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 Asunto: Re: Fútbol y anarquismo
NotaPublicado: 18 Nov 2016, 18:38 
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Aquí hay un muy buen ejemplo actual de cómo se organiza la gente para llevar adelante la práctica del fútbol al margen de los típicos campeonatos.


LIGA DE FÚTBOL POPULAR DE VK


En un barrio como Vallekas en el cual la mitad de la juventud se encuentra en situación de desempleo, sin cobrar el paro, viendo que no tenemos futuro ninguno y que para jugar al fútbol hay que pagar unos 600 euros de una liga de fútbol municipal. Nos vemos en la obligación de tomar la iniciativa y crear una liga de fútbol popular.

Tenemos la ilusión de recuperar el espíritu de Vallekas, un espíritu que no se rinde ante las dificultades, que no se calla y que quiere dar el ejemplo al resto del mundo, hacerle entender que con el trabajo colectivo y auto-gestionado somos capaces de todas las metas que nos propongamos. Que si nuestro barrio, nuestra gente y nosotras/os mismos no tenemos para ir al cine, para el teatro, para jugar un campeonato de fútbol... No os preocupéis, ¡que lo vamos a crear!. Tenemos una problemática en común y la solución será colectiva.

La Liga de Fútbol Popular de Vallekas ha de ser una liga de fútbol participativa en la que tod@s las personas que participemos en ella la hagan suya para que salga adelante, y que mejore con el tiempo en cada uno de sus aspectos. Ha de ser también una liga de fútbol rebelde y reivindicativa, ya que tod@s queremos jugar en unas pistas de la mejor calidad posible, que funcione la iluminación, que no se nos escape el balón por las rejas rotas, etc. Y luchar para que todas las personas tengamos acceso a los polideportivos públicos y piscinas municipales, con la reivindicación de un abono gratuito para los jóvenes y las personas que se encuentran en situación de desempleo. Y por último tiene que ser la ostia, un espacio deportivo, rebelde y alegre.

Que se vea que somos obrer@s, ¡Qué se note que somos de Vallekas!


Bajo los valores del respeto, la solidaridad, la tolerancia y la igualdad como principal herramienta de trabajo, queremos aprovechar esta iniciativa para visibilizar y reivindicar una serie de cuestiones y problemáticas que afectan al barrio

· En primer lugar, denunciar el elevado coste impuesto en las tarifas de inscripción para cualquier deporte que se celebra en los espacios públicos dependientes de la Comunidad de Madrid.

· En segundo lugar, rechazar la privatización desmesurada de los espacios públicos de deporte. Reivindicar los espacios públicos como lo que son, espacios de propiedad pública, dominio y uso público. No es comprensible que para desarrollar una actividad deportiva encontremos trabas y barreras, y mucho menos de carácter económico.

· En tercer lugar reflejar y reivindicar la participación mixta en los equipos. Cuestión que no se trata ni se admite, en absoluto, dentro de las ligas municipales.

· Y por último pero no menos importante, visibilizar la auto-organización en los barrios y la iniciativa popular como solución a problemas que ocurren dentro del barrio y ante los que el gobierno no responde ni actúa.


Entendemos que para un mayor enriquecimiento de la propia liga es necesario añadir una serie de novedades, todas ellas aprobadas mediante votación en las asambleas que se han ido celebrando hasta el momento.

1. Obligatoria participación de los equipos. Cada equipo tendrá una representación activa en cada una de las comisiones de trabajo. La no participación y el no cumplimiento de los trabajos dentro de estas comisiones supondrá la expulsión de la liga. Tres oportunidades para fallar en este requerimiento. Entendemos que la liga se construye entre todxs y por ello el trabajo colectivo es uno de los grandes pilares que deben cimentar este proyecto.

2. Supresión de las figuras arbitrales. Decidido por votación en asamblea, creemos que es la oportunidad perfecta para probar este nuevo método en el que los partidos se celebrarán sin el arbitraje común. Los propios equipos que estén jugando serán los encargados de arbitrarse entre ellos en los partidos y serán ellos mismos los responsables de llevar a cabo un arbitraje solidario y respetuoso, demostrando el grado de deportividad y compromiso con todxs lxs compañerxs de esta liga. Seguirá existiendo una figura que complete la hoja de seguimiento del partido, recogiendo el número de faltas, las tarjetas, el número de goles y el tiempo.

3. La comisión de Mediación. Puesto que se suprime la labor del arbitraje y serán los propios equipos que juegan el partido los encargados de esta labor, aparece la comisión de mediación. Será la encargada de mediar y conciliar entre los equipos en caso de disputas y/o conflictos. No toman ningún tipo de decisión del juego, solo conciertan el entendimiento entre los equipos. El acuerdo y la solución de problemas será única y exclusivamente responsabilidad de los propios equipos que disputan el partido. En caso de no acuerdo entre ambos equipos, el partido se dará como nulo y se suspenderá.


