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 Asunto: Programa del Partido Sindicalista
NotaPublicado: 25 Abr 2003, 12:21 
Alguien lo pidio, y aqui lo tiene::

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El programa del Partido Sindicalista es el siguiente.

«PROGRAMA»

Consideraciones preliminares

El fracaso de la economía, de la política y de la democracia burguesas es un hecho tan evidente que no puede negarse ya. Pero mencionar este fracaso sin señalar alguna de las causas que lo han provocado es insuficiente, ya nadie satisface, ni aun a los menos exigentes en materia de transformación social. Por lo tanto, apuntemos aquellas que consideramos fundamentales, puesto que al señalarlas encontraremos más libre y expedito el camino de las soluciones que nos proponemos indicar.

El régimen burgués ha fracasado porque no ha sabido resolver la enorme contradicción que resulta de que cuantas más riquezas se crean multiplicando en cantidades verdaderamente maravillosas los productos que han de satisfacer las necesidades todas de los seres humanos, no sólo no pueden satisfacerlas, sino todo lo contrario; puesto que el malestar y la miseria aumentan en la misma proporción, o en proporción mayor si cabe a como aumentan los medios que permitirían satisfacer esas necesidades, haciendo que la vida fuese más digna y más humana que lo es hasta el presente.

Y ha fracasado también, porque a medida que afirmaba la potencia política del Estado, rodeándolo de organismo e instituciones que lo hacían poco menos que invencible, al hombre le señalaba la ruta del individualismo económico y del individualismo político, sin precaver que la dualidad del sistema que creaba provocaría una formidable lucha de intereses, tan formidable y enconada que sólo a través de dificultades sin cuento la puede el hombre entrever y concebir. Y no es sólo esto. Es, además de esto, el que, al reducir al mínimo la resistencia del individuo frente al Poder omnímodo del Estado, por aconsejar al primero el culto de un individualismo exacerbado e inoperante, sentábanse las bases de un desequilibrio tan peligroso para la estabilidad social que sin detenernos a señalarlo en sus pormenores y detalles todos lo conocemos, porque sus consecuencias se manifiestan a diarlo. Por estas razones, el fracaso de la democracia y de la economía burguesas es el fracaso del concepto del Estado liberal y burgués y de la economía individual, que es su consecuencia más impresionante y destacada.

Y si la realidad del mundo es ésta, España no puede ser una excepción. Y no puede serlo porque encuadrada su estructura política en las normas jurídicas que estableció la revolución francesa, aunque para conseguirlo necesitara destruir valores vitales indígenas, como el Municipio en lo político y los bienes comunales y otro en lo económico, el principio liberal y burgués se impuso en nuestro país por las influencias de las ideas predominantes en todos los países de tipo constitucional.

No es aquí lugar apropiado para discernir si pudo o debió hacerse de otro modo, pero sí es el de decir que cuando el Estado liberal y burgués ha fracasado en el mundo entero, y cada país busca el medio de salir de la crisis económica y política a que esa forma de organización los ha llevado, es natural que el pueblo español haga otro tanto, buscando solución a la crisis interna que agota al país, llevándolo a la ruina irremediable. Para ello hace falta que la clase trabajadora industrial y campesina, los técnicos y los intelectuales, los hombres de ciencia y los hombres del saber, todos, en fin, lo que en el trabajo y en la producción sea vital, vean si con su propio esfuerzo, y poniendo en marcha la enorme cantidad de reservas que la economía del suelo y del subsuelo español encierran, y vitalizando sus organismos económicos y políticos, son capaces de superar esa crisis avanzando resueltamente hacia una era de transformación social tan profunda como renovadora.

Aparte esto último, afirmamos que la realidad presente exige y quiere soluciones; pero soluciones claras, concretas y tajantes. ¿Las traemos nosotros? Posiblemente, sí. ¿Cuáles son éstas?

La solución que trae el Partido Sindicalista puede condensarse en muy pocas palabras. Se resume así: No se encontrará solución adecuada a ningún problema político, si no resuelven al mismo tiempo los problemas económicos, mediante una mejor organización en la producción y en la distribución de las riquezas y la toma del Poder económico y del Poder político por las clases productoras. En consecuencia, lo primero que hace falta es imprimir nueva direoción a la economía. Y como la economía actual es una economía de tipo individualista, y ha fracasado, ha de irse hacia una economía de tipo colectivo, en la que el esfuerzo de cada hombre, unido al esfuerzo de los demás en la fuente misma de la producción, enriquezca a la colectividad y al individuo simultáneamente, como natural y obligada resultante.

Consecuentes con este propósito, trabajaremos porque se establezea una economía colectiva, pues orientada la actividad de los individuos hacia una economía de ese tipo, lo político y lo social, que dependen fundamental y absolutamente de lo económico, tomarán esta misma dirección, ya que sería inconcebible una política de tipo individualista en un país de economía colectiva.

