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Josep Termes, Anarquismo y Sindicalismo en España, Ed. Crítica

La Asociación Internacional de los Trabajadores (I Internacional) fue fundada en Londres, el 28 de septiembre de 1864, en una asamblea pública celebrada en el St. Martin's Hall. El esfuerzo del London Trade Council para establecer relaciones permanentes con las asociaciones obreras del continente viose así coronado con el éxito.

La A.I.T. se inició con la participación de los sindicatos obreros británicos y franceses y la de algunos exiliados procedentes de diversos países europeos que entonces residían en Londres.

La Internacional nació en una época en que Europa sufría graves tensiones políticas, y se desarrolló en los años siguientes en medio de guerras y revoluciones. Hasta que estalló la guerra franco-prusiana en 1870, las convulsiones facilitaron su crecimiento; a partir de esta fecha se inicia su decadencia. La Primera Internacional no fue, como lo sería su sucesora la Segunda Internacional, una federación de partidos obreros nacionales, sino una agrupación de adheridos individuales que contaban con el apoyo de algunos pequeños sindicatos locales.

En la conferencia inaugural estuvieron representados cuatro países: Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Suiza -o más bien Ginebra, pues no acudió ningún delegado de los restantes cantones suizos-, sin contar los que estaban representados nominalmente por exiliados. En el preámbulo de los reglamentos aprobados aparecía la siguiente cláusula que más tarde había de provocar violentas controversias: «que la emancipación económica de las clases trabajadoras es, por consiguiente, el gran fin al cual debe subordinarse, como un medio, todo movimiento político». La confusión se hizo mucho más grave a causa de que en la traducción francesa hecha por el Consejo de París no aparecían las palabras «como un medio». Este fragmento, al igual que otros muchos pasajes de la alocución y del preámbulo, podía ser interpretado de distintas maneras. Algunos dedujeron que era un aviso contra cualquier forma de acción política que pudiera llevar al movimiento obrero a una transacción con el estado o con los partidos políticos radicales de la clase media; otros, y eso es lo que pensaron los sindicatos franceses y británicos, que el postulado implicaba primacía de la acción sindical e importancia menor o subordinada de la tarea política. Pero con Marx podía entenderse como una afirmación de la necesidad de la acción política por parte de los obreros organizados, que sirviese como medio para alcanzar su completa emancipación económica.

La Internacional celebró su primer congreso en Ginebra (setiembre de 1866). Asistieron unos sesenta delegados, de los cuales 33 eran suizos y 16 franceses. El principal objetivo del congreso fue dar a la A.I.T. una constitución definitiva, ratificando o alterando lo dispuesto en la conferencia inaugural de 1864. Las diferencias entre el texto francés y el inglés del preámbulo no habían sido notadas y éste fue aprobado sin discusión. Gran parte de los delegados franceses deseaban impedir el acceso a la Internacional a los que no fuesen obreros manuales; esta propuesta fue derrotada con los votos de los delegados ingleses y suizos. Se decidió que el domicilio del Consejo General --comité encargado de dirigir la Internacional en las etapas que mediaban entre dos congresos- continuase siendo Londres.

El segundo congreso se reunió en Lausana en 1867 y de nuevo fue mayoritariamente franco-suizo. Se señaló la necesidad de que los sindicatos obreros se agrupasen en federaciones regionales, nacionales e internacionales de oficios e industrias. Existió acuerdo casi general al indicar que debería fomentarse la creación de cooperativas de producción y que los sindicatos estaban obligados a apoyarlas moral y económicamente; pero surgieron grandes diferencias entre los delegados al discutir qué tipo de actividades cooperativas merecían ser defendidas. Muchos delegados señalaron el peligro de que las cooperativas de producción -si bien eran interesantes al anticipar de qué forma debían los obreros dirigir una empresa en la sociedad futura- sirviesen sólo para emancipar económicamente a reducidos grupos de obreros y no a la clase trabajadora en su totalidad. La resolución final adoptada por el congreso mostraba este peligro, pero insistía en que podía ser soslayado si los proletarios tomaban conciencia de él. Proudhonianos, partidarios de Louis Blanc y de Lassalle tomaron parte en el congreso y, al discutirse los puntos que hacían referencia al «estado», la disparidad de los criterios sustentados por las distintas escuelas fue la causa de que se tomaran resoluciones ambiguas. Se aprobó una moción favorable a la propiedad pública de los medios de cambio -los bancos- y de transporte; pero una enmienda sobre la socialización de la tierra -presentada por el belga Cesar de Paepe- fue rechazada, aplazando este punto para una más completa discusión en el congreso próximo. El siguiente tema puesto a debate: qué parte debía tomar la clase obrera en la lucha política y la relación entre libertades «sociales» y «políticas», suscitó idénticas dificultades. El congreso acordó que: «1º La emancipación social de los trabajadores era inseparable de su emancipación política, y 2º, que el establecimiento de libertades políticas es una primera medida de absoluta necesidad». Estas dos mociones recibieron votos favorables de casi todos los delegados, porque cada cual podía interpretarlas a su manera. Se pretendía que cumpliesen una doble finalidad: condenar a los que rechazaban totalmente la acción política ya quienes estaban dispuestos a laborar por mejoras sociales sin preocuparse de la revolución política. Se acordó que estas dos proposiciones fuesen «solemnemente reafirmadas» en los congresos siguientes y que debían ser comunicadas oficialmente a todos los miembros de la Internacional.