No tenemos porque ser engañados y no tenemos porque engañar a alguien. Para jugar al fútbol tan sólo son necesarias cuatro piedras (o mochilas, o ladrillos, o cualquier cosa que sirva para delimitar una portería), un balón (de reglamento, de plástico, o cualquier cosa a la que se pueda dar una patada) y un grupo de gente dispuesta a pasar un buen rato corriendo tras un esférico e intentando marcar siempre un gol más que el contrario. Punto. Esa es la definición exacta del fútbol. Nada más, el "estadio" puede ser un descampado, la puerta de un garaje, un parque, una acera grande, una plaza....de la dimensión que consideremos y el tiempo de partido puede ser tan aleatorio como la frase "al mejor de cinco".

Es decir, no hacen falta grandes infraestructuras, ni una uniformidad vistiendo, como tampoco hacen faltan patrocinadores, managers, ni, en última instancia, dinero. El fútbol es, de hecho, tan grande, que es un deporte asociativo y colectivo de estructura horizontal. Si eres excesivamente individualista, corres el riesgo de que el equipo contrario, colabore mejor entre si, cansándose menos que tu, tocando más la pelota que tu y, finalmente, metiendo más goles que tu. O lo que es lo mismo, participando conjuntamente en un objetivo, te lo pasas mejor, desarrollas mejor la solidaridad y obtienes mejores resultados, que si pretendes ser un abusón de tres al cuarto con un balón en los pies.

Muchas veces se ha pretendido ningunear al fútbol alegando que sólo le gusta a la gente simple y sin formación, quizás desconociendo que nació en las universidades de Inglaterra en el siglo XIX. Otras veces hemos escuchado aquello de que "es el opio del pueblo", aun siendo mucho más benigna su práctica que emborracharse en bares, practicarse una lobotomía al encender una televisión o ser abducido por un gran centro comercial un día cualquiera.

Debemos separar el fútbol del negocio, porque en esencia, nada tienen que ver. Muchos seguidores de este deporte ya se han dado cuenta y han comenzado a organizar de la nada (o a refundar en otros casos) clubs deportivos organizados de manera horizontal, con participación directa del socio en la gestión del equipo, con topes salariales en las fichas de los jugadores y donde todo, absolutamente todo, se realiza mediante asambleas y consensos. Otros muchos, que siguen a clubs más "tradicionales" han decidido plantar cara al modelo actual de gestión capitalista del fútbol y promueven un nuevo concepto del juego donde las televisiones, los grandes empresarios, los jeques, los patrocinadores, la corrupción y el dinero sean reemplazados por la gente, la solidaridad, el raciocinio, el esfuerzo colectivo y la pasión. Un aglutinante que devuelva su origen obrero y popular como elemento identitario a un fútbol "de las élites" que ya no reconocen como suyo y del que quieren rescatar de su secuestro. En nuestro barrio, dentro de la afición de la Agrupación Deportiva Rayo Vallecano, tenemos un vivo ejemplo de ello.

Por otro lado, pensamos que debemos recuperar las calles, las plazas y los lugares públicos para su práctica, pues como ya hemos señalado al principio, nada hay más sano, barato y lúdico-festivo para nuestros jóvenes que una pelota y muchas ganas de pasarlo bien. Lejos de máquinas, ordenadores, televisiones, móviles y aislamiento social en el mejor de los casos....y de alcohol, drogas, violencia y delincuencia en muchos otros.

Ejemplos como el primer encuentro contra el fútbol negocio que tendrá lugar en Palencia los días 8, 9 y 10 de Agosto o, mismamente, la puesta en marcha de nuestra particular LFP, nos demuestran que el camino se hace andando y que en todas las facetas de la vida, podemos aportar nuestro granito de arena para el tan ansiado cambio social que buscamos donde la injusticia sea reducida a su mínima expresión y donde la igualdad de oportunidades y derechos sea más universal que nunca.

Ya lo dijo Alex James, un viejo jugador escocés, hace años: "Ver fútbol es como ver sexo. Está bien, pero es mucho mejor practicarlo". Anímate, el balón no muerde...


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 Asunto: Re: Fútbol y anarquismo
NotaPublicado: 18 Nov 2016, 19:28 
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https://sports.vice.com/es/article/jupi ... sportsesfb


CE Júpiter, el equipo anarquista que escondía armas en los balones


Todas las buenas historias empiezan en un bar, y la del Club Esportiu Júpiter lo cumple a rajatabla. En 1909, en la antigua cervecería Cebrían de Barcelona, donde ahora está la horchatería El Tío Che, los hermanos Mauchan fundaron un club que desempeñaría un papel militante durante la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo.

