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Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario
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Autor:  Berneri [ 18 Sep 2017, 19:05 ]
Asunto:  Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario

Más leña:
http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/38881

Fuertes en el trabajo: sindicalismo, autonomía y reorganización

De un tiempo a esta parte vemos con notable satisfacción como hay ligeros signos esperanzadores en el panorama de la lucha obrera y sindical en el Estado español. Además, nos congratulamos de que, poco a poco, se estén estableciendo las bases para un debate de ideas en torno al tema del sindicalismo revolucionario que a medio plazo estamos seguras de que rendirá sus frutos (en ese sentido, os animamos a seguir el debate iniciado en las páginas del portal libertario A las barricadas).

Los signos esperanzadores de los que hablábamos, no obstante, no han de ser tomados a la ligera como fenómenos que anticipen una recomposición de fuerzas proclive a plantar cara de manera efectiva a las oligarquías patronales del Estado español, sino como líneas organizativas -heterogéneas, claro está, pero de gran valor a nivel estratégico- a través de las cuales se pueden intuir posibles desarrollos organizativos que permitan organizar en sus puestos de trabajo a capas cada vez más amplias de trabajadores y trabajadoras de este país. En sus puestos de trabajo, decimos, pero también fuera de ellos, porque la emergencia del llamado sindicalismo social está permitiendo establecer espacios de trabajo y convergencia para, desde el apoyo mutuo y la solidaridad de clase, enfrentar buena parte de las problemáticas sociales (paro, falta de vivienda, escasez de servicios sociales, etc.) padecidas por los de abajo y las de abajo con más virulencia si cabe desde la enésima reformulación del capitalismo postindustrial que se ha cobijado bajo el paraguas de la llamada crisis.

Por otro lado, la autoorganización emergente de sectores del proletariado generalmente desamparados por los grandes sindicatos y la probable interconexión de sus luchas, están permitiendo rearticular un movimiento de trabajo sindical de base que, por un lado, está permitiendo aislar en algunos contextos laborales al sindicalismo de concertación y, por otro, está retratando a aquellos sectores del movimiento obrero, sindical o parasindical, que a día de hoy parapetan su inoperancia bajo el paraguas del dogmatismo, el derrotismo y la autorreferencialidad.

En ese sentido, y sin lanzar las campanas al vuelo, entendemos que atravesamos una tesitura en la que cada vez se hace más posible revitalizar un movimiento obrero autónomo y heterogéneo, enfrentado al sindicalismo de concertación y que, de una vez por todas, pueda sacudirse el lastre de la inoperancia inducida por los sectores que manejan el discurso contra el trabajo y aquellos otros que, habiendo abandonado las problemáticas comunes y las luchas reales de la clase, abonaron el territorio de la marginalidad desde la asunción de posiciones de autorreferencialidad ideológica que, inevitablemente, han conducido a su arrinconamiento e invisibilidad.

Finalmente, y como siempre remarcamos, pensamos que a día de hoy es más necesario que nunca arropar todo este proceso con el fortalecimiento de los debates de ideas en torno a la estrategias de lucha del movimiento obrero en el contexto actual; un proceso que, también a nivel de base, debería acompañarse con un incremento de la actividad formativa y autoformativa de la militancia de las organizaciones y colectivos de base que estén achuchando en este proceso de toma de conciencia y relanzamiento organizativo. Por otro lado, creemos que esta paulatina reorganización del movimiento obrero y sindical de base habrá de hacerse enfrentando las reglas de juego marcadas por el sindicalismo de concertación, lo que, en un principio, se debería traducir en la revitalización de la asambleas de base, los colectivos horizontales y las organizaciones sindicales que honestamente, y a pesar de los pesares, siguen en pie y al margen del tinglado legal levantado por el Estado con el beneplácito de las mafias sindicales UGT y CC.OO. En ese sentido, y de forma consecuente a lo anterior, recomendamos, como lo hemos hecho en anteriores artículos, la conformación de asambleas y colectivos de lucha laboral de base, pero también la afiliación a los sindicatos de CNT que a día de hoy han priorizado la lucha sindical por encima del burocratismo y las labores de propaganda ácrata.

Autor:  Aitor Mena [ 07 Oct 2017, 19:51 ]
Asunto:  Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario

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Sindicalismo de contrapoder y autogestión

Una de las cuestiones que creo suscita más interés en el debate de la renovación sindical, se refiere a la mirada respecto la capacidad de las organizaciones sindicales de favorecer el cambio socioeconómico. El sindicalismo puede y debe influir en la determinación de las políticas económicas, industriales y laborales, a la vez que puede y debe promover procesos de democratización en las empresas y la economía como parte de esa lucha de clases, de esa lucha de poder entre el trabajo y el capital o su eslabón dirigente, por el control de los medios de producción y la distribución de los excedentes económicos. Asimismo, esa lucha puede y debe permitir avanzar en los pasos necesarios para la transformación del modelo económico capitalista imperante en otro socialista autogestionario que sea más eficiente, justo y democrático.

