La trampa de la diversidad

Foro para la difusión y el debate sobre el Movimiento Libertario y el Anarquismo en general con todas sus tendencias y derivaciones. Noticias sobre el Movimiento Libertario o los movimientos sociales.
Avatar de Usuario
Joreg
Mensajes: 5401
Registrado: 17 Dic 2004, 17:45

Re: La trampa de la diversidad

Mensaje por Joreg » 26 Jun 2018, 15:29

Y eso contradice la idea que tenía Marx cuando escribe su manifiesto con Engels hacia 1848, y de Engels hasta el día de su muerte, de que el desarrollo del capitalismo iba a llevarse a cabo homogeneizando los intereses y las formas de vida del proletariado, manteniéndolo a niveles de subsistencia. Y como los miembros de la clase superior se proletarizaban, y los de la inferior cada vez eran más numerosos, tendrían una visión común y propia de cómo acabar con esa situación, se constituiría el proletariado como clase (o como partido), y acabaría con la sociedad burguesa.

Pero eso no ha ido pasando así. Los intereses de la clase trabajadora, no son homogéneos, no son los mismos. Los trabajadores los perciben de forma muy variable. Los medios de comunicación y de transporte, no han acabado uniendo al proletariado bajo una misma bandera.
Lo que se gana en velocidad, se pierde en potencia. Lo que se gana en potencia, se pierde en velocidad.

Avatar de Usuario
blia blia blia.
Mensajes: 4133
Registrado: 28 Abr 2009, 19:57
Ubicación: Paciencia

Re: La trampa de la diversidad

Mensaje por blia blia blia. » 08 Jul 2018, 19:09

Bernabé responde a Garzón y una entrevista a Bernabé en Izquierda Diario.
La voz atomizada: una respuesta

Un lunes cualquiera y el verano ha llegado a Madrid. Vengo de una ciudad del sur de España de presentar La trampa de la diversidad, satisfecho por la gran acogida, pero algo cabizbajo por la dura crítica que Alberto Garzón ha hecho de mi libro en este medio. Dejo atrás un AVE lleno de turistas jubilados y esos señores de pantalón caqui a juego con mocasín y melena de clase media pulcramente descuidada. c.

Cuando llego al cercanías dejo de ser un autor de éxito para volver a ser un trabajador cultural precario. Ambos títulos no son gratuitos, La trampa de la diversidad va como un tiro y ha conseguido algo raro para un ensayo político: empezar a trascender las fronteras habituales en las que este tipo de libros se mueven. La otra escarapela no la ostento en propiedad, es la que vivimos millones de personas en este país: cambiar las monedas de un montoncito a otro, como decía Mac-Laren Ross, para ver qué aspecto ineludible de la vida satisfacemos antes. No es pornografía sentimental para lograr su empatía, el detalle es importante. Pero eso vendrá después.

El tren que atraviesa Villaverde, Zarzaquemada y Leganés va lleno de gente. Son las tres y media de la tarde. El aire acondicionado se ha roto. Hay hombres y mujeres, en una proporción mayor para estas últimas. Hay trajes tristes de oficinistas y macutos cansados de obra. Hay un hijab, un vestido africano de un azul intenso con flores naranjas. Un chaval latino con gorra en equilibrio sobre su cabeza con mirada cínica de trapero. Hay altos y bajos, hay una señora con sobrepeso, un tío con barba leyendo un temario de oposiciones, una adolescente que mira su móvil y responde, con manos de ardilla nerviosa, a los mensajes. Hay diversidad. Es un hecho. Y salvo que se sea una especie de cripto-fascista aquello no molesta a nadie: al menos entre el pasaje existe una desatención amable. La cuestión, la que impulsa al libro, es entender que además de ese hecho, de esa diversidad, toda esa gente tan diferente está unida por algo, algo que les hace volver a la peri en ese tren. Algo que por desgracia casi nadie percibe ya, cree ser, a pesar de que determinados códigos postales, como dice Ocasio-Cortez, marcan tu vida irremisiblemente.

