C.2.2 ¿Tienen derecho los capitalistas a apropiarse de una porción del excedente?

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En una palabra, no. Como intentaremos indicar, los capitalistas no tiene derecho a apropiarse del valor excedente de los trabajadores. No importa cómo se explique esta apropiación por la economía capitalista, encontramos que las desigualdades en la riqueza y en el poder son las auténticas causas de esta apropiación más que cualquier acto productivo. Efectivamente, la economía neo-clásica refleja este axioma. En las palabras del economista de izquierdas Joan Robinson:

“la teoría neo-clásica no contenía una solución al problema de los beneficios o del valor del capital. Han construido una estructura de teoremas matemáticos en una base que no existe.”

Contribuciones a la Economía Moderna p. 186

Si los beneficios son el resultado de la propiedad privada y de las desigualdades que producen, entonces no es sorprendente que la teoría neo-clásica no tuviera como dice Robinson, fundamento ninguno. Después de todo, esta es una cuestión política y la teoría neo-clásica se desarrolló para ignorar tales cuestiones. Aquí indicamos porqué esto es así y discutimos los varios razonamientos sobre el beneficio capitalista para mostrar porqué éstos son falsos.

Algunos consideran que los beneficios son la “contribución” capitalista al valor de un producto. Sin embargo, David Schweickart apunta que, “aportar capital” no significa más que “permitir que sea usado. Pero un acto de dar permiso, por sí mismo, no es una actividad productiva. Si los trabajadores cesan de trabajar, la producción cesa en cualquier sociedad. Pero si los propietarios cesan de dar permisos, la producción se ve afectada sólo si su autoridad sobre los medios de producción es respetada.” (Contra el Capitalismo, p.11 ). Esta autoridad, como se discute antes, deriva de los mecanismos coercitivos del estado, cuyo principal cometido es asegurar que los capitalistas mantienen esa capacidad de permitir o negar el acceso de los trabajadores a los medios de producción. De esta forma, no sólo el “proveer capital” no es una actividad productiva sino que además, depende de un sistema organizado de coerción que requiere de la apropiación de una porción considerable del valor producido por el trabajo, en forma de impuestos, y por tanto es realmente parasitario. Ni que decir tiene que la renta también se puede considerar como un “beneficio”, basado puramente en el “dar permiso” y no siendo por tanto actividad productiva. Lo mismo puede decirse de los intereses, aunque los argumentos son, de alguna manera diferentes (ver sección C.2.6.)

Otro problema con el argumento de la “contribución a la producción” capitalista es que uno tiene que asumir o (a) una definición estricta de quien es el productor de algo, en cuyo caso uno tiene que dar crédito sólo al trabajador, o (b) una definición más holgada en la cual los individuos han contribuido a las circunstancias que permiten que el trabajo productivo sea posible. Ya que la producción del trabajador ha sido posible en parte por el uso de la propiedad suministrada por los capitalistas, uno podría entonces dar crédito a los capitalistas por “contribuir a la producción” y así reclamar que él o ella tienen derecho a su recompensa, osea, al beneficio.

Sin embargo, si asumimos (b), uno se debe preguntar porqué la cadena de créditos debería parar en el capitalista. Ya que toda la actividad humana tiene lugar en una compleja red social, se podrían citar muchos factores que permiten al trabajador producir – por ejemplo su educación, el gobierno que mantiene las estructuras que hacen que el lugar de trabajo pueda operar y demás. Ciertamente la propiedad de los capitalistas contribuye en este sentido. Pero esta contribución fue menos importante que el trabajo de, digamos, la madre del trabajador. Sin embargo ningún capitalista, que nosotros sepamos, a propuesto compensar a las madres de los trabajadores con ninguna parte del beneficio de las empresas, ¡y no ya con una parte mayor que la que ellos reciben! Sin embargo, si siguieran su propia lógica consistentemente, los capitalistas tendrían que reconocer que dicha compensación sería justa.

De hecho, como el capital autónomamente no produce sin la labor humana (mental y física), los anarquistas rechazan la idea de que proveer capital es un acto productivo. Como dijo Proudhon:

“El Capital, las herramientas y la maquinaria son todas improductivas .. el propietario que demanda ser recompensado por el uso de las herramientas o por el poder productivo de sus tierras, da por sentado, entonces, aquello que es radicalmente falso; que el capital produce por su propio esfuerzo - y que cobrando por este imaginario producto, literalmente recibe algo a cambio de nada.”

Op. Cit. p. 169

.

