C.1.1 ¿Qué tiene de malo esta teoría?

De Ateneo Virtual, la enciclopedia libre.

El primer problema al usar la utilidad marginal para determinar el precio es que conduce a un razonamiento circular. Los precios se supone que miden la "utilidad marginal" del artículo, pero los consumidores necesitan saber el precio primero para poder evaluar como maximiza su satisfacción. De aquí que la teoría subjetiva del valor "obviamente descansa en un razonamiento circular. Aunque trate de explicar los precios, los precios son necesarios para explicar la utilidad marginal".(Paul Mattick, Economics, Politics and the Age of Inflation, p.58). Al final, como Jevons (uno de los fundadores del marginalismo) dice, el precio de un artículo es la única prueba que tenemos de la utilidad del artículo al productor. Dado que se supone que la utilidad marginal debe explicar esos precios, el fallo de la teoría no podría ser más chocante.

Segundo, considera la definición de equilibrio del precio. El equilibrio del precio es el precio para el cual la cantidad demandada es precisamente igual a la cantidad suministrada. En este precio ni los demandantes ni los proveedores tienen incentivo para cambiar sus comportamientos.

¿Por qué pasa esto? La teoría subjetiva no puede explicar realmente porqué este precio es el precio del equilibrio, como opuesto a cualquier otro. Esto es porque la TSV ignora que una medida objetiva es necesaria como base para evaluaciones "subjetivas" dentro del mercado. El consumidor, cuando compra, necesita los precios para asignar su dinero para maximizar su "utilidad" (y, por supuesto, los consumidores se enfrentan a precios en el mercado, ¡justo lo que la teoría de la utilidad marginal trata de explicar!). Y ¿cómo sabe una empresa que está obteniendo un beneficio a no ser que compare el precio de mercado con los costes de producción del artículo que produce? Como Proudhon dijo:

"si sólo la oferta y la demanda determinan el valor, ¿cómo podemos decir qué es un exceso y qué es lo suficiente? Si ni el coste, ni el precio de mercado, ni los salarios pueden ser determinados matemáticamente, ¿cómo es posible concebir un excedente, un beneficio?"

System of Economical Contradictions p. 114

Esta medida objetiva solo puede ser el proceso actual de producción en el capitalismo, la producción que es por beneficio. Las implicaciones de esto son importantes al descubrir qué es lo que determina el precio en el capitalismo, tal como discutiremos en la próxima sección.

Los primeros marginalistas se dieron cuenta de este problema y argumentaron que el precio reflejaba la utilidad en el "margen" (Jevons, uno de los fundadores de la escuela marginalista, argumentó que "el grado final de utilidad determina el valor"); pero ¿qué determinaba la posición del margen mismo? Está establecido por la disponibilidad de la oferta ("la oferta determina el grado final de utilidad" -- Jevons); pero ¿qué determina el nivel de oferta? ("El coste de producción determina la oferta" -- Jevons). En otras palabras, el precio depende de la utilidad marginal, que depende de la oferta, que depende de los costes de producción. En otras palabras, finalmente se basa en una medida objetiva (oferta o costes de producción) ¡en vez de evaluaciones subjetivas! Esto no es sorprendente porque antes de que puedas consumir ("valor subjetivo") algo en el mercado, tiene que ser producido. Es el proceso de producción lo que reorganiza la materia y la energía formas menos útiles a más útiles (para nosotros). Lo que nos lleva de vuelta a la producción y a las relaciones sociales que existen en una sociedad dada -- y los peligros políticos de definir (intercambiar) valor en términos de trabajo (ver sección siguiente). Después de todo, el individuo no sólo hace frente a una oferta dada del mercado, también hace frente a los precios, incluyendo los costes asociados a la producción y a la obtención de beneficios.