Garzón se pregunta cuál es la tesis del libro. Le respondo, el libro no tiene ninguna tesis. Sí una idea rectora, un pálpito, un rastro difuso que sigo como un perro de aguas entre los juncos. Esa idea es que nuestra identidad, aquella construcción entre nuestras tensiones cotidianas y las mediaciones culturales sistémicas, que marca nuestra relación con la política, ha cambiado en estos últimos cuarenta años, pasando de ser de clase y colectiva a individual y aspiracional. Si en el siglo XX existieron tres grandes identidades, la nacional, la religiosa y la de clase, el neoliberalismo las redujo a una pulpa confusa, sometiendo a los individuos a una competición permanente no sólo en sus ámbitos laborales, sino en su vida cotidiana.

Uno de los epicentros del libro explica cómo Thatcher, en el discurso de aceptación en 1975 del liderazgo del partido torie, confundió a propósito la palabra unequal, que puede significar diferencia pero también desigualdad. Así se creó la nueva narración que acabó con el pacto de posguerra, una en la que los individuos ya no eran desiguales por los desequilibrios capitalistas, sino que eran diferentes por su valía individual. La desigualdad se transformó así en diversidad, que se contraponía a la supuesta homogenización, y no la igualdad, de los países del bloque socialista. Para más señas vean el anuncio de lanzamiento del Apple Macintosh (1984), un hito no buscado en la desarticulación narrativa del eje izquierda/derecha y del surgimiento de la ideología californiana, esa que nos ha llevado a que la palabra revolución se asocie con el emprendimiento empresarial, a que la tecnología se convierta en un estupefaciente para los conflictos sociales o a que las opciones disponibles sean optar entre Macron o Trudeau.

En nuestras sociedades las tensiones han dejado de ser, en buena medida, entre clases sociales mediante conflictos laborales y económicos, para pasar a ser entre grupos identitarios mediante guerras culturales. Lo peor es que la izquierda y el activismo, de forma inconsciente, han comprado el modelo. Ausentes de un horizonte al que dirigirse su acción se centra en ir atendiendo las reclamaciones representativas de una diversidad convertida en un mercado, donde la moneda de cambio es la especificidad identitaria. No se busca así cómo unir a personas diferentes, sino saciar la competición de la ansiedad por la diferencia.

Macron o Trudeau, Trump o Le Pen. Si la idea que mueve este libro es la expuesta hasta aquí, lo que lo impulsa es el auge de la ultraderecha. La trampa de la diversidad es un libro netamente antifascista. Un libro que no carga contra la diversidad, sino contra su forma mercantilizada que ahoga los esfuerzos de una acción cívica común. A pesar de que Garzón reconoce el esfuerzo explícito, especula con que el libro es un instrumento útil para negar las políticas de diversidad, es decir, que su visión se alza sobre la palabra impresa anticipando lo que el lector, incauto, podrá pensar del mismo.
El cómo

Garzón, en su habitual estilo pedagógico, algo poco usual en la política contemporánea, algo que quien les escribe siempre ha celebrado, nos da una clase sobre metodología, atribuyendo, por resumir y agilizar esta contrarréplica, al funcionalismo todos los males del libro. Es decir, que quien les escribe toma hechos al azar, escogiendo aquello que le conviene, para explicar a posteriori los cambios sociales de los que habla La trampa. Dejen que les ilustre sobre cuál es el problema, efectivamente metodológico, que ha sufrido Garzón.

Bojack Horseman es una serie que me fascina. En sus capítulos, de 25 minutos, se resumen las tribulaciones de los human of late capitalism de una forma magistral. En uno de ellos, la co-protagonista, una inteligente mujer, feminista, liberal y escritora, tiene una entrevista de trabajo en una revista de tendencias, una de esas publicaciones que hacen de la atomización de las identidades y los estilos de vida su principal nicho de mercado. La directora, que obliga a sus empleadas a hacer yoga y a trabajar colgadas del techo, imagino que indicada por algún coacher en management, es una feminista de las que ven en el movimiento de liberación de la mujer un nicho más de negocio. Cuando la protagonista le pregunta si van a pasar al despacho, la ejecutiva responde indignada algo así como que los despachos son patriarcales y que no tienen cabida en esa oficina. Eso sí, se encarga de dejar muy claro a la aspirante que no se le olvide quién manda allí, quién es la empleada y quién la jefa.

