un resabio del activismo anti-apartheid). Además, dos millones de personas han sido desalojadas de sus tierras u hogares desde la liberación de 1994. Y de 13 millones a los que se les dio acceso a una línea de telefonía fija por primera vez, 10 fueron desconectados porque no pudieron pagar la cuenta, una vez que fueron reducidos los subsidios en el curso de la privatización.

Las relaciones de genero muestran algunas mejoras, especialmente en derechos reproductivos, aunque con accesos extremadamente desiguales. Pero la Sudáfrica contemporánea mantiene formas patriarcales de extracción de excedente, gracias tanto a la discriminación sexual residual como al sistema de trabajo migratorio (rural-urbano), que es subsidiado por las mujeres atrapadas en los antiguos bantustanes. Estas mujeres no son pagadas por su rol en la reproducción social, lo que en un mercado de trabajo normal estaría a cargo de la escolarización estatal, la salud pública, y las pensiones. Esta superexplotación estructural está exacerbada por un incremento aparente en la violencia sexual doméstica asociada con el desempleo masculino en ascenso y la feminización de la pobreza. Las mujeres son también las principales dispensadoras de cuidados en el hogar, y esto implica cargar con el mayor peso asociado con la degradación de la salud.

Con los servicios de salud pública en declinación debido a la falta de financiación y la penetración creciente de proveedores privados, las enfermedades infecciosas tales como tuberculosis, cólera, malaria y VIH están en avance, mucho más que en la época del apartheid. La diarrea mata 43.000 niños por año, como resultado principalmente de una provisión inadecuada de agua potable. La mayoría de los sudafricanos infectados con VIH tienen poca posibilidad de recibir medicinas antiretrovirales para poder extender sus vidas (en el presente, medio millón requiere medicamentos urgentemente), gracias a las políticas “negadoras” de Mbeki y su ministro de salud, que los principales profesionales e investigadores sanitarios etiquetan como genocidio. A pesar de que la dispensación de medicinas fue prometida finalmente por el gabinete en septiembre de 2005, Mbeki inmediatamente echó sal en las heridas afirmando (en una entrevista para el New York Times) que no conocía a nadie que hubiese muerto de SIDA o que fuera VIH positivo.

Mbeki rechazó exitosamente la oposición local de los grupos de derechos humanos y de control de armas a la compra a corporaciones europeas de armamento sofisticado por un valor de 6.000 millones. Los africanos están inquietos acerca de las intervenciones subimperiales de Pretoria. A pesar de los acuerdos de paz en África central y Liberia, subsisten preocupaciones acerca de cuán duraderas son las intervenciones, cuando fracasan en la lucha con causas estructurales subyacentes de estados fracasados y conflictos interétnicos. Un ejemplo de diplomacia de muchacho pendenciero fue la invasión militar por parte de Pretoria en 1998 del vecino Lesotho a fin de sostener a un gobierno impopular. Además los escándalos de tráfico de influencias asociados con el acuerdo de compra de armas –que a fines del 2003 amenazó al Presidente Delegado Jacob Zuma (quien supuestamente solicitó una coima de una manera que el ministro de justicia consideró “corrupción prima facie”) y forzó la renuncia de varios políticos y funcionarios líderes del ANC sorprendidos en acuerdos con corporaciones europeas- sugiere que el entonces presidente Mandela estaba en lo cierto cuando advirtió que esto podía ser un cáncer en el gobierno del ANC.

Pasando al medio ambiente, es razonable afirmar que la ecología sudafricana está hoy en peor condición, en muchos aspectos cruciales –mal manejo de los recursos de agua y suelo, contribución sudafricana al calentamiento global, pesquerías, tóxicos industriales y modificación genética- que lo que lo estaba durante el apartheid. El Proyecto Acuífero de las Alturas de Lesotho se ha convertido en el ejemplo de más alto vuelo de desarrollo de la corrupción en el tercer mundo. La represa más grande de África abastece de agua a Johannesburgo desde las montañas de Lesotho, y se están construyendo más diques aún cuando funcionarios gubernamentales admiten que son innecesarios, y a pesar de las consecuencias ambientales destructivas. A pesar de la escasez de agua hay pocas señales de que estos proyectos en desarrollo ayuden, desde el momento que los costos extremadamente altos de la provisión de agua están desalentando el consumo por parte de la gente pobre. Las familias urbanas más ricas (principalmente blancas) disfrutan de piletas de natación y jardines ingleses, lo que significa que en algunos de los suburbios más hedonistas el consumo de agua diario per capita es 30 veces mayor que en los townships de bajos ingresos, algunos de cuyos residentes hacen el trabajo doméstico y de jardinería para los blancos.

