Fechado en 1970. Extraído de Hablan las Women’s Lib (Movimiento de Liberación de la Mujer), Ed. Kairós, 1972.
Si los blancos radicales piensan seriamente en una revolución, tendrán que descartar mucha ideología inconsecuente creada por, y para, los hombres blancos instruidos de clase media. La difundida teoría del consumo es un ejemplo de lo que habrá que desechar.
Tal como la han expuesto muchos pensadores de izquierda, y particularmente Marcuse, esta teoría sostiene que los consumidores son psíquicamente manipulados por los medios de comunicación de masas, con el fin de que deseen cada vez más bienes de consumo y de este modo refuercen una economía que depende de ventas crecientes. Esta teoría se considera particularmente aplicable a las mujeres, pues ellas hacen realmente la mayor parte de las compras, su consumo se halla relacionado a menudo con su situación de oprimidas (por ejemplo, maquillaje, jabón en flocos, etc.) y ellas son el blanco habitual de los anunciantes. Desde este punto de vista, la sociedad define a las mujeres como consumidoras y como objetos sexuales pasivos que los medios de difusión de masas encandilan con mercaderías. Por lo tanto, los que se benefician con la depreciación de las mujeres no son los hombres, sino la estructura corporativa del poder.
Aunque la teoría del consumismo haya adquirido en los últimos años la invulnerabilidad de un dogma religioso, tiene, como la mayor parte de los dogmas, por principal función defender los intereses de sus adeptos: en este caso, los privilegios clasistas, sexuales y raciales.
En primer término, no hay nada intrínsecamente erróneo en el consumo. Ir de compras y consumir son actividades humanas agradables y la plaza del mercado ha sido el centro de la vida social durante miles de años. El sistema del lucro es opresor no porque abunden los lujos triviales, sino porque las necesidades básicas no son atendidas. La localización de la opresión se halla en la función productiva; la gente no controla qué clase de mercaderías se producen (ni de qué servicios se puede disponer), en qué cantidades, bajo qué condiciones, ni tampoco cómo se distribuyen. Las empresas deciden, teniendo en cuenta exclusivamente las perspectivas de lucro. Resulta más provechoso producir mercaderías de lujo para los ricos (o para los pobres, a plazos, en condiciones de explotación) que producir y distribuir alimento, habitación, y servicios médicos, educacionales, recreativos y culturales, de acuerdo con las necesidades y deseos de la gente. Nosotros, los consumidores podemos aceptar o rechazar las mercaderías que nos ofrecen, pero no podemos influir en su calidad o modificar el sistema de prioridades.
Tal como se manifiesta, la profusión de mercaderías es una genuina y poderosa compensación de la opresión. Es un soborno, pero como todos los sobornos ofrece beneficios concretos: en el caso del norteamericano corriente, un nivel de confort físico sin paralelo en la historia. En las actuales condiciones, la gente se interesa por los bienes de consumo, no porque ha pasado por un lavado de cerebro, sino porque comprar es una actividad agradable que es permitida e incluso activamente fomentada por nuestros gobernantes. El placer de con¬sumir un helado será una satisfacción mínima si se la compara con un trabajo independiente e interesante, pero lo primero está a nuestra disposición y lo segundo no. Una familia pobre preferiría indudablemente obtener un apartamento decente antes que comprar un nuevo televisor, pero como no existe la más remota posibilidad de conseguir el apartamento, ¿qué ganaría con privarse del televisor?
Los radicales, que son en general saludablemente escépticos con respecto a fáciles explicaciones freudianas, se apresuraron, sin embargo, a aceptar esta teoría de la manipulación de los medios de difusión abiertamente inspirada en Freud, tal como fue vulgarizada por investigadores de mercado y sociólogos como Vance Packard (Marcuse reconoce la influencia de Packard en El hombre unidimensional). Esta teoría sostiene que los anuncios, programados para crear asociaciones inconscientes entre ciertos productos y profundos temores, deseos sexuales y necesidades de autoestima, inducen a la gente a comprar objetos en busca de satisfacciones que ningún producto puede proporcionar. Además las empresas, a través de los medios de difusión, crean deliberadamente temores y deseos, que sus pro¬ductos simulan satisfacer. Es decir: las mujeres no son solamente engañadas con mentiras y exageraciones -como, por ejemplo, la sugestión de que cierto perfume las haría sexualmente irresistibles- sino que, además, son psíquicamente in¬capaces de aprender a través de la experiencia y volverán a comprar pese a todas las decepciones, pues, de todos modos, la «necesidad» de ser sexualmente irresistibles es programada en ellas para que continúen comprando perfumes. Esta hipótesis de distorsión psíquica tiene por base el erróneo supuesto de que salud mental y antimaterialismo son sinónimos.