Bojack es una tragicomedia de animación y los temas que trata son producto de la mente de sus guionistas, de su atenta observación social y por supuesto de su ideología y sus sesgos. Lo cual no implica que represente funcionalmente todas las taras de este momento histórico tan estúpido como peligroso. Lo absurdo sería exigir a los guionistas de la serie, que antes de retratar este hecho, cómo el feminismo se vacía de sus aristas más conflictivas y se convierte en un producto, hicieran un pormenorizado estudio de cuántas revistas de tendencias carecen de despachos pero siguen manteniendo la estructura de clases vigente. O peor, decir a los guionistas que con su narración están afirmando que el feminismo es una ideología funcional al sistema, como Garzón deduce que yo hago en mi libro.

Es cierto que yo no puedo afirmar académicamente las ideas de mi libro. Casi tan cierto como que afirmar que no vivimos en una sociedad que tiende hacia el individualismo, usando una encuesta del CIS donde los españoles dicen que desean vivir en familia, como hace Garzón, es un intento de academicismo frustrado. Por supuesto necesitamos de largos y fundados estudios, basados en el análisis pormenorizado de lo real, que nos expliquen realmente cómo es la sociedad. Como también de panfletos que nos avisen, de forma urgente, que algo parece funcionar realmente mal en nuestra relación con la política. La trampa de la diversidad es, evidentemente, uno de estos panfletos -orgullosamente, además-. Un libro que especula, conmueve y sobre todo narra el gigantesco desbarajuste en el que se ha convertido la acción política en un momento tan pueril como despiadado.

Por otro lado -y ahora doy yo la clase- un ensayo sobre política en una línea descaradamente agit-prop no puede seguir, por ejemplo, el estilo que el propio Garzón utiliza en su artículo: así no te lee nadie. Un libro con vocación de mayorías debe poder leerse en el metro volviendo de trabajar, en un sofá con la tele encendida y un par de críos dando por saco. Debe estar lleno de referencias a la cultura popular. Debe organizar lo que mucha gente parece intuir, contar una historia que impulse al lector a leer sobre política como lo haría no ya con una novela, sino como se ve una serie de la HBO, con ansiedad del siguiente capítulo. A Adam Curtis no sólo le he robado algunas ideas, sino también un estilo narrativo. De todo se puede aprender.

No todo el mundo tiene un salón para la lectura. Como no todos los escritores disponemos del tiempo y los recursos para dedicarnos al estudio académico. Ser un trabajador cultural precario, como lo soy yo, implica que mientras que escribía el libro a un ritmo endiablado no podía desconectar de cuestiones de la propia supervivencia. No se trata tan sólo de una intención, sino también de una necesidad: es imposible dedicar quince días, como haría un doctor en ciencias sociales, a justificar un párrafo con una oscura cita. A veces algunos nos tenemos que conformar con poner el espejo, con nuestro olfato, con nuestros pálpitos. La literatura de combate se escribe así.

Lo que sí sería injusto es calificar a La trampa de ser una obra que no haya seguido unas reglas, de ser un libro tramposo. Es un libro basado en el hacer periodístico, que cuenta con decenas de citas de artículos de prensa, que intenta atrapar un momento sin crearlo de acuerdo a las fobias y filias del autor. Nada de lo que aparece en sus páginas es falso, una mera invención interesada, sino la imagen que surge al acaparar columnas, noticias, películas, programas televisivos y la propia experiencia directa. Soy, como cualquier periodista, parcial, pero intento al menos ser honrado con lo que cuento. A una época se la conoce mejor por sus vertederos que por sus museos, yo no tengo la culpa que la nuestra no huela precisamente bien.

La cuestión ya no es si La trampa de la diversidad es un libro inútil metodológicamente para la academia, sino la enorme aceptación que está teniendo entre los lectores. ¿Cómo es posible que nadie hubiera escrito en España un libro así justo en este momento? Es posible porque la izquierda suele ser como un mal defensa que cuando le llega una pelota difícil la chuta para alejarla. Que un libro de un autor semidesconocido, publicado en una editorial prestigiosa pero mediana como Akal, esté compitiendo con los grandes monstruos que pueblan los anaqueles se debe a que existía un enorme hambre respecto a este tema. Quizá yo no sea un gran cocinero, pero sé, por llevar ya unos años enfrentándome semanalmente a la actualidad en La Marea, cuando hay gusa de algo.
El qué

“Lo que está diciendo Bernabé, aunque no se atreve a llegar tan lejos explícitamente, es que hay que dejar de hablar tanto de la diversidad y hablar más de clase trabajadora y sus problemas cotidianos”, argumenta Garzón en su crítica, una vez más, especulando sobre mi intención y sus interpretaciones. Pero no es el único.