¿Cuáles serán, pues, las instituciones y organismos sobre los que el Partido Sindicalista cree necesario afianzar esa organización social futura, una vez hayan triunfado las clases productoras y destruido el Estado y el capitalismo burgués? Sobre tres exclusivamente: Los sindicatos, que tomarán a su cargo la organización de la producción; las Cooperativas, que se encargarán de la distribución, y los Municipios, que serán el órgano de la expresión política de la transformación social a que aspira el sindicalismo. En consecuencia, pues, el Partido Sindicalista impulsará la organización sindical, la organización cooperativista y la organización municipal. Sin embargo, como norma de conducta inmediata hasta llegar a la transformación social, en relación a los Sindicatos especialmente, aunque impulse su creación y exija a los componentes del Partido que sean sindicados en el Sindicato de su oficio, profesión o ramo, respetará e impondrá en todo momento la autonomía sindical, no inmiscuyéndose para nada en el funcionatniento de los Sindicatos ni en las decisiones que tomen. Sin embargo, en casos concretos y precisos, los Sindicatos y el Partido Sindicalista podrán pactar una acción común para la consecución de un objetivo determinado e inmediato. Aparte estas alianzas circunstanciales, las actividades del Partido Sindicalista y las de los Sindicatos se desarrollarán independientemente las unas de las otras.

Además de los organismos citados, como síntesis de la funciones que les son peculiares y comunes a cada uno de ellos, se constituirá un organismo nacional que llene las funciones indispensables a la relación que ha de existir entre las actividades de la vida total del país, organismo que hoy se llama el Estado y que nosotros podremos llamar igual o bien llamarle Confederación de Municipios Españoles. Pues el nombre no hace al caso. Lo que importa es la esencia, y la esencia cambia desde el momento en que el Partido Sindicalista quiere reivindicar para el trabajo, para las actividades científica, artística, cultural, literaria y profesional, la dirección de la sociedad, la gobernación del país, la orientación de la cosa pública, la organización de la economía. Esto queremos y esto nos proponemos realizar. ¿Cómo?


ECONOMIA

En economía agrícola vamos a la supresión del latifundio y del minifundio. Pero no para repartir las tierras en parcelas individuales que la atomizan sin ventajas para la economía en general, sino para dedicarla a la explotación colectiva.

Las tierras expropiadas pasarán a ser propiedad de los Municipios o del Estado o Confederación de Municipios, los cuales las entregarán en arriendo para su cultivo a los Sindicatos o a grupos de campesinos que lo soliciten. Como período de transición, podrá respetarse la propiedad individual; pero la extensión de ésta no será mayor que la que el individuo y los familiares que vivan en su mismo domicilio puedan trabajar. Esta propiedad, que más que propiedad será usufructo, no podrá
venderse ni enajenarse. Y cuando se mantenga inculta o se abandone, tanto en uno como en otro caso, podrán los Municipios expropiarlas sin indemnización alguna, pasando esas tierras a formar parte de los bienes comunales.

En economía industrial vamos a que, en todas sus manifestaciones, fábricas, talleres, oficinas, sin excepción de ninguna forma de la producción, sean los Sindicatos los que la tengan a su cargo. En ellos, unido el obrero manual y el técnico, de común acuerdo con los organismos de orientación económica que se constituyan, suplantarán ventajosamente a la organización industrial de tipo individualista.

La distribución de los productos seguirá el mismo procedimiento que sigue la producción. Las Cooperativas y los Sindicatos de dependientes se encargarán de sustituir a las formas comerciales del régimen capitalista.


SINDICACION

Toda actividad productora, sea de la clase que sea, técnica, intelectual, científica, artística o literaria, se encuadrará en el Sindicato respectivo, en organizaciones o corporaciones profesionales. Estos organismos, reunidos entre sí, agrupados por afinidad profesional o técnica, serán los encargados de ejecutar los planes económicos que de común acuerdo hayan establecido. Ante la colectividad, serán cada uno de por sí los responsables de la parte de actividad que les corresponda. Cabe señalar que tanto en el orden artístico y científico, como en el manual y técnico, habrá aspectos de estas actividades que quedarán al margf:n de cualquier forma de organización sindical o profesional, sin más reglas que las que establezcan los que a ellas consagren sus preferencias.


POLITICA

La organización política a que aspira el Partido Sindicalista empieza en el Municipio, asciende a la Región y termina en el organismo superior que, como queda señalado más arriba, será el Estado o Confederación de Municipios.

Los Municipios gozarán de plena autonomía en los aspectos económicos y administrativos, que es lo fundamental de su existencia. Las comarcas y las regiones se formarán por la libre y voluntaria agrupación de los Municipios, que unas veces obedecerá a razones económicas y otras a situaciones geográficas o de orden diferente; pero en todo momento serán ellos quienes lo determinen.

Del organismo central, Confederación de Municipios, o como quiera Ilamársele, dependerán todos aquellos servicios que: tengan carácter nacional. La clasificación de cuáles son estos servicios, así como la forma en que han de prestarse, lo aconsejarán las propias necesidades y lo determinarán los Sindicatos y organizaciones que los representen.

Para establecerse la legislación y las normas de convivencia social apropiadas, tanto en lo económico como en lo político, lo que hoy se llama Cámara Legislativa o Parlamento Nacional, se transformará en Cámara del Trabajo, a la que sólo tendrán acceso delegados de los sindicatos, de las Cooperativas. de las Corporaciones profesionales y de los Municipios.

La Cámara del Trabajo tendrá carácter nacional. Pero habrá también Cámaras regionales. Estas Cámaras regionales, de acuerdo con los Sindicatos y demás organismos de la producción, elaborarán los planes económicos que necesite cada región. Y la nacional elaborará, con los informes de las Cámaras regionales, el plan general de la economía del país. Los miembros de estas Cámaras serán nombrados en Asamblea de Sindicatos, de Corporaciones profesionales, de Cooperativas y de Municipios.