Estos hermanos británicos, trabajadores fabriles en el barrio del Poblenou, bautizaron al equipo con ese nombre, planetario y místico, inspirados por el ganador de una competición de globos aerostáticos celebrada en la playa de la Mar Bella. Ya desde un primer momento, el club reflejó el espíritu obrero del barrio, el mayor exponente de la Revolución Industrial en Catalunya y, en consecuencia, de España.

El escudo del Júpiter era ya toda una declaración de intenciones; lucía sin embudos la bandera catalana apuntalada por una estrella azul de cinco puntas. Esa proximidad al catalanismo y a la República alimentaría su apasionante y complicada historia, que mezcla fútbol, fábricas, pitadas monumentales y grandes dosis de censura, pero que también esconde armas y una resistencia férrea al golpe de Estado de 1936.

Después de unos años jugando modestamente en el Campo de la Bota, que en realidad no era nada más que un descampado, el equipo se federó y empezó a cosechar buenos resultados en los años veinte. Desafortunadamente, sus años de esplendor coincidieron con los de dictadura, inestabilidad y represión en nuestro país.

En 1923, el general Primo de Rivera impuso su golpe de estado y la balanza no se inclinó precisamente a favor de los intereses de un club abiertamente obrero y anarquista. En esa época, el equipo cambió por primera vez de escudo, debido a que el régimen creía que la estrella y la señera eran ofensivas. No sería la última vez, y hasta Franco ordenó que le cambiaran el nombre, pero eso fue más adelante. Mejor vamos por orden.

"El Júpiter era el equipo del Poblenou, el pulmón industrial de Catalunya, al que también llamaban el Manchester catalán. El barrio era, además, el cuartel general de los anarquistas", explica a VICE Sports Andreu Mitjans, que ha documentado la historia del club en el Archivo Histórico del Poblenou. Allí se establecieron figuras del anarquismo y el sindicalismo español como Buenaventura Durruti, y el barrio se convirtió en el centro neurálgico de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

El club cambió de apariencia pero su base social —que por entonces rondaba los 2 000 socios, que no es moco de pavo para la época— era la misma y durante ese período, su afición usó los balones para transportar pistolas con la excusa de los desplazamientos del equipo a otros campos de España.

"Las pelotas antiguas no estaban cerradas herméticamente como las de ahora, sino que tenían cordones como unas zapatillas. Los anarquistas las desataban, sacaban la cámara de aire y colocaban dentro la pistola desmontada", confirma a VICE Sports Agustí Guillamón, historiador barcelonés especialista en el movimiento obrero y revolucionario de la época.

En 1925, a pesar de la represión, del "juego de las pistolas" y de la poca simpatía que causaban entre los estamentos militares, el Júpiter logró el título de campeón de España del grupo B, lo que a día de hoy sería la segunda división. La consecución del título coincidió con otro alirón barcelonés, el del FC Barcelona en la Copa de España.

"Era un equipo pionero en Catalunya, de los más importantes, y su historia se mezcla con la del Barça por el incidente que provocó el cierre del campo de les Corts", recuerda Mitjans. Ambos clubes se reunieron en el antiguo coliseo azulgrana para celebrar sus respectivos títulos y jugar un partido de homenaje al Orfeón Catalán.

La Marina Real Británica, que estaba anclada en el puerto de Barcelona esos días, asistió al encuentro e interpretó la Marcha Real, por entonces himno de España, antes del partido. El público reaccionó con una sonora pitada que disgustó a las autoridades, que cerraron el campo y castigaron al Júpiter con seis meses de suspensión. A pesar de quedarse sin fútbol, el club no dejó de combatir por la causa revolucionaria.

"El club daba al movimiento gran parte de sus ganancias, y en breve espacio de tiempo el estadio se transformó en un arsenal", relató Julio Nacarino, expresidente del club, al periodista Andrea Sceresini. "Los obreros, futbolistas y anarquistas llevaban sus batallas uno al lado del otro". Aunque no hay pruebas fehacientes, los investigadores de la época dan veracidad al siguiente capítulo de la tumultuosa historia del club, que sitúa el campo del Júpiter como centro de operaciones de la resistencia anarquista al golpe de Estado del 19 de julio de 1936.

"Cuando el río suena, agua lleva. En estas cosas siempre hay un punto de leyenda y épica, pero es una historia cierta", apunta Mitjans en referencia al relato oral que señala la tribuna del campo del Júpiter como un arsenal clandestino.

"Desde el campo del Júpiter salieron dos camiones para combatir la insurrección fascista", afirma Guillamón. "Salieron de allí por dos motivos: primero, porque era donde vivían los miembros importantes de la Federación Anarquista Ibérica (FAI); y segundo, porque probablemente debajo de la tribuna del Júpiter había un almacén clandestino de armas".

