Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R. Mora
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Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R. Mora
Hola a tuttí li mundi.
Un amigo/compañero, me ha pedido que le insertara aquí su reflexión crítica al libro de Félix Rodrigo Mora que da nombre a este hilo.
Ahí va:
http://centaurodeldesierto.blogia.com/2 ... usqued.php
Cuerpo del artículo:
Naturaleza, ruralidad y civilización o la invención de la tradición en la búsqueda de una arcadia rural.
Llama mi atención el predicamento que ha alcanzado entre los medios libertarios el libro de Naturaleza, ruralidad y civilización de Félix Rodrigo Mora. No sé si dicho predicamento se debe a cierto deseo por parte de algunos sectores anarquistas de acogerse a tesis novedosas que puedan presentarse sugerentes y/o a la sed de buscar nuevos referentes libertarios. No seré yo el que se oponga al debate sobre el anarquismo o los anarquismos, así como sus fuentes de las que bebe, sino todo lo contrario, todo lo que sirva para estimular este debate siempre y cuando sea constructivo me parece un buen signo para allanar el camino que nos lleve algún día a otro mundo diferente[1]. Sin embargo reconozco que me ha sorprendido el no encontrar ni tan siquiera una velada crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, cuando sus argumentaciones históricas cuanto menos resultan poco afinadas y vagas. En ellas se juega al juego de la imprecisión, de no delimitar correctamente las coordenadas de espacio y tiempo, lo que lleva aparejado el salto sin red, el mezclar nabos con coles y la dificultad añadida de separar el grano de la paja.
Dividiré este artículo en tres partes: una primera en la que haré una referencia a la edad media occidental y al feudalismo, del que si bien en el libro no hay ningún artículo específico, sí es cierto que hay párrafos en los que Rodrigo Mora nos hace llegar su visión del medievo; una segunda en la que incidiré en la herencia de la Revolución Francesa y la ilustración para el mundo libertario y que el autor rechaza de plano; una tercera en la que esbozaré una crítica a dos de los artículos que el libro contiene y en los que se encierra parte de la visión que Rodrigo Mora tiene sobre los últimos doscientos años de historia del Estado español.
I
Es evidente que la visión que tradicionalmente se nos ha pintado de la Edad Media Occidental como una época oscura, valle de lágrimas, dominada por la religión y la ignorancia es un camelo que tiene más de tópico que de verdad. Sin embargo también deberíamos guardarnos de la visión de una especie de arcadia en la que el ser humano vivía en comunión con la naturaleza, en un mundo en el que imperaba la fraternidad y la solidaridad. Tanto una visión como otra provienen del siglo XVIII, la primera de muchos ilustrados y la segunda de algunos revolucionarios franceses como el cura Roux. Qué duda cabe que en la época medieval y moderna las prácticas colectivistas en el mundo rural, aparte del apoyo mutuo, tuvieron mucho que decir, pero los grados de libertad del campesinado podían variar dependiendo del señor que se tuviera, del siglo en el que nos encontráramos (no es lo mismo estar en la Alta que en la Baja Edad Media, ni bajo el feudalismo en la Edad Moderna) y en el caso concreto de la Península Ibérica hasta el siglo XV de los avances, estancamientos y retrocesos de la mal llamada Reconquista.
Para empezar deberíamos tener en cuenta que no todo en la Edad Media y el Antiguo Régimen era comunal y tierras de propios, ni que en toda la Península Ibérica situada bajo la dominación cristiana prevalecía el concejo abierto, ni que éste siempre fuera tan “abierto”. Por el contrario la Edad Media estaba marcada por el modo de producción feudal –de ahí que hable también del Antiguo Régimen-, en el que en una sociedad claramente agrícola, de lenta evolución técnica, el excedente producido por una mayoría de pequeños productores era acaparado por una minoría definida jurídicamente. De este modo existían unas claras diferencias sociales, que van a ir a más a medida que avancemos en el medievo y en la edad moderna. Por otro lado, no habría que olvidar la importancia que va a tener el señorío, por el que los campesinos trabajaban las tierras de un señor y en el caso de los dominios territoriales incluso debiendo de cumplir con trabajos que estaban bajo dominio directo de éste.
También habría que discrepar con la visión que pretende darnos Rodrigo Mora en la que se nos presenta una comunidad campesina prácticamente aislada, ajena a deudas y presiones fiscales, por no hablar de la imagen cuasi bucólica de un campesinado de alimentación austera y frugal, pero bien nutrido. Los argumentos que ponen en entredicho esto son:
a) El campesinado entra en contacto con el “mundo exterior” a través de tres conductos: a) La aristocracia feudal que se encontrará a medio camino entre el aparato estatal y la mayoría de la población; b) la parroquia, desde la que se vehiculaba mucha de la ideología dominante hacia los campesinos; c) Las ferias y mercados, que en algunas ocasiones –caso de la feria de Medina del Campo- van a alcanzar una dimensión extrapeninsular.
b) Las relaciones sociales durante el feudalismo se definían en términos vagos e imprecisos, lo que podía dar lugar a consecuencias diametralmente opuestas. El señor tenía derecho de bando por lo que podía mandar, obligar y castigar. A efectos reales, esto bien podía significar nada, por lo que se podía tener una existencia más o menos ajena al poder feudal y estatal, o bien podía significar mucho, con un campesinado atosigado a prestaciones y redenciones en especie o dinero.
c) Los campesinos conocían bien la presión fiscal y el endeudamiento. Todavía en las últimas décadas del Antiguo Régimen se tenían cargas derivadas de los derechos señoriales. Además estaba el diezmo, la décima parte de la cosecha, que se destinaba a la Iglesia y de la que el Estado recibía una cantidad importante.
d) Las declaraciones de algunos cronistas de las postrimerías del siglo XVIII contradicen la imagen de un campesinado bien alimentado. “Los asturianos apenas prueban el vino en su tierra; en Valencia con una torta, chuflas y aguas trabajan los labradores todo el día; casi tan frugal es la comida de los de Cataluña, y los montañeses, aunque no ahorren en la bebida, no visten sino jerga casera, no comen otra carne que la salada, y eso no siempre, y usan con mucho provecho del pan de centeno y cebada; el gazpacho es un sustento casi general y único de los andaluces” [2].
II
Sería erróneo caer en el mito acuñado por la burguesía y que Rodrigo Mora adopta si bien de manera crítica. Esto es, la Revolución Francesa como exclusiva construcción burguesa, con el reforzamiento de la autoridad estatal mediante el ardid Estado-Nación[3]-. La Revolución Francesa supone, y con esto es con lo que creo que deberíamos de quedarnos los anarquistas, la irrupción de las masas populares en las decisiones políticas, influyendo de manera determinante en el devenir de la revolución con muchas de sus propuestas –que se podrían resumir en libertad, igualdad y fraternidad en su máxima expresión-. Además habría que añadir que dicho movimiento popular no es obra exclusiva del pueblo parisino, sino también de gran parte del campesinado francés. Y es que no habría que olvidar que éste participó de manera activa en la Revolución tras todo un siglo XVIII plagado de protestas y que lejos de empeorar su situación tras la toma de la Bastilla sus condiciones de vida mejoraron, dándose un perfil sociológico del campesinado en Francia de corte republicano y laico que se mantiene hasta nuestros días. Por tanto cargar las tintas contra la Revolución Francesa y por extensión contra el resto de las revoluciones del XIX supone una barbaridad ya que se obvia algunas ideas que lanzó la Revolución, que si bien han acompañado al ser humano desde que nació, ésta sistematizó.
En definitiva, el cultivar la razón, el defender la igualdad en todos sus frentes, el rechazar la autoridad y sobre todo el ser dueños de nuestro propio destino son principios del que todo aquel que se dice libertario debería de beber. Es por ello que desde aquí también habría que defender la ilustración –que obviamente Rodrigo Mora también rechaza-, el movimiento intelectual que inspiró a la Revolución Francesa y del que se nutre una buena parte de La Idea[4]. Además, una puntualización: ni todos los ilustrados eran fisiócratas, ni todos eran iguales en sus concepciones: Voltaire, Rousseau y ya no digamos Kant pueden moverse en unos mismos parámetros terminológicos, pero cuando hablan de libertad o del concepto de autoridad, cada uno quiere decir una cosa.
III
Es curiosa la interpretación de Rodrigo Mora con respecto a la historia de los dos últimos siglos de España. En esta visión plantea de modo muy resumido tres tesis:
a) La fuerza que tuvo el carlismo a lo largo del siglo XIX se debe al elemento popular que lo usó para defender la sociedad rural tradicional.
b) La débil mecanización del campo español se debe a que el campesinado opta por un modo de resistencia: el antimaquinismo.
c) El fin definitivo de la sociedad rural popular tradicional es obra del franquismo.