Como el objetivo completo del marginalismo era abstraerse de la producción (donde las relaciones de poder son claras) y concentrarse en el intercambio (donde el poder actúa indirectamente), no es sorprendente que las primeras teorías de la utilidad marginal del valor fueran rápidamente abandonadas. La discusión siguiente de "utilidad" en los libros de texto economistas es básicamente heurística. Primero, los economistas neo-clásicos usaban "utilidades" medibles (cardinales) ( ej. que la utilidad era la misma para todos) pero eso causó problemas políticos (porque la utilidad cardinal implicaba que la "utilidad" de un dolar extra para una persona pobre era claramente mayor que la pérdida de un dolar para una persona rica y esto obviamente justificaba las políticas redistributivas). Cuando esto fue reconocido (junto con el obvio hecho de que la utilidad cardinal era imposible en la práctica) la utilidad se convirtió en "ordinaria" (ej. la utilidad era algo individual y por lo tanto no se podía medir). Entonces incluso la utilidad ordinal se abandonó porque las utilidades interpersonales no eran comparables y así los precios objetivos no se podía derivar de ellas (este era el argumento de Adam Smith y que le llevó al desarrollo de la teoría del valor del trabajo en vez de una teoría basada en la utilidad, o el valor-uso). Con el abandono de la utilidad "ordinal", las ramas principales de la economía dejan incluso de pensar sobre las preferencias individuales en esos términos. Esto significa que la economía moderna no tiene, para nada, una teoría del valor -- y sin una teoría del valor, la afirmación de que el funcionamiento del capitalismo beneficiará a todos o que su resultado será la realización de las preferencias individuales no tiene ningún fundamento racional.

Así, esta teoría de la utilidad fue gradualmente perdiendo toda su fuerza y siendo reducida de utilidad cardinal a ordinal y de utilidad ordinal a 'preferencias manifestada'. Esta retirada de utilidad cardinal (patentemente soñador) a utilidad ordinal (distinción sin ninguna diferencia) a "preferencias manifestadas" (la tautología al desnudo -- los consumidores maximizan la utilidad total como se "manifiesta" en las estructuras del gasto o, los consumidores maximizan lo que ellos maximizan) era sin embargo una de las muchas retiradas que se hicieron entre los marginalistas cuando sus ideadas presunciones centrales eran expuestas a preguntas simples pero penetrantes.

Aun ignorando la teoría "utilitaria" del valor, las principales ramas de la economía acepta las nociones de la "competencia perfecta" y (Walrasian) "equilibrio general" que eran parte de ella. El marginalismo intentaba enseñar, en palabras de Paul Ormerod:

"que bajo ciertas presunciones el sistema de mercado libre llevaría a la asignación de unos ciertos recursos en una forma muy particular y restrictiva, óptima desde el punto de vista de cada individuo y empresa en la economía."

The Death of Economics p. 45

Esto fue lo que el equilibrio general de Walrasian probó. Sin embargo, las presunciones necesarias probaron ser algo irrealistas (para subestimar el punto). Como Ormerod señaló:

“No puede enfatizar demasiado intensamente que ... el modelo competitivo está lejos de ser una representación razonable de la economía occidental en la práctica ... [ es una ] parodia de la realidad. El mundo no consiste, por ejemplo, en una cantidad enorme de pequeñas empresas, ninguna de las cuales tiene ningún grado de control sobre el mercado ... La teoría introducida por la revolución marginal estaba basada en una serie de postulados sobre el comportamiento humano y el funcionamiento de la economía. Era mucho más un experimento en pensamiento puro, con poco racionamiento empírico de las presunciones". Ciertamente, "el peso de la evidencia" está "contra la validez del modelo del equilibrio general de la competencia como una plausible representación de la realidad.”

Op. Cit. p. 48, p. 62

Por ejemplo, los oligopolios y la competencia imperfecta han sido abstraídos tal que la teoría no permite responder a interesantes preguntas sobre la asimetría de información y el regateo de poder entre los agentes económicos, debido tanto al tamaño, organización, estigmas sociales , o a cualquier otro. En el mundo real, el oligopolio es una práctica común y la asimetría de información y el regateo de poder son la norma. Abstraerse de éstos significa presentar una visión económica en desacuerdo con la realidad a la que hace frente la gente y, por tanto, sólo puede ofrecer soluciones que dañan a aquellos con una posición de regateo más débil y sin información. Además, el modelo se basa en un ambiente atemporal, con personas y empresas trabajando en un mundo donde tienen perfecto conocimiento e información del estado del mercado. Un mundo sin futuro y por ello sin incertidumbre (cualquier intento de introducir el factor tiempo, y así, la incertidumbre, asegura que el modelo deje de tener valor). Así, el modelo no puede fácilmente o útilmente explicar la realidad de que los agentes económicos no saben cosas como precios futuros, disponibilidad futura de los bienes, cambios en las técnicas de la producción o en los mercados que ocurrirán en el futuro, etc.. En vez de esto, para obtener sus resultados – pruebas de las condiciones de equilibrio – el modelo asume que los actores tienen un perfecto conocimiento al menos de las probabilidades de todos los posibles desenlaces de la economía. Lo opuesto es el caso en la realidad.