La Cámara Nacional del Trabajo, al igual que las Cámaras regionales, no sólo tendrán a su cargo elaborar los proyectos económicos, sino que, además, serán las encargadas de velar porque se ejecuten. una vez haya sido acordada su aplicación.

Como programa minimo de reivindicaciones inmediatas, el Partido Sindicalista considerará como tal programa los acuerdos que se tomen en cada Congreso nacional que se celebre.

Constituido a base de una amplia democracia en la discusión de sus orientaciones doctrinales, orgánicamente aplicará una estricta disciplina en la acción a desarrollar por sus organizaciones e individuos.

El Partido Sindicalista rechaza todo principio dictatorial, pero defenderá sus ideas en todos los terrenos, y cuando triunfen por el número, la fuerza y la actividad de sus componentes y simpatizantes. las aplicará sin atenuaciones. .

El Partido Sindicalista exigirá a todos sus miembros, pero especial y particularmente a los que ostenten representación pública en organismos de elección popular y hasta en los del Partido, la honradez más severa y acrisolada. Toda falta en este sentido se castigará severamente, llegándose a la expulsión ruando se aprecie que el caso es grave para la seriedad y buen nombre del Partido.

Al Partido Sindicalista sólo podrán pertenecer aquellos individuos que presten un servicio útil a la sociedad, ya sea en la ciencia, en el arte; en las letras, en la técnica o en los trabajos manuales. Como excepción, no obstante lo apuntado en el párrafo anterior, en las localidades donde sea preciso, podrán constituirse organizaciones de «Amigos del Partido Sindicalista» para agrupar a los que, no pudiendo ser socios por no reunir las condiciones exigidas, deseen colaborar a la realización de nuestro programa.

El Partido Sindicalista acepta la lucha electoral y política no como un fin, sino como un medio para llegar cuanto antes a su finalidad objetiva, pues al aceptarla, sin olvidar la lucha en la calle ni la acción del pueblo mediante poderosos estados de opinión, cree que la aceptacióri, por parte de los sindicalistas, de este medio táctico de lucha, añadido a los que han utilizado hasta hoy, debilitará más rápidamente las posidones actuales que la burguesía y el capitalismo ocupan para el sostenimiento de los privilegios de clase. Advirtiendo que, cuando se le cierren los caminos legales, optará por aquellos que crea más convenientes.

El Partido Sindicalista considerará a todos los españoles por igual y exigirá, por tanto, que todo hombre útil desempeñe una función, trabaje en algo práctico y necesario; que sea, por lo menos, el productor de lo equivalente a lo que consuma. Con esto afirma el SINDICALISMO que el derecho a consumir lleva implícitamente reconocido el deber de trabajar.

Barcelona, marzo de 1934.



La posición del partido en el momento queda definida en un manifiesto del modo siguiente:

A TODOS

PALABRAS ACLARATORIAS

Si causas ajenas a nuestra voluntad no nos obligaran a ello, hubiéramos prescindido de estas palabras aclaratorias, aunque además de tales pueden considerarse de presentación. Pero la actitud de algunos, incorrecta, calumniosa y agresiva en la mayoría de casos, nos obliga a pronunciarlas.

Por lo tanto, tiene este Manifiesto un aspecto polémico del que debe prescindirse en documentos de esta naturaleza. y si no hemos prescindido de este aspecto polémico, como hubiera sido nuestro deseo, débese a las dificultades económicas con que nos desenvolvemos, que impidieron publicarlo cuando lanzamos la iniciativa de la constitución del Partido.

Dicho esto para justificar nuestro modo de proceder, entremos en materia, después de afirmar clara, concreta y categóricamente que el Partido Sindicalista nace sin compromisos con nadie. Que no estamos al servicio de ningún otro Partido. Que estamos desligados de todo compromiso y que ni éste, ni el otro, ninguno en absoluto nos sirve de mentor, ni menos nos sostiene econ6micamente. y afirmamos más: que el día que debamos contraer compromisos con otros partidos sean éstos los que sean, lo haremos públicamente ya la luz del día, como estas cosas deben hacerse.

Venimos a actuar en política de cara al pueblo; no a chalanear con nadie ni con ninguno. Acertados o equivocados, daremos siempre la cara.

Y sobre esto ni una palabra más. Hemos dicho bastante para que los difamadores nos entiendan. Y para que si tienan algo que decir nos lo digan cara a cara.


NUESTRA ACTITUD

La constitución del Partido Sindicalista ha sorprendido sobremanera, preocupados todos por lo que pueda representar el nuevo partido que nace. Es indudable, por tanto, que la crítica con que ha sido acogido nuestro gesto ha de llevar el sello inconfundible de la posición política que ocupen aquellos que nos hayan criticado.

Para unos, nuestro gesto es una deserción, un error fundamental y básico, un abandono de nuestras ideas pasadas. Para otros no es esto, pero es una falta de visión que hará infecunda nuestra obra.

Temerario sería decir quién se equivoca. Sin embargo, hay algo que justifica nuestra actitud. y este algo es la realidad que vivimos. ¿Podríamos negarla? Nosotros no; ellos quizá sí, pues siempre están en condiciones de negar hasta lo más evidente, las inteligencias cerradas al examen de los hechos que a diario nos rodean. Las otras, las libres de esa cerrazón mental, no; éstas ya sabemos que no los negarán.


¿ESTAMOS DONDE ESTABAMOS?