Aunque tenga que enfrentar los engaños y fantasías del sistema comercial, la gente en general compra mercaderías por motivos prácticos de su propio interés. Una lavadora hace más fácil el trabajo de la ama de casa (puesto que no hay socialización del trabajo doméstico); la Excedrina suprime efectivamente el dolor de cabeza; un automóvil es realmente un medio de transporte. Si alguien es inducido a comprar un producto por un anuncio engañoso, se trata de una explotación; nada tiene que ver con un lavado de cerebro.
La publicidad, en realidad, es un compendio práctico para la economía del consumidor, que constantemente nos recuerda lo que tenemos a nuestra disposición y nos alienta a satisfacernos. Funciona (es decir, estimula las ventas) porque comprar es el único juego que hay en la ciudad, y no vice versa. Los anuncios sugieren temores mórbidos (por ejemplo el miedo al mal olor corporal) o falsas esperanzas (de irresistibilidad) y los compradores frente a múltiples e indiscernibles marcas de un producto pueden elegir según la sugestión del anuncio: ¿qué otro método sería mejor? Es el viejo juego de cuidarse de los engaños. El engaño cuenta con la ingenuidad del comprador y la gente aprende a resistir al engaño a través de la experiencia. Hay grupos particularmente vulnerables, como esa gente mayor, sin experiencia previa -individual o histórica- que la guiara cuando la cornucopia del consumo se desarrolló bruscamente después de la Segunda Guerra Mundial; y los pobres que no tienen bastante dinero para aprender, a través del método de la experiencia, el error y la desilusión, a volverse consumidores sagaces. El constante refinamiento de las pretensiones de los anuncios, sus efectos visuales, etc., revelan que la experiencia insensibiliza. Nadie cree realmente que fumar la marca X de cigarrillos la vuelve a una sexy. La función del sexo en un anuncio es probablemente lo obvio -atraer la atención hacia el anuncio- y no lograr que la gente «identifique» sexualidad y producto. El efecto principal del marcado énfasis sexual publicitario fue estimular una preocupación hacia el sexo, lo que viene a demostrar que no es fácil derivar hacia otros fines un impulso humano fundamental. Madison Avenue viene alejándose de las técnicas «motivacionales» y desarrollando las estéticas: especialmente los comerciales de televisión se han vuelto extraordinariamente inventivos desde el ángulo visual. De ello se deduce que, o el enfoque de la psicología profunda nunca llegó a funcionar, o dejó de hacerlo a medida que los consumidores se volvían más duchos.
La teoría de que las empresas crean nuevas necesidades psicológicas para vender su material es, asimismo, insubstancial. No hay prueba de que la propaganda pueda por sí misma crear un deseo; ocurre en realidad que trae a la conciencia un deseo latente, al sugerir que están disponibles los medios de satisfacerlo. Se trata de una convicción supersticiosa: subyace en ella la implicación de que el opresor es diabólicamente inte¬ligente (aprendió a controlar las almas) y de que los medios de difusión tienen poderes mágicos. Confunde también los efectos y las causas, y simplifica drásticamente las relaciones entre la ideología y las condiciones materiales. No nos han enseñado a tener aversión por nuestro olor para poder vendernos desodorantes; los desodorantes se venden porque tener mal olor tiene consecuencias sociales. Y la actitud negativa respecto de nuestros cuerpos, que ha hecho posible inventar y vender desodorantes, se halla profundamente arraigada en nuestra cultura anti-sexual, que a su vez ha sido formada por modos de producción explotadores y por el antagonismo de clase entre hombres y mujeres.
La confusión entre causa y efecto es particularmente evi¬dente en el análisis consumista de la opresión de las mujeres. Estas no son manipuladas por los medios de difusión para que sean sirvientas domésticas y sexualmente decorativas e insen¬atas, con el fin de vender jabón y laca para el cabello. Ocurre, por el contrario, que esta imagen refleja a las mujeres tal como son forzadas por los hombres a comportarse en una sociedad sexista. La supremacía del hombre es la forma más antigua y básica de explotación clasista, no algo inventado por un inteligente agente de propaganda. El daño real que hacen los medios de difusión con la imagen de la mujer que proponen es sostener el statu quo sexista. En cierta medida la propaganda de la moda, los cosméticos y la «higiene femenina» se dirigen más a los hombres que a las mujeres. Sugieren al hombre que las mujeres deben recurrir a todos los adornos de la esclavitud sexual, expectativa que las mujeres tienen, entonces, que satisfacer si quieren sobrevivir. Que los anunciantes explotan la subordinación de las mujeres más bien que la crean es ahora evidente, desde que la moda, y los productos de belleza e higiene masculinos, han llegado a ser grandes negocios. En contraste con la propaganda de productos femeninos, que sugieren «use esto y él la querrá» (o «si usted no usa esto, él no la querrá») la propaganda para el sector masculino afirma: «Usted también puede deleitarse con un perfume y ropas de colores vivos; no se preocupe, esto no le hace femenino». Aunque los anunciantes cuidan de destacar qué viriles son esos productos (dán-doles nombres como «Brut», mostrando al hombre que los usa en una cacería o coqueteando con mujeres admirativas que, dicho sea de paso, son apenas objetos decorativos cuando la venta se propone al hombre) nunca pretenden que dicho producto sea esencial a la masculinidad (como el maquillaje es esencial a la feminidad) sino sólo que es compatible con ella. Para convencer a un hombre de que compre algo, una propaganda debe dirigirse a su deseo de autonomía y libertad frente a las restricciones convencionales; para convencer a una mujer debe dirigirse a su necesidad de agradar al opresor masculino.
