Feminismo antipunitivo

La lucha desde dentro y contra la Prisión, reformatorios, centros psiquiátricos, manicomios. Videovigilancia y técnicas de seguimiento y control. Represión contra el movimiento libertario. Situación de l@s menores, represaliad@s, pres@s, excluíd@s...
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Feminismo antipunitivo

Mensaje por blia blia blia. » 29 Jun 2018, 06:09

Es interesante la contribución que se está haciendo desde el feminismo, en particular a raíz del caso de la manada. Pongo ejemplos de artículos.

En los comentarios a un artículo alguien resume los argumentos así:
  • La violencia contra las mujeres no se reduce a la violación sino que se extiende a una larga y extensa area de machismo y violencia de trasfondo sexual y patriarcal de todo tipo. Enfocarse en el deseo de castigo La Manada contribuye a no ver el bosque.
  • El encarcelamiento no es solución para estos problemas, ni el de los violadores ni el del resto de la violencia que sufren las mujeres a varios niveles. Enfocarse en el encarcelamiento de La Manada y en general en la justicia punitiva por parte del Estado (infraestructuras violentas y patriarcales, más parte del problema que de la solución) tampoco ayuda a resolver el problema.
Cómo enfrentar el caso de “La manada” desde un transfeminismo antipunitivista. por el Colectivo de Apoyo a Mujeres Presas de Aragón (CAMPA), artículo del 3 de mayo en su blog.
Cómo enfrentar el caso de “La manada” desde un transfeminismo antipunitivista.

Desde el Colectivo de Apoyo a Mujeres Presas en Aragón queremos hacer una reflexión en torno a la sentencia del juicio a “La manada”.

Desde nuestra perspectiva antipunitivista esperábamos con cierto miedo el resultado de la sentencia, que fuera una condena de más de 20 años y, ésta, fuera aplaudida desde el movimiento feminista y desde la sociedad en general. Temíamos también, que como sucedió hace apenas unas semanas, se reabriera el debate sobre la prisión permanente −aunque ésta solo pueda imponerse en asesinatos donde haya alguna circunstancia específica agravante− en un momento de especial enfado y frustración.

Nosotras nos definimos como transfeministas y abolicionistas de la cárcel, del sistema penal y penitenciario. Esto nos lleva a veces a generar debates y repensar las contradicciones que aparecen.

Cuando conoces de cerca la cárcel, eres consciente de que sirve única y exclusivamente para castigar, tanto a la persona condenada como a sus familiares y amigxs. El entramado penal y penitenciario solo genera más violencia. Nada nos hace creer que tras uno, nueve o cincuenta años de prisión estos hombres no vayan a volver a violar a otra mujer con igual o más violencia con la que ya lo han hecho esta vez.

Someter a un régimen penitenciario, anular a alguien como persona, tener unas relaciones basadas en una jerarquía absoluta, despersonalizar, infantilizar, son algunas de las consecuencias de la privación de libertad. En ningún caso se trata de reeducar o de reinsertar a la persona. La cárcel no es la solución al problema. Las mujeres necesitamos de otros mecanismos que realmente eviten que seamos discriminadas en todos los aspectos de nuestras vidas. Soluciones reales que impidan que seamos intimidadas por la calle, amenazadas, maltratadas, violadas y asesinadas.

No existe la prevención, no existe una reflexión en torno al porqué o a las circunstancias que han llevado a esa persona a cometer un delito. Sin un cambio radical en las estructuras de nuestra sociedad, sin una verdadera reeducación y otra forma de entender el castigo, seguiremos siendo intimidadas, amenazadas, maltratadas, violadas y asesinadas.

Una vez dicho esto, entendemos que el debate debe ir en otro sentido, y estamos contentas de que así esté siendo.

El hecho de que desde los poderes públicos, dese la justicia patriarcal, se entienda que cuando no existe consentimiento, no existe intimidación, ni violencia, es un discurso político muy peligroso. El hecho de que cinco hombres metan a una mujer en un portal y le obliguen a realizar todo tipo de actos sexuales no se entienda como una violación, nos parece alarmante y repugnante. Muchas de las mujeres que se defendieron fueron asesinadas. Nosotras nos queremos vivas y libres.

Como bien dice Rita Segato (antropóloga feminista), el acto de la violación es la punta del iceberg de un mal social: “La agresión sexual que conseguimos tipificar como crimen es la punta de un iceberg de un comportamiento social extenso y que es una espiral de violencia como se dice en el feminismo mundial (cuyas manifestaciones) no son ni pueden ser tipificadas por la ley pero constituyen el semillero el caldo de cultiva donde germinan los agresores y por eso la ley no está consiguiendo parar en ningún país este tipo de crímenes.”

Por otro lado, creemos que también deberíamos comenzar a problematizar y a analizar el concepto de consentimiento (como ya se está haciendo desde algunos sectores) . En muchos casos, ellos desean, y alrededor de su deseo se organiza todo, incluso nuestro consentimiento. Consentir, al fin y al cabo, es consentir al deseo de ellos. ¿Consentimos ante su deseo o manifestamos el nuestro y hacemos que importe? Nosotras deseamos en la misma medida; que nuestro deseo no pase por encima del deseo de nadie no lo hace menor, ni menos importante, ni menos urgente, ni menos potente, ni menos placentero, sino simplemente ético.