Obligados a contestar las alusiones que se nos han dirigido, tanto porque así lo exige la utilidad de nuestra obra como para fijar nuestra posición con claridad, afirmamos que, salvo una cuesti6n de detalle, estamos donde estábamos. Que éramos sindicalistas antes de construir el Partido y que seguimos siéndolo después de haberlo constituido. Y decimos más: que doctrinalmente nada renegamos de nuestro pasado, puesto que lo que defendimos ayer es lo que venimos a defender hoy. Que las ideas que animaron nuestras actividades dándoles calor y energía, son las ideas que animarán y presidirán nuestras actividades y nuestros gestos de mañana. Sin embargo, y a pesar de las palabras que dichas quedan, fijemos el alcance que damos a esta afirmación.

Para nosotros, sindicalistas, teórica y prácticamente considerados, el Sindicato, dentro del régimen capitalista, ha de ser el organismo que agrupe a todos los trabajadores por su condición de tales, manteniéndose alejado de toda influencia partidista. Sea ésta cual sea. Ni ayer, ni hoy ni mañana queremos una organización sindical sometida a tutelaje. Ni tutela política ni tutela partidista. Defendemos, pues, la independencia sindical frente a todos los partidos. Esto no quiere decir que los Sindicatos no puedan y deban pactar con otras organizaciones para cualquier acto o gesto que a las organizaciones aliadas pueda beneficiar .Pero el Pacto ha de estar libremente consentido y aceptado. Ha de ser la voluntad expresa de los sindicados, libérrima y claramente manifestada.

Y para después, o sea, para una vez realizada la transformación social, para entonces asignamos al Sindicato la organización de la producción. Queda, pues, claro que aspiramos a la independencia sindical en el régimen actual y a que sea el Sindicato el instrumento organizador, estructurador y ordenador de la producción de mañana, quedando transformado el régimen capitalista, haya de llegarse a la socialización de la producción y de la riqueza.

Como órganos de distribución señalamos siempre que podrían serlo las Cooperativas de consumo y los Sindicatos de la Dependencia Mercantil. Ratificamos hoy nuestro punto de vista anterior y afirmamos que todo esto consta en el Programa de nuestro Partido. Por lo tanto, no han cambiado nuestras ideas. ¿Qué se nos reprocha, pues?


TACTlCAS

¿Son las tácticas las que han cambiado? Tampoco. Defenderemos en lo porvenir las tácticas defendidas en lo pasado. Pero aclaremos: Deferideremos las que hemos defendido, no las que se han practicado en la mayoría de los casos.

Sería pueril que fuésemos más papistas que el Papa. Un día no lejano, cuya fecha se recuerda muy a menudo todavía, rompimos dolorosamente con individuos que habían sido compañeros nuestros de organización, porque, ciegos o equivocados, imponían a la organización sindical y a la clase trabajadora, en nombre de un anarquismo que sin duda desconocían, tácticas que costaron vidas, sangre, sacrificios y deshonor. y si esto es así, al decir que defendemos las tácticas pasadas, nos referimos concreta y escuetamente a cómo entendimos y propagamas nosotros esas tácticas, no a cómo las propagaron, defendieron y aplicaron los demás, especialmente aquellos de quienes nos separamos ¿Qué ha cambiado, pues? Fundamentalmente, nada. Lo que hay es que; además de las tácticas que estimamos necesario entonces practicar, y que seguimos estimándolo necesario también hoy, entendemos que los trabajadores deben utilizar otra: la táctica política, la cual, sin que la elevemos a la categoría de única y excepcional puede ser muy útil y dar beneficios provechosos a las clases productoras, pues a juicio de los que hemos formado el Partido Sindicalista se ha entrado en un período de realizaciones inmediatas, y en estos períodos no utilizar cuantas armas ponga el adversario a nuestro alcance es un error que se pagaría más caro cada día, como lo demuestran los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país.

Nuestro propósito es, pues, bien claro: llegar a la transformación social utilizando cuantos medios tenga a su alcance la clase trabajadora. El movimiento sindical y cooperatista primero, y donde éste no llegue, o lo haga necesario la resistencia estatal y burguesa, unirle la acción enérgica y decisiva de las masas, llevada a la calle cuando convenga, simultaneándola con la acción política en los Municipios y en el Parlamento para obstaculizar los movimientos de nuestros eternos adversarios.


PROBLEMAS DEL MOMENTO

Pero cuanto hemos dicho más arriba sólo bastaría a explicar la objetividad que el partido sindicalista persigue, pero de la objetividad inmediata, del diario vivir, ¿qué piensa el Partido Sindicalista? ¿Cómo lo ve? ¿Cómo lo estima? ¿Qué soluciones ofrece como acción inmediata a realizar para atenuar los efectos de las torpezas del régimen capitalista? Lo diremos con la mistna claridad y concreción que hemos expuesto lo referente a las orientaciones doctrinales.


EL PARO FORZOSO

Lo primero que interesa a las clases productoras es resolver la crisis económica que España atraviesa. La solución defínítiva de esta crisis no se alcanzará hasta llegar a la socialización de la riqueza. Pero como hasta que la socialización llegue, la gente no puede estar sin comer, el Partido Sindicalista plantea el dilema siguiente, y lo plantea como de inmediata realización. O se da ocupación convenientemente remunerada a todos los trabajadores manuales, técnicos y de profesiones liberales que haya en el país, o se les asigna un subsidio que les permita mantenerse. No dar ocupación al individuo que la solicita y además de no darle ocupación negarle una ayuda para que pueda subsistir, es un crimen monstruoso, una iniquidad insoportable, una infamia que el Partido Sindicalista combatirá sin tregua ni descanso.