Para las mujeres, comprar y usar vestidos y productos de belleza no es propiamente consumo, sino trabajo. Una de las tareas femeninas en esta sociedad es ser un objeto sexual atrayente, y las ropas y el maquillaje son instrumentos de trabajo. Asimismo, comprar alimentos y artefactos caseros es una tarea doméstica; es trabajo femenino elegir los productos que serán consumidos por toda la familia. Los aparatos y los pro¬ductos de limpieza son instrumentos que facilitan las funcio¬nes domésticas. Cuando una mujer gasta una suma de dinero y de tiempo decorando su hogar o decorándose a sí misma, buscando insistentemente la mejor aspiradora, no se trata de una gratuita complacencia consigo misma (y no hablemos del resultado de una manipulación psíquica) sino de un saludable intento de encontrar una salida para sus energías creadoras, dentro de su limitado ámbito.
Existe el arraigado mito de que la mujer tiene el control del dinero de su marido, porque es ella quien lo gasta. En realidad, no tiene mucha más autonomía financiera que el empleado de una empresa encargado de comprar el mobiliario y los pertrechos de una oficina. El marido, especialmente si es rico, puede permitir a su mujer cierta amplitud en los gastos, puede considerar que, ya que tiene que trabajar en la casa, posee el derecho de amueblarla a su gusto, o sencillamente prefiere no molestarse por detalles domésticos; pero conserva un derecho de veto final. Si no le gusta el manejo de su dinero que hace su mujer, se lo dirá. En la mayoría de los hogares, particularmente en la clase trabajadora, la mujer no puede hacer gastos importantes, de carácter personal o en su función de sirvienta¬-objeto, sin consultar al marido. Y, según las estadísticas, lo más corriente es que sea el marido quien tome las decisiones definitivas respeto al mobiliario y los aparatos, y asimismo a otros gastos mayores, como casas, coches y vacaciones.
La teoría del consumismo es el producto de un anti-materialismo aristocrático, de orientación europea, cuya base es un resentimiento de la clase alta contra la ascensión de la burguesía vulgar. Los intelectuales radicales se sintieron atraídos por esta posición esencialmente reaccionaria (los puntos de vista de Herbert Marcuse sobre la cultura de masa son sorpren-dentemente semejantes al de los teóricos conservadores como Ernest Van Den Haag) porque satisfacía a la vez su disgusto del capitalismo y su sentimiento de superioridad frente a la clase trabajadora. Este elitismo es evidente en la convicción radical de que han desenmascarado al sistema, mientras el trabajador corriente es víctima del lavado de cerebro que impo¬nen los medios de difusión. Es extraño que nadie pretenda que la clase gobernante es oprimida por las mercaderías; al parecer, los ricos consumen por libre determinación. En última instancia, este punto de vista lleva a atribuir una estéril trascendencia a las soluciones individuales -si solamente los descarriados rechazaran su existencia «plástica» y se mudaran a los alojamientos de East Village- y a sostener que la gente resulta oprimida porque es estúpida o enferma. Lo odioso de esta actitud radica en el hecho de que los radicales sólo pueden mantener su existencia «prescindente» mientras suficientes trabajadores supuestamente sometidos a lavado de cerebro mantengan la economía en movimiento.