Las mujeres (negras) de las zonas rurales hacen cola durante horas en las canillas comunales en las áridas regiones de los antiguos bantustanes. Las fuentes de agua superficial y subterránea permanecen en manos de los granjeros blancos debido a la desposesión de tierras provocada por el apartheid. Con menos del 2 por ciento de la tierra arable redistribuida (en contra de un objetivo del 30 por ciento en cinco años), la política de tierras neoliberal de Pretoria ha fracasado definitivamente en la solución de este problema.

Pueden citarse otros ejemplos de ecología residual del apartheid, incluyendo numerosos conflictos irresolutos sobre las reservas naturales de tierra (el desplazamiento de indígenas continúa), los catastróficos impactos de la industrialización sobre la biodiversidad, la protección insuficiente a las especies en peligro, y las generosas políticas del estado favoreciendo la modificación genética en la agricultura comercial. Los sistemas regulatorios marítimos están en sobretensión y desafiados por pesqueros europeos y asiáticos, así como por las firmas locales de pesca comercial. La expansión de plantaciones especies forestales para la exportación de pulpa al Asia del este, permanece como extremadamente dañina, no sólo a causa de la destrucción de las praderas y bosques orgánicos –conducente a la adulteración del suelo y mucho peor a peligro de inundaciones como las que sufrió Mozambique en 2000-2001—sino también debido a la dispersión de plantas invasivas alógenas en los reservorios de agua a lo largo del país. Un programa estatal constructivo, de largo alcance, ha ralentizado pero no revertido el avance de especies invasoras.

Debido a las políticas de estado, la agricultura comercial sudafricana permanece extremadamente dependiente de fertilizantes y pesticidas, sin atención hacia los mercados potenciales para la agricultura orgánica. El fracaso del gobierno en prevenir el derramado de tóxicos y la incineración ha conducido a un naciente pero portentoso grupo de acción que promueve casos judiciales comunitarios que van desde las víctimas del amianto a residentes que sufren la polución persistente en varios lugares extremadamente contaminados (Durbán del sur, Sasolburg y Steel Valley). En estos esfuerzos, el movimiento por la justicia ambiental lucha casi invariablemente tanto contra las corporaciones como contra Pretoria.

La privatización fracasa

Es importante añadir que el embuste del gobierno de una “capacidad insuficiente del estado” para resolver los problemas sociales y ambientales ha estado en armonía con un deseo de volcar los recursos sobre el sector privado. Si la privatización y entrega a las corporaciones ha funcionado en todas partes en África, también lo haría en Sudáfrica –con sus mercados grandes y ricos, sus firmas relativamente competentes y su infraestructura avanzada. Sin embargo, emerge evidencia en contra de cuatro casos principales de privatización de servicios estatales: telecomunicaciones, transportes, electricidad y agua.

Primero, hay que considerar el caos creado en el lucrativo sector de las telecomunicaciones, en el que el 30% de la empresa estatal Telkon fue vendido a una empresa mixta de Houston y Kuala Lumpur. El costo de las llamadas locales se disparó, conduciendo a que fueran desconectadas la mayoría de las líneas nuevas. Entretanto, fueron despedidos 20.000 empleados. Los intentos del gobierno de restringir el precio monopólico de las líneas fijas fue bloqueado por el joint venture Texas-Malasia con un juicio y una amenaza de vender su parte de Telkon en el 2002. Como resultado, la oferta publica inicial de Telkom en el New York Stock Exchange aumentó en el 2003 sólo $500 millones. Así, en el proceso se evaporaron unos $5.000 millones de fondos propios de Pretoria en Telkom invertidos a fines de los 90’. Un pacto sobre precios y servicios entre los dos principales operadores de telefonía celular y las persistentes denuncias de corrupción se combinaron para embrollar la introducción de nuevos operadores de líneas fijas y móviles.