La primera tesis es acertada aunque muy matizable, la segunda y la tercera tesis son erróneas. Pero vayamos por partes:
La primera tesis se recoge en el artículo El pueblo y el carlismo. Un ensayo de interpretación, artículo del que habría que decir lo siguiente:
a) La gente no se levantó contra los franceses en 1808 porque temiera el fin de la sociedad rural popular tradicional, sino porque se oponía al espíritu de conquista que iba unido a la invasión napoleónica.
b) Un sector importante del campesinado va a apoyar al carlismo, pero no sólo no va a instrumentalizar al movimiento, sino que el movimiento los instrumentalizará a ellos en pos de sus intereses, como la carne de cañón para luchar contra el liberalismo, lo que hará que muchos de estos campesinos deserten.
c) Habría que señalar el importante influjo del bajo clero sobre parte del campesinado en España, lo que evidentemente va a influir en su toma de decisiones.
d) Habría que hacer una diferenciación entre las partidas absolutistas y el carlismo que se levanta en armas en 1833-39 y el carlismo que lo hace durante el Sexenio, ya que la tesis de Rodrigo Mora puede ser válida para el primer período, pero no tanto para el segundo en el que ya hay otros movimientos que dicen velar de manera específica y no vaga por los intereses del campesinado, caso del republicanismo federal y del internacionalismo.
e) El carlismo quería la vuelta al Antiguo Régimen y a la unión entre el trono y el altar en toda su extensión. Tenía las ideas claras. Otra cosa es que los que no las tuvieran tanto fueran los liberales y sus espadones, siempre tan temerosos de las aspiraciones populares. La prueba de esto que decimos es que cuando soplan vientos nuevos en el Sexenio (1868-1874) son muchos los liberales moderados que se pasan a las filas del carlismo.
La segunda y tercera tesis quedan recogidas en el primer artículo del libro El antimaquinismo rural y la mecanización de la agricultura. Dividido en dos partes, para justificar estas dos tesis el artículo se convierte en un despropósito plagado de afirmaciones en las que el exceso de purismo y antiurbanismo y la idealización de la sociedad rural de la mitad norte de la Península, ciegan a la interpretación histórica. Las razones para decir esto son las que a continuación se exponen:
a) Es indudable que hubo episodios de inspiración ludista no sólo en el campo sino también en la ciudad, pero más que motivados por una cuestión ideológica, lo estaban por una cuestión socioeconómica: temor al paro y consiguiente falta de ingresos.
b) La burguesía que conformaba el aparato estatal por lo general prefería ser rentista antes que invertir en maquinaria. Prefería no arriesgar. Es más, gran parte era reacia a la industrialización. La prueba de esto es que cuando se instalaron los primeros altos hornos en Andalucía fueron muchos los señoritos que se opusieron temiendo un éxodo rural en masa y la posibilidad de acabar con la tendencia de unos salarios excepcionalmente bajos.
c) El escaso desarrollo de la industria metalúrgica y siderúrgica en España obedecía más a intereses británicos que foráneos lo que repercutió sobre el grado de industrialización.
d) Es falsa la afirmación de que en las zonas de la mitad norte, debido al uso de la tierra, había una mayor solidaridad y aprecio por los bienes inmateriales, mientras que en las zonas de latifundio predominaba un mayor consumo y una mayor circulación del dinero. El mísero salario de los jornaleros apenas daba para cubrir la alimentación, salario que no estaba garantizado todo el año, condenados como estaban al paro estacional. ¿Dónde queda pues el consumo y la circulación monetaria del que habla Rodrigo Mora?
e) El concepto de solidaridad no era ajeno a los campesinos del latifundio, ya que muchos de ellos estaban movidos por el ideal ácrata, cosa que se daba en mucho menor grado en la mitad norte de la Península Ibérica, donde la influencia sobre el campesinado de ideologías sumamente reaccionarias del sindicalismo católico en Castilla y del carlismo en País Vasco y Navarra era mucha durante el primer tercio del siglo XX y la Guerra Civil. Es curioso que sobre este hecho Rodrigo Mora en sus loas a la población rural de estos lugares no haga ningún comentario y pase de puntillas.
f) No se puede limitar en un exceso de antiurbanismo e imaginación del pasado la población famélica y hambrienta a las áreas industriales. En el siglo XIX y en épocas tan tardías como el episodio de gripe de 1918-20 tuvieron una gran incidencia las epidemias catastróficas, muestra de una población con importantes desequilibrios en la dieta, tanto en la ciudad como en el campo.
g) El franquismo dio la puntilla a una cultura de nítida y clara consciencia democrática y/o revolucionaria que se había ido fraguando en sus luchas en todo el estado desde los tiempos de la Guerra de Independencia.
h) Las desamortizaciones fueron las que pusieron fin, no sin resistencia, al modo de vida tradicional de los campesinos. Por otro lado, tanto el intento de finiquitar el sistema señorial del Antiguo Régimen en 1811 como la propuesta de algunos liberales como Florez Estrada durante el Trienio Liberal en 1820-23, pretendían un reparto más justo de la tierra, cosa que evidentemente ni la desamortización de Mendizábal ni la de Madoz intentaron.
i) Argumentar que el maquis es el último ejemplo de resistencia del mundo rural al fuego industrializador es por un lado obviar que existió una guerrilla urbana y por otro olvidar que la guerrilla suele darse en los montes por una cuestión práctica y no ideológica, además de diluir el carácter antifascista del maquis.
j) No debería verse en un exceso de purismo una maldad intrínseca en las misiones pedagógicas de la II República adjudicándoles la intención de desnaturalizar a la población rural. Eran más bien, el intento sincero del regeneracionismo de alfabetizar a las gentes.
k) No se puede marcar un antes y un después en el éxodo rural con el franquismo, ya que la movilización del campo a la ciudad siempre se ha dado por la falta de expectativas en los lugares de origen, y al igual que ciudades como Bilbao, Madrid o Barcelona se nutrieron de gentes de las zonas rurales a fines del XIX y primer tercio del XX, también lo hicieron durante el franquismo. Atribuir como hace Rodrigo Mora la marcha a la ciudad y el abandono de los pueblos a la maldad interior (¡¡¡¡) de personas sedientas de consumir en la urbe constituye un flaco favor y homenaje a todos aquellos emigrantes, de los que muchos somos orgullosos descendientes, que se fueron buscando una vida mejor para ellos y los suyos.
En conclusión y ya a modo de cierre podemos estar de acuerdo en que la ciudad tal y como la concebimos hoy es un monstruo propio del capitalismo, en que deberíamos de aprender mucho del mundo campesino al que normalmente se le ha tratado de manera ignominiosa, en el ecocidio al que el sistema nos está llevando, en las nuevas tecnologías al servicio del Poder y del control ciudadano… pero por favor, si queremos hacer un análisis riguroso que nos sirva de cara al futuro no nos dejemos arrastrar por fobias antitecnológicas, -ya que la tecnología no tiene porqué ser mala en sí misma-, ni por la crítica visceral a la ciudad diciendo entre otras cosas que las ciudades son feas –lo cual es una opinión muy personal, pero no un hecho- o que la masa urbana nunca ha creado cultura. Bien estaría en defensa de nuestros argumentos dejar de recurrir a la invención de la tradición. No hagamos que el árbol nos impida ver el bosque.
[1] Creo que puede haber quien diga que te contradices, pues aunque afirmas que no te opones al debate entre anarquismos, apuntas claramente al comunismo libertario como objetivo. La postura es legítima, pero quizá pueda interpretarse como que no eres tan “abierto” de mente como pretendes.
[2] . Citado por Fontana, Josep “La época del liberalismo” Editorial Crítica/Marcial Pons 2007, página 23.
[3] Al respecto es curioso como Rodrigo Mora usa el concepto de Nación, habla de autodeterminación de los pueblos o acepta la idea de España, Galicia, Euskal Herria o Paises Catalanes como entidades nacionales.
[4] Léase al respectopor ejemplo Sánchez, Elena “Kant y Bakunin” Revista Germinal Nº 1.
Un amigo/compañero, me ha pedido que le insertara aquí su reflexión crítica al libro de Félix Rodrigo Mora que da nombre a este hilo.
Ahí va:
http://centaurodeldesierto.blogia.com/2 ... usqued.php
Cuerpo del artículo:
Naturaleza, ruralidad y civilización o la invención de la tradición en la búsqueda de una arcadia rural.