El consumismo aplicado a las mujeres es claramente sexista. La imagen generalizada de la consumidora femenina de cabeza vacía, que irrita constantemente la paciencia del marido con sus compras extravagantes, contribuye a afianzar el mito de la superioridad masculina: las mujeres son incapaces de gastar racionalmente el dinero; todo lo que necesitan para sentirse felices es un sombrero nuevo de vez en cuando. Hay un estereotipo racial análogo: el negro con su Cadillac y sus camisas de color rojizo. Además, el punto de vista del con¬sumismo permite a los hombres hurtarse al reconocimiento de que explotan a las mujeres, al atribuir su opresión exclusi¬vamente al capitalismo. Encaja muy bien en la teoría radical existente y sus intereses, ahorrando el esfuerzo de tratar los verdaderos problemas de la liberación de las mujeres. Y, al dividir a las mujeres, retarda la lucha contra la supremacía varonil. Lo mismo ocurre en el movimiento masculino. La creencia en el consumismo alienta a las mujeres radicales a tratar con arrogancia a otras mujeres, porque tratan de sobrevivir de la mejor manera posible, y conservar sus ilusiones individualistas.
Si pretendemos suscitar un movimiento de masas tenemos que admitir que ninguna decisión individual, como rechazar el consumo, puede liberarnos. Debemos dejar de discutir respecto de cuál estilo de vida es preferible (secretamente confiados en que lo es el nuestro) y dedicarnos a la tarea de luchar colectivamente contra nuestra propia opresión y contra los modos en que nosotros oprimimos a los demás. Cuando hayamos encontrado una alternativa válida para el sexismo, el racismo y el capitalismo, el problema del consumidor, si realmente es un problema, se resolverá por sí mismo.
Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 25 Abr 2012, 21:34
Registrado: 24 Jun 2004, 16:37
pues hay varias cosas con las que no estoy de acuerdo.No hace falta pensar mucho para percibir que nos crean nuevas necesidades y que la publicidad tiene un poder real muy grande.
En pruebas ciegas del mismo producto de distntas marcas, se obtiene un porcentaje de preferencia de la marca A, la B y la C. Esos porcentajes varían cuando al consumir, los encuestados saben qué marca consumen. Ese porcentaje es el del valor de marca. Ese valor de marca es simplemente algo emocional, una sugerencia de factores. No es que seamos más idiotas, es que no somos sólo racionales.
Citar:
Nadie cree realmente que fumar la marca X de cigarrillos la vuelve a una sexy.
Nadie cree que X marca conlleva unos atributos? coge a 5 personas y pregúntale por ¿qué le sugiere la marca que sea?: y no...la gente no asocia lo mismo a lancome que a deliplus, a philips, a sony, a adidas, a fairy. eso que nos sugiere está en el subconsciente...y esa es una parte importante del consumo. Vamos, es que te vas a cualquier biblioteca sobre temas de marketing y publicidad, y comportaiento del consumidor y lo ves claro. Y esa gente no se deja el dinero en cosas que no sirven. Y puede parecernos "mentira" que unas formas sugieran esto, los colores aquello...pero funciona. Y lo llaman neuromarketing, y estudian estas cosas pa vendernos tonterías que racionalmente no compraríamos.
por cada producto que "necesitamos", comparmos 3 que no. Siguiendo con el camino de la higiene y de lo femenino: a santo de qué ahora venden tampones con aroma? sí sí, os lo juro...tampax vende tampones con aroma...para que las titis se metan colonia en el chumino. Increíble...y se venden.
"
Citar:
No hay prueba de que la propaganda pueda por sí misma crear un deseo
" Se venden geles íntimos que te pueden joder la flora y empeorar cándidas vaginales, esto mencionado por varias ginecólogas...pero se venden. Eso es una necesidad creada. Y una inseguridad creada. Y nadie los buscaba hasta que aparecieron por la tele.
este artículo no sé si propone que los humanos somos todo racionalidad...cosa rematadamente incierta. Pocos anuncios apelan a lo racional. Lo que sí es cierto es que las consumistas no somos sólo las mujeres. Las mujeres son (publicitariamente hablando) el grupo clave para la cosmética. Los hombres suelen serlo para la tecnología.
"
Citar:
En cierta medida la propaganda de la moda, los cosméticos y la «higiene femenina» se dirigen más a los hombres que a las mujeres. Sugieren al hombre que las mujeres deben recurrir a todos los adornos de la esclavitud sexual, expectativa que las mujeres tienen, entonces, que satisfacer si quieren sobrevivir
. " falso: si encuestamos a la población, veremos que las mujeres recuerdan mejor estos anuncios que los hombres...que meten todos esos en un saco...porqe saben que no son "el target"...no se identifican, no va con ellos. Ellos se fijan en los de coches.
Eso de de publicidad básica, no sé que pretenden con este artículo.