Oaramente, concretamente, pues, reclamamos: o trabajo para todos o subsidio que les ahorre el hambre y la miseria que envilece y anonada.


REFORMA AGRARIA

La segunda cuestión que se plantea en el orden de las que tienen preferencia inmediata es la de la reforma agraria.

El régimen de propiedad que existe generalmente en Espafia es un vestigio absurdo del feudalismo que predominó en tiempos pasados. Por lo tanto, debe desaparecer, dejando paso a una reforma agraria rápida, fecunda y eficaz. A una reforma agraria que sienta el principio: no debe quedar en España ni un palmo de tierra sin cultivar mientras haya un solo campesino que desee cultivarla. Añadiendo que la tierra debe ser entregada al campesino libre de cargas y gravámenes. Al con- trario: en la medida que sea posible y lo necesite, debe ayudárseie para que la ponga en buenas condiciones de explotación. y mientras esta reforma llega, el campesino debe ser respetado en sus derechos adquiridos sin que pueda ser echado de las tierras que trabaje, indemnizándole debidamente cuando el desahucio esté realmente justificado.


LA VEJEZ DEL OBRERO

En el plano de las dificultades econ6micas que cada día han de afrontar las clases trabajadoras, ocupa un lugar preferente el de la vejez del obrero; Sobre la inmensa mayoría de familias proletarias pesa la carga de un ascendiente anciano a quien han de mantener.

Ahora bien: ¿es justo que cuando llega para el obrero la edad en que no puede .ganar un salario, sea por vejez, o por imposibilidad física, haya de morirse de hambre o gravite sobre el mísero jornal del resto de sus familiares? Razonemos esta cuestión, estableciendo comparaciones.

Si la sociedad cree razonable que se asegure la existencia, en caso de vejez, de enfermedad incurable o de inutilidad física por accidente o causa análoga, a los que fueron servidores del Estado, el Partido Sindicalista cree que también tienen derecho a una condición igual los albañiles, los carpinteros, los marinos, los ebanistas, los agricultores, los periodistas y los escritores; todos, en fin, los que han trabajado y producido, pues si el militar y el burócrata sostienen al Estado, también lo sostiene el minero, el agricultor, el periodista, el técnioo o el metalúrgico, que día tras día contribuyen a sostener la producción.

Si los españoles creen que debe haber clases pasivas, que las haya; no nos opondremos a ello; pero entendemos que deben considerarse como a clases pasivas no sólo a los ex ministros, a los gobernadores, a los militares y burócratas, sino que han de serlo éstos, pero han de serlo también todos los obreros manuales y técnicos, artistas y pensadores, cuando no puedan ya por su esfuerzo subvenir al sustento propio y de los suyos. Todos con los mismos derechos en el momento de la imposibilidad de ganárselo con su esfuerzo. Todos con derecho a que la colectividad los sostenga en esos períodos difíciles de la vida del hombre.


LOS SERVICIOS PUBLICOS

Una cuestión que preocupa sobremanera a todos los ciudadanos es la de los servicios públicos, ya sean del Estado o de los Municipios.

Acerca de cómo deben prestarse esos servicios y a cargo de quién debe correr el administrarlos y dirigirlos se ha discutido largamente, llegando a la oonclusión que deben ser empresas particulares, porque el Estado y el Municipio son malos administradores. Sin embargo, el Partido Sindicalista tiene sobre el particular su criterio que expondrá con claridad.

Consecuente con lo fundamental de su Programa, hace la siguiente afirmación: que todos los servicios públicos deben ser municipalizados o nacionalizados, según dependan del Estado o del Municipio. Y al par que sienta esta afirmación hace otra: que la aplicación de las teorías de municipalización y de nacionalización ha de hacerse con la intervención directa, obligada y permanente de los Sindicatos de obreros o de empleados constituidos por los individuos que presten esos servicios. Esto último es para el Partido Sindicalista condición indeclinable en la práctica de la municipalización o de la nacionalización de los servicios públioos en general.


INSTRUCCION PUBLICA

Nacer este Partido a la vida política y no hablar en su Programa de realizaciones- inmediatas, de c6mo ha de resolverse la instrucción pública en España, lo oolocaría en situación bastante desairada. Hablemos, pues, de ella.

Nuestra afirmación primera es: todo español tiene derecho a la Escuela, al Instituto, a la Academia ya la Universidad. Que empezando por la escuela única, debe el alumno terminar por el centro docente más elevado. Que la selección para los estudios superiores debe hacerse por capacidad y no por condición social. Y que cuando un alumno demuestre condiciones para el estudio, la carrera que quiera estudiar debe ser costeada por el Estado o por el Municipio, o por Instituciones creadas al efecto. El acceso a las carreras superiores no debe ser un privilegio, sino una posibilidad que ofrezca la colectividad al que tenga condiciones y capacidad para seguirlas. Concretamente, pues, afirmamos: debe estudiar quién a juicio de los maestros y educadores tenga capacidad para d estudio, y la colectividad debe estat obligada a proporcionar al alumno los medios necesatios pata que estudie y llegue a ser hombre de provecho para la colectividad.