La violencia machista, al ser puesta entre rejas, se presenta como una excepcionalidad individual, separándola de prácticas sociales y violencias cotidianas y convencionales que la posibilitan, invisibilizando el carácter histórico de la sociedad patriarcal y de la actual estructura social de relaciones de poder. Si queremos construir un mundo más justo, más humano, la cárcel no sirve ni para nuestrxs peores enemigxs. Tenemos que ponernos ya a pensar otra manera de solucionar los conflictos que no pasen por la lógica punitivista que únicamente castiga a las personas y no se ocupa de las condiciones que conforman el conflicto.

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Re: Feminismo antipunitivo

Mensaje por blia blia blia. » 29 Jun 2018, 06:13

Mujeres y cárceles: un transfeminismo antipunitivista. Charla dada por Xayide García en la cuarta sesión del curso 4ª sesión del La Sociedad Punitiva realizado por La Fundación de Los Comunes. La charla tuvo lugar el 31 de mayo

1:46 Enlace a SoundCloud

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Re: Feminismo antirepresivo

Mensaje por blia blia blia. » 29 Jun 2018, 06:23

Yo no quiero cárcel para “La Manada” Por Laia M.M. Publicado en kaos en la Red el 26 de junio

Este me ha sorprendido porque parece que la alternativa a la cárcel es el linchamiento. Que en el caso de la manada lo puedo comprender, pero no veo yo que preguntar a la víctima qué quiere que se haga con el agresor sea una forma de arreglar las cosas así en general.
Yo no quiero cárcel para los miembros de «La Manada»

Por Laia M.M.

Veo a la gente de mi alrededor indignada porque los miembros de «La Manada» han quedado en libertad, a la espera de juicio. En muchas ciudades se organizan concentraciones para denunciar la justicia patriarcal y la noticia que estos hombres estén en la calle. Ante esto, dentro de mí aparecen emociones extrañas y difíciles de compaginar. Evidentemente me repugna el acto que estos hombres cometieron: VIOLAR, en grupo, grabándolo con el móvil, felicitándose por esta miserable acción. Pero me siento incómoda sumándome a la histeria colectiva donde se pide que se les encarcele, que no pisen la calle, donde se afirma que deberían estar en la cárcel.

Pienso que este no es un caso aislado. Es grave, claro que sí, pero no es un caso aislado. La diferencia es que se ha mediatizado y ha tenido mucho eco. Sale por todas las pantallas, a primera página de los periódicos, es el tema central de los debates de la mañana. Pero por desgracia cada día hay mujeres violadas, cada día hay mujeres vejadas, agredidas, violentadas. Convivimos con esta realidad; muchas de nosotras -sino la mayoría- la hemos vivido, y sabemos perfectamente que la indiferencia es la respuesta, a todos los niveles.

Esta visibilización intencionada por parte de los medios, hace que se nos presenten estos hombres como monstruos, el caso como puntual, la mujer agredida como víctima. Y que parte de los hombres implicados tengan vínculos con la guardia civil o con militares facilita su criminalización. Incluso, en medio de este auge independentista en el que ya hace tiempo que nos encontramos, se ataca a la «justicia española», como si la justicia catalana fuera mejor o se basara en parámetros diferentes. Me gustaría poder decir que me sorprende y me escandaliza el hecho, pero no sería sincera. En realidad, entiendo que estos hombres hayan hecho lo que han hecho. Entiendo que hayan cometido este acto atroz. Y lo entiendo porque esta violación no se diferencia de las veces que hombres nos han insistido para que vayamos con ellos en la cama, en que nos han hecho sentir culpables por no querer follar. A veces ha sido alguien que acabábamos de conocer, pero otras veces han sido nuestras parejas. No se diferencia de las veces que hemos notado como una mano nos rozaba el culo, o se mantenía más tiempo del necesario sobre nuestro muslo, o buscaba un contacto artificial y no invitado. A veces llevado a cabo por desconocidos, pero otras veces por amigos. No se diferencia de las veces que hemos sentido el peso de miradas lascivas y babosas sobre nuestro. No se diferencia de ambientes hostiles con los que hemos convivido y convivimos, ya sea en el trabajo, por la calle, en el bar o en el autobús, pero también en conciertos de punk o en la asamblea. Todo forma parte del mismo escenario de violencia. He visto en muchos hombres, también hombres de mi alrededor, de grupos en los que he participado, como en situaciones de rabia, de estrés o de suma de emociones que hacen llegar a lo hondo, aparece la sombra negra contra la que dicen y decimos luchar. Sale su machismo, su veneno de dominación y poder. Pero este también puede salir en momentos de máxima comodidad para ellos. Momentos en que aumenta, aún más, su posición de confort y control. Y se sueltan.

Y también entiendo el silencio, la no – intervención. Porque este no posicionamiento, esta complicidad, consciente o inconsciente, también la hemos experimentado y vivido. Se dice que estos hombres hacían bromas por un grupo de móvil donde explicaban orgullosos sus intenciones y proezas, y que el resto no decía nada o incluso les animaba. ¿Pero de qué nos sorprendemos? Cuántas veces en nuestro alrededor se ha restado importancia a lo que han expresado compañeras en relación a cómo se sentían a nivel de grupo. Cuántas veces hemos intentado semi justificar comentarios sexistas o que sabemos que pueden incomodar a otras personas. O por lo menos, restarles importancia o hacer ver que no los hemos oído. Cuántas veces se han dejado pasar conflictos o informaciones que nos han llegado, en relación a problemáticas de género, por falta de recursos en relación a cómo actuar, pero sobre todo por pereza a destinar tiempo a tratar estos aspectos, pereza de dedicar más horas « de las necesarias » que las mínimas para la gestión de un espacio. Pereza de tener discusiones y debates, pereza de asumir responsabilidades, de remover cosas de nuestro interior, de cambiar dinámicas. Pereza a perder privilegios. Pereza, miedo y egoísmo.