"
Citar:
Para las mujeres, comprar y usar vestidos y productos de belleza no es propiamente consumo, sino trabajo. Una de las tareas femeninas en esta sociedad es ser un objeto sexual atrayente, y las ropas y el maquillaje son instrumentos de trabajo. Asimismo, comprar alimentos y artefactos caseros es una tarea doméstica; es trabajo femenino elegir los productos que serán consumidos por toda la familia. Los aparatos y los pro¬ductos de limpieza son instrumentos que facilitan las funcio¬nes domésticas. Cuando una mujer gasta una suma de dinero y de tiempo decorando su hogar o decorándose a sí misma, buscando insistentemente la mejor aspiradora, no se trata de una gratuita complacencia consigo misma (y no hablemos del resultado de una manipulación psíquica) sino de un saludable intento de encontrar una salida para sus energías creadoras, dentro de su limitado ámbito
."
que una mujer se ve presionada socialmente para mantener su rol es una cosa...que este intentando encontrar salida a sus energías creadoras me parece soberana memez.
Citar:
La teoría del consumismo es el producto de un anti-materialismo aristocrático, de orientación europea, cuya base es un resentimiento de la clase alta contra la ascensión de la burguesía vulgar. Los intelectuales radicales se sintieron atraídos por esta posición esencialmente reaccionaria (los puntos de vista de Herbert Marcuse sobre la cultura de masa son sorpren-dentemente semejantes al de los teóricos conservadores como Ernest Van Den Haag) porque satisfacía a la vez su disgusto del capitalismo y su sentimiento de superioridad frente a la clase trabajadora.
este párrafo no hay dios que lo entienda.
Citar:
El consumismo aplicado a las mujeres es claramente sexista. La imagen generalizada de la consumidora femenina de cabeza vacía, que irrita constantemente la paciencia del marido con sus compras extravagantes, contribuye a afianzar el mito de la superioridad masculina: las mujeres son incapaces de gastar racionalmente el dinero; todo lo que necesitan para sentirse felices es un sombrero nuevo de vez en cuando. Hay un estereotipo racial análogo: el negro con su Cadillac y sus camisas de color rojizo. Además, el punto de vista del con¬sumismo permite a los hombres hurtarse al reconocimiento de que explotan a las mujeres, al atribuir su opresión exclusi¬vamente al capitalismo. Encaja muy bien en la teoría radical existente y sus intereses, ahorrando el esfuerzo de tratar los verdaderos problemas de la liberación de las mujeres. Y, al dividir a las mujeres, retarda la lucha contra la supremacía varonil. Lo mismo ocurre en el movimiento masculino. La creencia en el consumismo alienta a las mujeres radicales a tratar con arrogancia a otras mujeres, porque tratan de sobrevivir de la mejor manera posible, y conservar sus ilusiones individualistas.
pero estas pedorras lo que quieren es comprar un sombrero de vez en cuando? el mito de la mujer consumidora de cabeza vacía es sexista, claramente. Pero no porque no exista ese perfil, que existe. Sino porque no se contrasta con el hombre que se deja en cacharritos hipertecnológicos que sirven para una mierda (sobretodo para presumir, marcar status). Los hombres se dejan tanto dinero como las mujeres pero en otras chuminadas. Puedo estar de acuerdo en que solamente se ha mencionado el de "la maruja", creando un esteriotipo claramente sexista.
Citar:
Si pretendemos suscitar un movimiento de masas tenemos que admitir que ninguna decisión individual, como rechazar el consumo, puede liberarnos. Debemos dejar de discutir respecto de cuál estilo de vida es preferible (secretamente confiados en que lo es el nuestro) y dedicarnos a la tarea de luchar colectivamente contra nuestra propia opresión y contra los modos en que nosotros oprimimos a los demás. Cuando hayamos encontrado una alternativa válida para el sexismo, el racismo y el capitalismo, el problema del consumidor, si realmente es un problema, se resolverá por sí mismo.
pues el consumismo y el crecimiento infinito tiene sus días contados, así que más bien, pedorritas, se deberían poner las pilas en encontrar otros entretenimientos en la ciudad. Eso sí, no los sugerirá Carrie en Sexo en N.Y.
No, el feminismo per sé no me sirve. Necesito algo más para ser libre, anticapitalismo, ecologismo, anti autoritarismo. no me vale con un sombrero al mes. intentan justificar en base al feminismo su consumismo? lo que me faltaba...
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¿Y qué pasa si el cambio climático es un engaño y estamos creando un mundo mejor para nada?
Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 25 Abr 2012, 22:08
Registrado: 12 Abr 2007, 21:09
Mmmm. Es un texto de 1970, no actual, creo que hay que tenerlo en cuenta. Y una mujer casada en 1970 había sido adolescente quizá a mediados de los 50 o los 60. No sé, creo que el panorama de la mujer casada en EEUU entonces (al menos las de clase media) era bastante diferente del actual... no veo tan fuera de sentido que hagan esa reflexión de que "ser guapa, etc." es su trabajo. Con el resto del artículo no estoy de acuerdo, eh? Pero hay un par de cosillas así que sí me hacen pensar un poco.