En esa clave, vale la pena mirar los puntos en común entre el sindicalismo, la economía social y la orientación de cambio económico autogestionario que ambos instrumentos y movimientos pueden promover.

El sindicalismo puede y debe influir en la determinación de las políticas económicas, industriales y laborales, a la vez que puede y debe promover procesos de democratización en las empresas y la economía

El análisis de las interrelaciones entre sindicalismo y economía social debe empezar por remarcar la importancia de la economía social a la hora de prefigurar la economía que necesitamos la clase trabajadora a la vez que de establecer esas alternativas hoy mismo. Una transformación real y profunda del sistema económico capitalista por otro autogestionario necesariamente pasará por el impulso de muchas experiencias concretas y la integración de las mismas sustentadas en experiencias previas de cooperativismo y economía social [1].

Más allá de los grandes relatos, el cooperativismo y la economía social en relación al movimiento sindical, ha sido una forma de generar autoocupación, ya sea en contextos de crisis empresarial con despido colectivo o cierre de empresa, ya sea en contextos de desempleo masivo dónde la patronal castiga la militancia sindical y la autoocupación se torna como alternativa imprescindible.

Asimismo la economía social se puede orientar a apoyar luchas sindicales, cómo el caso de la cooperativa de finanzas Coop57 ejerciendo como caja de resistencia para la huelga [2] en apoyo, entre otros, del conflicto de las empresas subcontratadas por Telefónica, un conflicto con una acción sindical diferente a la habitual tanto por los actores cómo los contenidos reivindicativos y los métodos de lucha [3]

A la inversa, el sindicalismo es clave para la economía social al sostener unos valores y prácticas que hacen de contrapeso a la dinámica que se genera por su inserción en una economía capitalista: la negociación colectiva de referencia permite una guía de mínimos en lo concreto de las relaciones laborales y condiciones de empleo en la economía social. Sucede lo mismo con la disputa por el salario social, indirecto -sanidad, educación- y diferido -pensiones, subsidio de desempleo, etc.- que afecta a toda la clase trabajadora incluidas cooperativistas o participantes de la economía social. El sindicalismo cómo organización de masas incide en ese ámbito en apoyo a las redes de economía social y transformadora.

Por último, desde una perspectiva de transformación social no todas las empresas pueden ser cooperativizadas o transformadas en modelos de economía social a corto plazo (por su tamaño, por las relaciones de poder social interno o de mercado externo imperantes, etc.), por lo que se requiere de un fuerte sindicalismo de contrapoder con capacidad de ejercer un control sindical y económico en toda la estructura empresarial y productiva para reorientar el modelo económico y social.

Sindicalismo de contrapoder y economía social

La acción sindical cotidiana, la de las secciones sindicales en los procesos de negociación colectiva, tiene mucho de los valores y fundamentos de la economía social y cooperativa.

Los procesos de militancia sindical orientados a la expansión de derechos sociolaborales se cimientan en una adecuada recopilación de información económico-financiera, productiva y laboral de las empresas para sustentar los procesos negociadores, en una colectivización entre las plantillas de las reivindicaciones dirigidas a los empresarios y la patronal, así como en la articulación de fórmulas solidarias de acción colectiva y huelga indefinida con apoyo de caja de resistencia que es sin lugar a dudas un mecanismo financiero colectivo de solidaridad sindical [4]. Ese poder sindical como herramienta democratizadora de una empresa o sector, es la antesala a modelos de economía social y democracia económica.

El poder sindical como herramienta democratizadora de una empresa o sector es la antesala a modelos de economía social y democracia económica.

Lo anterior es si cabe es más evidente en procesos de reestructuración y crisis empresarial dónde la recuperación de empresas para su posterior laboralización o cooperativización se torna cómo acción estratégica imprescindible para defender las condiciones y nivel de empleo así como la estructura industrial del país, precisamente cuando los poderes político y económico están promoviendo todo lo contrario. Ahí la práctica sindical previa es imprescindible para acometer con garantías dichas experiencias. Parte de esa oposición y asesoramiento sindical y de los economistas de sindicatos de alternativas en procesos de reestructuración empresarial se circunscribe a la búsqueda y evaluación de las condiciones de viabilidad de inversores industriales frente a los financiero-especulativos que permitan recapitalizar las empresas en crisis para mantener o relanzar la producción [5], o alternativamente promover la transformación en empresas de economía social como sociedades laborales o cooperativas [6]. La cuestión, pero, no tiene solo una dimensión micro, sino también macro, de modelo social y económico.

Contrapoder sindical y autogestión económica


¿Cómo puede el sindicalismo ayudar a construir otro modelo económico y social? Sin duda el núcleo vertebrador de la acción sindical es la negociación colectiva. Dos ideas al respecto.

Por un lado, la orientación de la política sindical y los contenidos sustantivos de negociación colectiva hacia objetivos de política económica de altos salarios y pleno empleo. Las dos reivindicaciones clave del movimiento sindical vasco cómo salario mínimo de 1200 euros mensuales y jornada laboral máxima de 35 horas semanales, se integran para mejorar las condiciones de vida con la generación y reparto del empleo, además de con una política salarial solidaria que deviene también en mecanismo de política industrial [7].