Pienso que muchas de las respuestas que está habiendo por el caso de «la manada» no se basan en empoderar a las mujeres ni analizan de manera global y objetiva porqué pasan estos hechos. Sino que de manera simplista se aferran a los mismos mecanismos punitivos de siempre, se aferran a esa misma justicia patriarcal que en teoría denunciamos. Es natural, obvio y saludable que estemos enfadadas, rabiosas, indignadas, por los hechos ocurridos y con las instituciones y estructuras que sostienen y perpetúan el sistema de poder heteropatriarcal, un sistema en el que también se encuentra la policía, las leyes y la prisión.

No tenemos que luchar por el castigo hacia los hombres, sino por la libertad de las mujeres. Y basándonos en discursos donde pedimos más endurecimiento de penas, donde pedimos que se encierre a la gente, para nada estamos fortaleciendo nuestra libertad. Al contrario, damos fuerza y avalamos un sistema y unas instituciones punitivas, las mismas que criticamos.
La resolución de los conflictos, también de agresiones sexuales, a través de delegarlo a una justicia externa, no puede ni podrá servir nunca para ayudar a las mujeres a empoderarse, ni tampoco acabará nunca con el machismo y la violencia. Hay que buscar nuevas maneras de hacer frente a esta lacra, asumiendo que el cambio y la eliminación de esta será lenta, difícil y en la que no veremos resultados inmediatos. No podemos seguir tolerando discursos que nos victimizan, que nos dicen que la única solución es que una supuesta justicia (hecha por hombres y para los hombres) nos ayude, y simplemente aparte de nosotros «el problema», sin tocar ni cuestionar nada más de todo lo que precisamente hace posible la aparición de este “problema”. De qué sirve, cerrar hombres en prisión, mientras seguimos bombardeadas por anuncios y discursos que nos dicen cómo debemos ser y actuar para ser aceptadas, por películas y mensajes que nos encaminan a ser dependientes y sumisas, por una educación que no contempla nuestras necesidades y voluntades, por espacios que nos ignoran, por ambientes basados en la competitividad… ¿De qué sirve meter hombres en prisión, cuando en nuestro día a día, ni nosotras ni nuestro entorno respondemos y afrontamos las violencias, incomodidades y conflictos entorno al género que surgen? Creo que hay que apostar por un cambio radical y transformador en las estructuras sociales, en cómo nos relacionamos, en lo que nos rodea, en el interior de nosotros y nosotras mismas. ¿Y cuanto de transformador y radical es encerrar a alguien en una cárcel?

Recordemos que los miembros de «la manada» habían agotado los dos años en que una persona puede estar en prisión preventiva. Qué es lo que pedimos pues, ¿que sigan encerrados esperando un juicio? No podemos tener discursos en que denunciamos la prisión preventiva y todo lo que conlleva, así como su inutilidad, pero luego chillemos para que estas personas sigan entre rejas sin haber sido juzgadas. Porque entonces, ¿qué pasa?, ¿denunciamos la prisión preventiva sólo cuando nos interesa? ¿En los casos que nos afectan más personalmente o nos tocan más la fibra ya nos parece bien su existencia? A mí esto me recuerda a cuando se aprovecha algún caso mediático para poner de nuevo sobre la mesa la barbaridad de la cadena perpetua. Ahora parece que sea lo mismo pero con la prisión preventiva. Y si nos descuidamos, acabaremos justificando o contemplando la opción de la pena de muerte. Hay quien ya se frota las manos viendo el rumbo que coge esta clase de respuesta social. Esto va de maravilla para plantear leyes más restrictivas, cámaras de vigilancia en las calles, policías, controles, reformas del código penal para endurecerlo, o en este caso, ampliar los tempos de la prisión preventiva, entre otros.

Todos estos hechos brutales y la actitud de las instituciones del Poder, al menos deberían hacernos ver ya de una vez que la discriminación y la situación que padecemos las mujeres no será nunca resuelta de manera externa, ni por los mismos agentes partícipes en esta discriminación.

La cárcel sólo sirve como solución fácil para contentarnos, para no plantearnos otras posibles respuestas, para delegar la gestión de nuestras vidas. La prisión consiste en anular, destruir y despojar a las personas. En degradarlas mediante la jerarquía, la dominación y el autoritarismo. Valores que van en contra de una transformación feminista de la sociedad. Yo no quiero cárcel para los miembros de «la manada», lo que no quiere decir que no esté completamente a favor de una respuesta social, poniendo en el centro qué quisiera hacer la mujer agredida. Hoy he leído, por ejemplo, que en Sevilla distintos grupos feministas están poniendo carteles en las inmediaciones de las casas donde viven estos personajes, de sus lugares de trabajo y de las zonas que frecuentan. También están iniciando una campaña con los comercios de la ciudad para que se posicionen y muestren su rechazo a los violadores de La Manada. Seguro que no son las únicas posibles respuestas para dar salida a nuestra rabia y aplicar la autodefensa como respuesta necesaria e inmediata, pero está claro que me parecen más empoderadoras y efectivas que no el ingreso en prisión.