Llama mi atención el predicamento que ha alcanzado entre los medios libertarios el libro de Naturaleza, ruralidad y civilización de Félix Rodrigo Mora. No sé si dicho predicamento se debe a cierto deseo por parte de algunos sectores anarquistas de acogerse a tesis novedosas que puedan presentarse sugerentes y/o a la sed de buscar nuevos referentes libertarios. No seré yo el que se oponga al debate sobre el anarquismo o los anarquismos, así como sus fuentes de las que bebe, sino todo lo contrario, todo lo que sirva para estimular este debate siempre y cuando sea constructivo me parece un buen signo para allanar el camino que nos lleve algún día a otro mundo diferente[1]. Sin embargo reconozco que me ha sorprendido el no encontrar ni tan siquiera una velada crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, cuando sus argumentaciones históricas cuanto menos resultan poco afinadas y vagas. En ellas se juega al juego de la imprecisión, de no delimitar correctamente las coordenadas de espacio y tiempo, lo que lleva aparejado el salto sin red, el mezclar nabos con coles y la dificultad añadida de separar el grano de la paja.
Dividiré este artículo en tres partes: una primera en la que haré una referencia a la edad media occidental y al feudalismo, del que si bien en el libro no hay ningún artículo específico, sí es cierto que hay párrafos en los que Rodrigo Mora nos hace llegar su visión del medievo; una segunda en la que incidiré en la herencia de la Revolución Francesa y la ilustración para el mundo libertario y que el autor rechaza de plano; una tercera en la que esbozaré una crítica a dos de los artículos que el libro contiene y en los que se encierra parte de la visión que Rodrigo Mora tiene sobre los últimos doscientos años de historia del Estado español.
I
Es evidente que la visión que tradicionalmente se nos ha pintado de la Edad Media Occidental como una época oscura, valle de lágrimas, dominada por la religión y la ignorancia es un camelo que tiene más de tópico que de verdad. Sin embargo también deberíamos guardarnos de la visión de una especie de arcadia en la que el ser humano vivía en comunión con la naturaleza, en un mundo en el que imperaba la fraternidad y la solidaridad. Tanto una visión como otra provienen del siglo XVIII, la primera de muchos ilustrados y la segunda de algunos revolucionarios franceses como el cura Roux. Qué duda cabe que en la época medieval y moderna las prácticas colectivistas en el mundo rural, aparte del apoyo mutuo, tuvieron mucho que decir, pero los grados de libertad del campesinado podían variar dependiendo del señor que se tuviera, del siglo en el que nos encontráramos (no es lo mismo estar en la Alta que en la Baja Edad Media, ni bajo el feudalismo en la Edad Moderna) y en el caso concreto de la Península Ibérica hasta el siglo XV de los avances, estancamientos y retrocesos de la mal llamada Reconquista.
Para empezar deberíamos tener en cuenta que no todo en la Edad Media y el Antiguo Régimen era comunal y tierras de propios, ni que en toda la Península Ibérica situada bajo la dominación cristiana prevalecía el concejo abierto, ni que éste siempre fuera tan “abierto”. Por el contrario la Edad Media estaba marcada por el modo de producción feudal –de ahí que hable también del Antiguo Régimen-, en el que en una sociedad claramente agrícola, de lenta evolución técnica, el excedente producido por una mayoría de pequeños productores era acaparado por una minoría definida jurídicamente. De este modo existían unas claras diferencias sociales, que van a ir a más a medida que avancemos en el medievo y en la edad moderna. Por otro lado, no habría que olvidar la importancia que va a tener el señorío, por el que los campesinos trabajaban las tierras de un señor y en el caso de los dominios territoriales incluso debiendo de cumplir con trabajos que estaban bajo dominio directo de éste.
También habría que discrepar con la visión que pretende darnos Rodrigo Mora en la que se nos presenta una comunidad campesina prácticamente aislada, ajena a deudas y presiones fiscales, por no hablar de la imagen cuasi bucólica de un campesinado de alimentación austera y frugal, pero bien nutrido. Los argumentos que ponen en entredicho esto son:
a) El campesinado entra en contacto con el “mundo exterior” a través de tres conductos: a) La aristocracia feudal que se encontrará a medio camino entre el aparato estatal y la mayoría de la población; b) la parroquia, desde la que se vehiculaba mucha de la ideología dominante hacia los campesinos; c) Las ferias y mercados, que en algunas ocasiones –caso de la feria de Medina del Campo- van a alcanzar una dimensión extrapeninsular.
b) Las relaciones sociales durante el feudalismo se definían en términos vagos e imprecisos, lo que podía dar lugar a consecuencias diametralmente opuestas. El señor tenía derecho de bando por lo que podía mandar, obligar y castigar. A efectos reales, esto bien podía significar nada, por lo que se podía tener una existencia más o menos ajena al poder feudal y estatal, o bien podía significar mucho, con un campesinado atosigado a prestaciones y redenciones en especie o dinero.
c) Los campesinos conocían bien la presión fiscal y el endeudamiento. Todavía en las últimas décadas del Antiguo Régimen se tenían cargas derivadas de los derechos señoriales. Además estaba el diezmo, la décima parte de la cosecha, que se destinaba a la Iglesia y de la que el Estado recibía una cantidad importante.
d) Las declaraciones de algunos cronistas de las postrimerías del siglo XVIII contradicen la imagen de un campesinado bien alimentado. “Los asturianos apenas prueban el vino en su tierra; en Valencia con una torta, chuflas y aguas trabajan los labradores todo el día; casi tan frugal es la comida de los de Cataluña, y los montañeses, aunque no ahorren en la bebida, no visten sino jerga casera, no comen otra carne que la salada, y eso no siempre, y usan con mucho provecho del pan de centeno y cebada; el gazpacho es un sustento casi general y único de los andaluces” [2].
II
Sería erróneo caer en el mito acuñado por la burguesía y que Rodrigo Mora adopta si bien de manera crítica. Esto es, la Revolución Francesa como exclusiva construcción burguesa, con el reforzamiento de la autoridad estatal mediante el ardid Estado-Nación[3]-. La Revolución Francesa supone, y con esto es con lo que creo que deberíamos de quedarnos los anarquistas, la irrupción de las masas populares en las decisiones políticas, influyendo de manera determinante en el devenir de la revolución con muchas de sus propuestas –que se podrían resumir en libertad, igualdad y fraternidad en su máxima expresión-. Además habría que añadir que dicho movimiento popular no es obra exclusiva del pueblo parisino, sino también de gran parte del campesinado francés. Y es que no habría que olvidar que éste participó de manera activa en la Revolución tras todo un siglo XVIII plagado de protestas y que lejos de empeorar su situación tras la toma de la Bastilla sus condiciones de vida mejoraron, dándose un perfil sociológico del campesinado en Francia de corte republicano y laico que se mantiene hasta nuestros días. Por tanto cargar las tintas contra la Revolución Francesa y por extensión contra el resto de las revoluciones del XIX supone una barbaridad ya que se obvia algunas ideas que lanzó la Revolución, que si bien han acompañado al ser humano desde que nació, ésta sistematizó.
En definitiva, el cultivar la razón, el defender la igualdad en todos sus frentes, el rechazar la autoridad y sobre todo el ser dueños de nuestro propio destino son principios del que todo aquel que se dice libertario debería de beber. Es por ello que desde aquí también habría que defender la ilustración –que obviamente Rodrigo Mora también rechaza-, el movimiento intelectual que inspiró a la Revolución Francesa y del que se nutre una buena parte de La Idea[4]. Además, una puntualización: ni todos los ilustrados eran fisiócratas, ni todos eran iguales en sus concepciones: Voltaire, Rousseau y ya no digamos Kant pueden moverse en unos mismos parámetros terminológicos, pero cuando hablan de libertad o del concepto de autoridad, cada uno quiere decir una cosa.
III
Es curiosa la interpretación de Rodrigo Mora con respecto a la historia de los dos últimos siglos de España. En esta visión plantea de modo muy resumido tres tesis:
a) La fuerza que tuvo el carlismo a lo largo del siglo XIX se debe al elemento popular que lo usó para defender la sociedad rural tradicional.
b) La débil mecanización del campo español se debe a que el campesinado opta por un modo de resistencia: el antimaquinismo.
c) El fin definitivo de la sociedad rural popular tradicional es obra del franquismo.
La primera tesis es acertada aunque muy matizable, la segunda y la tercera tesis son erróneas. Pero vayamos por partes:
La primera tesis se recoge en el artículo El pueblo y el carlismo. Un ensayo de interpretación, artículo del que habría que decir lo siguiente:
a) La gente no se levantó contra los franceses en 1808 porque temiera el fin de la sociedad rural popular tradicional, sino porque se oponía al espíritu de conquista que iba unido a la invasión napoleónica.
b) Un sector importante del campesinado va a apoyar al carlismo, pero no sólo no va a instrumentalizar al movimiento, sino que el movimiento los instrumentalizará a ellos en pos de sus intereses, como la carne de cañón para luchar contra el liberalismo, lo que hará que muchos de estos campesinos deserten.
c) Habría que señalar el importante influjo del bajo clero sobre parte del campesinado en España, lo que evidentemente va a influir en su toma de decisiones.
d) Habría que hacer una diferenciación entre las partidas absolutistas y el carlismo que se levanta en armas en 1833-39 y el carlismo que lo hace durante el Sexenio, ya que la tesis de Rodrigo Mora puede ser válida para el primer período, pero no tanto para el segundo en el que ya hay otros movimientos que dicen velar de manera específica y no vaga por los intereses del campesinado, caso del republicanismo federal y del internacionalismo.
e) El carlismo quería la vuelta al Antiguo Régimen y a la unión entre el trono y el altar en toda su extensión. Tenía las ideas claras. Otra cosa es que los que no las tuvieran tanto fueran los liberales y sus espadones, siempre tan temerosos de las aspiraciones populares. La prueba de esto que decimos es que cuando soplan vientos nuevos en el Sexenio (1868-1874) son muchos los liberales moderados que se pasan a las filas del carlismo.