La última decisión importante tomada en Lausana se refería a la actitud que se debía seguir con respecto al Congreso Internacional de la Paz, que pocos días después había de reunirse en Ginebra, patrocinado por la Liga por la Paz y la Libertad. La Liga era un movimiento pacifista y republicano dirigido por escritores, profesores y políticos burgueses radicales que deseaban el apoyo de los obreros. La mayoría de los delegados de la Internacional estuvo de acuerdo en colaborar con la Liga en su lucha contra la guerra, aunque insistiendo en que ésta se ocupase del problema social y reconociese que las guerras sólo podían ser evitadas mediante un cambio completo del sistema económico imperante.

El congreso pacifista de Ginebra no discutió directamente el mensaje enviado por la Internacional; y la Liga por la Paz y fa Libertad no aprobó las propuestas que éste contenía. Mijaíl Bakunin, que aún no pertenecía a la Internacional, participó activamente en el Congreso de la Paz; y finalizado éste continuó dirigiendo -en el interior de la Liga- una activa ala izquierdista que exigía la adopción de un revolucionario programa de reformas sociales. Al año siguiente, en el segundo congreso de la Liga, celebrado en Berna, Mijaíl Bakunin defendió una proposición que señalaba la necesidad de establecer una sociedad en la que imperase la igualdad económica y social entre todos sus miembros; se declaró colectivista y partidario de la abolición del estado y de sus órganos. La moción fue derrotada, lo que provocó la crisis en la Liga y la consiguiente separación de Mijaíl Bakunin y sus partidarios.

Éste y el grupo que lo apoyaba, formado en gran parte por exiliados de distintos países europeos, fundaron en Ginebra la Alianza de la Democracia Socialista (setiembre de 1868). Sus miembros más destacados eran el geógrafo Elisée Réclus, los italianos Giuseppe Fanelli y Alberto Tucci, Aristides Rey y el ruso N. Jukovsky. La Alianza pidió el ingreso en la A.I.T., anunciando su intención de seguir organizándose como asociación internacional y continuar celebrando sus propios congresos. El Consejo General -como era de esperar- rechazó la solicitud; entonces la Alianza decidió disolverse como organización internacional y pedir a sus secciones que ingresasen en sus respectivas federaciones nacionales y locales de la Internacional y además declaró que la organización matriz, de Ginebra, se convertiría en sección de propaganda de la Internacional en esta ciudad. Sobre estas bases, el Consejo General aceptó el ingreso de la Alianza en la A.I.T. (julio de 1869). En capítulos siguientes se estudiarán más detalladamente las discrepancias ideológicas y personales suscitadas entre Marx y Mijaíl Bakunin y la repercusión de éstas en la marcha de la A.I.T. y del movimiento obrero español. Pero volvamos ahora a ocuparnos de la historia de la Internacional examinando lo que sucedió en el congreso de Bruselas en 1868.

No eran los franceses los que tenían preponderancia numérica, sino los belgas, que con 56 delegados eran mayoría en el congreso; les seguían --en cuanto a número de asistentes- los suizos con 18 y los británicos con 12 -incluyendo a los miembros del Consejo General, 6 de los cuales eran exiliados residentes en Gran Bretaña-. Asistió por primera vez a un congreso obrero internacional, un español: Sarro Magallán, pseudónimo que utilizó el maquinista barcelonés A. Marsal Anglora. El congreso declaró -a petición de Cesar de Paepe- que la tierra, las minas, las canteras, los bosques, los canales y los medios de comunicación debían pertenecer a la colectividad. Contra esta proposición batallaron inútilmente un reducido grupo de proudhonianos belgas y franceses y los suizos moderados. En acuerdo aparte se decidió que las máquinas -instrumentos de producción- pasasen a manos de los obreros.

En Bruselas, la Internacional se pronunció claramente en favor del colectivismo industrial, entendido como propiedad ejercida por las cooperativas de producción y no como propiedad estatal. En lo concerniente a la agricultura se dispuso una solución parecida: la tierra sería poseída por las comunidades locales y la cultivarían los trabajadores afiliados en cooperativas agrícolas. El congreso se esforzó en señalar el peligro de que las cooperativas tomaran formas capitalistas, y se subrayó que el objeto de éstas era arrebatar los instrumentos de producción de las manos de los potentados para devolverlos a los obreros, quienes eran sus legítimos propietarios. El congreso repudió las cooperativas de consumo a la Rochdale y las de producción que pagaban intereses al capital invertido en ellas. El congreso de Bruselas marca el momento de aceptación definitiva de la idea de socialización por parte de la A.I.T.