No quiero cárcel para ellos, ni para nadie.

23 de junio de 2018

Laia M.M.

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Re: Feminismo antirepresivo

Mensaje por blia blia blia. » 29 Jun 2018, 06:27

Sobre la libertad de La Manada: por una justicia feminista y un feminismo antipunitivista publicado por Nuria Alabao en CTXT el 27 de junio.

Nuria Alabao es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes. Twitter: @nu_alabao
Sobre la libertad de La Manada: por una justicia feminista y un feminismo antipunitivista
Nuria Alabao

El jueves recibí por una lista de Telegram la primera noticia sobre la libertad provisional para los condenados de la Manada. También muchísimos mensajes de indignación y muy pocos argumentos o información concreta de los motivos de la puesta en libertad. Yo tenía algunas dudas sobre cómo debíamos reaccionar, sobre el caso concreto –me faltaban datos, razonamientos jurídicos– pero no me atreví a expresarlas en ese grupo. La unanimidad era abrumadora, casi como un muro. En mis redes sociales también.

Tuve dudas sobre todo porque soy una lega en derecho pero también porque tengo un tic que me hace saltar un resorte interno: una cierta desconfianza por principio en el sistema penal, en la cárcel como solución. Conozco gente que ha sido encarcelada por acciones políticas, por actos de desobediencia, por defender determinadas ideas. Gente que ha sido torturada en el sistema penal. Por eso, defender los derechos procesales siempre me ha parecido un deber, porque los excesos de la justicia pueden recaer fácilmente en gente que lucha contra otro tipo de excesos que consolidan la desigualdad en la sociedad, o simplemente, en personas que pelean por poder decir según que cosas, por manifestarse –y últimamente hasta por cantar, o poner tuits–. Podría haberme pasado a mí o a alguno de mis compañeros. Siempre queda además, que estos excesos también pueden recaer en inocentes, por eso existen los derechos procesales y por eso hay que defenderlos.

Por otra parte, sé que las mujeres estamos teniendo que librar una dura batalla para que las violaciones, los abusos, la violencia en el hogar o la pareja sean reconocidas y combatidas. Hasta hace muy poco en nuestro país lo que en principio se llamó “violencia doméstica” era un “asunto privado” que se toleraba, que a penas se denunciaba. Hoy todavía pedimos más recursos y medidas de protección ante la persistencia de los asesinatos. Hemos tenido que luchar a brazo partido para que se nos crea cuando explicamos abusos –la palabra de una mujer que cuenta una violación es una palabra que ponemos inmediatamente en duda–. Por no hablar de la escasa atención o medidas de protección que reciben las víctimas de trata o las de abusos cuando son inmigrantes que trabajan casi sin derechos en nuestros campos. Estar borracho es una atenuante que puede reducir la pena en caso de violación. Entre otras muchas cosas incomprensibles como la que ha suscitado la reacción furibunda a la sentencia de la Manada: la diferencia entre abuso y agresión basada en la existencia o no de violencia de los agresores o resistencia de la víctima. Si no hay consentimiento, hay violación, decimos. Parece obvio. Así que no. La justicia no protege suficientemente a las mujeres cuando son agredidas porque son mujeres en toda esa construcción que nos hace estar al servicio de otros, o satisfacer a otros, o confirmar a los hombres en su posición de varones a través de la fuerza que ejercen sobre nosotras.

Y con todo esto a cuestas, el jueves cuando estalló la oleada de indignación, yo tenía dudas, pero me costaba expresarlas incluso en grupos de confianza. Todo se acelera en estos tiempos y hay miedo de expresar según que planteamientos. Miedo de los linchamientos en redes, miedo de que te estigmaticen, te boicoteen o te acusen. El periodismo siempre ha sido deporte de riesgo si se confrontaba al poder, ahora también tiene que confrontar los climas sociales. Es bueno que se controle al periodismo, me dije. Pero también acojona un poco. Hay mucho de emocionalidad en estos acontecimientos que funcionan como un clima, que de alguna manera se articulan o generan sujeto político en torno a la indignación. Es importante pensar bien cómo intervenir en ellos porque no es fácil. También necesitaba reflexionarlo un poco más, leer algo más, hablar con compañeras que saben. Tampoco hay por qué opinar sobre todo siempre, me dije. No siempre es útil. Calma.

Casi al momento de recibir la noticia me escribió una amiga:

- ¿Viste lo de la manada? Entiendo la rabia y la indignación, pero me jode salir a la calle a pedir que permanezca gente en prisión.

- A mí me pasa lo mismo. Pero no sé cómo expresarlo o si quiera si vale la pena.

- Pues me ha escrito bastante gente en privado sobre el tema. Si se trata de elegir bandos yo tengo muy claro cual es el mío, pero no puede ser que todo discurso o acción se organice casi instantáneamente en torno a bandos.

- ¿Quieres que más adelante escribamos algo juntas?