Si el libro cuenta con una gran aceptación en las librerías no es menos cierto que despierta una furibunda antipatía, a través de las redes sociales, en muchas personas relacionadas con el activismo. Todas opinan, a pesar de que deduzco que no le votarían aun cortándoles un brazo, igual que Garzón: este es un libro contra la diversidad o, a lo peor, un ensayo machista, homófobo y racista. De nada valen las citas directas del libro que contra argumentan con letra impresa esas aseveraciones. El juicio estaba hecho, me temo, antes de que la obra saliera a la calle.

La razón es bien sencilla y paradójicamente apoya la tesis del propio libro: cuando la actividad política ha pasado de ser una forma organizada de enfrentar unos problemas grupalmente mediante una ideología, a una manera de construir nuestra identidad para poder competir con ella en un mercado, la reacción sólo puede ser la de la defensa a ultranza de unas posiciones que se demuestran, cada día, perjudiciales para los grupos que conforman las luchas por la diversidad y para la sociedad en su conjunto.

Garzón, quizá sin percatarse, responde igual que lo hizo una usuaria de twitter al artículo que inspiro el libro. Contrapone clase contra identidad diversa o, a lo peor, sitúa a la clase como una esfera más a la que atender representativamente. En ninguna página del libro se afirma, repito, en ninguna, que el feminismo, la lucha LGTB, de los inmigrantes o de cualquier otro colectivo, sea menos importante o secundaria respecto al conflicto capital-trabajo, que tenga que ser postergada, que no es esencial. El libro insiste en que el neoliberalismo es un sistema global, universal, no sólo a un nivel planetario, sino también a un nivel de la vida humana. Su respuesta, por tanto, tendrá que pasar ineludiblemente por enfrentarlo desde todos sus efectos, siendo estas luchas de representación por la diversidad cruciales.

Lo que sí dice el libro es que hay conflictos que nos tocan a todos, independientemente de nuestra identidad. Lo sorprendente es que Garzón se extrañe cuando afirmo que la lucha contra la Troika o la solución al problema de la deuda soberana es más importante que cualquier otra política. No se trata de hacer escalas de valores, sí de entender que hay problemas que nos tocan a todos independientemente de nuestra identidad, no de nuestra clase, y que impedirán realizar cualquier política progresista a no ser que les demos una solución. Que se lo pregunten a Sánchez Mato.

Sin dinero se pueden colgar pancartas de Refugees Welcome, pero no atender el problema de los refugiados. Sin soberanía se puede hacer un Orgullo festivo pero no destinar presupuestos a formar educadores contra la homofobia. Sin poder aplicar los programas que se prometen electoralmente se pueden colocar pins feministas, pero luego se despide a las trabajadoras del teléfono de emergencias contra los maltratos. En una gran empresa del sur de Madrid, me comentaban unas trabajadoras en la presentación de Leganés, se han pintado los pasos de cebra del recinto con la bandera arco-iris mientras que se despide a los empleados, sin importar su identidad sexual, pero sí su antigüedad y derechos adquiridos.

Esta es una de las vertientes que más rápido se comprenden de La trampa, cómo el capitalismo blanquea sus tropelías a través de la diversidad. Pero no es la única ni la más importante. De hecho, a mi juicio, el mayor problema -ese que nadie quiere ver, que molesta tanto- es que la propia izquierda y el activismo se comportan respecto a la identidad como cualquier capitalista haría con un producto. Lo ponen a competir en un mercado, en este caso el de la diversidad, donde el valor se mide en opresiones y privilegios.

La interseccionalidad, esa palabra mágica tan de moda como hegemonía hace unos meses, en la práctica real significa muy poco. Veámoslo con un ejemplo. En la pasada huelga feminista, algunos grupos calificaron a la misma de privilegio blanco porque las trabajadoras inmigrantes no la podían realizar. Tenían razón en el hecho, al no tener papeles no podían ejercer su derecho. Lo cual no implica que su articulación del problema fuera desastrosa. En vez de utilizar la huelga, un derecho ganado con años de lucha, como ariete para conseguir su necesario objetivo, cargaron contra la misma, pusieron a competir de facto a las mujeres. ¿Y saben a qué me recuerda esto? A ese mantra neoliberal que rápidamente califica de privilegiados a cualquier grupo de trabajadores con derechos consolidados cuando se ponen de huelga. Algo, que por desgracia, cala cada día más en una sociedad individualista y competitiva.