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(Léo Ferré)
Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 25 Abr 2012, 22:12
Registrado: 24 Jun 2004, 16:37
vale, ok...como digo, el "mito de que el consumismo y el estado de las cosas lo mantienen las mujeres"... eso me recuerda a que alguna vez me han contado (aprovecho para pedir que me lo corroboren) que buena parte de las izquierdas en ejpaña se oponían al voto de la mujer, porque ésta "era más conservadora" y "votaría lo que le dijese el cura"...
ciertamente una cosa son los esteriotipos...pero vamos, que me parece increíble ciertas mentiras sobre la publicidad (quizá por aquel entonces no estaba tan desarrollada...pero aseguro que leyendo un poco sobre el tema, se aprende mucho sobre comportamientos de consumo...cosa interesante para desarrollar tanto contrapublicidad, como talleres contra el consumo, etc.). pero también...pues eso, cierta unidad que yo no puedo tener...yo no puedo estar del mismo lado que cualquier feminista.
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Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 25 Abr 2012, 22:18
Registrado: 30 Jun 2006, 21:57
Al final, Yoskan, leíste el artículo a través de una conclusión preconcebida y bien facilona: "intentan justificar en base al feminismo su consumismo"
Sólo una lectura muy rápida y superficial sugeriría eso.
Yo en general concuerdo con algunas críticas que haces, sobre todo respecto al poder que tiene la publicidad sobre el consumo (especialmente de las mujeres), pero las mismas me parecen sólo un matiz necesario de hacer y no constituyen, a mi juicio, un argumento contra el fundamento que defiende el texto, a saber: que el consumismo se ha estereotipado en la mujer, en base a prejuicios sexistas, que además se encuentran tras elaboradas teorías (que tampoco descarto de plano) que perpetúan esta visión. Y esta tesis no la había encontrado en otra parte salvo en este artículo.
No seré yo quien argumente contra la existencia de una "imbecilidad" generalizada. Precisamente, estoy de acuerdo con la visión de que con el desarrollo del capitalismo ("espectacular", siguiendo a los situacionistas) nuestras vidas mismas pasan a un segundo plano para contemplar la "vida de las mercancías". Pero aún así, lo que nos venden (y compramos) no es puramente basura, sino que por lo menos tiene una utilidad (material o sicológica) dentro del mismo sistema. En lugar de matizar, tú le otorgas un poder excesivo a la publicidad, que es la cara más visible (pero no la más profunda e importante) del espectáculo.
Citar:
Aunque tenga que enfrentar los engaños y fantasías del sistema comercial, la gente en general compra mercaderías por motivos prácticos de su propio interés. Una lavadora hace más fácil el trabajo de la ama de casa (puesto que no hay socialización del trabajo doméstico); la Excedrina suprime efectivamente el dolor de cabeza; un automóvil es realmente un medio de transporte. Si alguien es inducido a comprar un producto por un anuncio engañoso, se trata de una explotación; nada tiene que ver con un lavado de cerebro.
Me parece que esta frase es clara. No se trata de necesidades "inventadas" e "insertadas" en las cabezas vacías de las mujeres, sino de necesidades reales (quizás creadas por la misma dinámica del sistema, lo que no altera el argumento), las que pueden, posiblemente, ser intensificadas o guiadas, pero que de todas maneras existen.
yoSkAn escribió:
Citar:
La teoría del consumismo es el producto de un anti-materialismo aristocrático, de orientación europea, cuya base es un resentimiento de la clase alta contra la ascensión de la burguesía vulgar. Los intelectuales radicales se sintieron atraídos por esta posición esencialmente reaccionaria (los puntos de vista de Herbert Marcuse sobre la cultura de masa son sorpren-dentemente semejantes al de los teóricos conservadores como Ernest Van Den Haag) porque satisfacía a la vez su disgusto del capitalismo y su sentimiento de superioridad frente a la clase trabajadora.
este párrafo no hay dios que lo entienda.
¿Lo dices en serio? Una cosa es estar de acuerdo, otra no entender. ¿En que parte te perdiste?
No sé que te molestó tanto del texto, al punto de llamar repetida y desdeñosamente "estas pedorras" a la autora (que es una, no sé porque aplicas el plural). ¿La falta de adjetivos a su feminismo? En todo caso, la crítica anticapitalista existe claramente en el artículo.
Insisto, yo matizaría el argumento de que en realidad las mujeres consumirían por necesidad y no porque les lavaron el cerebro, pero tampoco este aparece así de burdo en el artículo, el cual en ninguna parte justifica el consumismo, sino que lo pretende situar en un contexto histórico-social e intenta desmitificar su prejuicio sexista.