- Sí, en el 2019. ;-)

Leyendo la protesta

El viernes ya sabía algo más del caso, había leído críticas fundamentadas a la puesta en libertad desde posiciones feministas que hablaban de los límites del derecho en estos casos, al tiempo que defendían las garantías procesales de forma matizada. A pesar de eso, fuimos a la manifestación arrastrando nuestras dudas. Unas chicas gritaban: “Violadores a prisión”.

Una compañera que me acompañaban dijo: “Me cuesta gritar eso”. Otro amigo intervino: “Dan igual los detalles concretos, esto es una impugnación completa. En los últimos 4/5 años, al ciclo 15M le ha seguido un ciclo feminista, que como sucedió en su momento es un poti poti de cosas muy diferentes y no tiene estructuración política. Fijaros, las demandas más concretas se articulan en torno a la violencia, que es como el elemento vertebrador de esta oleada. Esta demanda plantea un conflicto con el Estado, con las instituciones del poder judicial. Molaría que aquí saliese un programa político más amplio de economía feminista, cuidados, etc., pero las condiciones vienen dadas así y está bien que así sea.”

La chica le respondió: “Puede ser, pero aún así, estamos en un momento muy frágil. El discurso hegemónico de hoy es un discurso procarcelario. Esto podría valer para legitimar la cadena perpetua, el propio sistema punitivo patriarcal. Y si no, mira eso” –dijo señalando una pancarta con la cara de los violadores–.

Pero ni las pancartas, ni los monigotes ahorcados que representan a los violadores colgando me preocupaban a mí. No dejan de ser expresiones de enfado, mensajes que más bien hablan de la indefensión de la víctima, de cómo es pasar a la ofensiva simbólica desde la conciencia de la propia fragilidad constantemente recordada a golpe de sucesos en los informativos, una suerte de pequeña revancha emocional. Me preocupaba más la instrumentalización que pudiese hacerse desde las instituciones y partidos que son los que al final tienen la capacidad enunciativa más potente, el acceso a los medios de comunicación y los que en definitiva se arrogan la capacidad de “interpretar” las demandas ciudadanas y el significado de expresiones como una protesta masiva. Es bueno el desborde, ¿pero quién puede decir que significa exactamente una manifestación como la del viernes? ¿Las estructuras del feminismo institucional que están más cercanas al poder? ¿Los políticos que quieren convertir en votos las demandas feministas? El movimiento feminista en estos momentos está absolutamente desbordado por su propia potencia ¿quién tiene la potestad de hablar por él? Es importante resaltar que es desde sus organizaciones formales más diversas –como las plataformas del 8M– de donde salen los mensajes menos punitivistas, son una auténtica referencia.

Por su parte, Soraya Sáenz de Santamaría aprovechó para justificar la prisión permanente revisable –perpetua, sin eufemismos–. Pedro Sánchez se apresuró a hablar de la necesidad de un cambio en el Código Penal y declaró su compromiso con la “lucha contra el terrorismo machista”. No alegra mucho esa comparación porque conocemos perfectamente la legislación de excepción que ha dejado la “lucha antiterrorista” en nuestro ordenamiento jurídico. Y también cómo ha sido utilizada, por ejemplo, en el caso de los titiriteros que tantos juristas criticaron. Como explicaba Beatriz Gimeno en un artículo, los cambios impuestos en caliente y a golpe de emociones favorecen la “impunidad del poder” porque “normalizamos la terrible idea de que cualquier medio punitivo que emplee el Estado es aceptable con tal de conjurar determinados peligros”. La movilización se ha ido articulando como reacción a sentencias judiciales como provocada por el caso de Juana Rivas, y ahora este. Es un programa que plantea una confrontación, ¿pero hacia dónde lo queremos llevar? ¿Cómo se protege mejor a las mujeres? ¿El aumento de penas o el recorte de derechos contribuyen a evitar nuevas agresiones? Los datos nos dicen que no.

“No es un caso aislado, se llama patriarcado. Las calle, la noche, también son nuestras. Que no, que no, que no tenemos miedo” –se cantaba en la manifestación–, con más ganas las más jóvenes, que en general ya no tienen madres que les prohiban salir de noche, pero que se sienten expulsadas del ocio nocturno por las amenazas de agresiones sexuales. Eso estaba también: un acto de afirmación colectivo. Allí, más allá de las pancartas contra los violadores y el cabreo, lo que vivimos fue una enorme alegría de estar juntas. Porque al final, también era un mensaje para la chica que sufrió la violación: estamos contigo, no estás sola. “Mientras haya esto –me dijo otra amiga señalando alrededor–, no habrá fascismo en España”.

Después de la manifestación me encontré en una fiesta con una amiga que estudió derecho. Ella lo tenía claro: “Yo también parto de una mirada antirepresiva porque es a lo que me he dedicado toda la vida, pero tal y como han ido las cosas, para mí la liberación no se entendería sin el movimiento feminista. Es un mensaje, ha sido una reacción por nuestra impugnación al sistema judicial. Es cierto que se tiene que acabar con la diferencia entre abuso y agresión sexual y creo que eso lo estamos ganando. La realidad ahora es que nos estamos encontrando con jueces que hacen lo posible por aplicar abuso porque agresión implica penas de hasta 15 años de cárcel. Son muy altas y a los jueces les cuesta aplicarlas. Si se reforma la ley habría que bajarlas. Pero a ver quién dice eso en este contexto.”