Todos sabemos cómo acabó la cosa, y con el inicio del franquismo el club volvió a perder la identidad recuperada durante la Segunda República. "Al régimen, no sé muy bien por qué motivo, no les gustaba demasiado el nombre del club, así que rebautizaron al equipo como Hércules", explica Guillamón.

Curiosamente, el destino volvió a relacionar al Júpiter con los pasajes más oscuros de nuestra historia. En el antiguo campo de las Botas, el descampado donde nació el equipo y donde ahora se levantan los edificios del Fórum de las Culturas, fue el lugar elegido para fusilar a los enemigos de la dictadura en Barcelona.

En 1948, el club recibió un mazazo que todavía perdura. El equipo que mejor reflejaba la lucha de clases y activismo del Poblenou fue trasladado por el régimen al campo de la Verneda, en el distrito de Sant Martí de Barcelona. De hecho, los planes originales de los franquistas eran convertir al equipo en el filial del RCD Espanyol y diluir el nombre histórico del Júpiter y, con él, gran parte de las huellas anarquistas en la ciudad.

Por fortuna, esos planes no cuajaron, y el Júpiter —que vuelve a vestir con orgullo su escudo y colores originales desde los noventa— sigue dando guerra a día de hoy en la tercera división española.

Aunque ya no queden —demasiados— anarquistas y el fútbol se haya convertido en una industria del capitalismo reinante, la historia del Júpiter nos recuerda que hubo un tiempo en el que el fútbol eran muchas más cosas que pilas y pilas de billetes.

Sigue al autor de este reportaje en Twitter: @GuilleAlvarez41

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Teño barca, teño redes, teño sardiñas no mare
teño unha muller bonita
non quero máis traballare.


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 Asunto: Re: Fútbol y anarquismo
NotaPublicado: 19 Nov 2016, 13:15 
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Registrado: 18 Nov 2016, 17:58
Estoy de acuerdo, una pena como un deporte bonito se ha transformado en un negocio donde se mueve tantísimo dinero, a la par que la pobreza azota seriamente dichas regiones.


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 Asunto: Re: Fútbol y anarquismo
NotaPublicado: 09 Dic 2016, 22:37 
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Ubicación: Paciencia
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[Publicado originalmente en la revista Al Margen # 99, Valencia, otoño 2016.]

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 Asunto: Re: Fútbol y anarquismo
NotaPublicado: 02 Ene 2017, 15:10 
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Olvidáos del St. Pauli porque aquí está...

ΑΣΤΕΡΑΣ ΕΞΑΡΧΕΙΩΝ (Estrella de Exarchia)

De Verba Volant:

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Cartel del equipo deportivo del barrio de Exarjia, Asteras (estrella) publicado en varias páginas web, y pegado en las paredes del centro de Atenas.

¿Tú cuánto has gastado este año para conseguir una plaza en el paraíso?

Cada año en esta época somos bombardeados por miles de mensajes que nos incitan a demostrar nuestra caridad, a ayudar a los “desafortunados” de la vida, e.tc. Nosotros estamos opuestos a este escenario de hipocresía montado cada año en estos días. Nos oponemos a la devoción artificial y al “amor al prójimo” que posee a todos en estos días del año.

Detestamos las acciones filantrópicas, ya que la caridad (filantropía) presupone la superioridad del donante en relación con el receptor. Frente a la filantropía de los desiguales proponemos la solidaridad de los iguales. Es una solidaridad cuyo requisito imprescindible es la igualdad entre los sujetos. Proponemos la solidaridad de los de abajo como única manera de acción todos los días del año.

Asteras de Exarjia (no soy capaz de navegar por ella)

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 Asunto: Re: Fútbol y anarquismo
NotaPublicado: 05 May 2017, 18:18 
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A la revolución por el fútbol: activismo y equipos raros.

Los más veteranos llevamos padeciendo con rigor estoico el devenir de las últimas ligas de fútbol. Nos hemos intentado acostumbrar sin éxito a nombres como la Liga de Las Estrellas, la Liga Adelante o la Liga 1, 2, 3. Nosotros, que sobrevivimos a la moviola de Estudio Estadio, Supergarcía y Fútbol en Acción, pero también disfrutamos de temporadas en las que el fútbol parecía hasta un deporte… Bueno, sí, un deporte de aquella manera, como cuando Juan Gómez, Juanito, le pisó la cabeza a Matthäus en un Bayern de Múnich-Real Madrid, incidente que se solventó con el regalo de un capote de torero al alemán por parte del jugador de Fuengirola. O aquella final de Copa del Rey entre Barcelona y Athletic de Bilbao que terminó con un combate de patadas voladoras y golpes de kung-fu entre Maradona, Paco Clos, nuestro admirado Tarzán Migueli, Goikoetxea, Sarabia y De Andrés.