La segunda y tercera tesis quedan recogidas en el primer artículo del libro El antimaquinismo rural y la mecanización de la agricultura. Dividido en dos partes, para justificar estas dos tesis el artículo se convierte en un despropósito plagado de afirmaciones en las que el exceso de purismo y antiurbanismo y la idealización de la sociedad rural de la mitad norte de la Península, ciegan a la interpretación histórica. Las razones para decir esto son las que a continuación se exponen:
a) Es indudable que hubo episodios de inspiración ludista no sólo en el campo sino también en la ciudad, pero más que motivados por una cuestión ideológica, lo estaban por una cuestión socioeconómica: temor al paro y consiguiente falta de ingresos.
b) La burguesía que conformaba el aparato estatal por lo general prefería ser rentista antes que invertir en maquinaria. Prefería no arriesgar. Es más, gran parte era reacia a la industrialización. La prueba de esto es que cuando se instalaron los primeros altos hornos en Andalucía fueron muchos los señoritos que se opusieron temiendo un éxodo rural en masa y la posibilidad de acabar con la tendencia de unos salarios excepcionalmente bajos.
c) El escaso desarrollo de la industria metalúrgica y siderúrgica en España obedecía más a intereses británicos que foráneos lo que repercutió sobre el grado de industrialización.
d) Es falsa la afirmación de que en las zonas de la mitad norte, debido al uso de la tierra, había una mayor solidaridad y aprecio por los bienes inmateriales, mientras que en las zonas de latifundio predominaba un mayor consumo y una mayor circulación del dinero. El mísero salario de los jornaleros apenas daba para cubrir la alimentación, salario que no estaba garantizado todo el año, condenados como estaban al paro estacional. ¿Dónde queda pues el consumo y la circulación monetaria del que habla Rodrigo Mora?
e) El concepto de solidaridad no era ajeno a los campesinos del latifundio, ya que muchos de ellos estaban movidos por el ideal ácrata, cosa que se daba en mucho menor grado en la mitad norte de la Península Ibérica, donde la influencia sobre el campesinado de ideologías sumamente reaccionarias del sindicalismo católico en Castilla y del carlismo en País Vasco y Navarra era mucha durante el primer tercio del siglo XX y la Guerra Civil. Es curioso que sobre este hecho Rodrigo Mora en sus loas a la población rural de estos lugares no haga ningún comentario y pase de puntillas.
f) No se puede limitar en un exceso de antiurbanismo e imaginación del pasado la población famélica y hambrienta a las áreas industriales. En el siglo XIX y en épocas tan tardías como el episodio de gripe de 1918-20 tuvieron una gran incidencia las epidemias catastróficas, muestra de una población con importantes desequilibrios en la dieta, tanto en la ciudad como en el campo.
g) El franquismo dio la puntilla a una cultura de nítida y clara consciencia democrática y/o revolucionaria que se había ido fraguando en sus luchas en todo el estado desde los tiempos de la Guerra de Independencia.
h) Las desamortizaciones fueron las que pusieron fin, no sin resistencia, al modo de vida tradicional de los campesinos. Por otro lado, tanto el intento de finiquitar el sistema señorial del Antiguo Régimen en 1811 como la propuesta de algunos liberales como Florez Estrada durante el Trienio Liberal en 1820-23, pretendían un reparto más justo de la tierra, cosa que evidentemente ni la desamortización de Mendizábal ni la de Madoz intentaron.
i) Argumentar que el maquis es el último ejemplo de resistencia del mundo rural al fuego industrializador es por un lado obviar que existió una guerrilla urbana y por otro olvidar que la guerrilla suele darse en los montes por una cuestión práctica y no ideológica, además de diluir el carácter antifascista del maquis.
j) No debería verse en un exceso de purismo una maldad intrínseca en las misiones pedagógicas de la II República adjudicándoles la intención de desnaturalizar a la población rural. Eran más bien, el intento sincero del regeneracionismo de alfabetizar a las gentes.
k) No se puede marcar un antes y un después en el éxodo rural con el franquismo, ya que la movilización del campo a la ciudad siempre se ha dado por la falta de expectativas en los lugares de origen, y al igual que ciudades como Bilbao, Madrid o Barcelona se nutrieron de gentes de las zonas rurales a fines del XIX y primer tercio del XX, también lo hicieron durante el franquismo. Atribuir como hace Rodrigo Mora la marcha a la ciudad y el abandono de los pueblos a la maldad interior (¡¡¡¡) de personas sedientas de consumir en la urbe constituye un flaco favor y homenaje a todos aquellos emigrantes, de los que muchos somos orgullosos descendientes, que se fueron buscando una vida mejor para ellos y los suyos.
En conclusión y ya a modo de cierre podemos estar de acuerdo en que la ciudad tal y como la concebimos hoy es un monstruo propio del capitalismo, en que deberíamos de aprender mucho del mundo campesino al que normalmente se le ha tratado de manera ignominiosa, en el ecocidio al que el sistema nos está llevando, en las nuevas tecnologías al servicio del Poder y del control ciudadano… pero por favor, si queremos hacer un análisis riguroso que nos sirva de cara al futuro no nos dejemos arrastrar por fobias antitecnológicas, -ya que la tecnología no tiene porqué ser mala en sí misma-, ni por la crítica visceral a la ciudad diciendo entre otras cosas que las ciudades son feas –lo cual es una opinión muy personal, pero no un hecho- o que la masa urbana nunca ha creado cultura. Bien estaría en defensa de nuestros argumentos dejar de recurrir a la invención de la tradición. No hagamos que el árbol nos impida ver el bosque.
[1] Creo que puede haber quien diga que te contradices, pues aunque afirmas que no te opones al debate entre anarquismos, apuntas claramente al comunismo libertario como objetivo. La postura es legítima, pero quizá pueda interpretarse como que no eres tan “abierto” de mente como pretendes.
[2] . Citado por Fontana, Josep “La época del liberalismo” Editorial Crítica/Marcial Pons 2007, página 23.
[3] Al respecto es curioso como Rodrigo Mora usa el concepto de Nación, habla de autodeterminación de los pueblos o acepta la idea de España, Galicia, Euskal Herria o Paises Catalanes como entidades nacionales.
[4] Léase al respectopor ejemplo Sánchez, Elena “Kant y Bakunin” Revista Germinal Nº 1.
No creo que tengamosuna revoluciòn en cinco años, como lo hacía en 1970; pero definitivamente, creo que la gente nunca deja de luchar
y nunca deja de esperar el momento cuando puedan cambiar las cosas que hacen sus vidas "imposibles de vivir."
Laura Wintherhorn, ex-weathermen
y nunca deja de esperar el momento cuando puedan cambiar las cosas que hacen sus vidas "imposibles de vivir."
Laura Wintherhorn, ex-weathermen
Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
Cierta parte de los españoles (que no "la gente") se levantaron contra las tropas napoleónicas por diversos factores, como las soflamas patrióticas y fanáticas insufladas desde los coros de las iglesias. Recordemos que la familia real partió hacia Francia donde gustosamente aceptaron convertirse en rehenes de el Corso a cambio de pensiones y prebendas. Pero como en aquellos tiempos no había tele, ni existía Internete, entre el pueblo se esparció el rumor de que Napoleón los había secuestrado; un rumor alentado por un clero intransigente que se caracterizaba entonces por su odio hacia lo francés, el terreno desde el cual se habían introducido en España las nuevas ideas que cuestionaban los conocidos poderes informales del Antiguo Régimen: la nobleza y la Iglesia (claro que esas ideas se convirtieron en último término en germen para cuestionar al propio Estado, pero eso ya es otro tema).New_tracatrá escribió:a) La gente no se levantó contra los franceses en 1808 porque temiera el fin de la sociedad rural popular tradicional, sino porque se oponía al espíritu de conquista que iba unido a la invasión napoleónica.
Ahora os dejo con Baltasar Calvo, un monje de los más fanáticos que han existido la Historia. ¿Acabará beatificándolo la Iglesia?