Un feminismo del deseo

Una investigadora que ha estado trabajando en prisiones con violadores, Rita Laura Segato intervino el año pasado en el Senado argentino en contra de la propuesta de privar de ciertos derechos a los agresores sexuales –como las salidas transitorias o la libertad condicional–. Ella explica que las agresiones sexuales que conseguimos tipificar como crimen constituyen la punta de un iceberg de un comportamiento social extenso y que implica una espiral de violencia de más calado. Así, la violación sería sólo otra manifestación de una serie de "agresiones" que se reproducen socialmente, que nos atraviesan a todos y que arrancan con la cosificación de la mujer. Es lo que desde el feminismo se llama “cultura de la violación”. Cómo confrontarla también implica un debate: si mediante la prohibición o a través del trabajo político de producción discursiva y la propuesta de modelos alternativos. (Por la forma de conducir el debate en las redes y las peticiones de boicot y prohibiciones, parece que la mentalidad punitivista arraiga también muchas veces en nuestros movimientos en diferentes lugares.)

En cualquier caso, si el problema de las agresiones es social, como dice Segato, las soluciones no pueden pasar solo por lo penal que acaban por “enviar al violador a una verdadera escuela de violación como es la cárcel”. Y propone un trabajo en varios planos, donde la formación de los jueces sería una parte más, en la línea de lo que propone el protocolo Estambul, donde desde una mirada no punitivista, se reclama una revisión del funcionamiento de la justicia en clave feminista.

“¿Son las soluciones que el Estado puede dar el tipo de soluciones que necesitamos? ¿O deberíamos ser capaces –sin abandonar ese camino– de pensar en otras formas de transformar la sociedad y las relaciones entre las personas? Pienso que estamos en tiempo ya de pensar en otros caminos de la propia sociedad. Caminos que tienen que ver con la reconstrucción de lazo allí donde existen jirones de comunidad –como todavía se da ciertamente en España–, reconstrucción de vida relacional, de una comunidad que cuida. Reforzar ese camino traerá soluciones mejores para la protección de las mujeres que las penas de cárcel, que las penas punitivas. Hay que reforzar un ojo vigilante que es el de la propia sociedad”, decía Segato en una entrevista.

No queremos una justicia machista que no nos defienda y no creemos que la solución sea el populismo punitivo. La posición es complicada y a veces es difícil de explicar. En esta línea, decía Silvia Federici que la violencia que sufrimos no es solo violencia individual, es también del Estado, de la policía y de las cárceles, y que “el feminismo es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente.” La justicia no siempre equivale a más castigo. Más penas y menos derechos no nos van a proteger mejor de esas violencias que se retroalimentan, pero más feminismo, es decir, más estar juntas en el camino hacia esa sociedad diferente que prefiguramos, con toda seguridad sí.

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Joreg
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Re: Feminismo antirepresivo

Mensaje por Joreg » 29 Jun 2018, 10:17

Yo realmente pienso que pasados los dos años de prisión preventiva, hasta que se resuelva el recurso que han puesto esos pavos, los tienen que soltar en libertad provisional. Porque si no estamos como creando o propiciando condiciones para que cuando cogen a uno de los nuestros, se lo hagan pasar, pero que muy mal prolongando prisiones preventivas, o afrontando juicios sin garantías. Incrementar las penas, o la dureza de las interpretaciones no acabará con los violadores, lo he dicho por ahí unas cuantas veces. Las peticiones que se hacen por parte de familiares, amigas, afines, producto de la ira, la indignación, la rabia, son comprensibles. Y los gobiernos de diverso signo las emplearán para incrementar su aparato represivo y captar votos. Eso es inevitable. Por el otro lado hemos de estar incidiendo en que visibilizar el problema, que salga gente a la calle, que se vean las mujeres como un colectivo fuerte, eso es lo positivo. Que esos cabrones sientan el escrache. En 1990, en 2000, en 2016 estaba el feminismo menos fuerte de lo que está ahora. Se está generando cultura, costumbre. Que el gobierno, y que los partidos reaccionarios aprovechen el tirón, es normal. Que nos sumemos a la fuerza que aporta la mujer, también.
Lo que se gana en velocidad, se pierde en potencia. Lo que se gana en potencia, se pierde en velocidad.

anenecuilco
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Re: Feminismo antirepresivo

Mensaje por anenecuilco » 29 Jun 2018, 12:11

Obviamente no parece que (o no sólo) se vaya a acabar con las violaciones encerrando a los violadores, parece obvio, y estaría bien que alguien propusiese soluciones más efectivas, que me temo que en todo caso serían a más largo plazo. Respecto a las muestras de "feminismo antirrepresivo" que nos muestra blia blia blia, a mí me resultan el típico ejemplo de izquierdistas que, en cualquier contexto, intentan dárselas de especiales, inteligentes, diferentes... Una manera de llamar la atención vaya.

En el de Nuria Alabao no entro porque realmente no tiene ni pajolera idea de qué hacer, más allá de ir a manifestaciones con las que no está de acuerdo.