En este mundo perfecto, atemporal, “el libre mercado” capitalista se probará a sí mismo como un eficiente método de asignar recursos y todos los mercados se aclararán. Al menos en parte, la Teoría del Equilibrio General es una respuesta abstracta para una importante y abstracta pregunta: ¿Puede una economía basarse sólo en los precios para que la información del mercado sea metódica? La respuesta del equilibrio general es clara y definitiva – se puede describir esta economía con estas propiedades. Sin embargo, ninguna economía actual ha sido descrita y, tomando las presunciones involucradas, ninguna economía como tal podría existir. Una cuestión teórica ha sido resuelta involucrando ciertas cantidades de logros intelectuales, pero es una respuesta que no tiene nada que ver con la realidad. Y a veces a esto se le denomina “alta teoría” del equilibrio. Obviamente la mayoría de los economistas deben tratar el mundo real como un caso especial.

De este modo, la Teoría del Equilibrio General analiza un estado económico del que no hay ninguna razón para suponer que existirá o que halla existido alguna vez. Así pues, es una abstracción que no tiene ninguna aplicabilidad discernible o relevante al mundo tal y como es. Argumentar que nos pueda dar una visión pista en el mundo real es ridículo. Como la teoría economía principal empieza con axiomas y presunciones y usa una metodología deductiva para llevar a conclusiones, su utilidad para conocer cómo funciona el mundo es limitada. Primero, como señalamos en la sección F.1.3, el método deductivo es precientífico por naturaleza. Segundo, los axiomas y presunciones pueden considerarse ficticios (ya que no tienen ninguna base empírica) y las conclusiones de los modelos deductivistas sólo pueden realmente tener relevancia a la estructura de estos modelos ya que estos modelos no tienen ninguna relación con la economía real. Mientras es cierto que hay ciertos problemas intelectuales imaginarios para los cuales el modelo del equilibrio general está bien diseñado para dar unas respuestas precisas (si algo realmente pudiera), en la práctica esto significa lo mismo que decir que si uno insiste en analizar un problema que no tiene un equivalente o solución en el mundo real, puede ser apropiado usar un modelo que no tiene una aplicación en el mundo real. Los modelos derivados para dar soluciones a problemas imaginarios son inadecuados para resolver problemas prácticos, problemas económicos del mundo real o incluso para darnos alguna pista sobre como funciona y se desarrolla el capitalismo. En palabras del notable economista de izquierdas Nicholas Kaldor:

“La teoría del equilibrio ha llegado a una etapa en la que el teórico puro han demostrado con éxito (aunque puede que sin advertirlo) que las principales implicaciones de esta teoría no pueden sostenerse en la realidad, pero aún no ha conseguido todavía pasar este mensaje hasta los autores de los libros de texto y a la clase.” No es raro, entonces, que “la objeción básica a la teoría del equilibrio general no es que sea abstracta – toda teoría es abstracta y tiene que necesariamente serlo ya que no hay análisis sin abstracción – pero que empieza con el tipo de abstracción incorrecta, y por lo tanto da un 'paradigma' engañoso ... del mundo tal como es ;da una impresión engañosa de la naturaleza y la manera en la que operan las fuerzas económicas.”

The Essential Kaldor p. 377 y p. 399

Hay una noción neo-clásica más realista del equilibrio llamada teoría “parcial” del equilibrio (desarrollada por Alfred Marshall). “El tiempo” se incluye a través de la noción de Alfred Marshall del equilibrio existiendo en varios plazos. Los conceptos más importantes de Marshall son el equilibrio a “corto plazo” y el equilibrio a “largo plazo”. Sin embargo, esto es simplemente comprar un estado estático (ideal) con otro. Marshall trataba los mercados “uno a la vez” (de ahí la expresión “equilibrio parcial”) con “todas las cosas siendo iguales” -- ¡la presunción siendo que el resto de la economía no es modificada! Esta teoría confude la comparación de posiciones de equilibrio alternativas posibles con el análisis de un proceso que se desarrolla a través del tiempo ej. eventos históricos son introducidos en una imagen atemporal. En otras palabras, el tiempo, como se conoce en el mundo real no existe. En el mundo real, cualquier ajuste lleva su tiempo en completarse y cosas pueden pasar que alteren el equilibrio. El propio proceso de moverse tiene un efecto sobre el destino así que no hay nada parecido a un posición de equilibrio a largo plazo que exista independientemente del curso que sigue la economía. Las presunciones de Marshall de “un mercado a la vez” y “todas las cosas iguales” aseguran que el concepto de tiempo es tan extraño a la teoría del equilibrio parcial como lo es a la teoría del equilibrio general.