Segundo, en el campo de los transportes ha habido una cantidad de dilemas asociados con privatizaciones parciales. Las autopistas comercializadas son inabordables para los pobres. La privatización del transporte aéreo condujo al colapso de la primera aerolínea regional propiedad del estado. South African Airways ha sido gerenciada en forma desastrosa, con grandes pérdidas y un pago inexplicable de $20 millones a un gerente norteamericano que estuvo muy poco tiempo en el cargo. La privatización de la compañía de aeropuertos ha conducido a problemas de seguridad y conflicto laboral. El conflicto constante con el sindicato alineado con el ANC ha puesto en cuestión la privatización de los puertos. El sistema ferroviario crecientemente en manos de corporaciones ha eliminado muchos ramales pequeños que, aunque no son rentables, son cruciales para las economías rurales.

Tercero, el sector eléctrico se está privatizando rápidamente, con el 30% de la empresa para-estatal Eskom (el cuarto mayor productor eléctrico mundial) a ser vendido en el 2004, y multitud de problemas. Treinta mil trabajadores de la electricidad perdieron sus empleos durante los 90’. Está siendo creada una capacidad de generación potencialmente innecesaria por parte de abastecedores privados. En tanto se está invirtiendo un monto mínimo en energía renovable, el estado espera expandir la energía nuclear, mediante nuevos reactores en sociedad con firmas estadounidenses y británicas. Las tarifas de los usuarios residenciales han aumentado mucho más desde que los subsidios fueron puestos bajo ataque a fines de los 90’. Como resultado de las tarifas inalcanzables, Eskom ha ralentizado la extensión de la red eléctrica rural, en tanto millones de personas que entran en deuda con la empresa han sido desconectados –conduciendo a una masiva (y frecuentemente exitosa) resistencia y a reconexiones ilegales. Con la tuberculosis y otras enfermedades respiratorias alcanzando niveles de epidemia es causa de preocupación que aquellos que no reconectan su electricidad son forzados a volver a la parafina o al carbón para cocinar, con todos los peligros que esto implica.

Cuarto, virtualmente todos los gobiernos locales, a fines de los 90’, se volcaron hacia políticas de déficit cero, a instancias del gobierno central y el Banco Mundial. Los intentos de recobrar los costos de los servicios utilizados por las comunidades pobres inflingieron penurias en los miembros más vulnerables de la sociedad, especialmente las mujeres y aquellos con familiares VIH positivos susceptibles de contraer enfermedades transmitidas por el agua e infecciones oportunistas. Aunque la privatización del agua y los servicios sanitarios se aplicó sólo en el 5% de los municipios, los proyectos piloto sudafricanos llevados adelante por las mayores compañías mundiales de agua (Biwater, Suez y Saur) han resultado en servicios que están sobrevaluados y gente que es mal provista de servicios. Los contratos han sido renegociados para aumentar las tarifas a causa de las ganancias insuficientes; los servicios no se han extendidos a la gente más pobre; muchos residentes de bajos ingresos han sido desconectados; se han instalado ampliamente medidores prepagos de agua; y los servicios sanitarios han sido de baja calidad. A lo largo de Sudáfrica, el dogma del déficit cero condujo a la peor epidemia de cólera, catalizada por desconexiones masivas en la provisión de agua a residentes rurales en agosto del 2000.

Como un resultado de este fracaso gubernamental, obviamente se están incrementando la alienación y el descontento. De acuerdo a un informe de fines del 2002 realizado por el liberal Institute for Democracy in South Africa, está en crecimiento el número de gente negra que cree que la vida era mejor bajo el régimen del apartheid. Trágicamente, más del 60% de los sudafricanos encuestados dice que el país estaba mejor gobernado durante el dominio de la minoría blanca, sólo una de cada diez personas cree que sus representantes electos están interesados en sus necesidades, y menos de uno cada tres considera que el actual gobierno es más confiable que el régimen del apartheid. Los negros son sólo un poco más positivos que los blancos y los mulatos en su opinión sobre el gobierno, con el 38% considerándolo más confiable que el anterior. Sólo el 24% de los negros están de acuerdo con la afirmación de que el gobierno actual es menos corrupto que el régimen del apartheid.