Un deporte raro. En cualquier caso, el fútbol no era un programa de cotilleos de televisión y tertulianos como recién salidos de la sala vip de un discotecón de los años noventa. De lo que rodeaba al fútbol, eso sí, había lo mismo que ahora, incluso más y mejor: noticias sensacionalistas, escándalos sexuales, robados posados, reportajes en revistas del corazón y campañas publicitarias más o menos afortunadas. Vamos a ver, que no es cuestión de que exijamos que los jugadores se presenten en los actos públicos como en los años cincuenta, vestidos con el chándal reglamentario (muchos desearíamos, incluso en un sueño acorde con estos tiempos totalitarios, que algunos tuviesen una cláusula en el contrato que les obligase a guardar silencio durante la temporada, norma que podría extenderse a algunos entrenadores). Lo que echamos de menos es el propio deporte, o sea, el fútbol.

Sobre la idoneidad o no de ser aficionado, existe múltiple variedad de tonos: va desde la irracionalidad de Pepe el Hincha a la absoluta indiferencia de Carlos Marx y Federico Engels, que ni se molestaron en mencionarlo en su popular libro. Ni siquiera cuando los autores despotricaban contra los productos que son opio del pueblo. Las autoridades intelectuales también llevan mucho tiempo divididas entre el hooligan militante, el observador despectivo y el fan con complejo de culpa. La transformación del fútbol en un multipantallazo con oscuros intereses internacionales y venta de carísimos objetos no está ayudando a mejorar su imagen, pero, por si acaso, sirva este artículo para recordar por qué y cómo nació.

Los equipos de la no-liga.

La práctica de juegos con una pelota tiene un origen eminentemente popular y muy poco civilizado. Fue su codificación y uso en determinadas escuelas y universidades anglosajonas lo que lo convirtió en lo que conocemos como fútbol, pero esas reglas, que encubrían una orden política contra la formación de «turbamultas descontroladas» y la invasión de terrenos cercados, se extenderían a las escuelas públicas del xix, donde los críos jugaban a la pelota en el recreo, y dieron lugar a la fundación de los primeros clubs. Unos nacieron en colegios religiosos, de la mano de estudiantes sportsmen de clases adineradas; otros en fábricas, con obreros aficionados, pero sufragados por los propietarios de las mismas. El fútbol no tiene en realidad ese origen obrero que muchos reivindican, pero sí ha sido el pasatiempo preferido de las clases populares en los últimos cien años. Mucho más que un pasatiempo: estar en la grada de tu equipo tiene carácter de testimonio, de afirmación de la colectividad y, en ocasiones, de resistencia, no solo contra el rival, sino de afirmación contra el mundo. Pero esto no significa necesariamente que tu equipo preferido sea el más decente o intachable. Este sentimiento irracional es mucho peor que una religión.

Por eso es mucho más difícil abandonar los colores de tu equipo que cambiar de credo religioso. Aun así, el mercado inmoral en el que se mueven clubs y ligas profesionales ha provocado una decisión sorprendente. Algunos hinchas, sin olvidar al equipo de sus amores, han decidido dar una oportunidad a otras iniciativas más en consonancia con el espíritu original del juego, sobre todo cuando no hay dinero para pagar las entradas de tus hijos a los partidos. Recuperar conceptos como el de la comunidad, negarse a participar del insano consumismo, mantener una ideología respetuosa con las personas y no abrirse la cabeza en las gradas o la calle. Al mismo tiempo, luchar contra todos aquellos que van directos a destrozártela, bien sean las empresas y organismos abarca-y-devora, bien los grupos de hooligans perfectamente organizados para ello.

En Inglaterra lo llevan haciendo unos cinco años. El Clapton F. C., que juega en las ligas preferentes, tiene el honor de ser el primer equipo del país en haber jugado en Europa continental, allá por 1890. Su campo, el Old Spotted Dog, recibe últimamente, además de a los Tons Ultras, a muchos fans desencantados del West Ham United, equipo vecino del East End, que fue fundado por gerentes y empleados de la industria del acero y ahora se ha convertido en otra empresa multimillonaria con precios disparatados en los abonos y un patrocinador bien raro. El Clapton ha sido recobrado como símbolo político y plataforma de ayuda para el barrio, en lucha contra el deterioro urbano y los grupos neonazis. Llámenme descreída, pero la posibilidad de beber botellines de cerveza a precio muy asequible y sin ninguna restricción durante los partidos puede haber animado también a más de uno.