La economía dominante está basada en teorías que tienen poca o ninguna relación con la realidad. El objetivo de la teoría de la utilidad marginal era la de mostrar que el capitalismo era eficiente y que todos se beneficiaban de él (que maximizaba la utilidad, en el sentido limitado impuesto por lo que está disponible en el mercado, claro). Esto era lo que la perfecta competencia decía probar. Pero la perfecta competencia es imposible. Y como la perfecta competencia es en sí misma una presunción de utilidad margina, podríamos esperar que la teoría hubiera sido abandonada en este punto. En vez de eso, la contradicción se barrió debajo de la alfombra.

Además, como la mayoría de las religiones, la economía neo-clásica no se puede comprobar científicamente. Esto es debido a que el modelo de competencia perfecta no crea ningunas predicciones falsificables. Como argumentan Martin Hollis y Edward Nell:

“Realmente, la idea probar el análisis marginal es absurda. ¿Qué podría una prueba revelar? Los resultados negativos demuestran solo que el mercado es defectuoso. Se pueden dar varias interpretaciones ... pero una interpretación no es posible – que el análisis marginal haya sido refutado ... para generalizar el punto, los marginalistas afirman al efecto que, si las presunciones de la micro-economía Positiva se mantienen, entonces esto y lo otro pasará, son tautologías y sus consecuencias son son simplemente deducciones lógicas de sus protasis."

Rational Economic Man p. 34

En otras palabras, si una predicción de la economía marginalista no se mantiene, podemos deducir de la prueba que la competencia perfecta no existía. La teoría no se puede refutar, no importa cuanta evidencia se reúna en contra. Además, hay otras técnicas útiles que se pueden usar para defender la ideología neo-clásica de la evidencia empírica. Por ejemplo, la economía neo-clásica sostiene que la producción está marcada por los retornos decrecientes a escala. Cualquier evidencia empírica que sugiera lo contrario puede ser desechada simplemente porque, obviamente, la escala no es los suficientemente grande – eventualmente los retornos decrecerán con el tamaño. Similarmente, el término “en el largo plazo” puede funcionar de maravilla para la ideología. Si los esperados buenos resultados para una determinada política no se materializan para nadie aparte de la clase dirigente, entonces, en vez de culpar a la ideología, la escala del tiempo puede ser el culpable (en el largo plazo, las cosas funcionarán mejor – desafortunadamente para la mayoría, el largo plazo aún no ha llegado, pero llegará; hasta entonces tendrás que hacer sacrificios por tus futuras ganancias...).

No es de extrañar que Nicholas Kaldor argumentara que:

“La teoría Walrasiana [general] del equilibrio es un sistema intelectual altamente desarrollado, muy refinado y elaborado por los economistas matemáticos desde la Segunda Guerra Mundial – un experimento intelectual ... pero no constituye una hipótesis científica, como la teoría de la relatividad de Einstein o las leyes de gravitación de Newton, en que las presunciones son axiomáticas y no empíricas, y no se han desarrollado métodos por los cuales se pueda comprobar la validez o revelancia de sus resultados. Las presunciones hacen aserciones acerca de la realidad en sus implicaciones, pero éstas no se encuentran en la observación directa, y, en opinión de los practicantes de de la teoría, no pueden contradecirse por observación o experimentación.”

Op. Cit. p. 416

El marginalismo, sin embargo, a persar de estos pequeños problemas, sirvió una función ideológica valiosa. Quitó la apariencia de explotación del sistema, justifica el dar a los líderes empresariales la “libertad” de operar como deseen, y retrata un mundo de armonía entre los dueños de los hechos. De ahí su aceptación general dentro de la economía. En otras palabras, justifica la mentalidad de “lo que es rentable está bien” y quita la política y la ética de campo de la economía. Más aún, la teoría de la “competencia perfecta” (a pesar de su imposibilidad) permitía a los economistas retratar un capitalismo como óptimo, eficiente y que satisface los deseos individuales. Y esto es importante, porque sin la presunción del equilibrio, el mercado de transacciones no necesita beneficiar a todos. Realmente, puede llevarnos a la tiranía de los afortunados sobre los desafortunados, con la mayoría afrontando una serie de tristes opciones entre lo menos malo de un grupo de maldades. Por supuesto, con la presunción del equilibrio, la realidad debe ser ignorada. Así la economía capitalista está entre la espada y la pared.