Si alguien deduce de aquí que La trampa de la diversidad afirma que el feminismo no es importante, que hace el juego al neoliberalismo, que las personas no tienen problemas específicos al margen de su clase, que no hay activistas que tienen en cuenta esta trampa o que las luchas de la representación deben ser escindidas de la cuestión obrera tiene un severo problema de comprensión lectora. O más allá, al haberse educado políticamente en este contexto busca, inconscientemente, más la competición que la colaboración.

Lo llamativo es que el propio Garzón publicó en estas mismas páginas un artículo titulado ¡Digamos adiós a la izquierda pija! en noviembre de 2016 en el que afirmaba que “A pesar de tener a uno de los movimientos obreros más fuertes de Europa, en España la izquierda abandonó en los setenta la prioridad de construir alternativa en el tejido social.” o que “En aquellos años se sentaron las bases de una izquierda institucionalizada, dedicada casi en exclusiva a la gestión, y cada vez más desconectada de la realidad concreta de la clase trabajadora. Una clase que, además, se fragmentaba cada vez más como consecuencia de las reformas neoliberales de los gobiernos de los 70s y 80s. La izquierda, como estrategia, tendía a refugiarse en universidades e instituciones políticas. Mientras la realidad, por decirlo así, caminaba por otra parte”. Quizá el problema no fue tan sólo el carrillismo.

El resumen de La trampa de la diversidad podría hacerse en una sola frase: no es lo mismo una voz plural que una voz atomizada. Y mediante un principio: quizá ha llegado el momento de buscar qué es lo que nos une más que lo que nos separa. La trampa puede que adolezca, como libro, de muchas virtudes, pero tiene una creo que importante: ha capitalizado en este momento el debate sobre las identidades desde y para la izquierda. Imaginen esto mismo escrito por un autor de ultraderecha en un gran grupo editorial. Pregunten en Estados Unidos. Aquí ya no habrá un Manifiesto redneck en clave ibérica.

Avatar de Usuario
Joreg
Mensajes: 5401
Registrado: 17 Dic 2004, 17:45

Re: La trampa de la diversidad

Mensaje por Joreg » 09 Jul 2018, 08:57

Qué cosa más larga.
Lo que se gana en velocidad, se pierde en potencia. Lo que se gana en potencia, se pierde en velocidad.

Avatar de Usuario
Dreadful Hours
Mensajes: 675
Registrado: 27 Nov 2006, 06:08
Ubicación: ñoñosti

Re: La trampa de la diversidad

Mensaje por Dreadful Hours » 11 Jul 2018, 09:35

Fotallesa escribió:
21 May 2018, 22:53
Eso sí, hay que plantearse a dónde dirigimos los dardos y si merece la pena, porque buena parte de esa neoizquierda no tiene mucho recorrido más allá de las redes sociales y las ponencias de la Universidad.
Además de ser un debate mal importado desde los Estados Unidos, no hay más que ver el libro del Bernabé ese, que sólo se dedica a poner ejemplos yankees.
Me estás dejando mistik, me estás dejando river, me estás dejando cloker, loki loker poco a poker, me estás dejando falcon, me estás dejando siberet, me estás dejando broker, poco a poker loki loker, me estás dejando slipet, me estás dejando lingel, me estás dejando loker loker loker loker loker loker loker lokitoooo!

Avatar de Usuario
blia blia blia.
Mensajes: 4133
Registrado: 28 Abr 2009, 19:57
Ubicación: Paciencia

Re: La trampa de la diversidad

Mensaje por blia blia blia. » 15 Jul 2018, 09:56

Ha visitado España María Galindo, miembro del colectivo anarco-feminista Mujeres Creando. Lo que dice, a pesar que a mí los estilos polémicos no me gustan, me parece muy interesante y viene al pelo del de este hilo. De una entrevista en Pikara Magazine.