“Yo me examino: la conciencia habla al hombre a sus solas. En el silencio de la noche, cuando el sueño no viene, repaso mi vida; y nada encuentro de que deba avergonzarme [...]. Esta tranquilidad de conciencia me hace superior a las injusticias y las proscripciones”
Urkijo (otro Urkijo)
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Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
En general no estoy de acuerdo con la crítica, aunque me ha ayudado a reafirmarme en mis desacuerdos con Félix Rodrigo, y también con aquello en lo que sí estoy de acuerdo con él.
En lo que sí coincido, y que viene a ser mi principal desacuerdo con el autor, es en idealizar las sociedades rurales del alto medievo. Aunque Félix es muy claro al reconocer que estas sociedades tienen pegas y que no las considera un ideal perfecto sí creo que su insistencia en ellas responde a algo más que simpatía, y el modelo social que alaba guarda mucha relación con ellas. Sin embargo, normalmente son los partidarios de la vida urbana los que le critican eso al autor, y yo se lo critico precisamente por lo contrario: creo que estas sociedades ya estaban insertadas dentro de un mundo Estatal, y que estaban entrelazadas con dicho ente de múltiples maneras. Me alegra leer que la crítica ataca por ahí, puesto que yo lo veo un asunto muy evidente y siento a Rodrigo Mora algo evasivo cuando se le sale con ese tema; no tanto porqué no le interese tratarlo sino probablemente porqué no es algo en lo que haya pensado lo suficiente.
Pero en el resto de la crítica discrepo, de leve a profundamente. Se destila una simpatía injustificada por la Revolución Francesa, la Ilustración y la República. La República fue una forma de Estado, tan atroz como cualquier otra, como así ha quedado atestiguado a los ojos de cualquiera que quiera mirar. Lo único que cabe lamentar de su exterminio fue que fuera suplantada por otra forma de Estado. Que la Revolución Francesa y la Ilustración sean la base de la filosofía anarquista clásica no justifica de ningún modo dichos reajustes del Sistema. Más bien todo lo contrario: Mirando atrás en la historia y viendo la poca capacidad que ha tenido esta corriente ideológica para conseguir un mundo libre tal vez sea el momento de entender que pretender conseguir la libertad siguiendo postulados de movimientos ideológicos liberticidas como la revolución francesa no sea precisamente una buena idea, mas bien una pérdida de tiempo (en el mejor de los casos).
Reformular el anarquismo (o la lucha por la libertad, si se prefiere desvincularse de la palabra a causa de su bagaje histórico, como Felix Rodrigo, que no se considera anarquista) es una prioridad, y por eso me gusta la valentía de Felix Rodrigo al criticar algunos pilares de lo políticamente correcto del anarquismo. Ya era hora, vamos.
Mis desacuerdos con el autor son bastantes, y se centran sobretodo en su intención de repetir uno de los peores errores del anarquismo: marcar un ideal de sociedad y difundirlo a las masas confiando en que la gente lo adoptará por su gran carga de "verdad", aunque también por su digamos... poca prisa, a la hora de luchar por un mundo libre. Reflexionar, planear, y ser buenos estrategas es primordial, pero creo que a estas alturas de la película más vale que hagamos algo más que escribir libros y debatir sobre ellos!
No obstante, también son muchos los puntos en los que coincidimos y sin duda lo considero uno de los referentes más interesantes. Sus libros son densos y complejos, pero a diferencia de la práctica totalidad de libros que me encuentro en distribuidoras de los movimientos sociales... dicen algo a parte de consignas y panfletismo barato y casposo.
En lo que sí coincido, y que viene a ser mi principal desacuerdo con el autor, es en idealizar las sociedades rurales del alto medievo. Aunque Félix es muy claro al reconocer que estas sociedades tienen pegas y que no las considera un ideal perfecto sí creo que su insistencia en ellas responde a algo más que simpatía, y el modelo social que alaba guarda mucha relación con ellas. Sin embargo, normalmente son los partidarios de la vida urbana los que le critican eso al autor, y yo se lo critico precisamente por lo contrario: creo que estas sociedades ya estaban insertadas dentro de un mundo Estatal, y que estaban entrelazadas con dicho ente de múltiples maneras. Me alegra leer que la crítica ataca por ahí, puesto que yo lo veo un asunto muy evidente y siento a Rodrigo Mora algo evasivo cuando se le sale con ese tema; no tanto porqué no le interese tratarlo sino probablemente porqué no es algo en lo que haya pensado lo suficiente.
Pero en el resto de la crítica discrepo, de leve a profundamente. Se destila una simpatía injustificada por la Revolución Francesa, la Ilustración y la República. La República fue una forma de Estado, tan atroz como cualquier otra, como así ha quedado atestiguado a los ojos de cualquiera que quiera mirar. Lo único que cabe lamentar de su exterminio fue que fuera suplantada por otra forma de Estado. Que la Revolución Francesa y la Ilustración sean la base de la filosofía anarquista clásica no justifica de ningún modo dichos reajustes del Sistema. Más bien todo lo contrario: Mirando atrás en la historia y viendo la poca capacidad que ha tenido esta corriente ideológica para conseguir un mundo libre tal vez sea el momento de entender que pretender conseguir la libertad siguiendo postulados de movimientos ideológicos liberticidas como la revolución francesa no sea precisamente una buena idea, mas bien una pérdida de tiempo (en el mejor de los casos).
Reformular el anarquismo (o la lucha por la libertad, si se prefiere desvincularse de la palabra a causa de su bagaje histórico, como Felix Rodrigo, que no se considera anarquista) es una prioridad, y por eso me gusta la valentía de Felix Rodrigo al criticar algunos pilares de lo políticamente correcto del anarquismo. Ya era hora, vamos.
Mis desacuerdos con el autor son bastantes, y se centran sobretodo en su intención de repetir uno de los peores errores del anarquismo: marcar un ideal de sociedad y difundirlo a las masas confiando en que la gente lo adoptará por su gran carga de "verdad", aunque también por su digamos... poca prisa, a la hora de luchar por un mundo libre. Reflexionar, planear, y ser buenos estrategas es primordial, pero creo que a estas alturas de la película más vale que hagamos algo más que escribir libros y debatir sobre ellos!
No obstante, también son muchos los puntos en los que coincidimos y sin duda lo considero uno de los referentes más interesantes. Sus libros son densos y complejos, pero a diferencia de la práctica totalidad de libros que me encuentro en distribuidoras de los movimientos sociales... dicen algo a parte de consignas y panfletismo barato y casposo.
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Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
No tengo esa interpretación de Félix Rodrigo Mora, leyendo su libro y cuando asistí a la presentación de este libro entendí que utiliza todos estos argumentos para intentar demostrar que una vida rural y comunitaria es mejor que una urbana. Que Félix no es historiador y que es más historiador amateur, y que tiene muchas metidas de gamba ya es muy conocido. El error es haber utilizado la historia como manera de justificar una ideología, que personalmente apoyo en un grado alto. Me parece que tu eres más seguidor de Ted Kaczynski y Zerzan. De Ted hay muchas cosas que puedo estar más o menos de acuerdo, pero hay muchas cosas que para nada. Las ideas de Zerzan no tienen ni pies ni cabeza. Por ello, me siento más próximo a las ideas de Félix, los Amigos de Ludd o Miquel Amorós. Aunque este debate no es el caso, pero para que sepas de dónde salen mis opiniones.bow escribió:En general no estoy de acuerdo con la crítica, aunque me ha ayudado a reafirmarme en mis desacuerdos con Félix Rodrigo, y también con aquello en lo que sí estoy de acuerdo con él.
En lo que sí coincido, y que viene a ser mi principal desacuerdo con el autor, es en idealizar las sociedades rurales del alto medievo. Aunque Félix es muy claro al reconocer que estas sociedades tienen pegas y que no las considera un ideal perfecto sí creo que su insistencia en ellas responde a algo más que simpatía, y el modelo social que alaba guarda mucha relación con ellas. Sin embargo, normalmente son los partidarios de la vida urbana los que le critican eso al autor, y yo se lo critico precisamente por lo contrario: creo que estas sociedades ya estaban insertadas dentro de un mundo Estatal, y que estaban entrelazadas con dicho ente de múltiples maneras. Me alegra leer que la crítica ataca por ahí, puesto que yo lo veo un asunto muy evidente y siento a Rodrigo Mora algo evasivo cuando se le sale con ese tema; no tanto porqué no le interese tratarlo sino probablemente porqué no es algo en lo que haya pensado lo suficiente.