La tal Laia sí se moja más, aunque para lo que dice casi mejor que no lo hiciera...
Entiendo que hayan cometido este acto atroz. Y lo entiendo porque esta violación no se diferencia de las veces que hombres nos han insistido para que vayamos con ellos en la cama, en que nos han hecho sentir culpables por no querer follar. A veces ha sido alguien que acabábamos de conocer, pero otras veces han sido nuestras parejas. No se diferencia de las veces que hemos notado como una mano nos rozaba el culo, o se mantenía más tiempo del necesario sobre nuestro muslo, o buscaba un contacto artificial y no invitado. A veces llevado a cabo por desconocidos, pero otras veces por amigos. No se diferencia de las veces que hemos sentido el peso de miradas lascivas y babosas sobre nuestro. No se diferencia de ambientes hostiles con los que hemos convivido y convivimos, ya sea en el trabajo, por la calle, en el bar o en el autobús, pero también en conciertos de punk o en la asamblea.
Primero suelta esta bobada de feminismo pseudoradical en el que una violación múltiple "no se diferencia" de una mirada lasciva, en fin ¿qué decir? Afortunadamente el feminismo mainstream sí diferencia.
con las instituciones y estructuras que sostienen y perpetúan el sistema de poder heteropatriarcal, un sistema en el que también se encuentra la policía, las leyes y la prisión.
Puede ser que todo eso se encuentre en el "sistema de poder heteropatriarcal", ¿por qué? ¿en qué se basa?
Recordemos que los miembros de «la manada» habían agotado los dos años en que una persona puede estar en prisión preventiva. Qué es lo que pedimos pues, ¿que sigan encerrados esperando un juicio?
Aquí muestra que no se ha molestado ni en documentarse mínimamente sobre el que despotrica.
Yo no quiero cárcel para los miembros de «la manada», lo que no quiere decir que no esté completamente a favor de una respuesta social, poniendo en el centro qué quisiera hacer la mujer agredida. Hoy he leído, por ejemplo, que en Sevilla distintos grupos feministas están poniendo carteles en las inmediaciones de las casas donde viven estos personajes, de sus lugares de trabajo y de las zonas que frecuentan. También están iniciando una campaña con los comercios de la ciudad para que se posicionen y muestren su rechazo a los violadores de La Manada. Seguro que no son las únicas posibles respuestas para dar salida a nuestra rabia y aplicar la autodefensa como respuesta necesaria e inmediata, pero está claro que me parecen más empoderadoras y efectivas que no el ingreso en prisión.
Aquí al menos se moja, para nuestra desolación. Aboga, entiendo, por despenalizar la violación (¡qué gran idea!) porque poner unos cuantos carteles en la ciudad de turno sí que es una respuesta acorde a la gravedad de los hechos.

En fin, una muestra más de lo lamentable que es el mundillo "radical" en cualquier ámbito.

Joreg:
Yo realmente pienso que pasados los dos años de prisión preventiva, hasta que se resuelva el recurso que han puesto esos pavos, los tienen que soltar en libertad provisional. Porque si no estamos como creando o propiciando condiciones para que cuando cogen a uno de los nuestros, se lo hagan pasar, pero que muy mal prolongando prisiones preventivas, o afrontando juicios sin garantías.
Pues a mí me parece bien que los violadores condenados se queden en prisión, igual que los condenados por violencia extrema, sobre todo cuando se tenían argumentos para la prisión preventiva (que es mucho más dudosa siempre) y ahora los hechos ya han sido probados.

A "uno de los nuestros" le importa un pimiento si a los violadores les dan la libertad provisional, porque si a ellos les acusan por ejemplo de terrorismo, no se la van a dar, no tiene relación ninguna.

Por supuesto es más que discutible que la prisión acabe con la violación o cualquier tipo de delito o enfermedad social, pero sinceramente todos estos argumentos en este caso no tienen razón de ser. Este caso no es "uno cualquiera" sino un caballo de batalla evidente por la no resistencia activa de la víctima, y lo que se critica mayoritariamente desde la sentencia no es que les caigan 6, 10 o 30 años sino que se le rebaje la categoría delictiva, que se le quite importancia, lo que equivale a que no hay agresión sexual si la víctima no emprende una lucha física en la que tiene todas las de perder, y lo que se critica tras la libertad provisional es que se apliquen medidas garantistas que sólo se aplican en los delitos menos graves, es decir, que de nuevo se le quita hierro a la violación. Una decisión tomada con el voto decisivo de un juez que ve "jolgorio" en los hechos y que abogaba por la absolución de los violadores.

Esto no tiene nada que ver con las paranoias que se tengan sobre un mundo sin cárceles donde todo el mundo será transfeministaqueerlgtbx.
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There can be no power greater anywhere beneath the sun

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Joreg
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Re: Feminismo antirepresivo

Mensaje por Joreg » 29 Jun 2018, 14:22

anenecuilco escribió:Pues a mí me parece bien que los violadores condenados se queden en prisión, igual que los condenados por violencia extrema, sobre todo cuando se tenían argumentos para la prisión preventiva (que es mucho más dudosa siempre) y ahora los hechos ya han sido probados.
Puf. Hay atracadores de joyerías, de tiendas, de gasolineras, super chungos, que arrastran una pila de condenas y detenciones, que reinciden, y a los que se les dan esas garantías finalmente, si tienen unos buenos abogados. De todas maneras esto lo digo con prudencia, porque hace años dejé de hacer seguimiento a este tema de garantías procesales, y no tengo claro cómo estará ahora. Peor, supongo.