EL PROBLEMA CATALAN

Estar en Cataluña, vivir en Cataluña, actuar en Cataluña y no sentir la emoción del problema catalán sería inconcebible, algo colocado fuera y a extramuros de la realidad.

Constituir un pattido político en Cataluña, tener este partido una organización interna federativa y ser, por añadidura, un partido que quiere agrupar exclusivamente a la clase trabajadora en la más amplia acepción de la palabra y no tratar el problema catalán sería más que absurdo completamente inexplicable. Y no exageramos al emplear tales palabras.

Por lo mismo el Partido Sindicalista, nacido y domiciliado en Cataluña, aunque tenga carácter nacional, empieza por reconocer el hecho regional, puesto que su organización interna federativa se lo permite con holgura. Sabemos que esta declaración nuestra no satisfará los furores catalanistas de los partidarios del tot o res (todo o nada), ni los sentimientos anticatalanistas de los centralistas rabiosos. Pero como no hablamos para las exageraciones ni para los dogmatismos fanáticos,
sino para el sentido común de los hombres y para lógica, nos basta con la afirmación de que acatamos y respetamos el problema catalán y la autonomía catalana.

Pero además de respetar esto decimos que, así como nos parece exagerado y extemporáneo de que a estas alturas se nos hable del hecho «diferencial» para hacer de un problema político, económico y social un problema de razas, creemos de razón que se respete la autonomía catalana, al igual que debe respetarse el régimen autonómico cuando otra región española lo consiga.

Defensores, pues, de las esencias y principios del régimen autonómico, nada nos obligaría a encerrarnos en él, cuando nuestro deseo es ir más allá; bastante más allá de lo que va la autonomía actual.

Empieza el Partido Sindicalista por establecer la plena personalidad municipal al declarar que el Municipio será la célula de la organización política del mañana. Y añade a continuación que las Comarcas y Regiones se formarán por la libre voluntad de los Municipios, y que el órgano superior, expresión suprema de todas las actividades e instituciones, será la Confederaci6n de Municipios españoles. ¿Se puede pedir más? ¿Ir más lejos? No. Porque pedir más sería no pedir nada; puesto
que nada se pide cuando lo que se pide está más allá de lo que humanamente puede darse.

Afirmamos, pues, que el hecho catalán autónomo encontrará en nosotros sus más ardientes defensores, pero esto no cegará nuestra razón al extremo de olvidar que la economía catalana y, por tanto, la suerte del obrero catalán están íntimamente ligadas a la economía española y a la suerte del obrero de otras regiones del país. De esto deducimos, pues, que los avances que en materia econ6mica obtenga el obrero catalán habrán de estar forzosamente regulados y de acuerdo con los avances que obtenga el obrero de Castilla, de Levante, de Extremadura, de Andalucía, de Aragón o de Galicia. Esto podrán olvidarlo los partidos burgueses, porque no se colocan en el Plano en que forzosamente nos hemos de colocar nosotros, pero no puede olvidarlo el Partido Sindicalista, un Partido como el nuestro que, por tener raíces doctrinales en el sindicalismo, es un partido genuinamente de productores, de quienes se ganan la vida en el trabajo diario de cada hora.

Ratificamos, pues, nuestro propósito de respeto al problema catalán tal cual está planteado; así como lo ratificamos también en el de superar la situación que el problema crea, convencidos de que aún puede irse mucho más allá en favor del pueblo productor catalán.

Confirmamos, además, estos propósitos declarando que la organización regional catalana del Partido Sindicalista tendrá siempre un margen de libertad en su actuación, compatible con las necesidades que la acción política del Estatuto Catalán le impongan. Y para terminar, decímos que no nos interesa el separatismo; lo que nos interesa es que la personalidad catalana, como la personalidad andaluza, vasca o aragonesa alcance su pleno desatrollo dentro de la unidad que han de formar las distintas variedades de la economía, de la política y de lo social españoles. Así lo vemos y así lo defenderemos.


FASCISMO

Inútil decir que combatiremos al fascismo. Discrepamos fundamentalmente de los métodos fascistas usados en el extranjero. Y mucho más, infinitamente más, de los métodos y principios que informan a lo que conocemos del fascismo, o lo que sea, español. Por lo tanto, sepan los fascistas que nos tendrán siempre frente a ellos. Y que unidos a los demás que lo quieran, o solos nosotros si los demás no lo quisieran, combatiríamos al fascismo, porque no tiene razón de ser en nuestro país, y porque no da satisfacción tampoco a los que desean una transformación de tendencias y de tipo genuinamente social.


EJERCITO

Es éste uno de los problemas que más hondamente preocupan a los pueblos. No en balde absorbe el militarismo casi una tercera parte de los ingresos en los presupuestos de cada país.

Por nuestra parte, digamos que somos pacifistas y antimilitaristas por ética y por convicción. Pero reconocemos, sin embargo, que con esa sencillez no se resuelve el problema que la existencia del militarismo plantea. Como tampoco puede resolverse con esa simplicidad la cuestión de saber qué ha de hacerse ante la existencia de otras naciones, de fronteras que nos separan a unos de otros y ante los afanes de dominio y de conquista que sobreviven aún en el hombre corno restos atávicos del pasado. Por lo mismo, hemos de ponernos a tono con la realidad del mundo que nos rodea.

Y si ésta aleja por algún tiempo la supresión lisa y llana de los ejércitos, aspiremos a que el ejército español sea una verdadera milicia ciudadana para la defensa del país.