Claro, podría argumentarse (y frecuentemente se hace) que el capital hace trabajar más productivamente y entonces los dueños del capital deberían ser “recompensados” por permitir su uso. Esto, sin embargo, es una conclusión falsa, ya que proveer capital no es como otro producto. Esto es porque los capitalistas, al contrario que los trabajadores, reciben muchas veces el pago por una pieza de trabajo (que además pagan a otros para hacer) y retienen el resultado del trabajo. Como Proudhon argumenta:

“Aquel [trabajador] que crea o repara las herramientas del campesino recibe el precio una vez, cuando entrega la mercancía, o en varios pagos; y una vez que esto se paga al fabricante, la herramienta que ha entregado ya no le pertenece más. Nunca podrá el reclamar doble pago por la misma herramienta, o los mismos trabajos de reparación. Si anualmente comparte los productos del campesino es debido a que anualmente hace algo para el campesino. “El propietario, por el contrario, no entrega su herramienta, será pagado eternamente por ella y eternamente la mantiene”

Op. Cit. pp. 169-170

Por esto, proveer capital no es una acto productivo, y quedarse los beneficios que se producen por aquellos que realmente usan el capital es una acto de robo. Esto no significa, por supuesto, que crear bienes capitales no sea creativo ni que no ayuden a la producción ¡lejos de ello! Pero ser dueño del resultado de estas actividades y rentarlas no justifican el capitalismo o los beneficios.

Algunos defensores del capitalismo afirman que los beneficios representan la productividad del capital. Argumentan que a un trabajador se le da exactamente lo que produce porque (según la respuesta neo-clásica) si para de trabajar, el producto total descenderá por, precisamente, el valor de sus salario. Sin embargo este argumento tiene un gran fallo, y es que el total del producto se vería decrementado por mucho más que eso si dos o más trabajadores dejaran de trabajar. Esto es porque el salario que reciben los trabajadores bajo condiciones de competencia perfecta se asume que es el producto del último trabajador en la teoría económica neo-clásica. Los argumentos neo-clásicos presumen una “productividad marginal decreciente”, estos es, se asume que el producto marginal del último trabajador es menor que el penúltimo y anteriores. En otras palabras, en la economía neo-clásica, todos los trabajadores siendo el mítico “último trabajador”, no reciben el producto total de su labor. Sólo reciben lo que se supone que produce el último trabajador y así, todos, menos el último trabajador, no reciben exactamente lo que el o ella producen . Parece que la afirmación neo-clásica de no explotación dentro del capitalismo se invalida por su propia teoría.

Esto es admitido y reconocido por los teoristas. Debido a esta productividad marginal decreciente, la contribución del trabajo es menos que el total del producto. Se afirma que esa diferencia es precisamente la contribución del capital. ¿pero, qué es esta “contribución” del capital? Sin trabajadores no habría ningún resultado. Además, en términos físicos, el producto marginal del capital es simplemente la cantidad por la que la producción se vería reducida si una pieza de capital se sacara de la producción. No refleja ninguna actividad productiva ninguna de parte del dueño de dicho capital. Por lo tanto no mide su contribución a la producción. En otras palabras, la economía capitalista trata de confundir a los capitalistas con la maquinaria que poseen.

Efectivamente, la noción de que los beneficios representan la contribución de los capitalistas se descalabra con la práctica del “reparto de beneficios”. Si los beneficios fueran la contribución del capital, entonces repartir los beneficios significaría que el capital no estaría recibiendo toda su “contribución” a la producción (¡y por lo tanto estaría siendo explotado por el trabajo!). Más aún, dado que el reparto de beneficios usualmente se usa como una técnica para incrementar la productividad y los beneficios, parece extraño que dicha técnica fuera necesaria si los beneficios, realmente, representaran la “contribución” del capital. Después de todo, la maquinaria que los trabajadores están usando es la misma que antes del reparto de beneficios – ¿cómo pudo este stock de capital que no ha cambiado, producir un incremento en la “contribución”? Sólo podría ser si, el capital fuera improductivo y que la fuente actual de beneficios fuera los esfuerzos, técnicas y energía no pagados a los trabajadores. La afirmación de que los beneficios son iguales a la contribución del “capital” tienen pues, poco fundamento en los hechos.

Mientras que es cierto que el valor invertido en capital fijo, se transfiere, en el tiempo a los productos producidos por éstos y a través de la venta transformado en dinero, esto no representa actualmente ninguna labor por los dueños del capital. Los anarquistas rechazan la ideología que sugiere lo contrario y reconocen que el trabajo (mental y físico) es la única forma de contribución que puede ser realizada por los humanos a un proceso productivo. Sin el trabajo, nada se puede producir ni el valor del capital fijo transformado en productos. Como Charles A. Dana apunta en su célebre introducción a las ideas de Proudhon.

