C.2.1 ¿Por qué existe este excedente?
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Es la naturaleza del capitalismo que exista la monopolización del producto de los trabajadores. Esto es debido a la propiedad privada de los medios de producción y
“consecuencia de que el trabajador, cuando puede trabajar, no encuentra tierras que arar o máquinas que poner en marcha a no ser que llegue a un acuerdo para vender su fuerza de trabajo por un valor inferior a su precio real.”
Pedro Kropotkin Panfletos Revolucionarios de Kropotkin, p. 55
Es por ello que los trabajadores tienen que vender su fuerza de trabajo en el mercado. Sin embargo, este “producto”
“no se puede separar de la persona como piezas de propiedad. Las capacidades de los trabajadores se desarrollan con el tiempo y forman un parte integral de su identidad; las capacidades están internamente y no externamente relacionadas con la persona. Más aún, las capacidades o fuerza de trabajo no se pueden usar sin que el trabajador use su voluntad, su entendimiento y su experiencia. El uso de la fuerza de trabajo requiere la presencia de su 'dueño' .. Contratar fuerza de trabajo es un desperdicio de recursos si esta fuerza no se puede usar en la manera en la que el dueño requiere ... El contrato laboral debe, por tanto, crear una relación de mando y obediencia entre empleador y empleado.”
Carole Pateman El Contrato Sexual, pp. 150-1
Así,
“el contrato en el que el trabajador vende su fuerza es un contrato que, al trabajador no poder separarse de sus capacidades, vende el control sobre el uso de su cuerpo y de sí mismo. Las características de estas condiciones se condensan en el término salario-esclavo,”
Ibid. p. 151
O, por usar las palabras de Bakunin:
“el trabajador vende su persona y su libertad por un determinado periodo de tiempo” y así “concluyéndose bajo un único término y reservando al trabajador el derecho de dejar a su empleador, este contrato constituye una suerte de servidumbre voluntaria y transitoria.”
La Filosofía Política de Bakunin p. 187
Esta dominación es la fuente de los excedentes, ya que
“el salario-esclavo no es una consecuencia de la explotación – la explotación es una consecuencia del hecho de que la venta de la fuerza de trabajo conlleva la subordinación del trabajador. El contrato laboral crea al capitalista como amo; él tiene el derecho político de determinar cómo se va a usar la fuerza del trabajador y – consecuentemente – le puede explotar.”
Carole Pateman Op. Cit.,p. 149
Así que los beneficios existen porque el trabajador se vende a sí mismo a los capitalistas, que después son dueños de su actividad y, por lo tanto, los controlan (o, siendo más precisos, tratan de controlarlos) como a una máquina. Los comentarios de Benjamin Tucker en relación a la afirmación de que el capital tiene derecho a una recompensa se usan aquí. Benjamin nota que
“combatir ... la doctrina de que el valor excedente – a veces llamado beneficio – pertenece a los trabajadores porque ellos lo han creado, argumentando que el caballo ... tiene derecho al valor excedente que ha creado para su dueño. Así será cuando tenga el sentido de reclamarlo y el poder de cogerlo ... este argumento ... está basado en la suposición de que ciertas personas nacen siendo propiedad de otras personas, tal y como lo son los caballos. El reductio ad absurdum se aplica sobre sí mismo.”
En vez de un Libro pp. 495-6
En otras palabras, argumentar que el capital debe ser recompensado es asumir implícitamente que los trabajadores son como la maquinaria, simplemente otro “factor de producción” en vez de seres humanos y los creadores de cosas de valor. Los beneficios existen entonces porque durante el día de trabajo, los capitalistas controlan la actividad y el resultado de los trabajadores (son dueños de ellos durante las horas de trabajo ya que la actividad no se puede separar del cuerpo y “hay una relación integral entre el cuerpo y el sí. El cuerpo y el sí no son el mismo, pero los síes son inseparables de los cuerpos.” Carole Pateman Op. Cit., p. 206).
Considerándolo puramente en términos de outputs, esto resulta en, como Proudhon nota, los trabajadores trabajando para “un empresario que les paga y guarda sus productos.” (citado por Martin Buber, Caminos en la Utopía, p. 29). La habilidad de los capitalistas de mantener este tipo de monopolización del tiempo y del producto de los demás está consagrado en los “derechos de propiedad” y legitimado por fuerza por el estado público o privado. En breve:
"la propiedad es el derecho de disfrutar y disponer a voluntad de los bienes de los demás – los frutos de la industria y el trabajo del otro.”
Proudhon ¿Qué es la Propiedad?, p.171
Y por este “derecho” el salario del trabajador siempre será menos que la riqueza produce.
El tamaño de este excedente, la cantidad de trabajo no pagado, puede cambiar cambiando la duración y la intensidad del trabajo (haciendo que los trabajadores trabajen más horas y más intensamente). Si la duración del trabajo se incrementa, la cantidad de valor excedente se incrementa de una forma absoluta. Si se incrementa la intensidad, por ejemplo innovando en el proceso de producción, la cantidad de valor excedente se incrementa de una forma relativa (los trabajadores producen el equivalente de su salario más tempranamente durante el día laboral, resultando en más trabajo sin pagar para sus jefes).
Tal excedente indica que el trabajo, como cualquier otro producto, tiene un valor de uso y un valor de intercambio. El valor de intercambio del trabajo es el salario de los trabajadores, el valor de uso es su habilidad para trabajar, de hacer lo que quieren los capitalistas que compran. Así, la existencia de “productos excedentes” indica que hay una diferencia entre el valor de intercambio y el valor de uso, que el trabajador puede potencialmente crear más valor del que recibe salarios. Decimos potencialmente porque la extracción del valor de uso del trabajo no es una operación tan sencilla como la extracción de tantos julios de energía de una tonelada de carbón. La fuerza laboral no se puede usar sin someter al trabajador a la voluntad del capitalista – en contraposición con otros productos, la fuerza de trabajo está inseparablemente incorporada en los seres humanos. Tanto la extracción del valor de uso y la determinación del valor de intercambio dependen de – y están profundamente modificados por – las acciones de los trabajadores. Ni el esfuerzo aportado durante las horas de trabajo, ni las horas que se dedican al trabajo, ni el salario que recibe por ello puede ser determinante sin tener en cuenta la resistencia del trabajador a ser convertido en un producto, a ser convertido en un toma-órdenes. En otras palabras, la cantidad de “productos excedentes” extraídos de un trabajador dependen de la resistencia a la deshumanización dentro del centro de trabajo, a los intentos de los trabajadores de resistir la destrucción de su libertad durante las horas de trabajo.
De esta manera, el trabajo no pagado, consecuencia de la relaciones de autoridad explícitas en la propiedad privada, es la fuente del beneficio. Parte de este excedente se usa para enriquecer a los capitalistas y otra parte a incrementar su capital, que a su vez se usa para incrementar los beneficios, en un ciclo sin fin (ciclo, sin embargo, que no es una constante ascensión pero que está sujeto a periodos de disrupción por recesiones o depresiones - “El Ciclo Económico.” Las causas básicas de estas crisis las discutiremos más tarde, en la sección C.7 y la sección C.8).