Así y todo, el mundo asumido por la economía neo-clásica no es en el que vivimos hoy en día, y así, aplicando esta teoría es engañoso y (usualmente) desastroso (al menos para los que “no tienen”).

Algunos economistas capitalistas pro-”mercados libres” (somos esos en la escuela de derechas “Escuela Austriaca”) rechazan completamente la noción de equilibrio y abrazan un modelo dinámico del capitalismo. Mientras siendo bastante más realistas que la principal teoría neo-clásica, este método abandona la posibilidad de demostrar que el resultado de los mercados es en alguna medida la realización de las preferencias individuales de aquellos de cuya interacción es una expresión. No tiene medio de establecer el supuesto carácter estabilizador de la actividad empresarial o su pretendido carácter de beneficiario social. Realmente, la actividad empresarial tiende a irrumpir en los mercados (en particular al mercado de trabajo) lejos del equilibrio (el uso completo de recursos) en vez de acercase a él. En otras palabras, el proceso dinámico puede llevar a la divergencia en vez de a la convergencia del comportamiento y así aumentar el desempleo, una reducción en la calidad de las elecciones disponibles, de las cuales maximizar tu “utilidad” y así sucesivamente. Un sistema dinámico no tiene porqué ser auto-corrector, particularmente en el mercado del trabajo, ni mostrar ningún signo de auto-equilibrio (estar sujeto a el ciclo empresarial). Irónicamente, los economistas de esta escuela a veces mantienen que mientras el equilibrio no se puede alcanzar, el mercado de trabajo experimentará pleno empleo bajo el “libre mercado” o el “puro” capitalismo. Que esta condición sea un del equilibrio parece no importarles mucho. Así encontramos a von Hayeck, por ejemplo, argumentando que “la causa del desempleo --- es la desviación de los precios y de los salarios desde su posición de equilibrio que se establecería con un mercado libre y una moneda estable” y que la “desviación de los precios existentes de su posición de equilibrio .. es la causa de la imposibilidad de vender parte del suministro de mano de obra.” (New Studies, p. 201). Así, vemos el usual apoyo a la teoría del equilibrio para defender al capitalismo contra los males que crea incluso por aquellos que afirman saber mejor. ¿Puede que este sea un caso de conveniencia política, que permite a los partidarios ideológicos del capitalismo de libre mercado atacar la noción de equilibrio cuando claramente choca con la realidad pero siendo capaz de volver a ella cuando se ataca, digamos, a los sindicatos, programas de asistencia y otros esquemas que tienen como objetivo ayudar a las personas de la clase trabajadora contra la ruina del mercado capitalista?

Los partidarios del capitalismo hacen incapié en la “libertad” -- la libertad de los individuos de tomar sus propias decisiones. Y quién puede negar que los individuos, cuando son libres para elegir, escogerán la opción que ellos consideran la mejor para ellos mismos? Sin embargo, lo que esta alabanza a la libertad individual ignora es que el capitalismo a veces reduce las opciones a elegir entre el menos malo de dos (o más) maldades debido a las desigualdades que crea (de ahí nuestra referencia a la calidad de las decisiones de las que disponemos). El trabajador que acepta trabajar en un fábrica de explotación ("sweatshop") "maximiza" su "utilidad" al hacerlo -- después de todo, esta opción es mejor que morirse de hambre -- pero solo un ideólogo cegado por la economía capitalista pensará que es libre o que su decisión está tomada bajo compulsión económica. En otras palabras, esta idealización de la libertad a través del mercado ignora completamente el hecho del que esta libertad puede ser, para una cantidad muy grande de personas, muy limitada en su ámbito. Más aún, esta libertad asociada al capitalismo, en cuanto al mercado laboral se refiere, se convierte en poco más que en la libertad de elegir a tu amo. Así y todo, esta defensa del capitalismo ignora la existencia de desigualdades económicas (y por lo tanto de poder) que infrigen la libertad y las oportunidades de otros (para una discusión completa de esto, ver la sección F.3.1). Las desigualdades sociales pueden asegurar que las personas acaben "queriendo lo que tienen" en vez de "consiguiendo lo que quieren" simplemente porque tienen que ajustar sus espectativas y su comportamiento para encajar en los patrones determinados por las concentraciones del poder económico. Este es el caso particularmente del mercado de trabajo, donde los que venden la fuerza laboral están normalmente en desventaja cuando se comparan a los compradores debido a la existencia de desempleo (ver sección B.4.3, sección C.7 y sección F.10.2)