Felix Rodrigo Mora es muy crítico con la ilustración, sin embargo defiende muchos valores que surgieron a través de la ilustración. Entiendo que Félix la critica por verla incapaz de conseguir los objetivos que se había propuesto y que muchas veces fue una herramienta de los poderosos para la tiranía. Un ejemplo, es sus críticas a los liberales. Personalmente pienso que las críticas no se plantean como forma de proponer justo lo contrario a la Ilustración, sino de eliminar los elementos reaccionarios de la Ilustración y recuperar los elementos emancipadores de la sociedades medievales. Félix no aboga por volver a la Edad Media, sino aprender del pasado para construir una nueva sociedad. Por ello, no creo que Félix más que romper con la Ilustración, lo que hace es evolucionar e ir más lejos, consciente de que las propuestas ya están superadas y que el culto al progreso no has llevado a un callejón sin salida con la destrucción de la naturaleza y una sociedad de control por parte de los Estados.bow escribió:Pero en el resto de la crítica discrepo, de leve a profundamente. Se destila una simpatía injustificada por la Revolución Francesa, la Ilustración y la República. La República fue una forma de Estado, tan atroz como cualquier otra, como así ha quedado atestiguado a los ojos de cualquiera que quiera mirar. Lo único que cabe lamentar de su exterminio fue que fuera suplantada por otra forma de Estado. Que la Revolución Francesa y la Ilustración sean la base de la filosofía anarquista clásica no justifica de ningún modo dichos reajustes del Sistema. Más bien todo lo contrario: Mirando atrás en la historia y viendo la poca capacidad que ha tenido esta corriente ideológica para conseguir un mundo libre tal vez sea el momento de entender que pretender conseguir la libertad siguiendo postulados de movimientos ideológicos liberticidas como la revolución francesa no sea precisamente una buena idea, mas bien una pérdida de tiempo (en el mejor de los casos)..
Yo no creo que Félix critique el Anarquismo, al menos no he visto esto, sino el Anarcosindicalismo y el Comunismo Libertario más próximos al desarrollismo. En este libro y en persona habló muy bien de las Colectivizaciones de la CNT en la Guerra. Pero, si tienes datos de lo que estás diciendo te lo agradeceríabow escribió:Reformular el anarquismo (o la lucha por la libertad, si se prefiere desvincularse de la palabra a causa de su bagaje histórico, como Felix Rodrigo, que no se considera anarquista) es una prioridad, y por eso me gusta la valentía de Felix Rodrigo al criticar algunos pilares de lo políticamente correcto del anarquismo. Ya era hora, vamos.
Recuerdo que cuando lo conocí explicó que el tenía su huerto y que practicaba sus ideas. Personalmente lo que tu ves mal, son cosas que yo veo bien de Félix y que bueno, no es el debate, pero bueno, algún día me pondré a debatir un poco de eso. Prefiero primero leer e informarme mejor sobre el primitivismo para tener un debate que no sea en base a tópicos. De momento, solo tengo leído "El Futuro Primitivo" y "El Manifiesto Unabomber", y no me gustaron ninguno de los dos. Que bueno, el manifiesto hay muchas cosas que estoy de acuerdo, y hay otras que las encuentro insultantes y de muy falta de coherencia por Ted Kaczynski. Ya lo hablaremos algún día. En todo caso, si me puedes dar una referencia de experiencias o aplicaciones de este tipo de ideas. Porque las ideas de los Antidesarrollistas actualmente son bastante poco factibles en España (Esto lo reconoce Félix), más que nada que vivimos en una España arrasada ecológicamente que es lo que explica Félix en este libro.bow escribió:Mis desacuerdos con el autor son bastantes, y se centran sobretodo en su intención de repetir uno de los peores errores del anarquismo: marcar un ideal de sociedad y difundirlo a las masas confiando en que la gente lo adoptará por su gran carga de "verdad", aunque también por su digamos... poca prisa, a la hora de luchar por un mundo libre. Reflexionar, planear, y ser buenos estrategas es primordial, pero creo que a estas alturas de la película más vale que hagamos algo más que escribir libros y debatir sobre ellos!
Es lo mismo que me pasa con los Primitivistas, coincido en muchas cosas, por eso me interesa el debate.bow escribió:No obstante, también son muchos los puntos en los que coincidimos y sin duda lo considero uno de los referentes más interesantes. Sus libros son densos y complejos, pero a diferencia de la práctica totalidad de libros que me encuentro en distribuidoras de los movimientos sociales... dicen algo a parte de consignas y panfletismo barato y casposo.

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Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
Ambas forman parte de esos "grandes acontecimientos" que terminan afectando al resto de la Historia. A veces no solemos reparar en que la Ilustración fue un movimiento plural, heterogéneo y contradictorio. Que la alabanza del desarrollo industrial, por ejemplo, y la crítica son una herencia de la propia Ilustración.bow escribió:Se destila una simpatía injustificada por la Revolución Francesa, la Ilustración
Sobre la Revolución Francesa podemos condenar en la actualidad muchas cosas. Pero siento más inclinación hacia ella que a las tropas españolas que en 1793 invadieron los Pirineos arengadas por los predicadores para hacer una nueva cruzada en tierras galas.
Eran reajustes del Sistema. Quizás nosotros, en el fondo, lo seamos también
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Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
Peterpan, si Felix Rodrigo solamente dijera que la vida rural es mejor que la urbana no tendría nada que objetar, pero yo creo que dice más cosas. Felix tiene un ideal de sociedad (incluido su plano moral). Es un ideal serio y trabajado y por eso mismo se sustenta en la experiencia de tiempos pasados a la vez que no es una mera imitación de estos. Mi crítica básica a Félix es a) no es ni posible ni libertario intentar expandir un único modelo de sociedad y b) creo que la justificación histórica que hace es erronea, ya que le quita muchísima importancia a la existencia del Estado. Hace milenios que existe el Ente estatal y aunque haya tenido altibajos y más o menos influencia en la organización de las gentes, creer que el Estado es algo con unos 200 años de historia es falso, a mi al menos me parece muy claro.
Cuando le he expuesto mis críticas a Felix me ha respondido que poco importa si es posible o no expandir dicho ideal de sociedad, puesto que es lo correcto, y hay que hacerlo aunque sea una lucha sin posibilidad de victoria (lógico, porqué él rechaza el pragmatismo, y para mi es lo más importante). Y sobre lo segundo me he llevado la sensación de que es un tema que no se había planteado, del que habría que debatir por escrito y con calma y hemos llegado a poco más de que usamos de modo distinto la palabra "civilización" (él la usa de modo positivo, yo como el peor de los enemigos de la libertad).
Yo no soy primitivista: no he leído ningún escrito de John Zerzan y lo que he podido oír de su manera de pensar no me gusta (por eso no he leído nada), aunque ciértamente solo he oído comentarios de sus detractores. Lo que sí es cierto es que hay ciertos escritos de Kazynski que me parecen fundamentales, como su crítica al anarcoprimitivismo (en el que pone a parir a Zerzan), su lucha contra el izquierdismo y sus textos enfocados al desarrollo de una estrategia práctica. Kazynski es muy pragmático, yo también. Pero no soy más seguidor de Kazynksi que de Rodrigo Mora, más bien simpatizo con ambos en muchos puntos y difiero profundamente en tantos otros. Lo que menos me gusta de Kazynski es que ve el mundo de un modo muy simplón y le quita mucho hierro a las cuestiones políticas, como si todo fuera una cuestión material dependiente de la tecnología.
Yo creo que Felix Rodrigo defiende la moral clásica, y alaba mucho la filosofía griega, pero no la ilustración. Su simpatía por la lectura, la escritura y la reflexión vienen de ahí, y no de la ilustración. Pero eso supongo que no es demasiado trascendental. Está claro que Félix no carga con todo lo que huela a anarquismo, y estoy de acuerdo en que habla bien de muchos aspectos del anarquismo clásico a la par que formula sus críticas hacia este con un tono más bien comprensivo, pero tocar el anarcosindicalismo, cuestionar a los clásicos, etc es algo que parecía que no se podía hacer. Era políticamente incorrecto. Él lo ha hecho y me alegro.
Con el tema del primitivismo estoy bastante molesto, no ya con Félix, sino con todos los que mueven la ideología antiindustrialista/antidesarrollista en la península (que vienen a ser los componentes de los Amigos de Ludd y Amorós, que no se si tuvo algo que ver con el colectivo). En algún momento concluyeron que el primitivismo era una gilipollez sin fundamento y han convertido el asunto en un tema tabú. No se molestan en criticarlo, ninguno de ellos. Recuerdo que en un charla alguien le dijo a Javier Rodriguez Hidalgo y a Amorós que estaba molesto por sus comentarios hacia el primitivismo puesto que este no tenía una base teórica tan fija como la que ellos estaban diciendo. Ambos se echaron a reír y dijeron "es que el primitivismo no tiene ninguna base teórica". A Rodrigo Mora nunca le he visto una salida de tono así, pero desde la educación y las buenas maneras dice lo mismo.
