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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 12 Dic 2013, 21:30 
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¿eso no sería algo similar a Bolivia, con el reconocimiento del derecho indígena (que no es que sea la panacea...)?

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- Si quieres tener una visión del futuro, imagina una bota pisoteando un rostro humano... para siempre.


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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 13 Dic 2013, 09:40 
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Citar:
Que existen fórmulas de municipalismo libertario que aunque se opone al Estado, acepta su existencia si hay un mutuo reconocimiento.


No, aceptan su existencia porque no les queda más remedio.

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When the Union's inspiration through the workers' blood shall run,
There can be no power greater anywhere beneath the sun


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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 27 Dic 2013, 09:52 
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Ubicación: Paciencia
Registrado: 28 Abr 2009, 19:57
Como documento. Desconozco en qué contexto lo leyó.


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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 12 Jun 2014, 09:31 
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ahora sí que se entiende de qué va el rollo:


Apuntes sobre las comunas bolivarianas

Marco Teruggi

Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía cómo se construye el socialismo.
Fidel Castro Ruiz, 17.11.05.

Han pasado quince años desde que se inició en Venezuela el proceso político conocido como revolución bolivariana. Quince años en los que un pueblo junto a un hombre, el comandante Hugo Chávez, volvieron a encauzar la historia en una dirección: el socialismo, el del siglo XXI, bolivariano, que es decir profundamente venezolano y nuestroamericano.

Volvieron a proponer el desafío más grande, el de la transición, la salida del capitalismo. El proceso de “devolverle al cuerpo social los poderes usurpados”, como lo definió el pensador y militante Aldo Casas. Para eso probaron, armaron y desarmaron, buscando las mejores formas y contenidos, haciendo propia la máxima de Simón Rodríguez –maestro de Simón Bolívar-, “inventamos o erramos”. Y esos ensayos fueron hechos desde esa certeza: el poder debe regresar al pueblo, un pueblo necesariamente organizado.

En esa búsqueda, ese camino conducido centralmente por Hugo Chávez y apropiado por la mayoría, aparecieron las comunas (su ley orgánica se remonta al 2009, la de los consejos comunales, sus cimientos, al año 2006). Éstas fueron concebidas desde el principio como un paso en un horizonte de más, un más que en el proceso venezolano tomó el nombre de Estado Comunal. El viejo y vital proyecto, el de “pulverizar el Estado burgués”, como dejó escrito Hugo Chávez en el plan de gobierno para el período 2013-2019.

Intentar acabar con lo existente, lo heredado (burocrático, excluyente, opresivo) significó en el proceso bolivariano -y lo sigue siendo de manera cada vez más urgente- poner en pie lo nuevo: una nueva institucionalidad conformada desde el pueblo, hecha por millones, enraizada en cada territorio. Ir sentando las bases de una nueva forma estatal, de la vida misma de las comunidades. Por eso las coordenadas principales de las comunas fueron desde sus inicios dos: autogobierno y autogestión.

Una posible fotografía actual

Existen en este momento 632 comunas registradas en el país, y más de 800 en construcción. No hay un estado (provincia) venezolana donde no exista una comuna en pie. Las cifras para esta fecha en el año anterior eran muy diferentes: menos de 40 comunas registradas -la primera lo había sido en agosto del 2012-, y un desconocimiento estatal y popular acerca de la cantidad real. Las comunas eran para muchos solamente un proyecto de Hugo Chávez con un correspondiente ministerio creado para tal fin -el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Protección Social, desde el año pasado renombrado como Comunas y Movimientos Sociales.

Fue a partir de mediados del 2013 que el proceso de expansión comunal tomó fuerza, instalándose como un actor dinámico y protagónico dentro de la revolución. Hasta ese momento si bien existían comunas, impulsadas por algunos movimientos populares, no había una decisión estatal de empujar el pleno desarrollo comunal, de permitir un crecimiento que en muchos casos ya contaba con los cimientos desarrollados.

Porque la organización popular estaba ahí, entre los miles de consejos comunales (casi 40 mil según el censo de octubre del 2013), estaban dadas las condiciones para un nuevo paso. Por eso la multiplicación no fue una sorpresa: el tiempo de la organización popular no era el del Estado, corría más rápido, diferente. Cuando el Ministerio -en su cambio de gestión a partir de mayo del 2013- simplificó los trámites para el registro comunal se encontró con comunas que llevaban hasta 5 años esperando su legalización -no así su legitimación.

Las comunas eran un pedido popular, un nuevo paso a dar en la maduración de un proceso organizativo de varios años. Representaban una necesidad sentida por muchos de responder al llamado hecho por Hugo Chávez en su discurso de gabinete del 20 de octubre del 2012, conocido como Golpe de Timón: comunas o nada. Porque ese había sido el último mensaje, la última orientación estratégica del comandante, el pedido desesperado, la conspiración para millones.

De esta manera en el transcurso de un año se fue conformando una nueva identidad política dentro del proceso revolucionario: la de los comuneros y comuneras, hombres y mujeres del chavismo de base, de avanzada, organizados anteriormente -y en la actualidad a veces de manera superpuesta, complementaria- por ejemplo en las Misiones Sociales y los Comités de Tierra Urbana. Las comunas comenzaron a desplegar las potencialidades latentes, a instalarse -no sin tensiones y límites- como los actores revolucionarios que fueron llamados a ser.

