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 Asunto: Respuesta a Alain C.: El impasse ciudadanista
NotaPublicado: 19 Jun 2011, 21:44 
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Ubicación: Madrid
Registrado: 19 Mar 2003, 22:50
Respuesta a:
Alain C.: El impasse ciudadanista. Contribución a una crítica del ciudadanismo. (ed. francesa, 2001). Editado por Luna negra (Apdo. 4839, 30080 Murcia).

El artículo en castellano puede descargarse en:
http://www.4shared.com/document/P8OinKR ... na_cr.html

o bien en:
http://mariposasdelcaos.entodaspartes.n ... anismo.pdf

Este interesante artículo se propone caracterizar y señalar las limitaciones de la tendencia extendida de la izquierda política que, según Alain C. ha abandonado su posición clásica revolucionaria para desarrollar su actividad dentro de la legalidad de los Estados llamados "democráticos" y del sistema económico capitalista.
Se trataría de una variedad de asociaciones especializadas en luchas parciales en el terreno de los derechos humanos, parados, acceso a la vivienda, organizaciones contra la especulación financiera como ATTAC, de comercio justo, antinucleares, ecologistas como Greenpeace... Además incluiría a algunos sindicatos que hacen funciones de instituciones estatales; y también incluiría algunos partidos como los comunistas reconvertidos y los verdes.
La estrategia del ciudadanismo es "radical" pero no-violenta, espectacular ante la opinión pública, reclamando de las "autoridades democráticas", sensatez y derechos a menudo ya reconocidos en las leyes, lo que les colocaría en una posición de superioridad "moral".
Alain C.,en cuyo análisis histórico parece darse por finiquitada a la clase obrera y a sus pretensiones revolucionarias; parece, no obstante reprochar al ciudadanismo que habría ocupado su lugar, por su incapacidad para modificar, desde dentro de las instituciones democráticas, un sistema capitalista cuyo principal interés es el beneficio económico del capital y no la mejora de la sociedad. Con lo que el reformismo ciudadanista sólo cumplirá una función reaccionaria de reforzamiento de un Estado al servicio del capital.

1. Sobre la acusación al ciudadanismo de neutralizar la lucha de clases.

El ciudadanismo proviene de la ilustración y la revolución francesa, y se suele traducir principalmente en la igualdad de las personas ante la ley. Su base, que también es revolucionaria, es más amplia que la del obrerismo que debería protagonizar la lucha de clases, siempre que no dejemos que la ley sea sólo la imagen de los intereses de la clase dominante.

La relación entre la democracia y el liberalismo económico es una simple coincidencia histórica. El hecho de que los liberales aprovechen un impulso revolucionario democrático para implantar el capitalismo, no les hace buenos demócratas, como lo demuestra su resistencia secular al desarrollo de la democracia (democracia censitaria, colonialismo, etc.). Sólo por las demandas expresadas en términos de lucha de clases, se ha ido ampliando la democracia y con cuentagotas.

El argumento anarquista (aunque utilizado también por el oportunismo trotskista) de que el ciudadanismo afianza el poder del Estado es correcto. Se podría contestar, sin embargo, que el poder del Estado podría llegar a disolverse en el concepto más amplio de Sociedad; pero es cierto que el Estado es un instrumento hecho a medida para los intereses de la clase dominante, que ahora es liberal.

Aún así, la coartada democrática que se han dado los Estados, permite al ciudadanismo luchar contra el sistema diseñado por el liberalismo, precisamente porque el ideal democrático es una reivindicación, no sólo incumplida, sino infinita. Contamos con la gran baza de que la hipocresía de los legisladores han llenado las leyes de grandes principios, que acaso nunca tuvieron la intención de cumplir. De manera que la exigencia de su cumplimiento puede leerse como una exigencia moral, aunque es política.
Que los individuos sean libres, o que el poder político sea del pueblo..., son reivindicaciones siempre por conseguir, que incluyen las demandas de la lucha de clases, y que, si se me permite, sólo podrán conciliarse en el anarquismo. La misma estrategia liberal no para de decir que la realización completa de la democracia es imposible "por naturaleza"; acusándonos de luchar contra nuestra propia naturaleza sólo por cuestionar a la autoridad presente; y llamando "orden" a la administración del abuso.

