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 Asunto: Fútbol y mujeres
NotaPublicado: 20 Jun 2012, 16:00 
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Registrado: 30 Jun 2006, 21:57
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LA UTOPÍA DE FIN Y PRINCIPIO DE SIGLO ES EL GOL

Esto de que las mujeres hayan comenzado a bajar a las canchas de fútbol, al ring de boxeo, al ejército –espacios demarcados, conformados y gestualizados por la masculinidad– merece una reflexión, pues cuando se rigidiza el espacio político y la desesperanza de la masa es total, aparecen estos circos romanos. Por supuesto que las mujeres sienten atracción por los espacios que nunca han ocupado, y en los que siempre han sido espectadoras, no han tenido la experiencia de estar en un equipo vistiendo una misma camiseta, reconociéndose a sí mismas y a otras como capaces.

Sin embargo, esta experiencia sólo sirve a los hombres para corroborar el discurso moderno de la igualdad. Estas conquistas travestidas, validan la cultura de los varones, subsumiendo a las mujeres aún más en ella. Como ejercicio de tránsito por los escenarios masculinos no está mal, el peligro radica en imitar la cultura masculinista y sus valores como campo de entrenamiento del dominio, pues los deportes nacen y se perpetúan a través del entrenamiento simbólico de la guerra: someter al otro, derrotar al otro.

En el último campeonato mundial de Fútbol, ¿qué es lo que se nos transmitió? Siendo Francia la cuna de la revolución, la libertad y depositaria de la cultura centroeuropea, aparecen en la ceremonia inaugural cuatro gigantes varones que invaden París para converger en el centro de la ciudad como representantes de las razas y culturas de los cuatro continentes: el indio de América, el negro de África, el rubio sajón de Europa y el oriental de Asia. Estos cuatro gigantes simbolizan a las cuatro razas del mundo, como si las razas fueran cuatro y solamente de hombres, reduciendo los matices de cada continente y velando nuevamente los matices entre hombres y mujeres. La presencia de la mujer en este espectáculo fue simbólicamente evidente, aparecieron en una esquina, desde abajo, a tamaño natural y crecieron hasta las rodillas de los gigantes. Simbología que no es neutra, pues el mundo se lee corporalizado como un varón gigante y omnipotente al que no podemos llegarle sino hasta las rodillas. Una vez finalizado este breve homenaje que nos hicieron como género, las mujeres desaparecieron en un agujero en la tierra, para ocupar el sitial de la invisibilidad.

Estos gigantes simbólicos no son casuales, ni tampoco es casual que los hombres se lean como «los grandes representantes del mundo». Es tanta la omnipotencia de la masculinidad, que no perciben realmente dónde se gestan los problemas del mundo, problemas que sus propias lógicas y dinámicas crean y, que por lo tanto, no resolverán nunca.

Asimismo, opera el aparataje de admiración y exaltación a los jugadores que el fútbol destaca; el amor que se tienen a sí mismos, con expresiones sexuales de besos y abrazos en las canchas, unos tirados encima de otros en el césped. Los discursos de los comentaristas exaltan enamoradamente las condiciones físicas de estos ídolos, al tiempo que las hordas afiebradas que los siguen –fanatizadas de racismo, clasismo, nacionalismo–, se focalizan ahora hacia una camiseta, cuyos rostros pintados se convierten en banderas.

El deporte ha logrado reunir a más creyentes que ninguna ideología, aglomera a los desplazados del mundo y les repone la ilusión de la gloria. Nunca han existido expresiones más fanáticas, más masivas, más homogéneas y más funcionales a los intereses económicos que con el auge del deporte. Ya no hay gente en las calles reclamando injusticias sociales o los abismos que hoy atraviesa nuestra sociedad. Las calles quedan desiertas cuando los estadios están llenos.

El deporte además ha repuesto y legitimado la vieja idea y la práctica de la venta de los seres humanos. La gran paradoja que se da dentro de este juego es el acceso al bienestar desmedido de unos pocos, que la masa aplaude histéricamente. Hoy día es más importante un astro deportivo que un ser humano común, siendo exorbitantemente mejor pagado y más valorizado por la sociedad. El signo del dinero está marcando lo que pasa.

La masa futbolera, amando a sus semidioses deportivos, borra a los individuos, borra sus capacidades individuales, anula la visión crítica: el fanático no piensa, no cuestiona, está sometido a la creencia y a la adoración, remozando y recreando la idea del superhombre.

Tener campeones es importante para un país, a través de ellos exalta su nacionalismo, repone la identidad de unión y de superioridad frente a otros pueblos y, correlativamente, minimiza las diferencias sociales y de proyecto político. Discurso siniestro que enaltece la juventud, al mismo tiempo que la repudia. No se puede
negar que el sistema le teme a los jóvenes, pues siempre ha odiado lo que no entiende, lo distinto. Usa el fútbol para vigilarlos y los estadios para castigarlos. Los jóvenes, a su vez, en la furia exaltada del triunfo prestado o en la derrota demoledora, le pasan la cuenta de todas sus decepciones y carencias, rompiendo afuera, lo que llevan roto por dentro.

Todo este juego de inventar juegos responde a políticas de un mundo que no les da trabajo, conocimientos, ni oportunidades. Por ello, a través de las barras, el sistema los institucionaliza, los sitúa, los recupera, los encandila con el fanatismo. Es historia conocida, son los circos conocidos.

Estamos en el auge del triunfo de una cultura masculinista, racista, clasista, sexista, fóbica de la juventud y de la vejez no triunfantes. Y en este juego de hombres,
las mujeres somos apenas comparsas, aunque algunas accedan a la cancha. El viejo tópico de que el deporte hace una mente y un cuerpo sanos, es una más de las grandes mentiras de este siglo, no se puede negar la deformación anaeróbica de los músculos y el cuerpo usado como máquina de competencia, desarrollado como producto de la industria, al servicio de los grandescapitales y no de la humanidad.

La utopía del nuevo siglo ya no es la búsqueda de la igualdad social o el rechazo colectivo a las transgresiones a los individuos, a los pueblos perseguidos o el exterminio, a la hambruna, a las limpiezas étnicas, a los esencia lismos. Todas estas aberraciones son silenciadas con el grito de gol, ¿será el gol la utopía del nuevo siglo?

(Fragmento del libro "El triunfo de la masculinidad", de Margarita Pisano)

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"Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar. " (Mark Twain)


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Traducción al español por Huan Manwë
     
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