Conformación de las comunas

Existen comunas en cuyo territorio habitan hasta 50 mil personas -como la Comuna Socialista Ataroa, en la ciudad de Barquisimeto, estado de Lara-, y otras donde se encuentran 10 mil personas, abarcando una extensión de 20 mil hectáreas -como la Comuna agropecuaria Cajigal, situada en Cajigal, estado de Sucre. Las realidades son heterogéneas pero atravesadas por los mismos desafíos: cómo poner en pie espacios de autogobierno y autogestión, espacios donde se ejerza la democracia participativa.

Los pasos en su conformación son iguales: en el comienzo están los consejos comunales, espacios de organización barrial -en el ámbito urbano participan hasta 200 familias, según indica la ley-, cuya máxima instancia de decisión es la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas. Ésta debe estar conformada por los voceros y voceras -que integran los comités del consejo comunal, en áreas como finanzas, deporte, contraloría social, ejecutivo, de juventud, cultura, etc.- y abierta a la comunidad. Esas voceras -son mujeres en la mayoría de los casos- deben a su vez haber sido elegidas por votación de la comunidad.

Las comunas nacen de la agrupación de varios consejos comunales. Los números tampoco son rígidos. Existen comunas conformadas por 32 consejos comunales -como la comuna Píritu Becerra, en Calabozo, estado de Guárico-, mientras otras reúnen a 11, tal el caso de Renacer de Bolívar, situada en el barrio La Vega, en Caracas. Porque las comunas son fundamentalmente una iniciativa de las mismas comunidades, que son quienes deciden hasta dónde extender los límites geográficos, en función de su propia historia, sus realidades vividas y a proyectar.

Para conformarse como tal, las comunas -hasta ese entonces un grupo de consejos comunales- deben elaborar la Carta Fundacional: una suerte de Constitución de la propia comuna, una hoja de ruta donde se establecen las coordenadas, potencialidades, necesidades y los pasos a dar en el territorio. Esa Carta a su vez es sometida a elección en la comunidad, que debe aprobarla con un mínimo del 15%. A partir de allí se conforma o convalida la comuna legalmente. El paso siguiente es su inscripción en el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales (a partir de ese momento deja de ser una comuna en construcción y forma parte de las registradas).

Comienza entonces la estructuración del cuerpo de la comuna. Sus principales órganos son el Parlamento Comunal -donde asisten uno o dos voceros por consejo comunal-, la Contraloría Social, el Ejecutivo, y el Banco Comunal. A su vez existentes los diferentes comités -de agua, vivienda y hábitat, cultura, educación, etc., lo que la misma organización se proponga trabajar-, que también participan de las reuniones semanales o quincenales del Parlamento.

Esa estructura política y organizativa es la que se encuentra actualmente en las comunas bolivarianas (con algunos matices según las experiencias, como por ejemplo cual es la centralidad del Parlamento Comunal con respecto a los consejos comunales, si es un ámbito de coordinación y ejecución, o más de elaboración y decisión). Sobre ella se desarrollan diferentes niveles de autogobierno, autogestión, así como de dependencia estatal y lógicas de demandas reivindicativas permanentes.

Algunas relaciones con el Estado existente

El creciente protagonismo comunal generó diferentes reacciones. La derecha entabló una creciente campaña de demonización, en particular antes de las elecciones para intendentes y concejales del 8 de diciembre del 2013 -donde el chavismo ganó con amplia mayoría-: las comunas significarían el fin de las alcaldías. Por su parte ciertos sectores de la izquierda también cuestionaron el crecimiento comunal: detrás de los números no existiría un real proceso de empoderamiento popular, de conformación de una nueva institucionalidad -con vocación o posibilidad revolucionaria-: se trataría de un proceso tutelado, controlado por el Estado y diferentes actores del Gobierno Nacional.

Lo cierto es que las relaciones con el Estado (diferentes ministerios, gobernaciones, alcaldías) han sido muchas y a veces contrapuestas. Tal vez en este punto se hicieron más evidentes las tensiones y contradicciones de la transición, de un proceso político que se propuso crear una nueva institucionalidad a partir de una fuerte iniciativa gubernamental.

Y, en ese punto, Hugo Chávez insistió en cada oportunidad en la necesidad de fortalecer lo nuevo, el poder creciente no estatal. Así, citando a Mészáros al abrir el discurso del Golpe de Timón, afirmó: “El patrón de medición de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”.

Pero si bien Chávez fue el conductor indiscutible del proceso, el impulsor de gran parte de las medidas revolucionarias, el nivel de aceptación real de esos lineamientos dentro del Gobierno y de la estructura estatal no siempre resulto ser el mismo. Para muchos chavistas la revolución terminó en las Misiones Sociales, en la reparación -todavía incompleta- de la deuda histórica (vivienda, educación, salud, agua potable, etc.), a través de un protagonismo estatal (aunque desde la conformación de las Misiones Sociales, la tensión entre transformar el Estado o generar una nueva institucionalidad ya estuvo presente).