_________________ "Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar. " (Mark Twain)
Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 25 Abr 2012, 22:32
Registrado: 24 Jun 2004, 16:37
fallo mío no haber vistoq ue era de 1970..aún así, tieen frases, comoya he señalado, que son aberantes desde una perspectiva anticapitalista. Ella se caga continuamente en "las radicales" que pretenden "disminuir el consumo". Acaso no hemos leído el mismo artículo? pa mí, una tipa que dice que un sombrero al mes hace felices a las mujeres, es una pedorra, claro que sí.
Creo que existen otras formas de plantear el esteriotipo de "la mujer como pilar del consumo", y de hecho, aunque ahora no te pueda pasar ningún otro artículo, tengo en lo profundo de mi memoria el recuerdo de que he leído alguna otra cosa mejor...mejor para desmontar ese mito.
Este artículo NO desmonta el mito...justifica el consumo de las mujeres. O así lo he leído yo. No conocía el texto, no podía tener una idea preconcebida, por lo que se meha ido formando la idea según leía el texto.
Verás, este texto, para mí, cae en el juego de "justificar que las mujere compran cosas", "que esas cosas son necesarias/útiles", más que realmente intentar desmontar un mito como el de la mujer consumista, parece que lo avalase: nosotras no somos consumistas, el maquillaje es nuestro trabajo, y decorar la casa nuestra creatividad. Y además, se queja de que a las que llama "las radicales" imploren otra forma de romper con esto. Este feminismo, apra mí,caería en el victimismo que tanto se menciona, en vez de hacer frente a su opresión. En vez de romper sus cadenas, simplemente quiere que no se le mire mal por "comprar un producto esencial para su trabajo"? Yo quiero que no se conciba como producto esencial para mi trabajo.
E insisto, frente a ese esteriotipo de mujer consumista, cabría imponer el de "hombre consumista", ya que el dinero que mueven los hombres es mucho mayor que el que mueven las mujeres. Bastaba con eso, no con unas perífrasis verborréicas sobre defender lo que las mujeres compran...por el hecho de defender a as mujeres. Las mujeres cometemos errores. No hay que justificar todos los errores que cometen "las mujeres". Comoo mucho, podemos explicar de dónde vienen: educación, claro, un rol que cumplir. Pero justificarlos es no avanzar nunca. Es simplemente decir que estamos debajo y somos adornos porque nos educan así. No es romper nuestras cadenas, simplemente es justificar que ahí están. Como si fuera psicoanálisis...
Me molesta el texto por todo eso... porque no lo veo útil para nada. No sé cómo sería en los 70...pero ahora veo que lo poco que aporta, se podría aportar ucho mejor y con otra crítica y otro enfoque. Pero ey, esta e suna buena forma de recordar que hay varios feminismos, que no pensamos todas con el mismo cerebro mujeril, y que tenemos opiniones propias, diversas, y no hay lobby que nos amrque la agenda. En ese sentido, es positivo.
Y no sé pq te tienes que tomar a mal que critique este artículo, la verdad. Ni que te llamase a ti pedorro...se lo he llamado a la tipa.
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Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 25 Abr 2012, 22:56
Registrado: 12 Abr 2007, 21:09
Citar:
pa mí, una tipa que dice que un sombrero al mes hace felices a las mujeres, es una pedorra, claro que sí.
es que no dice eso, critica el estereotipo que sí lo hace.
Citar:
En vez de romper sus cadenas, simplemente quiere que no se le mire mal por "comprar un producto esencial para su trabajo"? Yo quiero que no se conciba como producto esencial para mi trabajo.
Ya, y yo también. Pero estoy de acuerdo en que (hablamos de 1970, y no habla de "las radicales" sino de "los radicales") no se solucionan las cosas considerando que las mujeres son estúpidas porque quieren lavadoras. Tal vez esa mujer necesitaba realmente un sombrero al mes, o la laca, o lo que fuera para mantaner a su marido unido a ella, y ese marido es la única forma que tiene de obtener dinero.
También me parece interesante el análisis de que la inseguridad respecto al propio cuerpo no la crea la publicidad capitalista solamente, sino las relaciones de poder patriarcales en general. Antes de existir estos productos de consumo relacionados con la belleza, ya existía el ansia de ser atractiva par cazar un buen marido.
Entiendo ese artículo como una crítica más a hombres de izquierda radical que exageraban el estereotipo del ama de casa consumista.
_________________ Tienen una bandera negra,
a media asta sobre la esperanza.
(Léo Ferré)
Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 26 Abr 2012, 02:59
Registrado: 30 Jun 2006, 21:57
Es que hemos entendido cosas muy distintas, yoskan. Aquitania también te lo ha hecho ver. Y perdona, me parece que no es sólo una interpretación distinta, lo tuyo raya en la distorsión y no entiendo porque tanto ahínco en ello. No pretendo -ni creo que haya sido la pretensión de este artículo- celebrar y justificar todo lo que hagan o dejen de hacer las mujeres. Al contrario, se propone un análisis crítico, que desmitifica actitudes no para decir que meramente existen, sino para superarlas.