¿Qué entiendo? Que las luchas identitarias, que son muy importantes, si se aislan entre sí y se separan de la lucha de clases sólo obtienen derechos para una minoría que va a poder disfrutarlos. Ahora, entiendo que no propone desechar esas luchas ni que se consideren secundarias, sino que deben formar parte de un todo.
María Galindo escribió:Y tenemos que cuestionar que el neoliberalismo ha exaltado el discurso de derechos para… Y ese discurso lo que ha hecho, es generar un mercado de ofertas, entonces ahora hay: que si derechos para personas con discapacidad, derechos para LGTB, población trans, etc. E incluso las leyes “trans” también tienen un contenido domesticador muy fuerte. Y esto lo digo como lesbiana y como desempleada crónica. Entonces, es necesario seguir hablando de cómo el discurso de los derechos es totalmente cooptado por una lógica neoliberal, porque están dispuestos, por un lado, a darte derechos de tercera o última generación, a chantajearlos, a colocarte en la fila y a obligarte a hacer lobby político; y por otro lado, te están quitando los derechos que ya habían conquistado nuestros padres, nuestros abuelos y abuelas. Hemos tenido que volver a exigir eso y es entrar a un juego ahistórico y confuso que fragmenta al sujeto político y convierte a los sujetos en clientes del sistema.

Hablemos de casos concretos: en Bolivia, a la población trans les dieron la ley de Identidad de Género que debería de llamarse “Ley de cambio del dato de sexo en el carnet de identidad” porque fue lo único que se les dio, no se les dio atención médica que es muy importante para ellas, ellos y elles, ni se les dio nada más. La mayor parte de esas compañeras no tienen economías bancarizadas, tampoco viajan, es decir, usan el carnet para colgarlo en la pared porque son no-ciudadanas. Entonces, no son ni treinta personas que hicieron el cambio con la ley, porque la mayor parte de las compañeras trans están en prostitución y sus niveles de marginalidad son tan altos que el carnet de identidad no les sirve y no les interesa.

Y esto sucede porque cuando tú das un derecho así, en términos homogéneos, las y los de abajo no acceden y eso es justamente lo que está pasando con el discurso bobo de los derechos de las mujeres, pues las mujeres de la calle, de a pie, estos veinte años llenos de discursos de derechos no les ha ayudado en nada.

adonis
Mensajes: 285
Registrado: 01 Mar 2018, 14:34

Re: La trampa de la diversidad

Mensaje por adonis » 15 Jul 2018, 20:04

Deja otras perlas:
Lo siento mucho pero no lo es. Acá las españolas se leen entre españolas o máximo suelen ampliar su horizonte a otros feminismos del norte del mundo. Y yo sé que lo hacen así, las editoriales también, incluso las editoriales alternativas. Entonces, no era una prioridad.
A ver, que nos respondan por qué el ámbito de la prostitución está lleno de mujeres de fuera de España. Que nos respondan, y que no se confundan, nosotras respetamos todo este tema de la prostitución, incluso tenemos propuestas y las estamos llevando adelante en Bolivia, pero en España, las mujeres más pobres están en prostitución y la mayoría, no son españolas. Y en España, el resultado de esta discusión es totalmente artificial, racista, colonial, pero especialmente neoliberal.
Además, yo quisiera preguntarle al gobierno de Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias -que se presenta muy de izquierda-: ¿Qué harán con la ley de Extranjería? No que nos hablen bonito. Pablo Iglesias viene a Bolivia y le aplauden, pero mi pregunta para Pablo Iglesias es qué va a hacer con la ley de Extranjería.

Y a Pedro Sánchez decirle: qué bonito tu gesto de recibir una patera pero que nos diga con pelos y señales: Artículo 1, ¿qué harías?, Artículo 2, ¿que harías? Y así con todos los artículos. ¿Qué van a hacer con los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE)? Porque estos centros de internamiento son en sí mismos violaciones a los derechos humanos e incluso podemos decir que son paralelos a Guantánamo por lo horrorosos. Y varios movimientos de mujeres lo dejan de tener en su horizonte, porque dicen “eso es cosa de los africanos, cosa de las migrantes” pero no, compañeras, eso no es así, porque mira, la Ley Mordaza que te imponen a ti, tiene mucho que ver y está conectada y son esas conexiones las que me interesan que se analicen.
En cuanto a:
blia blia blia. escribió:
15 Jul 2018, 09:56
¿Qué entiendo? Que las luchas identitarias, que son muy importantes, si se aislan entre sí y se separan de la lucha de clases sólo obtienen derechos para una minoría que va a poder disfrutarlos. Ahora, entiendo que no propone desechar esas luchas ni que se consideren secundarias, sino que deben formar parte de un todo.
Pues si,y esto lo veniamos discutiendo en otro hilo reciente creo, para mi esto que acabas de decir es fundamental!