Por otro lado la introducción de contenidos de negociación colectiva instrumentales de control sindical económico en las empresas y sectores, esto es, promover la democracia económica en las empresas capitalistas con ampliación de derechos de información, consulta y control sindical de los procesos productivos, de inversión y posterior generación de empleo [8]. Esta mirada hacia los contenidos instrumentales de la negociación colectiva permite avanzar hacia mayor capacidad de control de los procesos de inversión, producción y distribución, a la vez que promover precisamente mayores tasas de inversión y generación de empleo [9]. Asimismo un mayor control sindical de la producción y finanzas empresariales permite limitar el fraude económico, fiscal y a la seguridad social en el que incurren las empresas capitalistas cuyos impactos sociales son demoledores tal como vienen exponiendo estudios realizados por expertos economistas desde la UPV/EHU para Euskadi, representando alrededor del 17’4% del PIB de la comunidad [10].

Euskal Herria tiene un privilegiado potencial -fraguado en décadas de luchas obreras y construcción de alternativas económicas con un asentado cooperativismo- para la configuración de un potente marco autónomo de economía autogestionaria y lucha de clases con un fuerte sindicalismo de contrapoder.

La participación sindical en aspectos de política económica, industrial o fiscal se ha venido canalizando históricamente en el denominado “dialogo social”, los procesos de “concertación social” entre sindicatos, patronales y gobiernos, si bien estos procesos han demostrado limitaciones en cuanto a una efectiva influencia sindical en dichas materias y contraindicaciones en cuanto al aval sindical de políticas públicas neoliberales unido a una dependencia financiera de los propios sindicatos que han entrado en este tipo de procesos de concertación [11]. Algunas vías de intervención alternativas exploradas por el sindicalismo europeo pasan por incrementar la antedicha participación y control sindical de los procesos productivos, económicos y de inversión en empresas y sectores en la negociación colectiva a todos los niveles lo que supone sin duda un elemento configurador del poder en las relaciones laborales hacia una nueva democracia industrial con participación de las personas trabajadoras. Su aplicación en el Estado español puede pasar a corto plazo por esa ampliación de los derechos sindicales de información, consulta y participación, vía cambio legislativo en el Estatuto de los Trabajadores y Trabajadoras o con su reflejo en los contenidos de la negociación colectiva, en materias contable, mercantil y económica, productiva, organizativa y laboral [12]. En relación a la inversión, como variable clave por determinar el nivel de producción y empleo así cómo su orientación sectorial o de actividad, históricamente la propuesta de implantación de Fondos de Inversión de Asalariados ha sido una vía para desde el sindicalismo influir en este elemento de política industrial [13]. En el ámbito vasco empiezan a elaborarse reflexiones en este sentido por parte de EKAI Center, vinculando relaciones laborales, democracia económica y modelo de desarrollo, con el análisis de algunas experiencias europeas de relaciones laborales, inversiones, desarrollo tecnológico, asignación de ganancias y formación, abordando especialmente las relaciones laborales de empresa y el desarrollo económico [14].

En relación a todo lo relatado, Euskal Herria tiene un privilegiado potencial, fraguado en décadas de luchas obreras y construcción de alternativas económicas con un asentado cooperativismo, para la configuración de un potente marco autónomo de economía autogestionaria y lucha de clases con un fuerte sindicalismo de contrapoder. En el marco de esa confrontación ante el sistema capitalista, la consecuencia del incremento de conciencia de clase trabajadora vasca deberia dirigirse a establecer un modelo social de personas y pueblos libres constituyendo un sistema socialista donde la producción, el consumo y la cultura estén en poder y al servicio de las personas trabajadoras, en una auténtica democracia económica. Ello pasa necesariamente por qué el movimiento obrero y sindical establezca fuerte conexión entre acción sindical y los procesos dirigidos a la socialización de los medios de producción y consumo, además de una alianza permanente entre la economía social y el sindicalismo de contrapoder.

En palabras del sindicalista irlandés James Connolly en un artículo de 1908 titulado “Sindicalismo industrial y socialismo constructivo”… a la vez que incrementa el poder de resistencia del trabajador contra los abusos actuales de la clase capitalista, lo familiariza con la idea de qué el sindicato que contribuye a construir está destinado a suplantar aquella clase en el control de la industria dónde trabaja.

NOTAS:

[1] Sempere, Joaquim; García, Ernest. ¿Qué papel pueden tener las cooperativas en una transición postcarbono? Reflexiones desde el cooperativismo en Cataluña. Revista de Economía Crítica nº18, 2014.

[2] Oñederra, Unai. Coop57: una herramienta complementaria a la lucha sindical. Comunicación al II Encuentro de profesionales del asesoramiento laboral y social UPV/EHU, 2016.

[3] Mera, Igor; Mullner, Jana. Huelga de técnicos autónomos y subcontratas de Telefónica Movistar. Una experiencia exitosa. Viento Sur. 22-6-2016.

[4] Rodríguez, Lluís. Huelgas y cajas de resistencia para revitalizar el sindicato. Radicales Libres, Diario Público. 29-9-2016.