Por eso la propuesta de las comunas, tal vez la más avanzada a la hora de construir un poder popular a escala nacional e integral (incluye por ejemplo la parte de defensa a través de las milicias populares), generó niveles tanto de aceptación e impulso, como de boicot. Las respuestas ante la propuesta fueron diferentes según las instituciones, según qué actores del chavismo estuvieran ocupando la dirección de esos espacios.

Porque el proyecto de la comuna efectivamente trajo el debate sobre fin de las alcaldias, los municipios, tal como existen en la actualidad. Planteó la necesidad de conformar una nueva geometría del poder, la desaparición de la estructura estatal capitalista, la conformación del Estado Comunal, que debe ser inventado desde abajo. Y como todo poder naciente y en expansión, se encontró con poderes existentes que presentaron y continúan presentando resistencia. Esto, evidente en los municipios gobernados por la derecha, también sucedió en otros en manos del chavismo, del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv): las comunas fueron vistas como una amenaza -más posible que real en un primer momento-, una pérdida de poder, de competencias, y fundamentalmente de recursos económicos.

Esta complejidad política se manifestó en los diferentes vínculos entre el Estado y las comunas desde su creación. Por un lado algunas fueron acompañadas, contaron con respaldo político, transferencia de recursos, y de a poco, de competencias. Allí se logró desarrollar el vínculo deseado, en el que la institucionalidad burguesa propició el avance comunal, su propia pérdida de poder. Esto dio lugar a casos como el del municipio Torres -en el estado de Lara-, donde desde la intendencia fue propiciada desde los inicios la transferencia de recursos, el acompañamiento, buscando evitar el tutelaje y dando lugar al debate actual que allí se da: la conformación del municipio comunal.

Por otro lado existieron muchas experiencias que nacieron –y continúan desarrollándose- a pesar del Estado. Allí se enfrentaron al boicot, la invisibilización, la negación a transferir lo debido. Tal fue el caso por ejemplo de la Comuna Carlos Escarrá situada en el barrio El Limón, en el estado de Aragua. Allí enfrentaron al Psuv (hasta que decidieron disputarlo y lograr que los concejales sean comuneros), a la intendenta chavista acusada de corrupción (el tercer caso en el alcaldía) que se negó a transferir los recursos, permitir que los comuneros y comuneras tengan un espacio para proponer y debatir políticas públicas. En cuanto al Ministerio para las Comunas, la demora para el registro fue de varios años.

Debates económicos y escenario político

Si bien muchas comunas nacieron a partir del propio acumulado organizativo y político del territorio (el deseo de hacerse comuna a partir del llamado de Hugo Chávez), también es cierto que casi la mitad se conformaron a partir del impulso de movimientos populares, en particular de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora. En esos casos se avanzó más rápidamente en procesos de trabajo conjunto entre las comunas, así como en planes de formación nacionales de comuneros y comuneras. De esos procesos nacieron las primeras ciudades socialistas en el ámbito rural -por ejemplo la Ciudad Campesina Socialista Simón Bolívar, en el estado de Apure, o la Ciudad Socialista Juan Pablo Peñaloza, situada en Táchira.

Esas experiencias trajeron, anticiparon algunos debates urgentes, en particular el de la economía comunal, un desafío atado a una certeza: una comuna que no sea productiva, autosustentable, difícilmente pueda mantenerse en el tiempo. Esa conclusión nació de las mismas construcciones en los territorios comuneros, en los cuales –en especial en el ámbito rural- cobró cada vez más importancia la necesidad de poner en pie una economía propia, autogestionada, para romper con el lazo de dependencia económica con el Estado, y con los sectores privados (en particular los intermediarios y proveedores de materias primas).

Nuevamente se evidenció la tensión con las instituciones: para poner en pie circuitos económicos comunales se hizo imprescindible el financiamiento estatal. Sin eso, la posibilidad de adquirir maquinarias, centros de acopio, o medios de transporte, se hizo inviable. Por eso el pedido más generalizado hacia el Estado -además de la reparación de la deuda histórica- fue la posibilidad de adquirir financiamientos para poner pie en Empresas de Propiedad Social, tener el control comunal sobre todo un circuito productivo –materias primas, producción, distribución, venta y consumo.

Por otra parte la discusión sobre la economía comunal comenzó a cobrar fuerza en el escenario nacional. En un año marcado por la guerra económica impulsada por la derecha y el Gobierno norteamericano, quedaron en evidencias las limitaciones y vulnerabilidad del modelo productivo venezolano, la necesidad de transformarlo. Frente a la inflación, el acaparamiento y el contrabando, la economía no logró dar respuesta en términos productivos.

En ese contexto la perspectiva de la producción comunal emergió como posibilidad y necesidad estratégica. Si cada comuna pudiera garantizar la soberanía alimentaria sobre su territorio, y generar un excedente para los municipios adyacentes, los avances serían considerables (en términos numéricos se proyecta que para el 2019 existan 3 mil comunas, esto es el 68% de la población viviendo en sistemas comunales) Así, combinado con una producción estatal de mayor capacidad y eficiencia, la base económica productiva podrá consolidarse e impactar en los niveles necesarios.