“el trabajador sin capital pronto proveería sus deseos con su producción ... pero el capital sin trabajadores que lo consuman sólo puede yacer inútilmente.”

Proudhon y su “Banco del Pueblo” p.31

Si a los trabajadores no se les paga el valor completo de su contribución a los resultados que ellos producen entonces están siendo explotados y por lo tanto, como se indica, el capitalismo se basa en la explotación.

Así, pues, por sí mismos, los costes fijos no producen valor. Si el valor es creado depende de cómo las inversiones se desarrollan y se usan. En palabras del socialista inglés Tomas Hodskin:

“El capital fijo no deriva su utilidad del trabajo anterior, sino del trabajo actual; y no trae beneficios a su dueño porque halla sido guardado, sino porque es un medio para obtener mando sobre el trabajo.”

El trabajo defendido de las Alegaciones del Capital

Lo que nos lleva otra vez de vuelta al trabajo (y la relación social que existe dentro de la economía) como la fuente fundamental de los beneficios. Más aún, la idea (tan apreciada por los economistas pro-capitalistas) que el salario de un trabajador es el equivalente a los que este produce se ve violado todos los días en el mundo real. Como un economista crítico del dogma neo-clásico lo pone:

“Los gestores de las empresas capitalistas no están contentos simplemente con responder a los dictados del mercado igualando los precios al valor marginal del trabajo. Una vez que el trabajador ha entrado en el proceso de producción, las fuerzas del mercado han sido, por lo menos por un tiempo, reemplazadas. La relación esfuerzo-pago dependerá no sólo de las relaciones de intercambio del mercado sino también ... en las relaciones jerárquicas en la producción – en el poder relativo de los gerentes y los trabajadores dentro de la empresa.”

William Lazonick Organización Empresarial y el mito de la Economía de Mercado, p. 184-5

La economía capitalista está más preocupada con justificar el status quo que en estar en contacto con el mundo real. Afirmar que los salarios de los trabajadores representan su contribución y el beneficio representa la contribución del capital es simplemente, falso. El capital no produce nada (no hablemos ya de un excedente) a no ser que se use por el trabajador y por lo tanto los beneficios no representan la productividad del capital.

Otras justificaciones comunes del beneficio están basadas en afirmaciones sobre “las habilidades especiales” de un grupo reducido, por ejemplo como la habilidad de “asumir riesgos” o “creatividad” y son igualmente falsas como las que acabamos de explicar.

En cuanto a “asumir riesgos”, virtualmente toda actividad humana involucra tomar riesgos. Afirmar que los capitalistas deberían ser pagado por asumir los riesgos asociados con las inversiones es implícitamente afirmar que el dinero es más valioso que la vida humana. Después de todos, los trabajadores arriesgan su salud y su vida en el trabajo y muchas de las veces, los centros de trabajo más peligrosos están asociados con las pagas menores (las condiciones higiénicas y seguras en el trabajo pueden reducir los beneficios así que para recompensar el “riesgo” de los capitalistas, el riesgo de los trabajadores podría incluso aumentar). En el mundo al revés de la ética capitalista, a veces es más barato (o más “eficiente”) reemplazar una trabajadora que una inversión de capital.

La teoría del riesgo, además, falla al no tener en cuenta las distintas capacidades de toma de riesgos que se derivan de la desigualdad en la distribución de la riqueza de la sociedad. Como James Meade lo pone:

“Los propietarios pueden repartir sus riesgos poniendo pequeñas partes de su propiedades en una larga cartera de inversiones mientras que los trabajadores lo tienen difícil para poner pequeñas partes de sus esfuerzos en distintos trabajos. Esta es presumiblemente la principal razón por la que encontramos capital-riesgo alquilando trabajadores” y no vice versa

citado por David Schweickart, Op. Cit. pp. 129-130

No es necesario decir que, la consecuencias más serias del “riesgo” normalmente son sufridas por las personas que pierden su trabajo, su salud e incluso su vida. Así que más que evaluaciones individuales determinando el “riesgo”, estas evaluaciones serán dependientes de la posición de clase de los individuos en cuestión. El riesgo, por lo tanto, no es un factor independiente y por lo tanto no puede ser la fuente de los beneficios. Así como se indica, otras actividades pueden involucrar mucho más riesgo y tienen una menor recompensa.

En cuanto al espíritu “creativo” que innova y crea beneficios, es cierto que los individuos ven nuevas potencialidades y actúan de formas innovadoras para crear nuevos productos o procesos. Sin embargo, como se discute en la siguiente sección, esta no es el origen del beneficio.