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Gli Anni di piombo: entrevista a Cesare Battisti (PAC)
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Autor:  Joreg [ 08 Nov 2017, 14:10 ]
Asunto:  Gli Anni di piombo: entrevista a Cesare Battisti (PAC)

Me he encontrado esta entrevista a un antiguo miembro de Proletarios Armados, un grupo de los años setenta en Italia. Dudé entre ponerlo en Historia o en Ideología, porque bebe de las dos partes. La entrevista es de El Mundo. Habla de ideas y motivaciones, de años complicados. Y de la respuesta del Estado.

Citar:
Es domingo y son las ocho y cuarto de la tarde cuando comienza el segundo tiempo entre el Gremio de Porto Alegre y el Avaí de Florianópolis. En el restaurante Myramar, dos parejas de jóvenes devoran una bandeja de ostras y miran de reojo el partido. El Avaí se juega el pase a la Libertadores. En la mesa de al lado tres hombres terminan sus bebidas con los ojos pegados a la pantalla. Dos cervezas y una copa de vino. Dos brasileños y un italiano. Un pescador anónimo, un amigo anónimo y Cesare Battisti. El «terrorista más buscado de Italia» para los Apeninos, y el «italiano encantador» para los pescadores de Cananéia (São Paulo), acaba su semana con fútbol y amigos.Pronunciar el nombre del italiano entre los habitantes del último municipio al sur de São Paulo provoca una misma secuencia de acciones. Primero, el silencio. Luego, una mirada de lado, como si alguien los espiara. Y por fin una pregunta: «¿Pero quién es usted?». Después está la situación en la que al mismo camarero que minutos antes había respondido «no me suena de nada ese nombre», al ver llegar a Battisti, le falta tiempo para saludarle con un consistente apretón de manos y un sugerente: «¿Lo de siempre?». Cesare Battisti es un nombre que cambia de significado en función de dónde se escuche. En Italia es el «terrorista más buscado», acusado de cometer cuatro asesinatos a finales de los años 70, durante los años del plomo y de las Brigadas Rojas. En Brasil, donde vive exiliado desde hace 13 años -actualmente como ciudadano legal con residencia permanente-, unos lo llaman «asesino» y otros «víctima de la justicia». Pero en Cananéia, la primera ciudad de Brasil, descubierta en 1498, el pueblo de pescadores del que uno no se puede marchar sin probar unas ostras, Battisti es para sus vecinos «un buen hombre».Este fugitivo que lleva 36 años fuera de Italia hace más de 12 meses que vive entre dos aguas. Y además de metafórico -por ser un exiliado en Brasil que vuelve a jugarse su extradición-, también es literal. Cananéia es una lengua de tierra rodeada de mar y de río. Un pueblo que podría ser turístico pero que no llega a serlo, y que ha visto cómo en las últimas semanas sus calles se llenaban de periodistas en busca del italiano que volvió a ocupar la portada de los periódicos tras ser detenido en Corumbá (Mato Grosso del Sur) por un supuesto delito de evasión de divisas (6.800 dólares y 1.300 euros) con las que supuestamente pretendía cruzar la frontera hacia Bolivia. El arresto del pasado 5 de octubre colocó de nuevo la sombra de la extradición sobre su espalda.

Después de pasar por el filtro de sus amigos Silvana y Carlos, quienes eligen a los medios que pueden acercarse al italiano, el hombre más perseguido por el Gobierno de Italia, a sus 62 años, accedió a hablar con Crónica de su última detención, de su pasado guerrillero, de su exilio y también de sí mismo: «No existe ese monstruo que mi país ha inventado».

-¿Tenía intención de huir de Brasil?