[5] Iriarte, Niko. Negociación colectiva y control sindical. Aspectos laborales y económicos. Lan Harremanak nº35, 2017.

[6] Mata, Héctor; Rodríguez Lluís. Recuperación de empresas y negociación colectiva hacia la autogestión. Intervención en el II Encuentro Euromediterráneo “La economía de los trabajadores y trabajadoras”. Tesalónica, Grecia, 29/10/2016. Ver también nota 5.

[7] Rodríguez, Lluís. Revitalización sindical: el pilar de la negociación colectiva y la política sindical. Radicales Libres, Diario Público. 15-9-2016.

[8] Mata, Héctor. Los derechos de información de la representación de las personas trabajadoras: límites legales y mejora a través de la negociación colectiva. Lan Harremanak nº35, 2017. Ver también nota [7].

[9] Estrada, B (2014). Creación de empleo y modernización de la negociación colectiva. Revista Temas.

[10] Zubiri, Ignacio; Fernández-Macho, Javier; Gallastegui, MªCarmen. Economía sumergida y fraude fiscal en la Comunidad Autónoma de Euskadi. Informe del Instituto de Economía Pública UPV/EHU. 2016.

[11] Letamendia, Francisco. Estructura política del mundo del trabajo: fordismo y posfordismo. Tecnos, 2009, pp. 41-42; Elorrieta, Joxe. Una mirada sindical contracorriente. Icaria – Fundación Manu Robles-Arangiz, 2017, pp. 182-188.

[12] Véase notas 7 y 8.

[13] Del Rosal, Mario. La democracia económica y los fondos de inversión de los asalariados: posibilidades y contradicciones. Comunicación al II Encuentro de profesionales del asesoramiento laboral y social UPV/EHU, 2016.

[14] EKAI Center. Relaciones laborales de empresa y el desarrollo económico. EKAI Center – Gipuzkoa Foru Aldundia. 2016

http://radicaleslibres.es/sindicalismo- ... togestion/

Autor:  Aitor Mena [ 08 Oct 2017, 12:34 ]
Asunto:  Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario

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Investigaciones sobre renovación sindical en el Estado español

El análisis bibliográfico ha mostrado que la renovación sindical es el tercer tema más tratado en los artículos sobre sindicalismo en revistas especializadas en España. Una parte de esta bibliografía consistía en reflexiones sobre los retos actuales de las organizaciones sindicales por parte de autores pertenecientes a estructuras sindicales. Y la otra procede del ámbito académico, y tiene su base en el enfoque de los recursos de poder.

Beltrán Roca, Univesidad de Cádiz (parte de la presentación que realizó en el seminario internacional Globalización, trabajo y poder sindical)

Estos trabajos en los que participaban autores pertenecientes a estructuras sindicales estaban escritos en un tono generalmente normativo, en los que faltan mayores dosis de autocrítica, marcos teóricos más elaborados y análisis más rigurosos (López Bulla 2011; Martínez 2011; Fernández. y Lezcano 2011). No obstante, al ser formulados desde espacios sindicales, los interrogantes ayudan a comprender la posición de las organizaciones, los retos y las líneas sobre las que gira el debate. Representantes de CCOO, como Fernández Toxo y Fernando Lezcano, explican bien los ejes o interrogantes sobre los que su sindicato se plantea estrategias de renovación:

Diferentes tipos de poder sindical, según el tipo de fuentes en los que se base: asotiativo, estructural, institucional, poder de coalición y el poder organizativo

¿Cómo intervenir con aquellos trabajadores, como los desempleados, que tienen roto el vínculo con el centro de trabajo?
¿Cómo intervenir en la pequeña y mediana empresa, en las que la afiliación y representación sindical es extremadamente difícil?
¿Cómo afiliar y organizar a migrantes, precarios o sectores con tendencias corporativistas, principalmente en el sector terciario y en el sector relacionado con la sociedad del conocimiento?
¿Cómo adaptar la estructura sectorial/territorial de los sindicatos a las nuevas realidades de externalización?
¿Sirve el modelo de representación diseñado durante la transición en el contexto actual de una economía globalizada?
¿Es necesario aumentar la autonomía política reformulando la práctica del diálogo social que se ha llevado hasta ahora?
¿La participación en la formación para el empleo ha reforzado y minado la legitimidad del sindicato? (Fernández Toxo y Lezcano 2011: 20-23).

Otra parte de las publicaciones sobre revitalización sindical proceden del ámbito académico, y tienen su base en el enfoque de los recursos de poder (Calleja Jimenez 2016; García Calavia y Rigby 2016). El trabajo de Calleja Jimenez (2016) puede ser ilustrativo. El autor identifica una serie de recursos de poder, sobre los cuales las organizaciones sindicales deben trabajar con el propósito de desarrollar estrategias eficaces de renovación. Su enfoque se inspira en los trabajos como el de Hyman (1981), Gall (2008), o Levésque y Murray (2010), que utilizan la idea de los recursos de poder para la revitalización sindical, aunque también en el trabajo de Elorrieta (2011) en el ámbito de Euskal Herria.