Veamos, yo no soy primitivista porqué para mi el primitivismo es lo que defiende John Zerzan, que por eso es el que usa la palabreja de marras. Pero estas personas han simplificado el término y nos han metido dentro a todos los que hablamos de grupos humanos no civilizados, criticamos la civilización, etc. Eso me disgusta porqué en lugar de criticar nuestras ideas se han limitado a decir que son infantiles, ingenuas, etc. Estoy seguro que al menos a Félix no le importaría que se debatiera el tema, e intuyo que no le hace mucha gracia que esté tan centralizada en cuatro gatos la producción literaria antiindustrialista, pero así de entrada, a él el primitivismo le parece una tontería y no creo que tenga una opinión formada sobre él.
Ya iré diciendo más cosas sobre este tema, que ahora tengo poco tiempo.
Un saludo.
Cuando le he expuesto mis críticas a Felix me ha respondido que poco importa si es posible o no expandir dicho ideal de sociedad, puesto que es lo correcto, y hay que hacerlo aunque sea una lucha sin posibilidad de victoria (lógico, porqué él rechaza el pragmatismo, y para mi es lo más importante). Y sobre lo segundo me he llevado la sensación de que es un tema que no se había planteado, del que habría que debatir por escrito y con calma y hemos llegado a poco más de que usamos de modo distinto la palabra "civilización" (él la usa de modo positivo, yo como el peor de los enemigos de la libertad).
Yo no soy primitivista: no he leído ningún escrito de John Zerzan y lo que he podido oír de su manera de pensar no me gusta (por eso no he leído nada), aunque ciértamente solo he oído comentarios de sus detractores. Lo que sí es cierto es que hay ciertos escritos de Kazynski que me parecen fundamentales, como su crítica al anarcoprimitivismo (en el que pone a parir a Zerzan), su lucha contra el izquierdismo y sus textos enfocados al desarrollo de una estrategia práctica. Kazynski es muy pragmático, yo también. Pero no soy más seguidor de Kazynksi que de Rodrigo Mora, más bien simpatizo con ambos en muchos puntos y difiero profundamente en tantos otros. Lo que menos me gusta de Kazynski es que ve el mundo de un modo muy simplón y le quita mucho hierro a las cuestiones políticas, como si todo fuera una cuestión material dependiente de la tecnología.
Yo creo que Felix Rodrigo defiende la moral clásica, y alaba mucho la filosofía griega, pero no la ilustración. Su simpatía por la lectura, la escritura y la reflexión vienen de ahí, y no de la ilustración. Pero eso supongo que no es demasiado trascendental. Está claro que Félix no carga con todo lo que huela a anarquismo, y estoy de acuerdo en que habla bien de muchos aspectos del anarquismo clásico a la par que formula sus críticas hacia este con un tono más bien comprensivo, pero tocar el anarcosindicalismo, cuestionar a los clásicos, etc es algo que parecía que no se podía hacer. Era políticamente incorrecto. Él lo ha hecho y me alegro.
Con el tema del primitivismo estoy bastante molesto, no ya con Félix, sino con todos los que mueven la ideología antiindustrialista/antidesarrollista en la península (que vienen a ser los componentes de los Amigos de Ludd y Amorós, que no se si tuvo algo que ver con el colectivo). En algún momento concluyeron que el primitivismo era una gilipollez sin fundamento y han convertido el asunto en un tema tabú. No se molestan en criticarlo, ninguno de ellos. Recuerdo que en un charla alguien le dijo a Javier Rodriguez Hidalgo y a Amorós que estaba molesto por sus comentarios hacia el primitivismo puesto que este no tenía una base teórica tan fija como la que ellos estaban diciendo. Ambos se echaron a reír y dijeron "es que el primitivismo no tiene ninguna base teórica". A Rodrigo Mora nunca le he visto una salida de tono así, pero desde la educación y las buenas maneras dice lo mismo.
Veamos, yo no soy primitivista porqué para mi el primitivismo es lo que defiende John Zerzan, que por eso es el que usa la palabreja de marras. Pero estas personas han simplificado el término y nos han metido dentro a todos los que hablamos de grupos humanos no civilizados, criticamos la civilización, etc. Eso me disgusta porqué en lugar de criticar nuestras ideas se han limitado a decir que son infantiles, ingenuas, etc. Estoy seguro que al menos a Félix no le importaría que se debatiera el tema, e intuyo que no le hace mucha gracia que esté tan centralizada en cuatro gatos la producción literaria antiindustrialista, pero así de entrada, a él el primitivismo le parece una tontería y no creo que tenga una opinión formada sobre él.
Ya iré diciendo más cosas sobre este tema, que ahora tengo poco tiempo.
Un saludo.
Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
Lo pones como si no se hubiera criticado antes al anarcosindicalismo, desde unas posturas por cierto más comprensibles que las de FRM.bow escribió:pero tocar el anarcosindicalismo, cuestionar a los clásicos, etc es algo que parecía que no se podía hacer. Era políticamente incorrecto. Él lo ha hecho y me alegro.
“Yo me examino: la conciencia habla al hombre a sus solas. En el silencio de la noche, cuando el sueño no viene, repaso mi vida; y nada encuentro de que deba avergonzarme [...]. Esta tranquilidad de conciencia me hace superior a las injusticias y las proscripciones”
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Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
¿Podrías pasarme algún enlace a algún artículo donde Ted Kaczysky critique al Anarcoprimitivismo de Zerzan?¿Y las críticas al Izquierdismo?bow escribió:....Yo no soy primitivista: no he leído ningún escrito de John Zerzan y lo que he podido oír de su manera de pensar no me gusta (por eso no he leído nada), aunque ciértamente solo he oído comentarios de sus detractores. Lo que sí es cierto es que hay ciertos escritos de Kazynski que me parecen fundamentales, como su crítica al anarcoprimitivismo (en el que pone a parir a Zerzan), su lucha contra el izquierdismo y sus textos enfocados al desarrollo de una estrategia práctica.
A mi las críticas al Izquierdismo del Manifiesto Unabomber las veo simplistas y que cae en topicazos. Podría ser válido en algunos casos a la Socialdemocracia, pero no a toda la Izquierda Revolucionaria. En algunos casos puede tener razón, pero podría darle miles de ejemplos en los que está totalmente equivocado. Por eso me gustaría leer si hay algo más al respecto ya que en el Manifiesto el reconoce que generaliza mucho y que hay excepciones.
Zerzan es un auténtico disparate. El Futuro Primitivo se dedica a hacer una historia del pensamiento simbólico e intentar demostrar que este la causa de la falta de libertades. Su propuesta no es solo volver a una sociedad primitiva, sino una sociedad no simbólica. Me pregunto ¿Cómo sería una sociedad humana no simbólica? Porque hasta las sociedades más primitivas que existe en el Planeta tiene su estructura mítica y simbólica, y que es algo inherente al ser humano. La única manera es que nos volviésemos animales.
No estoy de acuerdo que las cosas sean tan simples, de todas maneras no es algo que me quite el sueño.bow escribió: Kazynski es muy pragmático, yo también. Pero no soy más seguidor de Kazynksi que de Rodrigo Mora, más bien simpatizo con ambos en muchos puntos y difiero profundamente en tantos otros. Lo que menos me gusta de Kazynski es que ve el mundo de un modo muy simplón y le quita mucho hierro a las cuestiones políticas, como si todo fuera una cuestión material dependiente de la tecnología.
A mi me parece muy bien que cualquiera se atreva a cuestionar las bases de cualquier forma de pensamiento. El Anarquismo es eso, y si el Anarquismo no es capaz de cuestionarse a sí mismo, deja de ser Anarquismo. Como pensaba Marx, el pensamiento es histórico, y lo que es cierto hoy, mañana puede ser falso.bow escribió: Yo creo que Felix Rodrigo defiende la moral clásica, y alaba mucho la filosofía griega, pero no la ilustración. Su simpatía por la lectura, la escritura y la reflexión vienen de ahí, y no de la ilustración. Pero eso supongo que no es demasiado trascendental. Está claro que Félix no carga con todo lo que huela a anarquismo, y estoy de acuerdo en que habla bien de muchos aspectos del anarquismo clásico a la par que formula sus críticas hacia este con un tono más bien comprensivo, pero tocar el anarcosindicalismo, cuestionar a los clásicos, etc es algo que parecía que no se podía hacer. Era políticamente incorrecto. Él lo ha hecho y me alegro.