Pero la economía comunal trajo algo más que la posibilidad productiva: puso en el centro de la escena el debate sobre las relaciones y la organización trabajo. En las comunas comenzaron a desarrollarse experiencias de producción y de tierras colectivas, de trabajo sin patrón, organizado de forma asamblearia, con ganancias distribuidas de igual manera. Eso a su vez estuvo enmarcado en una planificación comunal, y de a poco en conjunto con las comunas cercanas. Así nacieron desde el 2014 diferentes sistemas de agregación territorial comunal, (como los corredores comunales y ciudades comunales), generando un proceso de cruce e intercambio entre las propias comunas.

Por último, el gran motor implementado para impulsar y profundizar estos procesos productivos y de avance de la vida en comunidad, fue el trabajo voluntario. Esa práctica fue adoptada en muchos casos como un quehacer cotidiano, semanal, de cada fines de semana. Miles de casas por ejemplo fueron hechas por autoconstrucción. Eso puso en marcha, en las experiencias más avanzadas, un proceso de generación de excedentes producidos de manera colectiva, que luego fueron reinvertidos en los espacios de la comuna (nuevas Empresas de Propiedad Social, vialidad, salud, financiamiento a producciones colectivas, etc.). Allí, tal vez más que en cualquier otro espacio, se pudo ver “el espíritu de la comuna”, su condición misma, según había indicado Hugo Chávez.

A modo de cierre

Los avances que hoy viven las comunas no son homogéneos. Sin embargo aunque existan realidades dispares, las coordenadas que orientan su desarrollo son las mismas y han sido apropiadas por miles de hombres y mujeres que cada día piensan en gobierno comunal, autogestión, empoderamiento. Su crecimiento puso sobre la mesa su potencialidad política, económica, social y cultural. Indicó que por ahí, como señalaba Hugo Chávez, se debe profundizar la transición al socialismo, arraigada en los territorios, hecha por los comunes, por la inmensa mayoría del pueblo.

Porque el destino del proceso comunero es en gran parte el del socialismo del siglo XXI, su posibilidad de no transformarse en un nuevo socialismo de Estado, de hacerse sobre un poder popular que sea real Gobierno, y no apoyo para movilizaciones y retórica gastada. La capacidad para desarrollar sistemas económicos autogestionados, autosustentables, planificados intercomunalmente, será uno de los elementos principales que influirán en el desarrollo de las comunas. Pero también lo serán la correlación de fuerzas dentro del chavismo, los vínculos con el Estado, así como la orientación general dictada desde la dirección de la revolución, encabezada por el presidente Nicolás Maduro.

La Haine

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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 18 Jun 2014, 19:14 
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Registrado: 26 Oct 2009, 18:28
Pero esto es así o es propaganda? Porque si es así, a mi no me parece mal que se este impulsando la descentralizacion del estado en comunas autogestionadas.

Pregunto porque yo tenía otra idea de la Venezuela Bolivariana....


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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 20 Jul 2014, 18:03 
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Registrado: 12 May 2002, 13:28
Van saliendo con cuentagotas los relatos sobre las comunas venezonalas, pero cada vez se escribe más.

Comunas en Venezuela: Lo que deja el agua cuando se va
http://www.lahaine.org/index.php?p=78991

Trabajo voluntario. Ese es el motor que permitió llegar hasta el hoy, construir el espíritu de la comuna, su posibilidad

Las dos hectáreas de tierra quemada se encuentran en lo alto del cerro. Allí todavía persisten pequeños focos de humo gris, restos de fogatas del alba, de las seis de la mañana, cuando el calor permite moverse liviano. Luego el sol aplasta, agrieta, desespera. Con ese fuego han curado la tierra, la han hecho más seca, más dura, más parecida al color de los zamuros, preparada para la siembra, para la época de lluvias.

Cada marca en ese lugar ha sido hecha por un grupo de cuatro hombres. Cada plátano que crecerá habrá sido plantado por sus manos, que se parecen a esa misma tierra que trabajan con machete, chicora, y que los hace a ellos también con cada uno de esos golpes.

Alrededor de esas hectáreas todo es verde. La selva se pierde, alta y lejana; debajo de las copas, como el oro verde, se encuentra el cacao. En el cerro vecino se ve una parcela de tierra igual a esta. Allí se encuentran otros campesinos que también ven nacer el día en la noche, que cargan sus semillas de plátano, maíz, ají, subiendo desde el río, y las guardan bajo el mismo refugio, un plástico negro sostenido por seis palos.

Cuando los cuatro hombres regresan a su comunidad a la una, lo hacen por un camino angosto, con piedras que son obstáculos, escalones, más golpes. En su paso ven cáscaras de cacao en el suelo partidas por la mitad –las hay amarillas, naranja, verdes, de un rojo oscuro, violeta. Los cuatro avanzan por las sombras atravesadas de luz, las hojas secas que dejan los árboles de cacao y aquellos más altos que los protegen –desde allí cuelgan raíces, orquídeas, nidos.

Al llegar atraviesan la calle principal, saludan a los vecinos que a esa hora se encuentran en sus casas -algunos se asoman a las ventanas-, caminan entre corridas de chicos, hasta llegar a las brasas del almuerzo que les ha sido preparado. Ahí entonces se sientan sobre sillas, piedras grandes, pasto, comen el sancocho colectivo. A su alrededor corren perros, cachorros, las gallinas buscan restos, y cerquita el río, ese río que desde arriba no se ve.