Al Arsenal le ha pasado lo mismo. Se creó en 1886 dentro de una fábrica de artillería del sudeste de Londres, y, aunque sus titulares son los mismos del comienzo, la mayoría de sus acciones son ahora propiedad de un magnate estadounidense, y una exótica compañía de vuelo le ha cambiado el nombre al estadio (dentro de poco veremos un estadio madrileño con simpático nombre de emporio chino). Aficionados de los gunners y de otros equipos de la Premier, como el Manchester, se juntan ahora en Champion Hill, el estadio del Dulwich Hamlet, otro equipo con más de cien años de antigüedad, para animarlo con sus colores, rosa y azul, en un movimiento que los más veteranos de la zona no se explican, salvo por la gentrificación del sur de Londres y el deseo de volver a disfrutar del fútbol en otros términos. La hinchada The Rabble (‘la chusma’) acude a los partidos vestida con boas de plumas y barbas postizas. A las autoridades deportivas esta actitud hipster, de momento, no les molesta, pero sí la de otros hinchas de equipos pequeños que protestan contra el racismo y la xenofobia. Ha sido el caso de The Inter Village Firm (nombre humorístico a costa de los ultras más reaccionarios del West Ham), fans del Mangotsfield United, quienes fueron apercibidos el pasado diciembre por sus banderas antifascistas. Esgrimía la autoridad que la política debía estar totalmente al margen del fútbol. Ignoro qué pensará la FIFA británica (FA) acerca de asociaciones como Reds Against the Nazis, del Manchester United, los hinchas Brigada 1874, del Aston Villa, o los Holmesdale Fanatics, del Crystal Palace. O sobre la doble moral, la hipocresía ideológica, etc.

Fútbol o barbarie.

Las relaciones entre fútbol, movimientos obreros e ideologías de izquierdas son numerosas. En Sudamérica hay una larga serie de equipos nacidos bajo el ideario anarquista y comunista a principios del siglo xx. Los Argentinos Juniors, uno de los clubs más importantes del país, se fundó en Buenos Aires un 1 de mayo de 1904, tras el partido entre dos equipos aficionados, el Sol de la Victoria y los Mártires de Chicago. Lo mismo que el Club Atlético Colegiales, originalmente llamado Club Atlético Libertarios Unidos, fundado en 1908. Los jugadores de la selección nacional de Uruguay, medalla de oro del Mundial de 1924, participaban en la Federación Roja de Fútbol, una liguilla organizada por el partido comunista del país, donde jugaban equipos con nombres como La Comuna, Soviet o Leningrado, como preparación para las Espartaquiadas de 1928, los juegos olímpicos obreros.

Desde 1974 lleva jugando en las categorías inferiores el Club Deportivo y Cultural Ho Chi Minh, creado por varios estudiantes de la Universidad de Huamanga, en Ayacucho, Perú, como trabajo de integración para la comunidad, que tuvo sus épocas de riesgo durante la dictadura militar. Mucho más reciente, de 2006, es el Club Social Atlético y Deportivo Che Guevara, en Córdoba, Argentina (cuyo lema es, como no podía ser de otra manera, «Hasta la victoria siempre»). El fútbol sudamericano ha dado ejemplo no solo de equipos y jugadores extraordinarios, sino de conductas y gestos admirables. El Vasco de Gama de Río de Janeiro se negaba a obedecer las leyes que prohibían la inclusión de jugadores negros y mulatos, ya en 1924. Recordamos en los años ochenta el desafío del Corinthians de São Paulo a la junta militar, con Casagrande y Sócrates y sus camisetas donde rezaba «Democracia». El gesto del gran César Luis Menotti tras haber ganado el Mundial del 78 con Argentina, negándose a subir a la grada para saludar a los militares de Videla. Los holandeses, semifinalistas, hicieron lo mismo en solidaridad.

El fútbol rojo tuvo gran repercusión. En 1923 nacía el Club de la Revolución de Octubre, conocido mundialmente como Lokomotiv, debido a su origen en los empleados «voluntarios» (bueno, elegidos voluntariamente por el ministerio) del ferrocarril de Moscú. Los tres equipos con el nombre de Dinamo (Kiev, Leningrado y Tiblisi) se convirtieron en leyenda dentro de la URSS, y ya en los setenta, en unos equipos temibles en las competiciones europeas. El de Tiblisi protagonizó un episodio nefasto en la historia del fútbol. El Spartak de Moscú, el equipo favorito de la ciudad (frente al CSKA, que era el de los militares), le ganó en la semifinal de la Copa Soviética de 1939. Pero el mariscal Lavrenti Beria era forofo del Dinamo y no se tomó nada bien la derrota. Ordenó detener al árbitro y repetir el partido. El Spartak volvió a ganar. Beria mandó al gulag a los presidentes del Spartak, los hermanos Stárostin, por haber estado planeando supuestamente la muerte de Stalin. Los Stárostin, que estaban obsesionados con la figura de Espartaco, resistieron en el gulag organizando partidos de fútbol entre los prisioneros. Lo mismo que sucedió en Sudáfrica con los presos de la isla Robben: aliviaban su horrible situación con partidos durante las dos horas libres que tenían a la semana. Nelson Mandela estaba entre ellos.