-Claro que no. Iba con dos amigos a un shopping que hay en zona internacional para comprar equipos de pesca para nosotros y para gente del pueblo que me había hecho unos encargos. Jamás pensé en ir a Bolivia, la policía inventó una farsa para detenerme. Primero nos pararon a 200 kilómetros de la frontera, vieron que sólo llevábamos dinero y nos dejaron marchar. Cuando llegamos a Corumbá otros policías vestidos de paisano nos pararon de nuevo y dijeron que había un problema conmigo que había que resolver en comisaría. Entré en su coche y de repente veo que salimos de la ciudad y que paran al lado de la frontera. Empezaron a ponerse agresivos, cogieron el dinero de todos, lo pusieron en una caja de cartón, sacaron una foto y comenzaron a decir que el dinero era mío. Mis amigos les replicaban que no era cierto y [los policías] empezaron a llamarles hijos de puta, a decirles que se callaran, que yo era un terrorista. Después de pasar tres días en una celda, los abogados del italiano consiguieron que el juez aceptara un pedido de habeas corpus para que pasara la investigación en libertad. «No está denunciado, la policía investiga lo que pasó y está por verse si le denuncian», nos aclara su abogado, Igor Sant'Anna Tamasauskas. Su escapada de la cárcelEl incidente en la frontera de Bolivia ha sido la última esperanza del Gobierno italiano para intentar reabrir un proceso de extradición que pelea desde el 4 de octubre de 1981, cuando Battisti escapó de la cárcel de Frosinone, acusado de participación en grupo armado, asalto y tenencia de armas. Hasta el momento no le habían acusado de ningún asesinato, pero en 1987, después de ser delatado por Pietro Mutti, uno de sus compañeros en la guerrilla PAC (Proletarios Armados por el Comunismo), la justicia italiana le condenó a cadena perpetua sin ver la luz del sol por el homicidio de cuatro personas en 1978 y 1979. Battisti niega los crímenes. Asegura que cuando se cometieron no pertenecía a los PAC: «Dejé la guerrilla después de que las Brigadas Rojas asesinaran a Aldo Moro. Siempre fui contrario a cualquier ejecución. De la muerte de Pier Luigi Torrigiani [una de las víctimas que le responsabilizan] me enteré leyendo el periódico en un tren y me quedé muy impactado. A las otras tres víctimas ni siquiera las conozco, por eso digo que el proceso es un fraude». Sí reconoce que participó en la «lucha armada», que cometió asaltos, y que manejaba armas: «Nunca tuve la necesidad de disparar a nadie», insiste.

-El Tribunal Europeo de Derechos Humanos declaró en 2006 que las decisiones del Gobierno italiano se habían llevado a cabo en estricta conformidad del debido proceso. ¿Por qué dice que es fraudulento?

-Cuando me encarcelaron en Italia en 1979 fue por pertenecer a un grupo armado. En ese mismo proceso inculparon a los responsables del asesinato de Torrigiani y entonces nadie me nombró. Diez años después me delataron, cuando yo ya estaba exiliado en México, fui condenado en rebeldía, con el testimonio de personas torturadas, sin abogados, sin respetar las leyes. Durante años me acusaron de dos asesinatos que sucedieron en el mismo día con apenas media hora de diferencia y a 300 kilómetros uno del otro. Después de darse cuenta de algo tan absurdo cambiaron la acusación y dijeron que yo era el autor material de uno y que había participado en la planificación del otro. Todo es tan ridículo que nunca imaginé que este proceso pudiera tomarse en serio.

-Si fuera tan dudosa su acusación, ¿por qué durante 30 años los sucesivos gobiernos italianos se habrían empeñado en culparle?

-Durante mi exilio en Francia [protegido por Mitterrand] me hice un escritor conocido, salía mucho en los medios y aprovechaba cada ocasión para denunciar lo que sucedía en mi país con los presos políticos de los 70. Hablé de los pseudosuicidios en las cárceles, de las torturas con ácido, de los crímenes de los servicios secretos italianos que mataron a centenas de personas y nadie fue preso. Varias veces me advirtieron que me callara, pero no hice caso y esa fue mi perdición. En otros países hay un montón de refugiados italianos con acusaciones más graves a los que nadie persigue. Ellos no volvieron a hablar de lo que sucedía en Italia, yo sí.

-Pero usted ha conseguido que tanto la derecha como la izquierda italiana pidan su extradición...