El siguiente congreso celebróse en Madrid en setiembre de 1869. Asistieron menos delegados que al de Bruselas, 72 en lugar de 100. Uno de los dos que representaban a Italia era Mijaíl Bakunin, quien por primera vez hacía acto de presencia en un congreso internacionalista. Las sociedades obreras catalanas tuvieron dos delegados: el médico Gaspar Sentiñón y el tipógrafo Rafael Farga Pellicer. Ambos conocían las teorías de Mijaíl Bakunin -a través de las explicaciones de Fanelli- y eran miembros de la Alianza. En Basilea entraron en contacto con la influyente personalidad del emigrado ruso y se convirtieron en decididos defensores de su doctrina.

En el congreso se discutió nuevamente la cuestión de la propiedad colectiva de la tierra, siendo las conclusiones aprobadas similares a las de Bruselas. Se trató de la abolición del derecho de herencia, tema capital del pensamiento bakuninista. Se presentaron dos propuestas: una de la comisión nombrada por el congreso -favorable a la abolición- y otra escrita por Marx y presentada por el sastre alemán G. Eccarius -partidaria de gravar con un fuerte impuesto la trasmisi6n de bienes por fallecimiento-. Ninguna de las dos ponencias obtuvo la mayoría necesaria para convertirse en decisión del congreso. El Consejo General recibió -con el apoyo de Mijaíl Bakunin- poderes más amplios: se le concedió la facultad de admitir o rechazar el ingreso en la Internacional a individuos y sociedades, y la autorización para suspender a cualquier sección que actuase en contra de los intereses generales de la A.I.T. El Consejo General debía dar cuenta de sus decisiones únicamente al congreso y sólo éste tenía autoridad para revocar sus veredictos.

Hasta 1868 la Internacional contó con la oposición interna de los proudhonianos. A partir de esta fecha el influjo de éstos dejó de pesar y los desacuerdos entre Marx y Mijaíl Bakunin dominaron en los siguientes años. Entre la fecha de su fundación y la de su máximo desarrollo (1869-1870), la Internacional avanzó mucho hacia el socialismo, derrotó a los partidarios de Proudhon, incapaces de aceptar la idea de nacionalización de la tierra, y vio fracasar a la Liga por la Paz y la Libertad, organismo que se proponía alcanzar fines de tipo internacionalista --entendidos en un sentido político general y no estrictamente obrerista-, y que le hubiese podido arrebatar el apoyo de algunos núcleos obreros. La Internacional había conseguido que la Alianza de Mijaíl Bakunin se disolviese como organismo multinacional convirtiéndose en simple sección de propaganda de la rama suiza; y participó en la formación o en el crecimiento de los sindicatos de casi todos los países de Europa occidental. Gran número de huelgas habían resultado victoriosas y, aunque no fueron organizadas por ella, contribuyeron a aumentar su prestigio entre los obreros. La Internacional era conocida y temida en gran parte de Europa; estancada en otros países, continuaba creciendo en España e Italia. En Eisenach, Alemania, habíase creado un Partido Social Demócrata que, aunque no pudiese ingresar oficialmente en la A.I.T., se esperaba que colaborase estrechamente con ella. La guerra entre Francia y Prusia, y los acontecimientos provocados por la «Commune» de París y su subsiguiente derrota fueron la causa de la decadencia de la Internacional; después de esta crisis sólo en algunos países continuó desarrollándose, en especial en España y en mucho menor grado en Italia.


Conferencias y Congresos realizados por la AIT

  • Conferencia preliminar de Londres (Reino Unido), 25 al 29 de septiembre de 1865. Trabajos preparatorios para el I Congreso.
  • I Congreso de Ginebra (Suiza), 3 al 8 de septiembre de 1866.
  • II Congreso de Lausana (Suiza), 2 al 8 de septiembre de 1867.
  • III Congreso de Bruselas (Bélgica), septiembre 1868.
  • IV Congreso de Basilea (Suiza), septiembre 1869.
  • Conferencia de Londres (Reino Unido), 7 al 23 septiembre de 1871. Convocado ante imposiblidad de realizar el respectivo congreso anual por la Guerra Franco Prusiana y la Comuna de París en 1870 y 1871
  • V Congreso de La Haya (Países Bajos), 2 al 7 de septiembre 1872.
  • VI Congreso de Filadelfia (Estados Unidos), 1875. Resuelve disolver la AIT.

Secciones de la AIT

Se denominan secciones a los sindicatos adheridos a la AIT. Las secciones son las siguientes:

Amigos de la AIT:

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