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En Alemania, los jugadores del Schalke 04 fueron utilizados como imagen del deporte ideal para el Partido Nazi. El Borussia Dortmund, sin embargo, sufrió la muerte de varios de sus dirigentes por repartir propaganda antinazi. Tras una época de penurias económicas, el equipo ha recuperado la propiedad del club, ha conseguido abaratar los precios y devolver el orgullo a su hinchada. El Bayern de Múnich, por su parte, no cedió en su tradición de tener jugadores y empleados de origen judío. Los franceses, que vieron en una selección nacional a uno de los colaboracionistas más feroces de la Gestapo, Alex Villaplane, también tuvieron sus propios ídolos de la resistencia futbolística frente a los alemanes: Étienne Mattler, el héroe del Sochaux durante los años treinta, fue detenido y torturado por la Gestapo. Sobrevivió, no así Rino Della Negra, la vertiginosa promesa del Red Star 93, que abandonó el club parisino para unirse a la Resistencia y murió ejecutado con veinte años.

Hay ejemplos a patadas (con perdón) de jugadores que han arriesgado la vida por ideales políticos y patrióticos. Fue muy sonado el equipo de fútbol argelino formado por jugadores árabes del equipo nacional francés, que abandonaron el Mundial del 58 en protesta, o ese combo egipcio que llegó a la semifinal del Mundial de 1928, dando un ejemplo a sus excolonos ingleses. Un momento muy emocionante se dio en la clasificación para la Copa del Mundo de 1998 entre las selecciones de Irán y Australia. Cuando ganaron los primeros en un agónico 2 a 2 en el segundo partido, las mujeres iraníes invadieron el estadio donde se estaba retransmitiendo el encuentro por pantalla gigante, contraviniendo la orden de no asistir a estos espectáculos. Orden que sigue vigente hoy en día.

En España, aparte de los partidos de folclóricas contra yeyés o de tenistas contra toreros, también ha habido futbolistas que se la jugaron defendiendo ideas complicadas en momentos muy difíciles. Tenemos para elegir, pero el gesto de dos jugadores del Racing de Santander, Aitor Aguirre y Sergio, que saltaron al campo con brazaletes negros el domingo 28 de septiembre de 1975 para protestar por la última ejecución firmada por Franco, es mucho más que significativo. En los años noventa, el bosnio Predrag Pašić, jugador de la selección de la antigua Yugoslavia, quien decidió permanecer en su Sarajevo natal durante la guerra de los Balcanes. Mientras la ciudad ardía en un asedio pavoroso, él organizó la Escuela de Fútbol Bubamara, un equipo infantil con chicos de todas las etnias, llegando a reunir a casi trescientos, que jugaban mientras fuera silbaban las balas. Ahora son más de cinco mil. Y permítanme mencionar un encuentro prohibido durante diez años por cuestiones militares. En otoño de 2016, al sur de Colombia, los guerrilleros de las FARC celebraban las negociaciones de paz jugando al fútbol en el barro de la selva del Yarí.

La playa está bajo el césped (o el cemento).

El equipo de fútbol alternativo más famoso del mundo no está en Londres ni, como algunos pudieran suponer, en un espacio de la Feria de Montjuic. Se trata del FC St. Pauli, en el distrito rojo de Hamburgo. Es un fenómeno desde que en los años setenta consiguió llegar por primera vez a la Bundesliga. Con el desarrollo del barrio y una afición muy militante, ligada a movimientos okupas y antifascistas, su popularidad ha crecido muchísimo y cuenta con peñas repartidas por todo el mundo. Fue con su portero de los ochenta, el famoso activista Volker Ippig, que saltaba al campo puño en alto, cuando se extendió la leyenda del equipo antisistema, que hacía de sus partidos frente al FC Hansa Rostock, apoyado por grupos de ultraderecha, un duelo político. Se denominan a sí mismos el «equipo punk de fútbol» y ondean la bandera pirata, pero, tranquilos, son anticapitalistas a quienes no les tiemblan las piernas: comienzan cada partido con «Hells Bells» de AC/DC y después de cada gol suena una de Blur. Ah, y Nike ya les fabricó unas zapatillas con calavera.

Para equipo punk ya está el Republica Internationale FC, de la ciudad de Leeds. Desde el 83 y con cambios en el nombre, inspirados por el grupo Spizzenergi o Athletico Spizz 80, mantienen una posición contraria al mercantilismo de las ligas profesionales y juegan con dos equipos, masculino y femenino, con su lema «A la libertad mediante el fútbol» en la Liga del Domingo, el torneo amateur de los equipos ingleses, que se organiza contra el profesional de los sábados. Uno de los «clásicos» de esta liga es el que se celebra entre el Internationale y los Easton Cowboys and Cowgirls de Bristol, otro club muy popular por sus agrupaciones femeninas y de jugadores veteranos.