Citar:
La teoría de que las empresas crean nuevas necesidades psicológicas para vender su material es, asimismo, insubstancial. No hay prueba de que la propaganda pueda por sí misma crear un deseo; ocurre en realidad que trae a la conciencia un deseo latente, al sugerir que están disponibles los medios de satisfacerlo. Se trata de una convicción supersticiosa: subyace en ella la implicación de que el opresor es diabólicamente inte¬ligente (aprendió a controlar las almas) y de que los medios de difusión tienen poderes mágicos. Confunde también los efectos y las causas, y simplifica drásticamente las relaciones entre la ideología y las condiciones materiales. No nos han enseñado a tener aversión por nuestro olor para poder vendernos desodorantes; los desodorantes se venden porque tener mal olor tiene consecuencias sociales. Y la actitud negativa respecto de nuestros cuerpos, que ha hecho posible inventar y vender desodorantes, se halla profundamente arraigada en nuestra cultura anti-sexual, que a su vez ha sido formada por modos de producción explotadores y por el antagonismo de clase entre hombres y mujeres.
Este es un argumento que puede -y debe- ser discutido, pero en ningún caso tiene las características que tú le estas atribuyendo al texto en general. También aquí hay una crítica explícita a la sociedad de clases. Y es sólo un extracto que he tomado como ejemplo. Por otro lado, tu obsesivo énfasis en el poder de la publicidad puede ser criticado con esta frase: "Confunde los efectos y las causas, y simplifica drásticamente las relaciones entre la ideología y las condiciones materiales."
yoSkAn escribió:
Verás, este texto, para mí, cae en el juego de "justificar que las mujere compran cosas", "que esas cosas son necesarias/útiles", más que realmente intentar desmontar un mito como el de la mujer consumista, parece que lo avalase: nosotras no somos consumistas, el maquillaje es nuestro trabajo, y decorar la casa nuestra creatividad.
El texto dice algo bien distinto:
Citar:
Para las mujeres, comprar y usar vestidos y productos de belleza no es propiamente consumo, sino trabajo. Una de las tareas femeninas en esta sociedad es ser un objeto sexual atrayente, y las ropas y el maquillaje son instrumentos de trabajo. Asimismo, comprar alimentos y artefactos caseros es una tarea doméstica; es trabajo femenino elegir los productos que serán consumidos por toda la familia. Los aparatos y los pro¬ductos de limpieza son instrumentos que facilitan las funcio¬nes domésticas. Cuando una mujer gasta una suma de dinero y de tiempo decorando su hogar o decorándose a sí misma, buscando insistentemente la mejor aspiradora, no se trata de una gratuita complacencia consigo misma (y no hablemos del resultado de una manipulación psíquica) sino de un saludable intento de encontrar una salida para sus energías creadoras, dentro de su limitado ámbito.
Es decir, que el verse "bellas" responde a necesidades sociales generadas por el capital. Y no se celebra la "decoración del hogar", sino que se explicita que en ese reducido ámbito -y reducido, de nuevo, por la propia sociedad clasista- las mujeres pueden desplegar algo de su creatividad amputada, y no es meramente expresión mecánica de lo que la publicidad les ordena que hagan. Por supuesto, no se sigue de todo esto que las mujeres estén bien decorando su hogar porque están siendo creativas. Eso es absurdo.
En fin. Volviendo a recordar que considero acertadas algunas de tus críticas, tu actitud general me parece desproporcionada e injustificada.
_________________ "Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar. " (Mark Twain)
Asunto: Re: "Las mujeres y el mito del consumismo"
Publicado: 27 Abr 2012, 12:17
Registrado: 24 Jun 2004, 16:37
mira no sé, te aseguro que yo no lo estaba leyendo con una mala predisposición, pero según leía me iba encabronando. Será qe no comprendí bien el texto, pero hay cosas que me siguen apreciendo malinterpretables, o con las que no cincido.
lamento si la actitud o ha sido la mejor, igual estaba "a la que salta" con ciertos temas., mis disculpas (me he equivocao, no volverá a ocurrir )
en otro momento si eso releeré el texto y veré...pero de verdad que yo al principio lo estaba leyendo con toda la buena predisposición que tengo cuando se cuelga un texto que trata sobre temas de género y que no se ha sacado de sindorme_de_alienacion_parental.blogspot.com, todasputas, o similares...
_________________ Tanto gilipollas y tan pocas balas.
¿Y qué pasa si el cambio climático es un engaño y estamos creando un mundo mejor para nada?
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