Offtopic: blia blia blia., te he escrito un par de mensajes privados, no se si te han llegado, asi que simplemente te lo comento por aqui por si acaso!

Avatar de Usuario
blia blia blia.
Mensajes: 4133
Registrado: 28 Abr 2009, 19:57
Ubicación: Paciencia

Re: La trampa de la diversidad

Mensaje por blia blia blia. » 15 Ago 2018, 13:34

Dos artículos que van en la línea de que la clase obrera es diversa.

Diversidad, clase e interseccionalidad
Por Lushbert. Habitual de Regeneración Libertaria.
http://periodicoellibertario.blogspot.c ... logia.html

Un problema es que utiliza "liberal" en el sentido inglés (idioma), que yo traduzco mentalmente cuando lo leo por progre.
[...] Sin una base materialista, nos perdemos en debates sobre problemas más simbólicos como los baños unisex, las casi infinitas identidades de género no binarias, si tal look es apropiación cultural o no, etc, en los cuales, la mayor parte de la población no se siente interpelada, dejando así de lado los problemas materiales de mayor impacto como el acoso callejero, la discriminación hacia personas LGTBi, la falta de guarderías, la explotación laboral de las temporeras de la fresa, la persecución de manteros, etc. [...]

[...]Esto significa reconocernos como una clase social diversa, que además de padecer la misma opresión de clase, sufrimos también la del heteropatriarcado y del racismo. Por lo tanto, la lucha de clases está incompleta si no tiene una perspectiva feminista ni antirracista. Asimismo, hemos de introducir una perspectiva de clase tanto al feminismo como al antirracismo. Es cierto que existen varios feminismos, pero lo que nos debería interesar son los feminismos de clase, ya que el liberal solo favorece a aquellas que quieren ascender en la escalera social y a ocupar cargos en la política institucional. Similarmente ocurriría con el antirracismo de corte liberal.[...]

[...]lo que realmente divide la lucha de clases es el obviar que la clase trabajadora es diversa, debilitando así tanto a los movimientos sociales como nuestros colectivos y organizaciones.

La clase obrera ya está rota

El discurso de atención a la diversidad de la raza y el género es fundamental para reconstruir la unidad de lucha en todos los frentes
Por Pastora Filigrana García , abogada del SAT y miembro de la revista libertaria El Topo (muy recomendable la revista)
El artículo ha gustado a mucha gente, tanto partidaria como adversaria de las tesis de Bernabé.
Esta reflexión la hago desde mi propia mirada y mi vivencia de la raza, el género y la clase. Soy mestiza gitana, y he dedicado una parte importante de mi vida al activismo gitano, soy sindicalista activa, abogada laboralista y de ideología comunista-libertaria.
-------------------------

Un par de personas cuya opinión tengo en mucha consideración me han comentado que este es el típico debate que tenemos para entretenernos pero que no se reflejará en nada práctico y dentro de un año se habrá olvidado. Una pérdida de tiempo y energía (otra más).

Es un poco lo que dijo la FAGC en un hilo de tuits:

Reflexión de la FAGC sobre el debate
La mayoría de análisis y debates sobre los problemas y las soluciones del "activismo" y la "izquierda" se centran principalmente en aspectos plenamente teóricos. Como si verbalizar algo lo cambiara.

Un par de personas de las que valoro mucho su opinión, al hablar de este tema con ellas, me han comentado que es el típico debate que va a quedar en la teoría y no va a llevar a ningún sitio.

Ayuda dotar a las cosas de contenido e ideario, pero ni siquiera la mejor idea sirve si no se está dispuesta a aplicarla. ¿El problema de la clase obrera es que no tiene conciencia de clase? Sí, pero esa conciencia no la ha perdido por culpa de la pujanza de ideas "atomizadoras".

Una parte importante se ha perdido cuando el capitalismo monopolizó el ocio, lo sacó de los sindicatos y los barrios y lo llevó al consumo. Pero no sólo eso. Es la precariedad, las ETT, las subcontratas, y mil cosas más que convierten en extrañas a nuestras compas de tajo.

Creer que la clase obrera está desnortada porque la izquierda se ha "fragmentado" y "parcializado" en mil reivindicaciones que no ponen "la clase" en el centro de todo es una interpretación gruesa de un fenómeno mucho más complejo.