El Lunatics FC de Amberes es otro de los clásicos en esta clasificación de equipos alternativos. Estos tampoco han pasado de los campeonatos de aficionados y mezclan los partidos con conciertos musicales y fiestas. Llevan desde principios de los años ochenta paseando por Europa su uniforme inspirado en la bandera jamaicana, su carpa y los barriles de cerveza belga.

En Estados Unidos tenían hasta no hace mucho un torneo alternativo a la liga cada vez menos minoritaria de soccer, formado por dos equipos que representarían a los colectivos de feministas, pacifistas, gais y militantes de sector más radical de la izquierda, todos ellos procedentes de San Francisco y el mundo universitario. Para reivindicar sus ideas, recaudar fondos y dar publicidad, plantearon un partido entre el Kronstadt FC, anarquista, y el Left Wing FC, comunista.

Estas iniciativas son cada vez más frecuentes. Hay una Copa América Alternativa desde hace años, y en 2010 ninguno de nosotros prestó atención al Mundial de los Pobres que un colectivo celebró en Ciudad del Cabo para protestar por la política urbanística que había desalojado a muchas familias de sus casas y contra el elevado precio de los partidos. Las regiones y países que no tienen reconocida su soberanía también tienen su propio campeonato (amateur) de fútbol, en la VIVA World Cup: están territorios como Groenlandia, Laponia o Dos Sicilias, y esperan contar con los palestinos y los kurdos.

«Fútbol para los futbolistas»

Unidos volveremos a convertir el fútbol en lo que nunca debería haber dejado de ser: el deporte de la alegría, el deporte del mundo de mañana que todos los trabajadores han comenzado a construir.

Internacional Situacionista, 1968.


Con una pancarta que rezaba así, «Le football aux footballeurs!», un grupo de jugadores ocupó la sede de la Federación Francesa de Fútbol en París durante seis días de mayo de 1968, exigiendo mejoras en los contratos de los trabajadores Es un poco difícil que veamos algo así de nuevo. Sí, hace un par de años fuimos testigos de una huelga fantasma de los futbolistas españoles contra el decreto del Gobierno del PP, siempre tan popular, de vender los derechos de emisión de los partidos en la tele. Aquello tan confuso terminó precipitadamente y con sanción multimillonaria, como una jugada de las que nos gustan a los aficionados: salir un jugador de córner entre un barullo de gente y entrar rodando con el balón en la portería. Siempre nos imaginamos a los futbolistas vendiendo productos, participando en una chirigota o, como mucho, haciendo una declaración sobre proyectos de caridad. En realidad, nadie pide al fútbol que deje de ser eso. No vamos a convertir en eco-friendly a los dirigentes de Primera División en dos patadas y motivarlos a que pongan paneles solares en los estadios. Estaríamos desafiando la comprensión lógica del mundo. Pero sí queda patente el hastío de muchos aficionados ante proyectos absurdos y un sentido del show business que no encaja con lo que ha sido este deporte (¡y lo que ha sido!). Bueno, siempre nos quedarán los androides en la Liga de las Galaxias.

Grace Morales.

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 Asunto: Re: Fútbol y anarquismo
NotaPublicado: 19 Sep 2017, 18:48 
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Registrado: 19 Sep 2017, 18:17
Yo muchas veces me pregunto, si tienes una buena condición física, eres bueno en el fútbol (y te haces algo famoso, siempre ayuda, obvio) entras al fútbol profesional mientras ves como diferentes equipos hacen una especie de apuestas por ver quién se queda contigo como si fueras un objeto?

No es nada nuevo igual que el fútbol profesional sea lo que básicamente es ahora, si le añades una gran cantidad de fanáticos por este deporte, medios de comunicación y capitalistas el resultado será el fútbol que hoy en día podemos observar.

A mí personalmente me da absolutamente igual, yo casi nunca veo fútbol, y cuando lo hago, es jugando con mis amigos y no el profesional, y me jode que siempre los temas de debate sean: ¿fichará X jugador por X equipo o X equipo? y cosas similares que sinceramente, son poco interesantes te guste o no.
Al igual que puedes ser punk y escuchar pop puedes ser anti-capitalista y ver fútbol, no creo que precisamente una característica de un punk sea "no escucha pop/música comercializada" (y más teniendo en cuenta que tienen un sub género comercializado, "pop punk"). o de los anti-capitalistas "no les gusta el fútbol -profesional".

Supongo que es cuestión de gustos y opiniones, si consideras que no es buena idea ser anti-capitalista y que te guste el fútbol profesional pues no hay ningún problema, en mi opinión.

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"School is useless since the -required- interests of the students aren't interests and are only fears of punishments and orders."
"La escuela es inútil desde que los -requeridos- intereses de los alumnos no son intereses y son solo miedo de castigos y órdenes."


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Traducción al español por Huan Manwë
     
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