La base productiva

Esos cuatro hombres que cada día suben hasta esa cima quemada forman parte del consejo comunal Los Marines. También las tierras que trabajan. La asamblea les aprobó el financiamiento para ponerlas a producir. Con ese dinero compraron las semillas, las herramientas, y destinaron una parte para cobrar un incentivo semanal -algo menos que un sueldo. El acuerdo colectivo es el siguiente: al finalizar la cosecha y la venta comenzarán a devolverle el préstamo al consejo comunal, y con el excedente cobrarán para vivir –viviendo-, a la vez que el 3% estará destinado a la organización comunitaria.

Como esas dos hectáreas comunales existen noventa y ocho más en la comuna agropecuaria Cajigal, situada en el estado Sucre, en el municipio que le da el nombre: Cajigal, en la parroquia Yaguaraparo. Su extensión es de 20 mil hectáreas, de las cuales la mitad no son aptas para cultivo, 2 mil 300 son de cacao, otras 3 mil esperan por ser puestas a la producción. Las demás tienen otros cultivos -frutas, verduras, hortalizas-, y son habitadas por el pueblo.

La agricultura comunal es uno de los principales ejes económicos impulsados por la comuna. En una zona agraria -atravesada por décadas de abandono estatal, migraciones masivas a las ciudades y baja productividad-, y en el contexto de una guerra económica que ha venido agudizándose desde hace más de un año, poner a producir las tierras es estratégico.

Nada de eso es nuevo para los comuneros y las comuneras: el primer consejo comunal de la zona –La Horqueta de Mata de Chivo- comenzó a organizarse en esa dirección, y hacia allá siguen mirando, hacia las 150 nuevas hectáreas que están proyectando poner a producir colectivamente, y cuyo financiamiento ha sido aprobado por parte del Estado. Y ahora ya no son un consejo comunal sino 16, organizados en la comuna fundada una tarde de agosto del año 2013.

Augusto Espinoza, uno de los principales referentes de La Horqueta, conoce esa realidad desde sus inicios. Junto a los demás comuneros ha llegado a una certeza: “No puede haber comunas que no sean productivas. Nosotros trabajamos para que haya un equilibrio entre los 16 consejos comunales, que todos produzcan”.

En su consejo comunal han logrado poner en pie 5 galpones de pollos donde trabajan 29 personas -para un total de 18 mil unidades cada dos meses-, y una bloquera con capacidad de producción de 2 mil 500 bloques diarios, donde se desempeñan 20 comuneros y comuneras en dos turnos. Saben que así generan empleo, ingresos para la organización comunal, un nuevo sistema económico que busca ser productivo y algo más: socialista.

***

En las calles, frente a las puertas, se extienden rectángulos de cacao secándose al sol -pueden tener hasta 8 metros o más de largo, y aproximadamente uno y medio de ancho, no más, deben dejar espacio para que circulen los carros. El aire queda así marcado por un olor agrio, casi dulce, penetrante. Son los cuatro días que le siguen a la curtida de los granos, el encierro en bolsas para que comience el proceso de fermentación. Una semana en total. Días en los cuales muchos niños no van a la escuela, para quedarse trabajando junto a sus padres.

Las casas en el pueblo son bajas, con rejas, y colores, muchos. Verdes, rosa, violeta, púrpura, celestes o amarillas. Los días comienzan temprano como en la zona alta. Las siete parecen las diez; las diez, demasiado.

Al recorrer el territorio comunal nada parece indicar la presencia de la comuna, ni los grupos de hombres y mujeres construyendo casas, las hileras de casas ya construidas, la maestra que va a la escuela con sus hijos, las personas que preparan los cimientos para la nueva zona educativa y recreativa. Tampoco el vivero que se encuentra al borde de la ruta, o el camión que vende pescado en la plaza central. Sin embargo, todo lo es. Una excesiva evidencia que la hace invisible, la comuna es la vida cotidiana.

Uno de los pocos espacios comunales que se encuentra señalado por un cartel es la Empresa de Propiedad Social Directa Comuna Unidad de Suministro La Horqueta Productiva, –“directa porque la organiza el pueblo, autónomamente”, explica Elinor, socia de la Empresa-, situada en el centro de Cajigal. Sus puertas -que tienen en cada lado un mural con Simón Bolívar a caballo, a espada, liberando- abren a las 8 de la mañana. Los anaqueles tienen lo que en muchos lugares del país a veces falta: aceite de girasol y de oliva de la empresa Diana, leche condensada y en polvo de la empresa Los Andes, harina de maíz, caraotas de la Corporación Venezolana de Alimentos (Cval), frutas, verduras y hortalizas de las tierras comunales, así como de productores individuales -familiares- de la comunidad.

Hasta ahí se acercan vecinos y vecinas desde temprano también. Vienen desde las calles principales, de la zona baja, o se acercan por el puente rojo y de metal que cruza el río, ese río que viene bajando al lugar donde cuatro hombres almuerzan al regresar de ese arriba que parece demasiado, cuatro hombres que en unos meses venderán ahí sus plátanos.