Siguiendo a Gumbrell-McCormick y Hyman (2013: 30-31), el sociólogo español cita las siguientes fuentes de poder sindical:

-Estructural: derivado de la posición que ocupan los trabajadores en la producción o el mercado de trabajo, que confiere mayor o menor poder social de negociación, y de los que depende -junto a otros factores- la fuerza o debilidad del sindicato.
-Asociativo: derivado de la cantidad de afiliados y la aportación económica que realizan al sindicato.
-Organizacional: que depende del grado de identificación e implicación de la afiliación con el sindicato.
-Institucional: en la medida en que la legislación y la participación en instituciones políticas y económicas, sirven para fortalecer el sindicato ganando capacidad de influencia y recursos.

El autor, además, cita tres fuentes de poder que no son propias de las organizaciones sindicales pero que pueden ayudar a fortalecer el sindicalismo:

-Moral o discursivo: derivado de la capacidad para producir y diseminar un relato que llegue a la población, aumentando la legitimidad y los apoyos de los sindicatos en su misión. Depende de la utilización de medios de comunicación de masas, que en muchas ocasiones responden a intereses opuestos.
-De coalición: derivada de crear alianzas con otras organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales.
-Estratégica: relacionado con el empleo eficiente y eficaz de los recursos del sindicato, estableciendo prioridades, planificando e innovando.

De este modo, Calleja Jimenez (2016) reconoce diferentes tipos de poder sindical, según el tipo de fuentes en los qu ese base: asotiativo (mas afiliación, incluir outsiders), estructural (debilitado por segmentacion del mercado de trabajo), institucional, poder de coalición y el poder organizativo (relevo generacional...).

Aunque este enfoque es útil a la hora de analizar fortalezas y debilidades, y de trazar estrategias de renovación, la principal limitación de esta perspectiva es que el punto de partida es el sindicato o trabajadores organizados, y no la clase trabajadora en su conjunto. De este modo, los estudios sobre revitalización sindical en España adolecen de falta de conexión con los análisis en la estructura de clases y las transformaciones en el mercado de trabajo, un enfoque que sí realizan autores como Silver (2005). El punto de partida debe ser, por tanto, el poder estructural de la clase obrera en su conjunto en un territorio determinado, y no exclusivamente las fuentes de poder de las organizaciones sindicales. Este poder se deriva de la posición de los trabajadores en las relaciones económicas, políticas e ideológicas (Las Heras, 2017).

https://www.mrafundazioa.eus/es/articul ... do-espanol

http://www.ehu.eus/es/web/lan-harremana ... ren-02_03a

Autor:  Aitor Mena [ 14 Oct 2017, 07:59 ]
Asunto:  Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario

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Jóvenes y renovación sindical

Melanie Dufour-Poirier, profesora de la Université de Montréal e investigadora del grupo de investigación inter-universitario CRIMT, habló sobre la participación de los jóvenes en los sindicatos en el seminario internacional "Globalización, trabajo y poder sindical" celebrado los días 2 y 3 de octubre en Leioa. Aquí tienes la presentación que utilizó.

https://www.mrafundazioa.eus/es/multime ... nload/file

https://www.mrafundazioa.eus/es/articul ... n-sindical

Autor:  Aitor Mena [ 10 Nov 2017, 10:55 ]
Asunto:  Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario

Libro interesante, recientemente editado

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Poder obrero: autogestión y control obrero desde La Comuna hasta el presente

de Dario Azzellini e Immanuel Ness, eds.

Compilación y estudio de experiencias de control obrero a lo largo de todo el planeta. Debate teórico y experiencia práctica en defensa de una práctica obrera revolucionaria.

Desde los albores de la era industrial, la mejor y casi única arma de lxs trabajadorxs en la defensa de sus intereses ha sido la acción colectiva. Gracias a ella, a lo largo del último siglo y medio y en prácticamente toda la geografía del planeta se han repetido experiencias de ocupación de fábricas, constitución de consejos obreros y democratización de los centros de trabajo.

A lo largo de este volumen documentaremos algunas de esas experiencias. Expondremos primero el debate teórico que las ha acompañado para sumergirnos enseguida en luchas desarrolladas tanto en sociedades capitalistas como bajo formas de socialismo de Estado. Desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del XXI recorreremos diferentes manifestaciones de un movimiento que hasta el momento no ha recibido la atención que merece. Nuestro objetivo está claro: ofrecer material para el debate entre lxs militantes sobre la potencialidad de las estrategias de no delegación y de gestión directa de los medios de producción. Porque en última instancia, creemos que sólo sobre esas bases podremos construir formas nuevas, inéditas, de democracia obrera.

Dario Azzellini: Doctor en Ciencias Políticas y Sociología y profesor de la Universidad Johannes Kepler Linz (Austria). Lleva varios años estudiando los procesos de transformación social contemporáneos, investigaciones que se han plasmado en títulos como Communes and Workers’ Control in Venezuela (Brill, 2016) o El negocio de la guerra (más de 10 ediciones diferentes alrededor del mundo, entre ellas Txalaparta, 2005). Junto a Marina Sitrin ha publicado Occupying Language (Zucotti Park Press, 2012) y They Can’t Represent Us: Reinventing Democracy from Greece to Occupy (Verso, 2014).

