J.1.2 ¿Los anarquistas están en contra de las reformas?

De Ateneo Virtual
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No, no lo estamos. Mientras que la mayoría de los anaquistas están en contra del reformismo (es decir la noción de que podemos de algún modo reformar el capitalismo y el estado) sí apoyamos las reformas (por ejemplo las mejoras en el aquí y ahora). Los anarquistas son radicales; como tales, buscamos las raíces causales de los problemas sociales. Los reformistas tratan de mejorar los síntomas de los problemas sociales, mientras que los anarquistas se focalizan en sus causas.

Sin embargo, esto no significa que ignoramos las luchas por reformas en el presente. La afirmación de que los anarquistas están en contra de tales mejoras a menudo es sostenida por los oponentes del anarquismo, en un esfuerzo por mostrarnos como extremistas irrelevantes sin propuestas prácticas respecto de nuestras ideas, más allá del llamado abstracto a la revolución. Esto no es cierto. Los libertarios son muy conscientes de que podemos actuar para mejorar nuestras vidas mientras que, al mismo tiempo, buscamos remover las raices de los problemas que enfrentamos. (ver, por ejemplo, las consideraciones de Emma Goldman sobre lo equivocado de negar la necesidad de reformas de corto plazo en favor de la revolución [Living My Life, vol. 1, p. 52]). En palabras del sindicalista revolucionario Emile Pouget  

"Los esfuerzos sindicales tienen un doble objetivo: con persistencia incansable debe perseguir el mejoramiento de las actuales condiciones de la clase trabajadora. Pero, sin obsesionarse con esta preocupación pasajera, los trabajadores deben ocuparse de volver posible e inminente el acto esencial de emancipación integral: la expropiación del capital.
"En el presente, la acción de los sindicatos está orientada a lograr mejoras parciales y graduales las cuales, lejos de constituir una meta, sólo pueden considerarse como medios de intensificar las demandas para arrebatar nuevas mejoras al capitalismo...
"Esta cuestión de las reformas parciales sirvió como pretexto para intentar sembrar discordia en los gremios. Los políticos... han tratado de... despertar rencores y de dividir a los sindicatos en dos campos, categorizando a los trabajadores como reformistas o como revolucionarios. Para desacreditar a estos últimos los han caracterizados como <<los defensores del todo o nada>> y los han descripto falsamente como supuestos adversarios de las mejoras que puedan obtenerse inmediatamente.
"Lo máximo que puede decirse acerca de este disparate es que es insensato. No hay un trabajador... que, basado en sus principios o por razones tácticas, insista en trabajar diez horas para un empleador en vez de ocho horas, ganando seis francos en vez de siete...
"Lo que aparenta otorgar alguna credibilidad a tal chicana es el hecho de que los sindicatos, curados por las crueles lecciones de la experiencia de toda esperanza en la intervención del gobierno, desconfían justificadamente del mismo. Saben que el Estado, cuya funcińo es actuar como el gendarme del capital, está por su propia naturaleza inclinar la balanza a favorecer de la patronal. Por eso, cada vez que una reforma se realiza por vías legales, no caen en el deleite de la rana devorando el trapo rojo que oculta un anzuelo, sino que se recibe con toda la debida precaución, especialmente en tanto esta reforma se hace efectiva sólo si los trabajadores están organizados para insistir con fuerza en su implementación.
"Los sindicatos son recelosos de los regalos provenientes del gobierno porque frecuentemente han hallado que vienen envenenados... Prefieren mejoras reales... en vez de esperar hasta que los gobiernos sean lo suficientemente generosos de ofrecerlas, batallan por ellas abiertamente a través de la acción directa.
"Tal como sucede a veces, si el avance buscado es de materia legal, los sindicatos presionan a las autoridades para obtenerlo, en vez de tratar de colocar representantes en el Parlamento, una búsqueda pueril que podría prolongarse siglos antes de lograr una mayoría que esté a favor de la reforma anhelada.
"Cuando la mejora deseada debe arrancarse directamente de los capitalistas, los sindicatos recurren a una presión vigorosa para lograr sus deseos. Sus métodos pueden variar, pero todos subyace el principio de acción directa...
"Pero, cualquiera sea el progreso obtenido, siempre debe representar una reducción de los privilegios capitalistas y debe ser una expropiación parcial. Por eso... la fina distinción entre <<reformistas>> y <<revolucionarios>> se evapora y uno tiende a concluir que los únicos trabajadores realmente reformistas son los sindicalistas revolucionarios." [No Gods, No Masters, vol. 2, pp. 71-3]

Pouget se refería a los gremios revolucionarios pero su argumento puede ser generalizado a todos los movimientos sociales.

Al perseguir mejoras por abajo a través de la acción directa, la solidaridad y la organización de aquellos que sufren directamente la injusticia, los anarquistas pueden elaborar reformas más sustanciales, efectivas y durables que las "reformas" logradas desde arriba por los reformistas. Al reconocer que la efectividad de una reforma depende del poder de los oprimidos que resisten ante aquellos que los dominan, los anarquistas buscan el cambio desde abajo hacia arriba, y por ende logros reales más que palabras juntando polvo en los libros de la ley.

Por ejemplo, un reformista ve la pobreza y busca modos de disminuir sus efectos debilitadores y destructivos: esto produjo cosas como el salario mínimo, la acción afirmativa, los proyectos en Estados Unidos y reformas similares en otros países. Un anarquista mira la pobreza y se pregunta "¿qué causa esto?" y ataca la raíz más que los síntomas. Mientras que los reformistas pueden triunfar en el corto plazo con sus panaceas institucionales, el nudo problemático permanece sin tratamiento, condenando la reforma a un eventual fracaso, costoso e inevitable, incluso en términos de vidas humanas. Como un impostor que trata los síntomas de una enfermedad sin atacar sus causas, todo lo que puede prometer el reformismo son mejoras de corto plazo para una dolencia que nunca se va y que finalmente matará al paciente. El anarquismo, como un médico verdadero, investiga y trata la fuente del problema sin desatender los síntomas.

Por lo tanto, los anarquistas son de la opinión de que "mientras se predica contra toda forma de gobierno, demandando completa libertad, debemos apoyar las luchas por libertades parciales, porque estamos convencidos que se aprende durante la lucha, y una vez que se empieza a disfrutar de un poco de libertad uno termina queriéndola toda. Siempre debemos estar con la gente... hacer que entiendan... [que] lo que puede exigirse deberían obtenerlo por sus propios esfuerzos, despreciando y detestando a quien sea parte del gobierno o aspire a serlo." [Malatesta, Errico Malatesta: His Life and Ideas, p. 195]

Por eso los anarquistas no se oponen a las luchas por reformas y mejoras en el aquí y ahora. De hecho pocos anarquistas piensan que una sociedad anarquista se materializará sin un largo período de actividades alentando las luchas sociales y trabajando contra la injusticia. Por ello las palabras de Malatesta:  

"el tema no es si logramos el anarquismo hoy, mañana o dentro de diez siglos, sino si nos dirigimos hacia el anarquismo hoy, mañana y siempre." [Towards Anarchism, p. 75]

De este modo, cuando los anarquistas pelean por mejoras lo hacen a su modo, favoreciendo la autogestión, la acción directa y la creación de respuestas libertarias y alternativas al capitalismo y al estado.

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