Para el 10% de los blancos más ricos y para los blancos ricos que disfrutan de la segregación y el aislamiento de la vasta mayoría, el estilo de vida continúa en uno de los niveles más altos del mundo. Esto es evidente para cualquier visitante a los suburbios poco integrados de las ciudades sudafricanas. El apartheid racial se manifestaba siempre explícitamente en la segregación residencial, y luego de la liberación en 1994, Pretoria adoptó la asesoría del Banco Mundial que incluía una restricción de la construcción de viviendas por parte del estado (virtualmente no han sido construidas nuevas unidades ni por municipalidades ni siquiera de propiedad cooperativa), la asignación de subsidios para vivienda más reducidos que lo necesario, y una dependencia mucho mayor hacia los bancos y los constructores comerciales en lugar del desarrollo conducido por el estado o la comunidad. La privatización de las viviendas es, de hecho, una de las ironías más terribles de la Sudáfrica post-apartheid, también porque el hombre que seguía estos consejos del Banco Mundial, Joe Slovo, era presidente del Partido Comunista Sudafricano. (Slovo murió de cáncer poco después y su principal colaborador, un burócrata del ANC que fue responsable del diseño de esta política, hoy trabaja para una subsidiaria del Banco Mundial.)

Nueve años más tarde, el ministro provincial de vivienda responsable del conurbano de Johannesburgo admitió a un periódico que el resultante apartheid residencial de Sudáfrica se había convertido en un embrollo: “Si vamos a integrar a las comunidades tanto económica como racialmente, entonces hay una verdadera necesidad de abandonar el presente concepto de libertad de vivienda que está determinado por la posición y el gasto de cada uno.” Su vocero añadió, “La idea ha sido siempre que cuando construimos viviendas de bajo costo, deben ser construidas lejos de las áreas existentes debido a su impacto sobre el precio de la propiedad.” Racionalizando tales políticas, la cabeza de una de las mayores corporaciones inmobiliarias de Johannesburgo, Lew Geffen, insistió en que “Las viviendas de bajo costo deben desarrollarse en áreas distantes donde la propiedad es más barata y pueden ser construidos más hogares de calidad.”

Desafortunadamente, los banqueros comerciales y las compañías de construcción asociadas piensan igual que Geffen, de manera que es razonable anticipar que no habrá cambios en Johannesburgo –edificándose no “hogares de calidad” sino lo que muchos residentes negros denominan “caniles”. Varios cientos de miles de viviendas subsidiadas por el estado post apartheid tienen frecuentemente la mitad de los 40 metros cuadrados de amplitud que tenían las construidas en la época del apartheid, y están localizadas aún más lejos de los lugares de trabajo y de los servicios para la comunidad. En adición a las presentes desconexiones de agua y electricidad, los nuevos suburbios padecen la baja calidad de los servicios del estado, desde la infrecuente recolección de residuos a los caminos de tierra y el drenaje inadecuado de las bocas de tormenta.

¡La Globalización me hizo hacerlo!

¿Cómo se produjo tan rápida y decisivamente la degeneración de un movimiento de liberación alguna vez arrogante? Es tentador señalar nuevamente que el neoliberalismo fue dictado por el FMI en diciembre de 1993, antes de ser codificado en el GEAR. Pero también fueron cruciales tres decisiones previas: eliminar la palabra “nacionalización” de la retórica del ANC (abril de 1992); pagar los 25.000 millones de deuda externa heredada de la época del apartheid (octubre de 1993); y garantizar la independencia formal del banco central en una constitución interina (noviembre de 1993).

Deben mencionarse varios otros incidentes económicos internacionales. Unas pocas semanas después de la liberación, en mayo de 1994, cuando Sudáfrica entró en términos desventajosos en el Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT), estaba garantizada la desindustrialización del país. En enero de 1995, comenzó seriamente la privatización. La liberalización financiera en la forma de abolición del control de cambios ocurrió en marzo de 1995, irónicamente en el momento de la crisis mexicana (Efecto Tequila) que destruyó el valor del peso. La protección de Sudáfrica era aumentar las tasas de interés a un nivel record, donde han permanecido desde entonces. Más tarde, desde 1998-2001, el gobierno del ANC garantizó un permiso a las mayores compañías de Sudáfrica para mover sus comandos financieros a Londres.

