Comentarios sobre La Ruche

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nihilo
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Comentarios sobre La Ruche

Mensaje por nihilo » 21 Abr 2008, 21:49

Fragmento sobre La Ruche, del artículo Francisco Ferrer y la escuela moderna, por Emma Goldman

Cempuis fue seguida de un gran número de otras tentativas educacionales -entre ellas la de Madelaine Vernet, poeta y escritor talentoso, autor de L'Amour Libre, y la de Sebastián Faure, con su La Ruche (2), que yo visité cuando estuve en París, en 1907.

Algunos años antes el camarada Faure compró el terreno en el que construyó La Ruche. En un corto tiempo comparativamente logró transformar el antes agreste, incultivado campo en un terreno floreciente, teniendo todas las apariencias de una granja bien cuidada. Un patio cuadrado, amplio, limitado por tres edificios y un ancho camino que conduce al jardín y al huerto, saludan el ojo inquisidor del visitante. El huerto, cuidado como solamente un francés sabe hacerlo, suministra gran variedad de legumbres para La Ruche.

Sebastián Faure opina que si el niño es sometido a influencias contradictorias, su desarrollo sufre en consecuencia. Solamente cuando las necesidades materiales, la higiene del hogar y el ambiente intelectual se armonizan puede el niño crecer como un ser sano, libre.

Refiriéndose a su escuela, Sebastián Faure emite la siguiente opinión:
He tomado veinticuatro niños de ambos sexos, la mayoría huérfanos, o aquellos cuyos parientes son demasiado pobres para pagar. Son vestidos, alojados y educados a mis expensas. Hasta los doce años recibirán una elemental y perfecta educación. Entre la edad de doce y quince -continuando todavía sus estudios- se les enseña algo de comercio, teniendo en cuenta sus disposiciones y aptitudes individuales. Llega, por último, el día en que, libremente, dejan La Ruche para iniciar la vida en el mundo exterior con la seguridad que pueden, en cualquier momento, regresar a ella, donde serán recibidos con los brazos abiertos y se les dará la bienvenida, cual hacen los padres con sus amados hijos. Entonces, si desean trabajar en nuestro establecimiento, pueden hacerlo bajo estas condiciones: un tercio para cubrir sus gastos o sustento, otro tercio que se añade al capital general puesto aparte para acomodar nuevos niños, y el último tercio destinado a ser entregado para el uso personal del joven, como él o ella lo crean conveniente.

La salud de los niños que están ahora a mi cuidado es excelente. El aire puro, la comida nutritiva, el ejercicio al aire libre, los largos paseos, la observancia de las reglas higiénicas, el breve e interesante método de instrucción, y, sobre todo, nuestra afectuosa comprensión y cuidado de los niños han producido admirables resultados físicos y mentales.

Sería injusto afirmar que nuestros pupilos han realizado maravillas; pero, si tenemos en cuenta que pertenecen al término medio, no habiendo tenido oportunidades previas, los resultados son verdaderamente satisfactorios. La facultad más importante que han adquirido -un rasgo raro en los niños de la escuela ordinaria- es el amor al estudio, el deseo de conocer, de ser informado. Han aprendido un nuevo método de trabajo, uno que vivifica la memoria y estimula la imaginación. Hacemos un esfuerzo particular para despertar el interés del niño por lo que le rodea, con el propósito de hacerle descubrir la importancia de la observación, la investigación y la reflexión, de manera que cuando los niños alcancen la madurez no sean sordos y ciegos para las cosas que les circundan. Nuestros niños nunca aceptan nada con fe ciega, sin inquirir el por qué o el motivo; ni se sienten satisfechos hasta que sus preguntas son completamente contestadas. De este modo sus mentes están libres de dudas y temores resultantes de respuestas incompletas o carentes de verdad; esto último es lo que debilita el crecimiento del niño y crea una falta de confianza en sí mismo y en los que le rodean.

Es sorprendente ver cuán francos y buenos y afectuosos son nuestros pequeños entre ellos mismos. La armonía que reina entre ellos y los adultos es en extremo animadora. Sentiríamos como una falta si los niños nos temieran u honraran simplemente porque somos sus mayores. No dejamos nada por hacer para ganar su confianza y amor; realizando esto, la comprensión reemplazará la duda; la confianza al temor, la afección a la severidad.

Nadie ha descubierto plenamente todavía la riqueza de simpatía, bondad y generosidad oculta en el alma del niño. El esfuerzo de todo educador verdadero debería ser abrir ese tesoro -para estimular los impulsos del niño y hacer florecer sus mejores y más nobles tendencias-. ¿Qué premio más grande puede haber para un hombre cuya vida de trabajo es vigilar el crecimiento de la planta humana, ver cómo va desplegando sus pétalos y observar su desarrollo en una verdadera individualidad? Mis camaradas en La Ruche no desean premio más valioso, y es debido a ellos, a sus esfuerzos, más que al mío propio, que nuestro jardín humano promete producir hermosos frutos.
Refiriéndose al objeto de la historia y a la prevalencia de viejos métodos de instrucción, Sebastián Faure dice:
Explicamos a nuestros niños que la verdadera historia está todavía por escribirse, la historia de los que han muerto, desconocidos, realizando esfuerzos para ayudar a la humanidad en la consecución de fines más grandes.
Sacado de: http://www.antorcha.net/biblioteca_virt ... sia/2.html
La pedagogía no ha de pretender civilizar a los hombres, sino formar personas libres, caracteres soberanos y la voluntad, tan duramente oprimida hasta ahora, no debe debilitarse más. Max Stirner

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