-Claro, porque he hablado mal de todos ellos. El Partido Comunista Italiano (PCI) no fue mejor que los otros; controlaba a los sindicatos de la policía y de los jueces. Nunca fueron comunistas, más bien estalinistas, y se comportaron como ladrones. El antiguo PCI y Berlusconi se alternaban en el poder con la ayuda de los grandes grupos económicos, todo la misma mafia. Pero son los que tienen el poder de los medios y me han convertido en un monstruo que no existe. Lula rechazó su extradiciónEl 31 de diciembre de 2010 el ex presidente brasileño Lula da Silva firmó un polémico decreto en el que negaba la extradición de Cesare Battisti. En junio de 2011 el Tribunal Supremo de Brasil le concedió la libertad después de haber estado encarcelado cuatro años y cuatro meses en la capital del país por haber entrado con documentación falsa, y a la espera de la resolución de su proceso de extradición. «Italia no se rinde» fue la primera reacción del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi cuando supo de la decisión de su homólogo brasileño. Con la llegada a la presidencia de Michel Temer en 2016, Italia ha vuelto a solicitar al Ejecutivo de Brasil que revoque el decreto firmado por Lula. «Un jefe de Estado firmó un decreto que denegaba su extradición y el Supremo lo avaló. Por lo tanto, el caso Battisti está cerrado. No se puede depender de quién esté en el Gobierno para decidir sobre un tema así, eso crea inseguridad jurídica», nos dice el abogado del italiano, que lleva su caso desde 2015 de manera completamente gratuita y que ahora ha presentado una reclamación ante el Supremo brasileño pidiendo la confirmación de que el decreto no pueda ser revocado.

-¿Cómo ha sido vivir todos estos años huyendo de la justicia italiana?

-Mi vida ha sido completamente normal, dan una imagen de mí de fugitivo que no es real. Nunca me he escondido; al contrario, siempre han sabido dónde encontrarme. Primero me exilié en México durante 10 años, trabajé como periodista, di clases en la universidad. En Francia estuve 14 años, crié a mis dos hijas, conseguí vivir de mis novelas, de Ma cavale (Mi fuga) llegué a vender 50.000 ejemplares. Hasta entonces me reconocían como escritor. Fue a partir de 2004 cuando asociaron mi nombre al de terrorista. Aquel año, Battisti, aconsejado por algunas autoridades francesas, escapó a Brasil porque el Gobierno de Jacques Chirac amenazaba con extraditarle a Italia. Le dijeron que sería fácil encontrar refugio en el país latinoamericano. Pero desde 2007 hasta 2011 estuvo en la cárcel a la espera de una resolución y tras ser liberado deambuló por diversas ciudades en apartamentos que le prestaba una red de amigos que le protege. Ha sobrevivido con traducciones, clases de italiano... Publicó cinco novelas y está a punto de entregar la sexta, un romance histórico sobre Cananéia que mantiene los tintes de novela negra que han caracterizado su literatura. Aunque el italiano niega haberse sentido acosado en Brasil, su amiga Silvana opina lo contrario: «Ha tenido que mudarse mucho porque la gente, cuando se enteraba de quién era, le empezaba a mirar mal. Cuando se fue a vivir con su mujer y su hijo al interior de São Paulo recibió amenazas de los vecinos y tuvo que irse a Cananéia para estar tranquilo», nos cuenta.-¿En todos estos años no ha echado de menos Italia?

-Yo me hice adulto fuera de mi país. Mi vida comenzó en México, luego en Francia; esos son los países que echo de menos. De Italia extraño poder ver cómo está la ciudad donde nací [Cisterna di Latina, región de Lazio]. Mi familia, que es lo más importante, siempre me ha visitado. Mis hijas vienen a verme una vez por año, acabo de ser abuelo, estoy deseando conocer a mi nieto. Mis hermanos nunca me negaron su apoyo, entre otras cosas porque todos somos comunistas y peleamos por una sociedad más justa, pero quizás yo exageré un poco -dice entre risas.

-¿Se arrepiente de algo de lo que hizo en su juventud?

-Me arrepiento de la lucha armada. Después de muchos años me di cuenta de que fue un suicidio para la causa. Fuimos muy ingenuos pensando que se podría conseguir un cambio en Italia. Pero no me arrepiento de haber sido un activista y de seguir siéndolo porque el mundo está cada vez peor.

A lo largo de la entrevista tres personas interrumpen para saludarle. «Aquí me conocen hasta las piedras y es el primer lugar de Brasil donde me siento acogido», confiesa. También es el primer lugar donde se ha planteado construir una casa y no seguir de prestado. Pero el Supremo y Michel Temer son quienes tendrán la última palabra para que se cumplan los sueños del Gobierno italiano o los de Battisti: «Aquí estoy tranquilo, que me dejen en paz».
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