Bajo estas circunstancias, el GEAR era meramente un conjunto de proyecciones fantasiosas, y el fracaso de la estrategia macroeconómica incluso a veces es aceptado en Pretoria. En un artículo de abril del 2002 titulado “Gran Salto al Estancamiento Cortesía del Banco Mundial”, Bloomberg News Service reporta que el ministro de finanzas, Trevor Manuel ha promovido lealmente “recortes de gastos, desmantelamiento de las barreras de cambio y la lucha contra la inflación durante los pasados seis años, todo bajo la guía de los economistas del Banco Mundial. Todavía está esperando por la recompensa. Ahora, Manuel e incluso algunos de los funcionarios del Banco Mundial dicen que la mayor economía de África no ha ganado todo lo que se esperaba del asesoramiento.” Manuel, que fue presidente del Consejo de Gobernadores del FMI y del Banco Mundial y preside corrientemente el Comité de Desarrollo del cuerpo conjunto, admitió a Bloomberg, “Hemos seguido una política de reforma macroeconómica muy sustancial. Pero las recompensas fueron pocas.” Más generalmente, admitió, “Los países en desarrollo han llevado adelante muchas reformas, pero los beneficios son, de hecho, muy pocos.”

¿Fue empujado Manuel hacia “reformas” tan sustanciales, o él mismo saltó hacia ellas? Como ha sugerido el veterano observador de asuntos africanos John Saul, la tendencia es distraer la atención con el lamento “¡La globalización me hizo hacerlo!” En un discurso de alguna manera autocrítico de mayo del 2003, Manuel admitió que “la integración económica debe ser dirigida porque conlleva la posibilidad de restringir severamente el grado de elección política que tiene un país. Es bueno recordar que son directamente proporcionales el grado en que están limitadas las posibilidades de elección de un país y la necesidad de acceso al capital por parte del mismo. Las variables claves son primero, el financiamiento del déficit fiscal, y segundo, la dependencia de capital externo para financiar la expansión económica.”

Esta afirmación de impotencia política de cara a las finanzas globales fue hecha a un nivel superficial, pero Manuel no hizo ningún intento de remediar el desbalance de poder. Las limitaciones “informales” eran en parte una función de fluctuaciones de cambio. Como continuó diciendo Manuel, “El asunto clave es la extensión de la movilidad del capital y la demanda de un país por una porción del mismo.” Y por lo tanto el instrumento de contrapoder es la aplicación de fuertes controles de cambio. Consistente con la concepción general de los organismos financieros, Manuel debilitó aún más los controles a inicios del 2003.

"¡Tomaremos Sandton!"

En Sudáfrica la retórica puede ser confusa. Cuando Mbeki visitó Malasia en la víspera de la conferencia de Cancún de la WTO en septiembre del 2003, argumentó a favor de que los gobiernos del tercer mundo unieran fuerzas con los movimientos sociales anticapitalistas: “Ellos pueden actuar en forma que no nos guste –rompiendo vidrieras en la calle y esto y lo otro- pero el mensaje que comunican los une a nosotros.” En realidad, no sólo fueron ignoradas muchas posibilidades de unidad y cooperación, sino que fueron saboteadas activamente a lo largo de ese período, en la medida en que Pretoria buscaba imponer el orden político sobre una sociedad crecientemente descontenta.

El lado represivo del gobierno del ANC fue mostrado al mundo en agosto del 2002, durante las protestas contra la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible de la ONU –el arresto preventivo de cientos de activistas de tres movimientos distintos, la prohibición de manifestaciones pacíficas, y el uso de granadas aturdidoras en una marcha de 800 personas que había emergido de una conferencia en la principal universidad de Johannesburgo. Los grupos de izquierda independiente insistieron entonces con una marcha de más de 20.000 personas desde el empobrecido suburbio de Alexandra hasta el sitio de la conferencia en el barrio burgués de Sandton. Una combinación de militancia –representada por la consigna, “¡Tomaremos Sandton!” –y la atención de los medios internacionales de prensa forzó a Pretoria a retroceder. Pero de acuerdo a Yasmin Sooka de la Fundación de Derechos Humanos (antigua miembro de la Comisión de Verdad y Reconciliación), “Muchos funcionarios políticos principales de las fuerzas represivas de la época del apartheid fueron puestos a cargo de las operaciones de seguridad... Era casi increíble ver a los policías y soldados fuertemente armados acordonando cada pulgada de la ruta con las armas apuntando hacia los manifestantes.” (Una marcha en apoyo de la Conferencia por parte del ANC siguió la misma ruta dos horas después, pero con menos de un décimo de manifestantes).