Immanuel Ness: La bibliografía de este investigador de los movimientos de resistencia obrera incluye obras como Urban Revolt: State Power and the Rise of People’s Movements in the Global South (Haymarket, 2017), Southern Insurgency: The Coming of the Global Working Class (Pluto Press, 2015), Guest Workers, Corporate Despotism and Labor Resistance (University of Illinois Press, 2011), Immigrants, Unions, and the U.S. Labor Market (Temple University Press) y Trade Unions and the Betrayal of the Unemployed (Garland, 1998). Es editor de la revista trimestral WorkingUSA: The Journal of Labor and Society.

http://www.laovejaroja.es/poderobrero-a.htm

Autor:  Llobu [ 13 Nov 2017, 17:58 ]
Asunto:  Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario

El sindicalismo revolucionario a diferencia del socialismo y del anarquismo que lo han precedido, no se ha afirmado tanto por las teorías como por los actos, y es en la acción más que en los libros donde hay que buscarlo.

Autor:  Lebion [ 16 Nov 2017, 02:16 ]
Asunto:  Re: Interesante debate sobre sindicalismo revolucionario

Del apartado de noticias: http://alasbarricadas.org/noticias/node/39212
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Rejuvenecer el sindicato
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Por A. Lareo, militante de Apoyo Mutuo y de CGT Enseñanza Madrid. Publicado en Libre Pensamiento nº 91 y en la web de Apoyo Mutuo.

Movilizar a la juventud e implicarla en la militancia sindical para mejorar sus condiciones de vida no es tarea fácil para el sindicato. Después de años de bombardeo neoliberal sobre lo desfasado de luchar y organizarse en el puesto de trabajo, vivimos cierto resurgir de la organización de personas trabajadoras jóvenes y precarias: organizaciones de barrio, comunitarias, con un marcado carácter feminista… Es fundamental trazar alianzas con toda la clase obrera organizada y plantear estrategias efectivas para revitalizar el sindicalismo y atraer la atención de la juventud luchadora.


En los espacios de lucha de la izquierda socialista y libertaria no hay, por lo general, un problema de participación juvenil (entendida como tal la de aquellas personas menores de 30 años). Movimientos de vivienda, feministas, centros sociales, asambleas de barrio… buena parte de estos espacios están integrados (a veces excesivamente) por personas y militantes jóvenes. Sin embargo, el tiempo pasa y más tarde o más temprano la cuestión del relevo generacional adquiere importancia. En algunos casos, como en los espacios estudiantiles, este ocurre de manera apresurada y forzosa. En otros, en los que la militancia más veterana pasa a convivir con nuevas generaciones de lucha, el proceso acostumbra a darse de forma conflictiva, llegando a veces a provocar rupturas dolorosas. Tampoco son pocas las organizaciones o colectivos que mueren por la incapacidad de gestionar adecuadamente un relevo. Estos problemas impiden acumular experiencia en las organizaciones sociales y dificultan el empoderamiento de las mismas para una transformación social.

Las confederaciones sindicales, con una mayor capacidad organizativa que los colectivos, han demostrado su capacidad para pervivir. Con todo, sufren en general una menor presencia de personas jóvenes que participen y se impliquen en el trabajo sindical y orgánico. Tampoco el relevo generacional va siempre acompañado de una evolución en las formas de hacer que permita conectar con las nuevas generaciones. Hay cuestiones estructurales y culturales que pueden ayudarnos a entender por qué esto ocurre. Existen también medidas que se pueden tomar para lograr una mayor implicación de la juventud trabajadora en el sindicato. Sin más intención que dar aquí unos breves apuntes al respecto, allá vamos.

Cuestiones estructurales

Los cambios en el paradigma del empleo en occidente han construido un tipo de trabajador o trabajadora que es muy diferente al existente hace 20 años, y mucho más a los que existían hace un siglo. Las transformaciones tecnológicas y legislativas han traido cambios al mercado laboral que han modificado el terreno de juego para el sindicalismo. Relaciones neoesclavistas se disfrazan hoy de flexibilidad y economía colaborativa. La brecha de género y la diversidad de figuras contractuales dividen a los trabajadores. También la subcontratación y la ultramovilidad dificultan la solidaridad y aumentan la complejidad de la labor sindical. La inseguridad laboral y la temporalidad limitan la utilidad del sindicato ya que, al normalizarse y abaratarse el despido, se imposibilita el establecimiento de secciones sindicales efectivas en el centro de trabajo.

Estas y otras cuestiones estructurales son realidades por desgracia consolidadas o en proceso de consolidarse. Nuestro trabajo es organizarnos como clase para revertirlo lo antes posible pero, mientras tanto, debemos adaptarnos actualizando nuestra libreta de tácticas y estrategias de comunicación, acción y organización.