El encadenamiento liberador

“Estamos en pañales, sentando las bases, a pesar del avance producimos a muy baja escala, tenemos que cubrir las necesidades del eje comunal”, dice Eidis Brito mientras maneja uno de los dos camiones de la comuna. Con él suben hasta la zona alta por la ruta de piedras, agujeros y laderas, bajan las cosechas hasta la Unidad de Suministro, y van hasta el estado Carabobo a comprar directamente los productos de las empresas estatales.

Eidis sabe que deben aumentar la producción, que necesitan 40 mil pollos y 400 hectáreas de siembra comunal para dar respuesta a la necesidad del eje (donde viven 10 mil 630 personas) en esos rubros. También que deben avanzar en dos aspectos: tener el control sobre la totalidad de la cadena productiva, y profundizar el encadenamiento. Es decir, el proceso dialéctico que permite poner en marcha un nuevo proyecto a partir de uno ya existente, para a su vez fortalecer el primero.

Sobre el primer punto han podido avanzar en algunas materias. El caso de la producción agrícola, por ejemplo, es el siguiente: con el vivero comunal agroecológico (donde funcionará además un banco de geoplasma, y cuyo objetivo principal es recuperar las variedades de cacao autóctono, como el cacao perla) producen una parte de las semillas para los conucos comunitarios –las demás son compradas a los entes del Estado o en el mercado privado.

Lo que se cosecha allí es transportado por la comuna hasta la Unidad de Suministro, logrando romper parcialmente con el monopolio de los intermediarios, que compran los productos a los agricultores a bajo precio para revenderlos con un aumento final de hasta el 100%. La respuesta comunal sin embargo es insuficiente: deben distribuir con un camión –a veces tienen los dos- 1 millón 240 mil plátanos, que es la cantidad que pueden producir las 62 hectáreas comunales.

Finalmente el esfuerzo de los campesinos es acopiado y vendido comunalmente, a un precio inferior al que rige en el mercado (la parchita por ejemplo es vendida a 40 bolívares el kilo, mientras que en las tiendas privadas se encuentra a 60). Además, desde la Unidad de Suministro se realizan operativos de venta a las comunidades más alejadas para garantizar un acceso equilibrado.

Ese recorrido –que todavía no está totalmente en manos de la comuna, y que se encuentra en una pequeña escala- es la muestra del caso más avanzado en la comuna Cajigal. Sin embargo, esto no ocurre en otros circuitos, como el caso de los pollos. Allí el problema es inicial: el alimento, los pollos pequeños (que hacen engordar) así como los materiales para construir los galpones, todo está en manos del sector privado. La venta sí es directa, sin intermediarios, a la comunidad.

El problema de los insumos al que deben hacer frente los comuneros (en un contexto de guerra económica que genera alzas de precios de manera repentina) no es exclusivo de su caso. Ante ello han elaborado un plan, el encadenamiento productivo. Siguiendo con el mismo ejemplo: Eliel, Augusto y los centenares de hombres y mujeres que día a día hacen la comuna han llegado a la conclusión de que necesitan una sala de matanza de pollos. Para poder ponerla en marcha es necesario que produzcan una mayor cantidad, aproximadamente 70 mil unidades.

Con la sala activada podrían iniciar el proceso de secado de las vísceras, plumas y uñas de los pollos, para luego procesarlas y convertirlas en harina (con proteína concentrada) que sería utilizada como alimento para pollos, ahorrando así gran parte del alimento que hoy le compran al privado y que representa gran parte del gasto (450 mil bolívares para 10 mil pollos, que al final dan una ganancia de entre 150 y 200 mil bolívares netos). A su vez, ese mismo alimento podría ser utilizado para el proyecto de cría de cachamas, otro espacio productivo que buscan poner en marcha.

La sala de matanza permitiría vender los pollos ya preparados para ser cocinados, pollos que podrían ser almacenados en las 5 cavas (con capacidad para 10 mil kilos cada una) que se encuentran en la Unidad de Suministro, y ser vendidos a un precio siempre más barato (en la actualidad venden a 40 bolívares mientras en las tiendas privadas ronda los 60).

El problema con el que se encuentran para poner en marcha este proceso es uno y central: los recursos (además de la sala de matanza explican que podrían poner a funcionar una incubadora para generar ahorro en la compra de los pollos pequeños). Sobre este punto la comuna ha encontrado una solución, parcial, pero que ha logrado dinamizar el camino: la reinversión de los excedentes generados por los mismos proyectos de la comuna. Sin embargo esos tiempos son largos y a veces inciertos (la construcción de un galpón cuesta en la actualidad 200 mil bolívares, pero en el contexto inflacionario especulativo su precio puede aumentar rápidamente), y, asegura Eilis, para realizar proyectos “de magnitud” necesitan un financiamiento estatal.

El socialismo es más que producir

La génesis es la siguiente: primero fueron 105 casas otorgadas por el Estado (el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales). Con la construcción de esas viviendas generaron un excedente económico –ahorrando- que les permitió construir los 5 galpones, y con el excedente nacido de la cría de pollos pudieron poner en marcha la bloquera, que a su vez generará un ahorro en la construcción de las nuevas viviendas (hasta el momento han construido 487 en la comuna). Ambos productivos están asentados sobre las 9 hectáreas comunales también compradas con los excedentes.