La línea represiva de Pretoria continuó durante el 2003. Los activistas líderes de los “townships” negros de Johannesburgo y Ciudad del Cabo fueron repetidamente hostigados y detenidos por la policía –principalmente en forma ilegal—por resistir desalojos, desconexiones de agua y electricidad, y la instalación de medidores prepagos para estos servicios. En cuanto a la campaña mundial para hacer accesibles las medicinas contra el SIDA, Pretoria enfureció a los activistas que luchaban por el tratamiento al retirar la principal droga para mujeres embarazadas, Nevirapina (sobre la base de pruebas irregulares varios años antes en Uganda), unos días antes de las afirmaciones de Mbeki en Malasia. Cuando, a mediados del 2003, fueron demandadas indemnizaciones por parte de grupos de activistas perjudicados en la época del apartheid en cortes estadounidenses, Mbeki y el ministro de justicia, Penuell Maduna requirieron formalmente que los casos fueran desestimados, y luego revelaron que esto se logró gracias a la colaboración de Colin Powell.

Tales incidentes han dividido a una gran proporción de los movimientos progresistas y a la población de bajos ingresos. Las principales campañas de base de la izquierda independiente son las luchas por medicinas antirretrovirales para combatir el SIDA, una cantidad vital de agua gratis (50 litros por persona y por día), igual caso para la electricidad (1 KW hora por persona por día), reforma agraria, fin de los desalojos, un ingreso básico asegurado, rechazo a las deudas y reparaciones por las ganancias logradas durante el apartheid por capitalistas locales y extranjeros, y seguridad ante la violencia local. Regularmente se montan protestas contra eventos neoliberales de alto vuelo como el Foro Económico Mundial. Ocasionalmente la presión alcanza niveles tan altos que Pretoria cede, como con el plan largamente postergado para proveer medicinas antirretrovirales, en noviembre del 2003, luego de batallas legales, protestas periódicas contra las corporaciones farmacéuticas, y una campaña de desobediencia civil dirigida contra Mbeki y sus ministros de salud y comercio.

Los habitantes de Soweto que se reconectaron ilegalmente a la red eléctrica a inicios del 2000 fueron recompensados en abril del 2003 con la anulación de sus deudas acumuladas, luego de que el ministro responsable de la privatización trató infructuosamente de cortar la militancia en el township. Más recientemente, el gobierno se ha embarcado en una campaña sistemática para debilitar la militancia de base mediante el acoso judicial e incluso la represión policial ilegal.

Reflejando la falta de cooperación entre la izquierda independiente y la alianza ANC, la primera, en el 2003, organizó intensamente contra la administración Bush. Su Coalición Anti-Guerra de 300 miembros condujo repetidamente muchos miles de sostenedores hacia grandes demostraciones en Johannesburgo, Ciudad del Cabo, Durban y Pretoria –muchos más de los que asistieron a las protestas organizadas por el ANC, COSATU, Partido Comunista y las iglesias. Mientras la retórica antiimperialista estridente caracterizaba a la postura antiguerra del ANC, la Coalición Anti-Guerra puntualizó estas hipocresías: la agencia de armas Denel vendió municiones de alta tecnología por valor de 250 millones a Bush y Blair; barcos de guerra abastecidos en Durban en su camino hacia el Golfo Pérsico; y en julio del 2003, Bush fue recibido calurosamente por Mbeki para discutir sobre la cooperación militar y económica futura. Bush respondió dulcemente, designando a Mbeki su “hombre” para la crisis de Zimbabwe. La mano africana de Bush, Walter Kansteiner, denominó a la Nueva Alianza para el Desarrollo de África “filosóficamente correcta”. Al mismo tiempo la comunidad progresista de Zimbabwe y sus aliados internacionales (incluyendo al movimiento de solidaridad Acción África, radicado en EEUU) quedaron anonadados por la repetida apologética de Mbeki acerca del rol opresivo de Robert Mugabe.