Para clarificar las posiciones, nuestro equipo es el de la parte izquierda del terreno de juego. Somos quienes apostamos por construir la democracia y el socialismo a través del poder popular. El equipo contrario es el capitalismo, es el empresariado mafioso, las instituciones del régimen y las élites oligárquicas que algunos han llamado trama; es la troika antidemocrática que atenta contra la soberanía de los pueblos, el engaño consumista y neoliberal; es el desarrollismo que contamina el ambiente, destruye el territorio y pone en riesgo las condiciones de vida; es el machismo y el racismo que nos enfrenta y nos mata. Es, en definitiva, eso que los zapatistas llaman con acierto la hidra capitalista: Un monstruo de mil cabezas que se regeneran tras cortarlas. En la lucha contra ese monstruo cambiante no vale mantener las viejas prácticas intactas, pero tampoco reinventarse sin razón ni sentido. Necesitamos experiencia y renovación, acumulación de victorias y nuevas formas de plantar cara. La incorporación de gente joven será causa y consecuencia de cambios en las formas de organización y, para analizar estos cambios, podemos mirar a colectivos que tratan problemáticas laborales y que cuentan en su organización con personas jóvenes.

Y es que, frente a la precarización del empleo, han surgido en los últimos tiempos colectivos barriales de apoyo comunitario (al estilo de la PAH y Stop desahucios en el ámbito de la vivienda) que inciden también sobre lo laboral. Hablamos, por ejemplo, de ADELA en Carabanchel o la OFIAM de Manoteras. Es curioso que en dichos colectivos no falten jóvenes dispuestas a participar, incluso en puestos de responsabilidad, e influye en esto la visión del sindicato clásico como un espacio burocrático y de otro tiempo (pero hablaré de eso más adelante). Lo cierto es que podemos aprender lecciones valiosas de la línea seguida por esta especie de sindicalismo social-barrial. Para ello, por un lado, es importante establecer canales de comunicación y estrategias de colaboración que apoyen en los barrios el trabajo sindical. Por otro lado, debemos analizar cómo hacer más accesibles o cercanas nuestras prácticas a quienes se movilizan en estos colectivos. Por ejemplo, podemos hacer de la sección sindical un espacio de participación, movilización y militancia que no se limite a temas legales o a gestionar despidos, y que haga uso de las asambleas de trabajadoras y trabajadores como espacios en los que también se construyan relaciones de solidaridad. Esa dimensión comunitaria-relacional entronca con los modelos de los movimientos sociales en los que participa la gente más joven.

Con todo, es muy difícil construir y acumular en el vacío de un modelo de contratación precario, aún con el apoyo de lo barrial. Debemos apoyarnos sobre la negociación colectiva para obtener mejores condiciones laborales que permitan la continuidad de las secciones sindicales. Sin estabilidad, la gente más joven difícilmente adquiere experiencia para sumarse a puestos de responsabilidad y, sobre todo, difícilmente cambia esa cultura militante juvenil que no acaba de encontrarle utilidad al sindicalismo. Cada mejora de las condiciones en un ámbito laboral determinado repercutirá en otros. Cada victoria lograda mejorará las condiciones para organizarse y luchar. Esto, unido a una renovación comunicativa en cuestión de logros, movilizaciones y objetivos, puede aspirar a una revitalización sindical que sume a la juventud trabajadora.

Cuestiones culturales

Más allá de las cuestiones estructurales, materiales, existen cuestiones culturales que dificultan un resurgir sindical y, en general, un avance de la izquierda socialista y libertaria. Entre esas cuestiones se encuentra en un lugar prioritario la debilidad comunicativa, que impide disputar los discursos del enemigo.

Es la derrota cultural la que lleva al sentido común de esta época a considerar el sindicalismo como algo caduco, innecesario. Ese sentido común hegemónico no se ha establecido por casualidad. Cada vez que las estrategias del oponente nos superan y pasamos de la ofensiva a la defensiva, el oponente avanza. Si ese avance no se revierte durante un tiempo, las posiciones se establecen, la situación se normaliza y la ofensiva continúa.

Es importante reconocer que la hegemonía está en manos del equipo contrario, aunque se ha agrietado como consecuencia de la crisis. Esa hegemonía neoliberal tiene implicaciones directas en el día a día del mercado laboral. Cuando hablamos de la explotación encubierta practicada por las nuevas empresas tecnológicas, la palabra “encubierta” juega un papel fundamental. Deliveroo, empresa de reparto en bici, ofrece un trabajo esclavista sin seguro de accidente y por un salario de miseria como una auténtica oportunidad. No trabajas para ellos, colaboras con la empresa, y la disponibilidad total es flexibilidad horaria y libertad para elegir cuándo repartes. Todo de acuerdo con lo que el posmodernismo neoliberal les ofrece a los jóvenes para seducirles: vive tu aventura, trabaja a tu gusto, sé emprendedor, pisa a tu compañero para ascender… La experiencia de la lucha en esta empresa es un ejemplo de que los jóvenes también se organizan para luchar por sus condiciones de trabajo.