Los hechos están probados y todo eso. Pero han tardado dos años en probarlos, teniendo grabaciones, el testimonio de la víctima, de los que la recogen, informes forenses y presión mediática a tope. Lo normal, digo yo, supongo, es que hubieran resuelto toda esa mierda con algo más de ligereza.
...lo que se critica mayoritariamente desde la sentencia no es que les caigan 6, 10 o 30 años sino que se le rebaje la categoría delictiva, que se le quite importancia, lo que equivale a que no hay agresión sexual si la víctima no emprende una lucha física en la que tiene todas las de perder, y lo que se critica tras la libertad provisional es que se apliquen medidas garantistas que sólo se aplican en los delitos menos graves, es decir, que de nuevo se le quita hierro a la violación. Una decisión tomada con el voto decisivo de un juez que ve "jolgorio" en los hechos y que abogaba por la absolución de los violadores.
Pues sí. Personalmente, si estuviera en mi mano, a esos tres jueces les abriría un expediente que te cagas. A los tres jueces, y a cualquiera que protestase entre los togados. El voto particular de ese tipo lo que sirvió, fue para ablandar a los otros dos. Tuvieron la oportunidad de ponerse en su sitio, y prefirieron darle vaselina al colega del voto particular. Más todas las asociaciones de jueces.
Lo que se gana en velocidad, se pierde en potencia. Lo que se gana en potencia, se pierde en velocidad.

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Contumacia
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Re: Feminismo antirepresivo

Mensaje por Contumacia » 05 Jul 2018, 11:57

Que en el caso de la manada lo puedo comprender, pero no veo yo que preguntar a la víctima qué quiere que se haga con el agresor sea una forma de arreglar las cosas así en general.
O_O

El problema de acabar de descubrir corrientes y comportamientos es que se desconocen sus modos de actuación. Y en el feminismo "antipunitivo" (la ostia, es que ya inventan términos para todo) hay mucho de justicia retributiva, como puede ocurrir en las comunidades indígenas. Esto es, la persona afectada es la que decide el "castigo", que más bien suele ser: ¿ha sido tan grave la cosa como para no volver siquiera a poder compartir espacios? -el ostracismo a la griega-, ¿es algo que se solucione si la otra persona reconsidera lo que ha hecho y tras un tiempo prudencial podemos volver a estar en un mismo plano? ¿ver a mi agresor a diario me impide siquiera conciliar el sueño? Pues la casuística, pese a lo que intenten contarnos, es amplia, mucho, y no suele estar en absoluto centrada en los ataques de desconocidos, que no representan ni el 20% del total: el resto ocurren en el entorno de confianza de la víctima. Y muy probablemente, ni siquiera se denuncien. Ni policialmente ni públicamente.

Pero no es un "castigo" que la víctima opine (en vez de jueces/masas enardecidas) y transmita sus necesidades sino una REPARACIÓN DEL DAÑO. Todos los protocolos sobre agresiones sexistas incluyen este apartado, porque lo que importa es la opinión de la víctima (ante una misma agresión, la respuesta de cada cual puede ser muy diferente, por eso hay que escuchar a quien lo ha atravesado antes de sentenciar nada), no la de todos los defensores de su honra, que son los que suelen pedir linchamientos, si le hace eso a mi hija lo mato... Nadie puede medir el impacto que algo así tiene en tu vida salvo tú.

Coincido con Anecuilco en que, pese a lo que se empeñe en decir la tele y lo que se estimule con ciertos tipos de contenidos (porque anda que no hemos tenido que tragar cositas sensacionalistas y enardecientes de los ánimos), lo que le preocupa al feminismo, incluso al punitivo, no es tanto la cifra sino como no considerar una agresión sexual/violación de toda la vida más que como abuso, figura mucho más light. El artículo de Laia es el único que había leído previamente y apunta las cosas más o menos conocidas, comunidades terapéuticas y socialización en otro tipo de conductas aparte (un problema de mala socialización con mujeres no se resuelve encerrando a un sujeto sin ellas, saldrá y las culpará de todos sus males).

En lo que sí que no coincido es esto:
Primero suelta esta bobada de feminismo pseudoradical en el que una violación múltiple "no se diferencia" de una mirada lasciva, en fin ¿qué decir? Afortunadamente el feminismo mainstream sí diferencia.
En realidad no dice en absoluto que sean equivalentes, sino que los que tanto se escandalizan no se dan cuenta de que forma parte de toda una cultura de personas que sobrepasan los límites que la cortesía, el decoro o la confianza han marcado. Y por eso es un tema que toca a tanta gente, de forma interclasista, y por eso lo están explotando tanto a nivel mediático, porque es una forma de canalizar la indignación sin solucionar (sino empeorar) los problemas y encima consiguiendo audiencias... En los últimos 2 años hemos tenido más casos de violaciones múltiples que en los anteriores 10. El tipo de tratamiento morboso, sensacionalista que ha tenido el caso lleva a la imitación y a que se haya generalizado el relatar agresiones sexuales en medios, cosa que también supone vivir en un estado de permanente agitación e indignación (antes había las mismas agresiones, sólo que no se publicaban). Cuando encima se comprueba que es algo totalmente generalizado y cotidiano pues ya se entiende cómo unos gañanes como esos se toman libertades tales y encima creen que le hacen un favor a la víctima que "disfruta más que ellos". Ése es el sentido de lo que dice Laia.

Y edito que justo acabo de leer a Irantzu Valle Cuando tocan a una, lo hacen para asustarnos a todas.

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