Para ello, lo primero que debe hacerse es suprimir las castas mllitares formadas al amparo de una condición social económica que otorga privilegios en la vida civil. Nada, pues, de oficialidad de Academia; sino oficialidad salida del cuartel. Y si un día dijo Napoleón que «todo soldado francés llevaba en la mochila el bastón de mariscal», digamos nosotros que todo soldado puede y debe llegar a general. Con esto está dicho todo.

En consecuencia, pues, el Partido Sindicalista afirma que cada ciudadano español debe pasar por el cuartel en calidad de soldado raso. Y después, el que tenga vocación, capacidad y condiciones, puede estudiar la carrera militar, ascendiendo por los grados correspondientes, a medida que demuestre su preparación y sus conocimientos.

Nada de castas ni de clases: soldado raso, hoy; capitán, coronel, comandante, general, mañana. y como en la instrucción pública, al que quiera estudiar y no tenga medios, que la colectividad ponga a su alcance los que necesite. Inútil añadamos que la permanencia del soldado en el cuartel ha de limitarse a lo más breve posible; la necesaria nada más para aprender lo que la instrucción exija. Fuera de ese tiempo ni un día ni una hora más en el cuartel.


PROBLEMA RELIGIOSO

Epinosa por demás es la cuestión. Reconózcase o no públicamente, es la verdad, sin embargo, que una gran parte del pueblo español está dominada por un sentimiento religioso. No la mayoría, como los exploradores del sentimiento religioso quieren demostrar; pero sí una minoría considerable.

Sean pocos o muchos los católicos y fanáticos, para nosotros son igualmente respetables. Ahora bien, este respeto a sus sentimientos, a sus convicciones arraigadas, no será motivo de persecución por nuestra parte. Pues el mismo respeto que pedimos para nuestros sentimientos ofrecemos al sentimiento de los demás. Y con estos hemos dicho ya lo más importante y lo más trascendente de lo que queríamos decir.

Considerado, no obstante lo dicho anteriormente, el problema religioso como un sentimiento, no debe jamás sacársele de ahí. Llevarlo a la calle para convertirlo en militancia política, en lucha de intereses, en sostén y amparo de la injusticia social, hacer de los púlpitos cátedras desde las que se aconseja el respeto ala desigualdad social, a los bienes ilegítimamente adquiridos y acatamiento a los poderosos y a la tiranía, cuando ésta está vinculada en los privilegios de una minoría de explotadores, esto no; esto lo combatiremos sin miramiento ni consideración. El Partido Sindicalista se revolverá airado contra quienes así procedan y obren.

Por lo tanto, consideraremos siempre que el problema religioso es un problema de conciencia, y como a tal, ha de quedar circunscrito en lo íntimo de los sentimientos individuales y de agrupaciones formadas con ese fin. Fuera de ahí topará siempre con nosotros. Seremos sus más acérrimos contradictores.


COMO ENTENDEMOS LA POLITICA

Apenas enunciado nuestro propósito de intervenir en la política, lo primero que se nos dijo fue: « ¡Ah! ¿Olvidáis, quizá, que la política es un charco pestilente, una sentina de porquería, un lugar de corrupción inmunda? ¿No sabéis que todos los que van a la política van por su provecho personal, por los beneficios que puedan obtener?» Declaramos que por un momento nos sobrecogió lo rotundo de la afirmación. Aunque supiéramos que no era cierta en absoluto. Pues para nosotros, en política, como en todo lo demás, organizaciones sindicales o de ideas ha de establecerse la distinción debida entre los que dicen tener ideas para vivir de ellas y los que dicen tenerlas para servirlas. Ello nos lleva de la mano a señalar la diferencia que ha de haber entre los que «vivan de la política y los que vivan para la política». y nosotros somos y seremos de los últimos. No de los que vayan a la política para servirse de ella, sino de los que vayan a la política para servirla. Pues nuestra actuación pasada puede servir de garantía para nuestra acción futura.

Entendemos, pues, la política como el ejercicio de una facultad de un procedimiento que permite a los hombres reunirse y establecer normas:para el logro de una mejor convivencia común. Por lo tanto, defendiendo siempre con calor y con pasión nuestras ideas haremos lo posible para no ofender las ideas de los demás. Criticaremos sin injuriar, hasta donde nuestra comprensión lo permita. Censuraremos la labor del adversario, sin recurrir al insulto ni a la infamia. Defenderemos con la máxima energía nuestra actuaci6n, no usando comparaciones odiosas ni provocativas para los demás. Haremos hasta donde la actitud de los demás y las circunstancias nos lo permitan de la política un torneo de ideas, de actividades y de energías, manteniendo una ética y una pulcritud en la contienda. Y como en Castilla dicen: «Que lo cortés no quita a lo valiente», seremos tan valientes como podamos, procurando que a corteses nadie nos gane. Esta será nuestra línea de
conducta en el campo de la política, en el que tendrán siempre nuestras respetos y nuestras máximas consideraciones, y hasta nuesrras alianzas circunstanciales, los partidos y las organizaciones de clase.


¿REVOLUCIONARIOS?

Al igual que se ha dicho que al inclinarnos por la acción política quizá pretendamos sinecuras personales, se ha dicho concretamente que hemos dejado de ser revolucionarios. Entendámonos también sobre esto.

