Mártires de Chicago

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Los Mártires de Chicago

Los Mártires de Chicago fueron sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en Estados Unidos, cuando luchaban por obtener la reducción de la jornada laboral a las ocho horas, el 1 de mayo de 1886, en la revuelta de Haymarket (Chicago). En el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional (París, 1889) se acordó transformar aquella fecha en día festivo, en el Día Internacional del Trabajo. Desde aquella fecha hasta hoy se celebra en la mayoría de los países (exceptuando a Estados Unidos, donde se celebra el primer lunes de septiembre, por decisión del ex presidente G. Cleveland, para evitar el crecimiento de la influencia socialista en el país).

Contenido

Antecedentes de la huelga

Hasta aquel momento, la ley prohibía trabajar más de 18 horas diarias, "salvo caso de necesidad". El primer antecedente del reclamo por las ocho horas de trabajo fue en la legislatura de Nueva York, en 1829. Chicago era la segunda ciudad en importancia de los Estados Unidos, con un crecimiento industrial acelerado. La mayoría de sus trabajadores estaba afiliada a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, aunque la central obrera más combativa y de mayor peso era la American Federation of Labor, con dos tendencias internas importantes: la socialista y la anarquista. El 17 de octubre de 1884, durante sus Cuarto Congreso, se decidió que si no se hacía efectiva la reducción de la jornada laboral a partir del 1 de mayo de 1886, la central iría a la huelga general. En 1886 el presidente Andrew Johnson sancionó la Ley Ingersoll, estableciendo jornadas laborales de 8 horas diarias. 19 estados promulgaron leyes que establecían jornadas máximas de entre 8 y 10 horas, aunque todas contaban con cláusulas que, de aplicarse, permitían a las patronales obligar a trabajar a sus empleados hasta 18 horas. Al no efectivizarse la Ley Ingersoll, la American Federation of Labor llamó a la huelga para el 1º de mayo, pese a la negación de la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, que emitió una circular con el texto "Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto", provocando que sus propios afiliados se separaran acusando a sus dirigentes de traidores.

1º de mayo

Bajo la máxima "ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa", el 1º de mayo 200.000 trabajadores pararon, extendiéndose en Chicago la medida durante los dos días siguientes. Otros 200.000 lograron la reducción de la jornada laboral con la simple amenaza de huelga. El 2 de mayo la policía disolvió violentamente una manifestación multitudinaria. El 3 de mayo , mientras se celebraba un acto frente a la fábrica de maquinaria agrícola McCormik, una planta cuyos trabajadores estaban en huelga desde febrero, y que se mantenía produciendo gracias a carneros, la policía atacó disparando a quemarropa con un saldo de 6 muertos y varios heridos.

La revuelta de Haymarket

El mismo día del ataque, unas horas después, el periódico Arbeiter Zeitung convocó a un acto en el parque Haymarket para el día siguiente, a las 19:30 horas. Comenzaba "la revuelta de Haymarket". Los más de 20.000 trabajadores que asistieron al acto fueron reprimidos por la policía. El número de obreros asesinados es desconocido, mientras que por el lado de las fuerzas represivas resultó muerto un agente. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, con lo que se detuvo a centenares de trabajadores que fueron torturados, acusados por la muerte del policía.

Un juicio irregular

Tras el enfrentamiento, el 21 de junio de ese mismo año, comenzó el juicio contra 31 obreros anarquistas acusados de iniciar la batalla. Finalmente, fueron juzgados, con gran cantidad de irregularidades judiciales, 8 trabajadores. Luego de que el fiscal exhortara al juez a castigar "a estos hombres, haga un ejemplo de ellos, cuélguelos y salve nuestras instituciones” y que la prensa pida castigo a los "extranjeros", cinco de ellos fueron condenados a la horca y tres a prisión. Los encarcelados fueron Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil), Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Oscar Neebe (norteamericano, 36 años, vendedor); los dos primeros a cadena perpetua y el último de ellos a 15 años de trabajos forzados. El 11 de noviembre de 1887 se ejecutó en la horca a Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo), Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista), Hessois Auguste Spies (alemán, 31 años, periodista) y Albert Parsons (norteamericano, 39 años, periodista), quien pese a probarse que no estuvo presente en el lugar de los hechos se entregó para no abandonar a sus compañeros de ideas. También fue sentenciado a la horca Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero), quien se suicidó días antes en su celda.

José Martí, corresponsal del diario La Nación, de Buenos Aires, cubrió así los sucesos:

"...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: 'la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora'. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable..."

Siete años más tarde John Peter Altgeld, Gobernador de Illinois, declaró la inocencia de los ocho trabajadores y liberó a los tres sobrevivientes. Se levantó un monumento para depositar los restos de los ejecutados y honrar su memoria.

Consecución de la jornada laboral de 8 horas

Aunque la jornada laboral de ocho horas recién fue aprobada oficialmente en 1935, a finales de mayo de 1886, días antes de la ejecución de los mártires de Chicago, centenares de miles de trabajadores la lograron de hecho gracias a las huelgas y la presión que ejercieron sobre las patronales. La Federación de Gremios y Uniones Organizadas celebró el triunfo:

"Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical."


Palabras de Albert Spies luego de haber sido condenado:

"si creéis que ahorcándonos podréis acabar con el movimiento obrero -- el movimiento del cual los millones de oprimidos, los millones que laboran en la miseria y la necesidad esperan su salvación -- si ésta es vuestra opinión, entonces ¡ahorcadnos! Aquí pisoteáis una chispa, pero allí y allá, detrás de vosotros, frente a vosotros, y por todas partes, las llamas surgirán. Es un fuego subterráneo. No lo podréis apagar"

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