¿Cómo? Con trabajo voluntario. Ese es el motor que permitió llegar hasta el hoy, construir el espíritu de la comuna, su posibilidad. Porque no solamente ahorraron gastos en la mano de obra (los galpones fueron construidos con el trabajo voluntario de la comunidad luego del horario laboral de cada persona, solo los soldadores recibieron un incentivo). Como explica Eidis, “fue el mecanismo para despertar la consciencia social frente a una cultura capitalista de 500 años, para pensar como sujetos colectivos y no individuales”.

Así, por ejemplo, con los recursos para construir 500 metros de ruta construyeron un kilómetro. Esto, a la vez que generó una mejoría en la vialidad (en un área, aunque en pequeña escala, estratégica para el transporte de cosechas), fortaleció la propia comunidad. Leyda Espinoza, vocera y referente de la comuna, explica lo que para ellos significa esa práctica: “El trabajo voluntario es el trabajo liberador por excelencia, porque trabajamos para nuestro entorno, no lo hacemos para ganar algo personal, nos fortalecemos a nosotros mismos, al desarrollo endógeno, a la comunidad que crece y se sustenta en lo social, lo económico y lo cultural”.

Por eso, por el trabajo voluntario, lograron generar excedentes en cada obra emprendida, que fueron reinvertidos hacia el propio colectivo que los generó (maquinarias para nuevos espacios productivos, apertura de nuevas siembras, ayuda por problemas de salud, obras sociales, entierros, etc.), y así, de a poco, se fue consolidando “el ser social” en el que cree Eilis, que descubrió junto a sus compañeros y compañeras de comuna.

Porque, como afirmaba Ernesto Guevara como ministro de industria en 1965, durante la naciente revolución cubana, “el comunismo es un fenómeno de conciencia y no solamente un fenómeno de producción; no se puede llegar al comunismo por la simple acumulación mecánica de cantidades de productos puestos a disposición del pueblo”.

Por eso insistía en la necesidad del “estímulo moral” como el motor central (en tensión/contraposición al “estímulo material individual”). El trabajo voluntario era en esa perspectiva una de las principales formas de toma de conciencia popular para impulsar una producción, un desarrollo de otro tipo, no capitalista, la misma conclusión a la cual llegaron los comuneros y las comuneras de Cajigal. Por eso Augusto insiste y une al nuevo sujeto con el nuevo trabajo: “Cualquier compañero puede ser comunero. Tiene que empezar a hacer trabajo voluntario, a estar con el otro, entonces un maestro puede ser comunero, cualquiera puede serlo”.

***

El horizonte termina a pocos metros, a veces menos. Los hombres se buscan entre ellos con gritos. En la zona baja no quedan montañas y las plantas crecen altas, gruesas, apretadas. Cerca de allí están los manglares, los canales y el río que desemboca en el Golfo de Paria, el mar que se abre. Allí las garzas rojas caminan sobre la arena cuando la marea está baja, vuelan de a diez, veinte, cuarenta, hasta volver a posarse, y seguir buscando los charcos, los pastos, la vida que deja el agua cuando se va.

Entre las plantas de maíz, los cocoteros y las auyamas, avanza un hombre con un machete. Admira lo que da la tierra, el esfuerzo. Él prestó su terreno a la comuna y ahora allí está en marcha un conuco de tres hectáreas donde trabajan 6 personas, todas financiadas como los cuatro hombres del cerro quemado, como los que quieran apostar a la producción colectiva. “El problema no es la tierra -las patillas en esta parte miden hasta casi un metro- sino las herramientas y la distribución”, explica Eidis.

Los comuneros y las comuneras de Cajigal saben que las tierras están, al igual que la organización popular, la conciencia colectiva creciente, el sujeto de la transformación. También han descubierto que pueden. Lo demostraron a la gente que no creía, al Estado. Pero de ese Estado necesitan más, para profundizar el poder comunal –ese nuevo poder que libera-, la autonomía. Porque tienen financiamiento propio, capacidad para impulsar proyectos pero, como decía Eidis, las limitaciones son las dimensiones del impacto.

Por eso enseñan y reclaman desde su realidad arraigada en la tierra. Reclaman, como Augusto pregunta, propone: “No entiendo por qué el Gobierno otra vez hace los acuerdos con los privados que aceptan hasta que se arrechan otra vez. Por qué no acaba con esa telaraña y pone en pie un plan de 6 meses junto al pueblo y al ejército, y vivimos esos 6 meses jodidos pero montamos plantas de alimentos concentrados, de procesamiento de cacao, hacemos planes nacionales de siembra de arroz, maíz, caraota”. Tampoco comprende por qué el Ministerio de Agricultura y Tierra no financia a consejos comunales, solo a productores individuales.

Pero el desacuerdo no se acerca a la derrota sino a la necesidad de más, de cruzarse con otras comunas para debatir acerca de la economía comunal, una economía que debe ser inventada, con legados como los de Guevara (quien inventó, cuestionó lo existente –incluso el socialismo para entonces vigente-, señaló la condición de la transición en América Latina: “un grito dado desde el subdesarrollo”), y sobre todo los de cada experiencia revolucionaria venezolana que empuja lo posible un poco más lejos.