Pero no es posible combatir esa losa de lo anticuado del sindicalismo desde las cuerdas, de manera aislada y minoritaria. Recuperar el papel central del sindicalismo en el cambio social es una responsabilidad del sindicalismo en su conjunto. Incluidos, mal que nos pese, los sindicatos del régimen. Tener la capacidad estratégica para trazar alianzas puede permitirnos romper la hegemonía discursiva que margina al sindicalismo. Lograrlo nos dará la posibilidad de ofrecer a los y las jóvenes de nuestra clase una alternativa vital de organización y lucha frente a la propuesta de consumo y precariedad.

La lucha sindical no es un entretenimiento de fin de semana. Al contrario, supone arriesgar el empleo, discutir con tus compañeros de trabajo, enfrentarte a tu jefe, entregar tu tiempo de ocio en reuniones, formación legal, preparación de campañas… un esfuerzo continuado que habitualmente no conlleva el tipo de satisfacciones inmediatas a las que nos acostumbra el capitalismo de consumo. Afortunadamente, no todo el mundo se mueve buscando la satisfacción inmediata (ni todo el mundo tiene la posibilidad de hacerlo). El compromiso sin recompensa es una realidad diaria para las personas trabajadoras, también las más jóvenes. Heroicidades como las de quien cuida de sus mayores o de sus hermanos y hermanas mientras estudian; quien trabaja desde que cumple la mayoría de edad para llevar un sueldo a casa; quien se esfuerza estudiando y dona parte de su beca de estudios a su familia; quien acude al desahucio de su barrio para evitar que expulsen a sus vecinas…

Como vemos, los gestos de compromiso sin esperar recompensa son constantes entre los jóvenes. Pero para que dichos gestos ocurran también dentro del mundo sindical es fundamental un caldo de cultivo apropiado: Una renovación estética, una buena política comunicativa de logros, un buen argumentario frente a los ataque antisindicales que además sea compartido por distintos sindicatos, un discurso claro que explique la utilidad de la organización sindical y que se exprese también usando los términos y los medios de la gente joven (redes sociales, memes, videos, youtubers…). En definitiva, se requiere un buen trabajo comunicativo que deje claro que el sindicalismo está vivo, es útil, que necesita a los jóvenes y que es un espacio con objetivos en el que implicarse.

Sindicalismo y género

Si hablamos de la incorporación y mayor implicación de los jóvenes en el sindicato, no podemos dejar de mencionar la necesidad de dar más espacio e implicación a las mujeres jóvenes. El feminismo está impulsando una revolución con cambios en todos los ámbitos sociales. La lucha de las mujeres está hoy transformando el mundo, superando la resistencia que como hombres ponemos en mayor o menor medida. No sólo exigiendo igualdad efectiva de derechos e irrumpiendo en ámbitos tradicionalmente masculinos; sino también revalorizando trabajos minusvalorados como los dedicados a los cuidados, asociados tradicionalmente a las mujeres.

Pero queda mucho que avanzar. Tenemos que seguir actuando contra la brecha salarial y defendiendo igualdad efectiva de derechos. No es casualidad que los trabajos feminizados coincidan con altos niveles de precariedad y que las mujeres representen la mayoría del fenómeno “working poor”, es decir, personas con empleo que viven en la pobreza. Es imprescindible en estos ámbitos defender una política de valorización, exigiendo condiciones y salarios dignos. Es fundamental apoyar en conjunto la agenda de las mujeres trabajadoras y aprender de grupos como Las Kellys, que demuestran la voluntad y capacidad organizativa de las mujeres para defender sus derechos.

Esa mirada debe llevarnos también un cambio en las prácticas y estructuras sindicales. Hay que erradicar cualquier práctica de acoso o discriminación sexual dentro del sindicato, impulsar las secretarías y puestos de responsabilidad en manos de mujeres, feminizar las formas asumiendo una ética del cuidado, romper con la masculinización de la comunicación pública… Es importante identificar estos desafíos para afrontarlos.

Para terminar

El enemigo es a veces un equipo y otras una hidra. Y es a veces también un muro, un gran muro que golpeamos constantemente, tratando de ensanchar una pequeña grieta que mira al otro lado, hacia el mundo que queremos.

Cuando hablamos de poder popular hablamos del empoderamiento de las organizaciones sociales que pueden construir, recuperar y reconstruir unas instituciones verdaderamente democráticas al servicio del pueblo, no al servicio de una minoría enriquecida y poderosa. Cuando hablamos de sindicalismo hablamos de un elemento fundamental de esa mayoría, la clase trabajadora, formada por quienes carecemos de poder y riqueza a pesar de que hacemos funcionar a la sociedad. El sindicalismo defiende las condiciones materiales de vida de las personas trabajadoras, las que crean la riqueza de los países, las que cuidan y reproducen la vida de sus gentes, las que pueden cambiar la sociedad hacia un modo de vida más democrático, más solidario, más feminista y más ecológico. Los jóvenes, como parte de nuestra clase, no podemos renunciar a esa lucha que es la de todas las personas trabajadoras. Tenemos que ensanchar la grieta, tenemos que seguir golpeando el muro.

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