2. Sobre si el ciudadanismo democrático puede luchar contra el capitalismo.

La crítica marxista ha muy justamente subrayado la importancia de la influencia de la economía, incluso por encima de la política, en la práctica de la vida cotidiana de las personas. Que en el capitalismo, los poderes económicos manejan como quieren al poder político, llamado democrático, es un secreto a voces. Y, puesto que, de hecho, la capacidad política de los simples ciudadanos es casi nula, se ha hecho cierto que lo que nos interesa es tener capacidad económica. Es irónico que, cuando la izquierda ha dejado de ser revolucionaria, quiera ampararse en el poder político para defenderse de poder económico. Como señala Alain C. al renunciar los trabajadores a apropiarse de los medios de producción, en vez de considerarse ya al capital como el parásito del trabajador, se convierten ellos en parásitos del capital, y pierden su legitimidad para pedir la redistribución de la riqueza.

El liberalismo tiende a pensar que, superada la oposición del bloque comunista, puede prescindir de los gastos que apuntalaban su apoyo social, pero puede verse detenido por la formalidad de las instituciones democráticas. En esta resistencia se inscriben, por ejemplo, las denuncias del poder de los mercados financieros sobre las decisiones democráticas.

Como ejemplo de la inversión del papel del Estado como siervo del Capital, podría citarse el referéndum en Suiza sobre su paraíso fiscal. Si hubiera salido que los suizos dejaban de beneficiarse de la delincuencia de todo el resto del mundo, muchos habrían tenido problemas, y el capitalismo, que no tiene normas sino que es pura rapiña, habría mermado en su capacidad.

3. Sobre si el ciudadanismo es reaccionario.

Es un clásico del socialismo autoritario acusar a todos de contrarrevolucionarios. En el caso del ciudadanismo yo diría que a menudo sus objetivos son revolucionarios, y que desde el poder se les combate como tales. Es cierto que condescienden con el enemigo; pero nunca han llegado tan lejos en la contrarrevolución como algunos reconocidos revolucionarios. También es cierto que muchos ciudadanistas han sido absorbidos por el sistema, pero entonces precisamente se les critica porque han perdido sus ideales. También muchos ciudadanistas han sido engañados. Lo que sí parece cierto es que por la vía reformista se sacrifican generaciones enteras, y encima el fin no esta garantizado. Pero acaso sólo debería acusarse al ciudadanismo de reaccionario, no siempre, sino cuando lo sea.

Por ejemplo, el movimiento de resistencia contra la privatización de lo público puede parecer paradójico desde posiciones anarquistas. Sin embargo, el hecho de que el Estado tutela lo público, no debe hacernos olvidar que la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de los individuos se deben, sobre todo, a la lucha continuada de los trabajadores, que han generado la riqueza y han sido capaces de arrancar a las oligarquías arremolinadas en torno al poder político, cierta redistribución social. La mejora de la ley representa a menudo una batalla contra los poderes de hecho del Estado; pero la mejora legal es sólo la forma en que la sociedad mejora sus condiciones de vida; y si es verdad que puede constituir un afianzamiento del Estado, también es un pequeño triunfo de la sociedad sobre el Estado. No debemos enfatizar el poder del Estado, sino centrarnos en la mejora de la sociedad.

4. Sobre la forma de actuar del ciudadanismo.

La forma de actuar del ciudadanismo consiste en, mediante actos simbólicos, no-violentos y públicos, difundir el conocimiento de un problema y canalizar una presión social, que consiga que los poderes del Estado se vean obligados a reconocer esa demanda colectiva.
La no-violencia es, más que una exigencia moral, una estrategia política de desobediencia y provocación, ante unas autoridades a menudo todopoderosas, despóticas y brutales, cuya fuerza estriba en que a menudo apela a los mismos principios que las leyes dicen proteger, y que además todo el mundo puede entender. La información es un arma del ciudadanismo.

5. Sobre si la democracia radical es lo mismo que el anarquismo.

Si la "democracia" significa que el poder es del pueblo, y el "anarquismo", la falta de autoridad, podríamos imaginar fácilmente que lo que el pueblo quiere es precisamente no tener una autoridad sobre él. Por otro lado, la práctica asamblearia de la democracia radical es de hecho la misma práctica organizativa anarquista. La descentralización del poder, la capacidad de decisión directa de los individuos en los asuntos que les afectan, sin tampoco la imposición del grupo sobre el individuo... son pura práctica anarquista (a pesar de las tergiversaciones habituales; y de que sí es cierto que el anarquismo es un término muy amplio que podría quizá incluir también otras prácticas).


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Traducción al español por Huan Manwë
     
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