La izquierda independiente de Sudáfrica continuará creciendo bajo estas condiciones. Organizaciones que enfrentaron repetidamente al ANC y al capital incluyen movimientos sociales y coaliciones de activistas comunales tales como la nacional Indaba Movimientos Sociales, el Foro Anti-Privatización de Johannesburgo, el Foro Social Thekwini de Durban, y la Campaña contra el Desalojo del Cabo Occidental, así como una variedad de grupos sectoriales específicos: el Proyecto de Derechos Educativos, el Foro por la Justicia Ambiental, Jubilee SA, Keep-Lefr, Khulumani (grupo de apoyo a las víctimas del apartheid), el Movimiento de los Sin Tierra, el Comité de Solidaridad con Palestina, el Comité de Crisis Eléctrica de Soweto, y a veces la inconsistente Coalición de Organizaciones No-Gubernamentales. Se encuentra regularmente información sobre sus luchas en los principales canales de noticias, pero la izquierda independiente local utiliza medios como los sitios web de Indymedia, el periódico Debate: Voces desde la Izquierda Sudafricana, y su lista de discusión por e-mail, y el Khanya Journal. Otra infraestructura de la izquierda incluye institutos de investigación y entrenamiento tales como el Centro de Desarrollo e Información Alternativo, groundWork, el International Labour Research and Information Group, el Khanya College, y el Centro para la Sociedad Civil de la Universidad de Natal, la mayoría de los cuales tiene útiles sitios web. Hay, también algunas secciones militantes del COSATU, especialmente trabajadores municipales.

Sin embargo, han emergido conflictos decisivos dentro de los movimientos de izquierda independiente de Sudáfrica, especialmente acerca de cómo relacionarse con el Partido Comunista y el COSATU. Las opiniones varían grandemente acerca de hasta dónde atacar al propio ANC, y llevan a debates sobre cómo (y cuándo) formar un partido político de izquierda, y si llamar a un boicot o a una agitación en las elecciones del 2004. En adición, permanecen los problemas sudafricanos tradicionales de sectarismo entre todos los pequeños partidos y facciones políticas. Otra línea divisoria importante surge sobre cómo articular las reacciones sudafricanas al problema de la tierra en Zimbabwe y hacia el sector de la oposición de Zimbabwe alineado con el imperialismo. Sin embargo, mi propia impresión es que muchos de estos conflictos se resolverán en la década por venir, cuando se produzca un realineamiento de la izquierda.

Dos citas resumen la situación de Sudáfrica. Primero, “El gobierno está completamente seducido por los grandes negocios, y no puede ver más allá de sus intereses inmediatos.” Segundo, “las facciones sectarias de la izquierda local y extranjera... acusan a nuestro movimiento de haber abandonado al pueblo trabajador, diciendo que hemos adoptado e implementado políticas neoliberales. Estas facciones aducen estar siguiendo un programa socialista. Afirman que, por el contrario, estamos actuado como agentes de la clase capitalista local e internacional y organizaciones multilaterales como el Banco Mundial y el FMI, contra los intereses del pueblo trabajador.” Estas citas son respectivamente del editor (neoliberal) del periódico Business Day en junio del 2003, y del discurso de Mbeki en una conferencia política del ANC en septiembre del 2002, y revelan una conciencia en la élite en el sentido de que el décimo aniversario de la libertad sudafricana no será un motivo de festejos para aquellos que habían esperado una ruptura genuina con el apartheid. Quizá el vigésimo aniversario nos permita un informe más alentador.

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NotaPublicado: 04 Sep 2007, 15:00 
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Lucha social en Marruecos:

- Huelga indefinida en una mina: http://www.ainfos.ca/ca/ainfos09030.html

- Actos de boicot a las elecciones: http://www.ainfos.ca/ca/ainfos09065.html

- Por la libertad de los detenidos el Primero de Mayo pasado: http://www.ainfos.ca/ca/ainfos09042.html

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Traducción al español por Huan Manwë
     
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