¿La izquierda está llena de gilipollas superficiales? Pues sí, hasta donde alcanza la vista en un día despejado. En la FAGC los hemos sufrido durante años, con humor, cabreo y sobre todo trabajando en la dirección contraria.

Gente que nos ha acusado de ecoterroristas por comprar motores para que familias sin recursos tengan luz y agua. Otros que nos acusan de magufas por cultivar con té de ortigas porque es barato y sano. Otros que nos acusan de legalistas por asesorar a familias desahuciadas.

Hay de todo y no siempre bueno. Pero el problema no es la idea en sí, sino su materialización, su forma de llevarla a la práctica. Ese es el problema. Alguien que resiste a la contaminación quizás deba tener como objetivo las corporaciones y no un motorcito de feria.

Y así con todo. Si nos preocupa Montsanto más valdrá crear huertos de autoabastecimiento ecológicos con nuestras vecinas que acusar a estas de no mirar las etiquetas de lo que cogen en el banco de alimentos.

No es la multiplicidad de ideas, intereses, movimientos y corrientes lo que disuelve el activismo y la izquierda. Es que esas ideas, útiles e interesantes, no se ponen al servicio de la gente de nuestros barrios, sino de los académicos y periodistas de claustros y gabinetes...

La idea de "tomar los medios de producción" no le llega más y mejor a mi vecina que la del veganismo, la lucha contra el heteropartriacado, o cualquier otra cosa. No le llega porque la izquierda sólo habla con la izquierda. La gente a pie de calle no somos su interlocutor.

El problema de la izquierda es que sólo habla, y cree que todos los problemas del mundo se solucionan con palabras, cada vez más sesudas y complicadas. No lo es que unas personas ponga el acento en una forma de opresión y otras en otra.

El mundo es más complejo que eso. Conocemos compas muy metidas en toda la teoría queer y y mil coas (que a algunas se nos escapan) que paran desahucios, curran desde abajo y no dan sopas con hondas a las vecinas a la hora de hablar de cualquier tema complejo.

Y conocemos personalidades históricas de la izquierda canaria, de cantar la Internacional con el puño en alto, inaugurar y clausurar congresos y esas cosas, que nos han dicho que no van a desahucios porque es respaldar indirectamente las hipotecas...

Al final somos lo que hacemos y lo que sentimos, más que lo que decimos y decimos pensar. Creer que con la opresión de clase conviven otras muchas opresiones, de género, de especie, de étnia, etc., es una realidad palmaria, no un disparate.

¿Hay que establecer que varias de esas opresiones están subordinadas a otras? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que no se gana nada diciéndole a la gente que su forma de luchar es una mierda y que debe de aceptar que la nuestra es la única vía posible.

Uno de los puntos originales que precisamente tiene el anarquismo es considerar que el problema social no está sólo en la subordinación de una clase a otra, sino en la simple supeditación de un individuo a otro. Por eso ataca al Estado y todas las relaciones de poder.

La clase lo marca casi todo, pero como en otro tiempo lo marcaba la fuerza y el hacha de sílex. En sistemas donde Capitalismo y Estado se han derrumbado temporalmente la opresión no ha desaparecido, porque no lo han hecho las relaciones de poder. Tiempo para señores de la guerra.

Habrá que asumir que sin Estado podrá haber opresión y que sin Capitalismo también puede haberla. Materializada en otras formas y discursos, pero opresión más o menos sofisticada de unos seres sobre otros. Algo de eso dijimos por aquí: https://anarquistasgc.noblogs.org/post/ ... arquistas/

Que cada una articule su lucha en función de los que más le preocupa y afecta, ni nos divide ni nos debilita. Sí lo hace que nuestro discurso (sea de bandera roja y libro del XIX o de red social y fanzine del XXI) no llegue a la gente porque no se adapta a sus necesidades reales.

En definitiva, lo importante es currar e ir desarrollando y perfeccionando las ideas en base al curro. Después tocará analizar y comparar resultados y cuestionar el propio camino. No descubrimos la leche en polvo. Ya lo decía Voltairine de Cleyre.
Imagen
Que resumieron después en:
Federación Anarquista de Gran Canaria escribió:Por cada militante de barrio ofrecemos 10 intelectuales de izquierda.

Responder