Lo que nos trae a otro problema asociado al marginalismo: la distribución de los recursos dentro de las sociedades. La demanda del mercado es usualmente discutida en términos de gustos y no en términos de distribución del poder de compra requerido para satisfacer esos gustos. Así, como un método de determinar los precios, la utilidad marginal ignora las diferencia de poder de compra entre los individuos y asume la ficción legal de que las empresas son personas (la distribución de los ingresos se da por sentada). Aquellos que tengan mucho dinero serán capaces de maximizar sus satisfacciones mucho más fácilmente que aquellos que tienen poco dinero. Además, por supuesto, pueden "sacar de la subasta" a aquellos que tienen menos dinero. Si, como muchos "liberales" de derechas dicen, el capitalismo es "un dolar, un voto" es obvio los valores de quienes serán más fuertemente reflejados en los mercados. Es por esto que los economistas ortodoxos hacen la conveniente presunción de una distribución de ingresos dada cuando intentan mostrar que la mejor asignación de los recursos es la basada en el mercado.

En otras palabras, en el capitalismo, no es la "utilidad" en sí la que es maximizada, más bien es la utilidad "efectiva" (llamada normalmente "demanda efectiva") -- esto es, la utilidad que está respaldada por dinero. Los mercados capitalistas (o más bien, la clase dirigente de estos mercados) valora (pone precio) a cosas de acuerdo a su demanda efectiva. "La demanda efectiva" es el deseo de las personas respaldado por su capacidad de pagar. De esta forma, el mercado cuenta los deseos de la gente influyente como bastante más importantes que los deseos de la gente indigente. El capitalismo deriva el consumo lejos de satisfacer la "utilidad" de aquellos que más lo necesitan a satisfacer primeramente los deseos de los pocos ricos. Esto no significa que los deseos de los muchos no sean satisfechos (normalmente, pero no siempre, son satisfechos en alguna medida), significa que para unos recursos dados los que tienen dinero pueden "sacar de la subasta" a aquellos con menos -- sin importar el coste humano. Como el capitalista pro mercados-libre Von Hayek argumenta:

"las ordenes espontáneas producidas por el mercado no aseguran que lo que la opinión general considera las necesidades más importantes sean satisfechas antes que aquellas menos importantes."

The Essential Hayek p. 258

Que es simplemente una forma cortés de referirse al proceso por el cual los millonarios se construyen mansiones mientras miles están sin techo o viven en chabolas, dan de comer alimentos de lujo a sus mascotas mientras los humanos pasan hambre o cuando las empresas agrícolas producen cosechas para mercados extranjeros mientras los que no tienen tierras se mueren de hambre (ver también la sección I.4.5.). No es necesario decir que la economía marginalista justifica este poder del mercado y sus resultados.

En resumen, la economía neo-clásica muestra la viabilidad de un sistema no real y esto se traduce en presunciones sobre el mundo en el que vivimos hasta que la mayoría acepta que la realidad es un reflejo del modelo (en vez de vice-versa, como debería serlo pero como no lo es en la teoría neo-clásica). Más aún, e incluso peor, la decisiones políticas serán tomadas basadas en este modelo que no tiene conexión con la realidad -- con resultados desastrosos (por ejemplo, el auge y caida del monetarismo -- ver sección C.8.) Además, justifica (cuando no ignora) las estructuras jerárquicas y las tremendas desigualdades en riqueza y poder de negociación en la sociedad, lo que hace una mofa de la libertad individual (ver sección F.3.1. para más detalles). La teoría sirve a los intereses de aquellos con poder y riqueza en la sociedad moderna así como al objetivo de un sistema comercial desalmado y contaminante al depreciar la importancia de los factores artístico-creativos y humanos en las toma de decisiones económicas. Así, la mera sugerencia de que las personas deberían estar antes que (y no digamos en vez de) los beneficios produciría un ajuste. Partiendo de una premisa falsa, el marginalismo acaba negando los propios ideales que propugna -- en vez de ser la economía de personas libres acaba siendo el medio para justificar las restricciones y las negaciones de esa libertad.

Así, si la teoría del valor subjetivo es errónea, ¿qué determina los precios? obviamente, en el corto término, los precios están altamente influenciados por la oferta y la demanda. Si la demanda excede la oferta, los precios subirán y vice versa. Este principio, sin embargo, no contesta a la pregunta. La respuesta se basa en la producción y en la relaciones sociales que se generan ahí. Esto se discute en la siguiente sección.