Las Germanías (Valencia-1521)

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Antecedentes

El esplendor tardomedieval valenciano fue aprovechado por la oligarquía urbana, en el sentido en que excluyeron a las clases populares del poder político y de los beneficios económicos del crecimiento. Por otra parte, se estableció una fuerte competencia sobre las estructuras gremiales por parte de las mercancías importadas y de los mercaderes que encargaban directamente la manufactura a trabajadores poco cualificados. Este hecho, no sólo rompía el monopolio gremial sobre la manufactura, si no que provocaba una superproducción, una disminución en la calidad de los productos y una inflación de maestros. Todo esto, coartaba las expectativas de ganancia y de promoción, así como consolidaba los desniveles patrimoniales y la pauperización de la mayoría. Dentro de este contexto, empezaron a crearse unas tensiones en el seno de los diferentes gremios y corporaciones, que, poco a poco, se extendieron a toda la sociedad.

Llegados a este punto, se crearon unos estatutos gremiales, en gran parte impulsados por Joan Llorenç, considerado el ideólogo y fundador de las Germanías. Este estatuto no sólo expresaba la idea evangélica de unidad, sino que también reivindicaba la restauración del monopolio gremial en los diferentes oficios, así como la participación de las clases populares en el gobierno de la ciudad. Con esto, los "agermanats" exigían una ciudad libre, exclusivamente gobernada por la "justicia popular", como muchas otras ciudades italianas.

Los dos desencadenantes últimos de la revuelta fueron el vacío de poder en la ciudad que se había creado debido a la huida de la nobleza local ante una epidemia de peste negra en 1519 y la riada de 1517, y el continuo aplazamiento de la visita del rey para celebrar cortes y jurar Fueros, probablemente por el escaso interés que le provocaba el Reino de Valencia, al coincidir estos hechos con el proceso de coronación como emperador. La decisión real en el verano de 1519 de armar a los gremios para poder autodefenderse ante las amenazas de los piratas barbariscos constituyó la chispa final con la que los gremios trataron de luchar por sus reivindicaciones.

El alzamiento popular

Con todos estos antecedentes, los "agermanats" empezaron a exhibir el poder de los oficios a través de diversos desfiles militares y la constitución de un comité ejecutivo formado por trece síndicos: la Junta de los Trece, formada por un representante de cada gremio, para regir la capital valenciana. El rey, por aquel tiempo, estaba en Aquisgrán concentrado en su coronación como emperador, y las únicas medidas que tomó ante la revuelta fueron la prohibición del uso de armas y la eliminación de algunas de sus concesiones, prohibiciones que nadie tuvo en cuenta.

La tensión aumentó con el nombramiento de Diego Hurtado de Mendoza como virrey, en abril de 1520; por su condición de extranjero, y porque entonces los "agermanats" hicieron un golpe de estado municipal, con el que consiguieron imponer representantes populares en diferentes jurados, magistraturas y comisiones de gobierno municipal (sin llegar nunca al control total). Con esto, la revuelta adquirió el rango de guerra civil y se extendió por todo el Reino de Valencia, con la creación de otras juntas de los trece controladas por la de Valencia.

En el verano de 1520 empezaron algunas acciones bélicas como el asalto del vizcondado de Chelva, el saqueo de palacios nobiliarios y la quema de títulos de propiedad. Pero la revuelta propiamente dicha no estalló hasta junio de 1521, en dos frentes a la vez: uno en el norte, en las comarques del Maestrat, la Plana y el Camp de Morvedre; y otro por el sur, en las tierras de Alzira, Xátiva, Gandía y Elche.

El primer frente fue doblemente derrotado por las tropas del duque de Segorbe, primero en Orpesa y después en Almenara. El frente del sur, por el contrario, consiguió tomar el castillo de Xátiva y una importante victoria en Gandía sobre las tropas del virrey. Después de este éxito, el saqueo de la villa y huerta de Gandía, y el bautizo forzoso de todos los musulmanes de la Safor, los "agermanats" iniciaron una serie de disputas internas que condujeron a una estrepitosa derrota por el marqués de Los Vélez en Oriola y una posterior caída en manos realistas de todo el sur del reino, desde Alicante hasta Ontinyent.

En la Ciutat de Valencia el movimiento fue radicalizándose y los primeros líderes más moderados (Llorenç, Caro, Sorolla y Montfort) fueron sustituidos por otros líderes con carácter más bélico (Urgellés, Estellés, Peris y Borrell). El objetivo de los primeros líderes no era otro que controlar el sistema municipal para desarrollar un mejor gobierno: sanear las arcas públicas, reducir la emisión de deuda pública, etc.; pero al iniciarse los procesos bélicos se vieron desbordados y fuera de lugar. Rápidamente se desvincularon del movimiento, al que se estaban adhiriendo otros estratos sociales más radicales con intereses diferente y contrapuestos a los de la burguesía de la capital valenciana.

Mientras que la burguesía valenciana buscaba una salida negociada, los líderes militares defendían la revolución en los campos de batalla. Esta desunión provocó la caída rápida de la revuelta y sólo a una semana de la gran victoria en Gandía, la Junta de los Trece dimitía, y a los tres meses la Ciudad de Valencia se rindió al rey. Peris, después de hacerse fuerte unos meses en Xátiva, volvió a Valencia, donde no pudo reavivar la Germanía y finalmente fue hecho preso y ejecutado.

Únicamente Xátiva y Alzira quedan bajo dominio agermanado. Se produjo un rebrote de la rebelión, esta vez encabezada por un misterioso personaje conocido por el "Encubierto", y que se hacía pasar por el infante Joan, hijo de los Reyes Católicos. En esta segunda fase el ámbito de acción de la germanía se limitó a la Huerta de Valencia, Alzira y Xátiva. Se saquearon algunas tierras de señoría vecinas, se asaltaron algunos castillos y sobretodo, se obligó a todos los musulmanes a bautizarse.

Derrota de los agermanados

Tras el asesinato en Burjassot de "El encubierto" el 19 de mayo de 1522 por dos seguidores suyos para cobrar la recompensa ofrecida por el virrey, y la caída de Xátiva y Alzira, se produce la derrota definitiva de los "agermanats", nombrándose virrey de Valencia a Germana de Foix, quien gobernó duramente hasta su muerte en 1538. Se mencionan 800 sentencias de muerte que debieron efectuarse de una forma intermitente a lo largo de varios años. También se impusieron una serie de multas astronómicas para los gremios, así como un total de más de 360.000 ducados de multa al conjunto de todas las ciudades y villas agermanadas, y dos millones de ducados en concepto de indemnizaciones por los daños sufridos durante la guerra.


El 23 de diciembre de 1524, la regente de Valencia concedió un indulto a los "pelaires" (uno de los 6 gremios principales de la Ciudad de Valencia) en un documento oficial que es considerado uno de los primeros redactados en castellano en el Reino de Valencia, lo que ha llevado a que algunos vean en la derrota de los "agermanats" una causa de la imposición de dicha lengua, al considerarlo como una represalia más contra los perdedores. La pacificación efectiva del territorio parece ser que no se produjo hasta 1528, fecha en que el rey otorgó un perdón general.

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