Porque detrás de los plátanos, de la comuna, están los hombres que salen al alba, cerrando las puertas de sus casas, y prenden fogatas, queman la tierra, el sol, y pisan caminos violeta y rojos de cacao -de un cacao que durante siglos tomaron otros en otros continentes-, y lo hacen por la comida, la vida, y un proyecto nuevo, que saben propio, de un pueblo que abrió las puertas. Sobre esos hombres descansa urgente la posibilidad de la comuna, su necesidad, como el río que baja, las garzas rojas, lo que deja el agua cuando se va.

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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 14 Dic 2016, 22:13 
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Ubicación: Paciencia
Registrado: 28 Abr 2009, 19:57
Voy a subir este tema porque he visto una cosa que a lo mejor está relacionada.

Antes pongo un artículo de Martha Harnecker que vi hace bastante (es de 2005): Presupuesto participativo en Caracas. La experiencia del GOL. http://www.rebelion.org/docs/97074.pdf

Creo recordar que era algo así como que el matenimiento de los barrios (o calles) era encargado a sus propios habitantes a los que se les daba un presupuesto para ello. Me acordé de él cuando me explicaron de qué va la propuesta de remunicipalización cooperativa de los servicios públicos del municipio de Madrid.

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Pero a lo que voy es a los artículos de María Pilar García-Guadilla, doctora en Sociología Urbana por la Universidad de Chicago, profesora en la Universidad Simón Bolivar de Caracas y que ha seguido con interés la organización popular en los barrios de las principales ciudades de Venezuela.

Dados los tímidos municipalismos que hay en España, puede ser interesante el estudio crítico de experiencias que en principio parecían bastante radicales.

Entrevista con ella en un periódico: "El proyecto incluyente se volvió excluyente"

Se pueden encontrar en su página en Academia.edu y Dialnet donde se pueden encontrar artículos como ORGANIZACIONES SOCIALES Y CONFLICTOS SOCIOPOLÍTICOS EN UNA SOCIEDAD POLARIZADA: LAS DOS CARAS DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA EN VENEZUELA.

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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 14 Dic 2016, 23:00 
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Registrado: 20 Oct 2005, 10:44
¿Pueden existir los derechos políticos sin derechos sociales?.

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Hay muchos problemas y pocas soluciones.
Muchas críticas, lo sé, y pocas son constructivas.
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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 15 Dic 2016, 20:56 
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Registrado: 10 Feb 2016, 01:41
No soy el mayor conocedor sobre las comunas venezolanas pero tengo entendido que son unas cuantas (si alguien puede, me sería de gran utilidad que me indique cuantas, y sus nombres). Lo que sí veo es que, dentro de la estructura del estado comunal, estas comunas funcionan mas bien como semi-comunas, ya que tienen potestades limitadas sobre todo a la hora de hacer leyes propias, justicia comunitaria u otras, o bien porque pagan impuestos, y sobre todo, por su dependencia del estado venezolano en materia de autodefensa.. En lo que soy optimista es en el cuso de los acontecimientos ante un posible (no me animo a decir probable) movimiento de la derecha tipo "impeachment" para derrocar a Maduro.. creo que éste sería el mejor panorama desde la óptica de la revolucion (un triunfo electoral de la derecha sería muy malo, y una continuidad de Maduro solo perpetuaría esta situación de semi-comunas, semi-revolución).. Ante un impeachment y una guerra civil el estado comunal se rompería por el vértice, pero las comunas perdurarían, y lo mas probable es que éstas formen autodefensas propias con apoyo del PSUV.. ante la ruptura con el dique de contención que significaba el propio PSUV para el desarrollo total del autogobierno comunal, y ante el panorama de un gobierno de derecha que éstas rechazarían, creo que las comunas tenderían a radicalizarse en cuanto a sus potestades.. empezarían a hacer justicia, leyes propias, generarían propias autodefensas, etc.. Mi pensamiento es coindicente con el que estimo, anima a l@s zapatistas a proponer una candidata indígena que le robe votos a MoReNa y lleve al poder al derechista PAN: gobiernos de izquierda son menos convenientes que nunca en este momento, porque actúan como dique (en el caso de México, retrasarían el vertiginoso proceso de autonomizacion colectivista que amenaza con arrebatar al estado Mexicano los estados de Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacan y Morelos).. en ese sentido, un impeachment en Venezuela radicalizaría el proceso alli, generando zonas liberadas de facto con tendencia a incrementar sus niveles de autogobierno.. de igual forma que sería conveniente el triunfo de alguno de los partidos patronales clásicos en Grecia, que aumentarían el nivel de saqueo y superexplotacion que Syriza solo puede hacer parcialmente.. La derecha dura no solo piensa en destruir proyectos revolucionarios sino tambien en quitar de su camino a gobiernos populistas, por mas que éstos solo sean reformistas.. en esa brecha operamos, entre la contradiccion entre estas tendencias, como tercera fuerza, como en España o ahora en Siria.. si este análisis es válido y un impeachmente probable.. habría que preparar los mismos niveles de solidaridad internacional.. saludos


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 Asunto: Re: Sobre las comunas bolivarianas de Venezuela
NotaPublicado: 20 Dic 2016, 18:32 
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Registrado: 10 Feb 2016, 01:41
parece que hubo una pueblada en Guasdalito (Alto Apuré), en Venezuela, contra los bancos y contra el gobierno.. http://periodicoellibertario.blogspot.c ... aquea.html


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