Yo soy muy crítico con el primitivismo y no me importa enfrentarme el debate. Con ello no quiero decir que sea algo malo, simplemente que no lo veo una alternativa para todxs, sino para una minoría. Aparte que disiento mucho del debate anti-tecnología, aunque pueda coincidir que es el problema de gran parte de los problemas sociales. Pero, usando palabras de Amorós, la mayoría de los recursos tecnológicos que usamos hoy en día son totalmente superfluos y prescindibles. Yo no voy a estar tan de acuerdo de eliminar los avances que afecten a la medicina, la ciencia y las comunicaciones, sino una sociedad basada en la auteridad total, la suficiente para que el efecto a la naturaleza sea mínimo y que se pueda desarrollar una sociedad más libre.bow escribió: Con el tema del primitivismo estoy bastante molesto, no ya con Félix, sino con todos los que mueven la ideología antiindustrialista/antidesarrollista en la península (que vienen a ser los componentes de los Amigos de Ludd y Amorós, que no se si tuvo algo que ver con el colectivo). En algún momento concluyeron que el primitivismo era una gilipollez sin fundamento y han convertido el asunto en un tema tabú. No se molestan en criticarlo, ninguno de ellos. Recuerdo que en un charla alguien le dijo a Javier Rodriguez Hidalgo y a Amorós que estaba molesto por sus comentarios hacia el primitivismo puesto que este no tenía una base teórica tan fija como la que ellos estaban diciendo. Ambos se echaron a reír y dijeron "es que el primitivismo no tiene ninguna base teórica". A Rodrigo Mora nunca le he visto una salida de tono así, pero desde la educación y las buenas maneras dice lo mismo
Yo soy muy crítico con la Civilización y para mi es el problema, pero yo no me considero primitivista. Simplemente el primitivismo ya lleva una respuesta al problema, y yo prefiero no definirme en ese sentido, sino en lo que critico. Es decir, prefiero que me definan como Antidesarrollista o incluso Anticivilización, pero nunca Primitivista. Tampoco me gusta llamarme Antitecnológico, sino Tecnológico Crítico (Aunque esté cerca de los antitecnología)bow escribió:Veamos, yo no soy primitivista porqué para mi el primitivismo es lo que defiende John Zerzan, que por eso es el que usa la palabreja de marras. Pero estas personas han simplificado el término y nos han metido dentro a todos los que hablamos de grupos humanos no civilizados, criticamos la civilización, etc. Eso me disgusta porqué en lugar de criticar nuestras ideas se han limitado a decir que son infantiles, ingenuas, etc. Estoy seguro que al menos a Félix no le importaría que se debatiera el tema, e intuyo que no le hace mucha gracia que esté tan centralizada en cuatro gatos la producción literaria antiindustrialista, pero así de entrada, a él el primitivismo le parece una tontería y no creo que tenga una opinión formada sobre él.
Ya iré diciendo más cosas sobre este tema, que ahora tengo poco tiempo.
Un saludo.
Las respuestas prefiero dejarlas a la reflexión colectiva y no mascarla. Puedo aportar mis ideas, pero no dejarán de ser mis ideas. Yo creo que esto habrá una solución diversa y todo dependerá del lugar y el contexto. No creo que nadie pueda dar una respuesta universal.

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Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R.
Peterpan escribió:
Pero bueno, me parece muy válido que se critique el anarquismo, pero si se hace desde su perspectiva (idolatrando sociedades rurales, jerarquías católicas, con argumentos islamófobos de aúpa, con opiniones sobre "los negros" (como él habla) que rozan el racismo... Pues no las tomo tan en cuenta. Por no hablar de su machismo rampante, claro. En fin, en general su discurso me parece bastante reaccionario, aunque haya dicho cosas que me interesan ( en general, sus aportaciones informativas sobre el comunal).
Es que él considera el Comunismo Libertario en sí una ideología desarrollista (cosa que me parece bastante consuso, ya que a mí el comunismo libertario ni siquiera me parece una ideología, sino un modo de organización económica). Yo le he leído y oído opiniones sobre el anarquismo de aúpa (como por ejemplo, que Kropotkin no hizo ninguna reflexión sobre los costes ecológicos de la producción industrial), el jucio contra Isaac Puente...Yo no creo que Félix critique el Anarquismo, al menos no he visto esto, sino el Anarcosindicalismo y el Comunismo Libertario más próximos al desarrollismo.
Pero bueno, me parece muy válido que se critique el anarquismo, pero si se hace desde su perspectiva (idolatrando sociedades rurales, jerarquías católicas, con argumentos islamófobos de aúpa, con opiniones sobre "los negros" (como él habla) que rozan el racismo... Pues no las tomo tan en cuenta. Por no hablar de su machismo rampante, claro. En fin, en general su discurso me parece bastante reaccionario, aunque haya dicho cosas que me interesan ( en general, sus aportaciones informativas sobre el comunal).
Tienen una bandera negra,
a media asta sobre la esperanza.
(Léo Ferré)
a media asta sobre la esperanza.
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Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R. Mora
" las soflamas patrióticas y fanáticas insufladas desde los coros de las iglesias. .... alentado por un clero intransigente que se caracterizaba entonces por su odio hacia lo francés, ...."
Es curioso este comentario, pues es bien sabido que la Iglesia oficial, asi como lso Altos Mandos del ejercito se declararon horrorizados con un levantamiento popular y reclamaron, imploraron la vuelta a la calma. Y lo hicieron asi, consistentemente hasta que el despiporre popular (producido por la ausencia de comunicacion clara y estable y rapida) lo hiciera inutil, e incluso contraproducente para ellos, y recularan y acabaran aliandose con las Juntas creadas, no fueran a ser señalados como traidores.
La Iglesia no fue levantisca, si acaso curas aislados, y a quienes el pueblo rural no hacia mucho caso. Ellos ya sabian perfectamente a quien temian: a los liberales. Considerar al pueblo rural, en ese momento la inmensa mayoria de los subditos de su majestad, como gilipollas y adoctrinado es desconocer la verdadera naturaleza de la gente del rural: Vision tipicamente urbanita, "progre" y el motivo de la desafecccion del pueblo a estos sabios y doctos hombres de letras de salon... desconectados de la realidad-
Es curioso este comentario, pues es bien sabido que la Iglesia oficial, asi como lso Altos Mandos del ejercito se declararon horrorizados con un levantamiento popular y reclamaron, imploraron la vuelta a la calma. Y lo hicieron asi, consistentemente hasta que el despiporre popular (producido por la ausencia de comunicacion clara y estable y rapida) lo hiciera inutil, e incluso contraproducente para ellos, y recularan y acabaran aliandose con las Juntas creadas, no fueran a ser señalados como traidores.
La Iglesia no fue levantisca, si acaso curas aislados, y a quienes el pueblo rural no hacia mucho caso. Ellos ya sabian perfectamente a quien temian: a los liberales. Considerar al pueblo rural, en ese momento la inmensa mayoria de los subditos de su majestad, como gilipollas y adoctrinado es desconocer la verdadera naturaleza de la gente del rural: Vision tipicamente urbanita, "progre" y el motivo de la desafecccion del pueblo a estos sabios y doctos hombres de letras de salon... desconectados de la realidad-
Re: Crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, de F.R. Mora
Los sucesos de Aranjuez, imnicio de la revuelta "popular" antifrancesa no fue un acto espontaneo y popular si no una maquinacion absolutista. Un ataque de falsa bandera usando a la muchisima gente pobre y desconectada, fruto de desastres naturales y la sequia, de las guerras internacionales que pululaban por Madrid en ese momento. No eran pueblo, eran desarrapados, literalmente chusma, usados con populismo y pago por los golpistas absolutistas que querian que reinara Fernando VII, forzando la situacion a los franchutes. Esa accion inicial, reinterppretada por llos madrileños como evuelta popular (eso creyeron, claro), les llevó a unirse a ella de forma ciega, acabando por ser participes del falso levantamiento y generando el error de que era un levantamiento legitimo del pueblo de Madrid.
Daoiz y Velarde, los heroes del 2 de mayo, eran en puridad, oportunistas golpistas y arribistas, pagados, y bien pagados, como el resto de participantes en los hechos, deseosos de un rapido ascenso en el ejercito a traves de tremenda accion liberadora. Los franceses no supieron entenderles y les mataron, claro. Que injusticia!
Asi como la Toma de la Bastilla fue un negocio de banqueros contra el ministro de Hacienda, el 2 de Mayo fue un golpe absolutista que como la Bastila, salio bien o mal y degenero en Guerra Civil, Revolucion, guerra de liberacion o lo que fuera en cada caso, nombres ya puestos por los estatistas manipuladores escritores de la Historia Oficial del Estado...
Daoiz y Velarde, los heroes del 2 de mayo, eran en puridad, oportunistas golpistas y arribistas, pagados, y bien pagados, como el resto de participantes en los hechos, deseosos de un rapido ascenso en el ejercito a traves de tremenda accion liberadora. Los franceses no supieron entenderles y les mataron, claro. Que injusticia!
Asi como la Toma de la Bastilla fue un negocio de banqueros contra el ministro de Hacienda, el 2 de Mayo fue un golpe absolutista que como la Bastila, salio bien o mal y degenero en Guerra Civil, Revolucion, guerra de liberacion o lo que fuera en cada caso, nombres ya puestos por los estatistas manipuladores escritores de la Historia Oficial del Estado...