Si es ser revolucionario gritar y amenazar con la revolución, hacer discursos virulentos, incitando a la gente a la tropelia y al motín diario; publicar soflamas y titulares rimbombantes y llenarnos la boca con apelaciones a la revolución en los mítines, usando frases gruesas para conquistar el aplauso de las multitudes, no; entonces no somos revolucionarios.

Pero si es ser revolucionario trabajar por organizar a la clase trabajadora, sindical y políticamente; crear en ella un deseo insatisfecho de transformación social, preparándola para destruir el régimen capitalista, suplantándolo por un régimen social; si es ser revolucionario sembrar en ella el deseo, el ansia de la victoria para que haga triunfar sus ideas; si es ser revolucionario trabajar activamente para cohesionar a las multitudes trabajadoras tras acciones de utilidad mediata e inmediata, alentándolas en los instantes depresivos y orientándola en los decisivos para la acción, ayudándola a guiarse en los momentos difíciles para el triunfo, entonces sí; entonces somos revolucionarios. No más revolucionarios que los otros. Pero sí tanto como el que más pretende serlo. De esto dejamos al tiempo la tarea de la demostración, pues para nosotros las revoluciones no se anuncian; se hacen. Y en hacerla pondremos todo nuestro empeño, aunque no gritemos cada hora que somos revolucionarios.


TERMINAMOS

Terminamos por no hacer esta relación inacabable. Sin embargo, quedan aún muchas cosas por decir. Porque lo mismo que hemos señalado matices de lo econ6mico, de lo político y de lo social, dando soluciones adecuadas, pudiémmos habernos ocupado de lo referente a la justicia, a las finanzas, a las relaciones comerciales con otros países, a la diplomacia, a la familia ya otro sin fin de cosas que: podríamos enumerar. No lo hacemos por no alargar demasiado esta relaci6n.

Pero lo haremos en su día. y lo mismo las cuestiones sobre las que hemos emitido juicio sintético y concreto, como aquellas solamente apuntadas en estas líneas de declaraci6n política que con este manifiesto hacemos, serán motivo de examen concienzudo y meditado en los Congresos de nuestro Partido y en la prensa que más adelante publiquemos.

Ahora bien, desde este momento podemos decir que la solución que propongamos a los extremos que aquí sólo figuran apuntados estará guiada por el mismo espíritu de justicia y de equidad que damos a los que aparecen ya con soluciones sindicales. La labor de orientación doctrinal que hagamos mañana no diferirá en nada de la que hacemos hoy. Esta será la mayor garantía de seriedad y perseverancia que queremos dar a la opinión.

Por lo demás, nuestros propósitos son claros y precisos. Van, prácricamente, a eleminar al parásito, al zángano que vive explotando la perseverante laboriosidad de la colmena productora. ¿y cómo queremos eliminarlo? Por la lucha diaria, constante. tenaz. Queremos unir el esfuerzo manual al técnico e intelectual; queremos llevar al convencimiento de todos que, puestos de acuerdo la mayoría de los hombres que hagan algo útil en la sociedad. pueden eliminar, eliminarán, mejor dicho, a los que viven del sudor ajeno. y queremos convencerles de que puede conseguirse sin dictadura, sin fascismo, sin perspectivas horripilantes y sangrientas; bastará a conseguirlo la energía, la voluntad, la fuerza hecha idea y hecha corazón de los que hasta ahora, por las paradojas del destino, siendo los creadores de todo, no han poseído ni siquiera el derecho de trabajar sin descanso para que vivan una minoría de holgazanes. Pongamos, pues, al servicio de las ideas la fuerza que las multitudes representan. y nadie podrá resistirlas.

Y ahora, con la espemnza de ser comprendidos y respetados, saldremos a la liza en defensa de nuestras doctrinas y principios. Que los escépticos se aparten y los enemigos, si alguno tenemos, den la cara. Así mediremos nuestras fuerzas con todos y avanzaremos resueltos a la conquista del cerebro y del corazón de españoles para que las ideas que nos son queridas se convierran en realidad, poniendo límite a la injusticia que se comete con la mayoría de los hombres.

Sólo pedimos que quien nos comprenda y esté de acuerdo con lo que queremos se ponga a nuestro lado. Pues juntos terminaremos antes la tarea.

Nada más por hoy.

¡Viva el Partido Sindicalista!

Barcelona, 1 de julio de 1934...


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NotaPublicado: 28 Abr 2003, 23:40 
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Ubicación: País Valencià
Registrado: 28 Jun 2002, 01:44
Yea!

Gracias, gracias, graciaaaas! te lo has currado!

Salud


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NotaPublicado: 08 Jun 2006, 19:04 
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Registrado: 13 May 2006, 02:27
¿Quien escribio esto?


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NotaPublicado: 08 Jun 2006, 20:23 
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Ubicación: Valladolor
Registrado: 18 Dic 2004, 21:02
Compañero, fíjate en el título: Partido Sindicalista :wink:

Si te refieres a la persona que lo redactó pues digo yo que en gran parte del manifiesto vendría redactado por su fundador, Ángel Pestaña

_________________
"Queremos personas capaces de destruir, de renovar sin cesar los medios y de renovarse ellas mismas; personas cuya independencia intelectual sea su mayor fuerza, que jamás estén ligados a nada... aspirando a vivir vidas múltiples en una sola vida".

Francisco Ferrer i Guardia


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Traducción al español por Huan Manwë
     
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